Lo siento. De veras. Pero es que ando depre, muuuuy depre. Por eso hoy no hará super CIAO, pero espero que el cap sí que os alegre el día.
Capítulo 7: Revelaciones, jabón y fechas límite.
—¿Y tú eres…? — preguntó Rom, confundido al ver una sombra extraña debajo de las sábanas y encima de Antonio. Miró a los dos chicos, que estaban estáticos. Entonces, relacionó todo — Chicos, ya sabéis que yo soy partidario de experimentar con vuestra pareja, pero… el pasillo no, por favor.
—¿¡Qué…!? — chilló Lovino, rojo como un tomate. Media sala empezó a estallar en risas.
—Perdón por liártela así — dijo Rómulo, entre risas — Así que eres un amigo, ¿no? Pues quédate a cenar con nosotros, sí. ¡Hay pasta para todos!
—¿¡PASTA!? — chillaron los dos gemelos.
Rómulo alzó la vista al oír una voz del piso de arriba, y vio la figura tímida de Feliciano que se agachaba detrás de la barandilla. Lovino maldijo para sí mismo y trató de ponerse en pie, con las sábanas cubriéndole. Oh, y apuntemos que sólo está con la camisa y unos calzoncillos porque los pantalones están a lavar… Así que al final Lovino se hizo un lío con las sábanas y acabó sentado encima de Antonio, con las sábanas cubriéndole la cabeza y de cintura para abajo.
Antonio no respondía.
Bueno, estaba vivo. Pero tenía un enorme dilema mental. Porque ahora, justo después de que Lovino se sentase encima de él, sintió un cosquilleo en la parte baja. ¿Y por qué era? Por el culo inquieto de Lovino moviéndose encima de su pequeñín. Miraba a Francis con cara de: "ayúdame…" pero Francis sólo se descojonaba en su cara. Y cuando el francés le explicó a Gilbert que pasaba, el albino se sorprendió, murmuró un "él también" y comenzó a reírse y a hacerle gestos.
"Gracias amigos. Siempre agradeceré vuestra ayuda".
—¿También os gusta la pasta, chicos? — preguntó Rómulo, un tanto extrañado por el comportamiento de esos dos.
—Cerco che mi piace la pasta, cazzo! — contestó Lovino, un poco contento por hablar su lengua natal.
—Quando italiana in modo che possano apprezzare il cibo nativo! - contestó Rómulo. Todos perdidos, sólo Antonio se enteraba de algo… muy algo. ¿Cibo era cebo…?
—Se volete, siamo in grado di aiutare a preparare la cena… — la voz trémula de Feliciano se hizo sonar. Rómulo asintió con entusiasmo, ignorante a las miradas asesinas de Lovino.
—Dai! — y Rómulo asintió, contento. Justo cuando iba a ayudar a Lovino a levantarse, todos se quedaron aterrados. Entonces, Toris, tan espontáneo él, saltó en su ayuda.
—¡Eeh…! ¡Tienen que ayudarme a colocar las sábanas antes de, eh, lo que quiera vayáis a hacer! — contestó precipitadamente.
—¡Eso eso! — aprobó Tino, y le hizo una señal a los demás. En seguida Feliks, Tino, Berwald, Matthias y Alfred empujaron a Rómulo hasta la cocina contándole cosas varias e idioteces. Feliciano los miró ir hacia la cocina y les murmuró un "grazie mille". Cuando Rómulo se fue, Lovino se levantó de un salto, recorrió las escaleras de dos en dos y le espetó a su hermano.
—¿¡CENAR!? ¿¡Con él…!? ¿¡EN SERIO!?
—V-ve, fratello, pensé que debíamos ser amables y…
—¿Y cómo quieres que ocultemos ESTO? — señaló sus orejas, notablemente tensas.
—¡L-lo sientooo…!
—¡Lo siento nada…!
—¡Dejad de pelear! — la voz de Eli se hizo sonar — Tengo el remedio perfecto para vuestra situación…
—¿Eh?
· · ·
—Oh, chicos aquí estáis. ¿Cocinamos? — dijo Rómulo con una gran sonrisa.
—S-sí — dijo Lovino en un gruñido.
—¡Yo quiero hacer pasta carbonara!
—¡Buena elección! ¿Hay champiñones…?
—Voy a mirar… — dijo Lovino, mientras iba a la nevera, derrotado.
Y es que iba ridículo.
Tenía que llevar una sudadera súper ancha para enrollar su cola al torso y no hiciese bulto sospechoso, y uno de esos estúpidos gorros enormes para ocultar las orejas. ¡Su estilo a la mierda! ¡Parecía uno de esos dejados que fuman debajo del puente! Mira que no era rico, pero tenía su estilo, era italiano. ¡Y le acababan de… de…!
Su sangre sólo hervía más cuando Feliciano sonreía como un niño de cinco años a Rómulo. ¡A ese tipo! Qué por cierto, todavía no sabemos que hizo, ¡pero qué seguro que merece la muerte! ¡Ea, todos a por él! (en algún lugar del mundo, German asiente).
Así que ahí estaba, Lovino vestido de fumeta mientras preparaba pasta con aquel tip que merecía la muerte. Ah, y dándole "pataditas" a Feliciano para recordarle lo malvado que era. Feliciano sólo hacía un puchero y se deprimía, para dar un respingo y decir otra vez idioteces como un feliz.
Al final, la pasta fue hecha y todos se reunieron a comer. A todos se le caía la baba con la pota que olía tan bien y se sentaron rápidamente. Lily había vuelto mientras hacían la cena, y había desaparecido con su hermano para un interrogatorio. Y ahora estaban sentados a la mesa, y seguían interrogándola.
—¡Lily! Ni siquiera te vi — rió Rómulo.
—Hola, Rómulo — dijo con una sonrisa tímida — es que salí.
—¿Con tus amigos? ¿Son del colegio? ¿Cuáles? — preguntaba Rómulo, feliz de que tuviese amigos.
—Son… Marcello y su grupo — respondió feliz.
—Así que te decantas por un italiano, ¿eh? Buena elección, somos los mejores en la cama — dijo Rómulo. Lily enrojeció, Vash ensombreció y Francis tosió.
—Non non — negó con la cabeza — El arte del placer y la lujuria lo dominan mejor los franceses.
—Ya tuve esta discusión con Pièrre años antes… y quedó claro el ganador — sonrió. Francis también sonrió, pícaro.
—¡La pahskta fah deficifiofa! — farfulló Antonio, con la mirada brillante. Lovino se sonrojó un poco.
—No comas con la boca abierta, pedazo de idiota — le dijo.
—Fefoooon — pidió, comiendo más.
Feliciano le dirigió una mirada tímida a Ludwig, que cenaba tranquilo. Sin embargo, se tensó al notar su mirada sobre él.
—¿Te… te gusta como quedó la pasta, Luddy? — preguntó Feli.
—Está… deliciosa — le dijo, tratando de relajarse. Y cuando vio su mirada iluminarse, no pudo evitar otra vez la escena del beso y ponerse como un tomate. Porque quería besarlo otra vez, ¡quería besarlo más!
Oh Dios, ¿qué acababa de pensar…?
—Tensión sexuaaal… — murmuraron a la vez Francis, Eli, Feliks y Gilbert sólo para fastidiar. Rómulo casi se atraganta de la risa al escucharlo y se sorprendió mucho de que el alemán al final fuese gay.
—Por cierto… — mencionó Rómulo, atrayendo la atención de la ruidosa mesa — ¿Alguien sabe por qué había dos gatos en el colegio?
Tensión generaaal…
—Dejaron 'n' ventana 'bierta — murmuró Berwald, tan serio y confiable como siempre.
—Pero ya los sacasteis, ¿no? ¡porque menudo genio tenían esos gatos! rió Rómulo, y Lovino se tensó — Por cierto… ¿de qué os conocéis?
—¿Eh? — Lovino estaba confuso. ¿Le hablaba él?
—Son nuevos en la ciudad, me los encontré en el súper~ — ¡Antonio al rescate!
—¿Y vais a apuntaros a nuestra escuela? — quiso saber Rómulo.
—Sí — dijo Feliciano, sin pensar. Lovino le pegó una patada en la espinilla.
—¿Y cuándo, más o menos?
—No lo sabemos ve — respondió Feliciano. Rómulo alzó una ceja, y Feli se tensó — ¡P-puede que para después de la semana que viene!
Traducción: ¡perderemos la virginidad en menos de una semana!
Lovino quería matar a su hermano. Ahí mismo. Porque el idiota no se acababa de dar cuenta que le había puesto fecha de caducidad a su virginidad. ¡Más tonto y no nace! Feliciano tardó un poco darse cuenta de lo que acababa de hacer, poniéndose pálido y tratando de que Lovino le ayudase.
—Por cierto, Rom, necesito tu permiso — dijo Francis.
—¿Por?
—Quiero celebrar una de mis fiestas — sonrió el francés.
—Por mí bien, mientras limpiéis todo y no haya embarazos fortuitos — aprobó Rómulo.
—¿Otra fiesta? ¿Y por qué no nos lo dijiste? — dijo Antonio.
—Porque una fiesta legendaria necesita un poco de misticismo — rió Francis. Le guiñó un ojo a los gatitos — Al fin y al cabo, mis fiestas son conocidas por ser las mejores para perder la virginidad.
Ahora todo encajaba.
…¡El francés quería desvirgarle!
—Ooh — silbó Rómulo, ante la mirada atónita de todos — ¿Y va a ser temática?
—Sí, de disfraces de todo tipo — dijo Francis, con su agudo ingenio.
—Por cierto, ¿adónde decís que fueron Iván y Yao?
A follar al bosque, pensaron todos a la vez.
Bueno, menos Lovino y Feliciano. Se estaban despidiendo de su pureza.
· · ·
Todos se habían quedado abajo charlando con Rómulo. Lovino fue secuestrado por el profesor para hablar de Italia delante de todos. A Lovino le rechinaban los dientes. Todos estaban presentes, todos, excepto uno.
Ludwig.
El alemán se había subido a su habitación. Era demasiado violento mirar a Feliciano a la cara. Lo miraba, y recordaba aquel beso. ¿Y si hubiese profundizado? ¿Y si hubiese sido correspondido? ¿Y si hubiese lamido esos labios de color…?
¿En qué estaba pensando?
Decidió concentrarse mejor en leer algún libro para olvidarse de la escena. Sí, sería lo mejor…
Alguien llama a la puerta. Se abre.
—¿Luddy…? — la voz bajita de Feliciano y su menuda figura se hace ver detrás de la puerta. El corazón de Ludwig va a mil por hora.
—¡Pasa — le dijo, dejando el libro sobre su escritorio.
—Yo… hum… ve… — se revolvía, hecho un amasijo de nervios. Estaba colorado. Y Ludwig igual — ¡Lo siento!
—¿Ah? — Ludwig estaba en su nivel de confusión.
—¿Hice algo malo, no? Porque ahora me evitas, no me hablas, y tratas de no mirarme… ¡lo siento, ve!
—Feliciano, yo-
—¡Yo… yo sólo quiero que volvamos a ser amigos! ¡No soporto que no me hables, Luddy! — dijo lloroso. Lo miró expectante, y Ludwig sólo atinó a suspirar y revolverle el pelo por encima de su gorro.
—No… no es por algo que tú hicieras. Es por algo que yo hice — dijo con bochorno.
—¿El beso? — mencionó tan aireadamente. Ludwig se puso rojo — ¡Pero si en Italia los amigos se besan!
—¿Q-qué…?
—No en los labios, si no en las mejillas — contestó tan feliz.
—A-ah… entiendo… — más rubor para Ludwig.
—¿Entonces… volvemos a ser amigos? — dice, con los ojos brillantes.
—Claro — y esboza una pequeña sonrisa.
—¡Yaaay! — y salta, abraza a Ludwig por el pescuezo y le planta un súper beso en la mejilla — ¡Te quiero, Luddy~!
—¡N-no digas ni hagas esas cosas tan a la ligera! — exclamó Ludwig, completamente rojo.
—¡Ya sé! ¡Démonos un baño, Luddy~!
—¿¡Q-qué!?
· · ·
—Chicos, ¿no tendrían que irse ya? — les preguntó Rómulo al ver la hora.
—¿Eh? – pero si duermo aquí… pensó Lovino.
—¡Sí! ¡Ya se iban! — respondió Tino apresurado.
—¿Y dónde está mi fratello? — preguntó Lovino, extrañado.
· · ·
—Espera, Feliciano, que me coloco… — menciona Ludwig, revolviendo el agua de la bañera.
—V-vale… ¡oooh! ¡e-e-es enorme…!
—¿Es tan grande? ¡Feliciano, no te muevas tanto o no cabremos!
—Luddy, déjame lavarte esa espalda tan grande~ — canturreó Feliciano, cogiendo una esponja.
El pobre Ludwig estaba abochornadísimo. Feliciano canturreaba una cancioncilla mientras pasaba la esponja por su ancha espalda. Feli no paraba de pensar que era justo su tipo, y que le trataba tan bien… ¿y si bajaba un poco la mano? Las caderas, nada más…
—O-oye, Feliciano, ¿dónde tocas? — dijo Ludwig, al sentir la esponja en sus caderas sumergidas.
—Tendrá que lavarse, ¿no?
—Y-ya pero no hace falta… ¿por qué siguess bajando? F-feliciano, para… ¡Feliciano! — dijo, y se dio la vuelta en la bañera. Pero claro, el destino quiso que acorralase a Feli contra la pared de la bañera y el quedase muy pegado a él.
Demasiado pegado.
Había algo ahí abajo que hacía fricción…
—L-luddy — murmuró Feliciano, completamente sonrojado.
Sonrojado, mojado, con sus orejitas empapadas y su cosita haciendo fricción con su COSAZA. Había algo en la mente irracional de Ludwig que hacía que quisiese volver a besar a Feliciano. Y lo tenía tan tentador ante él, con esas gotas de agua jabonosa resbalando por su pálida piel…
No se lo pensó dos veces. Su instinto animal le dijo de besarle y así lo hizo.
No era casto. No era puro. Era sucio, guarro, lujurioso.
—L-luddy… ¡Ngh!
Ludwig había comenzando devorando los labios de Feliciano, con la saliva chapoteando. Con un ligero apretón a sus labios ordenó que abriese más su boca, introduciendo su lengua húmeda y explorando su boca. Un gemido ahogado se escapó de la garganta de Feliciano, junto a un pequeño ronroneo.
Ludwig iba a enloquecer.
El ruido de las salivas en sus bocas se mezclaba con el del chapoteo del agua, en una delirante y placentera orquesta. Sin darse cuenta, las manos de Ludwig ya bajaban a las caderas de Feliciano mientras el gatito enroscaba sus brazos alrededor de la nuca de Ludwig y profundizaba aquel beso tan pecaminoso.
Se separaron un instante, mirándose a los ojos. Ludwig, con esa mirada azul y dura, llena de lujuria; Feliciano, con sus ojos nublados pero brillantes y ese sonrojo jadeante. El puente de saliva que unía sus labios fue destruido en cuestión de segundos, porque ellos pedían más, ¡más!
-¡Oye, fra…! – Lovino entró por la puerta. Se quedó estático.
Sólo veía a su jadeante y mojado hermano tener prácticamente sexo en la bañera con aquel alemán.
—Yo… te mato… — susurró Lovino.
—¡F-f-f-fratello… no es lo que parece, ve!
Oh, ¿y entonces que es, Feli? ¿Te entró un pelo en la boca y Ludwig te lo estaba sacando?
—¡Loviiii! ¿Ya cogiste a Feli? — se oyó gritar a Antonio a lo lejos.
—… — se los quedó mirando, iracundo. Se aproximó a la bañera, agarró a Feliciano por la oreja y lo sacó de la bañera a rastras. Estaba empapando todo el suelo y Feliciano se quejaba.
Sin decir una palabra, dejó a Feliciano en el sofá y le tiró la ropa a la cara.
—Vístete, tenemos que irnos.
—¿Eh? ¿Y a dónde?
—Idiota. Sólo vamos a fingir.
—Ah, vale… — Feliciano se removió un poco, mientras trataba de sacar el tema — L-lo de antes…
—No grito porque no quiero que nos descubran. Pero voy a matar a ese alemán.
—¡Fratelloooooo!
—Vístete, no quiero verte medio… contento, joder.
—¡Y-yo no estoy…! Oh…
Feliciano se escabulló rápido a cambiarse y volver a ponerse el disfraz, aunque estaba pingando. Lovino le hizo una seña y bajaron. Antonio los recibió preocupados.
—¡Feli! ¡Lovi! ¿Por qué tardasteis tanto?
—Por gilipolleces — contestó Lovino — Nos vamos.
—¡Arrivederci! — les despidió Rómulo con dos besos en la mejilla.
Lovino y Feliciano hicieron el paripé de irse y se fueron en la noche hacia fuera. Justo cuando iban a ocultarse, Rómulo sale hacia afuera, y les mira.
—Chicos, una cosa.
—¿Mmm?
—Decidle a Bianca que lo siento por no estar ahí y que lo ha hecho muy bien — sonrió Rómulo, con tristeza.
Se quedaron blancos.
Sin embargo, Lovino reaccionó. Apretó los dientes, corrió hacia Rómulo y le agarró por el cuello, zarandeándolo.
—¿¡Te crees que puedes decir algo así y quedarte tan pancho, capullo!? ¿¡Crees que con quedar bien con esa frasecita ya está todo arreglado!? ¡Dejaste a mi madre sola, pedazo de cabrón! — le espetó — ¿¡Qué mierda de padre hace eso!?
—Lo sé.
—¿¡Lo sé!? — la sangre le hervía. Dejó de agarrarle y le dio un puñetazo en toda la mejilla. Rómulo se tambaleó, pero no dijo nada — ¡Mi madre confiaba en ti! ¡Mi madre te quería! ¡Y tú desapareciste cuando más te necesitaba, pedazo de hijo de perra!
—¡F-fratello, tranquilízate! — Feliciano agarró a Lovino antes de que le diese más puñetazos.
—¡Suéltame! ¡Este cabrón merece morir…!
—¿Qué pasa?
La gente salió porque habían oído mucho ruido. En seguida ayudaron a Feli a separarle de Rómulo, y lo llevaron dentro de la casa. Rómulo entró a por la chaqueta y se marchó, pensativo.
· · ·
—Lovi, ¿por qué te enfadaste tanto? — preguntó Antonio, preocupado.
Estaban ya en su habitación. Lovino tirado en la cama, enfurruñado y con la cara en la almohada. Antonio ya iba en calzoncillos, dispuesto a irse a dormir. Se sentó en el borde la cama y acarició la espalda de Lovino, haciendo tensar su cola.
—¿Cómo te sentaría que el que es tu padre abandonase a tu madre a su suerte durante diecisiete putos años y ahora se las va de genial? ¿Y encontrarte a tu hermano tirándose a un alemán en la bañera? — gruñó, girando la cara, para verle el rostro. Sus palabras las ahogaba la almohada.
—Pues no sé — rió nervioso. Lovino bufó, despotricando por lo bajo — Bueno, ahora vamos a dormir. Seguro que mañana te sientes mejor y puedes pensarlo todo mejor~
—Lo dudo. Mañana estaré peor — gruñó.
—Bueno — Antonio se metió en la cama y se recostó mirando a Lovino, que estaba con el ceño fruncido. Rió un poquito ante su confusión y le dio un beso en la frente — Buenas noches~
—¿Q-qué…? ¿Por… por qué me has besado, cazzo? — gruñó Lovino, rojo.
—¿Huh? Pues es un beso de buenas noches para que sueñes mejor — dijo, como si fuese tan sencillo.
—¿Y-y-y por qué me lo das, idiota? — se puso más rojo Lovino.
—¿Quieres más? — le dio otro, entre risas, mientras le abrazaba la cintura.
—¡I-i-idiota, no me abraces! — se revolvía Lovino.
—Jo, Lovi. Hoy estás mimoso — y le dio otro en la mejilla.
—N-no más besos, idiota — le dijo, rojo de vergüenza — Q-quiero dormir.
—Pero estos besos son para dormir — otro en la punta de la nariz — ¿Ves? Hace que te relajes.
Pues estoy tenso, idiota.
—¡D-déjalos ya! — chilló Lovino, como un tomate.
—Pareces un tomate — se rió Antonio.
—¡Cazzo! ¡Stronzo! — empezó a insultarle en italiano, todo rojito y con el ceño fruncido. Y claro, era adorable. Absolutamente adorable. Demasiado adorable.
—Vamos a dormir — y le plantó un ligero y casto beso en los labios, apenas un roce. Y sonrió como un idiota, porque no se acababa de dar cuenta de lo que acababa de hacer.
—¡M-m-m-me has besado, stronzo! — le acusó Lovino, ya hirviendo.
—Sí, en la mejilla, ¿no? — dijo Antonio, con inocencia.
—¡Fue en los labios, pedazo de…!
—Jo, lo siento Lovi — ojos de cachorrito. Lovino derrotado — Mejor olvidémoslo y durmamos, ¿vale? ¡Dará igual, un beso de amigos!
Y tan tranquilo, acomodó a Lovino entre sus brazos y se fue quedando dormido. Sin embargo, el gatito era consciente del pecho de Antonio. De su respiración. De sus latidos. De su cercanía. Y de que, joder, que bien sabían sus labios.
Pero a mí no me da igual, idiota…
Vuelvo desde la tumbaaaa…
Estoy depre. Asi de claro. Por eso me tardé tanto en actualizar. Realmente quería algo cortito porque después vendrá la party hard de Francis y todos sabemos que las fiestas de Francis no son para vírgenes.
No quiero decir mucho más, sólo que espero no tardar mucho en actualizar… Y en el próximo cap: ¡prefiesta! El mismo viernes en cuya noche cosas oscuras pasaran… ¿perderán la virginidad? ¿o seguirán con ella?
Ya se que no merezco un review
Mucho menos después del casi lemmon
Pero por favor, dadme uno
Que son gasolina y ando tan depre que esto ya ni rima.
