DoCo*
-Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi y a Pony Canyon-
- Escrito sin ánimo de lucro-
DoCo Seventh
Secretos
Ocho y media de la mañana ni un minuto antes ni un minuto después Ranma estaba parado en la puerta de su protegida tocando el timbre.
Akane abrió al primer toque, sorprendiéndolo.
— ¿Qué haces aquí? Quedamos de vernos en el sitio del encuentro. –Le dijo frunciendo el ceño.
—Sí, buenos días a ti también. Te dije que pasaría ocho y media.
Akane arrugó su nariz, de mala manera.
— Vaya, ¿siempre te levantas tan de malas en las mañanas? Ah, olvídalo, ya recordé que ese es tu estado natural.
Akane rodó los ojos, y siguió bloqueando la puerta.
— ¿No me vas a invitar a tomar un té?
La chica lo miró unos segundos evaluándolo, al final pudo más su cortesía a sus ganas de darle en la nariz con la puerta; se hizo a un lado y lo dejó entrar.
Ranma pasó a un pequeñísimo genkan, se descalzó y la siguió hacia una estancia con tres grandes ventanales cubiertos de unas ligeras cortinas que dejaban pasar el sol pero al mismo tiempo cubrían de miradas indiscretas. Un sillón amarillo lleno de pequeños cojines estaba colocado de espaldas a la ventana con una silla acolchada de aspecto cómodo a un lado. Un kotatsu en medio de la estancia tenía un bol de cristal lleno de popurrí floral con una televisión enfrente. El cuarto estaba decorado parcamente, como si estuviera recién mudada, pero por lo que entendía tenía poco más de un año viviendo en ese lugar; solo tenía lo necesario para vivir.
Le sorprendió el tamaño del departamento, el suyo era una pequeñez en comparación, y lo consideraba de buen tamaño para una persona sola y soltera como él, la ausencia de muebles hacía que se viera más grande todavía. Aunque no estuviera en un barrio mucho más exclusivo suponía que por el tamaño debía de costar una buena pasta la renta, no obstante su sueldo como popular Idol lo podía costear sin problemas. Comprendió porque prefería vivir en esa zona a una de mucho más caché acorde a su estatus, el edificio y el departamento en sí eran muy agradables para vivir, tenían "personalidad" a diferencias de los fríos e impersonales departamentos y pent-house de los mejores edificios de Tokio.
Akane desapareció por una pequeña puerta que supuso daba a la cocina y el tomó asiento en el sillón amarillo, demasiado pequeño para él. Instantes después la chica regresó con un vaso de té demasiado caliente.
—Toma. —Le dijo sin ceremonias. –Me voy a duchar, espérame un momento.
Ranma alzó las cejas en señal de entendimiento. Akane desapareció por otra puerta pequeña, esperó un momento y se comenzó a escuchar el ruido del agua caer.
Se levantó rápidamente del sillón tirando varios cojincillos con él. Tenía que ponerse manos a la obra, era necesario reconocer el terreno para poder ver debilidades y fortalezas del lugar. Al llegar, por un momento temió que Akane le diera en la nariz con la puerta pero para su alivio lo dejó pasar, no sin cierta reticencia, como pudo notar. Dejó el vaso en la mesilla y comenzó a recorrer el departamento.
Había un par de puertas enfrentadas a ambos extremos de la habitación que interrumpían la pared de ventanas que lo ponía nervioso, ciertamente para alguien en el peligro como el que estaba Akane, esa pared de ventanas era un anunció de neón para un acosador. Esperaba que las cortinas siempre estuvieran echadas. Tendría que ingeniárselas para convencerla de que nunca las corriera. Tras unos instantes de duda Ranma se dirigió hacia la puerta de la derecha y la abrió lentamente. Era el cuarto de Akane.
Sabía que no debía husmear tanto, si Akane lo encontraba ahí podía darse por muerto pero su espíritu de aventura pudo más que él. Se asomó un poco más. Para los cientos de hombres y sus fans que estaban locos por ella, ese lugar podía equivaler a territorio sagrado. Lo cierto es que nada en la decoración delataba que esa recámara y el departamento en general perteneciera a la chica más popular de Japón.
Una cama matrimonial de edredón amarillo, llenaba casi toda la habitación, estaba tan pulcramente tendida que estaba seguro que una moneda rebotaría limpiamente. La pared de ventanas continuaba pero las cortinas de esta habitación eran más pesadas y oscuras. Se acercó a la ventana e hizo a un lado las cortinas para poder ver el exterior.
Un edificio de apartamentos dominaba la vista totalmente, con recelo observó que las ventanas que estaban exactamente enfrente de la habitación de Akane estaban oscurecidas, como si les hubieran aplicado una película de filtro polarizador más oscuro. Se suponía que nadie sabía dónde vivía Akane así que las posibilidades de que se tratara del acosador eran nulas, pero decidió que no estaba de más investigar quien vivía en ese lugar, tal vez solo era una persona que sufría de migraña. Bajó la vista y a su derecha pudo ver en la contra esquina el parque en el que había esperado el día anterior.
Satisfecha su curiosidad, salió rápidamente de la habitación, no debía tantear tanto a su suerte, y cerró con cuidado la puerta. En el baño el agua seguía cayendo y se arriesgó a explorar el resto del departamento. La cocina era muy pequeña teniendo en cuenta el tamaño de los cuartos, pero parecía que Akane vivía de comida preparada y de comida a domicilio por lo que pudo observar. Fue al siguiente cuarto que tenía la puerta abierta y quedó impresionado. Esta habitación era más grande que el cuarto de Akane, pero ella lo había adecuado para convertirlo en una sala de entrenamiento; el ventanal no tenía cortinas, la chica solo se había limitado a ponerle vinil esmerilado a todo el vidrio. Ranma entró y los espejos en la pared le devolvieron su asombrada mirada.
Inspeccionó el cuarto y los aparatos para hacer ejercicio en una esquina, entonces subió la vista y el espejo le devolvió la mirada de Akane que, de pie en la puerta, lo observaba en silencio, se quedaron unos segundos viéndose a través del espejo.
El pelo de Akane ligeramente húmedo y revuelto se encrespaba en las puntas, sus mejillas estaban sonrojadas por el calor del baño y vestía un corto albornoz que dejaba gran parte de sus torneados y trabajados muslos a la vista. El espejo estaba tan impoluto que pudo percatarse como una solitaria gota resbalaba por su cuello lentamente, como si la acariciara, y se perdía entre sus senos cuyo inicio se adivinaba a tras vez de la prenda semiabierta . No quería imaginar hacia donde iría a parar aquella bastarda con suerte. Ranma tragó saliva sin poder quitarle la vista de encima. Ese sería el aspecto que tendría al hacer el amor, su pelo húmedo de sudor y las mejillas arreboladas por la pasión. Se tuvo que contener para no jadear al formarse ese pensamiento en su cabeza. Desvió la vista de ella y se mordió el labio hasta hacerse sangre para dejar de pensar tonterías.
—Hey, gran sitio para entrenar. ¿Lo usas a menudo? —Dijo nervioso, viendo a todas partes menos a ella.
—No tanto como quisiera. —Respondió la chica encogiéndose de hombros.
— ¿Estas lista? —Ranma quería salir de ese lugar lo más rápido posible.
—En un minuto. —Akane salió del cuarto y el hombre dejó escapar aire. Se tomó unos cuantos instantes más para recomponerse y salió tras ella.
Volvió al centro de la estancia y tomó su té que ya se había enfriado lo suficiente para poder beberlo. Le dio un sorbo pero estaba terriblemente insípido, con un gesto de asco lo volvió a dejar en el mismo sitio.
Se paró junto a los ventanales y abrió la cortina para observar la ciudad que poco a poco despertaba.
—Vámonos. –Dijo la voz de Akane unos minutos después tras de él. Ranma dibujó una despreocupada sonrisa en el rostro y la encaró.
—Genial.
Se acercó a ella y tomó la maleta que tenía en las manos.
—Yo puedo llevarla. —Dijo Akane rápidamente.
Sin responder, Ranma se encogió de hombros y caminó hasta la puerta rápidamente. La abrió y espero a que Akane pasara. Luego él salió y la chica echo doble seguro a la puerta.
—¿No deberías ponerle también un par de candados? Tu colección de cojines corre peligro.
Akane no contestó.
Caminaron por el pasillo. Ranma observó su perfil serio, hasta un tanto retraído, estaba seguro que con el comentario de los cojines ella respondería algo pero no lo hizo.
—No es que seas Miss Simpatía, pero hoy estas especialmente callada, no me has insultado ni una vez. Hasta lo extraño.
—No se debe confraternizar con el enemigo. —Manifestó sin cambiar de expresión.
Silbó un tanto burlón.
—Así que esta es tu faceta combativa ¿no?
La chica no respondió, pero Ranma se dio cuenta que comenzaba a molestarse por su insistencia.
Akane bajaba las escaleras sin prestarle atención.
—Debo señalar que yo también soy algo espectacular cuando estoy en mi modo combativo. Te sugiero que no te vayas a enamorar de mí. Suelo causar ese efecto en las mujeres.
Akane apretó los puños y Ranma gorjeó por dentro al ver su rostro enfadado.
Akane se mordió el labio intentando no contestar. A cada palabra que salía de la boca de ese hombre le estaba costando más trabajo contenerse. La noche pasada, mientras ya estaba acostada, pensaba en el día que pasó a su lado. El día transcurrió tan increíblemente rápido y tan caótico que le pareció vivirlo desde fuera de su cuerpo. Un solo día y Saotome puso de cabeza su ordenada y metódica vida. Había actuado de una forma tan impropia de ella que por más que lo pensaba no podía saber que le había pasado. Se la habían pasado insultándose y ella por lo regular no era así.
Se reconoció como era a los dieciséis años, la Akane que dejaba que su carácter irascible e impulsivo tomara control de ella. Fueron años los que le costaron poder contener su personalidad natural, remplazándola por una careta fría y desinteresada y Saotome en un día, sin esforzarse echó por la borda esos años de introspección, lágrimas y duro trabajo. En la oscuridad, mirando a su techo se hizo el propósito que no iba a hacer caso de sus insinuaciones infantiles ni iba a reaccionar más como una adolescente voluntariosa.
Era cierto que lo odiaba, y pensaba que eso contribuyó fuertemente a que reaccionara como lo hizo: Lo retó, le hizo perseguirla por la ciudad, lo insultó… Seguro que ahora creía que era una mujer caprichosa e infantil.
¡Pero bueno! bufó molesta consigo misma, desde cuando le importaba lo que Saotome podría pensar de ella. A hurtadillas lo observó caminar con ese andar despreocupado y confiado con el que parecía andar por la vida. Nadie, y mucho menos él, tenía derecho a lucir como lo hacía, pensó con su enojo aumentando. Usaba un pants blanco que se amoldaba perfectamente a sus afiladas caderas y una sudadera con capucha azul claro que contenía sus anchos y fuertes hombros. En ese momento él la volteó a ver, pillándola en medio de su apreciación y al percatarse de que ella lo miraba, Ranma sonrió luminosamente, como si le hubieran dicho una buena noticia.
Molesta, desvió la vista.
Ranma se adelantó rápidamente al bajar el último escalón y abrió la puerta tras un vistazo a la calle vacía.
—¡Despejado! —Y le cedió el paso a la chica. Akane tuvo que encogerse en sí misma para no tocarlo pues el muy idiota no se había despegado de la puerta. Ranma la vio pasar con una sonrisa en la cara, de muy buen humor. Akane lo fulminó con la mirada por primera vez en el día olvidando sus resoluciones de hacía solo unos segundos.
Se puso la capucha de su chaqueta y con la cabeza gacha empezó a caminar.
— ¿Adónde vas?—Ranma la tomó del brazo.
— ¿Qué diablos? —Dijo al verse arrastrada.
Ranma llegó a un automóvil deportivo convertible azul para dos personas. Lo primero que pensó Akane al verlo es que el carro combinaba con sus ojos. Lo más seguro es que el muy vanidoso lo hubiera escogido precisamente por eso.
—Vamos súbete. —Ranma abrió la puerta del copiloto y esperó a que Akane decidiera meterse.
—No sé tú pero yo tengo frio. —Le dijo empezando a perder la paciencia con la cabezonería de la chica.
Akane decidió que no podía hacer nada por el momento. Cuando lo venciera podía mandarlo a freír espárragos. Saotome tomó su bolsa y ella se introdujo al vehículo.
Olía a él.
El auto estaba impregnado de su fragancia, una colonia con tintes de madera. La primera vez que la distinguió, el viernes en la oficina de Ryoga, le evocó a un fresco bosque en verano, y la idea se le reforzó al percibirla en un espacio tan cerrado y compacto. Era como si estuviera rodeada por todas partes por la presencia de Saotome y se sintió intimidada e indefensa. Era un olor muy masculino, fuerte pero no empalagoso o que mareara, pensó que era el tipo de aroma que definía exactamente a Saotome. Aventurero, fuerte, libre… Bajó la ventanilla repentinamente nerviosa, con dedos temblorosos se ajustó el cinturón de seguridad.
Después de poner la bolsa de Akane en el maletero Ranma entró al carro rápidamente. Con movimientos diestros y seguros, aprendidos por la práctica se abrochó el cinturón de seguridad, encendió el motor y cambió la palanca de velocidades. El auto ronroneó listo para él.
Ranma volteó a verla con una sonrisa.
—Vámonos.
Akane fijó la vista en la carretera.
—He comprado onigirirs para desayunar. Le dijo señalando la bolsa que estaba en medio de los dos. Sírvete.
Akane no tenía hambre pero por cortesía tomo uno. Lo comió lentamente. Ranma dio cuenta de los demás en menos de un parpadeo.
Saotome era un excelente conductor, manejaba rápido porque sus reflejos se lo permitían como pudo darse cuenta un par de veces. Al salir del área más urbanizada de la ciudad Akane se permitió bajar aún más la ventana contenta con el aire frío que le daba en la cara. Sabía que era una bobada, pero se sintió libre de poder ir con el viento en la cara sin tener que preocuparse por cubrirse por temor a que alguien la descubriera.
—¿Quieres que baje el descapotable? —Le preguntó al verla disfrutar el aire.
Akane se dio cuenta de lo infantil que estaba pareciendo y negó con la cabeza. Subió la ventanilla y se sentó derecha.
Ranma frunció la boca, frustrado. Le hubiera gustado verla con el pelo al aire y con esa sonrisa que había comenzado a dibujarse en su boca, la podía sentir tensa e incómoda, estaba sentada rígidamente, con la espalda totalmente en tensión y sin quitar la vista del camino. Aumentó la velocidad un poco más. Los edificios pasaban rápidamente y Akane poco a poco comenzó a reconocer su antiguo barrio. Saotome parecía saber hacia dónde se dirigía así que optó por dejarlo seguir su ruta. Se imaginó que había investigado la dirección que le dio.
Media hora después Ranma estacionó su deportivo frente al Dojo Tendo. No bien estacionó en la banqueta y apagó el motor, Akane saltó del vehículo, sin esperar ni un segundo. Ranma suspiró exasperado. Como venganza, se tomó su tiempo para salir, haciendo que acomodaba y guardaba cosas en la guantera. Salió del carro silbando y con las llaves en sus dedos girando alegremente se dirigió hacia la cajuela para abrirla y sacar sus maletas. Akane lo observaba con los ojos como rendijas. Ranma le sonrió inocentemente al tenderle su pequeño equipaje.
La chica no abrió la boca mientras lo conducía a través de la ancha puerta de madera que le daba la bienvenida. Un camino empedrado conducía a una antigua y enorme casa, y se descalzaron en el Genkan. El joven observó unas escaleras de madera a su derecha que llevaban a un segundo piso, y siempre en silencio Akane lo guió hacia un estrecho y oscuro pasillo a un lado de las escaleras. La casa estaba en completo silencio, podía escuchar el tenue tic-tac de un reloj en alguna de las habitaciones. Al final del pasillo había una puerta corrediza de madera, la abrió y salieron a otro corredor techado en un enorme patio que daba a otra estructura de madera. Ranma se dio cuenta que era el Dojo.
Subieron los pequeños escalones y pudo notar que el Dojo tenía buen tamaño. Era perfecto para entrenar. Un pequeño altar se alzaba en una de las paredes enfrente de él.
—Enseguida regreso. —Dijo Akane. —Puedes cambiarte aquí si gustas.
Antes de que Ranma pudiera responder algo la chica ya estaba caminando por el pasillo hacia la casa.
Ranma simplemente se quitó la sudadera azul deportiva y la playera, quedándose solo con una camiseta negra. Esperó quince minutos más que aprovechó para hacer ligeros estiramientos. Escuchó los ligeros pasos de Akane atrás de él y al voltear la vio con su uniforme de entrenamiento puesto. Un keikogi amarillo que había amarrado con un obi rojo.
Akane tenía una expresión de gravedad absoluta. Esta chica iba en serio. Ranma tenía la esperanza de que al final se arrepintiera y se diera cuenta de lo inútil que iba a ser ese encuentro, pero veía que no le quedaba más remedio que pelear contra ella. Esperaba que no la tomara más contra él al vencerla.
— ¿Estas segura Akane?—Preguntó serio mientras observaba a la chica dar un rodeo y situarse enfrente de él.
—Totalmente. —Contestó ella estirando los brazos.
— ¿Me prometes que no te enojarás cualquiera que sea el resultado, lo aceptaras?
—Yo no juego con mi honor Saotome. Te he dado mi palabra y así será.
—Bien. Entonces, en guardia, Tendo.
Akane aspiró con la boca abierta, con los codos pegados a su cuerpo y los puños cerrados con fuerza. Cerró los ojos unos segundos lanzando una plegaria a sus antepasados para que le dieran la fuerza para acabar con su enemigo. Después tomó una pose de pelea ofensiva.
¿Así que vas a atacar con todo, eh? —Pensó Ranma evaluándola.
Akane adelantó un pié, y se arrojó al ataque.
Lanzó una combinación de tres golpes directos al torso jab-jab-hook y un cuarto se acercó más a él y asestó un codazo en las costillas, y de inmediato dio un salto hacia atrás. Sabía que por más que quisiera nunca podría pegarle a Saotome en la cara para buscar el noqueo, así que su estrategia era golpearlo en el estómago e inhabilitarlo de las piernas. Pero al mismo tiempo, sabía que acercarse tanto a él la iba a dejar en una posición vulnerable defensivamente. Así que tenía que golpear lo más rápido que pudiera y salir de su área y al mismo tiempo cuidar demasiado y todo el tiempo su guardia alta.
Sus mejores golpes los daba con las piernas que eran muy fuertes, así que iba a provechar su pequeña estatura para poder dar golpes directos al estómago en cuanto pudiera encontrar una brecha en la defensa de Saotome.
Los tres primeros golpes tomaron por sorpresa a Ranma, no se había esperado que esa chiquilla hubiera planeado tan bien su ataque. Pudo ver que lo que ella quería era aprovechar su estatura y centrarse en la parte media de su cuerpo y golpear puntos vitales. Pero con lo que ella no contaba era con su velocidad. Los tres golpes lo tomaron desprevenido porque estaba más atento a Akane en sí que a lo que ella intentaba hacer. No iba a golpearla, ella iba a tomar el rol ofensivo y él defensivo. Buscaría agotarla hasta que ya no pudiera más o se rindiera. No sabía cuánto iba a durar pero si juzgaba bien el carácter voluntarioso de Akane, esa pelea iba a durar bastante tiempo.
A Akane le bastaron diez minutos para confirmar lo que ya sabía: No podría ganarle a Saotome. Le pareció que había mejorado desde la última vez que lo vio pelear hacia casi tres años. No lo podía saber a ciencia cierta pues era obvio que se estaba conteniendo con ella. Apretó los dientes herida en su orgullo, no quería que se contuviera, quería que atacara como si ella fuera un rival digno.
Akane respiraba trabajosamente, después de intentar asestar otra combinación de golpes que Ranma bloqueó, no se veía cansado en absoluto, pero había empezado a sudar el también.
—Sé lo que estás pensando. —Dijo Akane mientras se limpiaba el sudor.
—¿Si?—Ranma mantenía su guardia.—¿Qué?
—Que hace alguien como tú peleando contra alguien como yo.
Ranma no contestó. Solo se limitó a mirarla quieto con todos sus músculos en tensión.
—Está claro que no estoy a tu nivel. —Continuó la chica.
—Yo siempre tomo a todos mis rivales con seriedad Akane.
La mirada de Akane cambió, Ranma sintió que su aura se estremecía de furia. Akane lo miraba de nuevo con esos ojos llenos de odio. Lo desconcertó, fue por un segundo, pero bajó su guardia y entonces fue cuando Akane aprovecho y se lanzó con una rapidez endemoniada.
— ¡ESO NO ES CIERTO! —Gritó mientras se lanzaba contra él, Akane pateó la defensa derecha de Ranma, dio una vuelta y saltando dio una patada en la boca del estómago con la planta del pie, Ranma trastabilló y Akane logró conectar un uppercut a su quijada. La chica golpeaba fuerte, pero no lo suficiente para lograr derribarlo, Akane siguió conectando golpes pero Ranma ya se había repuesto y nuevamente empezó a pararlos y esquivar a varios de ellos.
Akane perdió su temple, empezaba a atacar con más fuerza pero sin técnica ni orden. Arremetía con un salvajismo impropio de su tamaño. Golpe, puñetazo, patada, codo, rodilla. Ranma tuvo que aplicar un poco de más fuerza para poder repeler sus ataques.
—¡Te vas a lastimar si sigues así! —Gritó Ranma, el sudor resbalaba ya copioso por su rostro.
Al dar un par de golpes con los dedos extendidos que iban dirigidos a su tráquea Ranma utilizó una llave para tratar de inmovilizarla. Akane pudo darse cuenta de ello y como si fuera un gato se escabulló de su abrazo y lanzó una patada desesperada que Ranma bloqueo con el brazo, pero la misma fuerza hizo que la chica saliera volando.
Ranma la vio caer en cámara lenta, pero la chica apenas había caído cuando se levantó de nuevo y se fue contra él con un alarido de furia y frustración. El artista marcial no supo cuánto tiempo continuaron con ese ir y venir de golpes. La actitud de Akane era completamente diferente a la frialdad con que lo recibió esa mañana y Ranma no supo porque era lo que estaban luchando ahora, era claro que ya no era el duelo porque el que habían pactado el día anterior, supo que el ganar era un asunto de mucho más vital importancia para Akane.
Se había tratado de convencer de que ella no lo odiaba a él en sí, si no a los hombres en general, pero se acababa de quitar la venda de los ojos. Akane lo odiaba, verdaderamente lo despreciaba. De otra manera no podía entender esa terquedad con la que estaba luchando, aquello hizo que sintiera desesperación, ¿Por qué lo detestaba tanto? En cierto momento en una caída Akane cayó mal y se lastimó el tobillo derecho, Ranma la vio hacer un gesto de dolor que de inmediato quitó y, como si tratara de establecer un punto ancló, ese pie con determinación a la duela y lo utilizó para impulsarse una vez más. El joven maldijo su suerte.
— ¡Maldita sea Akane! —Exclamó con toda la frustración del mundo.
— ¡Pelea! —Lo arengó la chica dando más fuerza, si eso era posible, a sus golpes.
Ranma estaba empezando a agotarse en serio, una cosa era luchar en un combate utilizando toda su fuerza, incluso sangrando y con varias costillas rotas a estar peleando con esta niña. El estarse conteniendo y evitar que su cuerpo entrenado reaccionara por si solo al intentar vencerla lo estaba agotando muchísimo más que la peor pelea que hubiera tenido con Ryoga alguna vez.
Akane se mantenía en pie de lucha por pura fuerza de voluntad, ahora ya no podía esconder la lesión de su tobillo derecho que se había hinchado al doble de su tamaño. Sus dedos los mantenía en puños porque sabía que si los estiraba no iba a poder volver a cerrarlos. Le costaba trabajo respirar más de lo normal, así que Ranma estaba seguro que se había lastimado el esternón o las costillas en una de tantas caídas. También del labio le salía un ligero hilillo de sangre.
Por su parte Ranma se sentía bastante magullado, aunque no lo estaba tanto como ella, una de las bestiales patadas que le había dado, le dejó el brazo derecho con dolor y con trabajos lo podía mover, sabía que en cuanto su cuerpo se enfriara le iba a doler mucho más. Su mandíbula había recibido cierto castigo y le estaba causando molestia, estaba sangrando en el interior de la boca.
Aunque su honor como budoka rechazaba la idea terminantemente, estaba empezando a pensar en dejarse ganar para poder terminar con esa locura. Pero Akane había adivinado sus intenciones al asestar un par de golpes que no tenían por qué haber entrado.
— ¡Si me dejas ganar por compasión te juro que no te lo perdonare! —Le había dicho con fuego en los ojos. Así que Ranma comenzó a plantearse una estrategia para poder vencerla de una vez, tenía que evitar que siguiera lastimándose ella sola. Le daría un único golpe en el estómago para dejarla fuera de combate, era mejor eso a que ella se lastimara seriamente.
En ese momento estaba hincada en el suelo, de espaldas a la puerta, haciendo esfuerzos para levantarse y respirar, mientras Ranma en su interior rogaba porque parara.
Akane ya se había levantado y se mantenía en pie precariamente, parecía que de un momento a otro iba a caer. Daba pequeñas y rápidas inspiraciones porque no podía hacerlas más profundas, debía de dolerle como el infierno pensó el joven. La chica se ladeó a punto de caer y Ranma hizo un amago de ir por ella, pero Akane lo miró de tal manera que el joven se paralizó y utilizando su pie lastimado lo planto para evitar caer, un ligero grito de dolor escapó de sus labios sin que pudiera evitarlo y encogió su cuerpo mientras pasaba la oleada de dolor.
—Akane. — Susurró, molesto con ella, molesto con él… odiaba verla así, se suponía que él tenía que cuidarla, él la tenía que proteger, ¿Cómo demonios habían llegado hasta este punto?
—Yo…yo puedo vencerte. —Dijo la chica sudando ahora a causa del dolor y más blanca que el rostro de una Geisha.
Ninguno de los dos, al estar enteramente enfocados en uno del otro sintió la llegada del hombre.
—Es suficiente Akane.
Ranma levantó la vista sorprendido por no haberse percatado de él. ¿Desde cuándo estaba ahí? De pie, en la puerta del Dojo, estaba un hombre saliendo de sus cuarentas, de piel muy bronceada, su rostro lucía un tupido y cuidado bigote y largo pelo negro como ala de cuervo. Llevaba un Dogi color café. Mantenía la vista fija en Akane, mirándola con severidad.
Akane no volteó a ver al hombre, solo se dejó caer derrotada, con la cabeza gacha, escondiendo el rostro tras su flequillo mojado.
—Lo siento Shinnosuke. —Murmuró.
Ranma la escuchó, fuerte y claro. Fue la primera vez que el ganar una pelea le supo a derrota.
Ranma tenía la mirada perdida en el estanque que se veía tras la puerta de la pequeña estancia. Una anciana mujer le había llevado un aromático y humeante té que descansaba en la mesa en la que tenía recargado el codo y a su vez el recargaba la cabeza en su mano.
Después de que el hombre se hubiera apersonado en el Dojo, se acercó a ellos y miró a Ranma intensamente, como si lo conociera. Akane, con las manos en el rostro, sollozaba desconsoladamente en el suelo y Ranma bajó la vista hacia ella con el corazón estrujado sin saber qué hacer.
El hombre se movió hacia ella y, con una ternura infinita, la tomó en brazos. Akane escondió el rostro en su pecho sin dejar de estremecerse por el llanto. El hombre una vez más miró a Ranma y tras una ligera inclinación que le daba a entender que no lo culpaba del estado de la chica la llevó hacia la casa.
Ranma no supo cuánto tiempo estuvo ahí parado en medio del Dojo, mirando hacia el pasillo por el que había desaparecido el hombre con Akane en sus brazos. Solo reaccionó cuando una anciana se acercó y le ofreció el baño de la casa para que se aseara. Ranma quería salir de ese lugar, quería salir de la vida de esa mujer que nada le estaba trayendo a su vida más que problemas. ¿Qué necesidad tenía de involucrarse en su problemática vida?, él ya tenía suficientes dificultades en la suya para todavía tener que arreglar los de ella. Bajó la vista hacia donde Akane se enroscó llorando, unas gotas secas estaban esparcidas en el lugar. Podía ser sudor, podían ser lágrimas. Sintió una opresión y dolor en el pecho que quitaba el aliento. Cerró los ojos y avanzó hasta su bolsa tomándola con furia y se aprestó a seguir a la mujer.
El baño le había quitado un poco de peso en el pecho pero no lo suficiente como para poder volver a ser el mismo. Le habían ofrecido una sustanciosa comida, pero comió sin apetito, aún así acabo con todo lo que le dieron. En otras circunstancias habría repetido sin problemas.
El koi del estanque dio un gran salto sobre la superficie y Ranma envidió su vida simple y sin preocupaciones. Observó el reloj de la pared, eran las seis de la tarde. No sabía como el día había pasado sin que él lo sintiera.
Akane estaba en algún lugar de la casa, por las pisadas que escuchó ir y venir, lo más seguro es que estuviera en la planta de arriba. En algún momento del día un doctor llegó a revisarla, solo escuchó su voz de hombre mayor. Hablaba con soltura con el hombre que cargó a Akane en el Dojo, como si muchas veces hubiera ido a curarla. Ranma no dudaba que fuera así.
La noche era inusualmente cálida, supuso que era la última noche de verano antes de que el frio del otoño empezara a sentirse. El reloj dio las siete de la noche tomando a Ranma por sorpresa, le parecía que hacía solo unos minutos había visto que eran las seis.
Decidió que era hora de marcharse, nadie parecía recordar que él estuviera ahí y hacía rato que la casa estaba en completo silencio. Akane no iría a ningún lado con su tobillo en mal estado, así que podía irse sin preocuparse. Le hubiera gustado despedirse de Akane o ver como estaba pero supuso que estaría dormida y lo más importante, él sería la última persona que querría ver la chica en estos momentos. Suspiró y tomando su maleta se la echó al hombro haciendo un gesto de dolor, se puso en pie y salió al corredor, apenas dio la vuelta y se encontró de frente con el hombre del bigote y pelo largo.
El hombre, unos centímetros más bajo que él, lo observó con una expresión que no supo descifrar, sin amedrentarse le sostuvo la mirada. No se necesitaba ser un genio para saber que era el padre de Akane, aunque podía ver muy poco de ella en el señor, lo más seguro es que ella se pareciera más a su madre. Se preguntó dónde estaría, no había escuchado otra voz femenina más que la señora que le había servido el té, y era demasiado vieja para ser su madre, a menos que el señor Tendo tuviera gustos muy particulares. Un segundo después recordó que la señora Tendo había muerto cuando Akane era muy pequeña. Se revolvió inquieto sintiendo un poco de culpabilidad por aquel pensamiento y solo entonces inclinó la cabeza en una leve reverencia.
Soun Tendo le devolvió el saludo.
—Por favor. —Le dijo comenzando a caminar hacia la salita al tiempo que con un gesto de la mano le indicaba a Ranma que lo siguiera.
Sin mucha opción, Ranma desandó sus pasos, el hombre fue hacia el lado opuesto de la mesa de donde apenas unos instantes Ranma había pasado la tarde y se sentó con parsimonia. Ranma hizo lo mismo.
— Mi nombre es Tendo Soun, soy el padre de Akane. Supongo que ella te lo habrá mencionado.
—Saotome Ranma. Y no. No mencionó nada.
—Ya veo. —Dijo Soun— Te pido disculpas por mi descortesía, soy el representante del vecindario y los domingos son las reuniones vecinales. Tuve que retrasarlas por Akane pero como comprenderás me fue imposible salir antes de ahí. —Explicó, a Ranma le daba igual, así que solo asintió con la cabeza.
Observó a Soun Tendo tomar una cajetilla de cigarros y prender uno, dio una calada onda.
— ¿Gustas? —Preguntó señalando la cajetilla.
Ranma negó con la cabeza, sintiendo como si lo estuviera poniendo a prueba, como si en lugar de tener veinticuatro años cumplidos tuviera dieciséis y estuviera juzgando si lo aceptaba como novio para su hija.
—Haces bien, es un hábito horrible. Supongo que muchos fumadores como yo lo dicen pero nos es imposible dejarlo. Hay algo especialmente relajante en la forma en que se consume, como si fuera la propia vida que se va tan rápido como el papel que se quema. Aunque pensándolo bien, ese no es un pensamiento relajante en lo absoluto.
—Supongo. —Dijo Ranma sin saber muy bien que se esperaba de él. — ¿Cómo está Akane?
La pregunta salió de su boca sin que él lo pretendiera, y hasta que la formuló no aceptó lo terriblemente preocupado que estaba por la chica.
—Es curiosa la vida. —Contestó Soun tras mirarlo unos instantes. —Uno creería que a mi edad lo ha visto todo, pero la vida siempre se las arregla para darnos más sorpresas.
—Le costaba trabajo respirar, creo que se lastimó las costillas en una caída. Y el tobillo me preocupa. Me di cuenta que sus dedos también podían estar lesionados. —Dijo Ranma ignorando las cavilaciones del hombre mayor.
Soun le dedicó otra mirada escrutadora.
—Conozco a tu padre. —Le dijo mirando su cigarro consumido a la mitad. —Hubo un tiempo en que fuimos los mejores amigos. ¿Lo sabías?
La paciencia no era el punto fuerte de Ranma. Cuando los adultos mayores comenzaban a hablar desvariando y sin ir al punto, como lo estaba haciendo el padre de Akane, lo sacaba de sus casillas. Se juró que cuando el fuera un anciano no sería así.
—No lo sabía. —Dijo tratando de controlarse.
—Así es, entrenamos juntos bajo la tutela del maestro Happosai durante muchos años. Soun y Genma, Genma y Soun éramos inseparables, allá donde iba uno iba el otro. Lo consideraba mi hermano. –Recordó Soun con una sonrisa melancólica en el rostro.
Ranma no pudo evitar pensar en Ryoga y él. Ellos también fueron inseparables durante un tiempo y sin embargo él nunca había escuchado de Soun Tendo antes en su vida. No es que su padre fuera la persona más comunicativa y honesta del mundo, pero para ser su mejor amigo por lo menos tuvo que haber escuchado alguna que otra historia de juventud, pero su viejo nunca había hablado del padre de Akane. ¿Eso les pasaría a Ryoga y a él? ¿Ya estaba pasando?
—Teníamos los mismos sueños e ilusiones, pero éramos jóvenes y sabíamos poco de la vida. Creíamos que todo iba a salir conforme a los planes que trazábamos en las noches, mientras descansábamos del arduo entrenamiento. En una de esas pláticas decidimos que nuestra misión era preservar el arte del ataque, y que mejor manera que unir nuestras escuelas mediante nuestros descendientes.
— ¿Qué? —Ranma dejó sus propias cavilaciones a un lado y prestó atención, repentinamente interesado en la plática.
—Hicimos un trato, nuestros hijos se casarían y de ese modo el futuro de la escuela Musabetsu Kakutō Ryū no correría peligro. Ellos se encargarían de que un descendiente digno heredara nuestra escuela.
— ¿Heredero? —Repitió Ranma.
—Sin embargo, las cosas no salieron de acuerdo al plan. Tu padre te tuvo a ti primero. Y, por el contrario mi querida esposa no pudo embarazarse fácilmente. Tardamos cuatro años en tener a Akane y para ese tiempo tu padre ya te había prometido con alguien más.
Ranma cerró los puños bajo la mesa. Ukyo, estaba hablando de Ukyo.
—Al enterarme de lo que había hecho Genma, discutimos seriamente y rompimos relaciones en ese momento. Él no esperó por mi Akane ni un año. Te comprometió con una chica mejor posicionada apenas se dio cuenta que mi Naoko no se embarazaba. Nunca volví a saber nada de él, ni de ti para el caso, hasta que...
— ¿Espere un momento porque está contándome esto? ¿Qué quiere decir?—Lo interrumpió Ranma, azorado.
—Lo que quiero decir, Ranma, es que si tu padre hubiera mantenido su promesa, mi Akane y tú ahorita estarían tal vez casados. ¿Por qué te lo estoy contando? No lo sé.
Ranma estaba hecho piedra en su lugar. ¿Él había estado prometido a Akane? ¿Casado con Akane?
Soun suspiró y vio hacia el estanque mientras daba tiempo al joven a digerir la noticia. Al cabo de unos instantes se levantó.
—Ya es noche, sé que tienes tu auto pero preferiría que te quedaras a dormir hoy. Me sentiría más tranquilo. Claro, siempre y cuando tu prometida no esté esperándote en casa.
—No tengo prometida, ni esposa para el caso. Lo de Ukyo no funcionó, a mi padre le salió el tiro por la culata. —Le dijo Ranma encogiéndose de hombros y con un tono más alto del que hubiera querido. Si hubiera sido mujer lo hubieran acusado de usar un tono histérico.
—Ukyo. —Dijo Soun. Ranma hizo un gesto al escuchar el nombre.
—Akane… ¿ella lo sabe? —Preguntó el joven.
—No. —Dijo Soun mirando hacia el jardín a oscuras. —No había necesidad de contarle. Así como tu padre no vio la necesidad de contártelo a ti.
—Entonces, ¿porque me guarda tanto rencor? —Preguntó casi para sí mismo, por un breve momento pensó que esa era la causa del desprecio de la chica.
Soun negó con la cabeza, a Ranma le pareció que el hombre estaba a punto de llorar.
— Lo siento, no me corresponde a mí decirlo. Ella te lo dirá cuando esté lista y aunque no apruebo su actuar, me esfuerzo por tratar de entenderla. Le he hecho mucho mal a mi hija, y nunca me lo voy a perdonar. Fui necio y voluntarioso y he pagado con creces mi error. Sin embargo puede que la vida me dé la oportunidad de resarcirme.
Ranma iba a preguntar a qué error se refería pero el padre de Akane lo miró seriamente. Lo miraba como igual, de hombre a hombre.
—No sé qué clase de relación tengan tú y mi hija, eso es algo que les concierne a ella y a ti. Tampoco sé porque el destino los ha unido en este momento de su vida, sin embargo, Ranma Saotome, lo único que te voy a pedir es que mientras estés a su lado, la protejas y la cuides.
—Eso no tiene que decírmelo. Ya lo hago, ella es... La protegeré, lo juro. –Apostilló el muchacho, serio con los puños cerrados.
Soun, con sorpresa por un momento, se vio así mismo en aquel joven, cuando el padre de su difunta esposa, para darle su consentimiento de matrimonio, le hizo prometerle lo mismo, y Soun, con el corazón en la mano y perdidamente enamorado, respondió prácticamente lo mismo, que la protegería con su vida. Al final Soun no cumplió su palabra y su esposa había fallecido, por un momento una extraña sensación cayó sobre él, la misma sensación de pérdida que sintió con su querida esposa. Se sintió intranquilo ¿Akane corría peligro? ¿Era por eso que este chico había llegado a su vida? Soun observó la mirada de Ranma, tenía más tenacidad, fuerza y decisión que la que él nunca tuvo en su vida. Sin necesidad de decirle nada supo lo que este chico sentía por su hija. Suspiró.
Se preguntó si Genma sabría que sus hijos habían encontrado la forma de conocerse aún sin su intervención.
—Gracias. —Dijo el señor Tendo y comenzó a alejarse.
— ¡Espere! —El hombre se detuvo. —No me dijo como está Akane. —El chico casi suplicó.
—Akane está bien, el doctor dice que solo necesita reposo, pronto estará como nueva.
—No fue mi intención. —Dijo Ranma bajando la mirada. —No quería que esto pasara. Intenté detenerla pero ella…ella… —Ranma negó con la cabeza.
—Lo sé. — Dijo Soun, dándole la espalda. — La señora Akihiko te enseñará tu habitación. Buenas noches Ranma.
El sentimiento de pérdida y temor no abandonó a Soun en mucho tiempo, hasta esa mañana, que viendo la televisión se enteró de lo que le había pasado a su hija. Con lágrimas en los ojos pidió perdón a su difunta esposa por haberle fallado su hija.
Eran pasadas la una de la mañana y Ranma no podía dormir. Un viento había empezado a soplar y la casa parecía resentirlo, sus viejas maderas chirriaban y el viento se colaba en varias partes. Le habían dado una habitación grande que no tenía nada más que un armario empotrado a la pared y una ventana con un ancho alfeizar, en el que descansaba una sola flor en un pequeño florero.
La pequeñísima plática con el Señor Tendo lo había dejado inquieto. No podía creer que de haber mantenido su padre aquella promesa con su amigo de juventud, estaría comprometido o incluso casado con Akane. No le gustaba pensar en el destino, ni las cosas que "hubieran" sido. Él no creía en nada de eso, las consideraba supersticiones de gente tonta. Pero no dejaba de pensar en lo que el padre de Akane había dicho que de una u otra forma, Akane y él estaban "destinados" a conocerse.
Su padre, por conveniencia lo había comprometido con Ukyo, pues la chica era heredera de una importante cadena de restaurantes de Okonomiyaki que no hacían más que crecer. Ukyo también había sido entrenada en Musabetsu Kakutō Ryūde la secta de los Kuonji, pero ella lo abandonó apenas tuvo oportunidad y a su padre no le importó, él solo pensaba en las comodidades y lujos que tendría cuando Ranma se desposara con la chica. Ryoga, Ukyo y él se pasaron su infancia juntos, formando una especie de triángulo amoroso, pues debido a los años de ausencias que el padre de Ranma lo sometía en pos del entrenamiento, Ryoga le tomó cariño a Ukyo. Y aunque nunca lo pusieron en palabras, secretamente los dos peleaban por las atenciones de la chica cuando Ranma estaba por allí para hacer valer sus derechos de novio de Ukyo.
Pero al final las cosas no salieron especialmente bien para ninguno de los dos, Ukyo convertida en una frívola y materialista mujer, lo había abandonado por otro hombre de mucha mejor posición social y riqueza, al que conoció en una fiesta a la que Ryoga los invitó cuando él ya estaba trabajando en Sakura Canyon.
Tal vez si su padre hubiera mantenido su palabra con Soun Tendo, hubiera pasado lo mismo con Akane y por una u otra razón el compromiso se hubiera roto. O Tal vez con ella hubiera sido diferente y tal vez ahorita ellos… ¡Ahgg! Ranma se negó a seguir pensando sobre eso. No estaba bien. Lo hecho, hecho estaba y él era un hombre del presente.
Se estaba revolviendo el cabello por milésima vez esa noche cuando escuchó un ruido diferente a los que poblaban la ventosa noche. Era un "tuck" "tuck" rítmico. Aguzó el oído y pudo escuchar un ligero jadeo de dolor. Reconoció en el acto la voz de Akane. Como una centella se levantó del revuelto futón y se calzó su pants. Abrió la puerta justo cuando Akane estaba pasando enfrente de ella, se dirigía hacia las escaleras.
Akane lo observó con los ojos totalmente abiertos por la impresión, una pequeña "O" se formó en sus labios. Se apoyaba sobre una muleta para no dejar caer el peso sobre su tobillo vendado. Había estado durmiendo toda la tarde sedada por los medicamentos para el dolor y solo la sed la había obligado a levantarse a pesar de que sentía que flotaba.
— ¡Saotome! ¡Me asustaste!
— ¿A dónde crees que vas? —Preguntó ignorándola y mirándola ceñudo.
Akane agachó la cabeza, parecía avergonzada.
—Solo voy por un poco de agua a la cocina.
— ¿Y pretendes bajar así cómo estás? ¿Estás loca?
— ¿Bueno y que querías que hiciera? —Le dijo comenzando a molestarse.
— ¡Podrías habérmelo pedido!
— ¡Soy perfectamente capaz de hacerlo bien sin ti!… y… además, no sabía que estabas aquí. —Añadió tímida.
— ¿En dónde más iba a estar?
Akane lo miró con ojos llenos de sueño pero asombrados, lo evaluó tras sus palabras.
—Perdón si te desperté. —Dijo la chica susurrando suavemente.
A Ranma se le erizó la piel de la nuca al oír su tono.
—Como si pudiera dormir con el escándalo que estás haciendo.
— ¡No estoy haciendo ningún escándalo, y puedo ir a donde se me plazca, es mi casa!
— ¡Quieres guardar silencio, vas a despertar a tu padre!
—¡Pues déjame en paz!—Rezongó la chica volviendo a colocar la muleta para bajar las escaleras.
—¡Eres necia!—Dijo Ranma y la tomó en brazos.
Akane dio un pequeño gritito al verse de repente en los brazos de Ranma, sintió una sensación de vértigo y se percató de que había bajado las escaleras prácticamente de dos saltos.
—¿En dónde está la cocina?
Akane señaló un pasillo a la derecha.
—Es la primera puerta. —Contestó azorada por la sensación de estar en los brazos del joven. Su pecho se sentía fuerte y ancho como una roca y sus brazos la cargaban sin vacilación, como si no pesara. El varonil aroma de Saotome la envolvió de nuevo como en la mañana en su automóvil, pero combinado con su calor, y la fuerza de sus brazos rodeándola, la sensación de nerviosismo se intensificó.
Al llegar la depositó suavemente en una silla que estaba por ahí y por unos segundos Ranma observó su rostro evaluándola. La luz de la luna llena entraba por la ventana de la cocina y por coincidencia pegó en la cara del joven, lo que hizo que sus ojos azules resplandecieran en la oscuridad. Akane dio gracias a que la cocina estuviera a oscuras, si Saotome veía su rubor, no iba a dejar pasar la oportunidad de tratarla como una niña. Después se giró y buscó un vaso para poder servirle agua a la chica. Akane lo tomó con un muy suave gracias, sus dedos se rozaron un poco y Akane experimentó la misma turbación que sintió al estar en sus brazos.
Ranma se puso a observar la cocina mientras Akane tomaba despacio el agua. Después fijó su vista en ella. Sus ojos regularmente enormes y luminosos, se mostraban apagados y empequeñecidos de tanto llorar. Vestía un pijama de dos piezas que le quedaba un poco grande, sus cortos cabellos alborotados, que le daban un aspecto infantil, olían a champú de coco como pudo apreciar cuando la cargó.
Pensó que le iba a echar la bronca por atreverse a cargarla pero para su sorpresa Akane se dejó llevar a pesar de que le había dicho que podía hacerlo bien sin él. Suponía que le dolía el tobillo. Observó sus dedos que también estaban vendados y contuvo una maldición, nunca le había gustado ver a una mujer lastimada, pero con Akane no lo podía soportar y pensar que él, indirectamente, era el causante de sus heridas lo estaba desquiciando. Se fijó en su respiración que parecía normal, significaba las costillas no habían sufrido mucho daño, algo menos de lo que preocuparse.
—Si quieres puedes tomar un vaso de leche. —Dijo Akane de repente sacándolo de su actitud contemplativa, mientras luchaba por tener abiertos los ojos.
— ¿Cómo?
— ¿No podías dormir no? A mí la leche caliente endulzada con miel me relaja, siempre la tomo cuando no puedo pegar ojo.
—No soy muy fan de la leche.
—Ah.
—Pero creo que tomaré un vaso. Gracias.
Ranma se sirvió poco más de medio vaso de leche bajo la mirada de Akane.
—Sabe bien. —Dijo al dar el primer sorbo.
— ¿Verdad? Vas a dormir como un bebé. –Aseguró ella con la expresión bastante adormilada.
Ranma le sonrió suavemente sin quitarle ojo de encima y Akane nuevamente ruborizada, escondió la cara tras su vaso, achacó su reacción al embotamiento de la medicina, pues apenas podía mantener los ojos abiertos. O tal vez era un sueño, pensó, porque no le dolía ninguna herida y por eso Ranma se portaba más amable con ella y se veía más guapo.
Sonrió, si era un sueño podía llamarlo Ranma y no sonaría raro. Ranma, Ranma, Ranma. Le gustaba como sonaba su nombre, un nombre fuerte y masculino, como él, pensó con un suspiro.
—Ranma, Ranma, Ranma. —Canturreó adormilada.
— ¿Qué? —El chico pegó un bote atragantándose con la leche, era la primera vez que Akane lo llamaba por su nombre.
—Tus ojos brillan. —Dijo arrastrando las palabras, medio dormida. —La luz de luna brilla en tus ojos.
— ¿Akane? ¿Te sientes bien? —El joven dejó el vaso en la mesa y se acercó a ella, preocupado.
—En mis sueños eres amable y no te odio. —Le dijo dando una cabezada.
—¿No me odias? —Se hincó enfrente de ella y Akane bajó la cabeza hacia él.
—En mis sueños no.
—Akane, ¿Por qué me odias? —Preguntó Ranma con un susurro acercándose a ella. Se daba cuenta que Akane estaba bajo el efecto del medicamento, sabía que no debía tomar ventaja de su estado, pero el no saber lo estaba matando.
—Es mi medio secreto. —Le dijo llevándose un dedo vendado a los labios. —Debes de resolver el misterio. — Puso una mano en su pecho.
—Soy una chica fuerte. —Dijo después mirando su mano vendada, y frunciendo el ceño, molesta.
—Eres la chica más fuerte y hermosa que he conocido. —Dijo Ranma, siempre en susurros, perdiéndose en su rostro, dejándose llevar.
—Solo estás siendo amable, en mis sueños eres amable y en mis sueños te puedo llamar Ranma. Va a ser la otra mitad de mi secreto, solo en mis sueños te llamaré Ranma. —Akane subió su mano a la mejilla del chico y lo acarició.
—A...Akane. —El joven no podía quitar la vista del rostro de la chica embelesado, la estudió, la memorizó, tomó su mano con cuidado y la mantuvo ahí en su mejilla. –Yo también tengo un secreto, y tiene que ver contigo.
Akane sonrió; cerraba los ojos y por ratos los abría, tardándose cada vez más entre cada parpadeo.
—No me digas tu secreto…Yo no te diré los míos, hasta… Que… Tú…. —Suspiró y finalmente cerró los ojos. Su respiración se hizo lenta y suave.
Y así la cocina quedó en completo silencio. Ranma dejó caer la cabeza con una inspiración, con el corazón martilleándole tan violentamente que sentía podía oírse en toda la casa.
—Te llevo a tu habitación. —Le dijo Ranma a la durmiente chica. La tomó en brazos suavemente y caminó despacio, tomándose su tiempo, disfrutando la sensación de tenerla entre los brazos.
Al llegar al segundo piso, no supo para dónde ir.
—Akane ¿cuál es tu habitación? —Peguntó suavemente, pero la chica no respondió. Ranma suspiró y caminó el pasillito pasando por delante de la habitación que le habían dado. Había dos puertas al final del pasillo, abrió la primera, pero era un cuarto de baño mucho más pequeño que el de la planta baja. Caminó hacia la otra puerta y colgado de un clavo había un patito de madera que tenía el nombre de Akane escrito en él. Ranma sonrió.
Abrió la puerta con cuidado. Era un cuarto espacioso, y a diferencia del cuarto que usaba en Tokio este estaba repleto de cosas. Libros, peluches, revistas, un escritorio junto a la ventana, incluso pudo ver una espada shinai de kendo en una esquina. Se acercó a la cama y depositó suavemente a la chica que murmuró algo ininteligible al taparla con la afelpada colcha. Un mechón de cabello resbaló sobre su mejilla y Ranma lo hizo a un lado suavemente. La piel de Akane era tersa y cálida, la chica suspiró al sentir su tacto y se arrebujó más en la cama, cómoda.
—Mi prometida. —Susurró muy despacio, saboreando la palabra.
Ranma pudo haberse quedado ahí, contemplándola toda la noche. La leche en absoluto le ayudó a conciliar el sueño, solo la había tomado para tratar de alargar el momento con ella en la cocina. Pero no podía quedarse ahí eternamente y se obligó a levantarse de la cama y salir del cuarto.
Cerró con mucho cuidado la puerta y al dar un paso para desandar el camino hacia su habitación, sintió una ligera brisa y se percató que había un pequeño balcón, y se dirigió hacia él. En su cabeza seguía observando una y otra vez a Akane llorar desconsoladamente nombrando el nombre de su ex prometido.
Estuvo perdido en sus pensamientos hasta que Nerima comenzó a delinearse por el brillo del sol. Decidió que ya podría dormir un par de horas.
Tsu zu ku…
Continuará…
DoCo Seventh
Secretos
Muchas cosas pasaron en este capítulo y me atrevo a decir que estamos a la mitad de la historia.
También quería avisar que a partir de este capítulo espaciaré las entregas a 15 días. Enero fue un mes bastante tranquilo en el trabajo pero febrero empezó con ganas. Pero no se preocupen, no dejaré la historia, incluso el final ya lo tengo escrito y como dije más arriba esto está prácticamente cocinado. Sé por experiencia propia lo que se siente que los fics que uno sigue no los acaben, hay dos que tres por ahí por los que lloro sangre cada vez que me acuerdo.
¡Espero con nervios sus impresiones del capítulo!
*Notas y aclaraciones*
(1)Por si alguien tiene curiosidad el carro de Ranma es un Mazda MX-5, cosa linda 3.
(2) Según el google maps todo el camino de Tokio a Nerima es una avenida grande; pero para efectos de la historia me tomé cierta concesión para ubicarlos en una estrecha sección de "despoblado o poco urbanizado" para reforzar el sentimiento de Akane de libertad.
(3) También según el google maps la distancia de Tokio a Nerima cson 26 minutos con tráfico moderado.
(4) Al ser el Musabetsu Kakutō Ryūun arte marcial inventado, no sé los nombres de los golpes como tal (no valen: "el ataque del demonio volador doble especial de Saotome o el ataque del tornado veloz especialidad de Soun Tendo XD), pero para efectos prácticos pondré los nombres de los golpes en box que son más del dominio común a los golpes de Karate-do o patadas de Taekwon-do. Aunque investigando, me encontré que YA HAY una organización que tomó la filosofía del Musabetsu Kakutō Ryū e incluso el nombre y la están tratando de hacer algo verdadero. En su blog, explican claramente que tomaron la idea y filosofía del manga de Ranma, ¡que emocionante!
El keikogi es el traje de entrenamiento para las artes marciales, la palabra Gi significa "traje" así que sin la partícula anterior que refiere a lo que sirve esa prenda, no dice nada. Así DoGi es la más usada porque Do, (Tae kwon Do, Karate Do, Ju Do, Ken Do) significa via o camino (Ken, espada; Do, via) entonces Do Gi, sería traje para para practicar la Via. Yo no soy ninguna experta, pero mi maestro de Taek Won Do, era un entusiasta en terminologías y esas cosas, así que solo paso su conocimiento.
*Agradecimientos*
Andy Saotome Tendo (¡Gracias! Este capítulo trajo más aportes de investigación jaja espero te haya gustado este nuevo capítulo. ¡Te leo! )
Haruri Saotome (Gracias, yo también me divertí mucho escribiéndolo, soy muy simple de humor y me reía a carcajadas con algunas cosas mientras las tecleaba, fue muy muy divertido. Ojalá más adelante pueda salir un capítulo igual. ¡Espero que esta actualización te haya gustado también! ¡Nos leemos! )
FlynnChan (Amo, a los hombres alegres y desvergonzados como Ranma jajaja. Y sí, todo Enero actualice cada sábado o domingo, pero como menciono arriba, a partir de este lo espaciaré un poco para poder escribir bien y que salgan capítulos decentes. Pero si el trabajo lo permite, prometo actualizar cada semana. ¡Espero este capítulo te haya gustado también! Te leo :D )
Esmeralda Saotome ( ¡No! No te preocupes que por nada del mundo la dejaré, me súper encanta escribir y escribir con ellos dos aún más y esta historia prácticamente se está redactando sola, así que te adelantaré que ya tengo el final escrito y el capítul bastantes avanzados pero están en revisión. Si me deja tiempo esta semana el trabajo me avocaré a pulir el cap 8 para poder publicarlo lo más pronto posible. ¡Muchas gracias por tus comentarios, te leo! )
Llek BM ( jajaja, yo me reí a carcajadas mientras escribía esas frases [soy muy simple de humor]¡ Y si Shampoo se viene con todo! Muchas gracias por comentar cada semana, espero este capítulo también te haya gustado. Nos leemos!)
Maky (Noo, no te preocupes, de verdad que no la dejaré, amo escribir y esta historia ya la tengo toda planteada en mi cabeza y prácticamente se está escribiendo sola. Tengo que sacarla de mí si no explotaré jaja así que no te preocupes, no la abandonaré. Muchas gracias por escribirme, espero este capítulo haya sido de tu agrado. ¡Nos leemos pronto!)
Dlrn (¡Servida! Muchas gracias por escribir, espero este capítulo te haya gustado ¡Nos leemos!)
Hana Note (jaja bueno espero que vuele en un buen sentido jaja. Muchas gracias por escribir, ojala este cap también te haya gustado ¡Nos leemos!)
VanessaMc (ah jaja si, no he podido actualizar mi perfil pero apenas tenga tiempo de terminar el sketch lo subiré, avisaré por aquí. Muchas gracias por escribir, ojala te lea más seguido. ¡Nos vemos! )
Ranko0103 (¿De verdad? Si llevas el gusto por mi encantada :D ¡Gracias! ¡Espero leerte más seguido por aquí! )
Ka-Chan ( ¡Muchas gracias! Es un gran placer que les guste lo que escribo, ojalá te lea más seguido por aquí. ¡Nos vemos!)
Guery ( Me gustaría leer esa historia que describes ¿La tienes en Fan Fiction? Y si, las mujeres podemos ser aún más crueles, es lo que siempre he pensado, que Akane sería muy odiada dentro de Furinkan por gustarle a todos los chicos. Muchas gracias por tu Review, la historia ya está en su segunda parte y nos encaminamos a resolver los misterios. Muchas gracias, espero te haya gustado este capítulo ¡Te leo!)
¡Hasta la próxima!
S. R
