Aquel día de clases se sentía feliz de que por fin su amiga hubiera regresado de aquellas misteriosas vacaciones, de hecho, la chica del cabello morado le había contando que había estado visitando a unos parientes lejanos, pero no le dijo nada por que fue muy repentino y no tuvo tiempo de responder sus mensajes. Todo parecía ir como siempre, pero al ser llamada al teléfono como había pasado anteriores veces, su amiga no regresó cosa que la extrañó. La buscó en los baños a ver si estaba allí, era lo mas probable, no quería que llegasen tarde a clases. Al entrar, se extraño al escuchar extraños sonidos de arcadas y luego algo espeso cayendo en el agua del inodoro, sin duda, alguien estaba vomitando —¿Koko-chan?— Preguntó preocupada la chica de cabello turquesa mientras se acercaba lentamente a la puerta donde provenía aquellos sonidos y llamó tímidamente con los nudillos sobre la madera. —Si. Si, soy yo, perdona— Justo después de escucharse el agua correr por las tuberías al tirar de la cisterna, la chica con el cabello en forma de taladros abrió la puerta. Podía verse unos ojos vidriosos y enrojecidos que bine podía haber sido por haber llorado o por lo que acababa de hacer. Su amiga, preocupada, levantó la voz alarmada por aquello —¡¿Estas bien?!—
—Si, no te preocupes, Saki-chan, creo que no me sentó bien la cena de anoche— Le dijo para luego reír de un modo estúpido, todo con tal de que no sospechase lo que le sucedía. Nada mas enterarse del a noticia sintió tanto asco que no pudo evitar tener arcadas por lo repulsivo que le parecía todo. Su propio padre la había embarazado y en su interior tenía un hijo de ambos, fruto de las fuertes agresiones sexuales. Deseaba con toda su alma que aquello solo se tratase de una pesadilla, una de tantas que solía tener, desgraciadamente era la cruda realidad. De hecho, todavía sentía arcadas, pero trato de aguantar, para guardar las formas. Su amiga se contagió de su risa y la avisó para que fueran cuanto antes a clases.
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—¿Puedes decirme porqué Kokona Haruka está viva?— Pregunta por un mensaje a la morena.
—La necesito viva, además, comprobé que no ama a mi senpai ¿Por qué mentiste?— A pesar de que parecía tranquila al ser mera escritura, por dentro estaba furiosa.
—Si no hubiera puesto eso en su información, jamás te hubieras interesado en deshacerte de ella—
—¿Y por qué querrías que fuera ella precisamente?— Pensando que fuera la excusa que pusiera, juraba que en cuanto le dejase de ser útil, cortaría a Info-chan a cachitos.
—¿Por qué? La chica es una joya para las noticias; agredida sexualmente por su padre, trabajando en la prostitución y por último, desaparecida y fallecida en extrañas circunstancias. Por supuesto que me conviene que precisamente la mayor mancha en el impoluto instituto muera y se desvele sus secretos. Y si no te encargas de ella, también me encargaré de desvelar los tuyos ¿Queda claro?—
Guardó el móvil y se quedó pensando, no quería perder a su amiga, era algo que había tenido que asumir, así que tendría que pensar el modo de poder salvarla. Miró nuevamente a Taro mientras este comía en la fuente y hablaba con la odiosa Osana, sintió ganas de agarrarla de las colas y lanzarla a varios kilómetros al aire. ¿Por qué le era tan difícil confesarse? Eran la pareja perfecta y aun así se le hacía tan lejano el tan siquiera poder hablar con Taro. Centró sus ojos en Osana esta vez, debía tratar de sacar trapos sucios de ella y si no tenía ninguno, crearlos y así cuando se la quitase del camino, habría solucionado dos problemas de una. Eliminar una rival y darle a Info-chan lo que quiere.
Volvió a centrarse en terminar su bento, ya que llamaría mucho la atención siendo tan obvia mirando al par de amigos, pero algo llamó su atención, era unas chicas hablando entre ellas no muy alejadas de donde se encontraba su senpai, de modo que este también pudo oírlo.
—Antes pude escuchar a alguien llorando en el baño— Dijo una chica rubia con el cabello recogido con una cola a uno de los lados —Yo juraría que era Kokona, su voz era inconfundible, además, la vi entrar al baño— Aquello llamó la atención de sus cinco amigas, aunque una de ellas mas que curiosa, parecía molesta, precisamente la del cabello turquesa de las dos colas
—Yo he oído que sufre problemas familiares— Comentó la chica del cabello azul marido y colas mas cortas —Como que se le murió su madre—
—Pues yo escuché que es una fulana, que vende sus bragas a chicos de otra escuela, eso es asqueroso— Contó la chica de media melena roja. —No me extrañaría que este preñada, o su padre la haya descubierto y le haya dado su merecido—
Aquellas palabras fueron interrumpidas por Taro quien giró levemente la cabeza para mirarlas —Eso es horrible—
—¿Verdad que si? Esa tipa es una mancha en este instituto— Dijo la pelirroja.
—No, lo que me parece horrible es que siendo amigas de esa chica, habléis así de ella y menos sin saber si realmente son ciertas. En lugar de cuchichear así, si realmente son amigas, deberían preguntarle y tratar de ayudarla.— Fue la respuesta del moreno, para el agrado de Saki y de Ayano, aunque esta última seguía con su semblante serio, quien luego se encargaría de darles una lección a esas supuestas amigas de Kokona.
La del cabello azul marino respondió, ofendida como el resto —¿Y por qué te metes en la conversación? ¿Acaso estás enamorado de ella?— La pregunto no tardó en recibir repuesta por parte de Osaba quien con su característica pose de los puños a los costados de la cintura y piernas abiertas les gritó sin vergüenza alguna.
—¡Son unas estupidas! ¡El solo trataba de darles una lección de humildad y de amistad! ¡Me dais asco! ¡Suerte que no tengo nada que ver con tipas como vosotras!
Ayano sabía que no quedaba mucho para que acabase el descanso, por lo que ordeno sus cosas y fue a buscar a Kokona. Primero miró en los baños, pero no encontró a nadie, no tardó en recorrer el centro entero, hasta dar con ella en la azotea, pero para su mala suerte, justo cuando iba a hablarle, suena la alarma para volver a clases. Aunque si algo le molestó aparte de esa mala suerte, fue que Kokona trató de evitarla, de hecho, evitó cualquier contacto visual. La morena aprovechó que las chicas que se solían estar en la azotea se encontraban mas lejos y se marcharon antes que la chica del cabello morado, para acercarse. Corrió hacia ella y la agarró del brazo, la hizo girar violentamente para que la mirase y le dijo —¿Se puede saber porque me evitas?— Lo único que obtuvo por respuesta fue una mirada apenada, con los ojos enrojecidos que no tardó en esconder mirando hacia abajo, dejando caer sus colas que ayudaban a cubrir aquella dolida expresión. —Sabes que no tengo mucha paciencia, dímelo o tendré que hacerte hablar por las malas—
La mayor sin atreverse a alzar la mirada, dijo con la voz temblorosa —Lo siento…—
En aquel momento su mente se volvió a dividir en dos ¿Por qué se disculpaba? La personas se disculpan cuando han hecho algo malo o cuando hacen algo que molesta a otros. ¿Acaso había intentado algo con su querido Taro? ¡¿Seguro era esa la razón?! No, seguramente no, su lado mas cuerdo sabía que Kokona era toda una llorona, seguro que aquella palabra la decía por alguna tontería. Necesitaba resolver sus dudas, no podía permitirse estar mas tiempo del debido pensando en esa chica. Pero un leve empujón de la joven de cabellos morados bastó para apartarla y huir de allí en silencio.
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La hora de volver a casa había llegado con el sonido de la alarma del centro estudiantil, provocando una aglomeración de jóvenes quienes hablaban amistosamente todos a la vez, causando un gran alboroto. En aquel momento, Saki y Kokona quien parecía estar bien, como si nada le hubiese sucedido, conversaban sobre temas triviales —Enserio, juro que si estaba un minuto mas en esa clase, terminaría por explotarme la cabeza.— Se quejaba la chica del cabello turquesa. —No exageres Saki-chan, es cierto que tu profesora es bastante aburrida explicando, pero al menos no es de las mas estrictas, recuerdo que la del año pasado imponía solo con su voz— Ríe nerviosa al recordar como se tensó la primera vez que llegó apenas un minuto antes que la maestra y esta le reprendió severamente frente a sus compañeros.
Aquella reacción de risa le agradó a su amiga, quien todavía estaba preocupada por lo que le había pasado —Me alegro de ver que estas de mejor humor— Aquellas gentiles palabras provocó una sonrisa en Kokona, quien ya se había acostumbrado al carácter rudo de Ayano. —Gracias, Saki-chan. Necesitaba oír algo así, últimamente tengo la sensación de que las demás chicas son muy distantes.— Esta vez mostrando una expresión de resignación.
Aquellas palabras fueron como flechas en el pecho de Saki, quien se sentía culpable por no haberla defendido cuando tuvo ocasión. Se suponía que eran las mejores amigas y resulta que dos personas que no conocían bien a Kokona, dieron la cara por ella. —¿Que te parece si estudiamos en mi casa esta tarde, Koko-chan? Podría preparar galletas— Ofreció a modo de rectificar.
—Lo siento Saki-chan, pero debo concentrarme todo lo que pueda a la hora de estudiar, ya sabes, es importante para mi sacar calificaciones muy altas, al fin será el último año.— Aunque todo lo que decía era cierto, en el fondo solo era una excusa, ya que no sabía si Ayano estaría bien con que fuera a casas ajenas, sin duda debería hablar con ella sobre las condiciones de vivir bajo su techo. De hecho, no era lo único de lo que debían hablar, tenía como fuera a reaccionar cuando le contase sobre su embarazo, ya que era muy complicado saber que pasaba por la cabeza de la morena y sus reacciones parecían completamente aleatorias. Se despidió de su amiga y se disculpó para luego dirigirse a paso rápido hacia su propia casa, pero en verdad solo trataba de aparentar, en cuanto perdió de vista a Saki, se desvió por una calle que la hacía dar la vuelta y rodear el instituto. Ahora lo único que debía hacer era repetir los pasos que habían dado para llegar de la casa de Ayano hasta el centro estudiantil de forma inversa.
Al llegar al edificio, los nervios volvieron a invadirla, sabía que debía ser completamente sincera con la morena, realmente quería ganar su confianza, aunque de por si ni sabía como la iba a esperar después de haberla empujado y no responder su pregunta cuando estaban en la azotea. Respiró hondo, soltando después todo el aire, como si así los nervios fueran a menguar. —Estoy lista—
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Ayano se había quedado un poco mas tarde en el instituto que el resto de alumnos, necesitaba hablar con la pelirroja quien la había amenazado, con esa chica había que actuar con cautela, era mas inteligente que la mayoría de jovenes de su edad. Además, quería dejar un claro mensaje a las chicas que habían hablado de un modo tan sucio sobre Kokona. Aquello era magnifico, Info-Chan le había encantado la idea que había tenido, le dijo que quien necesitaba a la chica con cabello de taladros cuando iba a tener una noticia tan jugosa por la que podría dar de que hablar durante todo el curso. De todos modos, no era lo que mas invadía sus pensamientos, si no algo que la intrigaba de sobremanera ¿Que demonios le pasaba a Kokona? Seguro que nada bueno, de hecho, después de haber pasado por el momento paranoico de si estaba relacionado con Taro, reflexionó con la mente fría. Quizás se había enterado de lo que sus "amigas" decían de ella a sus espaldas o quizás era otra cosa. ¿Acaso podía tener algo que ver con su padre? ¿Lo ha visto? ¿Habló con ella y la ha amenazado? ¡Joder! Si volvía a tocar un solo pelo a su amiga, le daría una de las muertes mas lentas y dolorosas.
Aquellos pensamientos se esfumaron cuando al entrar en el edificio de su apartamento, pudo ver a la mayor sentada en las escaleras, abrazada a sus piernas con una expresión de lo que parecía aburrimiento. Al menos eso creía, ya que una vez alzó la mirada, mostró unos ojos vidriosos quienes miraron suplicante a la morena —Yan-Chan…— No pudo evitar empapar sus mejillas nuevamente con lágrimas, las cuales no tardó en secar con sus mangas, cosa inútil, ya que volvía a aparecer mas lágrimas para darle un aspecto patético. —Yan-Chan… Lo siento… soy solo una carga… una estupido estorbo— La menor se acercó lentamente hacia su amiga "¿Estorbo? ¿Porqué pensaría eso? Si tantas molestias se estaba tomando por ella es precisamente porque no es algo que le pese hacer".
Tomó del mentón a Kokona, forzando a que la mirase de vuelta —Mírame Kokona-Senpai— Aunque su mirada era severa, no había ningún ápice de locura o maldad. —Entremos en casa, me muero de hambre—
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Las chicas del club de cocina se encontraban en casa de una de ellas, sus padres por esas horas de la tarde volvían de vuelta al trabajo, por lo que aprovecharon para practicar repostería y con suerte, una de ellas superaría a la líder del club.
—¿No vinieron Saki y Kokona?— Preguntó la rubia mientras dejaba su bolso en el suelo de la habitación de la peliverde.
—¿Bromeas Yuna-Chan? Kokona está en la cuerda floja, un paso en falso y su reputación estará por los suelos y con ella caerá Saki. No quiero mezclarme mas de lo necesario con ellas—
—¿Acaso soy la única que piensa que deberíamos hacerle el vacío para forzar a que se vayan del club de cocina?— Preguntó la pelirroja.
—Cierto, en cuanto todos sus secretos salgan a la luz, salpicará al club y eso no lo podemos tolerar— La chica de cabello azul marino tras decir esto se pone el delantal que sacó de su bolso —Pero debemos ser discretas, si no, encima tendrán el descaro de hacer que quedemos como las malas. Que se lo hubiera pensado antes de ser tan zorra.
—Por favor Mei-Chan, no seas tan mal hablada— Pidió la peliverde —Ya se, dejemos esta conversación y comencemos a practicar— Dijo enérgica, levantando el brazo. Sin embargo, abruptamente dejó aquella pose al oír que llamaban a la puerta. —¡¿Uh?!— Exclamó sorprendida, ya que no esperaba a nadie mas. De todos modos se dirigió al a puerta para despachar rápido a quien quiera que fuese.
Pobre chica y maldita la inocencia, o mas bien la inconsciencia de la juventud, que al no ser mas precavida y abrir a cualquiera, se llevó una desagradable sorpresa. En la puerta se encontraba tres hombres, de una estatura considerable y una complexión fuerte, vestidos de traje y con máscaras. La menor apenas pudo reaccionar cuando uno la agarró del cuello mientras otro apuntaba con una pistola, cosa que causó que la peliverde temblara y gritase de inmediato. Aquello no fue buena idea, puesto que quien la agarraba del cuello, la estampó contra la pared del pasillo y la abofeteó mientras los otros hombres entraban con armas en mano en la cocina, provocando los gritos de las otras estudiantes. La anfitriona del a casa lloró y trató de soltarse del agarre mientras suplicaba, mas el agresor solo se limitó a reír para luego jadear de la excitación que ya se notaba en su entrepierna. Volteó a la menor y la empujó contra el mueble de los zapatos, haciendo que apoyase los brazos encima, levantó su falda y bajó su ropa interior.
