**Hospitalizada**
La madre de Cassandra siguió a la enfermera por un largo pasillo de paredes blancas y azules pálidos. Aunque estaba acostumbrada a estar en un hospital pues trabajaba en uno, esa madrugada se sentía como en una morgue. Miraba temerosa los pacientes que iba dejando atrás en la sección de emergencias y seguía su camino tan solo pensando en su hija e implorando que no le pasara nada. Llegaron al centro del hospital donde se encontraba el sector administrativo; y allí, durante los diez minutos que transcurrieron llenó las formas del seguro y del hospital autorizando los exámenes de sangre. Mientras guardaba su lapicero en la cartera y se dirigía a entregar las formas en el escritorio de atención, su celular comenzó a sonar. No contestaría si no era primordial. Vio el nombre en la pantalla del móvil: "Casa"; contestó.
- ¿Aló? – respondió algo inquieta, esperando que no fuera Jake quien llamara a preguntar por su hermana.
- Gina, soy Rebeca. ¿Cómo esta Cassandra? ¿Está bien? ¿Qué tenía?
- Rebeca, Cassandra fue hospitalizada hace una hora y media. Le van a hacer algunos exámenes en el momento en que despierte.
- Gina… por favor, mantenme al tanto. Es mi mejor amiga. Estaba muy preocupada han pasado tres horas desde que te fuiste y sin decir nada.
- Lo siento; pero he estado llenado formas y he estado esperado pues aún no me dejan entrar a verla.
- Le avisaré a todos por aquí no te preocupes; apenas sea una hora más decente en Los Ángeles, llamaré a Denise para que le informe a los chicos lo sucedido. Es mejor que Joe este al tanto de lo que sucede.
- Tienes razón.
- Sra. Berkeley –interrumpió el doctor – su hija ya recupero la conciencia, si me sigue a la habitación. –Señalo delante de él.
- Rebeca, te llamo luego. Iré a ver a Cassandra. – se despidió.
- Claro Gina. Haré un par de llamadas y espero noticias. –colgó.
Gina guardó el celular rápidamente en su cartera y siguió al doctor hasta el ascensor donde presionaron el botón del 3er piso.
- Cassandra se encuentra en la habitación 348 – dijo él serenamente. – Recuperó la conciencia minutos después de que usted se fue; pero estaba débil así que preferimos sedarla pues le seguía doliendo el respirar.
Un escalofrió atravesó su columna vertebral y le puso los pelos de punta.
- ¿Algo más que deba saber doctor?
- Pues sí. Después de observarla un buen rato, le tomamos la temperatura y estaba ardiendo en fiebre así que le pusimos una vía y se le está administrando dextrosa con algunos electrolitos; no podemos dejar que se deshidrate.
La imagen que se dibujó en la mente de la madre de Cassandra no era agradable. Su hija llena de vida y alegre estaba sedada, probablemente pálida, conectada a algunos cables, recostada en una cama en una sala blanca y silenciosa. "Todo es rutina", se repetía a si misma en sus pensamientos; ella estaba acostumbrada a ver pacientes diario pero el solo imaginar a su hija en esa situación le rompía el corazón.
- Todo es… rutina… - dejó escapar en un susurro.
