—Capítulo 7—
— Ésa fue una ducha bastante larga –el comentario de Fujima carecía de malicia, doble significado o mensajes ocultos, pero a Mitsui lo hizo sonrojarse con furia mientras secaba su cabello con la toalla. Oh, esa ducha— ¿Dije algo malo? —preguntó sin comprender con un cucharón en la mano.
— No…—trató de aparentar normalidad pero estaba fallando miserablemente, así que optó por cambiar el tema, siempre era una buena idea antes de que comenzara a pensar de nuevo en…Sacudió la cabeza— E-eso huele delicioso, no sabía que pudieras cocinar —se acercó a la estufa para asomarse. El vapor le pegó de lleno en la cara pero fue una sensación bien recibida, lo ayudaba a mantenerse con los pies en la tierra y a sus fantasías recluidas en lo más hondo de su corazón.
— Cuando pasas tanto tiempo solo aprendes de todo –respondió Fujima, encantado de ver a Mitsui en pantuflas, boxers de cuadros azul obscuro y una playera de Metallica.
Jamás lo había así y no pudo evitar sentirse como colegiala a la que su ídolo se le hubiese aparecido de pronto a mitad de su habitación. Tardó un poco en recuperar sus habilidades motrices, perdido como se hallaba admirando a Hisashi sin que éste lo notara, pero, cuando escuchó el estómago de su novio gruñir, se dio un cachetada mental y sirvió dos porciones de spaghetti. Tenía todas las intenciones de llevar los platos pero antes de que pudiera hacerlo, Mitsui se los quitó para hacerla de mesero.
— Creí que tenías cocinera –comentó, poniendo la mesa para dos.
Un par de velas, música y bien podría resultar en una cena romántica –pensó tan feliz que poco le faltaba para ronronear.
— Sí, pero aún así hay ocasiones en la que yo debo prepararme algo –Fujima tomó asiento a su lado y se dispusieron a comer pero, en cuanto Mitsui probó su primer bocado, creyó que la lengua se le caería.
Esto…¡Esto es horrible! —pensó, tragando con tal esfuerzo que parecía que estuviera comiendo alambre de púas. El spaghetti olía mucho mejor de lo que sabía, estaba crudo y demasiado salado, pero uno nunca lo adivinaría a juzgar por la expresión de Mitsui, quien hizo un esfuerzo monumental por lucir como si jamás en su vida hubiese probado algo más sabroso— ¡Dios, por favor! No me puedo enfermar ahora del estómago o Akagi sí que va a matarme –oró con todas sus fuerzas a punto de llorar.
— ¿Qué dijo Hanagata de que estás saliendo conmigo? –tal vez si se distraía dejaría de pensar en lo mal que sabía el spaghetti, eso y necesitaría mucha agua para bajarse la pasta cruda, ¿en qué demonios se había metido al aceptar su oferta de cocinarle? Fujima sonrió sin humor.
— ¿Tú qué crees? Me regañó durante dos horas seguidas –comió otro bocado y Mitsui se preguntó cómo lo hacía sin morir en el intento.
Tal vez ya se hizo inmune a su propia comida –pensó.
— En palabras de Toru soy un idiota por creer en ti después de todo lo que me hiciste –continuó, la vista en el plato— Nos pronosticó un futuro cruel y un final terrible, y sólo la decencia me impide repetir de cuántas formas diferentes te llamó –Mitsui apretó el tenedor con tal fuerza que lo dobló. Era oficial, odiaba a Hanagata, y Fujima pareció leer su mente pues se apresuró a agregar— Hisashi, entiende, Toru no te conoce…
— Mi punto precisamente, no me conoce –replicó molesto, levantando la voz— ¿Cómo puede sacar conclusiones acerca de mí y de mi comportamiento si no me conoce? –Fujima sacudió la cabeza.
— Hisashi, todo lo que Toru ha escuchado de ti es malo, además, se volvió bastante desconfiado gracias a los novios de sus hermanas –explicó Kenji con voz suave y tranquila— Las niñas son imanes para patanes y Toru ya ha tenido que romper varias narices.
Mitsui no estaba convencido pero se obligó a calmarse, recordando que no se puede hablar mal de la mejor amiga del novio/novia, además, lo último que deseaba era arruinar el momento discutiendo. Siguió comiendo pero no engañó a Fujima, sabía que Mitsui estaba molesto, así que tomó su mano y acarició el dorso con su dedo pulgar. Aquello actuó como magia y lo tranquilizó en dos segundos.
— Keni, quiero preguntarte algo pero quiero que me digas la verdad, aunque no me guste –la seriedad en su voz tomó por sorpresa a Fujima— ¿Tú qué piensas? ¿También crees que nuestro futuro sólo depare desastres? –no le respondió enseguida, continuó acariciando el dorso de la mano de Mitsui, tomándose su tiempo para encontrar las palabras adecuadas y sólo entonces levantó la vista para verlo.
— Mi cerebro dice que sí, Hisashi –respondió Fujima y Mitsui sintió que tenía piedras en el estómago en vez de spaghetti…aunque tal vez fuera culpa de la pasta cruda— Una parte de mí no puede si no estar de acuerdo con Toru pero…—le sostuvo la mirada— Mi corazón dice que no –apretó su mano— Yo creo en ti y sé que nuestra historia va a tener un final feliz.
Mitsui le sonrió de forma tan adorable, que poco faltó para que Fujima se derritiera y no quedara más que una mancha de lo que había sido el As de Shoyo. Hisashi acortó la distancia entre ellos y lo besó una vez más, saboreando sus labios, completamente perdido en la dulzura de su boca que no escuchó cuando la puerta se abrió. Ocupados como se encontraban ni Mitsui ni Fujima escucharon el sonido de la llave en la cerradura, ni de la puerta al abrirse, mucho menos los pasos hasta que fue demasiado tarde y…
— ¡Oni-chaaaaaaaan! –gritó Ichijo, logrando que Mitsui brincara tan alto del susto, que poco le faltó para quedar adherido del techo cual gato— ¿Qué haces? –ésa era la pregunta "favorita" de su hermano, sólo Ichijo podía sacarlo de sus casillas con un facilidad sorprendente pero, en esta ocasión, sintió genuinas ganas de matarlo.
— ¡Ichijo! –exclamó el sorprendido hermano mayor como si en vez de un niño se tratase de un extraterrestre aparecido de la nada— ¿Q-q-qué demonios haces aquí?
— ¿Ah? Aquí vivo –fue la simple respuesta, tan simple y tan tranquila que hizo a Mitsui cuestionarse si su hermano los habría visto besarse o no. Ichijo arrojó la mochila en el sofá, justo sobre la maleta de su hermano (ambos ignorando a su madre quien siempre se quejaba de que iban a arruinar los muebles debajo de tanto peso)— ¿Y tú? ¿No deberías estar entrenando? –entonces el niño reparó en la presencia de Fujima— ¿Y tú quién eres?
¡Cómo se parece a Hisashi! –pensó fascinado, viendo al niño aún en uniforme. El mismo cabello negro-azulado, los mismos ojos obscuros pero, a diferencia de Mitsui, Ichijo tenía el cabello un poco más largo y levantado en puntas, lo que lo hacía parecer parte del reparto de Digimon. Mitsui se levantó y golpeó a su hermano en la nuca.
— Ésa no es forma de hablarle a tus mayores –lo reprendió.
— ¿Y desde cuándo a ti te importan los modales?…¡Auch! –otro golpe.
— Y tampoco es forma de hablarle a tu hermano mayor –Ichijo se sobó la nuca.
— Mi nombre es Fujima Kenji –se presentó con una amable sonrisa— Mucho gusto.
— Mitsui Ichijo –el niño devolvió el saludo, con un ojo cerrado y una lágrima gorda atorada en sus pestañas, aún sobando su cabeza— ¿Eres amigo de mi oni-chan? –preguntó con incredulidad.
— Sí, ¿por qué lo preguntas así?
— Porque no luces como sus amigos –Ichijo recordó a Tetsuo, Norio y al resto de la pandilla, abochornando a su hermano mayor y haciendo reír a Fujima. Después de conocer a Norio entendía muchas cosas, y sólo podía imaginar que pinta tendría el infame Tetsuo para su suegra lo odiara tanto. Por suerte Mitsui no tuvo que explicar demasiado pues el aroma del spaghetti llegó hasta su hermano y, cuando vieron, ya tenían al niño en la cocina listo para servirse.
— ¡Itadakimasu! –anunció, levantando triunfal su tenedor pero, en cuanto probó el spaghetti, se puso verde— Esto sabe horrible –y su hermano mayor lo golpeó de nuevo.
—o0o—
— Así que tú también juegas basketball –dijo Ichijo, sentado justo en medio de ellos, comiendo cereal y aumentando los instintos asesinos de su oni-chan— ¿En qué equipo?
— Soy el capitán de Shoyo –respondió Fujima encantado. Siempre había querido un hermano e Ichijo le había agradado desde que lo conoció 2 años atrás, algo que a Mitsui no lo hacía particularmente feliz porque, como Kenji le prestaba atención, el niño no se iba nunca.
— ¡Oh! –abrió la boca sorprendido— ¿Qué no fue el equipo con el que barrieron la duela el domingo? –preguntó Ichijo.
— Tú quieres que yo te mate ¿verdad? –Mitsui rezongó, ¿cómo era que su cena romántica había terminado en tragedia?— Y a todo esto ¿qué haces aquí? Creí que estabas en casa de Ishi haciendo tarea.
— Sí –el niño tragó— Pero su mamá me trajo.
¿Por qué a mí? ¿No podía haberse quedado a dormir o algo? –se lamentó. Fujima iba a levantar la mesa pero Mitsui se le adelantó, no iba a permitir que moviera un dedo en su casa y estaba dispuesto a consentirlo, se movió para recoger los platos sucios pero un tirón terrible, como si dedos jalaran de cada extremo de su músculo, lo hizo cerrar los ojos y volverse a sentar.
— ¿Qué pasa? –preguntó Fujima preocupado y Mitsui se llevó la mano al hombro.
— No es nada. Me duele desde el partido del domingo –explicó, tratando de no moverse— Supongo que es un regalo de las dos caídas que sufrí –y Fujima se sonrojó, una de las dos caídas había sido culpa suya.
— ¿Tienes pomada? —quiso saber y el niño se puso de pie de un salto.
— En el baño, ¿la traigo? –y antes de que alguien le pudiera responder, Ichijo salió corriendo. Fujima se puso de pie.
— Quítate la playera –pidió, haciendo sonreír a Mitsui con malicia.
— ¿En la primera cita? –Fujima tiró de su oreja, haciéndolo reír— Y agresivo a parte de todo, como me gusta.
— Hisashi –lo reprendió con un adorable rosa en sus mejillas que sólo sirvió para hacerlo reír con más fuerza. Al final Mitsui obedeció, se sacó la playera dejando su torso desnudo y expuesto, y logrando que Fujima se sonrojara aún más. Kenji estaba a un paso de cerrar los ojos, manos en las mejillas, bamboleándose tímidamente, pero toda su emoción desapareció cuando vio los moretones en la espalda de Hisashi— ¿Te duele? –lo tocó con delicadeza.
— Sólo cuando me muevo –Mitsui abrió los ojos sorprendido al sentir que Fujima lo abrazaba por detrás, con fuerza, enterrando el rostro en su cuello.
— Lo siento –el corazón de Hisashi latió con fuerza, jamás lo había tenido contra su piel desnuda y la sensación hizo bailar su sistema nervioso y aumentar su temperatura. Era tan cálido y tenerlo tan cerca se sentía tan bien, tan correcto.
— ¿D-de qué…—carraspeó nervioso, un curioso cosquilleo recorriendo su cuerpo. Si Kenji no se quitaba rápido se le iba a olvidar que su hermano estaba en la casa y eso sólo lo metería en una muy vergonzosa situación— Hablas?
— Yo fui el que te cayó encima –susurró contra su cuello y Mitsui se giró para verlo, aunque aquello una vez más lo hizo sentir un tirón en el músculo.
— Keni, estás loco –dijo con toda honestidad, tomando su mano— Nos estábamos peleando el pase a las Nacionales, no tienes nada de qué arrepentirte –Fujima sonrió y le pellizcó la nariz.
— Esto fue todo lo que encontré –Ichijo volvió, dejando sobre la mesa todas las muestras médicas de pomadas que su madre guardaba en su baño. Fujima las revisó una por una hasta que se decidió por un envase en particular, derramó un poco sobre Mitsui y frotó su espalda mientras Ichijo se hincaba sobre la silla de enfrente.
— Mm…Keni, esto es delicioso –gimió Mitsui, cruzando los brazos sobre la mesa para recargar la cabeza, logrando que Fujima se sonrojara hasta las orejas— ¿Dónde aprendiste a dar masajes?
— Cuando eres el coach del equipo de basketball aprendes muchas cosas –Mitsui rió con ganas, tomándole el doble sentido a sus palabras y, cuando Fujima cayó en cuenta de qué había dicho, se ruborizo de nuevo— Idiota.
— Fujima –lo llamó Ichijo, doblado hacia el frente con los codos sobre la mesa— ¿En verdad mi oni-chan es un buen jugador? –preguntó con interés, genuinamente feliz de, por una vez, tener la oportunidad de hablar con su hermano mayor y sus amigos, compartir algo con él, lo que no pasó desapercibido para Kenji.
— ¿Nunca lo has visto jugar? –Ichijo negó con la cabeza, sorprendiéndolo— ¿Por qué? –Mitsui suspiró y se enderezó, era una historia larga y, ahora que lo pensaba, curiosa.
— Cuando estaba en la secundaria, Ichijo era muy pequeño –explicó, creyendo que se derretiría bajo las expertas manos de Fujima, tratando de no pensar qué más podría hacer con esas manos durante…Sacudió la cabeza— Después dejé de jugar y, este año, primero los partidos eran en días de escuela y el domingo pasado no hubo quien lo pudiera llevar y yo no pudo cuidarlo –Ichijo azotó las manos contra la mesa, poniéndose de pie.
— ¡Te lo dije! No soy un bebé, me puedo cuidar solo –insistió el niño, realmente quería verlo jugar y le frustraba no poder hacerlo.
— No, no puedes cuidarte solo. Además, mamá me mataría antes de permitir que su retoño se quede solo en las gradas o en compañía de Nori –su hermanito hizo un puchero, se dejó caer en la silla, codos en la mesa y el rostro descansando sobre sus puños cerrados.
— Pero yo quiero ir –insistió con tristeza. Fujima detuvo sus manos sobre los hombros de Mitsui y pensó por un momento.
— ¿Y si yo paso por ti el domingo para ir al partido? –ambos hermanos se giraron para verlo con idénticas expresiones de sorpresa.
— ¡Sí! –gritó Ichijo, de pie, dando brincos.
— ¿Estás seguro? Mi casa no está cerca del estadio y te desviarías bastante viniendo desde Yamato –pero Fujima negó con la cabeza.
— Estoy seguro, además –continuó masajeando sus hombros— Juegan contra Kainan, van a necesitar todo el apoyo que se les pueda dar –Ichijo continuó brincando feliz y Mitsui sonrió.
— Gracias –una vez más la puerta se abrió y en esta ocasión la que apareció fue la muy famosa, muy temida y muy respetada Dra. Sato.
— Tadaima –dejó los zapatos en la entrada, retirándose su chalina del cuello...y se detuvo en seco, arrugando la frente al ver la mochila y maleta sobre su sofá. No estaba contenta y su ceja comenzó a temblar— ¿Cuántas veces les he dicho que…? –pero se interrumpió al ver que tenían visita— Oh… —podría ser muchas cosas pero ella no regañaba a sus hijos en público…excepto en aquella ocasión que entró a un antro en pijama para sacar a Mitsui de las orejas a las 3 de la mañana para completa humillación de su hijo.
— Okaeri –respondieron ambos hermanos.
— Oka-san, él es mi amigo de Yamato –se apresuró a presentarlos Mitsui— Fujima Kenji.
— Mucho gusto –habló Kenji con toda educación. La Dra. Sato, una mujer que no levantaría más del metro y medio, cabello largo, lacio negro y un poco regordeta, dejó su bolso en la mesa y se acercó.
— El gusto es mío —viéndola nadie creería que podía causar tanto terror cuando se enojaba— ¡Vaya! Es bueno ver que Hisashi puede hacer amigos con modales –dijo su madre, abochornándolo por segunda vez esa noche— ¿Vives en Yamato?
— Sí, doctora.
— ¿Cómo se conocieron? –quiso saber, acariciando la cabeza Ichijo en el proceso.
— Ambos jugamos basketball –respondió Fujima, sin saberlo diciendo las palabras mágicas. Su suegra adoraba la idea de que Mitsui jugara basketball y se la ganó en dos segundos.
— Oka-san, Fujima es el capitán del equipo que oni-chan derrotó el domingo –le informó Ichijo con orgullo— Y se ofreció a llevarme este fin de semana a ver a oni-chan jugar –aquello sólo le ganó más puntos a Kenji.
— Eso es terriblemente amable de tu parte pero, viviendo en Yamato, te vas a desviar demasiado para venir hasta acá –Ichijo hizo un nuevo puchero.
— No es ningún problema –le aseguró Fujima.
— Gracias —su suegra le regaló una sonrisa—…Mm, ¿eso que huelo es spaghetti? –preguntó.
— Kenji lo cocinó –informó Mitsui.
— Y sabe horrible…¡auch! –Ichijo se ganó otro golpe, demasiado lento para esquivarlo. Fue entonces cuando la Dra. Sato se percató del estado de la espalda de su primogénito y se acercó frunciendo el ceño en lo que prometía convertirse en el sermón del año si no obtenía una buena explicación.
— Hisashi, ¿qué te pasó?…No te estarás peleando de nuevo ¿o sí? –preguntó a dos rayas de entrar en Voltron mode.
— No. Me caí en el juego del domingo –respondió Mitsui con voz cansada, ¡como odiaba dar explicaciones acerca de su vida!— Un zopenco con el número 4 me aplastó y caí de espaldas contra la duela –Fujima lo pellizcó haciéndolo reír. Su madre revisó en envase de la pomada que le habían puesto y asintió aprobando la elección. Y mientras la doctora le preguntaba a Ichijo acerca de su día, sonó el smartphone de Fujima con un mensaje de Hanagata preguntando dónde estaba. Sólo entonces se percató de qué hora era: 11:14 p.m.
— Ya debo irme o mañana no llegaré a tiempo al colegio –anunció.
— Te llevo a la estación del tren –Mitsui se puso de pie.
— Hisashi, cúbrete bien, que no te de el aire frío o te prometo que mañana no vas a poner girar el cuello –le advirtió su madre, después se dirigió a Fujima suavizando el tono de voz— Fue un gusto conocerte, espero que nos visites pronto de nuevo.
— Gracias.
—o0o—
— Tu familia es muy agradable —Fujima se escuchaba feliz, caminando con él hacía la estación del tren, vistiendo una chaqueta de Hisashi.
— Por favor, no tienes que ser amable conmigo –le sonrió Mitsui, apretando su mano cariñosamente mientras cruzaban la calle.
— Hablo en serio, la pasé muy bien –insistió, dándole un sonoro beso en la mejilla que lo dejó viendo corazones.
— ¿Vienes mañana?
— No creo.
— ¿Por qué? –quiso saber un muy decepcionado Mitsui, a un paso de hacer puchero.
— Porque nosotros jugamos contra Ryonan la próxima semana y, después de la derrota del domingo, estamos un "poco" presionados para ganar –le informó Fujima, con el pulgar e índice indicando el 'poco'.
— Sal temprano de la práctica –aquello hizo reír a Kenji.
— Sí, claro –columpió su brazo y el de Mitsui— Te recuerdo que soy el coach.
— Más a mi favor, no tienes que pedirle permiso a nadie –insistió Hisashi, atrayéndolo hacia él para abrazarlo por la cintura— Vamos –besó su mejilla— Faltan días para el juego –besó sus labios— Ven mañana –beso— ¿Sí? –beso. Fujima sonrió contra sus labios.
— Hisa-chin, si perdemos contra Ryonan, será por tu culpa –ambos rieron— Déjame ver qué pudo hacer –Mitsui lo besó de nuevo.
—o0o—
Desgraciadamente, para mala suerte de Mitsui, Fujima no pudo encontrar un pretexto válido para terminar las práctica de basketball temprano y, entre eso y la histeria de Akagi por el próximo partido, les llegó el viernes sin haberse podido ver de nuevo. ¡Ah! Pero eso sí, hablaban del diario y casi a cada minuto del día (incluso a media noche una ocasión en la que Fujima tenía insomnio) Pero esto le hizo a Mitsui darse cuenta de un pequeñísimo detalle: estaba gastando demasiado en llamadas y su madre se iba a negar terminantemente a pagar sus cuentas.
Tal vez debería conseguir un trabajo de medio tiempo –cada vez lo consideraba con más seriedad. Una novia (o en su caso novio) no salía barato ¿y cómo se suponía que invitara a Kenji a salir si no tenía dinero? En la secundaria solía ahorrarse lo de sus almuerzos pero ya no era suficiente.
— ¿Buscando si hay más notas acerca de ti y tu novia? –lo molestó Miyagi, encontrando a Mitsui con el periódico en los vestidores.
— Ja-ja –se rió sin humor, levantando la vista. Ryota se asomó y frunció el ceño al ver que su senpai leía la sección de empleos.
— ¿Estás buscando un trabajo? –preguntó como si aquello fue más increíble que una vaca voladora.
— No tienes que preguntarlo de esa manera –Mitsui arrojó el periódico dentro de su casillero y azotó la puerta, dándole a Ryota una breve mirada de la foto de Fujima que tenía ahí.
— ¿Ah, no? Tienes que reconocer que 'Mitsui' y 'trabajo' en la misma oración es hilarante –rió Miyagi, abriendo su casillero, donde guardaba celosamente una fotografía de Ayako, y sacó sus Converse.
— Insisto, ja-ja Miyagi –guardaron silencio mientras se cambiaban de ropa hasta que…
— ¿Entonces? –la pregunta de Ryota lo confundió.
— ¿Entonces, qué?
— ¿Por qué estás buscando trabajo?
— Por nada que te importe –respondió Mitsui de mal modo, tomando asiento en una de las largas bancas.
— Oh, por favor –Ryota cerró la puerta de su casillero y recargó la espalda en él para verlo— ¿Ya qué más da si me dices? —Hisashi, sentado frente a él, lo ignoró atando los cabetes de sus Asics— Mitsui, si no me dices prometo que en el próximo partido gritaré frente a todos que tienes 3 dientes postizos –le arrojó un tenis y poco faltó para que le diera de lleno en la cara— ¡Ey! Prometiste no pelear Mit-chan.
— ¡Muérete, Miyagi!
— ¿Qué? ¿Sólo Keni te puede decir Mit-chan? –lo molestó Ryota con voz melosa que no hizo más que saltarle la vena en su frente hasta que pareció que explotaría.
— ¿Qué pasa, Ryo-chin? –Hanamichi entró, arrastrando los pies y con la maleta al hombro, bostezado con infinita flojera.
— Mitsui está buscando empleo –anunció antes de que el aludido pudiera decir algo.
— ¿Eh? ¿Por qué? –Sakuragi preguntó con toda inocencia dejando caer su maleta y, cuando Mitsui vio que sería imposible quitárselos de encima, suspiró. Sería mejor explicarse que tenerlos detrás él durante toda la práctica llamando la atención de los demás.
— ¿Por qué más? Necesito dinero –rezongó, terminando de amarrar sus asics.
— ¿Para qué? –preguntaron ambos al mismo tiempo y Mitsui consideró romper su promesa de no volver a pelear y golpearlos...pero nunca le ganaría a Hanamichi así que desechó la idea. Hinchado y cubierto de moretones no le resultaría tan atractivo a Fujima.
— Para invitar a salir a Keni, ¿felices? –ni siquiera tenía efectivo para la fiesta de ese viernes y había tenido prácticamente que rogarle a su madre (y venderle su alma) para le diera dinero, lo cual no había hecho nada feliz a la Dra. Sato. Ryota se rió con ganas y, cuando a Hanamichi se le quitó el color verde mal sano, agregó…
— Un momento pero, ¿a qué hora pretendes trabajar si Gori nos tiene aquí todas las tardes? –Mitsui suspiró.
— Yo también pensé lo mismo –admitió. De hecho su falta de horas libres era algo que lo había tenido pensando durante toda la hora de la clase de Inglés— Pero en un par de semanas salimos de vacaciones de verano y eso me dará más tiempo.
— Mitsui, creo que tu idea de un trabajo de medio tiempo es buena –dijo Ryota, por una vez hablando en serio, cruzando los brazos detrás de su cabeza— Pero, cuando ganemos las Regionales nos toca entrenar para las Nacionales y, conociendo a Akagi, nos va a tener aquí 24/7.
— ¿24/7? –preguntó Hanamichi sin captar el concepto.
— 24 horas, 7 días de la semana –explicó Ryota, logrando que Sakuragi hiciera cuentas con los dedos mientras meditaba la nueva información.
— No lo había pensado –Mitsui suspiró. Y en verdad que Miyagi tenía un punto muy gordo aquí, una vez que el trimestre terminara Akagi era capaz de citarlos desde el amanecer hasta la caída del sol, pero…— Aún así, voy a seguir buscando, algo tendrá que salir.
—o0o—
Esa semana fue todo menos tranquila para el equipo de Shohoku, lo cual le dejó poco tiempo a Mitsui para extrañar a Kenji entre los entrenamientos, las clases y los profesores que no paraban de recordarles que se acercaba el final del trimestre. Tenía su agenda llena, sin mencionar que continuaba en su búsqueda implacable por un empleo; Norio y co. se habían ofrecido a ayudarlo pero aún no había nada. Y como si esto no fuera suficiente, la noticia de la súper fiesta del viernes se extendió por toda la preparatoria como pólvora y súbitamente el equipo completo de basketball se volvió más popular que Twilight.
— ¡Aún no lo puedo creer! –exclamó un muy feliz Ryota antes de que iniciara la práctica en el gimnasio de basketball— 10 chicas prácticamente me rogaron para pedirme que las lleve a la fiesta de esta noche…¡A MÍ! –había muerto y llegado al cielo, ahora estaba seguro.
— A mí también me pasó –comentó Yasuda, ruborizándose hasta el nacimiento del cabello— 3 chicas se me acercaron para lo mismo.
— Yo creo que a todos nos ocurrió –dijo un muy abochornado Kogure, amarrando las agujetas de sus tenis— En mi caso fueron 5.
— Sí, mi hermano está de lo más acongojado –Haruko se unió a la conversación— Recibió 2 cartas de chicas ofreciéndose para ser su pareja –y con eso los hizo reír a todos con ganas, incluyendo a Kogure.
— ¡Hanamichi! –lo llamó Ryota al verlo llegar— ¿Cuántas chicas te pidieron que las llevaras a la fiesta de hoy? –Sakuragi lo vio como si sufriera de diarrea y no dijo nada, pero las risas histéricas de sus amigos detrás de él lo explicaban todo.
— ¡Ninguna! –exclamaron todos a la vez, agarrándose sus estómagos para reír hasta que lágrimas brotaron. Hanamichi se ruborizó tanto que terminó del mismo color de su cabello— El capitán Gorila tuvo más suerte que él –y rieron con más ganas.
— Pero…¿por qué? –preguntó Haruko confundida, ladeando la cabeza con el índice contra su mejilla— Es la fiesta del año y todas las chicas quieren un pase.
— Yo no entiendo eso muy bien –dijo Kakuta, rascándose la cabeza— ¿Por qué tenemos tantas chicas detrás de nosotros?
— Porque cada jugador tiene derecho a un pase extra –explicó Ayako, dejando su abanico sobre la silla de Anzai-sensei— Ustedes están todos invitados por ser parte de uno de los 4 mejores equipos de la Prefectura; todos, incluyendo a la manager y los chicos de primero que no son titulares, y nos regalan un pase para llevar a quien nosotros queramos. Es una fiesta privada y especial en el Chi, el antro de moda en Yokohama, y no tengo que recordarles que al Chi no entras siendo menor de edad, sin mencionar que es de lo más elitista y exclusivo. En pocas palabras, ir con uno de nosotros a la fiesta del año es probablemente la única oportunidad que estas chicas tendrán de entrar a un antro como éste –un 'Oh' colectivo siguió a su explicación.
— Y ni por eso Hanamichi consigue una chica –y rieron una vez más.
— Le tienen más miedo que ganas de ir –dijo el gordo Takamiya.
— ¡Ya cállense! –Sakuragi repartió cabezazos y eso terminó con las risas.
— ¡Mitsui! –lo llamó Ryota en cuanto lo vio llegar— ¿A ti cuántas chicas se te acercaron esta semana? –Hisashi no respondió enseguida al estar leyendo un mensaje de Fujima en su celular.
— ¿De qué hablas? –preguntó distraído y a Hanamichi se le iluminó el rostro.
— ¡Oh! ¿Será posible? –exclamó Sakuragi triunfante—¿Nadie te pidió que la llevaras a la fiesta de hoy?
— ¡Ah! ¡Eso! –guardó el teléfono en su bolsillo— Creo que unas 17 o 20, no las conté –la gang de Hanamichi rió con renovada energía.
— ¿Y tú Rukawa? –quiso saber Ayako, ignorando la expresión de absoluta miseria de Sakuragi. Oh, la manager era cruel, pero en verdad que la curiosidad la carcomía y quería saber cuántas de sus fan-girls habían salido tras él con una oportunidad así. Rukawa terminó de estirarse antes de responder.
— Igual que Mitsui-senpai, no las conté –habló, dejando caer los brazos— Pero me llegaron unas 40.
— Maldito, zorro –se quejó entre dientes Hanamichi.
— Sakuragi –lo llamó Haruko, caminando hacia él y poniéndolo en firmes, tenso y expectante no sabiendo qué esperar— Si quieres yo podría ir contigo para que no se pierda tu pase –se ofreció y su gang abrió la boca en muda sorpresa.
— ¡Haruko! –y el pobre Sakuragi lloró.
— Mitsui-senpai ¿vas a llevar a Fujima? –preguntó Ayako, parecía una niña de 13 años pero no podía evitarlo.
— ¿Tú qué crees? –respondió sonriendo como bobo y haciendo a la manager muy feliz. Le alegraba enormemente verlos juntos y arreglando sus problemas.
—¡Un momento! –gritó Hanamichi cuando la inspiración lo golpeó como pedrada— Rukawa ¿vas a ir con Sendoh?
— ¿A ti te importa esto por…? –dijo el super-rookie ese tono cansado que lo hacía sonar como si estuviese perpetuamente adormilado.
— Sendoh también está invitado y también tiene un pase extra –continuó Sakuragi.
— Tus poderes de deducción son asombrosos –se burló Rukawa.
— Si van juntos sus pases extra sobran, así que dámelos para que mis amigos puedan ir –demandó Hanamichi y su gang aplaudió. Una fiesta privada en el Chi, no sonaba nada mal.
— No quiero.
— ¡Rukawa teme!
— ¡Basta! –la poderosa voz de Akagi detuvo la pelea— No es momento de perder el tiempo, el partido contra Kainan es pasado mañana.
En el mundo mágico de Akagi, la práctica del viernes terminaría como siempre, a las 8 de la noche, sin mayores contratiempos y sólo después de que él se hallara 100% satisfecho, pero no contaba con que la emoción por la fiesta de esa noche sobrepasaría todo lo conocido y, no sólo tuvo que terminarla 2 horas antes, las escasas 2 horas que entrenaron nadie paraba de hablar de la fiesta y por lo tanto no prestaron ni 2 gramos de atención (a Hanamichi los balones lo golpearon más de lo normal) e incluso Rukawa se veía distraído.
— Akagi, no te enojes con ellos –Kogure lo consoló, palmeando su espalda— Están emocionados, es la primera vez que nos invitan a una fiesta así y como invitados de honor.
— Y todo esto se va a terminar aún antes de comenzar si no vencemos a Kainan el domingo –replicó Akagi, recogiendo sus cosas en el vestidor.
— No te preocupes tanto –pero decirlo era más fácil que hacerlo y el ceño fruncido no dejó al capitán Gorila, menos aún porque, aunque no quisiera admitirlo, lo ponía nervioso asistir a una fiesta así y más aún con semejante compañía. Un sentimiento de infortunio con promesas de cosas terribles lo tenía tenso, pensando en la gama de posibles problemas que podrían resultar de tener a sus niños problema en un antro.
De todo el equipo sólo él y Mitsui tenían 18 años, Kogure los cumpliría el mes entrante, Ryota vería sus 17 primaveras en Julio, Rukawa los 16 en Enero y el cumpleaños número 15 de Hanamichi acababa de pasar en Abri; y papá Akagi estaba seguro que la nube negra que flotaba sobre su cabeza con lluvia y truenos lo perseguiría esta noche también— Sólo espero que Kogure tenga razón –rezó.
—o0o—
Tal y como Mitsui acordó con Fujima, lo fue a buscar a la estación del tren… eso, claro, hasta que al fin terminó de prepararse. Jamás en sus 18 años había tardado tanto en arreglarse, la fiesta no le preocupaba tanto como verse bien para Kenji, y pronto se halló sacando toda su ropa del armario, arrojando prenda tras prenda sobre la cama. Ichijo se rió, hasta que su hermano lo golpeó, al verlo frente al espejo del baño tardando horas en peinarse (como si tuviera más cabello que Rampunzel).
Al final llegó a la conclusión de que: tenía demasiadas playeras de grupos de Metal, poco tiempo y nada de dinero para salir a comprar algo más y, como pudo, sacó la única camisa negra que tenía, sus pantalones cargo color khaki, chamarra negra y botas— ¡Dios! Voy disfrazado de Lincoln Lee versión Fringe universo alternativo –pero no había nada que hacer al respecto y Mitsui decidió que había hecho lo que se había podido con lo que se tenía.
Un hombre de negocios pasó corriendo a su lado en la estación, hablando por su celular, y un par de señoras mayores bajaron del tren cargando bolsas enormes de colores vistosos mientras reían. Vio su reloj, ya pasaba de las 9 de la noche y Fujima no aparecía ¿habría tenido algún problema? Tal vez debería llamarle, sacó su celular para marcar su número cuando…
— Disculpe, ¿ha visto a mi novio? –levantó la vista y se encontró a Kenji, de pie frente a él— Es alto, muy guapo, con una cicatriz en la barbilla.
Mitsui sonrió, lo tomó del brazo con suavidad y lo besó para completa fascinación de un par de jovencitas que esperaban el tren cerca de ellos. Esta vez Kenji había elegido unos pantalones sueltos de lino, decorados a cuadros en varios tonos de gris, una playera con la mangas adheridas a sus brazos y suelta del torso mostrando una imagen sencilla en blanco y negro de Kyo (Samurai Deeper Kyo, el manga favorito de Hisashi) de perfil, una chalina roja y un sombrero de gangster con botas rojas. Y para Mitsui fue lo más hermoso que había visto en su vida.
— Creí que algo te había pasado –dijo Hisashi sin perder tiempo en buscar su mano.
— Lo siento, me retrasé con una llamada de Toru –ambos caminaron a la salida.
— ¿Ahora qué quería? –por más que quiso no pudo ocultar lo mucho que su amigo lo molestaba.
— Convencerme de que lo dejara traerme a Yokohama –Mitsui lució enfermo ante la sola idea de tener que ver a Hanagata con su cara de pocos amigos toda la noche, pero no había nada que pudiese evitarlo, después de todo Shoyo también era uno de los 4 mejores.
— Así que vamos a contar con el placer de su compañía –el sarcasmo no pasó desapercibido para Fujima pero lejos de molestarse, rió.
Continuará…
N/A: Espero no haberlos aburrido tanto y nos vemos la próxima vez con la fiesta ^^ ¡Gracias por leer!
