''Fue la segunda noche entera que pasé con el

Aun…después de tantos años lo sigo recordando

Sus muecas y sonrisas que me hacían feliz

No las he olvidado

Pero…

Al fin al cabo…te equivocaste

De verdad…

Solo soy una muñeca

Pero no merezco más que eso''

-Madeleine.

Más que tú

Capitulo VII

'' Muñecas de Porcelana''

-Entonces…fue por eso, solamente?. Pregunto la joven lady Van Hellsing.

Fue la pregunta…que rompió un incomodo silencio de 12 minutos. En la gran biblioteca de la mansión solo se escuchaba el sonido de la pequeña cuchara de plata, siendo girada distraídamente en una taza llena de té. Quien jugaba sin jugar con aquel elemento, era uno de los amigos de Arthur, Sir Hugh Islands miembro de la mesa redonda. Sentado en un sillón frente a Madeleine, quien sentada sin siquiera tocar el suyo perdiendo la mirada en su té.

-Pensé, que Arthur te lo había dicho, Madeleine. Dijo el sujeto, acomodando sus gafas con el dedo medio de su mano derecha.

-No me lo comentó en lo más mínimo. Incluso, rechazó que saliera con él.

-Sir Justin Monserrat, es un hombre de una muy buena familia aristócrata, por sus cualidades sería perfecto.

-Y, que pasaría si lo rechazo?. Pregunto ella, abriendo sus ojos apoyando su codo contra un lado del sillón y así sosteniendo su cabeza.

-Perderías todo.

-Todo sería…?

-Tu titulo, primero y fundamental, podría llegar a decirse. Todo lo que te han dado, pueden quitárselo, sin mencionar que se divulgará ''eso''.

-Han puesto una fecha?

-Aun eres joven, solo 17 años. Pero, mientras más rápido cumplas 21, sería lo mejor. Recuerda que está planeado hace ya varios años.

-En que le afectaría a mi hermano?.

-No mucho…recuerda, que él si es un hijo…''legitimo''.

-No hace falta que me lo recuerde, Sir Islands.

-Pero pareciera que sí hay que recordárselo. Estas ultimas semanas, te han visto muy ''apegada'' a tu mayordomo, no es así?.

Pestañeo varias veces, pero sin mostrar una actitud de sorpresa. Levanto la vista, mirando fijamente al Sir clavando la vista en sus ojos, haciendo dar a entender que hablaba en serio.

-No, Sir Islands. Recuerde, que él es mi guardaespaldas. Yo, no tengo ninguna relación con él, más que de ser su superior.

Lo dijo cortante, como si fuera la frase más segura de toda su vida. Islands, la miró a los ojos dando a saber que sí sabía lo que decía y a que grado. Dejo su té sobre una pequeña mesa que estaba entre ellos, sabiendo que lo que decía, por lo menos él…sabia que era mentira.

-Sabes, que no tienes por qué mentirme. Dijo el sujeto, cerrando por un momento sus ojos.-por lo menos, no a mí.

-Es la verdad. Dijo ella, manteniéndose firme en todo momento.

-No es digno de una princesa, mentir ni mucho menos, mantener la mentira cuando ya se sabe la verdad. Dijo el Sir, abriendo sus ojos y observando como Madeleine desviaba la vista, jugando entre sus dedos la cruz de plata que llevaba al cuello.-Aunque…si no aceptas, ese titulo no durará mucho.

-Tampoco es digno, llegar sin avisar a las 5.45 a.m… pero sinceramente…recuerde que nunca tuve el poder de decidir si realmente quería esto. La relación que tengo con Walter en todo caso, no debería importarle.

-Quizás a mí no, pero a su majestad y tu hermano, sí…y mucho. Además vine a traerlo, de paso me encontré contigo.

-No sé mi hermano…pero, estoy segura que para su majestad, solo soy una marioneta.

-A decir verdad, una muñeca de porcelana, perteneciente a una colección invaluable. Dijo el sir, quien se levanto con una mano en su bolsillo, ella copió el gesto.

Se acerco a ella, para tenerla en frente llevándole una cabeza y un cuarto. Coloco su mano sobre su cabeza, mientras los negros cabellos de la joven se movían junto al movimiento de sus dedos al apenas flexionarlos.

-Madeleine…recuerda que, solo eres una cara bonita disfrazada con un buen nombre. Dijo serio, sabiendo todo lo que decía, sujetando ligeramente su barbilla levantándola para que ella lo viera a la cara.-eres una hermosa voz acompañada de finos vestidos y joyas.

-Eso me hace una muñeca. Respondió ella mirando el suelo, sintiendo un gran vacío en su interior.-o mejor dicho…una marioneta que no tendría que pertenecer a una colección.

-agradece que tienes la sangre de tu padre. Comenzó a decir el sujeto, caminando hacia la salida, mientras seguía hablando.-Recuerda que Arthur te quiere como la cosa más valiosa del mundo entero, es la razón por la cual no te mataron al nacer. Él, ha hecho todo por ti, haciendo que conozcas el mal…pero que él no te conozca a ti. Piensa en la reacción que podría llegar a tener, si descubre que tienes amoríos con tu mayordomo. Si quieres devolverle el favor…esta es la única y mejor forma de hacerlo.

Solo se escucho la puerta al cerrarse y pocos después la de la entrada principal. Del rostro de Madeleine se vieron destellos que corrían por sus mejillas, mientras ella sacaba un pañuelo del bolsillo de su falda. Comenzó a respirar agitada…le faltaba el aire, un profundo ahogamiento de apoderó de ella. Desabrocho dos botones del cuello de su vestido tratando de respirar mientras caminaba. Colocando contra sus labios el pañuelo, sentándose o mejor dicho cayendo de golpe en el sillón.

Cerro sus ojos, sintiendo como las lagrimas empañaban su cruz de plata y mordía sus labios inferiores. No sabía que tenía en ella, si estaba enferma o qué. Tenía que ser perfecta por lo tanto, no podía siquiera derramar una lagrima. Temblaron sus manos y dedos, sujetándose su cabello encogiéndose en si misma, mientras algo en su mente se proyecto haciendo que diera un largo y silencioso llanto.

Todo…

Es una mentira

Así fue y así será

Una mentira muy bien actuada

De la cual solo yo fui victima

Agobiada se levanto de golpe, cuando recuperó un poco su respiración. Ni siquiera ella entendía que pasaba, como si una fuera una crisis nerviosa. No tardó en salir de la biblioteca, haciendo solo oír el rápido caminado de sus zapatos de tacón, corriendo llegando al cuarto de su mayordomo. Tomando ligeramente con sus largos y finos dedos, el picaporte apoyando su cabeza sobre la puerta, girando lentamente sin hacer ruido.

Allí, estaba él. Con un pijama azul, encogiéndose en si mismo tapado hasta la cintura con las sabanas y cobertores. Cerró la puerta, quitándose los zapatos y caminando hasta llegar sobre su cama a gatas. Cubriéndose ella también, apoyando su cabeza en su espalda, mientras se aferraba a su pijama cubriéndolo de lágrimas. Sintió como él dormido giraba para abrazarla fuertemente. Con una mano en su cintura y la otra en su cabeza haciendo una suave presión para que se apoye en su pecho.

-Perdóname.

Es lo único que puedo decir…

Dime, Walter…

Recuerdas como vivíamos día a día

Nuestra juventud?

Aun extrañas nuestros amoríos adolescentes?

Pienso…

Que verdaderamente había

Un hilo rojo atado en nuestros meñiques

Puedes llamarlo conexión si quieres…


-C-c-cuando llegó, aquí?. Fue el primer pensamiento de Walter al despertar junto a Madeleine.

Miro hacia ambos lados, estaba en su cuarto y no en el de ella. Llevaba un fino vestido bordo con blanco que llegaba a sus rodillas, haciendo que el mismo subiera hasta debajo de sus muslos, a causa que se encogía en si misma. Suspiró y volvió a enterrar su cabeza en la almohada, girando y viendo la fina y delgada espalda de Madeleine. Su cabello, desparramado sobre la almohada, dando a ver que el cierre de su vestido estaba bajado hasta su cintura.

Walter arqueo una ceja, acercándose a ella y besando suavemente su hombro. Incluso el mismo pensó por una fracción de segundo en sentir su cuerpo a través de su vestido, tenía ''las puertas abiertas'' por así decirlo. Pero, hizo un acto contrario. Apoyo su cabeza sobre su hombro, colocando su mano derecha en la parte inferior de su espalda, sujetando ligeramente el inicio del cierre. Y con la izquierda, subiendo el mismo, dando una clara señal para cualquiera, que la respetaba como mujer. Beso un mechón de su cabello suavemente, levantándose y caminando hacia el baño, tomando su uniforme del colegio.

-Me pregunto como habrá llegado aquí. Dijo para si mismo, mientras tenía un cepillo de dientes en su boca, llena de espuma.

No pasó mucho tiempo, cuando Madeleine despertó en la esponjosa cama de su mayordomo. Sintiendo su perfume en las sabanas, supo que estaba allí. Se pregunto como había llegado, por qué y cuando.

Recordaba, haber estado con Sir Islands hablando pero luego todo se volvía difuso en su mente. Miró la hora, aun tenía algo de tiempo para llegar al colegio, tomando con sus zapatos en mano, salio caminando algo rápido para ganar tiempo.

Su cuarto, era el más elegante de la mansión, que en sí tenía que pertenecer a Arthur por ser el señor de la casa. Al estilo victoriano, Madeleine tenía todo metódicamente ordenado. Lo que más llamaba la atención, era un tocador antiguo. Lleno de cajitas pequeñas, dentro de ellas, anillos, aretes, brazaletes, guantes, collares, todo de oro puro, plata y platino. Incluso, algunas joyas, que parecían ser de la corona, o por lo menos, de su mismísima majestad.

La joven, tomo una ducha rápida y comenzó a alistarse para el colegio. Pensando, en toda la conversación que tuvo con Sir Islands. Ella, era una cara bonita, bajo un buen nombre, disfrazada con vestidos y joyas de la corona. Recordó de pronto la práctica que hizo con Walter y sus hilos, cosa que se dio a entender que nunca podría lograrlo. El primer día solamente, termino con rasguños y muchas caídas. Decidió no intentarlo más por lo menos por un tiempo, todo lo hacía perfectamente sin error…a no ser…el deporte físico. No era holgazana, sino que no le gustaba mucho el hecho de correr, esquivar obstáculos, piruetas de porrista por ejemplo.

Tenía la agilidad suficiente para su vida normal y punto. Tenía pensado hoy presentar a Justin con Walter y viceversa. Ya que el joven Sir, había salido de viaje las últimas semanas con su padre. No sabía que reacción tendría cada uno, pero tampoco podía estar con uno si y con otro no.

A los cortos 20 minutos el chofer de los Hellsing's estacionaba frente a la mansión. De allí salió el mayordomo con unos libros y el bolso de Madeleine. Quien, salió después de dejar preparado el desayuno de su hermano en su cuarto. ¡Cuánto le debía a aquel hombre!, pensó con un suspiro. Le debía hasta su existencia en sí, haciendo casi lo imposible para que ella y él estén bien. También, pensó en su otro hermano, Richard, hacía años que no lo veía. Mandaba cartas de vez en cuando, ya que estudiaba en . vaya uno a saber qué carrera y con qué fines. Madeleine casi no hablaba cuando era niña con Richard ya que él solía ignorarla o, mirarla como si fuera alguien inferior. Incluso, una vez recordó cuando su hermano Arthur declaro que la defendería con su vida de ser necesario.

Por lo menos, ella se dio cuenta de que eso quiso dar a entender. En aquella ocasión, donde ella con solo 5 años había tomando algunos libros de Richard con intención de aprender a leer y mirar para aquella edad extraños dibujos en ellos, que resultaron ser graficas y demás. Tal caso, que sin darse cuenta por con sus pequeñas manos había arrancado algunas paginas, y un vaso de agua caído mojando los escritos un poco. Al llegar su hermano, vio lo que había hecho y casi sin pensarlo la regaño haciéndola llorar por las crueles palabras que usó, también abofeteándola y el hecho de jalarla del cabello fuertemente haciéndola meter de un empujón a su cuarto.

La pequeña Madeleine de ese entonces, fue con sollozos a su hermano mayor Arthur. Para que luego Richard y él tuvieran una seria discusión, tan grande (a pesar que el problema no era tanto) que terminó en un puño en el rostro de Richard, terminando en una amenaza de que no molestara a su hermana menor.

Una leve sonrisa se formo en sus labios, sin maquillaje, mientras recordaba como veía a su hermano como un héroe para ella. Walter la miraba mientras secretamente copiaba su tarea, pensando aun como llegó a su cuarto y sin darse cuenta.

Bajaron del auto, para caminar hacia la puerta principal de la institución, casi sin cruzar una palabra. El joven Shinigami, notó muy extraña y algo perturbada a su señorita quien solo se limitó a contestar que le dolía un poco la cabeza. No paso mucho tiempo, para que de un salón saliera Brittany, llevando su uniforme como debía ser. Rodeada de chicas, quienes parecían haberla ayudado con su uniforme. Parecía algo triste, pero esa tristeza cambió a odio y envidia al ver a Madeleine junto con Walter.

Walter, giró su cabeza bruscamente colocando sus manos en sus bolsillos, arqueando ligeramente una ceja. Madeleine en cambio bajo su cabeza, apretando sus libros contra su pecho mirando el piso. Brittany, pasó junto a ella empujándola hacia un lado con su hombro, haciendo valer un gesto de ser superior. A ello, cayo al suelo algunos libros de la joven, pero rápidamente su mayordomo los recogió mirando molesto a Brittany.

-Oye, ten mas cuidado, prima. Se oyó, en tono algo molesto.

Aquel regaño, provino de la puerta principal. El joven de cabello castaño y ojos verdes, Justin avanzaba mirando algo molesto con el gesto de Brittany.

-Con qué?, yo solo pasé por el aire, primo. Contesto ella, caminando por otro pasillo, seguida de algunas chicas.

Madeleine reconoció al instante aquella voz, donde vio como Walter frunció el ceño mirando el piso. Después de haberle entregado sus libros a ella, quien los guardo en su bolso.

-Sé, amable con él, Walter. Susurró Madeleine, mirándolo.-es mi amigo, después de todo.

Terminada la frase, Madeleine se vio vuelta caminando hacia Justin. El se acerco unos pasos hacia ella, para después colocar su mano sobre la cabeza de Madeleine con una leve sonrisa en los labios.

-Buenos días, Madeleine. Saludó el joven, tomando el bolso de Madeleine.

-Buenos días, Justin. Me alegra que hayas vuelto. Dijo ella, con una sonrisa formal.

-Sí, fue realmente alentador visitar de nuevo mis raíces. Ah, y por cierto, toma lo mandó mi madre para ti.

Al decir esto, ella no se había dado cuenta pero Justin tenía un paquete mediano en su mano. Envuelto en papel de regalo rojo con un pequeño moño azul sobre él.

-Un obsequio?. Pregunto ella confundida.-Gracias, pero mi cumpleaños fue hace más de un mes.

-Sí, lo sé. Una fue por que ella insistió y además, según ella con tu madre fueron muy buenas amigas hace mucho ya. Contesto él con una sonrisa caminando y terminando un paso atrás de donde estaba Walter.-Además, servirá para tu colección.

La joven entrecerró sus ojos, apretando un poco el paquete en sus brazos. Pero, decidió llevarlo aun en brazos, para casi correr hasta donde estaba Justin tomando su hombro.

-Por cierto, quiero presentarte a alguien. Dijo algo nerviosa, con una sonrisa leve.

Walter, se había adelantado unos pasos, cuando Madeleine lo llamó y forzosamente tuvo que volver. Tenía la misma altura que Justin, ya que ambos le llevaban una cabeza a Madeleine.

-Que sucede?. Pregunto, arqueando sus cejas como si nada le estuviera pasando.

-Pues, quería presentarte a Justin, Justin él es Walter un gran amigo mío y también mi mayordomo. Explico Madeleine, mientras ambos trataban de mantener un aura tranquila y serena.

-Mucho gusto, Justin Monserrat. Dijo el joven, estrechando la mano de Walter.

-Igualmente, Walter Dornez. Dijo el Shinigami, copiando el gesto.

Un incomodo silencio de apoderó de los tres, Madeleine estaba entre medio de ellos, nerviosa por que al parecer no se cayeron muy bien. Gracias al tiempo, sonó la campana donde todos los estudiantes comenzaron a entrar en los salones. Pero, quizás fue una tortura peor, a razón que Walter tomo la cintura de Madeleine, mientras que Justin hizo lo mismo al mismo tiempo. Madeleine se sonrojo como nunca, más que nunca antes cuando los jóvenes se asesinaron con la mirada. Apretando la cintura de Madeleine, atrayéndola hacia si suavemente, como una silenciosa y también vergonzosa pelea. Caminaron por los pasillos, con Madeleine en medio tratando de alejarse por lo menos unos pasos mas adelante. Pero Walter y Justin no la dejaban, terminaron en el salón de clases. Donde podría decirse que Justin salio victorioso, ya razón que Walter tenía que sentarse al fondo, junto con Brittany.

No tardó en entrar el profesor y comenzar a dar su clase. Así pasó toda la mañana, entre clase y clase, luchas silenciosas por la compañía de la joven. En el almuerzo, por quien le pagaba el de ella, abrirle la puerta de cada salón que entraban. Una tortura y envidia para todas las chicas de la institución. Pero, por suerte llegó la última clase donde el suave atardecer de otoño se acercaba, a las 15.45 p.m. En medio de explicaciones y demás, Madeleine tenía la mirada clavada en su libro de texto, aun sonrojada ya que se escuchaban uno que otro murmullo dedicado a ella y a sus dos acompañantes. Justin solo tenía clavada la mirada en su libro, para luego desviarla hacia Madeleine, pero más que nada a su cabello ya que el mismo cubría un poco su rostro.

Por otro lado, Walter estaba al final después de resumir el texto que debía para un examen. Miró hacia el pizarrón y comenzó a copiar lo que debía, desviando cada tanto o mejor dicho vigilando que Justin no mirara demasiado a Madeleine. Pero luego sintió algo en su tobillo, bajo la mirada y era un papel pequeño doblado. Giro su vista para ver a Brittany clavando la mirada en el papel, algo sonrojada y colocando sus manos sobre sus rodillas.

''Seguiremos siendo, amigos?''

Pestañeo ante la pregunta, diciéndose a sí mismo todo lo que había pasado. Su ex –relación con ella, y la vieja entablada ''extraña amistad'' con Madeleine. También pensó que no era un ''buen momento'' como para charlar algo así. Suspiro y tomo su pluma, pensando todo metódica y lógicamente.

''Por lo que sé, ya no me eres una persona de fiar. Más que nada como te anuncias''

Doblo el papel a la mitad, dejándolo sobre el pupitre de Brittany. Ella apenas vio ese movimiento, tomo la mano de Walter sujetándola suavemente, mirándolo fijamente. Él se alejo rápidamente algo sonrojado y molesto, clavando la mirada en sus libros y el pizarrón. La joven bajo la mirada y abrió el papel luego, cubrir su boca con su mano derecha encogiéndose en si misma, mientras lágrimas manchaban su uniforme. Walter, giró la vista y vio tal escena.

Le había dolido lo que escribió? Verdaderamente se sentía arrepentida de lo que hizo?, fueron las primeras preguntas que rodearon su mente. Sonó el timbre de salida, donde ella secó sus lágrimas con un pañuelo levantándose lentamente. Walter ya estaba a la mitad del salón cuando lo hizo, pero también viendo lo diferente que era de Madeleine y lo igual que ella y Justin eran.

Madeleine, se levanto lentamente mientras Justin coloco su cabello detrás de su oreja. Se sonrieron ligeramente, saliendo del salón con el brazo de Justin en su hombro. Vio como ella ni siquiera giró a verlo, pero Walter perdió la mirada en Madeleine viendo como hacían una perfecta pareja de la aristocracia. Él un Sir, ella una Lady, según escuchó Justin también era uno de esos casos de su majestad. Personas que habían sido educadas para ser ''solamente perfectas y nada más'' al igual que Madeleine. Pensó en aquel obsequio que ella guardo en su casillero y ni siquiera se molestó en abrirlo.

-Podemos hablar?.

Fue la voz que escucho de Brittany quien lo miraba detrás. De sus ojos, ya no brotaban lágrimas sino que estaba algo sonrojada, enredando en un dedo su cabello. El joven Shinigami giró su cabeza mirándola, como al fin vestía decentemente.

-Que quieres decirme?. Preguntó, cuando todos ya se habían marchado, incluso el profesor, sacando de su bolsillo un cigarrillo.

Lagrimas volvieron a brotar de Brittany, caminando por no decir casi corriendo hasta estar a solo un paso de Walter.-Lo siento mucho, Walter!. Exclamo casi, apretando sus puños.

-Brittany, si algo aprendí de esto…fue, que no puedes pedir disculpas después de casi un mes y medio desde que rompimos. Dijo Walter algo frío, encendiendo el cigarrillo, soplando una bocanada de humo.

-Lo sé…pero…siempre, estabas pegado a Madeleine. Pareciera que eres su perro faldero. Dijo algo con rencor, entrecerrando sus ojos.

-Soy su mayordomo, tengo que estar siempre cerca de ella.

-Pero…también parece que aun no te das cuenta que eres su mayordomo.

-Que quieres decir con eso?. Pregunto, agudizando su mirada.

-Que es obvio que estás enamorado de ella, desde que la conociste pero te has cegado tanto, como para saber que no puedes tener amoríos con ella.

-La amo desde que la conocí y si también preguntas, ambos sabemos que ninguno quiso algo serio con el otro. Pero, con Madeleine y yo siempre fue diferente, yo sé que ella me ama a mí también. Dijo Walter firme, dándole la espalda.

-Pero, aun si ella lo hiciera…También tiene algo con Justin. Dijo ella, acercándose un poco más.

Walter dejo caer su cigarrillo al suelo, abriendo sus ojos volteando, molesto.-No digas mentiras. Dijo cortante.

-Estas comprometidos, por si no lo sabías…hace años ya. Desde que aun estábamos en guerra ya tenían un compromiso, de casarse cuando Madeleine cumpla los 21 años.

En eso, Walter recordó a aquel hombre que estaba junto a él, el día que conoció a Madeleine. La frase que dijo retumbo en su mente y en su corazón como dagas más filosas que sus hilos.

''-pues, pierde tus esperanzas, es una lady y ya esta en proceso de comprometerse.''

Lo recordó, frunciendo el ceño y más por que ella no se lo había dicho. Peino con sus dedos su cabello hacia atrás, enderezando su espalda mirando fijamente a Brittany.

-Conozco a Madeleine y sé que quién es ella. Dijo firmemente con una voz severa.

-Aunque ella te amara…Le pertenece a Justin por todo derecho y también privilegio. Además, todos dicen que forman la pareja perfecta…dos muñequitos de pastel…Seguramente tienen su hilo rojo que los ata.

-Dudo que Sir Hellsing, también permita eso y sé que Madeleine no ama a Justin.

-Seria mejor que lo averigües por ti mismo. Dijo ella, tomando sus libros y saliendo del salón.-No te parece extraño…que, ambos salieran y no te hayan esperado?.


Madeleine y Justin se encontraban junto a los casilleros de los pasillos, sentados en una banca en los jardines. Justin, estaba un tanto inclinado de costado hacia Madeleine, mientras que ella estaba sentada sobre sus pantorrillas con el paquete que le había dado la madre de Justin.

-Una más para tu colección…traída desde Francia. Explico Justin, colocando su tobillo derecho sobre su rodilla izquierda.

-Gracias…no deberías haberte molestado. Dijo Madeleine.

-Recuerda que fue por parte de mi madre, pero si quieres también puedes tomarlo de parte mía. Bromeo el joven, con una sonrisa.

Ella devolvió el gesto, comenzando a desenvolver delicadamente el paquete. Para ver una caja blanca, con dos solapas selladas con cinta. Quito la misma para ver perfectamente acomodada con algodones y también telas sumamente delicadas al su alrededor. Una fina y muy costosa muñeca de porcelana, vestida en blanco al igual que su piel de dicho material, blanco y frío. Sus mejillas rosadas, una larga cabellera negra, labios rojos y algo finos para terminar con unos grandes e impactantes ojos celestes al igual de claros que los de Madeleine. Podría llegar a decirse que era ella hecha muñeca.

-Te gusta?. Pregunto el joven.

Ella pestañeo y sonrío ligeramente, pero ocultando un llano vacío interior. Sabiendo que significaba ese regalo.-Sí, gracias a ti y a tu madre, Justin. Se limito a decir, acariciando la suave cabellera de la marioneta.

-Por nada. Respondió el joven, levantándose.

Madeleine, copió el gesto dejando la muñeca en su empaque sobre la banca. Sabía que significado tenía aquel obsequio de la madre de Justin. Era una muñeca idéntica a ella, lo cual significaba que ella no era más que un objeto de mucho valor, que ni siquiera era considerado como una persona.

Quizás el joven Sir, no captó el significado de aquel regalo. Por lo que espero que Madeleine se levantara primero dejando la muñeca en la banca, copió el gesto guardando un silencio de unos minutos.

-Supongo, que eras así conmigo por como están las cosas, verdad?. Pregunto Madeleine, mirando el suelo, suspirando suavemente.

-La verdad…me enteré en el viaje que hice con mi padre. Confeso Justin, dando un paso para estar más cerca de Madeleine.

-Sinceramente, yo lo sabía hace ya muchos años. Pero, nunca pensé que fueras tú. Contesto la joven, cerrando sus ojos.

-Pues…parece que, pronto seremos más que amigos.

Madeleine, levanto su vista hacia los ojos verdes de Justin, sintiendo como el colocaba sus brazos en su cuello abrazándola con fuerza. Ella, no respondió el gesto sino que miró sobre el hombro de él para ver que Walter la observaba.

El joven Shinigami, había bajado a buscarla para encontrarla allí con Justin. Frunció el ceño convirtiéndolo en una mirada severa, mientras que la de Madeleine bajó cerrando sus ojos, sintiendo las suaves gotas que corrían por sus mejillas. Él dio un cuarto de vuelta con la mirada baja y manos en los bolsillos caminando hacia la salida de la institución.


En la mansión Hellsing, solo se escuchaba el suave canto de la joven, tocando un piano negro de cola. Ubicado en uno de los extremos de la mansión, casi oculto en las profundidades de la misma. Junto a ella, sentado en el suelo estaba Walter abrazando sus rodillas, ocultando su rostro en ellas. Incapaz de mirar a Madeleine y viceversa.

Mi marioneta…

Una muñeca…

Incapaz de tener alma

Que solo vive

Para usar finos vestidos y joyas

Muñeca ilegitima

Deja de usar un nombre que no te corresponde

Deja de aparentar ser otra...

Eres de fino cristal

Un golpe y no servirás más

Ten cuidado donde pisas

Nunca se sabe quien descubriría la verdad...

Dime si de verdad

Eres la misma niña

Quien me juró lealtad

Ya no eres más esa niña

Puedes volver a tu miseria

O vivir encadenada

De vestidos y joyas

Siendo una sola muñeca de cristal...

Sin alma ni vida

Con la cual contar

Mira mi marioneta…

Digno trofeo falso cual usar…

Vuelve al pasado

Y verás

Como aquella niña...

Termino siendo una muñeca

Sin libertad

Sin inocencia

Solo con secretos

Cual guardar.

Walter, oía cada verso acompañado del las notas algo graves y en partes agudas del costoso piano. Sintiendo un gran vacío en cada verso que escuchaba de Madeleine, no sabía de donde salían aquellas dolorosas frases. Tenia deseos de saberlo, pero eso le podría costar algo caro, pensó. Pero más que nada, solo pensaba en aquel compromiso que ella tenía con aquel Sir. Así de simple sería encadenada?, según escuchó sería lo mejor para ella y para todos, menos para él.

Levanto la vista a través de sus antebrazos, observando como el largo cabello de Madeleine cubría sus ojos, mientras se escuchaban suaves y silenciosas lágrimas que empapaban las teclas del piano. Como, si aquellas letras significarán más que una simple canción de por allí. Pero también comparándolos con sus propios recuerdos de niño. Sintiendo ambos una ''extraña conexión'', de la cual solo era un espacio para recuerdos dolorosos del pasado, que querían ser olvidados. Solo, que sin éxito.

''Sabes, Madeleine

Después de tantos años

Ya ninguno de los dos puede mirar al otro

Sin sentirse herido

Aquellas canciones que susurrabas para que durmiera

Cuando solíamos dormir en la misma cama

Sonaban como si se las cantase a un niño pequeño

Pero sé bien

Que solo cantabas tu dolor

Que era igual al mío''

-Walter.


Aclaración: El hilo rojo, es una tradición japonesa. Basada en que, cuando dos personas estas predestinadas a estar juntas son atadas en sus muñecas o meñiques incluso ambos, con un hilo rojo. Hasta el prox cap~Thanks a Aletse, por sus reviews que siempre me alentan y a it que dejo uno en el primer cap ^^, Se los agradesco de todo corazon!