Por: Claudia Medina
"El amor puede nacer en tiempo de guerra y revoluciona igual que una revuelta"
Capítulo 7
aminó, caminó y caminó pero al fin se vio delante de esa casa a la cual desde la noche anterior se había jurado no regresar, pero fue imposible, tenía que hablar con ella, al menos para que supiera su situación legal. Los hombres en la reja no le permitieron el paso, después de insistir uno de ellos fue a preguntarle al Cuervo si era posible el acceso, mientras esperaba, una pelota de baseball pasó frente a él dirigiéndose directamente a la calle, un niño de unos siete años blanco de cabello negro y ojos verdes le gritó en español
-Chin…, la pelota
Albert lo vio con toda intención de brincar la reja para ir por su juguete, pero él en muestra de cortesía paró al carro que iba a desinflarla, la tomó y la arrojó hacia la blanca residencia yendo directamente a una de las ventanas del segundo piso "accidentalmente". El hombre de la reja después de un instante de indecisión corrió a la casa al escuchar gritos
-¡A que gringo, ya me la partiste...!- dijo el chico creyendo que el hombre rubio no le entendía. Al tiempo en que Dorotea venía corriendo y gritando…
-¡Pedrito, Pedrito! ¿Pos que hiciste m'jo? Rompiste la ventana de tu tía Angie.
-Disculpa no fue él, fui yo Dorotea, déjame pasar, tengo que hablar con Dulce, por favor
-¿conoce a Dulce?- preguntó Pedrito a Dorotea.
-Si, para su desgracia
-Dorotea- Albert insistió
-Ándele, pero yo voy a decir que me forzó eh, ya sabe como es Dulce.
-¡Gracias!-dijo al darle un beso
-¿Así que tu eres Pedrito? ¿Cuántos años tienes?- preguntó mientras se dirgían ala casa, intuyendo que tal vez fuera su hijo
-Siete, pero ¿porque conoces a mi hermana?
Una mujer castaña de estatura media y muy hermosa que lucía un embarazo casi a termino los interceptó en las escaleras
-No te preocupes, estoy bien Dorotea- dijo con una voz suave y tranquila-and you little gentleman…You're lucky your parents are not here, but, we'll have troubles with your father… you and me and your uncle Terry, because we gave you that ball.-en un acento totalmente britanico.
-No, Auntie Angie, I didn´t do, that's his fault- dijo señalando a Albert que estaba justo tras él. Iniciando una carrera a su recamara.
-Hi! I'm Angie Grandchester…-dijo sonriendo dulcificando aun más su estado.
-Hi, I'm William Andley- dijo Albert extendiendo la mano para besar la de la dama frente a él totalmente desconcertado.
-Yes, I know, I heard about you- demostrando que tenía referencias de él-Dulce is my close friend.
-Es la esposa del duque- dijo Dorotea con una mirada de complicidad
-Osea… que…-dijo Albert asombrado.
-She is in her room- dijo también ella con una risilla cómplice.
-La tercer puerta-dijo Dorotea-pero nosotros no sabemos nada.
-OK- Albert corrió por ese interminable pasillo. Sin dudar abrió la puerta, pero vio la habitación vacía, escuchó ruidos de agua en el baño y al darse cuenta que tenía seguro la abrió con un golpe fuerte de su hombro. La escena se repitió como casi ocho años atrás, en aquel río solo que esta vez Dulce estaba en su tina de baño y no hubo cabello largo que la cubriera. La respiración se le cortó, su cuerpo ya no era el mismo que recordaba ahora sus curvas estaban más embarnecidas, ahora era toda una mujer, solo fue un instante, un segundo, que le dio una razón más para seguir luchando por ella. Él fue quien le pasó la toalla.
-Albert eres el mismo…- gritó Dulce al arrebatarle la toalla.
-El mismo gringo terco más que tú…-la interrumpió sin darle oportunidad de hablar- a quien vas a escuchar quieras o no. – La tomó del brazo y la sacó del baño y la sentó en una silla todo tan rápido como si lo hubiera ensayado. En el camino arrancó los cordeles de la cortina y la amarró a la silla del tocador.
-Suéltame Albert, suéltame gringo jijo de tu remadre…-gritaba moviéndose como pez fuera del agua.
-Ah, el elegante léxico es de familia ¿verdad?, ya escuché a Pedrito- decía mientras abría los cajones buscando una mascada.- ¡Bingo! – dijo al encontrarla, le tapó la boca con esta. La cargó con todo y silla y la colocó frente a la cama.
-Ahora si me vas a escuchar Dulce Blanco de Andley, si escuchaste bien, de Andley- corroboró al ver que ella abrió sus ojos como platos y emitió algunos sonidos.- Empecemos desde el principio… Cuando llegamos a Chicago y nos quedamos en ese departamentito, te confesé que yo realmente era un periodista, que había vivido entre los indios en una reservación para un reportaje y que eso había cambiado mi vida, ¿Estamos de acuerdo? ¿Estamos? – Insistió hasta que ella asintió con la cabeza.- Mi seudónimo era "Albert Andrew" porque yo no quería que pensaran que mi trabajo solo valía por ser el heredero del periódico, esto fue desde antes, cuando mi padre aún vivía. Así que seguí siendo Albert hasta el día en que llegamos recién casados a Chicago, hablé con Archie, mi sobrino y George Johnson que son los encargados legales del emporio Andley. Prepararon todo para que yo ya me quedara al frente, yo ya estaba decidido a dejar mi vida de bohemia, de trotamundos como dice mi tía Elroy para hacerme cargo de la herencia de mi padre. No había sentido la responsabilidad hasta que ese cura nos casó, por ti, solo por ti y por la familia que ansiaba tener contigo. ¿Recuerdas los papeles que te di a firmar cuando hicimos lo de nuestro casamiento aquí en EU? No te diste cuenta pero firmaste cuatro papeles unos con mi nombre ficticio y otros con mi verdadero nombre.- Dulce pateó el suelo como signo de su inconformidad. – Albert se acercó a ella sentándose en la cama-Perdóname, pero tenía que hacerlo así, ya conociste a mi tía, y no quería que hubiera ningún cabo suelto al presentarte con ella ya como mi esposa, fui un tonto, al dejar que pasara el tiempo pero fuimos tan felices en ese departamento que por mi, hubiera pasado toda mi vida así, pero era necesario que tomara ese cargo- dijo con resignación, respiró profundamente y se llevó las manos a la cabeza, esa manía que Dulce conocía muy bien. –Aquella semana tenía planeado todo, te iba a decir la verdad y llevarte a nuestra nueva casa, pero Stear ya tenía medio mes desaparecido y tuve que salir en su búsqueda. Y me fui a la gran guerra, ya no buscando noticias sino solo como un tío buscando a su sobrino. Casi llegando a Liverpool, el barco en el que yo viajaba, fue bombardeado. Muy pocos sobrevivieron, yo entre ellos, pero mi memoria estaba perdida.- Solo en ese momento Dulce dejó de quejarse para solo escuchar y ver la sinceridad en el rostro del hombre que amaba.-Como traía una identificación como Albert Andrew en mi maleta me dieron por muerto. Esa fue la noticia oficial.- Volvió a respirar fuerte- Estuve en un pueblito de España, ahí fui trasladado por la Cruz Roja. Por eso ahora hablo bien el español. Trabajé de todo, hasta que un día, después de año y medio como regalo divino mi memoria regresó. Como ya había terminado la Guerra no me fue muy difícil regresar. Para mi asombro Stear estaba en Chicago sano y salvo, fui a buscarte en cuanto me bajé del tren pero tu ya no estabas, pregunté con los vecinos y todos coincidían en que un hombre elegante y con acento británico te visitaba y después te fuiste con él-dijo casi al borde del llanto.- Sé que me buscaste en el periódico y que te informaron que Albert Andrew había muerto, no te culpé y entendí que hubieras querido rehacer tu vida, siendo tan fascinante y maravillosa era iluso de mi parte no pensar que tuvieras pretendientes. De todas formas busque a tu padre en México, pero nunca di con ustedes, de pronto supe que la hacienda Lostanau estaba en venta y la compré, para así de alguna forma tener algo queme relacionara contigo. Hasta anoche que te vi de nuevo…pero créeme por favor que ni un solo segundo he dejado de amarte, aun y cuando mi memoria me abandonó en mis sueños la figura de una mujer en un río apuntándome con un rifle aparecía en mis sueños. Te amo Sweety Candy, te amo como el primer día. Tu y yo seguimos casados por todas las de la ley, no tienes porque ocultar que Pedrito es tu hijo…- Dulce le dio un pisotón para que la dejara hablar, emitía sonidos y movía la cabeza indicándole que le quitara la mascada-Está bien solo te dejaré hablar ¿OK? Tranquila…- dijo antes de quitarle la mordaza.
-Bien yo ya te escuché,- para su asombro, no gritó ni maldijo- Escúcheme bien señor William Albert Andley. Te estuve esperando como una Penélope el tiempo suficiente, como ya me había puesto en contacto con Terry por cumplir la última voluntad de Sergei, él vino a buscarme, para que recibiera en su nombre el pago de una apuesta que hicieron cuando estudiantes al buscar la mujer de sus sueños, cosa que tuve que pagar un corto-tiempo después cuando Terry conoció a mi amiga Angie. Un abogado estuvo insistiéndome que tenía que viajar a Inglaterra para reclamar mi herencia, incluso Olga me escribía constantemente para convencerme, pero yo no quería moverme por si regresabas, hasta que un día como todos que iba a preguntar por ti al periódico me dieron la noticia. Terry me convenció que lo mejor era aceptar la propuesta de la gran duquesa, así que primero regresé a México, destrozada, ¿Sabes lo que dijo el General cuando supo? Dijo "Quien nace águila jamás baja de las montañas" fue todo. Luisito me dijo que había leído algunos de tus reportajes y que tú hubieras sido un gran escritor. Me fui a Inglaterra y me quedé allá mientras estudiaba enfermería y me hice cargo junto con mi familia de las tierras abandonadas de Sergei. Así me convertí en la condesa de Herefordshire. Las cosas cambiaron en México y le ofrecieron a mi papá la embajada, y bueno aquí estamos, yo al menos por un tiempo, hasta que Angie dé a luz. Y eso es todo, jamás hui con Terry, él es como un hermano para mi, estoy segura que su amistad es la herencia más valiosa que Sergei me dejó.- Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.-Terry me ha dado su apoyo y su cariño en los momentos más difíciles…y es injusto que hayas pensado eso de nosotros…de mi…-retificó- Yo, yo…
-Tu ¿Qué? Sweety Candy- dijo al acercarse demasiado a su cara
-Yo…tu, tu no has salido de mi vida, por eso me dolió mucho al leer ese periódico londinense tu presentación a la sociedad como el líder de los Andley, me sentí la más idiota de todo el mundo, me sentí engañada, que fácil era para alguien como tu engañar a una chica como yo…
-Te equivocas, yo jamás te engañé… te amo, te he extrañado, te he necesitado…- dijo al ir bajando la voz y buscar sus labios
-Yo también- alcanzó a decir ante de que sus labios se encontraran de nuevo. Mientras él empezó a desamarrarla. Al sentirse libre se abrazaron como antes, como si el tiempo no hubiera pasado.
-Oye,¿ Pedrito sabe que no es tu hermano?
-No,- dijo mientras seguía besándolo-porque Pedrito si, es mi hermano.
-¡¿Cómo?!-preguntó asombrado.
-¿Necesitas una explicación?- dijo riendo- creó que el Coronel se molestaría si lo preguntas, rieron juntos
-Pero me dijeron que estabas embarazada cuando dejaste el departamento…¿Lo per….
-Shhhh… Pero, si crees que eres padre…
-¡Dulce, Dulce!- gritó Dorotea- Disculpa que los interrumpa en un momento tan importante…pero es Beto, los muchachos trataron de bajarlo pero no quiere…- dijo la mujer desesperada.
Albert siguió a Dorotea que no esperaron a que Dulce se visitera. Llegaron al jardín trasero y un grupo del personal de la embajada estaba al pie del árbol donde un chiquillo estaba en una de las ramas más altas.
-Beto, m'jo bájate-gritaba Dorotea.
-No nana, ya casi llego, tengo que llevar este pajarito con su mamá y su papá, se cayó del nido…-gritó el niño.
-Beto, me llamo Albert, si quieres puedo ir a ayudarte, pero no te muevas- dijo Albert al quitarse el saco y los zapatos, solo esperaba no haber perdido la practica. Empezó a escalar el árbol hasta llegar cerca del niño, ahora que lo tenía cerca ya no se le hacía tan parecido a Pedrito, este aunque su cabello era oscuro no era negro, más bien castaño y sus ojos eran azules a diferencia de los de su pequeño cuñado que los tenía verdes como Dulce, por un momento le recordó a Anthonny su pequeño hermano que murió de tuberculosis cuando tenía cinco años. – Hola, ¿Quieres dejarlo en el nido? Dámelo,- con algo de dificultad lo puso en el nido, diciendo algunas palabras en cheyenne – listo, ahora tenemos que bajarnos, ¿sabes que tu mamá está muy preocupada por ti y tu nana también?
-Mi mamita ya estaba triste. Si, anoche lloró toda la noche, yo la escuché.
-Te prometo que ya no va llorar por eso.
-¿Usted quien es?
-Allá abajo te digo ¿si? Creo que tu mami es la que debe aclararlo-sonrió- súbete como si fueras un changuito a mi espalda-¿Tienes miedo?
-Si ¿y usted?
-Por primera vez sí, pero me se unas palabras de los bravos Cheyenne que nos ayudarán a bajar sin miedo, porque ayudaste a la naturaleza. ¿Listo?- dijo al percatarse que el niño estaba sujeto. Bajaron lentamente lo cual causó que Dulce y Dorotea tuvieran el Jesús en la Boca. Un momento después se unieron al grupo Terry, Angie y Pedrito.
-Mamá, el señor Albert me ayudó y me enseñó una palabras Cheyenne.
-¿Si mi amor? Que bueno
-Ya no llore, Albert me dijo que ya no iba a llorar como ayer….-dijo al quitarle las lágrimas de las mejillas.
Todos estaban a la expectativa de su respuesta
-Si eso creo, mi amor, espero no volver a llorar por eso- dijo al tomar a Albert de la mano. Sus amigos se vieron entre si con una sonrisilla de gusto.
-Pero bueno creo que no hemos sido presentados formalmente caballerito,-dijo Albert- Yo soy William Albert Andley
-Muchas gracias, por ayudarme- dijo Beto al ver a su madre y esta lo incitó a presentarse- Yo soy Sergio Alberto Andrew Blanco, a sus órdenes.- dijo formalmente extendiendo la mano. A lo que Albert contestó con un abrazo.
-Espero que no te molestes- dijo Dulce.
-No, claro que no, si Sergei ha cuidado de ustedes por mi desde el cielo.
-Alberto, él es tu papá- dijo Dulce
-¿de verdad? Pero usted me dijo…
-Todo fue una gran confusión… que después con calma te explicaremos.
Terry se dirigió a ellos, así que ya se aclararon las cosas… que bueno…
-Quiero ofrecerle mis disculpas Duque…- dijo Albert al ponerse en pie y darle la mano
-Terry, solo Terry… -dijo sonriendo al estrechar la mano de su "rival".
-Muchas gracias, no sé como pagarle…
-La amistad no se paga, se regala. Yo estoy en deuda con Dulce por haberme presentado a Angie- dijo riendo.
-Cuente usted conmigo- dijo al darle unas palmadas en el hombro.
a luna parecía un farol, tan deslumbrante que solo en el cielo mexicano podía lucir así. El jardín de la hacienda de El Carmen lucía sus galas de antaño, las flores estaban justo como Dulce las recordaba de su niñez, aunque ahora le parecía todo un poco más chico. Las jaulas de Doña Leonarda estaban ahí, colgadas, algunas eran originales otras Alejandra las sustituyó por una nuevas, pero siguió con la tradición del corredor de bordado junto a la fuente lleno de cantos de pájaros. Dulce se colocó justo donde recordaba que Elisa la mojó aquel día en que conoció a su padre, vió hacia arriba y casi pudo ver las imágenes de de sus primos riéndose de ella. Dicen que Elisa se fue a un convento y a Nestor lo vieron hacia unos años luchando con los cristeros. Los abuelos murieron en un hospital después de un ataque, los pocos empleados fieles que solo fueron tres lograron llevarlos. De Carmen y Federico nunca se supo nada.
Pasarían las vacaciones ahí hasta que la escuela empezara en Chicago. Esa noche celebraban el cumpleaños de Alejandra y el Coronel echó la casa por la ventana, ahora no estaba el general Villa, sino gente de la realeza británica y rusa en su fiesta así como embajadores y gobernadores. Hasta su "su consuegra" la tía Elroy llegó con Archie y Alistear por la tarde.
-Lo lograste Dulce Alejandra - escuchó la voz suave de Alejandra tras de ella. –Lograste ambas cosas, ser un ser humano y toda una dama. Estoy muy orgullosa de ti.- dijo al abrazarla.
-Usted madre, fue quien me enseñó, la quiero mucho mamacita. Aprendí ser simplemente mujer, de usted.
-Esa noche estaba tan preocupada, recuerdas al hijo del tendero, quería pedir tu mano a mi padre, pero mi hermana dijo que sería mejor para Elisa así en medio de toda la revuelta por lo menos aseguraba alguien con algo de dinero- dijo con voz triste- pero llegó tu padre y junto con la revolución cambió nuestras vidas; aunque si quería que te casaras, pero por amor como lo hice yo.
-Y llegó El Gringo, Doña Alejandra, que se quedó con su hija- dijo Albert que abrazó a su Sweety Candy por la espalda cobijándola con sus brazos, y con sus manos acarició el vientre de seis meses de embarazo.-Te amo Sweety Candy- dijo al besarla suavemente en la mejilla mientras contemplaban la luna.
Los mariachis empezaron a tocar el vals "Alejandra".
-Ya me voy tu padre ha de estar buscándome por todo el salón- dijo Alejandra al irse aprisa.
-¿Qué pasará en cien años?-preguntó Dulce al ver la luna.
-No sé tal vez, la gente se esté peleando por vivir en la luna, haya aviones que vayan hasta allá…
- Se ve que has leído a Verne…- suspiró-Tal vez, las mujeres por fin voten… porque a como están las cosas de lentas- dijo riendo- o las mujeres salgan a trabajar o mejor aún haya mujeres presidentas.
-¿Tu crees?- dijo Albert con ternura,- eres increíble por eso te amo Sweety Candy ¿no te lo había dicho?
-No desde hace más de cinco minutos, estoy empezando a dudarlo- dijo al voltearse enfrente a él- Yo si te amo Gringo Loco.- dijo al besarlo como nunca. Mientras bailaban lentamente el vals que los unió por siempre.
Verdaderamente Albert vio y vivió muchas cosas en su vida, y tal vez le faltaron muchas por ver y vivir pero de algo siempre estuvo seguro que "El amor puede nacer en tiempo de guerra y revoluciona igual que una revuelta" El amor de Dulce lo cambió por completo, esa mujer le salvó la vida, le dio una nueva visión de esta y le dio un objetivo para vivir.
-andy… ¿Dónde estás hija?- gritó Karina al entrar en al biblioteca-¿Qué te pasa mi amor? ¿Porqué estas llorando?- dijo al sentarse frente a su hija de catorce años.
-Este libro mami- dijo llorando
-Ah… "El Gringo" si fue de los últimos que escribió el abuelo Albert, la abuela Dulce me hizo leérselo según ella que porque no veía, ya tenía como 90 años y estaba muy lúcida, fue cuando a tu papá lo enviaron a la guerra del golfo y yo estaba indecisa si seguir con nuestro compromiso, fue su manera de darme su consejo, y bueno pues gracias a ella estás tu aquí… Por eso decidimos ponerte Candy- dijo Karina con dulzura apartando un cabello rebelde de la frente de su hija-Ella alcanzó a conocerte.
-Es que en clase hablamos del centenario de la revolución mexicana, mi maestro de historia se enteró que mi abuelo Pedro fue el famoso Coronel Blanco, así que me pidió que escribiera algo, busqué aquí y me encontré este libro...pero es tan triste todo…
-No fue triste, así es la vida, pero a pesar de que nuestros antepasados vivieron guerras y revoluciones, siempre encontraron, amistad, lealtad, ideales, sueños y como dice "El gringo" "El amor puede nacer en tiempo de guerra y revoluciona igual que una revuelta". A nosotros nos toca cambiar y mejorar las cosas para quienes nos siguen, tal vez dentro de cien años alguien va a leer tu libro…Ándale vamos a cenar.
Del escritorio:
Pues eso es todo amigas…como diría Porky. Espero que les haya gustado esta historia algo diferente a lo acostumbrado de Candy. Por fis comments ya saben donde en CB,GE,ALSS,CITA,Art-GT y Residencia Grandchester.
Mis mails claumedh .mx y galiahmedh
Creo que Terry hizo un buen papel ¿no?
Gracias por su tiempo para leerme.
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