LOS RÍOS DEL AIRE
Mágico Sur
6
Los momentos
Cuando llegó el verano, vino la temporada de cosechar, y como todos los años, llegan los temporeros a trabajar. Amanda quería trabajar, y nosotros nos opusimos firmemente a eso. No sólo porque pensábamos que ahí estaría muy expuesta al Hombre de Negro, sino que aquel trabajo tan pesado no lo veíamos para ella: sabíamos que era fuerte y le encantaba el trabajo, pero no queríamos verla trabajando como temporera. Como se podía esperar, ella no nos hizo caso y entró a cosechar manzanas en un pequeño terreno en Corral, que pertenece a los padres del desgraciado de Martín.
Para mayor seguridad, Ramón la cruzaba en su lancha por el río Valdivia, y Amanda estaba tan feliz, parecía querer retener cada momento en sus hermosos ojos verdes. La manera en que el Aquiles bebía su leche en perfecto equilibrio dentro de la lancha de Ramón. La manera que tenía él de relatarle las leyendas de Chiloé y la Araucanía. La infinita extensión del océano Pacífico, extendiéndose como el cielo entre Corral y Niebla. Los peces de plata que se veían, difuminados como fantasmas, a través del agua. Los lobos marinos que remontaban el río, buscando las sobras de pescado del mercado marino de Valdivia. Cada momento que pasaba junto a Samuel.
Ya desde entonces me quedó claro que ellos dos se amarían más que ninguno. Siempre buscaban una excusa para estar juntos, y sólo toleraba estar sola con él o con Ramón y su gato. Admito que me dolió un poco ver que mi mejor amigo se ganaba el amor de Amanda.
Sin embargo, pronto me di cuenta que era el único que la merecía. Ramón vivía con la mente en Chiloé, y yo siempre he sido muy tímido. Ismael..., el igual deseaba a Amanda. Y sé que por dentro hervía de rabia al ver que ella prefería estar con su hermano Samuel. Buscaba formas de estar cerca de ella, pero quizás ella siempre supo de las intenciones de Ismael, porque no lo toleraba cerca. Siempre debía estar yo o Samuel para que se sintiera cómoda.
Cuando a Ismael se le ocurrió entrar a trabajar al campo de los padres de Martín, para acompañarla, Samuel igual entró. Ambos ya competían por el afecto de Amanda. El hermano de mi mejor amigo incluso había entrado a clases de defensa personal, para protegerla.
Pero debido a eso mismo, los expulsaron. Martín, ese maldito idiota, intento coquetear con Amanda, y ambos reaccionaron mal. Los patrones no toleraron que trataran mal a su hijo.
¡Gravísimo error! Ella quedó sola el tiempo que pasaba recogiendo manzanas. Ramón trataba de pasar todo el tiempo posible cerca de Corral, para que ella no tuviera que esperarlo. Pero un día debió hacer un encargo para don René, y Amanda permaneció una hora esperándolo en el muelle de Carboneros. Y ahí fue donde el Hombre de Negro se acercó, y habló con ella, por una hora.
Nunca nos quiso decir qué le contó.
—Extraído del diario de Sebastián D***.
Pucha, ¿Qué se creían estos weones? Mis viejos los aceptaron en el trabajo, y lo agradecen pegándome un buen combo entre los dos.
Yo siempre traté con respeto a la Amanda. Siempre la quise. Cuando vi que llegaba todos los días a mi huerta, con su chupalla y esa sonrisa que tanto amé, quise que se sintiera super cómoda. Me ofrecía a acompañarla al muelle de Carboneros, donde esperaba al aweonao de Ramón para que la llevara a su residencia en Valdivia, a través del río. Lo único que hice fue ofrecerle botellas de agua mineral.
Pero esos dos..., estaban muy celosos por ella. La querían como la quise yo. Pero se odiaban mutuamente por eso. Dos hermanos peleando por la misma mujer, pucha la weá telenovela. Y yo llego ahí, un joven de Valdivia con propiedades en Corral, y me sacan lo que viene a ser la cresta. Bueno, solo fue un combo cada uno, pero igual es excesivo para alguien que solo va a ofrecerle agua mineral a la mina que le gusta. Puto Samuel, ella ya estaba enamorá de ti, ¿Pa' que chucha te tiraste conmigo?
Lo sé, lo sé. Muchas veces dije que me daba por vencío con la Amanda. Pero..., usté tenía que ver sus ojos y su sonrisa, Comisario. Uno la veía y se olvidaba de todo. Era la mina más linda, tenía unas pecas tan lindas, y siempre con el pelo rubio atado en cola de caballo.
Y sus ojos..., pucha, eran verdes como el pasto. Era la mina que hacía que weones como yo se volvieran poetas.
—Martín U******, en las declaraciones sobre la desaparición de Amanda M********.
Y me dejo llevar por las nubes hacia lugares desconocidos por mi corazón.
Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.
El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él.
—Primero: Último verso de "Sueño Azul", poema de Elicura Chihuailaf. Segundo: Último verso del Prefacio de "Altazor, el viaje en paracaídas", poema de Vicente Huidobro. Tercero: Primera línea de la novela "El Pistolero", primer tomo de la saga "La Torre Oscura", escrita por Stephen King.
Se encontraban impresas en una hoja de papel, dentro de un sobre blanco, sin datos. El remitente firma como "Hombre de Negro", para "Amanda********", y fue entregado en el cuartel de la Policía de Investigaciones.
