¡Hola!

Ya, sin excusas, se me volvió a olvidar D: si no es un por review que alguien me dejó (¿PIDIENDO YAOI?) no me acordaba de traspasar el fic al pc xD sorry. ¡Dejo el penúltimo capítulo y el más largo!


Los juegos mentales de Gaiomon

Pero ¿qué pasó anoche?

7.- En el barrio chino digital.

Después de hablar consigo mismo durante varios minutos, debatiéndose entre sí y no, iba o no iba, pasó o no pasó, el dragón no podía decidir qué era lo siguiente que iba a hacer. Todo apuntaba que, aparentemente después de embriagarse la noche anterior, algún pequeño y horrible desliz había ocurrido entre Gaiomon y él del que ahora no se podía acordar, pero del que se arrepentiría horriblemente. Por supuesto, no estaría sospechando esa clase de cosas si el hermano de Omegamon fuese un poco más "normal". Todo su yo sin embargo, se negaba a creer que semejante cosa había ocurrido y se daba fuerzas para seguir y averiguar todo lo que en verdad había pasado. Pero…

—No—se decía, negando con la cabeza—, tengo que llegar al final de esto. Gaiomon es un manipulador de primera y de seguro esto no es más que otro de sus juegos—se convenció por fin.

Subió las escaleras y comunicó a Omegamon sus intenciones de estar fuera y "reunir información". El caballero no pareció demostrar extrañeza ni curiosidad. Por el contrario, hasta le deseó suerte al dragón en su tarea. Con esto en mente, OuRyuumon salió del castillo y voló en dirección del barrio chino digital.

Tardó poco más de veinte minutos en llegar, y al aterrizar pocos metros antes de la entrada, los recuerdos regresaron lentamente.

"Por aquí debí haber comenzado"pensó mientras echaba a andar, arrastrando su vientre con la pereza de usar las patas, tan característica de él. Atravesó el gran portal en donde se veía en grabados rojos "Gran barrio Chino Digital". A la izquierda y derecha, había puestos abiertos y cerrados ofreciendo todo tipo de cosas imaginables. Artesanías digimon al estilo oriental, que tanto gustaba a los compradores y visitantes del lugar. Ropas y disfraces típicos, pinturas, telas, tapices y mueblería. Ornamentación y decoración de interiores propias de, estilo chino, y por supuesto, el infaltable olor a frituras, especies, pescado y ramen que llenaba las calles.

Los digimons que a esas horas trabajan, invitaban a los transeúntes a visitar sus tiendas y puestos, con promesas de calidad, satisfacción y excelentes precios. Varios de ellos pararon al General OuRyuumon en medio de su caminata para ofrecerle las mejores armaduras, otros, espadas de curiosas formas, grabados y diseños, que el dragón rechazaba con una sonrisa y un gesto de cabeza, mientras seguía mirando de un lado a otro y reconociendo calles, detalles, letreros y hasta algunas cosas en las que nadie repararía, como un foco en medio de la calle que estaba orientado en dirección opuesta a los otros cientos que iluminaban las calles en las noches.

"Hasta ahora no voy nada mal"pensó el digimon mientras seguía avanzando, hasta que, dando un paso, se detuvo en seco.

No reconocía la siguiente cuadra.

Miró las calles que se encontraban con ella a derecha e izquierda, pero tampoco pudo familiarizarse.

"Hasta aquí llega mi versión…"se dijo, empezando a asustarse. Tragó saliva y se devolvió el paso que había dado, como temeroso de perderse en aquel sector que no conocía. Miró hacia atrás y vio todo tal y como lo recordaba. A su derecha, vio lo último que su memoria había alcanzado a grabar antes de sucumbir a los efectos del sake.

¡El puesto ambulante de Shurimon!

Los dioses le sonrieron al dragón y acercándose, se encontró con el digimon de espaldas a él, cortando a la velocidad del rayo piezas de carne y verduras, y lanzándolas de un movimiento a un gran sartén hirviente.

— ¡Hola!—saludó el dragón, poniendo ambas manos en el mesón.

—Lo siento señor—dijo el digimon sin volverse y lanzando unos restos a un bote al lado de la mesa de trabajo—, atiendo desde las tres en adelante.

—Solo necesitaba hacerle unas preguntas.

El Shurimon se volvió y estuvo a punto de decir algo, pero al darse cuenta de que trataba con uno de los Generales de la Armada, se lo guardó y apagó la cocina.

—Seguro señor—respondió con un tono más sumiso.

—Gracias—sonrió anchamente el dragón—. Seguro se acuerda de mí. Estuve ayer por aquí y…

—No le diré a nadie lo que vi señor, lo prometo.

Esto le cayó a OuRyuumon como un balde de agua fría. Se mantuvo todo lo sereno que pudo mientras se deshinchaba la vena en su frente.

— ¿Cómo que…lo que viste?—quiso saber.

El digimon de pequeños ojos amarillos pareció reducir su tamaño de pronto. Comenzó a sudar frío y hablar de forma temblorosa.

—Pues…que usted estaba más rojo que una langosta hervida señor. Hacía mucho no veía a alguien empinarse doce vasos de sake y no desmayarse en el intento.

OuRyuumon casi se fue de espaldas. ¡Doce vasos! Se sujetó del borde de la tabla y se golpeó la frente. ¡Yggdrasill santo! Si Omegamon se enteraba… ¿dónde había echado tanto trago? Se avergonzó de sí mismo y apenas si se atrevió a mirar al Shurimon mientras hacía otra pregunta.

—El sujeto que estaba aquí conmigo…el de negro…

—Creo que él solo tomó dos rondas, pero pagó todo—sonrió el digimon, feliz por la buena venta.

El dragón se tragó los tacos y se contuvo de golpear la mesa. ¡Maldito Gaiomon! Lo había planeado todo.

— ¿Usted entrega boletas?—preguntó para terminar su entrevista.

—Por supuesto—respondió el digimon.

— ¿Podría verlas?

El Shurimon le alcanzó el talonario de boletas, y al dragón se le heló la sangre de ver lo que veía. El papel era blanco…y el recibo de Gaiomon era de color violeta. Significaba que… ¡habían estado en otro lugar!

Dejó el talonario sobre la mesa, y apoyando los codos, se agarró la cabeza. Su búsqueda aún no había acabado. ¿A dónde ir ahora? El Shurimon lo vio apesadumbrado y preguntó amablemente:

— ¿Está usted bien?

OuRyuumon negó con la cabeza, mientras pensaba qué sería lo siguiente que haría. En eso se le ocurrió algo.

—Ayer mientras estábamos aquí—le dijo al dueño del lugar— ¿usted escuchó algo de lo que hablábamos?

El digimon de blanco y verde volvió a ponerse nervioso, pensando lo peor.

—Sí señor, pero no diré a nadie de lo que escuché…

—¡NO ME ASUSTES CON ESO‼—rugió OuRyuumon levantándose y dejando al otro un metro más abajo, temblando y encogido. Resopló y regresó a su lugar—Es decir…dime lo que escuchaste.

Ante el silencio del digimon, OuRyuumon adoptó un tono más amable.

—Sin miedo—sonrió, espantando al Shurimon con sus afilados dientes.

—Bue-bueno…hablaron un rato sobre política…luego sobre algo de la Orden y los caballeros; no entendí nada en esa parte. Después sobre la guerra, algo sobre comida picante y un baile—tanto OuRyuumon como Shurimon se miraron perplejos y se encogieron de hombros—, y luego sobre peleas, y cosas tontas que hacían, o hicieron, algo así. Usted decía cosas muy amables a su compañero de cabello largo.

OuRyuumon se sonrojó y se golpeó la cara con ambas manos. Sabe Dios qué idioteces había dicho.

—Para esas horas usted ya estaba bastante bebido. Su amigo habló de marcharse, y después de pagarme, lo ayudó a caminar hacia la salida…

El dragón empezó a pensar en todas estas cosas, uniendo y desuniendo sucesos y sacando conclusiones, cuando el digimon de verde lo interrumpió:

—Claro, hasta que usted se devolvió y pasó corriendo por aquí.

El General abrió mucho los ojos y la boca al escuchar esto último.

— ¿Que qué?

—Sí—se encogió de hombros—, lo vi pasar corriendo por aquí mientras cerraba. Se fue hacia el lado sur y dobló por esa calle—apuntó en una dirección, sacando la mitad del cuerpo por encima del mesón—. Su amigo de negro se devolvió corriendo a buscarlo.

— ¿Y?—preguntó el dragón, nervioso.

—No lo sé. Los perdí de vista al doblar la esquina. —terminó el Shurimon, ladeando la cabeza.

OuRyuumon se mordió un dedo mientras pensaba. Era posible que Gaiomon hubiese conseguido la boleta después de haber pagado "algo" cuando a él, sabe el cielo porqué, se le ocurrió devolverse y recorrer el lado sur del barrio. Se dijo que debía llegar hasta el final, y levantándose, agradeció y se despidió del digimon.

—Por cierto—dijo antes de marcharse y bajando la voz—, esta conversación es confidencial ¿vale?

—Sí, sí—afirmó el Shurimon, escondiendo la cabeza entre los hombros y mirando de derecha a izquierda.

El dragón asintió con la cabeza y se encaminó por la calle que el digimon le había indicado. Esa parte del sector no la conocía, pero probablemente la conoció la noche anterior, aunque no lo recordara. Miraba de un lado a otro, puestos, tiendas y pequeños negocios, tratando de hacer memoria, pero sin recordar nada.

— ¡Ah! General…—escuchó una voz seseante proviniendo de alguna parte.

Se volvió buscándola, y su mirada se topó con un FlaWizardmon que estaba sentado sobre una caja de madera, y tenía otra por delante, a modo de mesa. Tres vasos estaban sobre ésta, y el digimon jugaba con dos brillantes bolitas en sus manos. El dragón se acercó curioso.

— ¿Qué? ¿Ha venido por la segunda ronda?—preguntó el digimon rojo, arqueando las cejas—Estoy listo—dijo, poniendo una de las canicas bajo uno de los vasos.

El dragón cayó en cuenta y decidió probar algo.

—Jugaré si me respondes algunas preguntas.

—Doscientos bits cada ronda—respondió el digimon de fuego—. Duplica el premio si acierta.

OuRyuumon sacó de detrás de su casco un diminuto monedero donde traía algunas monedas. Era muy raro que cargara más de mil bits encima, a pesar de la inacabable cantidad de tesoros y riquezas que se guardaban en la fortaleza. Por alguna razón siempre olvidaba traer más dinero aunque esta cartera jamás se había quedado vacía. Ryuudamon se encargaba de ello.

Puso las monedas sobre la mesa y los vasos comenzaron a bailar de derecha a izquierda.

—Ayer vine aquí con un digimon negro—empezó, sin quitar los ojos del rápido ir y venir de los vasos, los que se detuvieron de golpe.

FlaWizardmon hizo un gesto con la mano, y el dragón apuntó el vaso de la derecha.

—Un digimon muy temible y astuto, por cierto—respondió el pícaro, levantando el vaso y dando su primer premio al dragón. Éste volvió a dejar doscientos bits sobre la mesa mientras los vasos volvían a rodar.

— ¿Escuchaste algo delo que conversamos?—preguntó, mientras los vasos se detenían y él apuntaba al de la izquierda.

—Algo—respondió el FlaWizardmon, levantando y dando nuevamente el premio al ganador—. Usted habla como una cotorra. —sonrió maliciosamente.

OuRyuumon se avergonzó, taimado, pero no dijo nada y volvió a pagar.

—Dime todo lo que escuchaste—dijo, y los vasos se detuvieron a mitad de camino.

— ¿Qué tal si hacemos esto más interesante con un "todo por el todo"?—sugirió más que preguntó. Como buen jugador de las calles que era, bribón y conocedor de las ventas de información, sabía que esa era la última pregunta, y tenía que poner buen precio a su respuesta.

OuRyuumon hizo un gesto y aceptó.

—Si gana, mil doscientos para usted. Si pierde, son para mí.

—De acuerdo.

Los vasos se movieron esta vez a la velocidad del rayo. OuRyuumon los siguió con atención hasta que el otro se detuvo.

— ¿Y bien?—preguntó el digimon, extendiendo su mano en un gesto para que OuRyuumon escogiera.

El digimon estiró la mano y apuntó hacia el vaso del centro pero…

—Aww…—se lamentó fingidamente el pillo, al levantar el vaso y no haber nada.

OuRyuumon se sorprendió mucho con eso. El otro arrastró los vasos con todo y bolita para dejarlos caer en su regazo, dejando espacio para el dinero.

— ¿Dónde…?—fue a preguntar el dragón.

—En el izquierdo—respondió el otro, arrojando la canica en la dirección donde había estado el supuesto vaso ganador.

OuRyuumon resopló con fuerza y dejó el dinero sobre la mesa, no muy convencido de lo ocurrido. FlaWizardmon sonrió satisfecho y guardó su premio.

—Solo tres rondas por digimon—dijo a modo de despedir al dragón, pero éste sonrió de pronto y se cruzó de brazos.

—Aún me quedan doscientos bits—dijo desafiante, y sabiendo de esa sed insaciable de digimons como aquel por el dinero, el otro no iba a negarse hasta tener el último bit posible.

Y como supusiera, el FlaWizardmon aceptó con los ojos brillándole de avaricia. Movió los vasos esta vez a tal velocidad que era imposible seguirle la pista a la bolita que rodaba bajo ellos, aunque OuRyuumon no tuvo necesidad de ello. Ya había visto el truco, por lo que cuando el FlaWizardmon detuvo el ir y venir de los vasos, apuntó al del medio sin pensárselo si quiera. El bribón levantó éste y no había nada debajo.

—Fin del juego—sonrió, e iba a coger los otros dos vasos para guardarlos a toda prisa, cuando OuRyuumon los sostuvo con ambas manos antes de que el digimon los deslizara fuera de la caja. FlaWizardmon levantó pesadamente la mirada y una gota le bajó por el rostro empalidecido.

— ¿Y si me muestras los otros dos vasos?—sugirió más que preguntó el dragón, sonriendo maliciosamente.

El digimon rojo se mordió un labio y entornó los ojos, devolviéndole todo el dinero a OuRyuumon. El truco era sencillo. El mago movía a velocidad moderada los vasos de forma que el jugador pudiera seguir la trayectoria de la bolita. Ésta siempre caía a derecha o izquierda. Al último turno la bolita pasaba estrictamente al vaso del centro, lugar donde la "caja-mesa" tenía una disimulada tapa corrediza, la que el ladrón descorría con una mano bajo la mesa y la bolita desaparecía de debajo de los vasos. Rápidamente y al acabar el turno, el digimon barría con los vasos antes de que el engañado pudiera revisar dónde había acabado la bolita. OuRyuumon descubrió esto puesto que al resoplar después de haber sido engañado, la bolita rodó levemente y siguió hacia un lado la trayectoria de la tapa corrediza, en vez de seguir cayendo derecho hacia abajo. El dragón recogió su premio y aguardó de brazos cruzados.

— ¿Misma pregunta?—dijo el ladronzuelo, taimado.

—Sep—respondió el otro con una cara victoriosa que brillaba, y de a poco se fue apagando.

—Bueno, en lo que usted se sentó a jugar y su amigo de negro acertó todas las apuestas por usted—contó, cruzándose de brazos—dijeron algo de probar no sé qué en una partida de algo…—hizo memoria— ¡Ah sí! Iban a probar puntería acertando bolas al blanco.

OuRyuumon le miró extrañado.

—Local 157 a la derecha—apuntó por una callecita que iba en vertical a la actual—, ciento cincuenta bits tres tiros. Después dijeron algo sobre ir a otro lado, pero no sé bien a dónde. Usted se puso a cantar…—le miró seriamente.

El dragón volvió a sonrojarse avergonzado y se levantó sin decir adiós ni gracias. Caminó pesadamente hasta el lugar y se encontró con el local… ¡cerrado!

—Oh no…—casi sintió ganas de llorar.

Miró el lugar de arriba abajo, de un lado a otro, buscando algo o alguien, y al ver atrás, se encontró con un MudFrigimon que barría la entrada de su local. Parecía muy distraído en esto, pues se sorprendió un poco al ver al enorme digimon parado frente a él.

—Disculpa…—empezó OuRyuumon, y el otro le interrumpió con un saludo.

— ¡Ah! ¡General!—agachó la cabeza tres veces—Qué gusto verlo de nuevo por aquí.

—Ah…—hizo un gesto de extrañeza y repitió— ¿De nuevo? ¿Me viste aquí ayer?

—Sí, claro—sonrió el otro, afable—. A usted con el General Gaiomon. Parecía que se divertían mucho encestando bolas de estambre. Vaya que estuvo impresionante, ¿eh?

— ¿Ah sí?—preguntó el dragón, anonadado.

—Veintisiete tiros al hilo. Nunca había visto nada igual—comentó el otro, sorprendido.

OuRyuumon abrió muchísimo los ojos al escuchar al MudFrigimon. ¿Él había hecho eso? Vaya…

— ¿Y el General Gaiomon?—preguntó curioso— ¿Cuántas metió?

—Ni una sola—respondió el otro con picardía—, se veía algo confundido pero no le dio mucha importancia, especialmente después de que les dieran el premio.

— ¿Qué fue?—volvió a pregunta OuRyuumon, sin imaginar que todo eso había pasado.

—Una figura gigante de cristal—respondió el oso café, abriendo grande sus ojos negros y los brazos—, casi de mi tamaño. Lástima que duró tan poco—suspiró y negó con la cabeza—. Y eso que el General Gaiomon había pagado todos los tiros.

El dragón trató de imaginar qué habría pasado con una figura tan grande de cristal y de la que no tenía noción alguna, y al no poder responderse, le preguntó al digimon en frente. Éste se giró y apuntó un pequeño puente que cruzaba un riachuelo hacia otro sector del barrio chino.

—Salió usted corriendo con la figura, tropezó y cayó sobre ella—puso cara de tristeza—; se hizo añicos.

OuRyuumon se miró entonces el pecho y el estómago. De pronto todo se volvió claro y obvio.

Continuará...

Lady Beelze: último capítulo, coming soon 8D