El ruido del despertador trono en sus oídos, despertándola asustada. Se sentó en la cama y sujeto su cabeza, que latía sin control, bombeando los recuerdos invisibles de un sueño.
Se sintió vacía al no lograr memorizar nada, siquiera una imagen. Tan solo llego a ella el rastro de una risa, una que no podía recordar.
Sacudió la cabeza y, bostezando, se levanto.

Si algo había aprendido, era no darle importancia a las cosas. Pero se conocía tan bien a sí misma, que sabía que solo era un método de auto defensa, y contra ella misma, cuando se negaba a pensar en algo.
Brittany le había quemado la cordura con su tonta teoría sobre los unicornios y… sobre Rachel.
Lavo su rostro mientras, sin poder evitarlo, pensaba en ella. Se observo al espejo y se llevo un gran disgusto al descubrir una sonrisa tonta dibujada en su rostro.

"Estúpida Berry" Pensó con frustración, saboreando luego la amarga sensación que le dejo el haber sonado tan fría respecto a Rachel, aunque haya sido un simple pensamiento.

Rachel Berry ingresaba al instituto con aire distraído y más relajado de lo que estuvo en toda la semana anterior, donde creyó que había llegado al tope de molestia con Finn.

Finn, suspiro mentalmente la diva. Se preguntaba que haría con el muchacho. Muy su pesar, debía admitir que lo único que fastidiaba su día era el joven Hudson, y el tenerlo lejos era paz.
También se pregunto de donde había salido tal pensamiento.

Sacudió la cabeza y se limito a alcanzar su taquilla. Antes de llegar, levantando la mirada y se encontró al final del pasillo a Quinn, rebuscando en la suya.
Pudo presenciar como la rubia, en forma distraída y casi inconsciente, giraba la cabeza y seguía con la mirada a un grupo de animadoras de primer y segundo año, que pasaron por su lado, regalándole una mirada coqueta a su ex líder, contoneándose con su diminutas minifaldas, logrando hervir, por algún extraño motivo, la sangre de Rachel, que comenzó a fluir más de prisa.

"Al parecer no existen límites de flirteo en la cheerios. ¡Demonios, si hasta le han guiñado el ojo!" Pensó Rachel enfurecida, y con una extraña sensación posesiva se acerco a la rubia, ahora sin poder contener su cuerpo, que reacciono plasmando una sonrisa radiante en su rostro, cuando pudo reconocer el perfume dulzón de Quinn.

- Hola- La saludo alegre.
La aludida giro su rostro, la observo seria y le sonrió con cortesía, pero secamente.
- Rachel.
El reconocer algo de frialdad en Quinn, sorprendió a la morena, que se sintió por un momento desequilibrada, y cuando estuvo por preguntarle si algo andaba mal, la rubia cerró con fuerza su taquilla, en forma exagerada.

Rachel solo reacciono cuando Quinn, sin mediar palabra, comenzó a caminar alejándose de ella, sin inmutarse de que la morena aun la observaba confusa, y se apresuro a seguir sus pasos, ignorando cualquier suposición tonta respecto a si ella misma era la causa de la molestia en Quinn.
Sacudió la cabeza desechando la idea, justo antes de alcanzar a la rubia y ponerse a su par.

- Oye ¿Qué tal tu fin de semana?- Pregunto Rachel, intentando que su esplendida sonrisa no patine fuera de su expresión de alegría cuando sintió la forma en que Quinn la ignoraba.
- Tranquilo.
Rachel se pregunto si había oído bien, porque podría jurar que Quinn siquiera movió sus labios al hablar. "¿Sera siguiera consciente de que estoy caminando a su lado?" Se pregunto la diva a sí misma, en un desesperado intento por encontrar una razón en la que ella no estuviese implicada.

"¡Claro que es consciente! No es idiota, por el contrario parece que yo si. Lo único que hace es intentar ignorarme" Se recrimino internamente la pequeña morena. Quinn no había mostrado el mas mínimo intento de preguntarle cómo le había ido a ella en su fin de semana, siquiera por simple cortesía.

- ¿Quinn, que…-
- Tengo clase Rachel, hablemos luego- Le corto Quinn, sin ser consciente de la dureza en su propia voz.
La rubia no estaba logrando su comedido. O tal vez si y no estaba preparada para encontrarse con la mirada confusa y herida de Rachel Berry, sabiendo que la culpa era toda suya. Reprimió el tonto impulso de envolverla entre sus brazos, de hacerla reir, de satisfacer sus propios deseos diarios de ver sus carnosos labios curvados en una radiante sonrisa al estilo "Broadway". Solo dejo escapar una pequeña sonrisa de disculpa, devolviendo a los ojos de la diva una pequeña chispa de esperanza, y se alejo de ella.

Rachel la observo caminar, tan recta y elegante. Tan impecable. Como si por los pasillos del McKinley desfilase una diosa, en su totalidad perfecta. Como si fuese inimaginable apartar los ojos de su cuerpo, convenciéndose de que no solo a ella le resultaba impensable dejar de mirarla.

Al girar sobre sus pies, encontró a Brittany, a varios metros de distancia, estrujando entre sus brazos a una bella latina, aprisionando también un amigable peluche en forma de poni lila, de cabello amarillo y enormes ojos azules.
Comenzó a caminar hacia ellas con desgano y no pudo contener una sonrisa al ver a Santana tan ensimismada en el mundo que la rubia de ojos azules le enseñaba, hechizada por ella. Tan enamorada.
La repentina alegría de la diva flaqueó. Ver a las dos porristas tan felices y orgullosas, incluso encontrar a la naturalmente agria, fría y perra Santana en la cúspide de su lado más cursi, comiéndose con los ojos a su novia, le provocaron una punzada de celos.

Cualquier ser humano se sentiría igual en su posición. Pero ello no fue motivo de disipación de dudas, ya que en ningún momento pensó en Finn. Se imagino a si misma así de feliz, así de orgullosa y así de enamorada, pero el joven Hudson no formo parte de esa ilusión.
Rachel también se sintió un tanto perdida al no reconocer siquiera una pizca de culpa o remordimiento, o siquiera confusión, ante eso.

Bufó. Ya no se soportaba ni a ella misma. Sentía que se estaba aprisionando en el miedo, en la duda. Estaba convenciéndose de que su desencuentro constante con Finn era porque, efectivamente, había madurado, pero aun asi no dejaba de preguntarse por qué.
Comenzó a sentir que estuvo más de dos años menospreciándose a si misma, viviendo a las sombras de su amor por Finn, exteriorizando su orgullo en forma excesiva, y recién en ese momento Rachel Berry se dio cuenta de que se debía a una falta de confianza sobre si misma que no aceptaba, y que entonces debía enlazar sus energías con alguien con su mismo liderazgo y talento, para ir a su par, creyendo que así sabría cuando estaba equivocada y cuando estaba en lo correcto.
El sentir la clara y palpable diferencia entre ella y Finn significaba, una vez más, su madurez. ¿Por qué? Porque se dio cuenta de que ella no puede vivir a la par de nadie, o al menos no de Finn. Porque todos son diferentes y eso es sano.
Pero el ser consciente de ello no la volvia alguien más preparado, ni tampoco la hacía más libre.

Porque ella cree soñar con la cima.
Porque la cima es solitaria.
Porque ella no quiere estar sola.
Porque últimamente lo que define si su día es bueno o malo, es que Quinn Fabray le dedique una sonrisa.
Porque ella no puede aceptar el no necesitar a Finn.
Porque necesita amar.

"Porque no lo amo, o al menos no como creía hacerlo" Concluyó Rachel, casi saboreando las palabras en su boca. Y esta vez no reprimió la idea, ni creyó estar equivocada. No era ni bueno, ni malo, sino algo nuevo.

Casi flotando, irradiando paz, camino hacia la pareja de porristas.
- Hey Britt ¿vie…
- Brittany está ocupada- La interrumpió Santana, sin siquiera voltear a mirarla o moverse de entre los brazos de la rubia.
- Brittany tiene clase ahora- Se justifico Rachel, algo desafiante.
- Brittany ya lo sabe.
- Brittany puede hablar- Intervino la joven porrista, soltando a Santana que volteo y miro a Rachel con odio.

Y como si nada hubiese pasado, Brittany reemplazo su expresión ofendida por una sonrisa radiante.
- Rach, mira lo que San me regalo ¿No es hermoso? Se llama Pato- Solto velozmente la rubia, agitando su nuevo peluche, logrando enternecer a Rachel y ruborizar a Santana.
- No quiero ningún comentario, Berry- Dijo con rudeza la latina, atajando a Rachel antes de que esta pueda hablar, creyendo que se mofaría de ella, de Santana "SweetAss". Y la verdad es que Rachel iba a hacerlo, pero no lo intento nuevamente, sabiendo que terminaría hundida contra las taquillas y que muy probablemente no viviría para contar la estúpida idea suicida de siquiera osar a burlarse de Snixx Lopez.
- ¿Pato? Pero es un poni.
- ¿Me dirás que le pondrías Pato a un pato? ¿O que a Pato le pondrías Poni, solo por ser un poni?- Le pregunto Brittany con insultante incredulidad. Rachel se perdió en el lío de palabras- Tienes que trabajar en tu creatividad Rachel, se supone que eres la líder del Glee Club.
- Exacto, ya es bastante con que midas treinta centímetros- Agrego Santana, disfrutando como nunca el que su novia este molestando a Rachel.
- Claro ¿Cómo pude olvidar ese detalle?- Pregunto la diva con sarcasmo.

El timbre sonó. Rachel miro a Brittany significativamente y esta asintió. La rubia se giro hacia Santana, que aun fulminaba a la líder del club con la mirada, sujeto su rostro obligándola a mirarla y la beso con dulzura, eliminando todo enojo en la latina, dejándole una viva sonrisa boba.

Tras el bendito timbrazo que indicaba el almuerzo, todos los estudiantes del McKinley comenzaron a amontonarse entre los pasillos, como animales en una granja, desesperados por comer.
Difícilmente cabía un alfiler entre cada cuerpo que se movía torpemente por el instituto, pero siquiera eso podía impedir que Quinn Fabray desfilase con suma tranquilidad, mientras todos se apartaban de su camino, por miedo, admiración, respeto, o simple costumbre.

La abeja reina de William McKinley, aunque ahora lejos de ser lo que era, jamás dejaría de saborear el poder que imponía su presencia. Hasta el momento, luego de más de dos años, y a pesar de las múltiples ocasiones en las que peligro notablemente su posición en la pirámide social del instituto, nada la había despojado completamente de su trono. Ni formar parte del Glee Club, ni la infidelidad, ni un embarazo como evidencia, ni el haber perdido el titulo de Cheerleader, ni la rapidez con la que cambió de chico entre Finn, Puck, Sam, Finn, ni el descubrimiento de su secreto "Caboosey", ni que Hudson la dejara nuevamente por Rachel Berry, ni tampoco el haber comenzado el año con un aspecto Punky y badass con las skanks, negándose a ser nuevamente una porrista o integrante de Glee.

Quinn se pregunto entonces si finalmente caería de su pedestal, considerando la posibilidad de que se descubra que es, como Santana se encargaba de recordarle, "tan" lesbiana.

Una hermosa latina, vestida de cheerio, peinada con una coleta perfecta, se encontraba metiendo y sacando libros de su taquilla con esa tan característica brusquedad, como si odiase cada cosa que toca. Excepto Brittany, claro, Santana jamás perdía ocasión de manosearla, y aunque el contacto entre ambas era de un tipo tan sexual, también la latina podía causarte una irremediable diabetes si presenciabas la forma suave, cariñosa, y por más dulce, en que la abrazaba, o simplemente miraba.
Santana López era un terrón de azúcar oculto en una delgada capa de piedra.

Quinn empujo hasta la altura de sus pies su tan grande, inalterable y frio orgullo, y camino sin apuros, ni tampoco lentitud, hasta su amiga.
- Santana- Saludo a sus espaldas, cuando la joven había comenzado a alejarse distraída, sin ver que Quinn caminaba hacia ella.
Grande fue la sorpresa que se llevo la rubia cuando Santana, sin dudarlo y con rapidez, giro y dejo que la palma de su mano colisione con fuerza y precisión contra la mejilla izquierda de Quinn.

- ¡¿Qué mier…- Abrió sus ojos y su boca con igual desmesuro, mientras se frotaba el rostro.
Los alumnos que pasaron por allí se mantuvieron alejados, pero inevitablemente muy curiosos. Sabían que ante una pelea entre Quinn y Santana, había que mantenerse a la mayor distancia posible.
- No, sh. Cállate- La atajo Santana, señalándola con un dedo y observándola de una forma que logro atemorizar y silenciar a Quinn, además de frenar cualquier cosa que esta hubiese pensado en hacer en respuesta- No quiero oír ni una sola palabra, Fabray. No estoy humor para nadie y menos para ti.
- Ah, bueno, pues ya que lo mencionas, yo no estoy de humor para ser golpeada y menos por ti- Le contesto Quinn enojada.
- Te dije que te debía otra. Agradece que al menos no te baje la dentadura, idiota- Le dijo encogiéndose de hombros.
- No veo por qué desperdicias el tiempo dándome explicaciones si no estás de humor.
- No me obligues a perfeccionar mis golpes con tu rostro, Fabray- Le advirtió, con atemorizante lentitud.
Quinn sonrió orgullosa.
- Y por cierto- Continuó la porrista- no estoy dándote explicaciones. Solo me digno a hablarte.

Los chismosos que se habían quedado expectantes, a la espera de una respuesta en forma de puño por parte de Quinn, y viendo que dicha acción difícilmente llegaría, continuaron con su camino, como si en ningún momento hubiesen frenado sus pasos.
- Oh, si debo ser muy afortunada- Dice la rubia con sarcasmo, poniéndose ambas manos en el pecho. Santana la mira de muy mala manera- Oh, vamos Santana, esto no es nada nuevo ¿Por qué te resistes tanto a mis encantos? Ríndete- Continúa, agregando un toque humor al ver el extraño comportamiento de su amiga, quien normalmente, ante cualquier pelea entre ambas (cosa muy frecuente), o volvía a dirigirse a Quinn con total habitualidad o la agredía, física o verbalmente. Pero en ese momento la latina no estaba simplemente molesta y reacia a dar el brazo a torcer, sino que un tanto sobrepasada.

Santana suelta todo el aire en un suspiro de fastidio y dice:
- Brittany me dijo que no me hablaría hasta que no hiciera las paces contigo.
Quinn contuvo la risa.
- ¡Santo cielo! Al parecer lo único que logró hundir el orgullo de Santana López fue la señorita Pierce. Le debo un premio a Britt- En respuesta, Santana golpeo su hombro con algo de desgano.

- Dile que ya puede hablarte- Continúa Quinn, poniéndose un poco seria- Nadie querría lidiar con una Santana sin sexo- Y ahí finalmente la rubia no logro contener la risa.
- Lucy- Pronunció Santana, con lentitud, saboreando aquel nombre y el efecto que surtía en Quinn, quien, como la latina podía asegurar hasta sin mirarla, cambio su expresión burlona por una seria, casi fría- No te olvides que lo segundo que yo más disfruto y amo, es golpear. Y te encuentras peligrosamente cerca de mi, alterando mi buen juicio. Asi que no me provoques o te cruzare la cara de un puñetazo- Esta vez la miro a los ojos, disfrutando del silencio de su amiga.
Quinn, recordando lo que Rachel le dijo días atrás respecto a su evidente miedo hacia "Lucy", y reforzándose con ello, logro mantenerse serena ante los intentos de la latina por alterarla.
- ¿Y qué es lo que más ama Santana López, si no es golpear?- Le pregunto sonriendo con altanería y empleando el mismo tono irónico que Santana.

La aludida, que estuvo a un pelo de contestarle, se vio bloqueada ante una persona que vislumbro a lo lejos, al final del pasillo, hablando con un grupo de animadoras. Quinn, al ver que Santana no la miraba a ella, pero reconociendo un inocente y asombroso brillo en los ojos de la misma, sintió curiosidad y volteo, en busca de aquello que tanto había llamado la atención de su amiga.

Inmediatamente supo la respuesta, sin necesidad de que Santana le conteste.
Se encontró con la esbelta figura de Brittany a lo lejos, conversando animadamente. Luego, cuando su grupo comenzó a caminar, la rubia de ojos azules siguió sus pasos, sin detener la conversación, en dirección a donde se encontraban Quinn y Santana.

La rubia de cabello corto despego sus ojos de Brittany, sobresaltándose al sentir como un cuerpo la envolvía con calidez. No entendió absolutamente nada y menos aun por qué Santana la abrazaba tan cariñosamente.
- Abrázame, estúpida. Brittany se acerca… ¡hazlo ahora!- Le ordeno en susurros apresurados.
Quinn acato las ordenes de su amiga y asi se mantuvo cuando unos segundos después, el grupo de cherrios llegaba a su altura.

La joven Fabray, sin abandonar su posición, miro a Brittany que las observaba alegre, ladeando un poco la cabeza, enternecida, mientras movia de un lado a otro un bolso que colgaba de sus manos.
- Hola Britt- Saludo natural Quinn. Santana al oír aquello, fingiendo demencia, se separo lentamente del cuerpo de su amiga y observo seria a su novia, a la espera, reticente.

Brittany, por el contrario, no la observaba. Se había quedado inmersa observando a ambas chicas, reconociendo algo de tensión. No cambio su expresión hasta que Santana, casi leyéndole el pensamiento, estiro uno de sus brazos y lo paso por los hombros de Quinn, quien en respuesta hizo lo mismo.
Ya satisfecha y convencida, Brittany sonrio, y esta vez si miro a la latina, que casi cae cuando se le aflojaron las piernas y se aseguro con el hombro de Quinn, que sintiendo el peso maldijo para sus adentros.

- Ahora si, hola preciosa- Brittany se acerco a Santana y la aludida sonrió como boba.
- Ho-hola Britt- Tartamudeo dando un paso hacia ella.
Brittany, que seguía disfrutando aquella libertad de ambas como el primer día, se inclino y la beso. Pero el más inocente roce le recordó que había pasado dos días sin siquiera tocarla, por eso mismo soltó el bolso y pego sus manos a la cintura de Santana, que en respuesta se aferro de su cuello, intensificando el beso.

Las miradas y los carraspeos incómodos no se hicieron esperar. Finalmente, cuando se separaron, fue la latina quien se molesto ante tantos ojos posados en ellas, de alumnos que pasaban ahí, el grupo de cheerios que acompañaba a Brittany y de la propia ex líder de las mismas.
- ¿Qué?- Pregunto Santana fastidiada a las animadoras a su lado, quienes jamás osarían responderle una negativa a la latina. Y esta no iba a ser la excepción.
El timbre sonó, marcando el final de aquella corta libertad.
- Ven con nosotras, Sue nos quería reunir- Le dijo su chica mientras acariciaba sus mejillas suaves, logrando relajarla.
- En un momento las sigo- Le contesto luego de mirar a Quinn, que estaba muy silenciosa.
Brittany asintió y, luego de besar por última vez los carnosos y sensuales labios de su novia, se alejo.

El teléfono de Quinn comenzó a sonar, sacándola de su mar de divagaciones. Puso mala cara al observar la pantalla y Santana no paso aquello por alto. Intento arrebatarle el teléfono, y en un orto forcejeo Quinn atendió por error y pulso la opción de "Altavoz".

- ..inn? ¿Quinn, me oyes?- La voz de Rachel Berry se oía algo distorsionada, pero no por la mala señal, sino porque le costaba hablar. Algo andaba mal, y lo pudieron reconocer tanto Quinn como Santana.
La latina observo interrogante a su amiga ante la quietud de la misma, que no se mostraba dispuesta a contestar.
Quinn, aprovechando la inercia de Santana, corto la llamada en un sigiloso y rápido movimiento. Siquiera sabía por qué lo había hecho, menos aun por qué lo volvería a hacer. Solo sentía que debía huir. ¿De qué? No quería saberlo.

- ¿Qué haces? ¿Por qué le cortaste, Quinn?
- Yo em… ¿Y a ti que te importa? Déjame en paz y ve con Sue- La rubia se puso a la defensiva, lo cual inevitablemente avivo aun más la curiosidad de Santana.
- ¿Por qué lo hiciste?- Volvió a preguntarle, haciendo caso omiso a que quizás Quinn se negaría nuevamente a contestar.
- No me apetecía hablar.
- ¿Oh, sí?- Santana no le creía una sola palabra y Quinn lo sabía.
- Si.
- A mi no me engañas, Fabray- Se cruzo de brazos y movió su cuello y hombros, un gesto que, salido de Santana, no era buen augurio.
- ¿Por qué te mentiría? Sabes cómo es Berry.
- Si, lo se, insoportable, frustrante, irritante, golpeable, bla, bla, bla- Hizo un gesto circular con su mano, poniendo los ojos en blanco- Pero también se como eres tú. Y por eso se que te encanta que ella te moleste, irrite, frustre y todas esas cosas que Manhands tiene tanta capacidad para hacer.
- No le digas asi- Quinn apoyo un dedo sobre el pecho de Santana, en forma amenazadora.
- Uy, uy, uy. Como te pones cuando te tocan a tu cría- La latina estaba saboreando la reacción de su amiga, más aun cuando la empujo enojada.
- Ya déjame en paz, Santana. A menos que quieras otro golpe- La amenazo, sintiéndose extrañamente dispuesta a partirle la cara a su amiga si decía otra cosa más sobre Rachel.
- Ni en broma- Santana recobro su seriedad.
- Entonces cierra el pico.
- Escúchame, Fabray, porque te lo diré una sola vez- Le hablo, más seria de lo que Quinn alguna vez la vio, y logro acaparar su entera atención- Se lo que estás haciendo, porque ya pase por lo mismo y créeme cuando te digo que estas cometiendo un error. Que yo, luego de todo el drama, este con Brittany y que ella me ame, es porque soy una maldita afortunada, porque la realidad es que no la merezco-Quinn cada vez se sentía más pequeña ante la sinceridad y madurez de su amiga- Pero teniendo en cuenta las cosas que te pasaron, no eres una persona suertuda, sino más bien pareces estar defecada por un hipopótamo, así que no tientes a tu mala suerte y evita hacer idioteces- Quinn, cabizbaja, se sentía infantil y avergonzada- Y esto que acabas de hacer- Dijo, señalando el móvil de la rubia- Es huir. Huirle a la realidad, a ti misma.

Santana le dio una ojeada a su amiga y se sintió satisfecha al encontrarla sin excusas ni defensas. Antes de irse, se acerco a Quinn, puso una mano en su hombro y espero a que esta levantase la cabeza y la mirase a los ojos, para decirle:
- Prométeme que tú aprenderás de mis errores. Prométeme que no serás tan idiota para dejar pasar esto, sea lo que sea- Quinn contuvo el aire ante la intensidad de los ojos de Santana, y hasta se sintió tentada de apartar los suyos- No la pierdas.

Y sin más se fue. Dejo a Quinn con un torbellino de pensamientos, dudas y sentimientos. Santana dio a entender que sabía lo mismo que Britt le dijo. Pero Quinn sentía que no había forma de que sea así, no podía serlo, no debía. Se negaba rotundamente a dudar o siquiera considerar la minúscula posibilidad de sentir algo por Rachel. No podía concebirlo. La simple idea le revolvía el estomago y la mareaba.
Pero se sintió muy estúpida al caer en la cuenta de que no hizo absolutamente nada por negar lo que Santana dio por hecho.
Allí cruzo una línea.
Quinn Fabray sabía por experiencia, que una cosa era mentirse a uno mismo y otra muy distinta es intentar hacerlo con otras personas, sabiendo que no tienes argumento válido. Ni excusa. Ni escapatoria. Solo la opción de aceptar, a regañadientes, lo que ya es inminente

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Bueno, regrese! Mil perdones por la tardanza, pero asi hago yo las cosas, necesito hacerlas bien o no hacerlas. Y creo que este capitulo es el inicio de la parte mas jugoza de la historia. Tengo mil ideas y de mas esta decir que la proxima actualizacion sera mil veces mas rapida que esta, se lo garantizo.
En otras noticias como ya les dije tengo Tw y mi cuenta es snixxf. Ahi pueden encontrar info interesante.
Bueno, me despido y hasta la proxima, muy pronto.
Saludos y espero que les haya gustado el captulo.
Jade :)