CAPITULO VII: Napola

Encontraras a alguien que terminara por descubrir cómo te enfadas por todo cuando estás cansado

— ¡Jean levántate! ¡Marco está aquí! — no sé si sus piernas están enredadas con las colchas, no estoy completamente seguro, pero me hago bolita cuando Jean saca volando todas las cobijas mientras se levanta de un brinco. El colchón se hunde y después rebota al sentir un peso menos, pero el rebote es tan grande que pareciese que pesa 500 kilos. Me obliga a levantarme para no caer a un lado de la cama.

Jean se cambia la ropa con rapidez, pareciese que le acaban de decir que tenemos que desalojar la casa. Me mira de reojo.

—Vístete rápido — ordena.

Me limpio los ojos y bostezo, no es tan temprano. No puedo descifrar la actitud de Jean mientras se baja el pantalón y se pone otro, limpio, mientras se saca el pijama y se pone la polera y el saco, y se peina el remolino de la cabeza de un lado a otro mientras me levanto. Se encierra en el baño. Es un huracán esta mañana ¿no? Dejando destruida la habitación, pero ordenada su apariencia.

Me visto. Mi cabello está bien y mi cara también, espero el baño para poder lavarme con suficiente meticulosidad, más que Jean, Jean nunca se limpia tanto. Al final estoy vestido y me da tiempo de tender la cama cuando Jean decide salir del baño. No se ha bañado, pero pareciera.

— ¡Apresúrate! — no lo dice de mala manera, pero tampoco sé cómo interpretar su entusiasmo. Entro al baño y me lavo la cara, cuando termino escucho el crack de la puerta que indica que ha salido corriendo. Que sea lo que Dios quiera, intente ser tan rápido como él.

¿Cuánto tiempo paso? ¿Cuatro minutos? ¿Cuatro minutos y medio?

Salgo detrás de Jean. Corriendo a zancadas, el baja los escalones de dos en dos para llegar al vestíbulo de su casona. No sé qué pensar de la noche anterior y la inflamación en mi garganta en realidad me impide decir todo. Jean cae al piso, a la alfombra con ambos pies y corre hasta un muchacho. Le abraza como si la vida se le fuera.

— ¡Jean! — Grita su madre — ¡Déjalo respirar!

Me posiciono en el primer escalón de la escalera. Admirando la conmovedora escena. La madre de Jean está mirando también. Ambos muchachos se abrazan y se palmean la espalda, con una fuerza que raya en la violencia. Después Jean le besa la coronilla y la cabeza, dan media vuelta y puedo ver la cara del chico recargada sobre el hombro de Jean.

— ¡Marco! — grita Jean tomándole de los hombros — ¿¡Cuando llegaste!? ¿¡Porque no llegaste antes!?

El muchacho se ríe un poco.

—Lo lamento, llegue anoche — sonríe amablemente. Es todas sonrisas y felicidad. También Jean extrañamente. —, sé que fue el cumpleaños de tu padre, no quise llegar sin invitación.

— ¡Tonterías Bodt! — Grita Jean apretándole los hombros — ¡siempre puedes venir!

—Claro que sí, el mejor amigo de mi hijo siempre es bienvenido en esta casa — corrobora la madre de Jean —, aunque el ambiente estuvo pesado anoche, ¿no crees Jean? Estuvo bien que llegaras hasta hoy Marco… Armin sintió el ambiente.

— ¡Oh! — Dice Marco mirando por encima del hombro de Jean — Bueno eso me lo supuse.

Me está mirando, pero no se aventura a hablarme sin que seamos presentados antes, me encojo en mi lugar. Jean no parece tener intenciones de girarse a verme, la madre de Jean intercede por mí y me toma del hombro.

—Marco, él es Armin. Es compañero de Jean en la Napola — sonríe la mujer robusta. Por fin Jean voltea a verme para mirarme con una sonrisa de felicidad inmensa que no es en realidad por mí.

— ¡Ven aquí Armin! — me pide Jean — Él es Marco, Marco Bodt. Mi mejor amigo… nos conocemos desde pañales ¿verdad Marco?

—Mucho gusto, Marco Bodt — Marco extiende su mano para apretar la mía, tengo la necesidad de juzgarlo, pero no lo hago. El muchacho es un par de centímetros más alto que Jean, pero también más delgado.

Tiene el cabello morocho, los ojos negros, y el rostro cubierto de tiernas pecas por encima de la nariz y debajo de las ojeras, que son grandes y violáceas, pero contrastan con su piel tostada. Esta sonriendo con sus perfectos dientes blancos y sus manos se sienten gentiles y cálidas. La clase de chico que quieres que te toque.

Suponiendo que quieras que te toque alguien.

O que te toque un chico básicamente.

— ¡Pero que te ha pasado en el cuello! — suelta mi mano y lleva sus manos hasta mis hombros me acerca a el — déjame revisarte, ven acá.

Marco me acerca a una silla que está en el vestíbulo, me doy cuenta de que no he dicho nada, no he hablado ni mencionado una sola palabra. No soy malo para hablar, debería poder decir algo, pero las palabras se quedan pegadas a mi garganta y no sé si es por los golpes de ayer o si es por las náuseas de mi estómago. O por ambas y algo más que no quiero mencionar.

O por el beso de anoche.

—Reconozco estos moretones en donde sea — Marco pone sus manos en mi cuello y masajea la zona afectada haciéndome temblar ligeramente —. son de las pistolas de Jean ¿no es así?

Por primera vez la expresión de Jean cambia un poco, se vuelve sombría y mira al piso con arrepentimiento no fingido, Marco no se molesta en esperar su afirmación. Sabe lo que son. Aunque no sabe cómo me los he hecho, parece no tener intenciones de preguntar.

—Marco está estudiando medicina en Berlín. — Sonríe la mujer, Marco se sonroja — es un excelente estudiante ¿no es así Marco? Antes estudiaba aquí en Múnich, pero se ganó una beca y tuvo que irse, hace un año.

—El día más triste de la vida de Jean — Dramatiza Marco sobándome el cuello.

—Idiota — sonríe el castaño —. No bromees con eso, realmente me puse triste.

—Vamos, vamos Jean. Después de 15 años juntos, un día uno se iría… y todo el mundo sabía que te irías a la Napola, solo me adelante — el pecoso sonríe para Jean, pero me mira fijamente y termina de mirarme el cuello —, parece que no tienes nada grave, te va a costar volver a hablar… ayer tenías la garganta caliente, hoy tus músculos están tensos así que no te sobre esfuerces. El dolor se ira en unas horas, para mañana estarás perfecto.

Asiento.

—Bueno chicos, pasemos al comedor a desayunar.

Marco parece dudoso. Me detengo a pensar, realmente no quiero pasar por otra incomoda conversación con el padre de Jean, tengo la ventaja de no poder hablar de momento, pero las burlas por eso mismo serian insaciables, no tengo el alma para tanto. El señor todo sonrisas y felicidad aprieta el hombro de Marco.

—Tranquilo amigo — le sonríe mostrando sus perfectos caninos de perro mordelón —. Mi padre ha salido al trabajo hoy muy temprano ¿verdad madre?

La madre de Jean sonríe comprensiva y se gira para entrar al comedor, Marco mira al piso unos segundos, se mira los zapatos, se muerde el labio y sonríe asintiendo. Parece convencerse a sí mismo. Jean sonríe aún más ampliamente cuando el pecoso da un paso al comedor. A aceptado la invitación. Jean sigue adelante sin mirarme.

Da un paso y medio cuando lo decide.

—Vamos Armin — me extiende la mano —, nadie va a hacerte daño.

No sé si se burla, pero no se ríe y eso me da cierta seguridad. En realidad, ni siquiera está sonriendo, a comparación de la mirada que tiene con Marco… la que me dirige es diferente, no hostil, ni grosero, pero seria y dedicada. Ignoro su mano y asiento, paso de largo al comedor sintiéndome como una carga. A la que le duele pronunciar palabras.

Marco y la señora Kirschstein están sentados uno junto a otro, decido tomar un asiento justo al lado de la mujer, Jean se sienta a lado de Marco, no me extraña, pero algo se forma en mi estómago, una capa de sulfato de sodio, o algo con mala solubilidad en el líquido orgánico de mi estómago, parece que quiero vomitar.

Jean me ignora toda la primera parte del desayuno, no es en realidad que me ignore simplemente está atendiendo a Marco, se desvive en atenciones a su amigo, el otro, no me causa molestia ni nada, pero en realidad es Marco una persona sociable y amable, con una actitud seductiva en el sentido en el que ninguna pregunta que haga puede ser ignorada, incluso si debo forzar los monosílabos en mi garganta. Es realmente querido entre la señora mamá de Jean y por supuesto entre este mismo.

— ¿Qué tal están las cosas en Berlín, Marco? — la señora Kirschstein, pregunta con suavidad, por primera vez veo su mirada preocupada desde que llegué.

Marco no contesta de inmediato, en realidad piensa bien en lo que va a contestar.

—En la escuela las cosas son un poco difíciles — admite —, las personas parecen comenzar a tener ideas de odio hacia los judíos, me hacen la vida complicada. Pero nada imposible.

Jean aprieta la mandíbula y ahora entiendo porque Marco no quería cruzarse con el padre de Jean. Es un judío, vaya que no me di cuenta en un principio, quien diría que el mejor amigo del hijo del teniente de la sub división de Múnich es un judío. Y con lo difíciles que están las cosas, el pobre joven becado parece tenerla difícil.

—En realidad no me afecta, nada de lo que digan me hará dejar de ser un judío. Las cosas mejoraran — sonríe tomando jugo de calabaza.

O empeoraran. Frunzo el ceño a mi plato, Jean luce preocupado, traga saliva rápido. De pronto también siento lastima por Marco. Vaya que, si las cosas están difíciles ahora, quien sabe cómo estarán en unos años. O cuando haya elecciones de nuevo. Dios nos ampare.

La guerra no está hecha para hombres como yo. Ni para judíos.

—Además ser un médico es un verdadero honor y privilegio — sonríe y bebe más jugo de calabaza, Jean le golpea la espalda, el muchacho se ensucia las comisuras de la boca y derrama jugo naranja sobre el mantel

—Es una estupidez Marco. Admítelo, te volviste medico porque quieres toquetear chicas enfermas — se ríe el castaño.

— ¡Que! Claro que no — se ríe el pecoso — Por dios, solo tú tienes cabeza para pensar en eso.

—Pero si algún día tienes problemas, por dios, sabes que puedes venir. Nosotros somos tu familia — insiste la madre de Jean —, nunca tendrás nada que temer mientras estemos de su lado.

—Eso es muy amable de su parte — sonríe Marco —, ustedes son parte de mi familia.

—Claro que lo somos, torpe — sonríe Jean dándole un ligero golpe en el hombro.

—Bueno — Marco se limpia las comisuras de la boca —, realmente me gustaría quedarme…

— ¡No hables sobre irte maldito! — grita Jean.

—Lo lamento Jean, pero debo ir a mi casa, ayudar a mi madre… sé que no vas a estar por aquí últimamente.

— ¿Cuándo te vas? — pregunta Jean con ojos de cachorro, Jean tiene cara de perro. Termino el desayuno antes de mirar a Marco evadir la mirada del castaño

—Me voy el lunes en la noche.

Jean suelta los cubiertos enfurecido.

— ¿No vas a quedarte ni una maldita semana?

—Lo lamento Jean, la carrera exige demasiado de mi — sonríe con amabilidad, Jean no puede resistirse y termina haciendo morritos al plato. — vendré para año nuevo.

— ¡Falta medio mes! — grita Jean — ni siquiera sé si podre venir.

—Claro que vas a venir jovencito — regaña su madre — y seria fabuloso si tú también vinieras Marco.

—Me encantaría.

Jean resopla frustrado, Marco le acaricia el hombro. Soy un espectador, un secundario en una obra donde observo todo desde la primera fila. Jean decide poner los brazos cruzados como si tuviera tres años y habla con molestia…

—Entonces… ¿tenemos una cita para año nuevo? — sus mejillas están infladas, Marco sonríe y sus ojos se vuelven dos ''n'' con comisuras al final, su sonrisa dibuja unas comillas a cada lado. Su cara es un poema.

—Por supuesto.

Terminamos de desayunar y pasamos a despedir a Marco en el vestíbulo, en el mismo lugar en el que lo recibimos. Como soy mudo de momento, me da instrucciones de cómo cuidar mi garganta, dice que para mañana estaré en perfectas condiciones, ahora entiendo lo que se dice no tener voz ni voto, Marco me abraza con cariño como si nos conociéramos de toda la vida, aprieta mis manos. Le sonrió con simpatía.

Si hay algo que puedo admitir es que Marco es simpático. Está simpático.

Jean vuelve a abrazar al chico, esta vez sin tanta felicidad, su rostro compungido y sus ojos solitarios tienen nostalgia, su manzana de Adán baja y sube conforme a su respiración, aferra las manos en la espalda del otro y Maco también parece triste de despedirse de su amigo. El abrazo es caluroso y lleva una carga sentimental, que parecen rayos alrededor, me siento desplazado por la electricidad y doy un paso atrás.

Finalmente se separan y Marco se despide de la madre de Jean.

—Te acompaño a la puerta — el chico se mete las manos en los bolsillos, Marco asiente y nos dirige una mirada amable antes de salir por la puerta acompañado por Jean. Escucho murmullos en el porche, pero no me quedo para intentar descifrar lo que dicen.

—Armin — dice la madre de Jean —, el auto los llevara a la Napola en unas tres horas.

Es un aviso, no sé qué esperaba ¿una invitación para navidad? Después de la terrible noche que paso. No gracias. Asiento, sonrió y me pregunto ¿Cómo diablos se llamará la madre de Jean? No tengo ni la más remota idea. Jean se ríe desde el porche y como si tuviera seis años me tapo las orejas y termino de subir las escaleras.

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Encontraras a alguien que terminara por descubrir cómo te enfadas por todo cuando estás cansado

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Jean abre la puerta cuando ya tengo casi todas las cosas en la maleta, no traje casi nada. Solo estuvimos aquí un día, pero me he bañado y me he puesto el uniforme, me he vendado el cuello también. Aunque eso suene fácil, solo significa que Jean estuvo abajo en el porche casi una hora. Casi.

Cierro la maleta mientras guardo mi pijama. Jean tiene la cara nostálgica, se acerca a su propia cama y se saca las botas. Tendí ambas camas. Su peso hace que las esquinas de la colcha se doblen y se arruguen.

—Lamento haber tardado en subir — lo dice al aire, no espera respuesta ¿Jean Kirschstein me pide disculpas?

Me pregunto cómo habría resultado ser esta mañana si no hubiera llegado Marco Bodt temprano, no le estoy echando la culpa, simplemente me pregunto ¿Cómo habría sido la mañana viéndonos fijamente a los ojos? Despertando de una noche extraña, en la que nos abrazamos hasta dormir, en la que me pidió disculpas. ¿Cómo habría sido?

En la que nos besamos.

—Armin, lo lamento — no quiero escucharlo. No sé porque me pide perdón, quizá es por haberme besado. Quizá.

Me canso de esperar una explicación, tomo la maleta y la dejó a un lado de la puerta, Jean se acerca. Se ha quitado la ropa, como me gusta ser manipulado dejo que Jean me tome de la muñeca y me acerque, me gire y me obligue a mirarle a sus ojos avellanados.

— ¿Estás molesto Armin? — no está siendo seductor, está siendo Jean. Y Jean siendo Jean es algo que merece la pena sentir. Jean no es el mismo Jean conmigo que con Marco. Porque siento que de alguna manera desde que nos conocimos Jean no sabe cómo tratarme.

Y bien dicen por ahí, si no sabes cómo tratar a alguien, trátalo como si fuera una mujer.

Eso es Jean, simplemente es eso. No me trata como Armin Arlet, no soy Armin Arlet el chico, Armin Arlet el genio, Armin Arlet el soldado. Jean simplemente me está tratando como se trata a una chica.

Me toma de la muñeca, exijo que me suelte, de momento no tengo voz para defenderme, pero mi postura será firme. No quiero que Jean me toque, no si Jean piensa que soy Armin la chica. O la chica, o nada. Armin significa héroe, hombre del ejército. No significa más que eso, y para el no significa nada eso.

—Maldición — murmura — Eres imposible Armin.

¿Ahora soy imposible? Tengo la culpa de haberme dado cuenta de lo que significó para él, de haber sentido sus labios y luego sufrir una epifanía de luz.

—Deja tu maleta abajo, maldición — está molesto.

Se termina de cambiar. Abro la puerta de la habitación y bajo con la maleta en brazos, no espero a que baje detrás de mí, después de todo aún faltan dos horas para que nos vayamos. Jean se encerrará en su habitación hasta que sea hora de irnos y yo puedo pensar en todos los errores que he cometido desde que le conocí.

Maldito Jean Kirschstein. Maldito Marco Bodt. Malditos todos los que vinieron ayer a la fiesta. Creo que caminaré a la Napola.

Abro la puerta y me voy sin despedirme. Creo que es uno de los planes más estúpidos que he pensado siquiera, hare auto-stop, aunque no puedo hablar, al diablo con eso. Al diablo con todos. Estoy furioso. Estoy celoso. No me importa.

— ¿A dónde crees que vas? — pregunta Jean antes de que baje del porche.

—Me voy solo — la voz me sale nasal o gutural, herida —, no tienes por qué llevarme.

— ¿Por qué estás molesto joder?

— ¿Molesto? Porque me iba a molestar, alguien me trajo a la fiesta de cumpleaños más traumaste de mi vida, lastimado mi cuello con pistolas de juguete y además me ha besado en la cama ¿Por qué me iba a molestar?

—No grites, estas forzando tu voz. Hazme un favor y cállate. Solo nos vamos a largar de aquí y me arrepentiré el resto de la semana de haberte traído y el siguiente fin de semana iremos a tu casa ¿de acuerdo? Diablos, soy demasiado paciente y demasiado educado. Debí haberte golpeado más — Jean me detiene y me toma de la mano.

— ¡Basta! ¿me pides que me calle por bondad o cobardía? Muchas gracias por cuidarme y no, no lo hare — me suelto de su agarre.

— ¿No harás qué? No vas a callarte ¿o qué? ¿No vas a llevarme a tu casa?

—No voy a volver contigo. No vas a venir a mi casa el siguiente fin de semana y no vas a romper mi corazón ¿entendiste? Apunta esa palabra Kirschstein — le pico el pecho —, no lo harás.

Jean frunce el ceño. Tiene los dientes apretados.

—Tú no sabes todo lo que yo hago. Don moralista ¿quieres una lista? Te llevaré a la Napola, voy a ir a tu casa el próximo fin de semana, cortejarte no es mi única ocupación cuando salgo. Mi conciencia me impide dejarte irte solo, conciencia — Hace énfasis —, apunta esa palabra don moralista.

—Jodete Jean — grito pegándole en el pecho.

—Sí, sí, si me jodo — dice tomándome de la cintura y obligándome a entrar a la casa — pero admítelo, estas celoso. No tienes corazón, el mundo está repleto de personas sin corazón, puedo nombrarte tres personas sin pensarlo ni un segundo. Armin Arlet, Armin Arlet, Armin Arlet.

—Te olvidaste de alguien — Jean abre la puerta blanca y entramos, estoy siendo obligado, secuestrado — de ti mismo. Jean Kirschstein. MI CONCIENCIA, me impide decirte algo peor ahora que estamos adentro.

Le saco la lengua.

—Estas celoso, admítelo — se recarga en la puerta con la mirada intensa.

Yo, no estoy…

Celoso.

Y que me parta un rayo si admito semejante tontería frente a Jean. Que me parta un rayo si estoy celoso de que Jean despertara más entusiasmado por ver a Marco que por haberme besado la noche anterior. En ese mismo momento, la mañana de invierno que de por si es nublada se vuelve nevada. Nevada mas no lluviosa y no hay rayos, debe significar algo, pero ¿Qué?

Encontraras a alguien que terminara por descubrir cómo te enfadas por todo cuando estás cansado


N/A: mátenme lentamente, sé que tarde mucho en subir capitulo. Y realmente me gusto como quedo, es corto como siempre, pero espero que les guste. Marco es judío, yo no odio el Jean x Marco, el fandom me hizo despreciarlo un poco, sin embargo, considero que la intervención del muy querido amigo de Jean fortalecerá la relación entre ellos. Armin tampoco lo odia. Esta celoso, jaja es un tonto.

Florecila: amo tus reviews, es como leer poesía, tanto así que me pierdo en vez jajaja . Sin duda creo que Erwin también tendrá una intervención en la historia de estos dos, todos sabemos que a Erwin le gusta Armin, además Armin estuvo celoso hoy… le toca a Jean, mas a Jean, a Jean siempre. No creo que mi estilo sea tan bueno, en realidad creo que va decayendo ayyy, pero en fin si te gusta estoy encantada. Gracias por el halago de la escena explicita amooo tus reviews, dime que eso es un poema porque Dios mío… eso es lo que Jean hace con Armin y lo sabemos. Dios te bendiga mil veces a ti y a tu poética literaria de Reviews. Muchas gracias por tus palabras ya se solucionó todo.

PD: me puse a leer tus fics, no he tenido tiempo de dejar Review, pero esta noche planeo releerlos y dejarte review, muchísimas gracias.

JupterCreek: Amo tu nombre, es lindísimo, ayy muchas gracias que lindas palabras, la palabra erótico es tan linda enserio, espero que también te guste este capítulo, decidí meter un poco de tensión, además de que no supe como retomar el beso entre jean y Armin, creo que por eso más que nada metí esta intervención. Gracias por el review, nos vemos por aquí pronto.