Capítulo 7: EL NECRONOMICON
Los cuatro muchachos pasaron esta cena de navidad como ninguna otra. La mesa de Gryffindor estaba vacía, excepto por ellos. El techo encantado del gran salón estaba nublado y caía nieve mágica. No había mucha gente, 3 a 5 alumnos en cada mesa.
—Buenas noches —saludó Dumbledore poniéndose de pie—. Tengo un anuncio que creo que a los presentes les agradará —sonrió—. Se abrirá de nuevo el Club de Duelos de Magos...
La noticia fue recibida con aplausos, a Harry y a Ron les encantó y estaban ansiosos para comenzar.
—La fecha y hora estarán en los carteles de anuncios de las casas —continuó—. Les enseñará el profesor Spence con una persona que ha venido a Hogwarts a visitarnos: Dan William, el ganador más joven de los Duelos de Magos Internacional —al decir eso, un mago joven de unos 25 años se aproximó. Era rubio y por alguna extraña razón tenía los ojos color rubí—. Él los ayudará y les enseñará nuevos trucos y encantamientos.
Luego de cenar, volvieron a la torre de Gryffindor.
—Una cena magnífica —comentó Ron alegremente.
—¿Van a entrar en el club de duelo? —preguntó Alex.
—¡Claro! —exclamó Ron—. Mientras que no la dé Lockhart, todo bien.
Terminadas las vacaciones de navidad, Hogwarts regresó a su bochincheo habitual. En la tarde del martes, Harry, Ron, Hermione y Alex se dirigieron a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Al final de la clase, el profesor Spence informó:
—En la próxima clase estudiaremos los libros malditos. Entre ellos, el Necronomicon.
—¿Y qué nos puede hacer un libro? —preguntó Seamus irónico.
—Hay libros que contienen mucha magia negra. Ustedes tienen que estar prevenidos a ellos —dijo el profesor Spence.
En ese momento, tocó el timbre y los cuatro fueron al patio.
—El libro que te envió Lupin, ¿no es el Necronomicon? —preguntó Hermione a Harry mientras caminaban.
—Tienes razón —dijo Harry deteniéndose súbitamente haciendo que Alex chocara con él—. Pero creo que es una imitación del original.
—¿Por qué Lupin te mandaría la imitación de un libro maldito? —preguntó Ron.
Después de unos minutos, tocó el timbre y fueron a la clase de transformaciones. Por la noche, Harry buscó desesperadamente el libro en su baúl. Lo encontró en el fondo y lo colocó encima de su cama y lo intentó abrir. Parecía que las hojas y las tapas estaban pegadas.
—¿Qué haces, Harry? —preguntó Ron entrando en el dormitorio.
—Intentando abrir este libro —gruñó Harry, esforzándose para abrirlo—. Creo que no es una imitación.
—Déjame probar —Ron agarró el libro e intentó con todas sus fuerzas. Al cabo de un rato, Ron estaba tan colorado como su pelo por el esfuerzo—. Olvídalo, Harry, no da para abrir esa cosa. Además, el profesor Spence dijo que está maldito, es mejor que continúe cerrado.
—Hola —saludó Neville entrando en el cuarto—. ¿Qué están haciendo?
—Queremos abrir ese libro —contestó Harry señalando el Necronomicon.
—¿Puedo ayudar? —se ofreció Neville—. No parece difícil.
—Sí, pero ya intentamos todo y no abre —explicó Ron.
Neville se sentó sobre la cama y comenzó a forcejear, pero de repente, como si el libro lo hubiera quemado, lo soltó.
—Ese libro está vivo... —musitó el muchacho.
Al otro día, Harry se despertó muy cansado. Había pasado toda la noche pensando ¿Por qué no podía abrir el libro? ¿Por qué Lupin se lo había regalado? Esas respuestas sabía que las iba a tener cuando supiera de qué se trataba el libro.
En la clase de defensa contra las artes oscuras de esa mañana, el profesor explicó:
—Hay libros que tienen mucho poder oscuro. Entre todos los libros, el más poderoso es el Necronomicon. Su historia es muy larga, puesto que ha sido escrito a principios de la humanidad mágica. Pero como no estamos en clase de historia, vamos hablar de lo que nos interesa.
"El Necronomicon o Necro—Omicon, según los muggles, es el libro hecho, supuestamente, por el Diablo. Pero no es verdad —continuó—, la verda...
—¿Por qué se dice que tiene que ver con el Diablo? —interrumpió Parvati Patil.
—Buena pregunta, se dice que es por el signo que contiene el libro en su portada o tapa —explicó sonriendo.
—¿Qué signo? —preguntó Terry Boot.
El profesor se acercó a la pizarra y con un movimiento de su varita hizo que se dibujara una estrella de seis puntas. Harry estaba escuchando todo con atención.
—Este es el signo del Satanás o Diablo —dijo el profesor—, o de la divinidad, pero eso es solo para los muggles. Volviendo al tema, ese signo y ese libro son, en realidad, del brujo oscuro más famoso de todos: Edward Kelly —dijo. Con un movimiento de su varita, hizo aparecer un retrato de un mago viejo con una ropa negra medieval—. Se dice que este libro es más poderoso que el Innombrable.
Algunos alumnos se estremecieron al oír aquello. Hubo algunos cuchicheos nerviosos.
—No puede un libro ser más poderoso que el Innombrable —dijo Ron.
—Claro que sí, Weasley, ya que contiene los mayores poderes de la Necromancia —siguió el profesor—. Por ese motivo, el libro no puede ser abierto, excepto por alguien que sea un Necrófago.
—¿Qué es la Necromancia? —preguntó Dean Thomas.
—Necromancia deriva del griego nekro , cadáver y mancia , profecía. Los Necrófagos son personas que tienen el poder de invocar los muertos. Se cree que, cuando morimos, recibimos toda la sabiduría del presente y del futuro. Resumiendo, la Necromancia es la predicción del futuro a través de los muertos.
—¿Y qué contiene ese libro? —preguntó Lavender Brown.
—Hechizos, maleficios, encantamientos, pociones. Las más terribles existentes...
—Harry, tira ese libro a la basura —dijo Ron, después que tocó el timbre y caminaban hacia el patio—. Ese libro es lo peor que pueda existir...
—No me extrañaría si Voldemort estuviera tras él —dijo Alex—. Creo que es el único que puede abrirlo.
—Voldemort talvez lo esté buscándolo —razonó Hermione—. La orden pensó que el libro estaría más seguro contigo aquí en Hogwarts y también si tiene artes oscuras, como no lo va a querer. Yo no sabía que todavía se realizaba la Necromancia...
—Bueno, yo opino que no debemos tirarlo ni hacerle nada —dijo Harry—. Capaz que Dumbledore pueda explicarnos lo que sucede.
—¡Claro! Quién más que Dumbledore para explicarnos eso —exclamó Ron.
—Me gustaría saber cuáles son esos hechizos y maleficios que hay en ese libro —dijo Alex emocionada—. Talvez sean suficientemente poderosos para matar Voldemort.
Sus amigos la miraron extrañados, pero sabían que ella tenía razón.
Y llegara marzo. En la mañana del sábado, Harry, Ron y Alex se dirigieron al campo e Quidditch para otro entrenamiento antes del partido contra Hufflepuff. Los vestuarios estaban completamente vacíos.
—Voy a llamar a los otros jugadores —dijo Ron, dejando a Alex y a Harry a solas.
—¿Cuál será el programa de entrenamiento de hoy, señor capitán? —preguntó Alex irónicamente.
Harry sacó de su bolsillo un plano del campo de Quidditch y lo colocó encima de una mesa cercana. Alex se puso al lado de Harry para ver el plano.
—Estaba pensando en que tu o Seamus cuidaran los aros para evitar que Hufflepuff marque tantos —dijo Harry deslizando el dedo por el plano.
—Pero también tenemos que impedir que los bateadores de Hufflepuff les acierte a los jugadores de nuestro equipo y también podemos...
Harry observaba a Alex, que explicaba animadamente apuntando varios lugares en el plano.
—¿Qué opinas? —dijo ella, dándose vuelta para mira a Harry tan rápidamente que sus rostros quedaros a pocos centímetros de distancia. El corazón del chico latía con fuerza.
—Alex... —murmuró él.
—Shhh... No digas nada —dijo Alex colocando un dedo en los labios de Harry, luego, lo sacó, acercándose más. El estómago de Harry se le revolvía de nerviosismo, el corazón latiendo rápidamente.
Se acercaron más. Se besaron nerviosos, pero bien dentro de ellos lo estaban deseando hacerlo hace tiempo. El beso era tibio. Alex pasó sus manos por los hombros de Harry mientras él la abrazaba por la cintura. Harry podía sentir el corazón de la chica latir apresuradamente. A él no le importaba de quién ella era hija, sino en lo que ellos estaban disfrutando en aquél momento. Nadie iba a interrumpir, a no ser...
—Harry, el resto del equipo vie... —había aparecido Ron. Cuando ellos se dieron cuenta que Ron los miraba con curiosidad, se separaron rápidamente, ruborizados. Harry, por un leve instante, se debatió si debía o no matar a su amigo, pero se contuvo. Ron los miraba boquiabierto—. Ustedes dos...
En ese momento entró el resto del equipo y Ron no pudo terminar la frase. Harry, medio nervioso, comenzó a explicar el programa de entrenamiento de ese día con Ron dirigiéndole miradas extrañas.
Por la tarde, Harry hacía los deberes, mientras Ron y Hermione susurraban algo y Harry consiguió captar algunas palabras.
—Yo los vi, Hermione.
—¿Recién te diste cuenta?
—¿Y cómo sabías si no los viste?
—Es obvio
En ese momento, Alex bajó las escaleras del dormitorio de las chicas. Ron y Hermione se callaron, aunque Ron intentaba no sonreír.
—¿De qué hablan? —preguntó Alex a ellos.
—De que deberíamos hablar hoy con Dumbledore sobre el Necronomicon —contestó Hermione rápidamente mientras golpeaba a Ron por debajo de la mesa. Alex los miró dudando, preguntándose si era verdad. Harry dejó los deberes de lado.
—Voy a buscar el libro e iremos —dijo, poniéndose de pie.
Mientras caminaban al despacho de los profesores, Harry tuvo la extraña sensación de que los estaban vigilando. Al llegar, Alex golpeó la puerta y la profesora McGonagall atendió.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó.
—Precisamos hablar con el profesor Dumbledore —dijo Hermione.
—Está en la cabaña de Hagrid —dijo frunciendo el ceño—. ¿Por qué?
—Por un asunto importante —contestó Harry.
—Gracias —dijo Alex.
Mientras caminaban hacia la cabaña de Hagrid, Hermione observaba a Harry y a Alex, que evitaban mirarse. En el camino, Ron se detuvo, mirando hacia el bosque prohibido.
—¿Qué es aquello? —preguntó apuntando algo entre los árboles.
—Yo no veo nada —dijo Harry.
—Deben ser las criaturas el bosque —dijo Hermione.
De repente, una sombra se movió entre los pastos.
—Yo también vi —dijo Alex preocupada.
—Ya les dije, deben ser... —comenzó Hermione, pero se calló al ver algo moviéndose entre las ramas de los árboles.
—Vamos a ver lo que es —apremió Harry a los otros, Alex, asustada, tomó el brazo de Harry y este se puso nervioso.
—¡Harry! —gritó Ron—. Creo que lo vi por aquí.
—¿Dónde? —le preguntó Harry sacando la varita.
—Por aquí —dijo Ron señalando una parte que no había árboles.
Se estaban aproximando al extraño con las varitas alzadas. En ese instante vieron un destello de luz blanca, cegadora. El suelo desaparecía bajo sus pies y todo daba vueltas delante de sus ojos...
