Segunda Oportunidad (adaptación)
Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad
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Capítulo 7: Descubrimientos
Salieron de la sala rodeados por la flora y la fauna habituales de la primera sesión de la tarde: silenciosas parejas de novios adolescentes aislados en su paraíso terrenal, chicos y chicas prepúberes riendo y hablando a gritos como si estuvieran solos en el mundo, personas mayores que preferían esa hora a las restantes, mucho más llenas y con largas colas frente a las taquillas de los multicines.
Sus brazos se rozaban. Era el único contacto. Ese y el de sus miradas, mucho más intensas, mucho más fugaces, siempre buscando encontrar desprevenido al contrario, algo difícil, porque chocaban una y otra vez, enredándose entre el misterio, las dudas, las vacilaciones.
Apenas habían hablado al encontrarse en el bar, salvo trivialidades, y en el cine los dos estuvieron pendientes de la intriga de la pantalla. Tres horas despúes del encuentro, perdidos de nuevo los nervios iniciales, sabían que era el momento de las revelaciones.
Caminaban sin rumbo.
—Aquí cerca hay un parque —murmuró Bella—. ¿Quieres que vayamos?
—Sí.
—Es que así no tendremos ruidos, ni habrá humo. —Quiso justificarse—. Odio el tabaco. No sabes lo mucho que agradezco que no fumes.
Ni siquiera tuvieron que variar el rumbo. Sus pasos les llevaron directamente al parque, todavía con un buen número de madres, abuelas o asistentas cuidando de un enjambre de niños y niñas pequeños en la zona de juegos dado el buen tiempo. Entraron en él y buscaron la parte más alejada de los gritos infantiles. Sobre el césped, entre los árboles, las parejas o los grupos de chicos y chicas surgían como setas bajo el último rayo de sol del día. Cuando encontraron un espacio Bella se dejó caer en el suelo y se sentó, esperando que él hiciera lo mismo. Edward la imitó. Las rodillas de ambos quedaron separadas apenas por unos centímetros. Podían tocarse con sólo alargar una mano, aunque no era el caso.
La última mirada fue desnuda.
—¿Por dónde quieres empezar? —preguntó ella.
Edward tragó saliva.
Verdades en medio de una gran mentira.
Porque lo único que no podía hacer era…
Estaba bloqueado.
Ella parecía aún más maravillosa que el día de la cita a ciegas. No era un espejismo.
—¿Qué te pasa?
—Nada. —Reaccionó—. Es que eres tan…, preciosa.
—Gracias. —Bajó los ojos por primera vez antes de recuperarse—. Venga, va. Empecemos por la familia. Te toca.
Edward ya no luchó.
—Soy hijo único, mis padres viven, están casados hace treinta y tres años. Él tiene cincuenta y nueve y ella cincuenta y seis. Son muy activos. Papá tiene un taller de artes gráficas y mamá todavía hace de secretaria. Así que…, no hay más.
—Mis padres son más jóvenes. Se casaron muy pronto. Ella tiene cuarenta y dos y él cuarenta y tres. Tengo dos hermanos más pequeños, chico y chica.
—Me dijiste que no lo sabían.
—Cierto.
—¿Por qué?
—Por que ahora no es necesario. Les haría sufrir inútilmente. Cuando llegue el momento se los diré, y no será hasta que la enfermedad se manifieste.
Aquella naturalidad le hizo daño.
—Si fuiste a cenar a su casa significa que no vives con ellos.
—Me fui de casa cuando lo supe. Vivo con una amiga que se llama Alice. Es divina. No tiene mucho espacio, pero no hay problemas, nos llevamos muy bien.
—¿Qué les dijiste para irte de casa?
—Que quería emanciparme, nada más. Pero fue problemático y… bueno, no me gusta mucho hablar de ello. ¿Y tú, dónde vives?
—Tengo mi propio piso.
—Vaya. —Hizo un gesto significativo con la cabeza.
—Más bien es un agujero, ya sabes.
—Puedo imaginarlo. —No le dejó columpiarse en la vaguedad de la conversación y, tras mirarlo con mayor fijeza, dijo—. Segunda fase. ¿Qué te pasó?
—¿Cómo me…?
—Sí.
Escuchó la primera voz gritando: "No, no, ¡no!".
Y una docena de voces más: "No lo hagas", "¡dile la verdad, ahora!". "Si das el paso, ya no podrás volver atrás, no seas cerdo". "¡Eres un cabrón!"…
—Fue una estupidez. —Su propia voz sonó igual que una derrota, apenas un hilo cargado de sinrazones—. Tuve una relación con una chica y no usé preservativo.
—¿Aquí?
—No, en Nueva York. Fue algo…, inesperado.
—Pero con una sola vez es muy difícil…
—Lo hicimos varias veces, toda una noche y buena parte de día. Dijo que se quería venir conmigo, que era el primer hombre de su vida… Bueno, no sé, pasó y ya está.
—¿Cómo te lo detectaron?
—Un año después. Tuve una etapa de mucha flojera, cansancio, así que me hicieron unas pruebas. Creían que era hepatitis, pero no. Entre todas las pruebas una fue esa y… Salió positiva.
—Cuando te conocí, pese a todo, pensé que había sido por un tema de drogas o algo así.
—¿Te di esa impresión?
—No sé, perdona. —Se encogió de hombros.
—Pues no fue por usar una jeringuilla contaminada, ni por ser gay, te lo aseguro.
—Ya sé que no eres gay. Se te nota.
—¿Ah, sí? ¿En qué?
—Por cómo me miras.
—¿Cómo te miro?
—Mitad alucinado, mitad sorprendido, mitad embobado.
—¡Vaya, por Dios!
—No, me gusta. Eres un encanto.
—Me habían llamado de todo menos "encanto".
—Siempre hay una primera vez. ¡Eh! —Vio que él bajaba ahora los ojos—. No te enfades.
—No me enfado.
—Soy demasiado directa, ¿verdad?
Estaba inclinada hacia adelante. Su mano acababa de posarse en su rodilla izquierda. Sintió deseos de besarla. Se enfrentó una vez más a sus brillantes ojos brillantes, lo mismo que sus labios rosados y húmedos.
—Escucha, ¿cómo eres tan fuerte?
—¿Fuerte? ¿Qué dices? ¡Estoy cagada de miedo!
—No lo parece.
—¿Porque hablo así, con naturalidad, y de cosas tan importante como lo que nos pasa? ¿Y qué quieres que haga? Tú también pasaste por ello. Primero te hundes, se te cae el mundo encima, todos tus planes de deshacen como un castillo de arena bajo la lluvia. No hay futuro, no hay nada. Pero queda la esperanza. Nadie sabe cuándo va a morir, todos creemos que lo haremos de viejos, a los noventa o cien años, pero a lo peor mañana nos atropella un coche. Nosotros sí lo sabemos, más o menos, tenemos una fecha de caducidad, son cinco. Yo no quise rendirme ni tirar la toalla, y tú tampoco, sino no estarías aquí. Yo reaccioné con ese anuncio y tú lo hiciste respondiéndome con esa carta. Pero reaccionamos, que es lo único que importa. Yo no llamo a eso ser fuerte. ¡Es el miedo el que nos mueve, pero da lo mismo! ¡Sino, no estaríamos hablando de dar un paso tan importante!
—Bella…
—No, espera. —Frenó su vehemencia—. Ahora me toca a mí.
Edward sintió que lo desarmaba. No era difícil. La mano en la rodilla, la mirada, el suave jadear de su pecho cuando se emocionaba…
Retiró la mano.
—Me enamoré —susurró como si hubiera revelado un secreto inconfesable.
No podía ser de otra forma. Estaba seguro.
Absorbió cada palabra de ella y la introdujo en su mente.
—Se llamaba Jacob. Bueno…, se llama. Todos decían que no era trigo limpio, que no era de fiar, que era esto y aquello y demás. Y yo, con la venda en los ojos y como una ingenua, cumpliendo con el ritual y el papel que dice que las tontas entregamos nuestro corazón a quien no lo merece. —Abrió y cerró las manos en un gesto de impotencia—. Se me puso el cerebro al revés, porque de todas maneras creo que es la única forma de amar, con entrega absoluta. Para mí sólo existía él, y claro, lo hicimos. Era… como tocar el cielo con las manos, me gustaba, ¿entiendes? No sé si te pareceré promiscua, pero para mí el sexo es la máxima expresión del amor. Vivía, reía, la vida era radiante. ¡Estaba enamorada! Dios, ¿sabes lo que es eso? ¡Enamorada!
Se detuvo por primera vez, como si reflexionara sobre la dimensión de la palabra. Tardó en volver a respirar.
—Sigue —pidió Edward.
—Tomamos precauciones durante casi un año, hasta que me dijo que, puesto que éramos novios, quería hacerlo sin preservativo. Por lo menos algunas veces, cuando yo no estuviera ovulando y todo eso. Yo le dije que sí. Le quería, no pensaba en quedarme embarazada. Confiaba en él. Lo hicimos y a los tres meses él me dejó, se enamoró de otra. —Sus ojos se endurecieron un poco—. Fue cuando descubrí su doble vida, la forma en que había estado engañándome. Fue sincero al comienzo, en parte, porque también se enamoró de mí y por eso duró tanto. Pero después… me dijo que no quería atarse, y que conmigo iba de cabeza a eso y que no funcionaría, porque no podía prometerme nada, y menos no intentarlo y hacerlo con otras. Supe que estaba conmigo y al mismo tiempo se lo montaba con una de su trabajo y con otra de su edificio, casada.
—Fue un cerdo.
Acabó de decirlo y la palabra le quemó el alma.
—El día que me llamó para decirme que tenía el SIDA y que me hiciera el test… Ese fue el segundo peor día de mi vida.
—El primero fue el de los resultados.
—Sí, cero positiva. —Lo dijo con firmeza—. Y tuve suerte. Tú debes saberlo, hacerte ese test a tiempo y descubrir que tienes el VIHte da más años de vida y más oportunidades. Lo peor es no saberlo y descubrirlo cuando ya es tarde. Si más gente se lo hiciera…
El sol ya se había puesto. Todavía había luz y una excelente temperatura, pero Bella se estremeció, así que buscó su chaqueta y se la colocó por encima de los hombros. Cerca de ellos una pareja se besaba sobre la hierba, devorándose el uno al otro, ajenos al mundo entero. No era la única, aunque sí la más expresiva. Otras se limitaban a estar tumbadas, hablar, acariciarse…
—El resto ya lo sabes. —Concluyó ella—. Por el momento sólo soy eso, cero positivo. Lo demás puede tardar diez años.
El límite. Siempre se hablaba de diez años. Algunos lo superaban, cuidándose, permaneciendo alerta y vigilantes. Otros, quizá la mayoría, no tenían tanta suerte.
—Diez años es mucho tiempo —dijo él.
—No cuando es una cuenta atrás.
—Si descubren la maldita vacuna…
—¿Y quién va a esperar un milagro?
Fue Edward el que tomó la iniciativa ahora. Alargó su propia mano y atrapó la de ella. Era muy suave. Una caricia. Enredó sus dedos con los suyos y le acarició el dorso con el pulgar, Bella le dejó hacer, sin nunguna resistencia.
—No somos más que tiempo. —Suspiró la muchacha—. Si no hay tiempo, ¿qué nos queda?
Bueno, ya en este capitulo se dice lo que tiene y si, Bella tiene VIH una enfermedad horrible la verdad. pero... que piensan de Edward? se la esta mandando fulero he! a ver como hace para salir de esta situacion que solo se metio... pendejo!
***Gis Cullen***
