-Profesor…

Ese sueño le daba vueltas y vueltas en la cabeza. ¿Cómo podía ser, soñar con su profesor? Y no con cualquier profesor ni de cualquier forma; había soñado con Snape y de una forma erótica. Pero eso ya no era un sueño, pensaba, no había soñado, tenía que ser una pesadilla; había… "pesadillado"

¿Esa palabra existía? Genial, ya estaba inventando palabras.

Ese tipo la hacía perder el sentido común.

¡Maldita sea, Profesor Snape! Pensaba Hermione, demasiado educada como para llamar a su docente sólo por su apellido o por alguno de los apodos que sus amigos le ponían.

Pero… ¿por qué le hacía perder el sentido y que el mundo se le diera vuelta? Hacía unas semanas atrás le daba asco que la rozara siquiera y ahora… ahora no sabía cómo interpretar unas urgentes ganas de que los viernes llegaran. No sabía cómo interpretar el escalofrío que la invadía de pies a cabeza cuando la miraba con algo más que odio en su oscuro mirar. ¡No sabía cómo interpretar el hecho de que ahora tuviera unas condenadas ganas de dibujar corazones por todos los pergaminos! ¿Qué le pasaba a la fría y sensata Hermione Granger?

-Te estás enamorando.- sentenció Ginny, obviamente sin decirle de qué persona se trataba.

-¡¿Qué?!

-Lo que oíste.- Es absurdo… pensó Hermione. Ya estaba enamorada de Ron; no podía estar enamorada de dos hombres a la vez y menos sabiendo de quién estaba hablando.- Por todo lo que me dices, estás enamorada.

-Pero… pero…

-¿Sigues mirando a Snape?- preguntó sin más la pelirroja. Cuando se hablaba de amor, era increíble lo seria que se ponía.

-¡Ginevra Molly Weasley!

-Eso me dice que sí, así que no fue muy útil tu truco de no decirme nada.

-¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amiga?- Ginny rió.

-¡Te enamoraste de Snape!

-¡Shh, no lo grites! Estamos en la biblioteca y está lleno.- advirtió la castaña mirando si nadie había escuchado nada.

-O.K., no lo grito; ¿pero tengo razón?- masculló acercándose a su amiga en secreto. La chica se encogió de hombros.

-No lo sé. Es todo tan confuso…- se lamentó bajando la cabeza. Odiaba estar así; ya mucho le había costado admitir que se había fijado en Ronald como para que venga ahora su profesor a robarle el corazón de vuelta. Parecía un partido de fútbol, los dos pasándose su amor como si fuese una pelota.

-¿Confuso? ¡Me haría un Avada Kedavra a mí misma si fuera tú!- Al diablo seriedad.

-Gracias, Gin, me ayudas mucho.- dijo Hermione con sarcasmo.

-Oh, vamos, sólo era un chiste. Oye,- empezó, haciendo que la chica en frente suyo levantara vagamente la vista.- te lo digo, y aquí entre nos, entre mi hermano y el profesor… no me temblaría el pulso en elegir a Snape.

-Y eso es porque nunca irías a elegir a tu hermano como pareja.- atacó, molesta.

-Dije "si fuera tú".

-Ya me estoy hartando de hablar de esto.- terminó Hermione tomando sus cosas y saliendo de la biblioteca. Ginny la vio salir y negó con la cabeza, continuando así con su tarea de Adivinación. No se dio cuenta cuando una chica rubia de trenzas salió desde atrás de las estanterías, con una sonrisa en sus labios y un jugoso chisme para sus amigas.


-No puede ser cierto, ¡no puede ser cierto!- decía Parvati Patil conmocionada en el cuarto de las chicas.

-Te digo que sí lo es, yo misma lo escuché en la biblioteca.- aseguró Lavander.

-Esto es grande, muy grande… mírala a Hermione enamorada de Snape; ¿quién lo hubiera dicho?

-No lo sé, pero ahora lo van a decir todos.- dijo la rubia con una sonrisa maliciosa. Su amiga sonrió de la misma manera.


La castaña Gryffindor se encontraba en los terrenos de Hogwarts corrigiendo los pergaminos de Pociones de sus dos amigos, los cuales estaban llenos de errores garrafales. Negaba con la cabeza desaprobatoriamente cada tanto cuando encontraba cosas de esas. Era impresionante la cantidad de equivocaciones que dos chicos de diecisiete años podían cometer en sólo un metro de pergamino.

-¿Qué haces, sangre-sucia? ¿Estudiando para impresionar a Snape?- preguntó Draco con superioridad. Detrás de él estaban sus matones, Crabbe y Goyle, y Pansy riéndose por lo bajo mientras se abrazaba a su novio. Hermione le miró confusa.

-¿Disculpa?

-No te hagas la tonta, aunque ya lo seas. Todo el mundo sabe que estás tratando de liarte con él.- la chica abrió los ojos a más no poder.

-¡¿De dónde sacaste semejante cosa, Malfoy?!- gritó encolerizada y tirando todo al suelo. El rubio sonrió con sorna y desprecio.

-Todos en el colegio lo saben, sangre-sucia. Deberías tener más cuidado de a quién le cuentas tus cosas.- los cuatro Slytherins se echaron a reír mientras Hermione salía corriendo al castillo, despreocupada de recoger sus pertenencias antes. Estaba demasiado furiosa como para percatarse de ello.

Pudo divisar a Ginny en uno de los pasillos hablando con Luna y se la llevó bruscamente de brazo a un lugar apartado. ¡Por Dios, estaba tan consternada…!

-¡Oye qué…!

-¡Creí que podía confiar en ti, Ginny!- le dijo contra la pared, dejando escapar una lágrima para demostrar su decepción.

-¿Pero de qué hablas?- preguntó confundida. ¿Qué rayos…?

-Todo el colegio sabe que estoy… ¡No, no que estoy…!

-¿Qué no estás qué?

-Enamorada… de Snape. Hace un momento Malfoy fue a decírmelo a los terrenos mientras veía los trabajos de los chicos y… ¡tú lo divulgaste!

-No digas tonterías, yo jamás haría eso.- se defendió la pelirroja indignada.

-¿Ah, no? ¿Y entonces quién?

-Bueno… no lo sé, pero…- en ese momento, escuchó a Lavander Brown intercambiando risitas con Parvati mientras le susurraba cosas y la otra reía sin parar. Conocía esa risa… no era inocente, sino el goce de haber humillado a alguien.- Lavander.

-¿Qué?- Hermione se giró a mirar con mala cara a la rubia y ésta palideció al verla. No necesitaba más pruebas. Se giró abatida a ver a su amiga y la abrazó repentinamente, a lo que la otra parpadeó sorprendida.- Oh, Ginny, perdóname; no sabía que… ¿pero cómo lo hizo?

-No lo sé… ¡déjame respirar…!

-Ah, lo siento.- dijo soltándola. Ginny tomó aire exageradamente.- ¿Y bueno?

-Quizá estaba detrás de los libreros mientras tú y yo hablábamos y escuchó todo. Esa chica es un peligro cuando de secretos se trata.

-Oh, Gin, ¿qué voy a hacer?

-Mejor dicho, qué van a hacer.

-¿Ah?

-Mira quién viene ahí.- dijo la chica de cabellos rojizos apuntando a cierto profesor de Pociones que se dirigía a las dos molestas chicas.

Por primera vez ante su presencia, Hermione sonrió.

-¿Se puede saber qué es tan gracioso que sus risas se escuchan hasta en las mazmorras?- susurró el hombre tan suavemente al oído de Parvati que le dio escalofríos. La joven se volteó para encontrarse con los ojos negros de su profesor y dar un respingo de sorpresa.

-¡Ah, Señor!- dijo Lavander realmente asombrada.

-¿Y bien?- las dos se miraron con complicidad y se mordieron el labio.

-La verdad, no creo que quiera saberlo, profesor.- saltó Parvati con un extraño brillo en los ojos. Snape levantó una ceja con impaciencia; cómo le molestaba cuando sus alumnos se ponían en estúpidos.

-Entonces ustedes tampoco querrán saber a qué casa le quitaré puntos si no me dicen lo que ocultan.- las dos chicas se volvieron a mirar pero no hubo ninguna sonrisa, sino que bajaron la vista con algo parecido a la vergüenza. La joven de trenzas fue la primera en hablar.

-Bueno, es que… nos hemos enterando de que Hermione…- soltó una pequeña risita.

-¿Qué la Señorita Granger… qué?- ya estaba empezando a perder lo que le quedaba de paciencia.- Más les conviene hablar, señoritas.

-Bien. Nos enteramos…- terminó diciendo Parvati-… de que Hermione… está enamorada de usted.- concluyó sonrojada la chica de origen indio. Snape se quedó estático; sería posible… no, no podía ser. Eran sólo estupideces de esas dos.

-¿Pero qué idiotez es esa, señoritas?- les dijo enojado.- ¿A quién más le han dicho esto?

-Pues…- ambas empezaron a contar a todas las personas, pero se perdieron en las cincuenta.- A más o menos… cincuenta personas, Señor Snape.

-¿Cada una le ha hablado a cincuenta personas?- realmente estaba sorprendido de que no se les entumeciera la lengua.

-No, claro que no, entre las dos.

-Entonces les restaré dos puntos por persona.

-Pero esos son…

-¡¡CIEN PUNTOS!!- gritó Patil encolerizada.

-La felicito, Señorita Patil, no tenía idea de que aún le quedaran neuronas como para hacer un cuenta matemática.

-¡Pero no puede hacer eso!

-Ya lo hice. A ver si ahora aprenden a no meterse en la intimidad de otra persona.- el profesor de Pociones estaba a punto de irse cuando Brown habló.

-De todos modos los otros chicos de la escuela ya lo saben.- se burló insensatamente Lavander. Snape se giró y se acercó tanto como para que sólo ella lo escuchara.

-Mejor cállese, estúpida descarada, antes de que le quite cien puntos por cada persona que sepa ese rumor…- a la Gryffindor se le fue toda la valentía después de eso. Satisfecho, Snape se giró para seguir con su camino, no sin antes sonreírle imperceptiblemente a Hermione que le miraba estupefacta.

-¡Hermione, ya tienes que ir a Transformaciones!- le gritó Ginny para sacarla de su trance. Era verdad, en cinco minutos comenzaba la clase y estaba lejísimos del aula.

-¡Ah, es cierto! Adiós, Gin, nos vemos luego.- dijo apresuradamente mientras salía corriendo. Pero se detuvo de golpe en medio del corredor cuando recordó sus cosas en los terrenos.- Oh, maldición.- y se echó a correr hacia afuera.


-Estás loco, Albus.- protestó Severus ante la propuesta de Dumbledore.

-Para ti siempre lo estoy.

-¡Pero yo no puedo reemplazar a Minerva, es una locura!

-Eres el único con tanto conocimiento como ella, Severus. Anda, está muy enferma y no podrá dar clases por hoy.

La profesora McGonagall se había resfriado y estaba en cama con una fiebre muy alta. Alguien tendría que reemplazarla, pero los otros profesores no tenían ni idea de cómo dar una clase de Transformaciones y el único con esa capacidad era Snape. Lástima que se negara.

-Las indicaciones para a clase de hoy están en su despacho, no te será difícil.

-Pero también tengo que dar Pociones.

-No es a la misma hora.

-Pero…

-No tienes excusas y lo sabes. Vamos, Severus, es sólo por hoy.- el oscuro maestro bufó fastidiado y miró de mala gana al director.

-¿Dónde dijiste que Minerva había dejado las indicaciones?

Albus sonrió complacido.


-Harry… Ron…- dijo Hermione jadeante; había tenido que irse muy lejos para encontrar su bolso, el cual Malfoy había escondido entre los arbustos. Maldición, ya estoy llegando tarde, se reprendía, pero se sorprendió al ver a todos los alumnos de de sexto de Gryffindor y Slytherin en la puerta, todos cuchicheando qué estaría pasando.- ¿Qué… qué ocurre?

-No lo sé, McGonagall no ha llegado.- contestó Harry bastante extrañado.

-Con un poco de suerte perderemos la clase.- saltó Ron.

-Nada de eso, Señor Weasley.- todos los allí presentes de voltearon para ver venir a su profesor de Pociones con paso decidido y su clásica capa ondeando.- La profesora se encuentra indispuesta y estaré a cargo. Entren, ya hemos perdido mucho tiempo.

Todos los alumnos entraron apurados y se sentaron inmediatamente. Hermione se quedó al final, donde Snape aún no ingresaba.

-Disculpe, Señor.- lo llamó ella. El hombre se detuvo antes de cruzar la puerta y la miró.- ¿Qué le pasó a la profesora McGonagall?

Él veía que se había puesto nerviosa. Le hubiera encantado que fuera por su presencia y no por el estado de la maestra.

Lo que no sabía era que así era.

-Ella está algo enferma y no podrá asistir por hoy. Ahora entre, Señorita Granger.- Hermione entró y él detrás de ella. La chica se sentó al lado de Harry como siempre y el mayor se puso al frente del escritorio. Nunca había pensado estar allí.

-Hoy les enseñaré como manipular el vidrio y los metales. Como podrán ver, tienen en frente una esfera de hierro y otra de vidrio.- todos los chicos miraron y analizaron las dos bolas. Las tocaron, las observaron y las tomaron entre sus manos; todas eran muy pesadas.- La técnica para transformar estas esferas en esculturas, que es lo que harán, requiere concentración y tiempo, no es nada fácil. Sin embargo, si tienen la imagen clara y pronuncian bien el hechizo, lograrán una figura de la que podrán estar orgullosos, pero hasta que pase eso tendrán que dedicarle mucho tiempo a la práctica. Dedicaremos las dos horas de la clase a que intenten hacer algo decente para empezar; imaginen una imagen, ténganla bien clara en la mente, y empiecen con la esfera de hierro pronunciando "Formavi Ferrum".- una chica rubia de Slytherin levantó la mano en ese momento.- ¿Sí?

-¿Nos podría dar una demostración?- indiferente, Snape dirigió su varita a una esfera de hierro más grande a su lado.

-Formavi Ferrum.- dijo, y al instante el metal se modeló a sí mismo para formar a una bella joven desnuda de espalda y cubriéndose con una larga sábana. Tenía el pelo recogido dejando su nuca expuesta y, cuando su creador la dio vuelta, ésta tenía el rostro cubierto con una máscara. Todos los alumnos hicieron un sonido de admiración ante la efigie de la belleza que el profesor había hecho.- ¿Se van a quedar todos viendo como estúpidos? ¡Pónganse a trabajar!

Al cabo de un rato, estaban todos luchando contra las bolas delante de ellos. Ni Gryffindors ni Slytherins habían logrado más que masas informes y, los pocos que habían hecho algo, dejaban mucho que desear. Hasta a Hermione le costaba. Justo pasaba Snape por al lado, pero ella ni se había dado cuenta, estaba muy concentrada en gruñir frustrada.

-Concéntrese, Señorita Granger. Así no conseguirá nada.- le susurró una voz sedosa al oído, haciéndola estremecer.

-Pero no se me ocurre nada, es tan frustrante…- confesó con la cara entre las manos y con la varita en una de ellas.

-Vamos, no es tan difícil.- la consoló él.- Seguramente con todo lo que lee habrá leído poesía, ¿no es así?

-Algo.

-Pues eso sirve mucho. Mire esto.- tomó la mano con la que sostenía su varita y la hizo tocar levemente el hierro, el cual cedió a su toque y empezó a seguir a la varita a donde ésta fuera; ya fuera arriba, abajo, aplastándola, a donde fuera.- Piense ahora en una imagen.- demasiado concentrada en disfrutar el contacto con su profesor, a Hermione sólo se le ocurrió una cosa.

-Ya está.

-¿Listo, ya la tiene?- el hombre seguía moviendo el metal como si fuese mercurio. Sus manos seguían tomadas.

-Sí.

-Bien.- aún controlando los movimientos de la castaña, hizo un tirabuzón ascendente que pareció cortar el hilo que hacía al material seguir a la varita. Dócil, el hierro cayó lentamente, formando despacio la escultura de dos manos, de un hombre y una mujer, entrelazadas con amor.- Es bellísima…- dijo el profesor, admirado, haciendo sonreír a su alumna.

-Gracias, profesor.- desde otra mesa, Lavander y Parvati miraban el hecho pensando que sus rumores ya no eran sólo rumores. Snape se fue a ver los otros trabajos.

-¿A eso le llama cubismo, Finnegan?- se escuchó al fondo seguido de un montón de risas, pero Hermione no le prestó atención; ella seguía mirando la figura delante suya, acariciándola con cariño y algo parecido al anhelo.

-Mira, Herm, ¿te gusta?- preguntó Harry sin prestar atención a todo lo que había pasado a su lado. La castaña salió de su ensimismamiento para mirar algo parecido a un perro saltando desde una roca que había logrado hacer el moreno. No estaba nada mal, parecía muy real, y el efecto de suspensión en el aire le daba a la estatuilla la impresión de que en realidad estaba saltando.

-¡Está genial, Harry! ¿Es un lobo?

-Claro que no, es un zorro.- saltó Ron asomándose entre los dos.

-Es un perro.- aclaró el chico bastante molesto. ¿Qué no estaba claro?- Se me ocurrió pensando en Sirius. ¿Y tú qué hiciste, Ron?

El pelirrojo se sonrojó un poco y dejó que sus amigos vieran su trabajo. Os dos se voltearon y vieron una réplica de Molly Weasley muy enojada y con los brazos en jarra. Los otros dos se echaron a reír.

-¡No se rían! El murciélago me puso un Aceptable por lo real que se ve.

-Y ahora le pondré un Trol por la forma en que me llamó, Weasley.- bramó el docente mientras se ponía al rente nuevamente. Al varón de pelo rojo se le pusieron a tono las orejas de la furia.- Tendrán que trabajar mucho en este campo, puesto que estará en el examen práctico de los E.X.T.A.S.I.S. Ahora bien, he decidido dejar el vidrio para el final porque se trabaja de una manera distinta y mucho más complicada que con el hierro al ser tan delicado. Lo que tienen que hacer es tomar la esfera ente sus manos y tocarla con la punta de la varita. ¿Qué hacen que no me están siguiendo?

Las dos casas dieron un respingo y tomaron las esferas junto con sus varitas.

-Mantengan la varita unos segundos y pronuncien el hechizo Formavi Vitrum. Ahoralevántenla.- todos hicieron lo mismo y casi se les caen las bolas de vidrio cuando vieron que la cristalina materia los seguía. Todos menos Hermione, que había visto ya esta técnica.- No se alteren, es lo que hace el hechizo. Ahora, pueden ver que el vidrio de estira y los obedece, ¿verdad? Entonces pónganlo en la mesa y estírenlo a lo largo. Deben alejar un poco más la vara para que el contacto se rompa y éste quede sólido sobre la madera. Háganlo, o la esfera se les quedará obedeciendo como le pasa al Señor Longbottom.

-¡Pero la estoy alejando, no sé qué pasa con el…!- pero no pudo seguir hablando cuando, en un movimiento brusco, tiró el vidrio al suelo y detrás de su banco, solidificándose y rompiéndose sin remedio. Snape rodó los ojos con fastidio.

-Veinte puntos menos para Gryffindor. Repare eso, Longbottom, y sigamos con la clase. Como les decía, con el vidrio estirado en la mesa, denle un toque al medio exacto y piensen en una imagen como con el metal. Piénsenla, concéntrense, y eleven la varita. Verán que lo que piensen se irá formando solo.

A los jóvenes les costó mucho tratar el vidrio, ya que éste se desmoronaba como si fuese agua en un charco.

La castaña era mucho más diestra con aquella técnica, por lo que logró transformar el vidrio en una preciosa figura muy pronto. Logró hacer una rosa totalmente abierta rodeada por una tira de tela muy fina que parecía flotar a unos pocos centímetros de la flor sin llegar a tocarla. En los pétalos hasta habían pequeñas gotas de rocío y unas espinas minúsculas salían del tallo. Estaba muy satisfecha con lo que había hecho; si sólo la profesora McGonagall estuviera allí…

-¡Ésta es una verdadera escultura!- se escuchó en todo el aula cuando Snape levantó una gran cobra real hecha por Draco Malfoy, quien sonreía socarronamente.- ¡Diez puntos para Slytherin por su gran trabajo, Señor Malfoy!

-Por favor, eso es ridículo comparado con lo que hizo Hermione.- susurró Ron desde atrás, admirado por lo que su mejor amiga había hecho. La chica se sonrojó por el cumplido, pero extrañamente no le provocó más que cuando el profesor la ayudó con el hierro.

-Gracias, Ron, pero dudo que nos vaya a dar puntos por esto.- dijo señalando la rosa.- Pero sería un lindo regalo de Navidad para mamá. Ella colecciona estas cosas.

-Si me fueras a regalar algo como eso, yo también me pondría a coleccionarlas.- rió Harry a su lado.

-Si quieres te regalo la mía, no nos pondrán nota por ella.

-¡Oh, Ron, es hermoso!- chilló fascinada cuando vio un majestuoso caballo de vidrio que alzaba sus patas y movía su crin a un viento imaginario.- ¿En serio me la regalas?

-Claro, consérvala, yo no la quiero.

-Gracias.- musitó dándole un beso en la mejilla.

-Cinco puntos menos, Gryffindor, el aula no es lugar para sentimentalismos.- escupió el hombre de negro con marcado desdén. Desdén que en realidad era dolor; ¿cómo era que un estúpido como Weasley pudiera tener los besos de Granger y él, que dormía con ella todas las semanas, no pudiera recibir siquiera un roce?

Un roce…

En ese momento se dio cuenta de que en todo el tiempo en el que se habían encontrado, ella solamente le había dado permiso para tocarle en situaciones forzadas y necesarias. Jamás una caricia…

Sonó la campana y todos los alumnos se llevaron sus esculturas en mano, sin saber cómo hacer para tenerlas el resto de las clases. La vio salir a ella a lo último y dedicarle una de sus tímidas sonrisitas, casi invisibles.

Cuando la puerta se hubo cerrado y él hubo quedado solo, miró su propia obra en hierro y, con la varita, hizo que retirara la mano con la que sostenía su máscara, dejando a la vista el rostro de su amada leona.


-Buenas tardes, profesor.

-Buenas tardes, Brew.- saludó el hombre sin siquiera mirar a la joven de ojos verdes entrar. Estaba muy ocupado cortando distraídamente el tallo de una magnolia.

-Profesor, ¿se encuentra usted bien?- preguntó la chica antes de sacar de su bolso su daga y algunos frascos con los ingredientes.

-No sé por qué lo dice.

-Ah, es sólo un comentario al aire. No sé si sea porque no me miró cuando llegaba, porque arrastra las palabras o porque, en lugar de cortar el tallo, está cortando LA FLOR de la magnolia.- Snape se fijó y vio que, efectivamente, estaba cortando pétalos en vez de tallo. Bufó molesto y tiró los restos a la basura.- ¿Qué le pasa?

-No me pasa nada, Brew; ¿qué iba a pasar?- gruñó mientras buscaba una nueva flor en su armario.- Diablos, se acabó la magnolia.

-Aquí tiene…- le ofreció ella tendiéndole una nueva flor. Cuando Snape la iba a tomar, la joven la hizo a un lado.-… si me dice qué le sucede.

En un movimiento hábil y brusco, el mayor pudo robarle a Aiden la magnolia de su mano, sonriéndole con superioridad.

-No sé por qué tendría que importarle.- dijo mientras empezaba a cortar el tallo.

-¡Entonces sí le pasa algo!

-Claro que no. Sólo digo que no sé por qué le interesa tanto que así sea.

-Porque hoy se corrió el rumor de que Hermione estaba enamorada de usted y quería ver qué hacía con eso.- contestó pícaramente.

-¿Y qué tendría que hacer yo? Eso no me incumbe.

-Ah, dale, ¡no me va a decir que no le gusta!

-¡Es usted muy insolente, Señorita Brew! ¿Cómo se le ocurre…?- le soltó escandalizado por el comentario; o tenía mucha imaginación o esa chica sabía más de lo que debía.

-Soy argentina, ¿qué esperaba?

-Eso no la justifica en nada.

-Por supuesto que sí me justifica; así somos.

-En ese caso le pediré al director que cambie mi ayudante por una inglesa.

-No va a encontrar a alguien como yo.

-No, jamás a un ego como el suyo.

-Me refiero a que no va a encontrar a alguien que le aguante su secreto.- afirmó con malicia.

-¿Qué secreto?- preguntó temeroso.- No sé de qué me habla…

-Oh, yo creo que sí, Señor.- susurró mientras se iba acercando a él.- Podrá engañar al mundo entero pero no a mí. Porque yo… sé… que… usted…- decía a cada paso, acorralándolo.-… tiene algo… con… Hermione.

-Está usted loca, Brew, el vapor de las pociones ya le está afectando.- sentenció apartándola de sí; pero ella seguía empeñada en hacerle ver que era cierto, que ella sabía.

-Sí, profesor, estoy loca. Estoy tan loca que lo estoy poniendo nervioso con mis locuras, ¿no es así?

-Sí, eso es lo que son: locuras, sólo locuras suyas.

-Pero si mis locuras no son verdad, ¿por qué se pone así? Quien no debe no teme, profesor.

-¡Yo no debo nada!

-Entonces no tema. No me tema…

-Yo no le temo; usted está diciendo estupideces, Brew, escucha lo que quiere escuchar, ¡no entiende nada!- gritó antes de salir dando un portazo. La castaña se quedó mirando la puerta y ladeó la cabeza, dejando su cabello caer sobre su cara. Aquel gesto le daba un aire de demencia, hasta que al fin sonrió enderezándose. No era una sonrisa normal, demasiado siniestra como para una chica de diecisiete años.

-Créame profesor… yo lo entiendo todo.


Al fin era viernes por la noche. No sabía por qué, pero lo ansiaba últimamente. Ansiaba poder estar con él y charlar de sólo Dios sabe qué, pero charlar al fin. Sentía que compartían opiniones, se sentía igual.

El incidente del rumor aún no había pasado y todos la molestaban con eso. Era tan fastidioso… para colmo, si lo negaba, todos pensarían que en realidad era cierto y, si lo afirmaba aunque no fuese verdad, el chisme crecería más si cabía. Estaba acorralada.

Hundió la cara entre sus manos con angustia bajo la atenta mirada de Snape a su lado.

-No sé qué voy a hacer…- dijo angustiosamente.- Es cada vez mayor y humillante.

-¿Es verdad?- tenía que saberlo, necesitaba saberlo. Ese rumor o verdad podía significar mucho para él.

Hermione lo miró sin saber qué decir. ¡Demonios! Si no la acorralaba el resto del colegio la acorralaba él. Si decía que sí, le daría ilusiones y no quería herir a su profesor; y si decía que no, lo lastimaría de todas formas. ¡Maldita sea!

-Bueno… yo… eeh…- balbuceaba. A su lado, Snape sólo sonrió.

-Sólo dímelo; no pasará nada.- Hermione dudó un poco de la respuesta que iba a darle. No estaba segura realmente de lo que sentía y decirle sí o no sería peligroso. ¿Qué hacer?

-Yo… no lo sé, es… emh…- entre no tenía palabras y el otro al lado que la miraba divertido, no encontró más salida que refugiarse en el libro que había traído.- Voy a leer un poco, quizá me despeje.

Tomó de la mesa de luz un libro de tapa dura verde con los bordes de las páginas dorados y le quitó el señalador, leyendo desde donde se había quedado anteriormente. El hombre miró el libro con curiosidad ya que no era muy grande y tampoco tenía muchas páginas. Parecía nuevo, pero no pudo seguir analizándolo ya que Hermione había dejado escapar una pequeña lágrima de su ojo.

-¿Qué pasa?- preguntó preocupado. La castaña se limpió rápidamente.

-Esto es muy triste…- murmuró tratando de no volver a llorar.

-¿Qué lees?

-"Pasos en la arena". Es un libro que me regalaron para mi cumpleaños hace mucho. No lo había podido leer antes con lo ocupada que estaba.

-¿Y de qué se trata que es tan triste?

-Se trata de… ¡auch!- se quejó cuando se hizo un corte con el borde de la hoja.- Maldito borde dorado.- maldijo. Le ardía.

-A ver, déjame ver…

-¡No!- gritó ella apartando la mano que él había tomado suavemente. Snape la miró con fastidio mientras ella se llevaba el dedo a la boca.

-Me gustaría saber por qué no dejas ya ese miedo estúpido de pueda llegar a hacerle algo.

-No es un miedo estúpido…- se lamentó la castaña con pesar. El moreno tomó el libro en su regazo y lo puso en la mesilla nuevamente, mirándola a los ojos con paciencia.

-¿No te parece que si quisiera hacerte algo ya lo habría hecho?

-Precisamente porque ya lo hizo es porque tengo miedo.- susurró bajando la mirada. Snape hizo que lo mirara tomando delicadamente su mentón.

-No tienes razón para tener miedo.

-¡Sí, sí la tengo, porque…!

-Ni siquiera me dejas rozarte, y las veces en las que me has dado permiso han sido escasas y limitadas. No tienes razón para tenerme miedo.

Hermione volvió a bajar la vista y lo pensó un poco. El hombre de ojos negros esperó calmado mientras miraba sus suaves rasgos con deseo; cómo ansiaba sentirla…. Salió de sus cavilaciones cuando la chica emitió un par de sonidos ahogados.

-Y si… si yo le diera… permiso… ¿usted qué haría?- inquirió, nerviosa. Tenía que admitirlo, tenía curiosidad por saberlo.

-Eso no se lo podría decir; tendría que permitirme tocarla para saberlo.

Vaciló. No podía mirarlo, así que con la mirada gacha le respondió quedamente.

-E-está bien, pero… no se aproveche, Señor…- rogó con un ligero temblor en su voz.

-No te preocupes. Ven, acuéstate.- le pidió acariciando su espalda. Ella se tapó el pecho como siempre lo hacía y se fue acostando despacio en el colchón. Cuando apoyó la cabeza en la mullida almohada, Hermione se le quedó mirando con ansiedad y nerviosismo. Él le sonrió para calmarla un poco.- Cierra los ojos, relájate.

La Gryffindor así lo hizo, dejando los brazos a los lados de su cuerpo.

Snape, en cambio, se quedó mirando al ángel que tenía delante, incapaz aún de hacer algo. La recorrió con la mirada de arriba abajo, inconforme con lo poco que podría tocar y acariciar, aunque ya era un logro que lo dejara rozarla.

Alzó una mano hacia ella y, a punto de tocar su rostro, se detuvo. Se quedó helado por un instante, antes de mover su mano hacia abajo, anhelante de poder quitar de su camino la molesta sábana blanca. No tocaba, sino que se mantenía alejado un par de centímetros de su piel como si estuviese acariciando al aire. Tenía los dedos completamente estirados y su respiración era tensa, pesada, al igual que la de ella.

Levantó su otra mano para hacer lo mismo que con la otra, pero esta vez reunió el valor suficiente como para tomar decidida y delicadamente las pequeñas manos de su alumna, notando cómo se tensó repentinamente para luego irse relajando. Se llevó las manos de su niña a los labios para recorrer todos y cada uno de los dedos con la palma inclusive con suaves besos que la hicieron estremecer.

Cuando terminó con las manos, continuó recorriendo con un camino de caricias los finos brazos de Hermione, provocando que a los mismos se les erizaran los vellos. Continuó subiendo, acercándose cada vez más a los hombros, los cuales se ocupó de llenar de caricias mientras se acercaba a su esternón y cuello. La castaña sólo se dejaba mimar habiendo ya perdido todo su miedo. Tan dulce… tan inocente…

Hermione tragó con algo de dificultad cuando las manos de su profesor llegaron a su cuello, haciéndola temblar al sentir sus pulgares rozar toda la longitud y robándole un débil gemido cuando la acariciaba de arriba abajo tan diestramente. Gemía, se movía con descontrol y echaba la cabeza hacia atrás pidiendo más. No le hizo falta a Snape razonar mucho para darse cuenta de que el cuello era el punto débil de la joven muchacha.

Llegó a la cara. Por Dios, el rostro de esa chica era el de un ángel en efecto y no se sentía realmente seguro de si podía merecer su tacto. Pero algo sucedió: cuando él se detuvo en la base de la mandíbula, ella lo tomó de las muñecas y colocó sus dedos en su cara con cariño, los ojos cerrados y una pequeña sonrisa que afloraba a sus labios. Sin más, deleitó su sentir con la sensación inigualable de enredar sus finos dedos en sus cabellos de seda, los rizos que él mismo haría indomables de tanto que los recorrería, volviéndola loca al acariciar su cuero cabelludo. Soltó, a duras penas, las manos de su cabello para sentir la suave piel de su cara, sus mejillas, su frente, su nariz, por la cual deslizó un dedo haciéndola reír ligeramente; su boca… su boca que tanto lo atraía. Los labios rojos cual manzana invitándolo a probar… y no lo pudo resistir.

Acercó con lentitud su rostro al de su pequeña mientras sus manos continuaban posadas en sus mejillas sonrosadas. Dudó. ¿Ella querría? ¿Él podría robarle un beso? ¿Lo dejaría?

No quiso atrasar más el momento y juntó delicadamente los labios de ambos en un beso suave y lento, demostrándole con ello el gran amor que guardaba dentro de sí. El agarre que Hermione tenía en sus muñecas se afianzó y Snape entendió el mensaje. Parar.

Fue separándose lentamente viendo cómo le miraba ella de manera significativa, extrañada por lo que acababa de hacer.

-Bueno, eso es lo que haría si me dieras el permiso de tocarte.- sonrió el hombre, pero la chica se mantuvo impasible.

-Le di el permiso para tocarme, no para besarme.- soltó algo molesta. Le había gustado, no podía negarlo, pero le molestó que Snape lo hiciera sin su consentimiento.

-Hermione, besar es tocar con la boca.- afirmó dejándola pensativa. Sonrió.- ¿Y tú que harías?

-¿Con qué?- preguntó saliendo de sus razonamientos.

-Con mi permiso, el cual ya tenías desde el principio.- contestó él haciéndola sonrojarse.- Anda, no te avergüences.

Hermione lo miró con esa mirada inocente y tímida que lograba volver loco a Snape y estiró sus brazos hacia él; éstos se cerraron en torno a su cuello, atrayéndolo más hacia sí. Severus, que hasta ese momento estaba encima de Hermione, se recostó a su lado y la estrechó contra su cuerpo como ella lo estaba haciendo, fascinado por tanta ternura.

"Te quiero" escuchó la castaña antes de caer dormida en los brazos de su maestro. "Yo también" quiso responder, pero sus párpados la traicionaron. Ya se lo diría en otro momento.


Hola!!

Uff, perdónenme por haber tardado tanto, pero es que estuve con un montón de cosas encima con lo de Navidad, que llegó mi prima desde Chile y que bla, bla, bla...

Jo, ¡¡qué mala esta Aiden!! Yo pensaba usarla para otro fic, pero como lo dudo mucho entonces voy a llevar a cabo todos mis planes maquiavélicos que tengo para ella, MUAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. Y si la uso, bueno, la hago buenita :).

Gracias a todos los que me dejaron sus reviews; acá contesto a los anónimos:

Vanessa: Oi! Obrigado pelo ler meu fic e deixar review; muito gostosa de que gostaras do capitulo!! Eu estive em Camboriú, mas quis ir para Florianópolis e nao pude ¬¬U Muito bonita tua gente e obrigado pelo o review de novo, beixos!! (perdáo si meu portugues nao é muito bom, mas eu estou aprendendo)

Miss Bella Cullen: Hola, amiga!! Gracias por leer, qué bueno que te haya gustado el capítulo. Espero que éste también haya sido de tu agrado. Tranquilizáte con el sueño, todavía no pasó lo mejor!! XD Ojalá que te haya ido bien en el cole. Te quiero mucho, gracias por leer!!

Lady Grayson: Eeh, sí, me dejaste mensaje!! Sí, Hermione al fin está cayendo y acepta lo inminente; ¡¡vamos, carajo!! No había tomado en cuenta lo de los sueños premonitorios; solamente había pensado en que fueran eso, sólo sueños, pero ahora que me diste esa fantástica idea estoy poniendo algo de suspenso a la situación, muajajajaja! Concuerdo, la escena en la que Sev salva a Hermione con la capa me encantó a mí también ;) Y ups, me parece que me falló la dirección y el fic cayó en manos de esta chica, ¡CHAN! Me imagino su cara al leer re O.O jajajajaja. Conectáte, che, te extraño!! Besos, cuidate!!

Bueno, eso fue todo por hoy. Hasta el próximo capítulo!!

Besos, cuídense!!

Balck Angel