Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Capitulo dedicado a todas las que me dieron su apoyo aun sabiendo que me iba a tardar. Gracias a todas.
Summary:De niños se amaron de la manera más inocente. Con el tiempo se descubrieron, pero el tiempo y las circunstancias los separaron. Ahora se han reencontrado, nueve años después, pero ambos son diferentes. ¿Perdurará el mismo amor? SyS
Desde Que Te Vi
Desde Que Te Vi………………...…………………………………….Akari 87
Capítulo VII
[… No soy la niña a la que ayer le robaste un beso…]
"¿Qué?"- no, no podía ser. Todos se habían confabulado en su contra para hacerle una broma de muy mal gusto. Sí, eso debía ser, era sorprendente de lo que podían a llegar a ser capaces sus hermanos con tal de ganarle una vez. No podía creer como pudieron lograr convencer a su madre, no entendía como ella era capaz de participar en esto.
Eso si es caer bajo.
La vecina de enfrente, la hermosa vecina de enfrente, la sensual vecina de enfrente ¿Ella era su bombón? ¿Eran la misma persona? ¿Estaban hablando de la misma Serena? No, no podía ser cierto. Era verdad que su amiga de la infancia era muy bonita cuando era una niña, y también era cierto que había confundido a su pequeña hermana con ella en cuanto la vio. Una parte de él, muy en el fondo, sabía que los años habían pasado, pero por otra parte, el jamás imagino que sería tan hermosa cuando fuera más adulta.
"Seiya, hijo ¿estás bien?"- lo miro preocupada su madre. Si debía ser sincera, la situación le resultaba cómica. Pero sabía que no debía reír. Sentía una cierta culpa ante la confusión de su hijo. Ellos se habían ido, él ni siquiera tuvo tiempo de despedirse ya que todo fue muy precipitado y repentino, pero lo peor de todo era que sabía perfectamente que Seiya estaba enamorado de esa muchacha cuando era un niño y que tenían una amistad muy estrecha años atrás.
"¿Es broma verdad?"- volvió a preguntar, no podía ser. Mientras el intentaba por todos los medios calmarse, sus hermanos volvieron a reír ante su ingenuidad. Si antes se sentía culpable, ahora se sentía culpa por partida doble. Seiya estaba realmente confundido, su instinto maternal le indicaba por como era el temperamento de él, que en realidad no solo estaba confundido, en algún punto hasta podía llegar a sentirse dolido y por qué no... Hasta humillado.
La broma había llegado al límite.
"Seiya, ella es Serena, tu amiga y la vecina son la misma persona."- le explico Taiki intentando no quebrarse nuevamente a causa de la risa.
"¿Por qué no me lo dijeron?"- pregunto intentando, vanamente, no parecer molesto ¿Como pudieron ocultarle algo así? Todos sabían quién era ella menos él, eso ya pasaba de una mala broma.- "Todos sabían que se trataba de ella ¿por qué no me avisaron?"
"¿Avisar?"- repitió su hermano - "Seiya, nosotros no sabíamos que no te habías dado cuenta de nada." - le dijo borrando su sonrisa por completo. La expresión de su hermano ya no le resultaba para nada graciosa. Lo miraba extrañado.
Aturdido y sin decir una palabra más, Seiya subió a su habitación. Los padres se miraron con un dejo de preocupación por la actitud que había tomado, sin embargo, Hotaru, Yaten y Taiki estallaron en risas nuevamente en cuanto su hermano hubo desaparecido.
Entró furioso a la habitación. Se paso las manos por la cara y el cabello como indicio de desesperación. La ira pronto se apodero de él, provocando que de un manotazo tirara las cosas de su buró. Se sentía un perfecto imbécil, ¿Cómo no se dio cuenta? ¡Demonios! ¿Pero quién iba a pensar que esa mujer tan preciosa fuera esa niña con la que compartía sus juegos infantiles? Pero entonces, ¿Por qué todos se habían dado cuenta, la habían reconocido y él no? No sabía que pensar, no podía encontrar las respuestas a sus preguntas y lo único que tenía claro era que se sentía un estúpido, ¿Cómo fue que le pidió su nombre? Definitivamente había quedado como un imbécil.
Se levanto de la cama en la que se había sentado en sus meditaciones y volvió a pasearse con las manos en los costados por toda la habitación. Se acerco a la ventana y dirigió su vista a la ventana de enfrente. La luz estaba ya encendida, unas cortinas de holanes se movían al compas del viento, ¿acaso seria esa la razón por la que ella lo odiaba?
De pronto, la vio asomarse a la ventana y cerrar los ojos en deleite al contacto del viento sobre su rostro. Sonrió de complacencia. Realmente le parecía hermosa a pesar de sólo recibir desprecios de ella. La chica abrió los ojos y volteo a la ventana en que Seiya la miraba, sintiéndose descubierta. Esquivo su mirada con enfado y cerro la ventana, corriendo posteriormente la cortina. ¿Sería que su actitud tan fría para con él respondía a su falta de memoria?, ¿el no haberla reconocido fue un pecado?
"No, no puede ser eso, ¿Por qué habría de serlo? Después de todo solo éramos amigos de infancia" – quiso excusarse, mas algo en su interior le indicaba que algo o mucho había de importante en ese asunto, ¿pero qué?
S&S
Bostezaba por cuarta vez en lo que llevaba sentado en el salón de clases. La noche anterior no había podido dormir; un sueño extraño fue el culpable, un sueño en el que él participaba. Lo recordaba nítidamente como si fuese una película. Estaba él en un bosque pero no estaba solo. En el sueño estaba ella, sus hermanos y otra chica de cabello azul. Parecía como si un recuerdo de su niñez se revelara en sueños. Vio a Taiki semejante a un sacerdote, la niña de sus delirios con un vestido blanco, hecho de un mantel; Yaten quejándose como siempre y él parado junto a lo que parecía simular un altar; perdido en aquella niña que se acercaba con sus brillantes ojos celestes, ¿Una boda? Era extraño, creía haberse visto casándose con su amiga, ¿Qué clase de broma era esa que le jugaba su mente?
No pudo dormir y eso era evidente. Por primera vez a causa del insomnio, se levanto temprano, desayuno y salió a la escuela caminando con el tiempo de sobra. Como sea que fuese, ese día había tomado una decisión importante; se había propuesto acercarse a Serena y pedirle una disculpa, y quizá, hacer las paces con ella. Además, no creyó que fuera un pecado imperdonable el haberla olvidado y no reconocerla cuando la vio de nuevo, ¿o sí?
La miro entrar con su brillante sonrisa y la luz en sus ojos, ¡ese uniforme le quedaba tan bien!, y su cabello suelto en una diadema, parecía invitar al embeleso. No podía evitar esa sensación cada que la veía, unas ganas crecientes de tomarla en sus brazos y robarle un beso.
¡Te estás volviendo loco!
¿Y de donde salieron esas ocurrencias sin sentido? Cierto, la chica es linda ¿Para qué negarlo? Pero había muchos motivos por los cuales no tendría que pensar en tonterías. Uno, era su amiga. No importa cuánto tiempo allá pasado con ella o sin ella, pero definitivamente era una amiga de la infancia y a esas cosas hay que respetarlas porque en la vida esa cosas son importantes y...
La observo sentarse y acomodar sus cosas, ese era el momento propicio para hablarle. Era hora de que por fin le dirigiera la palabra. Se acerco receloso y se sentó en una banca al lado de ella.
"¡Buen día, Serena!" – dijo sonriéndole al saberla sorprendida de llamarla por su nombre.
Al diablo con todo...
Serena se había percatado del momento en que él se acercaba. Se tensó por su presencia, pero supo bien cuidarse de no demostrarlo. Al oír su nombre en sus labios se sorprendió, ¿por fin se había dado cuenta? "Idiota", pensó ante su muestra de vanidad en usar su nombre, presumiendo recordarlo finalmente, y ¿ahora qué?, ¿creía que eso le daba el derecho de hablarle como si nada hubiera sucedido? Estaba muy equivocado si creía que era así porque una cosa era que recordara quién era ella como persona y otra muy distinta, pero no menos importante, que olvidara la importancia que en ese entonces tenía ella para él.
Con el hecho de que recordara su nombre no olvidaría la humillación que sintió al darse cuenta que paso nueve años esperando su regreso, extrañándolo, amándolo y echando su vida a un estúpido recuerdo y para nada; cuando se dio cuenta de que ella no tenía ningún significado en la vida de Seiya Kou. Le demostraría que ella podía jugar el mismo juego.
Le dirigió una mirada llena de desdén queriendo mostrarse molesta por la interrupción tan súbita hacia su persona.
-"¿Te conozco?" – inquirió ella iniciando su desquite, el cual surtió el efecto deseado en Seiya, que turbado por la pregunta se mostro por primera vez inseguro.
-"Soy Seiya, ¿no me recuerdas?" – evidencio él, sin embargo Serena insistió en no conocerlo, aunque ella lo tuviera tan grabado en su mente -. "Soy tu amigo de la infancia" – agrego triunfante el chico, pero Serena seguía con su misma expresión -. "¿Tu vecino de enfrente…?"- nada- "¿el tipo del bebedero?" – se rindió Seiya al dar tantas pistas, ¿en serio él no existía para ella? Eso era demasiado frustrante para su ego.
-"¡Oh! ¡El tipo del bebedero!" – repitió la rubia con una chispa de asombro, como si de pronto su memoria le hubiese regalado un rastro de lucidez -. "¡Claro! Ahora te recuerdo y… ¿Qué se te ofrece?" – pregunto con apuro y sin expresión alguna.
Ante la frialdad mostraba por la chica, Seiya se mantuvo en silencio. Nada estaba saliendo como él esperaba. Se suponía que él se acercaría a ella y le saludaría, ella diría "¡Seiya! ¿Qué tal? ¿Cómo has estado?"; él respondería con su coqueta sonrisa "Excelente, ¿Quién no lo estaría charlando contigo?", ella se sonrojaría por la galantería y él aprovecharía para invitarla a salir. ¡Pero no! Todo salió mal desde el momento en que ni siquiera sabía quién diablos era él.
-"Y… ¿Qué se te ofrece?" – repitió Serena con evidente incomodidad, haciendo despertar a Seiya de su ensueño.
-"Discúlpame, Serena. Yo quería saber si te gustaría tomar un helado en la tarde, digo, para recordar viejos tiempos, ya sabes" – sugirió el pelinegro, si el plan "A" había fracasado, era hora de pasar al plan "B"; seguro eso no podía fallar.
Serena por un momento quedo turbada, ¿la estaba invitando a salir?, ¿Qué debía hacer? Si aceptaba eso era evidencia de que lo estaba perdonando y ella no haría eso, por lo menos no hasta desquitarse completamente. Se recompuso y retomo su expresión de indiferencia.
-"¡Ups! Lo siento… ¿Seiya verdad?" – pregunto al chico, el cual sintió el orgullo herido ¡Que humillación le estaba dando esa mujer! –. "Bien, Seiya, veras: en la tarde tengo entrenamiento con el equipo y después tengo muchas otras cosas importantes que hacer, ¡sorry!" – se disculpo ingenua y recalcando la palabra "importantes".
¡Momento! ¿Ese era un rechazo? ¿Le había desairado? No podía creer que eso fuera posible. Definitivamente eso debía ser una broma.
-"¿Puedo preguntar…?" – iniciaba Seiya, eso no se quedaría así como así.
-"¿Serena?" – se escucho una voz desde la puerta del aula, logrando llamar la atención de ambos.
Serena enseguida reconoció en aquellos ojos almendra y la tranquila sonrisa a Syaoran Li, el chico del campamento. De reojo vio el desconcierto de Seiya ante el intruso y no pudo habérsele ocurrido mejor idea que ir a saludarlo con gran efusión y dejarle allí como el estúpido que era.
-"¡Li! ¿Qué haces aquí? ¡Me alegra verte!" – dijo la rubia prendada de su cuello, a lo que Syaoran correspondió con algo de sorpresa por el gesto.
-"Bueno, mi tía me pidió que acompañara a Meiling a la escuela y así lo hice. Ya me iba pero voltee y te vi en el salón. Espero no haber interrumpido algo importante" – se disculpo mirando la molestia del chico de ojos zafiro.
-"¿Importante? Claro que no. ¡Es bueno verte!" – recalco la rubia con saña, sabiendo lo que estaba provocando en Seiya con sus actitudes y palabras.
-"Debo irme Coneja, pero no sé; me preguntaba si te gustaría ir a tomar un helado en la tarde, es decir, si puedes" – sugirió Li con un dejo de timidez y claras intenciones de molestar a cierto chico que se encontraba prestando absoluta atención a la conversación con un toque de incredulidad.
Serena entonces supo que esa era su oportunidad idónea para llevar a cabo su desquite, nada hubiese sido mejor.
-"¡Por supuesto!" – exclamo a los cuatro vientos, con la intención de que Seiya lo escuchara bien – "Me gustaría ir contigo. Tengo práctica con el equipo a la una de la tarde, pero a las tres estaré libre. ¿Puedes recogerme en el campo de futbol a las tres?" – pregunto Serena esbozando una coqueta sonrisa, misma que hizo sonrojar a Li y enfurecer a Seiya.
Syaoran acepto y se despidió de ella, saliendo del salón y perdiéndose entre los alumnos. Serena quiso reírse por lo que acababa de lograr, pero se contuvo, dirigiéndose a su asiento tarareando una cancioncita y fingiendo ignorar la expresión del pelinegro, quien iba a protestar si no hubiere sido porque el profesor de Biología entraba al aula y comenzaba su clase.
S&S
Sentía la sangre hervir. ¿Lo había rechazado a él excusando tener cosas importantes que hacer, pero cinco minutos después aceptaba salir con aquel tipo? Esa era una señal de que ella definitivamente lo odiaba, de lo contrario no podría explicarse la manera tan humillante en que le había tratado solo esa mañana: primero ni siquiera sabía ni su nombre, luego lo dejaba con la palabra en la boca y por ultimo desdeñaba una cita con él y aceptaba la invitación de otro imbécil al mismo lugar. Estaba fuera de sus casillas, no podía concentrarse y la única culpable era ella.
Además, todo era demasiado extraño. Ese tipo parecía tener demasiada confianza con ella, a tal punto que la llamaba coneja ¿quien se creía que era para llamarla así? En la conocía de antes, ese tipo no tenía ningún derecho a...
Momento.
¿Qué demonios estaba pensando? Lo único que le faltaba, ponerse celoso. ¿Celoso de qué? ¿O de quien? No, eso no podía ser. Quizás pasaron varios días sin ver a Michiru y ya la extrañaba. Sí, eso debería ser.
A él no le importaba en lo absoluto lo que su vecina hiciera o con quien saliera. Era un problema de ella. El había intentado arreglar las cosas y ella dejo completamente claro que tampoco lo recordaba. Ahora estaba libre de toda culpa, no tenia porque sentirse humillado.
Momento.
¿Humillado? ¡Eso jamás! Ella no le importaba, bueno, quizás un poco. Ellos habían sido muy unidos en el pasado. Era lógico que se preocupara que fuera de la vida ella y con quien frecuentaba. Ahora que lo pensaba, el chico que la saludo no parecía ser su novio. Parecía tímido al proponerle una cita, era un idiota. Ella merecía alguien mejor. Alguien que la cuidara, que la hiciera sentir bien, que no temiera pedirle una cita, alguien seguro de sí mismo.
"Alguien como yo."- aseguro en voz alta, pero se arrepintió de haberlo hecho en cuanto noto que todo el salón lo estaba mirando, incluida su vecina y el profesor.
"¿Podría decirle a toda la clase que es lo que lo tiene tan distraído, joven Kou?" - inquirió el maestro.
"¡Oh, oh!"- susurro.
S&S
Levántate y sonríe, se dijo así mismo Taiki cuando se levanto por la mañana. Estaba seguro que todo andaría bien. Era uno de esos días en los cuales apenas se pone un pie en el suelo, uno está seguro que será un gran día.
Podría hasta jurar que la distancia que lo separaba de su primer y única novia en su vida fortalecería su relación. Ella...ella fue la primera mujer que lo hizo sentir como un hombre y no como un niño. Por ella se había decidido a seguir sus sueños y fue ella quien lo incentivo a hablar con sus padres acerca de su carrera. Fue ella quien lo escucho cuando se sintió confundido y le dio palabras de aliento cuando se sintió perdido.
Había tomado con tristeza la noticia de la mudanza, pero, sin embargo, como siempre lo había apoyado.
Ella... siempre tan compresiva y valiente. Tan diferente a él siendo partidaria de leer el horóscopo todos los días y siendo fervientemente creyente de los dioses del cosmos.
Tan única y diferente a las demás... tan ella...
Tan Hazuki...
Hazuki había tropezado con él un día como cualquier otro y comenzaron una relación poco tiempo después. A ella no le gustaba ponerle nombre a la relación, ella era más práctica, más simple. Muy distinta a él. En cuanto la vio había quedado cautivado por su manera de ser. A todo le encontraba una fácil solución y a todo le veía un lado positivo. Lo había cautivado desde el primer momento con su sencillez y su carisma.
De la misma manera vio la partida de él. Con tranquilidad, encontrándole el lado bueno. Ambos estaban seguros de que se extrañarían y su relación se haría mas solida con la distancia. Sin embargo, la familia de él no sabía nada acerca de su relación amorosa. Ni siquiera sabían de la existencia de Hazuki. Ella prefería no hacerlo, ella era más liberal en ese sentido. Era partidaria de no ponerle nombre a una relación que era tan especial y espiritual.
Le gustaba todo de ella. Desde su belleza hasta su voz, si, su voz. Ella adoraba cantar y el disfrutaba de su canto. Luego de largas noches de amor, ella por la mañana solía cantarle al día para darle la bienvenida. Luego ella le contaba acerca de sus clases de canto y le enseñaba a hacer pulseras y collares para vender después en las ferias de artesanos.
Ella era toda una artesana. Hacía desde pulseras hasta collares. Era de un estilo yendo desde el regué pasando por el hippie. Vistiendo largas polleras tenidas con colores fuertes de diversas gamas. Mechones de cabello trenzados con finos hilos de colores.
Tan única...
La extrañaba, extrañaba levantarse y no sentir su canto y los distintos aromas a sahumerios.
Se levanto, hizo su cuarto y fue hacia el teléfono para después marcar el número. Sonó, sonó, sonó... - "El numero al que desea comunicarse esta fuera del área de servicio, por favor intente mas tarde. Muchas gracias."-
"Que extraño."- se dijo para sí. - "Por la noche la llamo."- Colgó, se vistió y salió de su habitación. El día anterior había ido a la escuela de sus hermanos a saludar a sus antiguos profesores. Muchos de ellos ahora solo enseñaban en la secundaria. Además el estaba también interesado con enseñar psicología, aparte de tener su propio consultorio.
Ahora caía en la cuenta de por qué Seiya no lo había saludado y tenía una expresión de asombro cuando lo vio hablar con su vecina. Su hermano pensó que no lo había visto, pero así había sido
Era increíble lo distraído que podía llegar a ser Seiya, pensaba. No entendía como no se había dado cuenta que Serena y la vecina eran la misma persona. Además solo él había sido quien no se había dado cuenta. Antes de encontrarse a Serena había estado con Yaten, y este le había dicho que ella le resultaba familiar cuando ambos la vieron a lo lejos. Entonces él, le explico de quien se trataba y lo ayudo a hacer memoria.
Yaten la había recordado sin problemas. Todos pasaban la mayor parte del día juntos, por esa razón se asombraba por la reacción de Seiya. Él era el más unido a ella, no entendía que demonios le pasaba. Cuando se fueron el tenia más o menos doce años y Seiya nueve o diez. Solo habían pasado nueve años y a esa edad ya quedan guardados en la memoria los recuerdos importantes. Y estaba más que seguro que Serena era muy importante en la vida de Seiya. Aun podía recordar el día en que su hermano le había dicho, entre sollozos que se irían.
"Taiki, escuche a mamá y a papá en la cocina."- le confesó con la voz ahogada, tenía que hacer mucho esfuerzo para hablar ya que hipeaba. - "Papá dijo que nos mudaremos. Ya no veré más a bombón. No quiero irme Taiki, por favor, dile a mamá que nos quedemos. Tu eres el mayor, a ti te hará caso."
Esa había sido la única vez que había visto llorar a Seiya. Desde aquella vez nunca más lo volvió a ver en ese estado. Hizo memoria y recordó que no había querido saludar a su amiga, también recordó el por qué. Estaba más que seguro que Seiya comenzaría a llorar delante de ella, y su hermano siempre había tenido el orgullo desde temprana edad. También recordó todo lo que le dijo Seiya cuando le hubo relatado que él no podía hacer nada para convencer a sus padres.
"Eres malo, nunca te pido nada y la única vez que lo hago me dices que no. No te cuesta nada ir e intentarlo. No te hablare nunca más sino lo haces."- le recrimino secándose las lagrimas con la manga.
Las cosas no habían cambiando tanto desde entonces. Seiya siempre conseguía lo que quería, se dijo mentalmente soltando un profundo suspiro.
El había bajado a la cocina y solo estaba su madre. Se dijo en ese momento que quizás con ella podría discutir el asunto. Su padre directamente se negaría a discutir sobre el tema. Con su madre tendría más posibilidades, si con él se negaba podría pedirle a Yaten que armara uno de sus berrinches de niño malcriado que siempre solía hacer cuando no se hacia lo que él quería. Al fin podría sacarle provecho a su condición de hermano mayor por primera vez.
"Mama, ¿puedo hablar contigo?"
"Claro, cariño. ¿De qué quieres hablar?"
"¿Es cierto que nos mudaremos?"- en cuanto termino la frase se sintió arrepentido. Quizás había sido muy directo, pero estaba demasiado nervioso y no podía pensar bien lo que quería decir.
"¿Como lo supiste?"- pregunto su madre asombrada. - "Quiero decir, ¿cómo fue que lo supiste tan rápido?"
"Eso no importa mamá, yo no quiero irme. Me gusta estar aquí. Y a Yaten y a Seiya también y..."
"Así con que eso era ¿eh?"- dedujo su madre deduciendo por donde venia el asunto. - "¿Te mando Seiya verdad?"
"Si, ¡digo no!"- se corrigió. - "Bueno, en parte, pero yo no quiero irme tampoco."
"Taiki... será solo por un tiempo. Podremos regresar más adelante. Pero tu papá tiene una gran oportunidad de trabajo. La compañía se está haciendo cada vez más grande y eso es bueno. Habrá una nueva y tiene que dirigirla tu papá, tenemos que ir."
Bueno, esa era una buena razón para irse. Pero estaba seguro que Seiya no lo entendería tan fácilmente. El no tenía un motivo por cual quedarse, Yaten tampoco... pero Seiya, Seiya sí. No solo por Serena, sino que también era muy apegado a sus compañeros de escuela y adoraba el bosque, el parque. Seiya no podría vivir en otro lugar, menos en un lugar tan lejos y con otro ritmo y estilo de vida.
Pero todo eso ya formaba parte del pasado. No se podía volver el tiempo atrás. Pero podía recordar todo el tiempo que Seiya había pasado solo y encerrado en su nueva habitación sin salir. Solo lo hacía para ir a la escuela o para ir al baño. Las primeras semanas no les había dirigido ni la palabra.
Pero con el tiempo todo parecía ir acomodándose y Seiya comenzaba a ser el mismo de antes. Pero lo notaba más distante. Al principio le pareció que era lógico, que tenía que ver con los cambios de la mudanza, que todo se volvería a acomodar. Pero no fue así. No solo sus notas en la escuela habían bajado, sino que lo único que parecía reconfortarlo era el futbol americano y hasta había ganado trofeos y llegado a ser el capitán. Ni él ni su familia se habían enterado de nada.
Hoy en día podía seguir sintiendo un cierto abismo entre ellos. Seiya se había convertido un poco reservado con sus cosas, nunca hablaba sobre lo que le pasaba, eso lo asustaba un poco. Con los años aprendió que en la vida no hay que guardarse las cosas que se sienten, ya que llega un punto exacto, un punto límite en el que uno explota, y Seiya explotaba con facilidad.
Generalmente el punto de conflicto era su relación con Daiki, su padre, siempre intuyo que no lo había perdonado al tener que irse. Pero tiempo después Seiya dejo de hablar de Serena y siguió con su vida. Fue por eso que no le dio tanta importancia años atrás y no lo relacionaba, pero ahora todo encajaba.
No hablaba porque le dolía. Ahora se sentía mal por haberse reído de él.
Maldita conciencia.
Seiya siempre había sido el único de sus hermanos que no temía enfrentarse a su padre. Daiki no era un mal padre pero su temperamento era autoritario y pocos eran los que se animaban a contradecirlo y Seiya parecía el único con las suficientes agallas para hacerlo.
Más de una vez Seiya había enfrentado a la cólera de su padre, ya sea por una discusión entre ellos o para defender alguna pelea sin mucha importancia con el mismo o con sus hermanos. Todo comentario algunas veces podía usarse como excusa para crear una gran discusión. Algunas veces le daba la impresión de que Seiya lo hacía adrede para desquitarse, pero por otra parte también le parecía que lo hacía inconscientemente, sin darse cuenta de que tenia reacciones demasiado explosivas.
En fin, su hermano tendría que aprender a controlar su temperamento.
Sin embargo, se sentía un poco culpable por haberse reído de él, el día anterior. No todo era su culpa.
¡Otra vez! ¡Ya entendí el punto!
S&S
Al diablo con él. pensó Yaten cuando su hermano le dijo que el regresaría después a la casa. No quería irse solo. Aun se sentía perdido en aquel lugar. Y sobre todo desorientado. Aunque le resultaba vergonzoso admitirlo. Había pasado más años de su vida en una ciudad mucho más grande y era patético que se perdiera en un lugar tan pequeño. Agobiado ya en su segundo día de clases, decidió regresar a la casa.
Se detuvo.
Buen intento… regresar a casa, si, una buena idea ¿pero cómo? Estaba a punto de comenzar a vociferar contra todos los dioses cuando, de golpe, como un destello divino, recordó algo. Minako era su vecina y el la había oído decirle a Serena que debía quedarse después de clases para un entrenamiento con el equipo de voleibol.
Pero el no podría decirle - ¡Hey Minako! Estoy perdido y no se volver a casa ¿Podríamos ir juntos? No, no era un buen plan.
No quería pedirle ayuda a esa presumida y atolondrada muchacha. Luego no podría quitársela de encima, como cuando eran niños. Siempre había sido una cargosa y apostaba una mano que todavía seguía siéndolo.
"Dame la mano, dame la otra. Dame un besito, sobre tu boca." – cantaba ella junto a las demás niñas durante el receso. – "Dale la media vuelta, dale la vuelta entera. Con un pasito hacia atrás, haciendo la reverencia."- mientras ella gesticulaba al ritmo de la canción y hacia todo lo que dictaba la letra, levanto la mirada y clavo sus ojos en los de él con un ligero rubor y corrió en su dirección. - "Pero no, pero no, pero no, porque me da vergüenza. Pero si, pero sí, pero si. Porque te quiero a ti."- con eso último, en un movimiento rápido, se puso de puntillas, lo beso en la mejilla y salió corriendo perdiéndose entre la multitud infantil.
Alocada para su edad, pensó el ante el ultimo recuerdo. Jamás se habían atrevido a tanto con él. Siempre fue considerado el más serio de sus hermanos y algunas veces lo catalogaban de soberbio por lo que el denominaría como sinceridad. Sea lo que fuere, no le importaba. Pero él sabía que era agradable para la vista femenina, pero se mostraba tan antipático y distante con la gente en sí, que casi nadie se atrevía a corromper su burbuja.
Pero aquel gesto en vez de fastidiarlo, le había parecido de lo más lindo en ese momento. Ahora, con unos años más, lo veía como una actitud de valentía y como un acto de lo más dulce. ¿Dulce? Pocas cosas y pocas personas él calificaría como dulces, pero así lo fue y siempre recordaba aquella situación.
Había estado con varias mujeres, pero siempre fue de lo más selectivo y en sus relaciones nunca albergo ningún tipo de sentimiento. Hasta ahora, las únicas mujeres a las que amaba con todo su corazón eran su madre y su hermana. Es patético ver a un hombre enamorado perdiendo la cabeza por una simple mujer y actuar como un idiota delante de todo el mundo. Lamentable. Demasiado desolador aquel panorama.
Perder la paz mental así por una insignificante mujer. ¡Pero qué estupidez!
Y así, refunfuñando y maldiciendo para sus adentros sobre la animalada e irracionalidad masculina, llego a su destino.
- "¡La tengo! ¡Cuidado!"- grito una voz femenina
Y de repente, un dolor punzante y toda su visión fueron nublada.
Con una sonora carcajada, Mina Aino se acerco hasta un Yaten aturdido y enfadado intentando por todos los medios sofocar su risa que brotaba desde su garganta tapándose la boca.
-"¿Estás bien? ¿Te has lastimado?"- le pregunto con voz ronca riendo por la traicionera nariz.
-"¿Quieres decir si me has lastimado? ¡Mira el golpe que me has dado! ¡Mañana me saldrá un chichón con la forma de una montaña en la cabeza! ¡Y encima me preguntas si me he lastimado! ¿Crees que estoy bien? ¡Dímelo tu mejor!"
-"¡A mí no me vengas a hablar así, tonto!"- le espeto ella.
-"¡¿A quién le dices tonto?!"
-"¡A ti!"
-"¡Si fuiste tú quien me propino un golpe!"
-"Si, ¡pero fue sin querer!"
-"¡Deberías tener más cuidado!"
-"¡Tu deberías tener más cuidado antes de interrumpir en el entrenamiento!"
-"¡Eres una fiera!"
-"¡¿A quién le dices fiera?!"-
-"¡A ti!"
-"¡Eres un maleducado!"
-"Y tu una fiera que no tiene absolutamente nada de femenina"
-"¿Qué no tengo nada de femenina?"- repitió ella furiosa – "Pregúntale a cualquiera de ellas si soy o no femenina y veras que…"- y toda palabra que pudo haber dicho quedo atascada en la garganta. No había quedado nadie en el gimnasio.
-"¿Dónde se ha ido todo el mundo?" – murmuro Yaten incrédulo.
-"¡Y lo preguntas!" – le recriminó ella. – "¡Se han ido por tu culpa! Has hecho todo un alboroto por un simple golpe, por el cual, si no mal recuerdo, ¡ya te he pedido disculpas!"
-"¡¿Un simple golpe?!"- repitió el – "¡¿un simple golpe?! ¡Si hubieses golpeado la pelota solo un poco mas fuerte podría haber perdido la memoria o muerto!"
-"¡Uy pero que exagerado que eres!"- se defendió colérica. – "Tu te metiste en medio de mi entrenamiento y ahuyentaste a mis compañeras con todo tu histeriqueo afeminado."- le dijo ella recalcando las palabras.
-"¿Me estas llamado afeminado?"
Ella lo miró divertida. No había dicho exactamente la palabra afeminado para ofenderlo. – "No, no has entendido. No has entendido ni una palabra y evidentemente, tú no entiendes nada. Yo no dije: con todo tu histeriqueo coma afeminado. Las comas son muy importantes por lo que, si no las entiendes, entiendes todo mal y al revés como en este caso. ¿Cómo has llegado al segundo año sin saber usar las comas? Ay… esta es la educación de hoy en día, que mal que esta el mundo."
-"Eres muy mala usando el sarcasmo para hacerte la graciosa."
-"¡No te soporto más! ¡Me voy!"- caminó hasta las gradas del gimnasio y tomó de un solo manotazo su mochila y su botella de agua. Con la barbilla bien alta y semblante arrogante, se alejo de Yaten con zancadas largas y firmes.
El, alarmado, comenzó a seguirla. Que se fuera y lo dejara solo, definitivamente, no era el plan – "Oye, espera ¿A dónde vas?"
Ella lo miró fulminante. – "¿Y a ti que te importa?"
-"Claro que me importa."- dijo él, pero al ver el sonrojo repentino en las mejillas de ella intentó explicarse mejor.- "El otro día te asaltaron, y yo, como buena persona que soy, aun cuando tengo que proteger hasta el más desagradecido… me ofrezco para llevarte a casa sana y salva."
-"Nadie pidió tu ayuda."- le respondió ella orgullosa.
-"Es mi deber acompañarte a casa."
-"Me iré sola."- le informo.
-"¡De ninguna manera!"
Ella rodo los ojos ante su insistencia. Al parecer no tenía alternativa. Sabía que Ikuko se había quedado muy preocupada por lo ocurrido en aquella ocasión. Y esta vez no había tenido que humillarse para pedir algo, y menos, justamente a la última persona a la que alguna vez quisiera pedirle algún favor, Yaten Kou. El se había ofrecido solo a acompañarla.
Más de una le vendería el alma al diablo por estar en su lugar.
-"De acuerdo, no tardare más de quince minutos."- le dijo ella alejándose antes de que el estallara.
-"¿Quince minutos? ¿Por qué tardaras tanto?"- le pregunto el indignado. –"Soy una buena persona, pero no abuses de mi bondad."
-"¡En primer lugar yo no te pedí absolutamente nada! Debo bañarme y cambiarme antes de ir a casa. ¡Estoy toda sudada y no puedo ir con estas mini calzas por la calle!" - le respondió irritada.
El la miro, más que mirar, observó. Tenía razón, estaba sudada. Era por eso que se veía tan bien con el pelo revuelto con aquel sonrojo. Cuando él la había hecho sonrojar, accidentalmente, se había dado cuenta que en su expresión se acentuaba mas el color carmín y se veía más seductora con una mezcla de inocencia.
Es preciosa.
Quito esa insensatez de su mente sacudiendo la cabeza.
-"De acuerdo, ve."- mejor, antes de seguir pensando en locuras y que ella cambiara de opinión.
Quince minutos después una Mina cambiada y perfumada fue a su encuentro y Yaten quedo embobado por la figura que tenía en frente. Ella parecía mirarlo para ver si aprobaba su aspecto, pero a él no le convenía. Lo más fácil para él era molestarla en lugar de elogiarla. Elogiar a la gente no se le daba muy bien. Era todo mucho más fácil mantenerla a distancia que sonrojada cuando se veía tan bonita. No quería tener nada que ver con una mujer tan patosa y obcecada como Mina
-"Ahora pareces un humano." – la molesto él.
-"Ok, creo que puedo volver sola a casa. No necesito tu ayuda."- dio la media vuelta y siguió su camino.
-"De ningún modo. Iré contigo."- comenzó a seguirla tranquilo detrás de ella.
-"Claro que no, vete ¡shuus!"- lo espantó como si se tratara de una mosca con un gesto de mano.
-"Está bien."- le dijo él mientras seguía caminando tras ella.
-"¡Pero qué molesto eres! Deja de seguirme. ¡Ya te he dicho que me iré sola!"
-"¿Y quién te está siguiendo a ti?" – le respondió llevando las manos detrás de la cabeza. – "Vivo enfrente de tu casa, por ende, hago el mismo camino."
-"Puedes ir por el otro camino." - ¡Había otro camino! Lo tendría en cuenta… en cuanto se grabase este.
-"Pero es el más largo y de esta manera no solo llegare más temprano a casa, sino que también me aseguro que llegues bien a la tuya."- no todo era cierto, no tenía idea si era más corto o más largo el camino, pero quizás era así.
-"Que noble de tu parte."- le respondió irónica ella. ¡Suerte! Punto para Yaten.
Y así siguieron el camino. Yaten la estudio mientras caminaba delante de él. ¡Maldita sea! No tenia que observarla a ella, y no precisamente a ella. Debía observar el camino para memorizar el recorrido a casa o de lo contrario tendría que recurrir a Seiya o a ella de nuevo.
Maldición… quizás no fuera tan mala idea…
SyS
Caminaba a paso lento por las calles, siempre pensando en ella. No supo en qué momento habían cambiado tanto las cosas, pero evidentemente en algún momento todo cambio y no supo darse cuenta a tiempo. Quizás, solo quizás, si lo hubiese sabido antes, podría haber intentado evitar todo el sufrimiento que sentía ahora.
Pero pensar en el pasado no solucionaba nada, sino todo lo contrario. Cada vez se sentía peor e impotente. Ya nada se podía hacer...
No.
No y no.
Ella, la altanera, la perseverante que siempre se lleva el mundo por delante y hasta a veces malhumorada, jamás se daría por vencida. No. Mucho menos cuando está en juego lo más importante en su vida, su prima.
Su prima... ¿desde cuándo la amaba? Desde el principio, desde el momento en el que sus madres las presentaron. A partir de ese día ella siempre supo que Michiru era la persona más especial y, con el tiempo, se había instalado en su corazón para no irse jamás.
Jamás...
Lamentablemente, siempre había soñado que estaría juntas por siempre. Como en las películas, donde los protagonistas logran superar todos los obstáculos y al final viven felices por siempre. Pero ahora, todo era tan diferente. Tan irreal. La magia de su cuento de hadas se había roto y ella ni siquiera se había percatado que su doncella había escapado para irse en brazos de un hombre.
Eso le dolía aun mas, le dolía que Michiru se rehusara a la verdad. Que se rehusara a ella, que se negara al amor mutuo que ambas se profesaban. Que se lo negara a ella. Y, sobre todo, le dolía que ella no reconociera absolutamente nada.
Michiru…
¿Jamás lo entendería? ¿Alguna vez aceptaría reconocer que no solo se ha enamorado de su prima sino que también se enamoro de una mujer?
Es que ese era el punto, siempre la misma discusión. ¿Tanto puede costar asimilar que una persona puede ser solo diferente al resto?
Haruka desde siempre supo que era diferente al resto de las personas. Muchas cosas le parecían normales cuando a otras personas les resultaban aberrantes. Siempre supo que su manera de ser no era como las demás chicas que conocía, tampoco sus gustos.
A los trece años ya tenía completamente asumido que era lesbiana y no tuvo problemas con ello. Cierto que su madre en cuanto se entero la envió a toda clase de especialistas; psicólogos, psiquiatras, etc…
Algunas veces son los padres quienes no asumen las decisiones de sus hijos y son ellos quienes no aceptan la realidad y lo que son, esas actitudes hacen aun más difíciles correr los riegos.
La amaba, lo supo desde el primer momento.
Y dolía, dolía en lo más profundo de su alma. Porque estaba segura que ella sabía lo que sentía. Estaba segura que ella estaba decidida a luchar por el amor de ambas. Pero ahora, ahora se daba cuenta de lo equivocada que estaba en casi todo. Casi, porque había solo una cosa que su prima no podía rebatir, ella la amaba tanto como ella.
Ese miedo idiota por el que dirán...
Es que era eso lo que aterraba a Michiru. La familia y sus creencias. Ella había crecido yendo a la iglesia cada domingo, rezando todas las noches y pidiéndole a dios disculpas todos los días de su vida desde que había conocido a Haruka.
Michiru tenía una familia de lo mas devota y ahora se daba cuenta que sería muy difícil luchar contra eso. Pero estaba dispuesta. Todo por ella...
Para ella.
Por ambas.
Decidida, se paro en la puerta e hizo sonar el timbre. En pocos minutos apareció la culpable de sus noches en vela. Ella, Michiru, pasó desde una mirada confundida a una furiosa por todo el cuerpo de su prima. ¡Tan difícil era entender que ya no la quería! ¡Por qué no entendía de una buena vez! Maldita manera de interponerse en su vida.
Muchas veces, en los últimos meses, le había dicho hasta el cansancio que no la quería, que mucho menos la amaba, que no quería tener nada que ver con ella. Y ahí estaba, nuevamente, al pie del cañón, como siempre.
¿Quien diría que la mujer que tenía enfrente suyo era tan perseverante? ¿A quién se le ocurririría pensar que a esa mujer tan atractiva y femenina no le interesaban en lo mas mínimo los hombres? Porque si había que catalogar a simple vista a Haruka, podría ser soberbia por su modo de hablar y arrogante por su actitud y semblante, pero la última cosa que podría pensar alguien que recién la conociera era su profundo desprecio por el sexo masculino.
Eso cambiaba en cuanto abría la boca para hablar.
"¿Por qué no me llamaste?"
"¿Que parte del no quiero volver a verte no entiendes, Haruka?"
Si, últimamente se lo decía muchas veces. Pero no le creía. Aunque aquello no significaba que doliera menos.
"¿Y tú que parte del no te creo nada no entiendes?"
"No respondas con otra pregunta. Volveré a decírtelo por ultima y que te entre bien en la cabeza: Ya-no-te-quiero."
"¡Deja de decir eso!"- le grito furiosa abriendo de un golpe la puerta por completo pasando junto a Michiru. - "No me iré de aquí hasta que me expliques por qué haces todo este circo y me digas que..."- se interrumpió al ver las diferentes revistas desordenadas y catálogos abiertos. Se acerco rápidamente y tomo una y la ojeo apresuradamente, nerviosa. Vio que en todas las paginas había fotografías de mujeres vestidas de novias sobre las mesa. También pudo percatarse que había un álbum con diferentes telas - "¿Que es todo esto?"- le pregunto no queriendo entender.
"Haruka"- comenzó Michiru tomando aire y armándose de paciencia y valor para lo que venía.- "Ya te he dicho que voy a casarme con Seiya. Nos casaremos a fines del año que viene."
La habitación se lleno de silencio.
- "Por favor... dime que no es cierto."- Haruka en ese preciso instante sintió que algo dentro de ella se rompía y tontamente se pregunto a si misma si sería el corazón.- "Por favor dime que estas enfadada conmigo y que es solo una broma."
"Haruka, ya lo hablamos. Tu ya sabias que estaba comprometida ya hace varios meses. Esto iba a pasar algún día."
"Eso no es verdad."- comenzó intentando por todos los medios sentir una tranquilidad que no sentía. - "Eso jamás debería pasar. Eso no va a pasar. Tú me quieres y yo..."
"Haruka, me aburres."- la corto rodando los ojos. - "Eres tan cursi, tan..."- simulo buscar la palabra exacta- "...patética."
Haruka no respondió, solo la miro fijamente a los ojos. Jamás lloraba. Además siempre estuvo segura que estando junto a Michiru jamás seria necesario. Pero nunca, ni en sus peores pesadillas, imagino que sería justamente ella quien le dijera e hiciera tanto daño como para querer desear morir en ese instante y mandar al mundo entero a la mierda..
"No hay manera de hacerte entender que lo que vivimos juntas solo pertenece al pasado. Hay una diferencia muy grande entre nosotras dos. Evidentemente tenemos conceptos muy diferentes de una sobre la otra. Tú supuestamente me amaste toda tu vida. Tu, para mí, siempre fuiste mi prima con quien yo creí que ambas nos divertíamos jugando a hacer cosas que no debíamos, pero que hicimos porque ambas éramos jóvenes, curiosas y estúpidas. Pero no fue más que eso."
"¿Como es él?"- pregunto Haruka para sorpresa de Michiru.
"¿Qué?"
"¿Como es el?"
"Haruka, no voy a hablar sobre él contigo."- le dijo ella cruzándose brazos, arqueando una ceja.
"Dime ¿qué es lo que te da el que no te de yo?"
Michiru rio sin humor.- "¿Lo preguntas en serio?"- como Haruka solo miraba el suelo y no respondía nada siguió.- "El es atractivo, varonil y sobre todo… hombre."- esa palabra, esa maldita palabra y el modo en que ella lo dijo... no pudo soportarlo, su intento de tranquilidad se fue al diablo con esa dichosa palabra.
"Con que era eso..."- comenzó Haruka, apretando los dientes, acercándose al mueble. - "Así que tu lo que quieres es un hombre."- en ese momento tomo la tijera que había en uno de los estantes y volteo hacia Michiru.- "Dime, Michiru ¿Así te gusta más?"- y corto un buen trozo de cabello rubio que le cubría hasta la mitad de la espalda.
"¡¿Qué diablos estás haciendo?!"- intento acercarse pero Haruka se alejo.
"¿O más corto?"- siguió con otro mechón.- "¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Crees que no soy lo suficientemente buena para ti?"- siguió cortando.
"¡Haruka, ya basta! Me estas asustando ¡Detente!"- en ese momento quiso arrebatarle la tijera, pero Haruka no calculo la distancia y volteo, cortando sin querer la palma de Michiru.
"¡Michiru! Michiru, por dios, discúlpame. No te vi ¿estás bien?"- logro preguntarle desesperada. Lo último que se lo hubiese ocurrido en su vida seria lastimar a Michiru.
"Vete"
Michiru yo..."
"Lárgate."
Mirando por última vez a Michiru se dio la media vuelta y salió por la puerta. Camino por las calles, sola, y no se detuvo hasta llegar a la casa de su única amiga, la cual vivía a una distancia prominente, alejada del departamento de Michiru.
En todo el recorrido permaneció cabizbaja, sin siquiera levantar la vista de la acera para cruzar. A esas alturas ya nada le importaba nada. No lloro, no grito, ni hizo nada. Estaba demasiado shockeada como para hacer algo. Jamás había llorado por nada ni nadie y a los veinticinco, no sabía cómo hacerlo ahora.
Solo quería sacar ese maldito nudo que tenia atravesado en la garganta.
Llego a su destino. Toco ligeramente la puerta, y a los pocos minutos en que la puerta fue abierta, se lanzo a los brazos de Setsuna como si ella fuera su única salvación.
"¡Haruka! ¿Pero que te paso? ¿Qué tienes?"- le preguntaba mientras respondía al abrazo con un gesto similar al maternal y le acariciaba la cabeza. Hasta que se percato de algo.- "¿Que le paso a tu cabello?"
Haruka le sonrió amargamente. - "¿No te gusta?"- rio sin humor. - "¿Podrías arreglarlo, Setsuna?"- pregunto con retenida agua salina en los ojos.
"Claro, pasa".
Haruka se dispuso a relatarle todo lo sucedido con Michiru, no solo este último suceso, sino todas las discusiones, rechazos, humillaciones, distanciamientos y todos sus frustrados intentos de reconciliación. Setsuna era la única persona en la que podía confiar, aun sabiendo que era una amiga compartida y que no podía ser muy objetiva, ya que también tenía una estrecha amistad con Michiru.
"No entiendo por qué se comporta así, la verdad."- le dijo en un susurro tragándose las lagrimas, ya cansada de tanto llorar. con Setsuna podía permitirse ese pequeño lujo.
"Haruka, no quiero ser cruda, pero tú siempre supiste cual era la manera de pensar de Michiru. Ella nunca te engaño."
"Pero ahora lo hace. No me engaña a mí, se engaña a sí misma. Yo no puedo soportarlo, pero cometerá el error de su vida si se casa…nosotras…nosotras no podemos… es decir…"
"Ya, ya, comprendo. Pero Haruka, entiende"- comenzó Setsuna armándose de paciencia y buscando las palabras exactas para no destruir mas a Haruka.- "Michiru siempre quiso volar más alto. Ella te quiere, es verdad. Pero no es conformista, siempre aspiro a más de lo que podía llegar a tener y eso no va a cambiar nunca."
"No lo entiendo, es decir, ella me quiere, ¿Por qué eso no le basta?"
"Haruka, discúlpame, pero debo serte franca. Soy amiga de Michiru, y la quiero. Pero no conozco a nadie más ambiciosa que ella y por mas enamorada que este de ti jamás cambiara." – se sinceró. – "Ella pretende cosas que…"
Haruka la interrumpió- "Pero yo tengo dinero, y la familia por parte de mi tío también y…"
"No, no Haruka."- esta vez la freno Setsuna.- "No me refería a eso. Michiru ya es adulta y tiene otras aspiraciones, aspiraciones muy diferentes a las tuyas."- No pudo evitar bajar la vista, no podía mirarla a los ojos.
Confundida, Haruka repitió.- "¿Aspiraciones?"
-"Haruka, lamento decirte esto, pero Michiru sueña con tener una familia; marido en buena posición económica, hijos."- sintiéndose culpable al saber que le quitaba la venda de los ojos a su amiga, agrego. – "Pero ella te quiere, es solo que no se da cuenta de todo lo que está en juego."
Eso era demasiado para alguien con demasiado orgullo.
Eso era demasiado para cualquiera que ama con tanta locura y pasión.
Eso es demasiado para cualquiera.
"Lo siento."- se disculpo Setsuna.
"No, no lo sientas. Soy yo quien debe agradecértelo. No puedo creer que haya estado tan ciega, no me di cuenta de nada. Pero si es eso lo que ella quiere, no seré yo quien se lo impida."- le confesó con la voz quebrada. – "Se casara el año que viene y yo, desde este mismo momento, saldré de su vida con el poco orgullo que me queda y la frente en alto."- le aseguro.
"Eso me parece estupendo, Haruka."- había algo en las palabras de Setsuna que sonaban incrédulas.- "Haruka…"- la llamo sacándola de su ensoñación.
"¿Qué?"
"¿Dices que se va a casar?"- le pregunto extrañada.
"Si, eso me dijo hoy… no entiendo cómo puede hacerme esto…"
"¿Estás segura que te dijo eso?"- le volvió a preguntar escéptica.
"Si, ¿Qué hay con eso?"- le pregunto extrañada, quitándose con la punta del pañuelo los últimos rastros de lagrimas y maquillaje corrido.
"Es extraño…"- comenzó pensativa.- "Es que el prometido de Michiru es cinco años más joven que ella."
Haruka frunció el seño.- "¡Cinco años, es solo un niño"
"Un niño que a partir del año entrante ya puede casarse."
"Pero no deja de ser un niño. ¿Qué podría brindarle el que yo no pueda"
"Haruka, no te lo tomes a mal."- inicio con sutileza.- "Ya te lo dije, Michiru quiere tener hijos y tu sabes que por más ambiciosa, orgullosa y autosuficiente que sea, ella jamás se atrevería a confesar que alberga sentimientos por otra mujer, y mucho menos tu, Haruka, son primas."
"Eso es injusto, nosotras no elegimos serlo."
"Pero lo son, y las cosas no cambiaran. Ella siente pánico con la sola idea de que sus padres o la gente se entere sobre ello, no es tan valiente en ese sentido."
"Setsuna"- pronuncio con voz ahogada, rompiendo en llanto cayendo de rodillas.- "¿Qué voy a hacer? ¿Qué hare sin Michiru?"- sollozaba mientras se cubría el rostro.
"Me temo que ya no puedes hacer nada, solo guardar los bellos recuerdos en tu corazón."- le decía mientras comenzaba a acariciarle el cabello nuevamente. – "Llora, pequeña, llora. Luego arreglaremos eso que le has hecho a tu cabeza."- lástima que algunas cosas no se solucionan tan fácilmente.
SyS
"¿Qué hago yo aquí?"- Se pregunto por decima vez Seiya, detrás de las gradas, escondido como si fuera Maxwell Smart, aun sin poder creer que había sido rechazado.
Era una situación de lo más ridícula, carente de cualquier sentido. ¿Por qué tendría que importarle si su vecina, ex amiga, salía con ese intento de hombre?
Porque, para ser sinceros, ese tipo no le llegaba ni a los talones. De eso estaba completamente seguro. ¿Qué hacia una chica como ella pensando en salir con alguien así?
Ella era bonita, muy bonita, por no decir hermosa. Podría tener al que quisiera.
Y eso lo demostraba justo en ese momento.
Desde su lugar, detrás de las gradas, podía ver el último ensayo del día. Alli estaba ella. Con el uniforme de las porristas. Uno de camiseta de mangas largas de color negro y blanco dividido por una línea diagonal. En el centro de la camiseta estaba el logo del instituto en amarillo y después ya no había mucho para contar, ya que dejaba desde la cintura hacia abajo al descubierto.
¡Qué bien le quedaba ese uniforme!
Ya la había podido contemplar una vez, pero no tan de cerca. Ahora podía apreciar las torneadas piernas gracias a la minifalda tableada con los mismos colores que la parte de arriba del equipo. Las botas negras de lona con cordones blancos que llegaban hasta sus rodillas solo la hacían verse más sensual, sobre todo con su cabello suelto.
Que sus compañeras se apartaran, pensó. Las hacia quedar mal.
Era toda una fantasía hecha realidad. Sobre todo para un jugador de futbol americano. ¡Dios! ¿En que estaba pensando? ¡Era Serena! No importaba lo hermosa y sexy que se viera, no dejaba de ser Serena; su amiga de juegos infantiles, con quien había sentido cosas que nunca más había sentido por otra persona, ni siquiera por Michiru…
¡Michiru! Esa era otra razón, por no decir que debía ser la primera. El tenía a Michiru y la quería. Si, la quería. Estaba bien con ella, muy bien. No había razón para que este persiguiendo y actuando como un acosador… aunque se tratase de Serena…
No, si que la había, y era una razón muy poderosa, según él. Con todos los dramas del mundo y lo perversa que la gente podía llegar a ser tenía que hacer algo. Quizás ese tipo podía llegar a ser un lunático o un pervertido ¿Y si fueran ambas? No, no se perdonaría nunca que algo le pasara a ella.
Estaba decidido, esa era su obligación. Protegerla de todo mal, ese era su deber como amigo. No importaba que ella no lo recordara y no quisiera saber nada con él. No, o al menos de eso intento convencerse mientras sentía una sensación a una patada en el estomago, por no decir en sus partes bajas.
Bueno, quizás sí, también tenía algo que ver su ego, pero no podía dejarla sola. No, el se encargaría de su bien estar… y de que ese flacucho escondido detrás de una máscara de timidez, mantuviera sus manos y boca lejos de ella.
SyS
Y ella ahí, como si nada. Sintiéndose torpe. No era lo suyo hacer lo que le estaban pidiendo en esos momentos.
"Serena, debes soltarte. Relájate. Debes estar confiada en ti misma, trata de ser sexy. ¡Oh, vamos, eres una mujer!"
Pero ella no se sentía capaz. Además era extraño, se sentía intimidada más de la cuenta, por no decir que se sentía observada. Pero no le dio mucha importancia. Quizás eran los nervios de tener una cita inesperada con Syaoran.
No podía dejarse de sentir culpable. No era justo. Pero bueno, no le haría daño nadie. Era una salida entre amigos, bueno no tan amigos, pero amigos al fin ¿Verdad?
No es que Syaoran se le tirara encima tampoco. Al contrario, le parecía muy tierna la actitud de él. Era un chico tímido con ella. No como el soberbio y arrogante de Seiya. No, era lo opuesto, al menos con ella.
¿Por qué los comparaba?
No, en realidad la pregunta seria ¿Por qué había utilizado a Syaoran para fastidiar a Seiya?
Bueno, la respuesta era sencilla, pero no tenía ganas de respondérsela. Ya sabía la respuesta y eso bastaba. Aunque a él no le dolería más que en su orgullo, como a ella le dolía hasta en lo más profundo del alma saber que no era más que eso.
No era justo.
¿Para qué albergar sentimientos tan intensos por una persona que ni siquiera te recuerda ni te tiene en cuenta? Bueno, en cuanta sí, pero no de la manera esperada.
"Terminamos por hoy. Nos vemos mañana."
Serena comenzó a recoger sus cosas. Syaoran no tardaría en llegar y en el momento de aceptar la invitación no reparo que no tendría tiempo en tomar un baño ni cambiarse. Iría con el uniforme de porrista.
"¿Serena?"- escucho una voz masculina que le hizo dar un repingo.
"Syaoran, casi me matas del susto ¿Es que siempre te propones eso?"
El no pudo evitar esbozar una sonrisa tímida. – "No, pero mucho se quejan por lo mismo. Quizás es mi inconsciente"
"Ya estoy lista."- le anuncio sonriente.- "¿Estás listo?"
"Nací listo."
Y así se marcharon, sin saber que alguien estaba retorciéndose de furia detrás de las gradas dispuesto a seguirlos.
SyS
Dos horas y media.
Las dos horas y media más largas de su vida.
Era algo tortuoso. Es decir, no entendía porque ella tenía que sonreír tanto ni por qué ese tipo había dejado atrás toda su timidez para pasar a ser el tipo más arrogante e imbécil de la historia.
¿Qué era lo que tanto decía para que ella riera de esa manera?
¡Ella solo se reía de lo que hacia el!
¿Qué le sucedía a Serena para comportarse de esa manera?
Dios… ¡¿En qué momento él le tomo la mano?!
Otra vez ¿Dónde había quedado toda su timidez de la mañana?
¡Ese tipo no tenía ningún derecho sobre ella!
El tampoco, se recordó. Pero no era lo mismo. El si tenía derecho a tomarle la mano. El no solo había sido su amigo, él había llegado a darle su primer beso. ¡Que ni se le ocurra atreverse a algo así porque saldría en cualquier momento detrás de las plantas de la pizzería para darle su merecido!
Ya se sentía acalambrado. Acalambrado y estúpido.
Y es que él sabía que no debía estar allí. Allí escondido detrás de una planta, murmurando maldiciones cada vez más subidas de tono por las cuales su madre se sentiría ofendida al punto de regañarlo y mandarlo a su habitación.
Pero era difícil considerar rendirse e irse a casa teniendo en cuenta que ese muchacho podría hacerle algo a Serena. Lo peor es que ella no parecía darse cuenta de cómo la miraba ni de cómo le sonreía.
¡El tipo tenia la palabra imbécil tatuada en la frente!
¿Era una ilusión o el tipo estaba cada vez más cerca de Serena?
¡Dios!
Ella era una despistada. No tenía idea de las intenciones de ese chiquillo. Chiquillo que tenía la misma edad que él, por cierto. Pero era un crio, tenía cero carisma y menos uno en gracia. Todos los chistes verdes que había contado eran uno más malo que el otro y ella solo reía sinceramente.
Estaba seguro de que eran malos, porque en realidad no podía oír nada.
A ella no tendría que gustarle alguien así.
A ella no podía gustarle justamente ese tal Syaoran… ni ningún otro que no sea él.
¡Jesús, María y José!
No comer nada desde el almuerzo ya le estaba haciendo pensar en tonterías. A él no le interesaba Serena en ese sentido. Cierto que había intentado conquistarla, pero eso había quedado atrás ¿verdad? Solo quería recuperar la amistad perdida, aun sabiendo que no creía en la amistad entre el hombre y la mujer. Pero eso tampoco importaba, porque el tenia a Michiru y estaba feliz de la vida de que eso fuera así.
Pero no podía pasar de alguien como Seiya Kou a uno así…
Uno tan atractivo, sexy y carismático para pasar a algo como eso…
Porque ella no había salido con nadie más en todo ese tiempo que él no estuvo ¿verdad? No podría olvidarlo así de rápido… en nueve años ¿no?
¿De donde salían tan preguntas estúpidas?
A él no tendría que importarle nada de eso… pero así era. Y ella también tenía el mismo derecho de rehacer su vida. Solo era una niña cuando él se fue y era lógico que hubiese tenido la misma cantidad de relaciones amorosas que él tuvo.
Una punzada de malestar lo invadió por todo el cuerpo ante esa idea y no pudo evitar salir de su escondite y caminar los pocos pasos hacia la mesa donde la joven pareja se encontraba.
"Hola."- dijo amistosamente ante la mirada incrédula de ambos.
"¿Qué haces tú aquí?"- le pregunto la rubia.
Buena pregunta; Seiya piensa, piensa…
"Me envió tu madre."- Hola ¿Cerebro, donde estas? ¿No tenía una excusa mejor?
"¿Mi madre?"- le pregunto ella extrañada entrecerrando los ojos.
"Si, dijo que no le avisaste que saldrías…"- le dirigió una mirada de desprecio a Syaoran. – "No le dijiste que saldrías y menos en una cita."
Serena no pudo evitar sonrojarse.- "¿Y por qué te envió a ti?"
"Porque me vio, y estaba realmente preocupada. Como siempre estamos juntos pensó que quizás te había visto."
Siempre estamos juntos. Si era verdad, pero eso había sido antes… ¿De qué hablaba y por que tenía la mochila aun? Si había hablado con su madre, fue porque tendría que haber ido primero a su casa para poder cruzárselo. Había algo extraño ahí.
"Está muy preocupada." – Siguió Seiya despreocupadamente. – "Dice que no son horas de andar en la calle y de casualidad me vio y me pidió que te buscara."
Ella quiso preguntarle como supo que estaban ahí pero Syaoran se adelanto. – "No te preocupes, yo llevare a Serena."
"No."- dijo Seiya tajantemente. – "Me pidieron a mí que la llevara, asique esa es mi responsabilidad."
"Pero Serena está conmigo."- le refuto el castaño sabiendo que todo era una artimaña.
"No me importa, su madre me lo pidió a mí. Tu eres el desconocido."
"Oye tu…"- comenzó Syaoran levantándose de su asiento pero Serena se interpuso entre ambos.
"Muchachos."- comenzó ella intentando parecer alegre. – "No se preocupen. Me ire sola."
"¡De ningún modo!"- respondieron ambos a la vez haciendo encoger a Serena.
"Tú te vienes conmigo."- anuncio Seiya de manera posesiva sin saber muy bien por qué. – "Quiero decir, vives a unos metros de mi casa. Vamos por el mismo camino."- miro a Syaoran. – "No te preocupes, yo la dejare en su casa sana y salva."
Serena miro a uno y a otro. Le había molestado el tono de Seiya y había algo en el que le parecía extraño. Era extraño. El se comportaba de una manera…rara. Y Luego fijo su vista en Syaoran y no había que ser muy listo para darse cuenta de que estaba molesto.
En fin, si no intervenía y no salía de ahí, esos dos comenzarían una pelea que podría irse a mayores- "Esta bien."- Dijo llamando la atención de ambos. – "Syaoran, podemos salir otro día, si quieres."- anuncio provocando una sonrisa en Syaoran y una mirada de molestia en Seiya que en lugar de hacerla sentir mal, la hizo sentir feliz.- "Y tú."- señalo a Seiya.- "Acompáñame a casa."- y volteo dirigiéndose a la salida.
Bueno, quizás la tarde no termino como esperaban. Pero al menos habían conseguido algunas cosas aquella tarde.
¡Hola!
Sé que no hay una buena excusa para tanta tardanza. Pero de verdad, lo lamento. Este capítulo fue el que más me costó hacer, de verdad. Y debo decir que recién ahora, después de reescribirlo varias veces, me deja contenta el resultado.
Pasaron varios meses, lo sé. Pero entre que me fui de vacaciones y tuve problemitas para conseguir inspiración, paso el tiempo. ¿Les conté que cambie de carrera? Al parecer cambie el profesorado especial por derecho… en fin, discúlpenme la demora.
Todo está complicado para todos, al parecer. Pero esto recién empieza.
Es increíble la cantidad de reviews que me dejaron en el capitulo anterior!
¡Muchísimas gracias a todas!
•Patty Ramirez De Chiba• Kinsei. x• veronick• PRISGPE• Sol. Kaory • KuMiKo Kou• • isa1181• Indo K.• Serenalucy • chikita22bkou• miss-odango • malkav • kat • LESVAL• LOYDA ASTRID• Fly • Elis Kou • miki1920• Kiara Kou Cullen• jokkisere86• hazuki Ootory kou• Usagi bombon• SailorLVGR •
Muchisimas gracias a todas.
Si tienen alguna duda pueden conectarse conmigo a mi msn. Lucy15(guionbajo)88 es cuenta Hotmail.
BzO!
•°¤*(¯`°(*)(Ãkå®î 87)(*)°´¯)*¤°•
