¡Hola!
No morí y sé que cualquier justificación sonará a excusa por eso prefiero reservarlas y no quitarles su valioso tiempo.
Últiimamente no he andado muy emocionada con este fandom, de hecho le había perdido por completo el amor pero hay cosas que sencillamente no se pueden dejar y es que el yullen tiene ese lado que le falta a otros tantos otp. Anyway, siempre termino volviendo a falta de "eso".
Quisiera agregar advertencias como siempre, pero la verdad lo considero innecesario pues no hay nada que los que me han seguido hasta acá, no conozcan ya.
Disclaimer: D. Gray - Man y sus personajes son propiedad de Katsura Hoshino. Lo único que me pertenece es esta historia y la redacción de la misma.
Respuestas que atormentan
La noche se había arrastrado con una rapidez sorpresiva, envueltos en un manto oscuro y silencioso que no dejaba a la vista más que una silueta poco distinguible del que le daba la espalda. Ascendiendo y descendiendo suavemente el volumen de la respiración, quedos murmullos y extraños ruidos contra el paladar; le indicaron que su acompañante soñaba como las veces anteriores, veces en las que sólo se había limitado a observarlo desde el otro extremo del pequeño espacio compartido.
La fiebre aún hacía mella en su cuerpo, derritiendo cada célula con lava lujuriosa y asfixiante. Se encontró sintiéndose torpe, incrédulo, tosco. La pasión fue desfogada al exterior desembocando en embriagante satisfacción.
Hizo una mueca. No tenía el hábito de analizar sus acciones y mucho menos en ese momento que sentía su mente dispersa en algún punto muy lejos de su raciocinio y se descubrió a sí mismo entendiendo que eso se volvió en una molesta costumbre desde que el exorcista inglés estaba por los alrededores. Completamente inconforme con su propia respuesta y echándola a un lado con la intención de ignorarla, chasqueó, aunque eso no aseguraba que sus pensamientos se silenciaran en lo más mínimo. Estaban tomando otro rumbo.
Por primera vez, sintió que la inexperiencia le restaba años de vida a pesar de que no era lo suficientemente mayor, de todos modos. No contento del todo, supo que la inseguridad de a momentos quiso invadirle pero el deseo se sobrepuso ocasionando que al fin le tomara. A él, a ese niño.
No daba crédito a lo ocurrido. A pesar de que su piel escocía con el ardor de las titubeantes manos y que un sudor ajeno se había mezclado con el suyo y secado sobre su piel, le costaba mucho asimilarlo al punto de que tan sólo el pensamiento se le hacía irreal. ¡¿Y cómo dar crédito?! No era fácil decir que había tenido sexo con un Moyashi. No. Que se acostó con Allen Walker.
Consideraba que aún se encontraba lo suficientemente cuerdo como para poder diferencia la fantasía de la realidad y en definitiva, había un gran trecho entre sus pensamientos y la sensación adhesiva en su masculinidad y que se extendía a su pelvis. Al menos podía estar completamente seguro que no se había vuelto loco del todo.
El beso torpe del niñato le pareció lo más provocativo del mundo. Un choque lento, rígido, ridículamente tenso. Lleno de inocencia febril.
Deslizó su lengua hacia afuera para humedecerse los labios sin hacer esfuerzo alguno por reprimir la mueca de autosatisfacción. Recordaba con presunción la temblorosa lengua del menor en torno a la suya, incapaz de seguir un ritmo pero con evidente desesperación.
Y hubiera reído si hubiera podido; pero no, no tenía tiempo de eso cuando ni siquiera entendía lo que pasaba y que no se molestó en entender. Sofocado, abrumado, embriagado. No había adjetivo lo suficientemente descriptivo para el trance del momento. Había sido delicioso, no lo entendía, pero así lo era. El olor a sudor, sus labios, su lengua aterciopelada, el cuerpo del menor convulsionándose contra el suyo como un cristal tensado a punto de quebrarse.
El albino jadeando con su cabeza torcida y dedicándole una mirada con todo y a la vez nada en sus pupilas dilatadas. La presión punzando en su abdomen advirtiéndole la dureza del menor. Las uñas clavándose en su hombro hasta marcarle, por suerte, en esos momentos Allen no poseía su Inocencia aunque posiblemente no le hubiera importado si se hubiera dado ese caso.
Y nada eso era bueno para su autocontrol. Jamás pensó que llegaría a ver esa visión más que en sueños y por Dios, por Buda o por quién-sea; había sido más satisfactorio que cualquier placer solitario.
En algún momento, las ropas precarias y desgastadas habían terminado sobrando; y lo demás, simplemente ocurrió con una enloquecida espontaneidad de ambas partes. En ningún momento percibió rechazo alguno, por el contrario era plena necesidad lo que estallaba en las cuerdas vocales de Allen con un gemido más alto y claro que el anterior, llenándole de inusitada y victoriosa satisfacción que aún seguía disfrutando.
La respiración de momentos, quemaba en sus pulmones y aunque odiaba admitirlo, deseaba fervientemente robarlo una vez más de los labios resecos y cuarteados del albino. Su pulso se agitó nuevamente y con una inhalación profunda le obligó a controlarse.
Había esperado que convenientemente el cansancio le hubiera sumido en el letargo de un sueño cálido mientras envolvía con posesividad el menudo, pero no menos formado cuerpo del menor, mas ni siquiera eso se le permitió. Quedando de rostro al imaginario techo que se perdía en la penumbra, se concentró en evocar al sueño pero poco era lo que lograba con las expresiones del exorcista inglés invadiendo como un virus sus pensamientos.
Y fue así como esa noche, sintió el más ansioso y poderosos desvelo de todos. La incertidumbre del mañana que se tardaría en llegar sumado al juicio de las decisiones del pasado y de las que ahora se retractaba.
Olía a fresca mañana, a rocío, a tierra húmeda.
Inhalando profundamente, se negó a abrir los ojos sintiendo por primera vez en todo ese tiempo, un genuino descanso pese a las rudimentarias condiciones en las que dormía. La dura superficie del suelo no logró este día que su cuello se quejara con un crujido doloroso y asumió que el cansancio había actuado a favor de su recuperación.
Negándose a despertar, optó por acomodarse sosteniendo el poco sueño que aún conservaba. No obstante, caro le salió el moverse cuando su espalda se lo reprochó con un punzante dolor que le hizo tensarse cual cuerda de instrumento. Su cuerpo vibró buscando la manera de mitigar el dolor y que consiguió tras dar unas profundas y continuas inhaladas.
Contuvo la queja mientras en su cabeza se agolpaban súbitamente las imágenes que unidas a las sensaciones, erizaban su piel. Por sus mejillas, comenzaban a arrastrarse toda la carta de colores rojizos que pudieran existir al punto de quemarle la piel y Allen no podía entender cómo había dormido tan plácidamente después lo ocurrido; es más, ¿cómo era que aún estaba vivo?
El dolor en su coxis se encargaba de recordarle a detalle la noche anterior. Y para ser sinceros, no era una grata sensación.
Su primer impulso habría sido exclamar alguna clase de improperio pero se vio en la incapacidad de darse ese gusto cuando la respiración del oriental golpeó su nuca con fuerza, quizás fue uno de sus típicos resoplidos.
¿Dormía? No tenía manera de saberlo ya que estaba dándole la espalda. Sentía el cuerpo del espadachín prácticamente tras el suyo y por algún motivo le invadió una fuerte conmoción que no le permitía tomar una línea de pensamientos lo suficientemente coherente para al menos distraer su cabeza y ablandar sus miembros dolorosamente rígidos.
La piedra bajo él nunca le había ocasionado tal dolor corporal como el peso de la verdad.
Bien. Si algo Allen entendía, era que había dado un gran paso hacia la adultez. No de la manera más adecuada pero no era como si estuviera en momentos de adornar, justificar y excusar sus actos.
¿Excusar qué? ¿Que tenía una fuerte atracción por su compañero exorcista? Sinceramente no esperaba que el tener sexo con Kanda fuese la confirmación que necesitaba para aceptarlo, pero era bien terco y ahí estaban las consecuencias.
Las relaciones sentimentales no habían formado parte de sus inmediatos intereses debido a su profesión (aunque no sabía si por ser un clérigo tendría que pagar con algún voto de castidad como en organizaciones de antaño); pero mentiría si decía que no se había hecho ilusiones con respecto a una familia.
El asunto del día siguiente era otro tema rondando por su cabeza como el molesto subido de un insecto. No podría ignorarlo por mucho tiempo y lo sabía. Para el inglés no hubiera supuesto problema alguno si la noche anterior no hubiera sido con Kanda Yû con quien tuvo relaciones sexuales, pero eso sería rodear el problema sabiendo que no quería que fuese con alguien más.
Así de masoquista era.
El shock emocional de repetirse mentalmente ese nombre le hizo que se tensaran todos los músculos al punto de dolerle el doble que al inicio, aunque no más que su espalda debido a los tratos del asiático. "Maldito bruto" se quejó mentalmente conteniendo el gruñido de frustración por el dolor post-traumático que su cuerpo resentía.
Quizás para esas alturas, los leves estremecimientos habían sido sustituidos por fuertes espasmos de nerviosismo, no obstante, el dolor matutino había sido opacado de nuevo por la incertidumbre. No estaba en condiciones ni tenía la voluntad para negarse a sí mismo que disfrutó cada uno de los gestos que Kanda le regaló; y que a pesar de la rústica e improvisada sesión de sexo, detestaría encontrarse con la indiferencia que experimentó antes.
No lo soportaría.
Ahora que se sentía tan dependiente del otro exorcista en muchos aspectos, consideraba que un rechazo directo acabaría con la poca cordura acumulada. Que le aterraba la idea de abrazarse a la soledad que era lo único que quedaría tras de Kanda.
No había más nadie allí. No tendría el refugio de las misiones, ni el bullicio de las concurridas calles a donde huir, no había conversaciones ajenas con las que ocupar sus pensamientos para alejarlo de su pena y mucho menos el ruido de los cascos de los caballos a galope o el murmullo las labores.
Era tan patético…
Al caer en cuenta de lo que había permitido (porque tuvo oportunidades de sobra para frenar lo que sucedía), tuvo una fuerte necesidad de huir. Si el mayor le pedía que lo olvidase, sería el fin definitivo. Prefería que no lo mencionara y que volviera a la actitud de antes en la que simplemente le respondía sin emoción salvo el desdén, pero que al menos no le ignorara. No quería más indiferencia.
— ¿Por cuánto tiempo planeas seguir haciéndote el dormido? —su cuerpo convulsionó con pánico. Las palabras de Kanda ahora le parecían más graves y profundas internándose en sus oídos hasta doler, aunque seguramente eran impresiones suyas. Asumió que a pesar de su breve; muy breve para su gusto, momento de reflexión, tenía que enfrentar la situación. Pasó saliva angustiado—Hay muchas cosas que hacer, Moyashi—prosiguió el moreno al notar que el albino no mencionaba nada.
La saliva no se deslizaba por su garganta con facilidad, así que pasarla, supuso un verdadero reto para Allen que por poco se ahoga. Tenía las emociones a flor de piel y casi pudo completar la frase del mayor con una línea de novela lo suficientemente deprimente como para escribir un guión.
—Si hay algo que tengas qué decir, hazlo—respondió intentando que su voz sonara segura o se mostrara indiferente, pero sabía que en vano era cuando su cuerpo aún temblaba.
Pasaron segundos y más segundos que a su percepción parecieron horas lentas y atormentadoras. Se preguntó cómo en ese lapso, su mente pudo crear líneas y líneas perturbadoras que intentarían barrer definitivamente la noche anterior a pesar de que su piel conservara evidentes rastros por los días siguientes. Cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio. Dolía mucho, pero aún así no podía distraer a su cuerpo para que dejara de mostrarse tan débil. No se había dignado a mirar a Kanda ni una sola vez.
Contrario a lo que había creído, escuchó al mayor rechinar los dientes antes de hablar— ¿Y se puede saber de qué carajos estás hablando? —a Allen no le quedó de otra que volverse y contener el aliento ante el rostro irritado de Kanda.
Como una de sus tantas notas mentales, se recordó que estaba en terreno inseguro y debía tantear prudencialmente antes de avanzar.
Pasó saliva antes de balbucear incoherencias que hicieron al moreno rodar los ojos exasperado antes de tomarle con la barbilla con los dedos pulgar e índice. Le lastimaba pero eso era algo en segundo plano en ese momento—Habla de una puta vez que no te entiendo.
Inhaló a profundidad sintiendo repentinamente un molesto escozor en los ojos que le obligó a apretarlos fuertemente, evitando que cualquier lágrima se derramara frente a ese idiota—Que entiendo que quieras que olvide—comenzó extrañándose a sí mismo de sonar tan convencido—. No hace falta que lo digas, tan sólo-
— ¡¿De qué diablos hablas?! —le tocó gritar al oriental sin seguir la línea que el albino sugería. Con la exclamación había soltado el rostro del menor que cayó sobre su espalda sin reprimir la mueca de incomodidad.
Al no poder procesar por completo la pregunta de Kanda se obligó a verle mientras ladeaba el rostro con evidente gesto de confusión. Esperaba más indiferencia pero por el contrario el mayor sólo le veía con más irritación que de costumbre en espera de algo. Decidió continuar sólo para asegurarse de que no se estaba haciendo ideas erradas.
—Creí que lo primero que dirías sería que olvidara lo que pasó…—susurró ahora incapaz de sostenerle la mirada y perdiendo completamente cualquier rastro de valentía para terminar la frase.
Escuchó al mayor dejar escapar un resoplido que le sonó a derrota pero a eso se le hacía tan improbable que asumió que su imaginación estaba creando cosas.
—No sé qué tanto estarías pensando—la voz del samurái cortó sus pensamientos de tajo, se escuchaba vibrante y molesta. Contenida de alguna manera que a él le pareció ridícula —, pero no estás en condiciones de poner palabras en mi boca.
— ¿Eso qué significa? —instó Allen volviendo la mirada con curioso interés borrando los rastros desesperados que mostró algunos momentos antes.
—Significa que las cosas siguen su curso y que tú despertaste más idiota que de costumbre—el menor lo meditó un momento pero terminó haciendo una mueca de disgusto. ¿Acaso le costaba hablar claramente?—. Quizás me excedí—continuó el japonés con sonrisa prepotente al ver que el rostro del muchacho se cubría de un profundo rubor hasta las orejas.
— ¡Maldito bastar-! —quiso lanzar una patada pero al descubrir que sus movimientos estaban excesivamente limitados sólo pudo morderse la lengua evitando que sus cuerdas vocales exteriorizaban la punzada que se extendía por su espalda. Gruñó plantando su puño en repetidas ocasiones contra el suelo.
—Sí, me excedí—repitió Kanda con jactancia en su voz como si fuese en un orgullo que Allen se encontrara literalmente inútil a causa de sus atenciones. Allen bufó algo parecido a un insulto pero fue mascullado tan bajo que dio la impresión de que dicha palabra no existía.
Enfrascado en una larga lista de insultos contra el ahora: culpable de sus desgracias, no se percató que el moreno se incorporaba y colocaba sobre sí su chaleco de exorcista. Cuando las hebillas; o mejor dicho las hebillas que quedaban, chocaron contra su piel, fue que pudo darse cuenta del detalle de que aún seguía desnudo. Con un rubor más intenso que los anteriores, se ocultó bajo las telas lo mejor que podía a sabiendas que era algo ridículo.
Kanda se mantuvo callado mientras se colocaba los precariamente pantalones y salía si mencionar palabras. Mentalmente, agradeció el gesto ya que se le haría más fácil asimilar las cosas con algo de privacidad; aún así, fue realmente poco lo que pudo hacer para disimular la sonrisa que ahora enmarcaba su rostro.
La brisa marina llenaba sus pulmones. Desde la última vez que había tenido la oportunidad de viajar en barco, la experiencia no había sido grata. Recordar su viaje desde tierras chinas a Edo, no le causó ningún tipo de alivio, pero prontamente consiguió entretener sus pensamientos, centrándose en la actual misión y deseando profundamente que sus esfuerzos rindieran frutos.
Con una tacita de té calentando confortablemente sus alargados dedos y sorbiendo de a cortos tragos, Miranda intentaba que sus cavilaciones no le embargaran de tristes desenlaces. Se recordó a sí misma y la angustia experimentada cuando las líneas de tiempos desaparecían de su Time Record, cuando los exorcistas más jóvenes quedaron encerrados en el Arca y el cómo milagrosamente habían vuelto.
Alarmantemente heridos, pero vivos.
Tras una vida llena de penurias y fracasos, ahora era una persona completamente útil. No dejaría que sus experiencias y dudas opacaran las esperanzas del grupo. Sus compañeros estaban dando su mejor esfuerzo y ella, que era la adulta, debía dar el mejor ejemplo. Sonrió complacida con su resolución y dio otro sorbo apenas su risilla se disolvió en el frío viento nocturno.
Olía a sal mezclándose con rosas. Era extraño y embriagador, pero con un efecto lo suficientemente relajante que mantenía a flote sus esfuerzos optimistas. Sonrió.
— ¿A qué se debe tan buen humor? —Lenalee se acercó y se sentó con un grácil movimiento en la baranda, dejando que sus piernas delicadamente dobladas quedaran suspendidas.
Miranda alzó la vista observando a la joven exorcista colocar sus cortos cabellos tras la oreja, dejando que sus dedos formados en un arco los sostuvieran por algunos instantes antes de que se rebelaran en su contra y volvieran a agitarse contra su rostro.
No había crecido mucho, apenas y eran unos hilillos negros y desordenados que tocaban su cuello y enmarcaba parte de sus mejillas. Dos ganchillos pequeños sostenían una parte de estos permitiéndole a la muchacha que su frente se mantuviera despejada; y aún así, no se había perdido la gracia juvenil, adorable y desbordante que a ella le deslumbró cuando la conoció.
—Pensaba en que esta vez—dijo con la voz en un hilo más por tranquilidad que por timidez. El té hacía milagros con ella—, podré devolverle el favor a Allen-kun y ayudar a Kanda-san—pudo notar que la china parpadeó un poco antes de entender por completo su afirmación, pero antes de dejarla mencionar algo al respecto continuó dejando que la tranquilidad se evaporara—. ¡Lo siento! ¡Yo que soy una exorcista novata no debería decir esas cosas tan arrogantes!
— ¡Miranda! —le amonestó Lenalee con expresión seria levantándose del barandal con un súbito movimiento. Cuando la vio con temor por ese llamado reprobatorio, la adolescente ya tenía las facciones suavizadas y enternecidas mientras apartaba de su rostro unos cabellos castaños, haciéndole cosquillas—No se trata de que seas novata o no. Sólo tienes que hacer todo lo que esté en tus manos y estoy segura que Allen y Kanda te agradecen lo que haces en las misiones aunque no lo expresen con formalidad—dijo lo último más por el exorcista oriental.
La alemana le dirigió una expresión tímida y luego sonrió en agradecimiento a sus palabras. Aún le era difícil acostumbrarse a no arruinar las cosas en cada ocasión pero al menos debía reconocer que había recuperado algo de confianza en su estancia en la Orden Oscura. Terminó echándose en brazos de la exorcista joven que la rodeó como si fuese la mayor, deslizando confortablemente las manos por su espalda.
—Jo, hacen fiesta y no invitan—se quejó fingidamente Lavi que se acercaba con las manos entrelazadas tras su cabeza y un Timcanpy muy acomodado entre sus cabellos. El pelirrojo había abandonado la bandana verde y ahora sus hebras carmesí caían desordenadas por todo su rostro—. No me digan que es alguna clase de reunión sólo para chicas porque en serio me sentiré excluido y no soy muy bueno para lidiar con la depresión.
—Lavi-san, si se siente deprimido—dijo modestamente Miranda apartándose disimuladamente del caluroso abrazo de su compañera—, puedo recomendarle una infusión de hierbas que ayudan con la ansiedad.
Lenalee rió y Lavi estalló con una carcajada que hizo que la alemana mirara confundida primero al joven bookman y luego a la exorcista asiática.
—No te preocupes Miranda. Lavi no sufre de ese tipo de cosas—aseguró la morena ignorando el «¡Oye!» indignado del pelirrojo y una fingida rabieta en búsqueda de una atención que no obtuvo.
Tras la breve risa, el trío permaneció en silencio por algunos instantes. Cada uno en sus pensamientos particulares, aunque rondando en la situación que les competía y por la cual se encontraban en medio del océano siendo azotados por vientos irregulares que silbaban en sus oídos.
Los tres tenían dudas que no querían exteriorizar para no doblegar su voluntad y mucho menos para influir en el ánimo de los demás. Sabían que había cosas que se debían esclarecer si querían continuar a todo riesgo. Esto era una situación que a Lavi particularmente, le estaba costando ignorar por mucho que su profesión le obligara a mantenerse calmado.
A algunas semanas de lo que calculaban, se encontraban del punto de referencia mostrado por el golem dorado, decidió que por más incómodo que fuera debía enfrentarlo con anticipación. Cerró su ojo visible y suspiró suavemente para organizar sus ideas y escoger las palabras más adecuadas.
—He estado revisando los registros que les había comentado—inició el bookman ganándose la inmediata atención de las féminas— y he analizado ciertas condiciones que podrían ser necesarias para que ese fenómeno vuelva a presentarse.
Lenalee que aunque le costó seguir a Lavi, entendió al poco tiempo a lo que se refería. Miranda sólo tenía la confusión enmarcando su rostro, pues aún le costaba ponerse al día con los distintos fenómenos que podía ocasionar una Inocencia. A decir verdad, no quería recordar las grabaciones porque le llenaba de ansiedad.
—Te refieres a esperar o estimular a la Inocencia para que actúe—prosiguió la asiática aunque no se supo si fue una pregunta o una afirmación.
—Pueden existir factores que la estimulen—consintió Lavi mostrándose serio pero no inquieto— o que simplemente se defienda, pero falta saber de qué.
Era un pedazo de tela transparente. A Kanda no podía entender por qué el Moyashi se seguía empeñando en usar eso que aún seguía llamando ropa. Él bien podía asegurar que por sí sola terminaría deshaciéndose al ser sometida a los estragos de la intemperie y las constantes lavadas.
En cambio él, sacando a relucir su lado pragmático, había decidido utilizar la suya para fines necesarios ante la obvia falta de materiales para subsistir. Para el momento, sólo quedaba su chaleco de exorcista, ahora abierto por el calor y por supuesto, para evitar que su piel se lacerara con el sol. En ocasiones, sencillamente decidía a ir sin nada cosa que no sucedía con el albino que ni aunque el sol estuviera en su máximo punto, abandonaba sus desgatadas prendas.
Observó de nuevo la "camisa" del Moyashi. Estaba manchada, desgarrada en los extremos y con pequeños agujeros por las ramas que se enredaban en ella; eso, obviando el pequeñísimo detalle de que literalmente podía ver la piel a través de la misma. Balanceó su cabeza haciendo su melena se agitara con la negación mientras adelantaba algunos pasos por delante del menor que aún le costaba mantener un ritmo en su caminata.
Sonrió, pero se obligó a amarrar su lengua evitando los comentarios mordaces. Una agitación innecesaria entorpecería el trabajo que les estaba costando llegar a la cima y por "costar" se refería a cierto albino que caminaba con exagerada lentitud. Emitió un resoplido que bien pudo ser atribuido al calor sofocante sin embargo la costumbre tenía la mayor parte del mérito.
Allen en algún punto había empezado a jadear con cansancio y aunque estaba tímido, en algunas ocasiones seguía respondiendo con ímpetu a cualquiera de sus sarcasmos e incluso aún intentaba golpearle pero sin demasiado éxito. Kanda por su parte, se contentaba y vanagloriaba con no darle descanso a su cuerpo desde que comenzaron a tener ese-no-sé-que-diablos-sea-pero-se-siente-bien; y a pesar de que el albino se seguía quejando cada amanecer, sabía que eran simples exageraciones.
No era como si fuese un animal hormonal, al menos no en el sentido que lo expresaba el inglés.
Se giró sólo para comprobar que el pequeño idiota siguiera su paso. Ese día estaba particularmente lento y aunque no estaba ni cerca de irritado (puesto a que no tenían que tomar verdadera prisa), dejó ver un ceño fruncido sólo por hábito.
—Oye, idiota—le llamó—. No tengo intenciones de seguir soportando el sol sólo porque decidiste hacerle competencia a las tortugas, así que mueve tu trasero más deprisa.
Allen que se había detenido un momento para observar con curiosidad algunas bayas y comprobar si eran comestibles, le dirigió una mirada inquisidora y cargada en molestia—Pues nadie te está pidiendo que me esperes—dijo sin más inclinándose a tomar algunas de las frutillas.
La intención de ignorarle era obvia al punto de infantil, nada que pudiera crearle alguna ofensa significativa. Chasqueó y rodó los ojos dejando que Mugen aterrizara en su hombro con algunos golpecitos. El sol comenzaba a picarle verdaderamente, atravesando molestamente el negro de sus ropas. Podía resistirlo pero se estaba fastidiando de esa sensación cosquilleándole la espalda.
—También puedo arrastrarte—propuso sin una pizca de humor en sus facciones. Observó como Allen casi refutaba así que continuó—. Déjate de estupideces, no podemos confiarnos en tu sentido de orientación.
El exorcista más joven que hasta el momento parecía tener un argumento, terminó cerrando la boca mientras apresuraba el paso. Había comenzado a comer algunas bayas sin demasiado protocolo por unos pasos detrás de Kanda que al sentirlo cerca, se tranquilizó y caminó a un ritmo que estaba seguro Allen era capaz de seguir sin inconvenientes.
Más pronto de lo que hubiera deseado, el mareo que había experimentado en días anteriores se hizo presente. Avanzaron un par de horas aproximándose al lugar que le había relatado al otro exorcista y aunque posiblemente aquel recorrido no tuviera sentido alguno, el albino había insistido. A Kanda sinceramente no le quedaba claro qué pretendía el menor, pero era mejor que simplemente quedarse encerrado en el refugio y reducir las posibilidades de entender la situación.
Una corriente fría le golpeó de frente dándole la impresión de que había una pared invisible. Había sido momentáneo pero lo suficientemente perceptible como para que pasara desapercibida. Su percepción aún se encontraba aguda como notar que eso no tenía coherencia alguna, quizás no fuese un científico pero sabía de sobra que un evento así, no era para nada normal.
El jadeo a su espalda atrajo su atención y al girarse se encontró con Allen bastante agitado. A simple vista podía percibirse que hacía un notable esfuerzo por mantenerse en pie. Se aproximó, un par de pasos de regreso y colocando rodilla en tierra notó el sudor frío que deslizaba copiosamente desde las sienes del albino.
—Volvamos—dijo indemne y haciendo caso omiso a cualquier gesto de incredulidad en el rostro del niño, terminó pasando un brazo sobre su hombro y levantándolo con su peso.
—N-no Kanda…—susurró con evidente esfuerzo y queriendo alejarse de la ayuda brindada. Las mejillas estaban sonrojadas con dureza hasta las orejas, completamente imposibles de ocultar y él quería creer que era de vergüenza y no anunciando una inoportuna enfermedad ahora que no tenía nada para contrarrestarla— te dije que me trajeras y aún no-
—No será necesario—replicó comenzando caminar cuesta abajo—. A partir de este punto se puede sentir el cambio de atmósfera. Tendrás que conformarte en sacar tus conclusiones sólo con eso—no pudo observar la expresión de Allen pero interpretó su silencio como el consentimiento necesario para regresar.
Ya no tan incómodo como en otras y muy contadas ocasiones en las que había ayudado al albino, se sintió ridículamente prudente. Él, que acostumbrado a hacer uso de su habilidad se arrojaba a desventajosos ataques, había tomado extrañas costumbres ante el pensamiento de que en ese sitio no tendría oportunidad alguna de regenerarse.
El pensamiento tensó cada una de sus facciones, la mandíbula le dolió un poco pero ignoró la sensación centrado por completo en diferentes escenarios sin consolarse en lo absoluto con alguno. Para su desgracia, descubrió algo que no hubiera querido.
Lo que en algún tiempo hubiera supuesto su liberación, ahora le resultaba aterrador. Era una sensación que pulsaba en sus venas constantemente y estaba taladrando en su cabeza evaporando su sueño por las noches. Había querido una prueba de su existencia, una sensación que al descubrir su naturaleza había dejado de lado y que recientemente había vuelto con fuerza.
Y ahora que la encontró también se encontró a sí mismo queriendo alargar su tiempo un poco más. La idea del por qué brotó esa idea, no era del todo clara, pero al menos podía decir con certeza cuál era la causa de esa agitación en su recién descubierto apego a la vida. El conocer la respuesta había traído consigo un gran peso que quería olvidar y una vez más, confirmó que la ignorancia es la felicidad de muchos.
Ya no deseaba su liberación.
Notas finales:
Muchas querran asesinarme por saltarme la lemonada y si siguen mis demás historias, sabrán que he comentado que no me siento cómoda escribiendo lemon (salvo en aquellas ocasiones en las que la necesidad de porno puede más que mis incomodidades).
Por otra parte, hay algo muy importante que quiero comentar. He comenzado a leer mis historias y al notar tantas fallas ortográficas y gramáticales en tiempos verbales y otros, he decidido corregirlas poco a poco. Mi primera víctima fue este fic, es por eso que me tardé en la publicación de este capítulo a pesar de tenerlo listo desde hace un tiempo. Ya he subido los capítulos corregidos. Hay partes con las que no estoy muy conforme pero si lo cambiaba por mi actual escritura, perdería la escencia del fic y esa no es la idea. No sería justo con las lectoras que muy amablemente me han hecho sus críticas.
De cualquier manera, los cambios quizás para muchas no serán excesivamente notorios pues la idea está prácticamente intacta, es sólo la redacción que se ha simplificado en su mayoría.
A los que sigan leyendo esta historia, muchas gracias y espero que me acompañen hasta el final que se acerca.
Por cierto, sigo preparando el proyecto que les comenté en el capi anterior.
Hasta pronto. (Espero).
