VI. Café

Huir. Huir. Huir.

Les dijeron que debían apoyar a Eren. Él en el fondo tenía sus dudas, como cualquier ser humano. Pero supo que tenía que apoyar, luchar y proteger a su camarada.

Era curioso pero ¿de qué bando estaban? ¿Mare? ¿Paradise? No. Ellos eran neutros, o al menos eso creía creer.

Pero conforme los minutos pasan, el cielo se funde con el color rojo del fuego incendiario. Del suelo retumban gritos y las aeronaves militares caen hacia el suelo, explotando en un color carmesí.

Los que tienen banda negra se han posicionado al frente, dando sus cuerpos como escudo. Esas personas darían su vida por lo que queda de la humanidad.

—Los bebedores empedernidos como yo… y aquellos que fueron marcados de negro, ¡síganme, hasta adelante camaradas!—Pixies dio la orden.

Mientras tanto, ellos resurgieron como los héroes caídos de Shiganshina.

Armin Arlet.

Connie Springer.

Mikasa Ackerman.

Jean Kirstein.

Los cuatro salieron a pelear, pero su poder era tan minúsculo frente a la destrucción que tenían encima. Internamente lo sabían, muy en el fondo el pronóstico era reservado. Una bala no podía vencer a un titán.

—¡Mikasa, ten cuidado!—dijo Jean, mientras que ella de forma temeraria avanzaba entre los edificios para llegar hacia los enemigos—, ¿es que acaso quieres morir?

Pero no hubo respuesta. Ella lo miró inexpresiva, partida en dos emocionalmente, con sus ojos oscuros vacíos y rotos.

—No…

Pero antes de que ella se marche se toca la cabeza y se arrodilla. Mira al cielo y de sus ojos caen lágrimas.

—Mi-Mikasa—Armin deja a Jean en el suelo y se acerca a ella, confundido y tratando de averiguar qué demonios ocurrió en ese momento—, ¿te duele algo?

Y ella comienza a sangrar de la nariz. Sus manos se tiñen de rojo carmesí, su visión empieza a menguar pero aun así no flaquea. Ese no será aún su final. De reojo observa que Jean está en el suelo, tratando de arrastrarse entre toda la conmoción. Armin está junto a él de pie sin saber qué hacer o decir, se siente como aquella vez cuando intentaron recuperar Shiganshina.

—Armin, cuídala—Jean sujeta el tobillo de él para llamar su atención—, no dejes que se lastime. Por favor.

Después de eso, los recuerdos del Jean de ese mundo se pierden. Lo último que alcanza a recordar es un grito desgarrador que proviene de uno de los usuarios de los Titanes. Nadie sabe bien que ocurre, o al menos no él. Sus ojos se cierran momentáneamente por el dolor físico que está experimentando.

—¡Eren!—Mikasa comienza a toser, su estómago se contrae muchas veces. Su cabeza se siente a reventar—, ¡No, Eren!

—¿Qué pasa?—Armin trata de levantarla más se queda mirando a la sangre que la rodea. ¿En qué momento se hirió? No… más bien, ¿será efecto de su lazo? De ese del que Eren habló. ¿No era una mentira para protegerla?—, Mikasa…

—¡Eren!—Se levanta del suelo, tambaleándose. Puede verlo con claridad. Él…—. Por favor, vuelve a casa.

Armin, confundido retira el cabello que está sobre ella y la mira directamente a los ojos. Está perdida, como si estuviera en un trance.

—¡Despierta Mikasa! Es solo un sueño, sí, eso—aunque realmente duda que lo sea.

—Ha sucedido, él… No, él no puede.

Un crujido. Un aullido. Cientos de detonaciones. Temblores provenientes del fondo de la tierra. Olor a muerte y a caos. El sonido que precede a la tragedia.

Cientos de destellos de luz inundan la región en diversos puntos. Armin es testigo de ello y también de cómo dos de sus amigos están alrededor suyo moribundos.

—¿Qué tienes?—Jean recobra un poco el sentido después de haber cerrado momentáneamente sus ojos, tose un poco y se dirige a Mikasa desde el suelo—, ¿qué es lo que viste?

Y él más que nadie ha entendido la situación.

Entonces Mikasa se detiene, se siente como volver de nuevo en sí. Se mira las manos y estas están teñidas de rojo carmesí. Observa el cielo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Su vista vuelve a la normalidad, el dolor se disipa. ¿Qué fue lo qué le pasó exactamente? Para ella, es como si hubiese pasado una eternidad.

—¿Jean?—Ella extiende su mano y él la quiere tomar, pero cada vez se ve más distante—¿Puedes escucharme?—Pero no hay respuesta. El Jean de los sueños no dice nada—Jean… ¡despierta!

Ella lo toca. Acaricia levemente su mejilla, ese simple toque hace que él se sienta en paz. No importando si el mundo a su alrededor está quemándose y muriendo lentamente.

—Siempre observas las tragedias Mikasa. Has guardado todo en tu corazón pero ahora ya no puedes más, ¿verdad? Solo…—tose, lleva su mano a su pierna, o al menos eso trata—, haz lo que Mikasa Ackerman piense que es lo mejor. Nadie te juzgará. No estarás atada a nada. Solo, hazlo.

Los ojos de ella se abren en sorpresa. Esos ojos oscuros y rasgados, tan tristes y puros a la vez. El Jean espectador no lo comprende. No sabe cuál es el significado de esas miradas. De hecho, ni siquiera el Jean de los sueños.

Escucha de fondo los gritos de las personas. Puede alcanzar a ver cientos de grandes humanos de cuerpos desproporcionados andar en dos piernas. Se mueven erráticos.

¿Qué ocurría en ese mundo? ¿Qué es lo que era realmente?

—Mi-Mikasa—Armin Arlet, el chico de complexión pequeña se acerca a ella y la mira con preocupación—debemos de…

Mikasa asiente. Jean no comprende.

—Connie ha caído, Eren también.

No hay palabras, solo el silencio.

—Es momento de detener esto, ¿no?—ella se dirige a Armin y le ofrece una triste sonrisa, como si se tratara de una despedida. En su rostro además de sangre hay lágrimas dispersas. No pueden permitirse flaquearse. No en ese momento. Qué cruda es la realidad—. Mare, Paradise. ¿Quiénes son los demonios verdaderos? ¿Quiénes?

Ella llora, a Jean le sorprende ver que a pesar de su llanto se mantiene firme.

—Mikasa…

—Este es el lugar en donde todo empezó Armin. Aquí fue donde Eren se hizo tu amigo y yo tu amiga. Pero aquí será también el lugar en donde nuestros caminos se separen. Este será el lugar donde todo termine. Aquí.

De fondo, más titanes surgen. Son demasiados y ni siquiera la facción de Mare puede hacerles frente. Todos los titanes están ahí reunidos incluido el Titán Bestia.

—Parece que finalmente lo logró—dice Armin, sin ánimos—. Parece ser que Eren y Zeke… han controlado la Coordenada.

Jean herido, trata de levantarse sin embargo Mikasa hace un ademán para que no continúe con ese esfuerzo.

—Hanji está en estado desconocido. El comandante Pixies y los demás reclutas bebieron el vino… Nuestro escuadrón 104 está básicamente desintegrado. El derrumbe de hace unos minutos provocó que Connie cayera… es posible que tampoco Nicolo y la familia Blouse hayan sobrevivido.

—Tal vez aún estén vivos—Jean se mueve, pero ese simple arrastre provoca que su herida de la pierna se abra más. Mikasa niega con la cabeza—. No… ¡Ellos están vivos! ¡Connie está vivo! ¡la familia de Sasha está bien! ¡Nicolo también! Además es imposible que ese estúpido suicida en verdad esté muerto ¿verdad?

Eren podría ser todo menos estúpido, ¿no es así?

—Jean—Armin hace una mueca de dolor—, Mikasa tiene razón.

Las piernas de Armin son de gelatina en ese momento, frágiles como el cristal. Aprieta sus pequeños puños y sus dientes para no llorar, no quiere gritar. Siempre lo ha hecho. Se siente tan minúsculo. ¡Él debería hacer algo! ¿No? Es el Titán Colosal, pero entonces ¿por qué no está haciendo nada?

La respuesta es tan simple como frustrante: si se transforma, mataría a sus amigos.

—¡No! ¡Es imposible! Tú nunca te equivocas Mikasa. Tú siempre aciertas. Dime que esta vez, por primera vez has errado. ¡Dímelo! Eren no pudo morir… Connie tampoco, maldita sea ¡no!

Jean sabe que no debería estar diciendo esas palabras, siendo que hasta hace un momento estaba tranquilo. Pero… ¿de verdad Mikasa tiene razón?

Desesperación. Tristeza. Angustia.

—¡Lo siento Jean!—grita Mikasa al tiempo que golpea el suelo con sus puños—, ¡lo siento tanto!

El cielo rojo está cubierto del humo producido por las aeronaves caídas, las nubes ni siquiera pueden visualizarse. De no ser por ello, el día podría ser muy hermoso, sin embargo, basta con ver el horizonte para darse cuenta de que son minúsculos a comparación de esos colosos. Las probabilidades de sobrevivir son ya muy pocas.

¿Cuántos titanes se levantan detrás de los muros? ¿Cien? ¿Doscientos? ¿Mil? ¿Cuántos más fueron convertidos por el grito de Zeke?

Entre más miran el horizonte, la cuenta aumenta.

—Cuando éramos niños, una vez, Eren tuvo un sueño—dice Mikasa con voz baja mientras lleva su mano a su cuello tratando de encontrarse con esa antigua prenda. Pero desiste al notar su estupidez. Ya no está—. Él despertó y me dijo "¡Mikasa! ¿Te ha crecido el cabello?" A los pocos segundos lloró. Agregó que tuvo un sueño extraño.

De fondo, el ejército de Mare hacía todo lo posible para deshacerse de los titanes. Mientras que los Jeageristas atacaban a los de Mare. Esa era una lucha sin final.

—Mikasa ¿qué planeas?—Armin la mira con lágrimas en los ojos. Pero ella no responde—. Yo… no puedo, soy un inútil.

Ella toca su mejilla. ¿Hace cuánto que no tiene tanta cercanía con su amigo? Tiene muchísimos años de conocerlo. Lo vio crecer, vio nacer su sueño y hacerlo realidad. Pero, ¿por qué el tacto se siente tan melancólico?

—Siempre fuiste el más valioso entre Eren y yo, Armin—sonríe débilmente temblando—. Todos moriremos, pero no debería ser de este modo. No así—Los gritos se escuchan de fondo. Ella quiere que el dolor que de nuevo invade su cabeza se detenga por una vez. No puede soportar ya más esa sensación. Quiere que termine, que se extinga, que la deje en paz por un minuto. Anhela liberarse y por primera vez ser libre—. Soy la única que puede terminar con esto y hacer frente a mi propio yugo. Debo hacerlo.

"¿Quién era Eren Jeager? ¿Nuestro amigo o nuestro enemigo?"

Armin no tarda en entender las palabras de Mikasa. Ella de verdad terminará con él.

—¡Detente Mikasa! Debe haber otra solución, solo dame un poco más de tiempo para pensar, ¡por favor!

Ella no responde a la súplica de Armin, solo voltea a verlo y le da una última sonrisa.

—Hace ya muchos años que decidí las vidas por las cuales me preocuparía. No te preocupes Armin, alguna vez dije que lo protegería de quien fuera… incluso si se trata de él mismo. Tengo que destruir lo que quedó de él. Solo yo puedo hacerlo. Porque soy Mikasa Ackerman".

๑ ๑

Jean despierta con lágrimas en los ojos. Inmediatamente toma agua de los víveres que le proporcionaron el día anterior. Su boca le sabe amarga, incluso cuando se termina la botella de agua. Sin saberlo, la aprieta y provoca que el empaque se deforme y que produzca ruido.

Suspira.

¿Qué fue ese sueño?

Sí. Reconoce que había tenido pesadillas, era algo normal. Pero ninguna a ese nivel. El dolor fue tan palpable. Como si de verdad todo lo que hubiese vivido en ese sueño hubiera sido real. Solo para cerciorarse de que solo fue un sueño observa a Sasha. Ella duerme tranquila, como si nada pasara.

Jean toca su propia pierna y se da cuenta de que no hay herida alguna. Puede moverla con facilidad. Observa el techo, solo puede alcanzar a notar las tuberías y las rendijas que conducen hacia el exterior. Sobre él no hay un cielo gris, solo un techo oscuro.

De nuevo ese mal sueño. Otra vez esa estúpida sensación. Se levanta y con cuidado trata de observar por dónde camina. No quiere alejarse demasiado, tan solo desea tranquilizarse por un instante. No sabe qué hora es. Ha perdido la noción de los días. Para él, se le ha hecho una eternidad como si hubiesen pasado años desde que entraron al metro y jamás salieron.

Busca su celular entre sus pertenencias, con la vaga ilusión de que hubiese red. Pero simplemente no hay nada. La batería le indica que le queda diez por ciento. Quiere aventar ese aparato por las vías pero después reacciona y se da cuenta de que eso es algo estúpido. Gracias al celular han logrado ver ya que les ha servido como lámpara.

—¿Cómo estás mamá? Me pregunto si estás bien—Jean escribe un whatsApp. Se sorprende a sí mismo de que hacía meses que no le enviaba uno. Bueno, en realidad no es como si el mensaje que está escribiendo fuera a llegar después de todo—. Espero estés a salvo. Supongo que debería decir lo siento por no haberte escrito antes…—Los dedos de Jean tiemblan, pero aun así continua escribiendo—. No sé cuándo te llegue este mensaje, la electricidad y las redes telefónicas están colapsadas. Si ves a la madre de Sasha dile que ella está conmigo, estamos bien después de todo. Connie también.

Jean envía el largo mensaje y después suspira. Algo en él se remueve.

—Te quiero.

Y de nuevo vuelve a enviar un mensaje.

¿Hacía cuanto que no le decía que la quería? Realmente no lo sabe. Las últimas conversaciones que tuvo con ella fueron cortantes. Al menos de su parte ya que ella siempre intentó sacarle plática de lo que fuera pero él dejó de contestar a sus llamadas e ignorar sus mensajes.

—Justamente cuando no hay internet ni sirven las comunicaciones se me ocurre enviarte un mensaje, ¡ah!—Jean frunce su ceño—, qué mierda.

Mientras camina, se percata que la estación alberga a muchas personas. No alcanza a distinguirlas con claridad sin embargo la poca luz que se filtra hace que se dé una vaga idea de los cuerpos ahí presentes. Se pregunta por cuanto tiempo podrá durar esa situación. Eventualmente las enfermedades aparecerán junto al caos social. De hecho, ya se comenzaba a rumorear que se estaban formando grupos delictivos dentro del metro, personas que asaltaban a otros usuarios.

—No puedes dormir, ¿verdad?—Jean dirige su atención a donde proviene esa voz. Trata de observar quién lo dijo pero no se encuentra a nadie. —Estoy aquí, chico—entonces observa que un hombre alza la pantalla de su celular para mostrarle donde está su ubicación.

Entre él y el hombre no hay muchos pasos de diferencia, quizá unos treinta. Los cuenta mentalmente para no perderse y una vez que está junto a él se sienta. Recarga su espalda contra la pared.

—Creo que no puedo—Pero no era que no pudiera. En realidad tiene miedo de dormir debido a que los sueños cada vez son más desgastantes.

—En dado caso al menos hoy tendré un compañero—Jean no sabe a qué se refiere el hombre, sin embargo, logra distinguir que él algo busca de una bolsa, no sabe bien que es. A los pocos segundos se escucha el sonido de algunos objetos sobre el piso—, lamento no ser un buen anfitrión.

—¿A qué se refiere?

Sin embargo, en ese momento el hombre le entrega algo entre sus manos. Jean puede sentirlo, es una taza metálica. Alza sus cejas confundido. Poco después, se percata que el hombre sirve lo que parece ser un líquido, supone que es agua.

—Un café así no es la mejor opción pero igual nos mantendrá despiertos—y es ahí en donde deposita unos granos de café. Jean puede olfatearlo, es café de verdad. En realidad él no es un fanático de esa bebida pero debe admitir que en ese momento, tomar café debería de ser algo especial dadas las circunstancias—, que lo disfrutes muchacho.

—Uh… gracias—ciertamente la bebida no está caliente. Lo que provoca que el café sepa insípido, apenas y se ha lixiviado, pero agradece el gesto— gracias en serio.

—Y dime, ¿has caminado mucho por el metro?

Jean no se sorprende de la pregunta. En realidad en esos últimos días que habían transcurrido —tres— era ya muy común que las personas se hablaran entre sí solo para preguntar experiencias acerca de las estaciones del metro, así como prevenir a los demás.

Da un sorbo a su bebida, frunciendo el ceño y dejando la taza a un lado. Su boca se siente amarga.

—No mucho, supongo.

Entonces le explica de forma breve que su propósito era haberse bajado en la estación Brucel pero que debido a los acontecimientos suscitados no fue posible.

—Ya veo, yo vengo de la línea roja—explica, causando que Jean se interese—. Pero no hay mucho qué decir, aunque he escuchado rumores de que allá hay más disturbios. El día que estuve ahí puedo decir que fue relativamente tranquilo, quiero creer que fue porque todo mundo pensó que podríamos salir de esto.

—Saldremos de aquí—corrige—, lo haremos.

—Oh, por supuesto—Jean logra observar un poco mejor el rostro del hombre. Nota que usa anteojos y que tiene una barba espesa, pero nada más—algún día muchacho.

Por alguna razón, esas palabras le asustan, de hecho se estremece. Algo le dice que ese tono de voz sonó como a sarcasmo.

—¿Usted no lo cree, señor?—Jean alza su taza, como si brindara—, esto será temporal.

Pero lo que obtuvo como respuesta no fueron palabras, sino una carcajada seca y cruel. No tiene ningún tinte de ser alegre o amena, sino de una burlona. Jean se pone de pie y mira al hombre, distinguiendo que éste sostiene su taza entre sus manos, apretándola firmemente.

—Lamento mi reacción, muchacho. Tal vez yo ya no soy un optimista—"O quizá yo soy solo un soñador" piensa Jean, pero sus palabras no salen—. Supongo que te dejaré descansar, no quiero desmotivarte en estos tiempos. Apenas es el tercer día.

—Que pase buena noche—Jean extiende su mano para darle la taza, sin embargo puede sentir que el hombre la rechaza—, tome, muchas gracias por la charla.

—No muchacho, te regalo esta taza como recordatorio de que sigo vivo.

Aquellas palabras logran un efecto profundo en Jean Kirstein, pero él todavía no comprende la magnitud de las mismas. Solo atina a asentir confundido y a notar como el misterioso hombre se aleja a tientas, tocando la pared con su mano derecha y avanzando con cuidado entre el pasillo para finalmente perderlo de vista.

—Gracias, señor. Pero, ¡espere!—grita, tratando de que su voz llegue hasta él—, ¿Cómo se llama usted?

No sabe si lo que ve fue el reflejo de una sonrisa triste o de un rostro serio. Mas la respuesta no tarda en llegar.

—Zeke.

Esa situación le suena irreal, pero el recordatorio de que dicha plática existió queda en la taza, donde aún quedan gotas de café crudo e insípido, y en el nombre de aquella persona.


N/A Agradezco desde ya sus lecturas y comentarios, lo aprecio muchísimo. Me entusiasma demasiado escribir sobre shingeki no kyojin, en poco tiempo logró llamar por completo mi atención.

Por otro lado, quiero avisar que actualizaré un día sí - un día no. De momento ya tengo muchos capítulos adelantados y sigo trabajando continuamente en el fic para seguir siendo constante, es mi propósito (?).

En fin, ¡saludos!

Blossom Lu.