VII
"El cargo superior sobre otros es acerca de traer la felicidad a los que están por debajo y el sacrificio de la felicidad del que está arriba, así debe de ser." Desde la tarde, cuando el sol iluminaba desde la Arboleda de las Delicias disparando su fulgor oblicuamente entre las ramas y hojas dejando telas anchas de luz en su paso, Valeria trataba de dilucidar esta frase con cierto esmero y, para su pesar, tristeza por la verdad que carga. Pensaba en el sacrificio de un buen líder por ver por el bien de su grupo, pues estos creen en su líder y, si son dignos del amor de su pueblo, los seguirán sin vacilar pues los líderes ven por el bien común. Pero, el pueblo adora las historias de heroísmo, cuando se vence el mal, cuando un héroe cae y otro se levanta. Casi con egoísmo sólo piden espectáculo olvidando, o sin tomar en cuenta, el sacrificio que se hace al tomar encima tal peso.
Recuerda a sus padres, los reyes pasados del imperio que se perdieron al luchar. Recuerda a su hermano pequeño, Sombra, y la angustia que sintió durante el tiempo que estuvo separada de él. La gente conoce el hecho de que su gobernante "debe de sentirse mal" pero no entienden en realidad cómo se siente. Ella los ama, y los entiende. Jamás dejaría de ver por ellos por un instante. Pero, a veces. A veces, cuando se da el lujo de siquiera pensarlo, quisiera tirar todo por la borda y disfrutar de una vida común y corriente.
Así, hasta que el sol la privó de su luz por el oeste, continuó tratando de esclarecer su perturbada mente. Ya cuando la luna se había alzado, y las nubes la ocultaban en sus tintes de óleo, subió a su cuarto sin querer cenar demasiado. La ausencia de lo que ahora era su familia la abatía sumiéndola en la pesada tristeza que nadie puede quitar hasta que el ser querido vuelva solucionando, como si magia fuese, el suplicio. Recostada en su alcoba, con las largas cortinas de seda fina abiertas, miraba como la luna subía lentamente desde el horizonte hasta desaparecer en lo alto del arco de la ventana. La secreta vida de la princesa del Imperio de Cristal quien fácilmente es afectada por las ausencias y el dolor. En el cielo se pintaban manchas grandes policromáticas que se atenuaban y volvían a aumentar en intensidad con otro color. El apacible reino con sus tranquilas noches de paz, con las auroras que se tuercen sin descanso sobre la punta del castillo de cristal y que aureolaba el techado de los ponies residentes. Tan apacible es que tampoco es difícil conciliar el sueño y esto fue lo que le sucedía, pues poco a poco fue perdiendo la consciencia quedando en un relajante letargo que la liberaba de su pesar al esperar a su familia regresar. Rápidas imágenes se movían bajo sus cerrados ojos. Escenas de tiempos pasados que se tomaba de la mano con los sentimientos resguardados en ellos. Sus padres, su hermano, Hooves, su pueblo. Venía también el resplandor de Philomena al mostrarse frente a las pequeñas hermanas. Todos los seres místicos que abordan la Arboleda de las Delicias protegiéndose bajo el cobijo de la magia del Corazón de Cristal, todos observando cautelosos el nacimiento de dos figuras que, iluminadas por el corazón, eran premonición de grandeza y esperanza. Cuando esta figura de teatro se evocó se vio levantada con brusquedad por el sonido de un objeto que reverberaba en el cuarto como el ulular del viento al pasar entre las rocas. Se acercó al balcón ataviado de flores desde donde se podía observar todas las noches las casas iluminadas por los candelabros llenos de luciérnagas hasta que éstas se apagaban en la hora habitual para dormir, y notó una enorme esfera de luz que provenía de la base del castillo: era el Corazón de Cristal que se había agitado y giraba sobre su eje a causa de algún extraño fenómeno que no comprendía. Sin pensarlo salió de su cuarto y bajó las escaleras con tanta premura que varias veces estuvo a punto de tropezar.
Llegando casi a la mitad del camino, el castillo entero, en su transparente armonía de cristal, se vio iluminado desde la base hasta la punta por la luz azul metálico que se elevó hasta el cielo perdiéndose entre las nubes. Valeria no pudo dar explicación de qué estaba pasando, pero la luz se le adjudicaba a algo de importancia que sucedía en ese momento a quien el mismo cristal zafiro revestía de su luz. Se acercó hacia las ventanas grandes para poder advertir el lugar donde caería la luz. Acaeció, la luz cernió sobre el bosque donde Hooves y los demás habían ido, con una fuerza tal que parecía que con la intensidad luminosa daría a nacer un fuego donde cayó. A la vez se escuchó con gran estruendo el bullicio de los animales que poblaban la arboleda. No había explicaciones para este fenómeno, algo extraño estaba sucediendo en el bosque, lo que inquietaba a Valeria. El deseo de acudir se apoderó de ella y la apretaba como una boa que constriñe a su presa. Más la frase que horas antes había cavilado volvía a ella como una bofetada haciéndole recordar que no debía salir del imperio, pues el Corazón de Cristal necesitaba de ella así como su pueblo entero. Esto era algo que Hooves seguramente diría también. No tuvo más remedio que confiar en ellos. Confiar en que regresarían sanos y salvos hasta ella y contar lo sucedido. Hubo que regresar a su alcoba, a la que tardó por sus pasos cortos y lentos en llegar además de conciliar el sueño trabajosamente horas después, pese haberse levantado en horas tardías cuando todos dormían ya.
Pudo ver sus siluetas, que reconoció aún a gran distancia gracias a la costumbre a la que se adapta la vista. Fue corriendo a los pedestales de cristal que hacen de arco de bienvenida en el imperio para esperarlos. Al ver todo el pueblo a su princesa, sin razón aparente, correr a los límites de la ciudad la siguieron emocionados de tal forma que al llegar la princesa, detrás de ella se había aglomerado el pueblo también. Al entrar a la ciudad, recibieron con enérgico clamor la llegada del cuarteto. Sorprendidos bajaron, todos, la cola, tímidos y asustados, pero al ver a la princesa Valeria corrieron a ella esbozando risas. Los recibió cubriéndolos a todos con sus portentosas alas rosáceas.
-Me alegra tanto que estén bien.- Exclamó con vibrante voz. Miró a Hooves.- También tú, Hooves. Acércate.- Él obedeció.
Dentro de Hooves aún resonaban las palabras de Celestia, dudó por un segundo y luego se acercó para ser cubierto por las alas de su pony especial. Dejó a un lado, por un momento, su imagen inexorable para ser parte de una "familia", aunque no estuviera muy seguro de cómo se siente en realidad eso. Al poco rato la princesa explicó la ardua labor y honrosa misión que emprendieron al público, a lo que todos respondieron con el repiqueteo de los cascos para aclamar su valentía.
Volvieron al castillo, donde los esperaba ya un exquisito banquete de platillos muy bien preparados por su regreso. No era posible evadir la vista del delicioso aroma ni la suculenta vista que causaba a los ojos tan deleitables platillos, hacía falta reunirse de nuevo de esta manera y saciar su hambre con la compañía de sus seres queridos.
En la comida Valeria procuró no preguntar acerca de la misión, dejó que disfrutaran del banquete y recuperaran la fuerza. Se sentía aliviada de verlos a todos comiendo. ¡Ah, pero también había cosas nuevas! Luna y Celestia parecían llevarse mejor con Sombra, este sonreía un poco más. Que por su humilde manera de ser se sonrojaba cuando estas hermanas bromeaban con él. Hooves incluso ya no denotaba tanta seriedad ni tener los mismos "movimientos sistemáticos", tenía más soltura y, aunque no de manera abierta, se notaba en su semblante la apacible sonrisa del sosiego. ¡Cuantas preguntas y cuanto seguro escucharía! ¡Cuánto puede cambiar alguien en sólo unos cuantos días! –Que hicieron más tiempo en trasladarse y regresar que lo que estuvieron dentro del bosque-
Cuando casi todo el banquete se terminó y los platos fueron retirados, se sentaron al pie de una chimenea que emanaba calor de la incineración de su leña. Recostados en almohadones, Valeria se sintió con más confianza para formular lo que deseaba: ¿qué había sucedido en su misión? Al principio todos se mostraron preocupados y un atisbo de lobreguez pasó como flechazo en sus rostros pero a los pocos segundos las facetas se tornaron tranquilas relajando los músculos de la cara que se habían tensado. Comenzó Hooves por explicar el plan que se iba a llevar a cabo, el papel de cada uno en tal plan y las opciones que se tenían contempladas ante cada imprevisto. Continuó hasta cuando, y se disculpó con la cara retorciéndose de vergüenza, Luna y Sombra se perdieron entre la espesa niebla. Paró. Luna continuó desde que encontró el pueblo minutos después de darse cuenta de que se había separado del grupo, su encuentro con el espectro y lo que pasó una vez manipulada por este.
He aquí la plática entre Sombra y Luna, para que puedan comprenderlo mejor, después de la derrota del espectro:
"Con ambos potrancos abatidos por el cansancio, y con Luna extasiada por el surgir de su CutieMark –a la que no entendía su significado aún- comenzaron a platicar poco a poco. Pues aún después de haberse ayudado seguía una hostilidad de niños cuando no se agradan lo suficiente por equis o ye razón. Luna lo miraba, él estaba agotado, parecía que había peleado y no sería nada educado no preguntarle porqué pues era obvio que fue su voz la que escuchó mientras estaba en la prisión del espectro. Así que se dignó a hablar.
-Creo que escuché…-
-Fui yo, sí.- Interrumpió Sombra.- No se por cuánto tiempo estuviste en el poder de esa cosa, cuando llegué tu cuerpo se había vuelto obscuro y tu cabello blancuzco. Cuando un pony es controlado por esas cosas su cuerpo se vuelve cenizo y su actitud cambia totalmente. Yo… estaba convencido de que acabaría ahí y tú también bajo su control. Nadie antes había logrado algo así.
Luna era, a decir verdad, muy atenta al escuchar a las personas. Sabía escuchar y las pocas personas que alguna vez hablaron con ella notaban esta loable cualidad. De esta misma virtud se valió para notar que en su voz había tristeza y retazos de experiencias pasadas dolorosas de quien sabe de qué está hablando. No dudo en preguntar qué era lo que sabía de esta cosa. Él respondió.
"Es una historia que me contaron mis padres hace tiempo, era aún más pequeño y me es difícil poder recordarlo, pero era algo que ya no existía aquí por un "sacrificio" que tuvo lugar hace muchísimo tiempo atrás. Mis padres eran entonces los reyes del Imperio de Cristal, tan alabados y dignos para todos a sus ojos, eran benevolentes y justos. El sueño de nuestros antepasados fue unificar los pueblos y las camadas de nómadas en un solo reino para que Equestria viera por fin una paz y estabilidad. Para cumplir tal empresa mis padres se la pasaron recorriendo las tierras, los valles, las costas y montañas para hablar con los diferentes pueblos y unirlos en su causa. Al principio eran renuentes y no creían que se pudiera lograr tal objetivo, en la parte sur de Equestria reina un ser abominable que no tiene forma definida; se la pasa jugando con los animales y ponies, los hace sufrir y les juega todo tipo de artimañas. Para tratar de levantar la moral de estos pueblos que no creían en la unificación que proponía, mi padre inauguró la feria del Imperio de Cristal e invitó a cada uno de los pueblos con los que había hecho contacto. Era obvio, al principio eran muy pocos los que iban –además de los habitantes del imperio- pero poco a poco se iban sumando más a la causa y con ello los líderes de cada aldea, pueblo y grupo nómada les rindieron pleitesía a mis padres. La feria se había vuelto tan aclamada y adorada, su existencia era conocida por todos lados de Equestria –incluso de aquél que reina la parte sur- que la palabra confraternización tenía mucho sentido y presencia.
Pero el fruto del esfuerzo de tanto tiempo de mis padres, y sus antepasados, se vio frustrado cuando llegó la noticia de que se divisaba masas de metamorfos (changeling) agitarse en sus tierras más allá de Equestria. No sabían por qué razón, pero se temía que tratarían de invadir para conquistar. Se armó todo el imperio para tratar de detenerlos pero cuando el ejército, liderado por mis padres, estuvo en los límites de Equestria para devolver a los metamorfos a su lugar de origen, surgieron aquellas sombras. Recuerdo como las montañas que dividen Equestria de lo que hay más allá de la misma se inundaban de formas negras que no conocíamos. Éramos ignorantes del poder de estos espectros y su origen. Más de la mitad de nuestra gente se vio derrotada y consumida por estas sombras. Mi padre… -Su voz se quebraba cada vez más mientras más hablaba y recordaba.- él también fue manipulado por las sombras al salvar a mi madre. Las sombras continuaron su paso hasta el pueblo más cercano a estas fronteras, y ahí estaba yo esperándolos. Huimos tantos como pudimos, mi madre llegó a tiempo para salvarme. Me tomó en su lomo y cabalgó tanto como pudo hasta que casi desfalleció después de un día entero sin descansar. Estuvo a punto de perecer sino hubiera sido por encontrarnos con un grupo de nómadas que nos reconocieron y nos llevaron de regreso al imperio, donde se quedó mi hermana para comenzar su labor como gobernante en ausencia de mis padres.
Pasaron algunos meses, mi madre investigó qué eran esas cosas y de dónde venían. La información acerca de ellos era muy reducida. Nuestra biblioteca, pese a los libros antiguos que posee, no nos daba lo que necesitábamos. Recuerdo a mi madre angustiada por la pérdida de mi padre, era muy pequeño para comprenderlo. Un buen día se encontró con uno de los éteres de la armonía. Ahí encontró las respuestas en un lago mágico dónde se evocan historias de tiempos pasados el beber de su agua. Pocos saben el origen de la "Consciencia Lunar", así como pocos saben también que el peligro que representa es mayor del que se quisiera. Mi madre se decidió a ir a vivir en el pueblo fronterizo para restaurarlo después de haber quedado en ruinas gracias a la "Consciencia Lunar". Yo quería ir con ella, sabía que debía estar con ella –lágrimas empezaron a correr de sus ojos-. A las semanas supimos que el pueblo había sido atacado de nuevo mientras se hacían las reparaciones pertinentes. La guardia real del reino, entre ellos la familia de Hooves, fue capturada por criaturas malignas que se aliaron con los metamorfos en un ataque bien planeado. Jamás volví a saber de mi madre, pero sé que también fue poseída por la "Consciencia Lunar". Otro grupo de soldados salió del reino en su búsqueda y rescate, y yo, que no podía soportar el dolor de perder a mis padres, me escondí en la carreta en donde viajaron. Gracias a que era de noche mi hermana, quien había quedado como gobernante suprema del Imperio de Cristal, no notó mi ausencia hasta muy tarde. Jamás me puse a pensar en que ella también se sentía desconsolada, fui demasiado egoísta."
Se tomó un tiempo para respirar. Entre cada bocanada de aire soltaba un largo suspiro. Se limpió las lágrimas y miró a Luna. Se encontraba sorprendida, apenada por su actitud hasta entonces con él, escuchando cada palabra que él decía. Él continuó.
"Los soldados no se dieron cuenta porque me escondía entre sus cosas y me alimentaba hurtando parte de su comida para el trayecto. Ya estábamos a punto de llegar cuando dejaron la carreta y yo tuve que bajar y mostrarme. Se pasmaron al verme, se consternaron. Me hicieron un sinfín de preguntas de porqué lo había hecho, decidieron que regresarían para dejarme en casa pero les supliqué que no lo hicieran, quería ver a mi madre, quería ver qué había pasado; con ellos incluso sería posible entrenar para ser de utilidad. Caminamos de regreso un par de días hasta que los convencí. Me quedé entonces con ellos, no sin antes mandar una carta a mi hermana exponiendo mi deseo, y varios meses pasaron con arduo entrenamiento y enfrentamientos contra los metamorfos y la consciencia lunar tratando de buscar indicios de mis padres."
-Pese a que ya he tenido experiencia en combates, derrotas, e incluso vivir pérdidas.- Exclamó.- Me sigo sintiendo abatido por la guerra y el dolor.
Luna, conmovida por esta confesión, se juró jamás tratar mal a Sombra de nuevo. "Nadie podría dejar de sentirse mal por eso", le dijo. Ahora conocía parte de su vida, una difícil vida, sin duda. Lo apoyaría, sería su amiga, era lo menos que podía hacer para calmar también su deseo de animar a tan desdichado pony. Luna no era rencorosa, tampoco odiaba a alguien, no era su forma de ser. Ella se sentía siempre conmovida por las peripecias de la gente y las ayudaba para aliviar su dolor. Se propuso ser buena amiga de él. Era loable lo que había hecho. Era terrible lo que había vivido.
Sombra explicó después qué había pasado con ella después de haber sido poseída. Ella, claro que por obra del espectro, atacó a Sombra con brutalidad. Sombra estuvo a punto de abandonarla creyendo que la había perdido de no ser que su cuerpo comenzó a mostrar retazos de otra voluntad que no era la del espectro mismo. Su rostro comenzaba a llorar, susurraba algunas frases que él no entendía y para combatir esto el espectro trataba de encerrarle en su prisión de sueños más y más. La sorpresa fue que entre más lo intentaba, el cuerpo de Luna lo rechazaba y fuertes agitaciones acaecían sobre ella. Decidió quedarse y luchar para mantener distraído al espectro mientras Luna, por su parte, trataba de liberarse del yugo al que estaba sometida. En varias ocasiones se vio impactado por el poder de los hechizos de la otra Luna, pero no podía rendirse al ver que desde dentro no se rendía. Llegó un momento en que la piel ceniza se comenzó a resquebrajar y a caer dejando al descubierto la verdadera piel de Luna. Con más ahínco el espíritu atacó a Sombra e intentó recuperar el control. Sombra pudo someterla con un hechizo gracias a la oportunidad, pues cada vez parecía debilitarse más. Repentinamente una luz, la misma que tiene el Corazón de Cristal cayó sobre ellos. Luna comenzó a recuperar su color en esta luz que la bañaba y tiraba la piel que no era de ella. De esa misma luz, que se centró en sus costados, nació su CutieMark que con gran pompa emergió. Finalmente el espectro se consumió entre la luz y el recién descubierto poder de Luna. Lo demás es lo que ya se sabe."
Todos escucharon callados mientras Luna contaba lo pasado. Hooves y la princesa Valeria ya conocían la historia, sólo Celestia, quien se mantuvo tranquila escuchando, no sabía aún del pasado de Sombra y los predecesores a la princesa. Los primeros dos se miraron, miraron a Sombra quien estaba cabizbajo. Valeria se reunió con su hermano y lo abrigó con sus alas, éste respondió con una sonrisa llena de calidez. Valeria se preparó para hablar. Trató de escoger bien las palabras y formular bien lo que diría, una vez decidido comenzó a decir, esta vez sin el típico tono de anuncio o recato, esta vez tenía un tono más de cercanía:
"Ustedes son las personas más cercanas a mí. Los considero como mi familia, los estimo a todos y cada uno de ustedes más de lo que puedo demostrar. Confío en ustedes plenamente."
"Cuando mi madre descubrió la verdad acerca de la Consciencia Lunar descubrimos también la verdad acerca del Corazón de Cristal y de los éteres de la armonía. El mundo está lleno de magia, criaturas místicas y poderes que no podemos comprender del todo. Hay, entre estos, varios que son más poderosos que los demás y que implican una fuerza sin igual pero que a la vez tienen una especie de voluntad. Lo que mi madre encontró fue el Lago de los vestigios, que hace evocar a todo el que lo bebe –si es acreedor de la gracia del mismo lago- momentos pasados, a veces de demasiado tiempo atrás. Ahí mi madre conoció el origen de la consciencia y la verdad acerca del mundo."
