Capítulo 7 – Lunar de chocolate


Eran las diez de la mañana del domingo y Taiga se levantaba como un zombie por un poco de comida, tenía el cabello todo desordenado y las tripas rugiéndole hasta más no poder. Entró a la cocina y sacó una caja de jugo de la refrigeradora tomándoselo de frente, mientras prendía la televisión y miraba la nueva revista editada de Básquet —que le había regalado Kuroko ayer después de irse del Maji Burguer—, había un artículo de Seirin ya hablando de ellos como un equipo que nació para triunfar.

El azabache también salió después de unos minutos, pero ya cambiado con ropa de deporte y su maletín, miró a su hermano y lo saludó.

—¿Y esa revista? —le preguntó—; ¿No que no nos habían mandado dinero? Hijo de tu padre, de seguro te lo has guardado todo.

Kagami se rio y le tiró la carta que había llegado de sus padres. Ellos se estaban disculpando que ese mes no podrían enviar dinero por problemas con atrasos de sueldo. Además, les deseaban lo mejor, y que ojalá hayan sido precavidos y ahorrado para estas ocasiones.

Himuro dejó el papel a un lado y fue a servirse el desayuno antes de irse, se sentó al lado del pelirrojo y le quitó la revista.

—¿Entonces? ¿Tenías ahorros? Esta cosa cada vez es más cara, quise comprarla, pero no me alcanzaba.

—Me la regaló Kuroko —dijo arranchándosela—. No la toques que te puedes "contaminar".

Tatsuya frunció el ceño y rodó los ojos cansado de ese chico sombra.

—Tenías que mencionarme a ese enclenque —se quejó — Gracias por arruinarme el café.

Kagami lo largó con la mano y siguió leyendo el artículo de su preparatoria. Pasaba las hojas escuchando una y otra vez lo que Tatsuya le decía sobre Kuroko. No se podía ni imaginar qué diría si le decía que ya estaba en una relación con su sombra, quizás le daba un paro cardiaco y ahí quedaba Himuro Tatsuya a sus 17 años. Rio en su interior y prefirió seguir ignorándolo hasta que se cansó y le preguntó por su atuendo.

—Tatsuya, que te violen ya (?). —Se fastidió—. Es mi vida privada, ya te lo he dicho. Más bien dónde vas tú —sonrió.

—Hoy vendré a eso de las 6, lleva llave, Taiga. —Le advirtió—. Estaré jugando con Atsushi en el gimnasio de Yōsen, estaremos rato.

— ¿Con Murasakibara? —se burló—; Pensé que él sólo pensaba en dulces y todo eso.

—Es buen tipo, sólo tienes que comprenderlo mejor. Nos vemos.

Himuro dejó la taza de café en el caño y se fue; mientras que, Taiga le respondió con un "Ya-ya, piérdete", le había llegado hasta los huevos escuchar tantos insultos hacia Tetsuya. No sabía cuánto tiempo más podría ocultarlo.

-o-

Eran las seis de la tarde y Shintarō seguía parado afuera de la habitación de Seijūrō, hace más de cuatro largas horas que estaba en la misma posición. Cuatro horas esperando que el enano terminara de tomar la siestecita de la tarde. No podía creer su mala suerte, ahora debía soportar lo que hace años aguantó por la dichosa firma.

El pelirrojo salió con pijama y sonrió de manera maligna, pidió que lo acompañara a la sala que su madre le había pedido que bajara. Midorima lo acompañó y cuando vio a la señora Akashi la saludó y ella lo abrazó afectuosamente, él era muy querido por ahí.

—Madre, necesito tu firma para pedir permiso en la preparatoria.

Akashi le pasó unas hojas y ella las firmó sin siquiera leerlas. Era de suponerse que tendría rienda abierta al dinero con tanta facilidad. Terminó de firmar todas las hojas y siguió metida en su ordenador viendo papeles de negocios y correos electrónicos de finanzas.

Midorima le pidió prestadas un rato las hojas a su amigo y las leyó de manera rápida, sí le parecía extraño que él se estuviera encargando de llamar al hotel y reservar sin siquiera pedir permiso a sus padres o comentarlo.

—Akashi, ¿no les dirás nada? —Se extrañó—; Es por una semana y si se enteran podrías meterte en problemas.

—Shintarō, es increíble… —Suspiró al escuchar la ingenuidad de su amigo, pero le daría el beneficio de la duda a su petición—. Madre, puedes llamar al hotel y-…

—Sí-sí, hazlo tú, Seijūrō. Sabes que no me gusta que me molestes cuando trabajo. Si vas bien en tus estudios, puedes tener todos los lujos que desees.

Tal cual lo dedujo el pelirrojo. Su madre únicamente tenía sus chispazos de maternidad cuando no trabajaba o cuando no estaba metida en los negocios; solo en esos casos.

Cogió el fólder y se fueron otra vez a la habitación de Akashi, el pelirrojo aún tendría que hacer unas cuantas llamadas en la noche para confirmar las reservaciones. Subieron las escaleras y al fin lo hizo pasar diciéndole que tenía una hora para soltar su urgencia.

—¿Qué tienes, Akashi? —Se enfadó—; ¿Te has levantado de malhumor?

—Sé lo que me pedirás, Shintarō —dijo sentándose en el sillón— ¿Para qué quieres que te traiga otra si al final sabes que Kazunari la volverá a arruinar?

Midorima suspiró quedadamente y se dejó caer aburrido en la cama de Seijūrō. Era el colmo, había estado esperando por las puras, ese tono de Akashi significaba que por más que le rogara no le compraría nada y que, en realidad, no tenía intenciones de escucharlo si quiera.

Se sobó los ojos y siguió pensando en el viaje a Estados Unidos que podría hacer o quizás podría aprovechar ese campamento y darse una escapada.

—Ya me tengo que ir, Akashi —le dijo sentándose en la cama—. Gracias por tus lecciones nanodayo.

—Pídeme otra cosa. —El pelirrojo se paró y con un dedo lo empujó para que se volviera a echar—. Comprarte la misma camiseta, no llama mi interés. Supéralo, Shintarō.

—No lo entenderías. —Se quejó—. Así como a ti te gusta ganar, a mí me gustaba esa camiseta. Pero tampoco pido que lo entiendas, ya me voy nanodayo.

Se paró y salió del cuarto sin decir más ni oír aunque sea una respuesta de Akashi.

El pelirrojo se rio internamente y echó llave a su puerta, sacó una caja debajo de su cama y la abrió dejándose ver la camiseta ya autografiada y unas cuantas cosas más. Las puso a un lado para guardarlas en otro rincón abriendo su closet para refundirlas en el último cajón. Sabía que Shintarō no se rendiría a la primera mala tratada, volvería unas 20 veces o quizás más. Lo volvió a cerrar y tuvo la misma reacción que Midorima tirándose en su cama suspirando. "Si supieras que la compré apenas me enteré, Shintarō, quedarías sorprendido", susurró esbozando una suave sonrisa.

-o-

Todo el desayuno, Taiga estuvo escuchando las mil maravillas de Murasakibara, que era muy distraído, pero cuando jugaba era un puto dios de dos metros y algo de que "no se fallaba ningún tiro", "que era una admiración para él y blablablá". No sabía cuánto más había oído de ese come-dulces, pero se estaba oliendo algo entre esos dos. Himuro nunca le había hablado tan bien de alguien como lo hacía de su nuevo compañero de equipo y no es que lo conociera tanto tiempo, apenas un de par de meses.

Llegó a la preparatoria cansado y tiró su maleta al piso para caer sobre su asiento, Kuroko pasó por su costado y lo saludó notando su malhumor. Tetsuya dejó sus cosas encima de la carpeta y se cruzó de brazos, susurrando algo que sabía que su novio escucharía.

—Amor, ¿qué te pasa?

Kagami volteó al instante, se había quedado con cara de sorprendido.

— ¡¿Qué carajos?! ¡¿Qué mierda me dijiste?! —Se exaltó.

Tetsuya soltó una pequeña risa, se estaba burlando.

—Nada, Kagami-kun, pero qué te sucede —le preguntó sereno— ¿Otra vez te peleaste con Himuro-san? Quizás debería hablar con-…

—¡No-no! —dijo de inmediato—. Yo me encargo de él, no fue por eso en realidad. Si no que… Kuroko, ¿qué piensas de Murasakibara? ¿Él suele compartir sus caramelos?

—Murasakibara-kun es huraño con los desconocidos, se demora en memorizar tu nombre si no eres de su agrado y no comparte sus dulces, rara vez lo hace.

Kagami asintió con la cabeza y se volteó al ver al profesor cerrar la puerta del salón. Ya comenzaría la aburrida clase de química, encima tenían un pequeño test para el cual no había estudiado, ni siquiera había abierto el cuaderno.

En el transcurso de la semana, ya tendría tiempo de investigar o preguntar más sobre Atsushi. Era muy probable que los demás de la Generación de los Milagros le brindaran más datos de utilidad.

-o-

Himuro debía salir volando de su casa, ese día tenía examen a primera hora. Salió de su cuarto ya cambiado y abrió el refrigerador sin acordarse de que estaría vacío. Maldijo su suerte y lo cerró con rabia. Kagami salió muy relajado y saludó a su hermano.

—Taiga, ¿no tienes nada de comida?

—En la preparatoria, desayunaré ahí ¿Por qué? ¿Quieres que te preste dinero?

Tatsuya revisó sus bolsillos y no encontró ningún dólar.

—Sí, no tengo nada, aunque sea para comprarme un par de panes.

—Ah qué pena, no tengo nada tampoco —se burló—. Pero puedes tomar agua o no sé, ruégale a alguien por ahí, ya verás.

Por ser un poco considerado, le aventó un termo lleno de agua caliente a su hermano.

El azabache mostró incredulidad en su mirada y prefirió irse de una buena vez. Pero entre que bajaba las escaleras reflexionó las palabras de su hermano: "En la preparatoria". Salió del edificio y mientras sus tripas sonaban recién entendió el trasfondo de la oración, "Este hijo de su padre, seguro su querido Kuroko le lleva el desayuno y el almuerzo, maldito, con razón andas tan tranquilo", masculló.

Sus clases fueron un sufrimiento, se movía de un lado a otro mirando hacia cualquiera lado con tal de no pensar en comida, pero cada vez que miraba para el lado de Atsushi le rugía más la tripa al ver toda la bolsa de dulces que su amigo se estaba comiendo.

En la hora del almuerzo, Himuro andaba que se apretaba el estómago. Le parecía una cruel tortura ver a todo el mundo con sus almuerzos, disfrutando de una rica comida hecha en casa; incluso el olor era casi un despiadado castigo.

Apoyó su cabeza en el pupitre y se lamentó no haberse negado a que su hermano manejara el financiamiento del dinero.

—Muro-chin… Muro-chin… —Le insistía tratando de sacarlo del trance— ¿Estás ahí?

— ¿Eh? Ah, Atsushi ¿Qué sucede? —le preguntó sobándose los ojos, ya estaba empezando a delirar del hambre.

—¿Quieres almorzar?

—No he traído nada de comer —decía en agonía—. No me lo recuerdes.

Murasakibara cogió su mochila y sacó su envase de comida. Sus abuelos, esa mañana, habían preparado su almuerzo porque no querían que su hermoso nieto anduviera comiendo porquerías en la calle, ya le habían descubierto las envolturas de dulces debajo de su cama y ya entendían por qué siempre paraba yendo al dentista y con reportes dentales.

Tatsuya se sorprendió al ver que Atsushi le dejara su almuerzo encima del pupitre para después volver a comer los caramelos.

—Lo hicieron mis abuelos —le decía—. Come, Muro-chin… sé feliz…

A Himuro se le iluminaron los ojos.

—¿En serio? ¿Estás seguro que me puedo comer tu almuerzo?

—Ah… sí… come.

No se puso de orgulloso y abrió el envase de una buena vez. Cogió el tenedor y comenzó a devorarse el arroz, había estado aguantando el hambre por más de 11 horas. Atsushi lo miró de reojo y sonrió.

—Muro-chin, todos te están mirando raro… ¿Por qué comes así?

Tatsuya dejó el cubierto y miró a su alrededor. La mayoría de chicas lo estaban mirando con cara de espanto, había estado comiendo como un cavernícola.

—Creo que… Vamos a la azotea, Atsushi.

El mayor sacó un paquete de papitas y siguió a su compañero. Subieron las escaleras rápido antes de que acabara la hora del almuerzo, Himuro se sentó en un lado con sombra y sin esperar más siguió comiendo a su gusto. Atsushi lo vio y se sentó a su costado mientras seguía disfrutando de sus frituras, le daba gracia ver a Himuro tan hambriento.

Tatsuya terminó de comer y le dio las gracias a su compañero por la rica comida que le había obsequiado, realmente le había salvado la vida.

—De nada, Muro-chin. —No le estaba prestando mucha atención.

Murasakibara parecía inmerso en estar disfrutando las últimas migajas del fondo de la bolsa, no quería interrupciones. Himuro arqueó una ceja y optó por no molestarlo, sacó de su bolsillo una servilleta y se empezó a limpiar los restos de comida. No podía creer que haya comido como un salvaje. Guardó el pedazo de papel y ahí recién se percató de una fuerte mirada que recaía sobre él, volteó y vio que Murasakibara estaba muy cerca mirándolo fijamente.

Atsushi se había dado cuenta de algo al verle más de cerca el rostro a Himuro. El lunar parecía una pequeña gotita de chocolate. Se aproximó peligrosamente hacia el moreno y sacó su lengua rozando la piel donde se encontraba el singular lunar.

—¡¿Qué te pasa?! —Himuro trató de empujarlo, pero el mayor lo largó con el brazo para que no lo pudiera golpear— ¡Atsushi!

—¿Qué~~~? Solo era una broma, no te molestes, Muro-chin.

Himuro soltó un suspiro de resignación, mas le advirtió que no se atreviese a volver a hacerlo si no quería un ojo morado. El mayor se encogió de hombros, poco o nada le importaban las advertencias y esperó a que se despistara para hacer nuevamente lo mismo.

—¡Atsushi! —Otra vez le gritó.

Murasakibara, en vez de alejarse y cortar con su broma, le volteó el rostro desde la barbilla y lo besó. Al principio, Tatsuya no pudo ni mover los labios hasta que sintió esas manos tan grandes deslizarse por su cintura tratando de acercarlo aún más.

No se lo explicó, pero se dejó llevar. Empezó a corresponder al beso siguiendo el juego de la lengua de Atsushi, no sabía qué rayos estaba haciendo, pero no podía negar que le estaba gustando esa sensación tan prohibida. Quizás hubieran seguido de largo, pero gracias al odioso e impertinente timbre, se separaron.

—Atsushi… creo que… vayamos a clase —susurró.

A pesar de ser él quien lo decía, su cuerpo seguía bien plantado en el piso. Murasakibara tuvo que jalarlo del brazo para poder irse, bajaron las escaleras aún agarrados y llegaron al salón donde Himuro se plantó; el shock todavía no le pasaba.

La mayoría de sus compañeros ya habían entrado e incluso el profesor ya se encontraba escribiendo en la pizarra. Atsushi tuvo que empujarlo para que pasara, el profesor los miró molesto y se acercó a ese par.

—Himuro-san, Murasakibara-san, el almuerzo terminó hace 10 minutos. —Los reprendió—. ¿Por qué llegan tarde?

—E-estábamos comiendo —le dijo el azabache agachando el rostro.

El maestro, con pesadez, les recordó que tenían que contabilizar bien su tiempo. Luego, los mandó a sus asientos para poder comenzar ya la clase. Ellos pasaron siendo el punto de las miradas de los demás, llamaban mucho la atención gracias al rostro sonrojado de Tatsuya, era muy evidente que algo le había pasado.

En las prácticas de básquet, Himuro jugó de manera decente, pero eso no indicaba que había olvidado lo que le pasó en la azotea. Cada vez que lo mandaban a sentarse, se ponía a reflexionar por qué carajos correspondió el beso después de haberse burlado tanto de los gustos raros de su hermano; sin contar que, ni siquiera podía mirar a Murasakibara sin sonrojarse.

Estuvo de ese mismo modo hasta que terminó todo, cogió su maletín y se fue sin siquiera bañarse, por primera vez la ducha "caliente" esperaría hasta la casa.

Llegó, tiró las llaves y se metió al baño sin prender la terma. Abrió la regadera y metió su cabeza en el agua fría, no necesitaba calentarse más, lo que quería era que se le bajasen todas las hormonas a los pies. No podía creer lo que le estaba pasando, ahora sí estaba perdiendo los estribos.

Se quitó la ropa y metió su cuerpo completo a la bañera quedándose largo rato remojándose hasta escuchar un ruido, el cual le indicaba que Kagami había llegado. Cogió la toalla y se la puso alrededor de la cintura. Se miró en el espejo y al ver que tenía una expresión decente salió. Su hermano lo saludó y le dijo que la cena estaría lista en un par de minutos, sirvió en dos platos el arroz con curry —Kuroko le había dado los ingredientes— y le alcanzó uno a Himuro que parecía con la mirada algo perdida.

—Oye, Tatsuya, ¿tienes algo? —le preguntó preocupado—. Mayormente estarías a la defensiva preguntándome de dónde saqué la comida.

—No… es que tengo mucha hambre como para preguntar —le dijo evadiendo su mirada.

— ¿Y qué comiste? ¿Alguien se apiadó de ti?

—Sí… A-Atsushi me dio su comida —le dijo casi susurrando.

El pelirrojo intuyó que no era un buen momento para hablar con su hermano. Para él, seguro habría tenido un mal día o quizás no había llegado a la ansiada prueba; siguió comiendo sin preguntarle más y al terminar se metió a su cuarto.

Ya echado en la cama, Kagami pensaba en lo último que le había dicho su hermano, ahora no únicamente eran los dulces sino también compartía el almuerzo con él. Ya estaba todo acomodándose; Kise, Aomine y Midorima le habían dado algunos datos. Solo le falta preguntar una cosa más para estar seguro y de ahí le soltaría la bomba sobre su relación con Kuroko.

-o-

Kagami fue el que se levantó más temprano, tenía algunas cosas para hacer una pequeña lonchera para cada uno. Kuroko le había dado suficientes ingredientes para dos o tres días. Prepararía pan con tortilla y hot dog, y un par de infusiones. Encendió la candela y empezó a freír rápidamente, al terminar empaquetó sus desayunos y dejó la lonchera de su hermano en un lugar visible y se metió a bañar.

Al salir, vio a Himuro ya uniformado saludándolo, ya no se le veía tan perdido como ayer. Estaba más tranquilo.

—Ahí está tu desayuno, disfrútalo porque no hay almuerzo —Le recordó.

Cogió su termo de té de hierbas y se despidió del pelinegro. Taiga bajó las escaleras corriendo y se apresuró, tenía 7 minutos para llegar a Seirin, sino le llamarían la atención nuevamente por llegar tarde.

En el almuerzo Kagami volteó y Tetsuya le dio un envase de comida, el pelirrojo le agradeció y le preguntó sus últimas dudas.

—Kuroko, ¿él come dulces suele llevar almuerzo a la preparatoria?

—No que yo sepa, Kagami-kun, pero si lo hiciera sería algo hecho por sus abuelos.

Taiga se mordió levemente los labios analizando la situación.

— ¿Y si lo llevara, lo compartiría?

—Adora a sus abuelos, no creo que regale algo que ellos le hagan especialmente para él.

El pelirrojo se quedó callado un momento y se volteó para pensar más tranquilo. Se quedó varios minutos en silencio hasta llegar con la respuesta correcta, al fin había hecho un descubrimiento para la prosperidad.

Volvió a mirar a Tetsuya y se quedó con los ojos fijos en él, ahora que también lo pensaba el menor había respetado al pie de la letra sus palabras desde aquel día que empezaron.

—Oye, Kuroko, tú eres bien obediente, ¿no?

—No me pegues, Kagami-kun, hago todo lo que me digas —dijo a la defensiva.

—No te voy a golpear, idiota. No se te puede hablar bien sin que te exaltes —se burló—. Pero… solo quería decirte que… me gusta estar contigo.

El chico sombra dejó caer su pan con pollo de las manos y se sonrojó. Jamás hubiera esperado un halago de Kagami tan pronto, aunque supuso que más lo decía por la comida que por otra cosa.

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Ahora sí Kagami llegó a su casa triunfante, dio una vista rápida y al no ver una mochila tirada en el suelo, supuso que su hermano aún no llegaba. Alzó los hombros sin importarle y fue a la cocina a preparar de una buena vez la cena, tenía varios envases de sopas instantáneas y un poco de arroz.

Se puso a calentarlos y en eso llegó Himuro con una leve sonrisa. Taiga lo miró de reojo y adivinó de antemano qué le diría o qué habría pasado con el "genial y grandioso" Murasakibara como siempre le decía. Terminó con las cosas y le pasó su plato de comida especificándole esta vez con hincapié que Kuroko le había dado dinero para comprar esa cena y que debería agradecerle cuando lo vea. A lo que el azabache asentó sin protestar como si no le importase, excusándose en que debían ser agradecidos con los que ayudaban en momentos de necesidad.

—De todas formas andas muy cedita, Tatsuya. Por cierto, ¿almorzaste hoy?

—Sí, otra vez Atsushi me dio su almuerzo, es un gran amigo… ¿Y tú?

Kagami sonrió y mencionó solo el nombre de Kuroko. Su hermano volvió a asentar con la cabeza y siguió comiendo, no tenía palabras para decirle nada. Sentía que aún necesitaba más tiempo para procesar lo de Atsushi.

—En realidad lo suponía —dijo el moreno después de rato.

Taiga se dio cuenta que era el momento perfecto para dejar de esconder ciertas cosas, ya que su hermano andaba de buen humor.

—Ah, qué bueno que andes muy comprensivo. Como no me gusta ocultarle nada a mi adorado y querido hermano, quería contarte que YA estoy con KU-RO-KO.

Tatsuya simplemente se quedó pasmado botando todo lo que se había metido a la boca. No supo en qué momento, pero de pronto al moreno se le borraron los recuerdos. Ya no importaba si se había besado con Atsushi o no, en ese instante, lo trascendental era que su hermano había dicho muy salido de la pena —y algo feliz— que tenía una relación amorosa con un hombre. Eso sí hizo que Himuro dejara su pose de hermano tranquilo y sereno a pasar a la etapa de hace unos días.

—¿Qué mierda? ¡¿Pero qué carajos has dicho?! —le gritó volviendo en sí— ¡¿Cómo que ya estás con ese maldito cabro?! ¡¿Cómo puede ser que estés con esa cosa?! ¡Es un maldito trastornado!

—Ah, así son las cosas… —se burló—. Pero… ¿Cabro? Me rio, Tatsuya, mira quién habla.

Tatsuya alzó las cejas y lo miró incrédulo ante la insinuación.

— ¿Qué tratas de decirme, Taiga?

—Ya lo sé, Tatsu, sé que andas babeando por ese adicto a los dulces. No tuve que hacer gran esfuerzo para descubrir que andas en algo con Murasakibara.

Al escuchar ese nombre al moreno se le puso la piel de gallina y se sonrojó un poco. No sabía cómo su hermano sabía de eso, por qué se le notaba tan seguro de lo que estaba hablando, pero ahora lo único que le quedaba era hacerse el desentendido y defenderse sea como sea. Trató de decir algo a su favor, aunque lo único que conseguía era balbucear sin decir nada preciso en sí.

—Ya no lo niegues, Tatsuya ¿Te invita sus exclusivos dulces?; ¿El Muro"chin"?; ¿Juegan mucho básquet juntos?; ¿Te invita dos veces almuerzo hecho por sus preciados abuelos?

El tono de burla era cada vez más evidente. Himuro se sentía, cada vez, más avergonzado sonrojándose hasta las orejas al recordar que se había besado con Murasakibara y eso que su hermano no sabía eso.

—Vamos, yo aunque sea tuve el valor de decirte las cosas claras, ¿no crees? Te escucho.

Ya no podía seguir ocultándole lo que le había pasado. Tatsuya suspiró y empezó el relato de cómo habían sucedido las cosas, desde que conoció a Murasakibara hasta lo último que pasó cuando él lo besó por sorpresa en la azotea, aceptando que no supo cómo reaccionar, que correspondió al beso y que incluso se había dado cuenta que le había gustado.

—No jodas. —Se sorprendió el pelirrojo—. Tú sí me ganaste, yo llevo una semana saliendo con Kuroko y nada de eso.

— ¡Una semana! —dijo golpeando la mesa — ¿Me lo has ocultado una semana?

Taiga se rio haciendo que a su hermano se le vayan bajando las hormonas nuevamente. No tenían nada que reclamarse uno al otro, excepto la falta de dinero. Estuvieron conversando hasta altas horas de la noche tratando de entender esos sentimientos que tenían los hermanos. Confundidos peor que niños.

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Al fin llegaba la hora de la diversión, todos los titulares de Seirin estaban en la cancha de básquet esperando por los demás; ese era el punto de encuentro para ir a la playa "Los Corales". Los primeros en aparecerse fueron Murasakibara y Tatsuya que venían con su par de maletines saludando a los demás, habría que decir que Atsushi llevaba en la mochila repleta de golosinas, a la justa lo único que había puesto —a disgusto— había sido ropa interior para los días que se quedarían.

Los siguientes que llegaron fueron Takao y Shintarō, junto con Aomine que se lo habían encontrado en la puerta. El moreno explicó que Momoi no podría acompañarlos porque el asesor del club de básquet no le había dado permiso por tener mucho trabajo pendiente. Lo que para Riko fue realmente un alivio.

Pasaron 20 minutos y recién llegó Akashi que con una seña les indicó a todos que salieran, las camionetas estaban esperando afuera para trasladarlos de frente al hotel. Todos al salir se quedaron con la boca abierta, en realidad se estaban esperando un gran bus colectivo, pero en vez de eso habían parqueados 10 carros de lujo.

—Esto es tener clase —decía Koga asombrado.

—Cierra la boca aunque sea —le requintó Hyūga—. No tienen por qué darse cuenta que nunca hemos tenido un viaje con comodidades.

Ya casi todos habían entrado a sus respectivos autos asignados. Los únicos que quedaban afuera eran Takao, Shintarō, Aomine y Akashi.

—¿Y el escandaloso de Kise? —preguntó Daiki—; ¿No irá?

Apenas mencionó el nombre, el rubio apareció como por arte de magia. Venía corriendo junto con su amigo Kasamatsu. Ambos muy agitados por la maratón que habían hecho por no coger el bus a tiempo.

—Lo siento, lo siento, no calculamos bien el tiempo.

A Daiki le iba a dar algo, tan solo ver a Yukio le enfermaba. Odiaba que estuviera tan cerca del modelo ególatra y sobretodo le fastidiaba pensar que ese entrometido estaría en el viaje con ellos, lo que significaría ver al rubio acosar a otro frente a él.

Definitivamente no iba a permitir que le afectara, esa vez no iba a demostrar celos ridículos, ni siquiera le daría pie a que se lo insinuara.

—¿Tanto te demoras, Kise? —lo regañó—. Siempre tiene que llamar la atención.

Le dio un leve golpe en la cabeza y se subió de una buena vez al auto. Kise se volvió a disculpar con Akashi y también subió junto con Kasamatsu. Takao entró de igual manera y cuando quiso jalar a Midorima, Seijūrō lo detuvo poniéndose en medio. Cogió la puerta de la camioneta y miró al de gafas.

—Shintarō, tú vienes conmigo. —Sonrió—. Mi limusina está adelante.

Takao iba a decir algo realmente ofensivo, pero Akashi le cerró la puerta en la cara. Le iba a hacer la vida imposible al azabache por haberlo llamado "enfermo" y aún más por haberle gritado "cabro" en frente de los de la Generación de los Milagros; se las pagaría.

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Para Aomine, fue una completa tortura estar ahí sentado viendo a Kise tan pegado a Kasamatsu, hablaban y hablaban de una película que a él le parecía una estupidez y más porque incluía estúpidos meteoritos. "Par de niñas" pensaba una y otra vez.

Por un lado, no tenía opción de charlar con esos dos obsesionados y, por el otro, se encontraba el azabache cruzado de brazos y encima con el ceño fruncido. No se consideraba muy sociable, quiso hablar con Takao, pero él solo se dignaba a gruñir y decir: "Odio a Akashi, maldito enfermo". Si iba a ponerse de nenita a contarle sus dilemas, se podía ir resignando a podrirse de aburrimiento en ese auto.

Ya que sería ignorado del todo prefirió ver televisión un rato, la prendió y empezó a pasar los canales sin ver nada en específico, nada le parecía interesante; en una de esas pasa por una entrevista a un gran director de películas que captó la atención de los dos tortolitos amantes de meteoritos, ambos al mismo tiempo le quitaron el mando y movieron la pantalla para su lado.

—Idiotas. —Se enfadó—. Yo estaba viendo televisión.

Ni Kise ni Yukio le hicieron caso. Se habían quedado absortos mirando la pantalla con la boca abierta al escuchar que se estaba produciendo la 7ma parte de la famosa película "La Guerra de los Meteoros", era una noticia inédita en el mundo.

—Par de infantiles, eso es para bebes —murmuró.

Daiki no podía creer lo ridículos que se veían tan emocionados por una huevada como esa, estuvo insistiendo por recuperar el control remoto de ese puto televisor, pero ninguno de los dos se lo cedían. Incluso Kise lo miró con el ceño fruncido y algo fastidiado.

—Sh~~, podrías callarte Aominecchi —decía serio.

"¿Shhh? ¿Shhh?", pensaba Daiki antes de salirse de sus casillas. Ahora resultaba que su filme era más importante que su "Aominecchiiiii~~, cuando lleguemos pasaremos el mejor viaje de nuestras vidas". Tanto se lo había dicho la semana pasada que llegó a creérselo y realmente pensó que eso sucedería, pero ahora sólo quería bajarse de ese bendito carro y mandar por un tubo al rubio.

Trató de calmarse respirando hondo y tratando de mirar a un lado, pero sus esfuerzos por mantener la compostura fueron en vano, ya que de la nada ese par empezó a gritar "¡Bien, la sétima, la sétima!" haciendo que a Daiki le salte una venita por la cien. Estaba por levantar su mano para darles de alma, más a Yukio, pero el carro dio una curva a toda velocidad que hizo rechinar las llantas frenando tan bruscamente que los cuatro se dieron de cabezazos en el asiento.

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Llegaron al hotel a eso de las ocho de la noche, varios empleados salieron a llevarles su equipaje conduciéndolos a la sala de estar mientras que Seijūrō y Midorima iban a recepción a pedir las llaves. Al entrar, los chicos de Seirin no paraban de decir "Mira esto, es de oro", o sino sus gestos de "Qué elegancia" y es que sus excursiones nunca habían sido tan lujosas, ni siquiera se les podían comparar a ese hotel de cinco estrellas.

Otro caso eran Kagami y Kuroko que estaban parados al lado de la mesa de bocaditos, Tetsuya estaba mandándole un mensaje a sus padres mientras que el pelirrojo sólo se dedicaba a comer los dulces que estaban de cortesía al igual que Murasakibara, al principio solo fue un "Oye, ¿qué hay?", pero mientras pasaban los segundos y los dulces se iban acabando empezaron a mirarse como perros hambrientos viendo quién cogía más rápido. Eran un dúo perdido, su sombra que sabía que competir comiendo golosinas contra Atsushi era casi imposible, trató de distraerlo para que dejara esa absurda escena.

—Kagami-kun… en la-…

—Cállate, maldito —decía metiéndose los dulces a los bolsillos.

Pero como el chico sombra insistía volteó a mirarlo y con ojos de CÁ-LLA-TE lo dejó mudo.

—Este no me va a ganar, esto es mío, por allá hay otra bandeja —decía mientras volteaba, pero cuando miró la mesa vio que ya no había nada—. ¡Oye, Murasakibara!

De nada servían sus gritos, porque Atsushi ya se había ido corriendo a toda velocidad con las bandejas. Había esperado a los escasos segundos en que Taiga se había distraído para salvar sus golosinas, se escondió detrás de Himuro y empezó a devorar los dulces lo más rápido posible. El azabache rodó los ojos y miró de lejos a su hermano alzando los hombros, era imposible que alguien le quitara los caramelos a su amigo.

—Atsushi, recuerda que no te debes comer todo —le dijo mirando hacia su alrededor—. Tengo que aprovechar la comida de aquí y debo llevar algo a mi casa.

—Pero, Muro-chin…

—Solo guarda un poco —le dijo tranquilo.

Ahora que estaba en un lugar de lujo debía guardar algo de comida para no pasar hambre cuando volviese a su realidad de estar quebrado.

Por otro lado, estaban los dos amigos mirando las ubicaciones de las habitaciones mientras que la recepcionista les informaba los nuevos implementos y arreglos que habían hecho en el hotel en los últimos meses.

Seijūrō pasó las hojas un par de veces y de ahí lo cerró para sacar un papel donde tenía apuntado el orden y los pisos, ya había comprobado que no habían cambiado de lugares los cuartos, con eso le bastaba para ahorrarse tiempo.

—Las habitaciones simples del 201 al 205, 301, 305 y del 401 al 403 —dijo con una voz casi automática—. Además una matrimonial, la 801, hagan los arreglos correspondientes.

Shintarō volteó exacerbado y se quedó con la boca abierta. No entendía qué rayos estaría pensando su amigo, pero estaba seguro de que a alguien le quería jugar una broma muy pesada. El de ojos bicolores estaba incluso especificando que quería que pusieran la mejor botella de champagne, luces de fondo, música de ambiente, flores, aromáticas entre otras cursilerías.

—Oi, Akashi… ese cuarto para quiénes es —le susurró.

El pelirrojo sonrió en respuesta y le pasó la lista de habitaciones VIP. Era evidente que Seijūrō no pensaba dormir en las mismas habitaciones "corrientes" —si se lo podría llamar así— que los demás y, por supuesto, iba a jalar a su mejor amigo con él.

—¿Cuál quieres, Shintarō? —Su amigo miro rápidamente y le señaló una—. Predecible, gato. Entonces, deme la 1001, 1003 y 1004. Eso sería todo.

"¿Gato?", pensó. Era la primera vez que lo llamaba así, pero no preguntó por qué. Aunque había sido un insulto para él, apostaba que lo había hecho por molestar.

Un empleado se acercó a ellos y les entregó un carrito que llevaba varios obsequios. Según la política del hospedaje dependiendo la habitación se le daba un presente y como habían sido muchos no alcanzaban en los brazos, aparte que Midorima estaba ya con las manos ocupadas cargando las tarjetas y los controles remotos que les habían dado.

Antes de irse con sus compañeros, Akashi le pidió una tarjeta extra a la recepcionista, tenía planeado hacerle la vida imposible a Takao y empezaría por algo sencillo. Ella se quedó un poco desconcertada por el número que pedía, pero no puso trabas para entregársela.

Mientras tanto en los sillones estaban Kazunari y Kasamatsu muy cómodos mirando los folletos que brindaba el hospedaje, ahí se especificaba los tours y actividades que podrían hacer dentro y fuera del hotel, los establecimientos asociados con esa cadena, centros de recreación para todas las edades y restaurantes de la zona de lo más "económico" a lo más "llevarte a la quiebra por solo respirar" como le dijo Takao al ver los precios.

—Por mi madre, esto es un robo ¿50 dólares un plato de Tacu-Tacu?

—Oye, baja la voz, idiota —le decía Yukio avergonzado—. No se tienen que enterar de tu pobreza.

Takao hizo una mueca y siguió pasando las hojas. Se veía interesante todo eso, pero una duda les recorrió en un instante y es que ¿Eso estaba incluido? Metieron su mano al bolsillo y a la justa tenían 150 dólares entre los dos, sin contar que cada tour quintuplicaba esa suma.

—Tch' Ni comida, ni tours —suspiró Takao—. Mierda, mira este acantilado, quisiera tirarme de ahí.

—Sí, en realidad todo parece divertido. Pero Akashi nos invitó… ¿Se tendrá que pagar?

Ambos se quedaron mirando con cara de pena hasta que llegó el singular rubio. Venía con su sonrisa de oreja a oreja quitándole los panfletos y tirándolos a un lado, era evidente que los había estado escuchando. Posó las manos en sus caderas y se quedó mirándolos con una cara de auto seguridad inigualable.

—No seas modesto, Kasamatsu-senpai —se rio—. Akashicchi nos ha dado rienda suelta, incluso podemos abusar.

Los dos azabaches fruncieron el ceño y lo miraron con cierta lástima. No pensaban opinar al respecto, menos si sabían que eso les podría costar muy caro su integridad física y mental.

Kise se dio cuenta que todos se habían quedado callados mirándolo con la misma expresión de pena ajena. El modelo volteó con miedo y se encontró muy cerca esos sádicos ojos heterocromáticos. Retrocedió unos pasos y tragó saliva al ver que el pelirrojo no se veía con buena cara.

—Akashicchi, era broma —decía desesperadamente nervioso—. Siempre me gusta bromear con mi senpai, ¿no es cierto?

Trataba de buscar ayuda, pero no la encontró. Su superior no tenía cara de querer apoyarlo, incluso tuvo la libertad de voltearle el rostro, con él no era la cosa.

—Ryōta, ¿quieres conocer el cuarto de escarmiento?

No le hacía gracia eso, el rubio se había puesto blanco como un papel.

Akashi al verlo tan nervioso, supuso que ya era suficiente castigo para el modelo, dejó su actitud fingida de molesto y sonrió de lado diciendo que no había nada incierto haciendo que Kise volviera a la vida en un segundo dando un muy fuerte suspiro.

—Este campamento es totalmente sin costo alguno, todo está cubierto.

Después de la aclaración, Midorima empezó a repartir las tarjetas por orden de piso y con su respectivo obsequio. Cuando le tocó a Himuro, este se acercó y abrió el regalo que parecía como si fuera algo valioso que podía vender y cogerse el dinero.

—No, se pasaron —decía mirando ese juego de póker— ¿Cuánto crees que me den por esto?

Shintarō quiso reírse, pero se contuvo y siguió repartiendo.

Todo iba bien excepto cuando iba a darle a Kazunari su tarjeta, Seijūrō le bajó la mano a su amigo y él mismo se acercó al azabache para entregarle la que le correspondía. Takao la recibió con cierto recelo, pero no dijo nada por ahora, ya había aprendido a cerrar la boca cuando debía.

Así se fue dispersando la gente, unos yendo al estacionamiento para cerciorarse que no dejaron nada en los carros, otros ya yendo al ascensor y así sucesivamente hasta que solo quedaron en el lugar Kagami y Kuroko, que recibieron la tarjeta y un regalo muy grande.

—¿Qué es esto? —preguntaba el más alto—. Espera, ¡¿por qué yo debo compartir mi habitación con él?! ¡Es injusto!

—A las 8 es la cena, avísenle a los demás —Les ordenó ignorándolo—. Vámonos, Shintarō.

Taiga se sintió en parte ofendido, pero era mejor no hacer más problemas. Si iba a dormir con su sombra, agradecía que estuvieran solo ellos dos y que no le hagan vergüenza pública en frente de todos los que habían ido.

Subió junto con el menor por el ascensor y llegaron a la dichosa puerta 801, debían admitir que estaban con cierto temor, porque en recepción los habían felicitado más de 20 veces. Pero era la hora de la verdad, Kagami abrió la puerta y se quedó petrificado ahí mientras que a Kuroko no se le podían iluminar más los ojos. Todo era tan romántico, desde la cama con forma de corazón hasta el finísimo champagne que estaba encima de la mesita de noche y los pétalos de rosas regados por todas partes que daba una esencia muy relajante. Realmente era un paraíso para un par de recién casados.

Tetsuya tuvo que ser el primero en reaccionar y empujó a su luz para que pasara de una buena vez, dieron un par de pasos y cerraron la puerta de la habitación.

—Se pasó —dijo recién entrando en sí—. Esto debe ser broma de ese…

Kuroko lo ignoró y se adentró para seguir viendo la maravilla de cuarto. Sin embargo, Kagami empezó a apagar las llamas mientras le ordenó a su sombra que por favor buscara el interruptor y prendiera la luz de una bendita vez. Pero este ni caso le hiso, es más, se plantó en el suelo con el ceño fruncido.

—Kagami-kun, esta noche serás mío.

Quizás en otra situación podría habérselo pasado por alto, pero en ese momento no. Al ver a Tetsuya acercarse cada vez más, le pasó una corriente eléctrica por el cuerpo y terminó por molestarse.

—Si me tocas, te machaco. —Lo amenazó—. A un metro de distancia, idiota, a un metro.

El pobre Kuroko ni podía moverse gracias a la pequeña "bromita" que le hizo.

Taiga se corría y maldecía por no encontrar el interruptor, pero cuando lo vio y lo subió se dio cuenta que prefería las putas velitas aromatizadas. Eran luces que iluminaban solo el suelo y dibujaban corazones por todo el cuarto dando una impresión muy sicodélica.

—Kagami-kun, desnúdate, por favor.

— ¡Ya párala, idiota! —Se enfadó, lo tomó del polo, abrió la puerta y lo tiró al pasillo—. Has algo útil ¡Desaparece de mi vista! —le gritó tirándole la puerta en la cara.

Era increíble que no aguantara nada. A ese paso, no lo lograría en la primera noche, no le quedaba más que quedarse con las ganas y dejar que Taiga se relajara. Aunque, de todas maneras, le tocó la puerta para que lo dejase pasar, pero nada de abrirle la puerta.

— ¡Largo! —le gritó desde el otro lado—; ¡Le dices al loco de tu amigo que nos separe! No… ¡Ya sé!

Abrió un poco la puerta y sacó la cabeza. Kuroko no entendía muy bien, pero estaba seguro que no podría ser bueno para él la idea de su luz, podía deducirlo al verle los ojos brillantes.

—Cámbiate de lugar con Tatsuya. Coge tus-…

—No lo haré, Kagami-kun —lo interrumpió.

A Kuroko tampoco le estaba gustando su actitud. Sin embargo, entre esos dos el más fuerte era evidentemente era el pelirrojo, así que salió del cuarto, cogió a su sombra de la camiseta y lo arrastró hasta las escaleras diciéndole que más le valía intercambiar con Tatsuya o sino terminaba con él, dejó al menor tranquilo.

—Ya, baja. —Le ordenó—. Ya sabes qué hacer.

Bajó las escaleras echo un zombie, pensando en qué podría hacer para no desperdiciar ese regalo tan bondadoso que le había hecho Akashi.

Llegó al cuarto de Himuro y no tardó en tocar la puerta, sabía que quizás lo miraría con mala cara o quizás lo golpearía, no sabía por qué —a pesar que Kagami le había comentado algo de la extraña relación entre su hermano y Murasakibara—. Tatsuya no le había bajado la bronca.

Como nadie respondía volvió a tocar la puerta escuchando un "Ya, un rato" del otro lado, a unos minutos le abrió y se quedó mirándolo de pies a cabeza apoyándose en el marco de la puerta con una actitud pesada.

—¿Qué quieres, enclenque? —le preguntó fastidiado.

Era un caso especial, ya comprendía que no eran sus gustos hacia su hermano, sino que simplemente a Himuro: Él no le caía nada bien.

—Himuro-san, ¿podríamos hablar un momento? —dijo cortésmente.

Lo dejó pasar y sin siquiera mirarlo o tomar un gesto de seriedad le preguntó qué quería, le pidió que se apurara que no tenía mucho tiempo para perder con él. Kuroko miró a su alrededor y suspiró, no era la mejor impresión, pero no quería cederle su lugar en ese cama a nadie.

—No cambies conmigo —le pidió aunque Himuro no entendía a qué se refería—. Kagami-kun no quiere que yo duerma con él, porque piensas cosas raras, pero no es algo que-…

Quiso seguir, pero la voz de su luz diciendo "Oi, Tatsuya, abre. Sé que Kuroko debe estar ahí" lo hizo quedarse mudo.

Himuro fue a abrir la puerta y Kagami vio a Tetsuya ahí sentado, lo cogió del brazo y lo sacó en un dos por tres, dejando a su hermano perturbado con cara de "¿Qué mierda ha pasado aquí?", en su cabeza solo pasaba: "Con qué tipejo te estás metiendo… Taiga".

Lo metió de nuevo al cuarto y con una cara de póker imitando la personalidad de Himuro, le pidió disculpas por ser tan grosero y que no era necesario hacer ningún intercambio.

—Cualquiera se pondría así si haces esas bromas —dijo excusándose—. Lo siento, Kuroko

—No te preocupes, Kagami-kun. Vamos, tenemos que avisar lo de la cena.

Ambos cerraron la puerta no sin antes coger algunos bocaditos —que estaban en la habitación— para ir comiendo por el camino. Estuvieron como chachos tocando de puerta en puerta avisando que la cena sería en 15 minutos y que Seijūrō enfatizó la palabra puntual, llegaron hasta casi el último piso tocando la puerta de donde salió Atsushi con una bolsa de dulces en la mano y con una barrita chocolate en la boca.

—Kuro-chin, Kagami —les dijo distraído. Su mirada estaba fija en las manos de Taiga que estaban llenas de comida.

Kagami se dio cuenta de las intenciones de Murasakibara y las alejó de él, Kuroko le informó sobre lo de la cena y cerró la puerta antes que ellos dos volvieran a tener pelea por comida.

Tocaron la siguiente y como nadie les abrió pasaron a la que seguía donde escucharon la voz de Midorima diciendo "Un momento". Esperaron por 5 minutos hasta que les abrieron, pero se encontraron con Akashi que se veía molesto.

—Están interrumpiendo —decía molesto—; ¿Qué desean?

—Avisarle a Midorima lo de la-…

Seijūrō ni terminó de oírlos porque les cerró la puerta en la cara. Era mejor no replicar, así que los dos sólo se miraron.

Era todo, habían terminado su labor. Como ya faltaban 3 minutos para las ocho bajaron de frente al comedor y se encontraron con Kise que estaba tratando de hablar con Aomine, pero el moreno le daba le espalda.

— ¿Qué quieres? — le volvió a decir —Me tienes arto, lárgate y déjame en paz.

A veces el modelo entendía que se pasaba de molestoso con Daiki. Sin embargo, esa vez no recordaba haber hecho algo para incomodarlo, incluso no le había hablado casi todo el viaje para que no anduviera diciendo que lo único que hace es hablar y hablar. Ahora no entendía esa actitud tan arisca.

—Aominecchi, ¿por qué andas tan molesto? —Se intrigó.

Daiki lo empujó hacia un lado yendo donde Kagami y Kuroko que andaban viendo la carta. Como que con ellos no era y querían evitar que los metieran en esos problemas "maritales", porque ellos dos ya hace tiempo se habían dado cuenta del gusto extremo de Ryōta por el idiota ese de Aomine. No les parecía una novedad.

—Kagami, te juego un uno-a-uno. —Lo retó.

—Siempre que discutimos te vas a hablar con Kagamicchi. —Se fastidió—. No me evadas, sabes que no he hecho na-…

—Te mueves muy lento, idiota.

Cogió a Taiga del brazo y lo paró de la mesa a la fuerza, dejando a Kuroko desconcertado y a Kise muy molesto de que lo haya ignorado de tal manera, si no quería hablarle tampoco le pensaba rogar. El modelo se dio media vuelta y fue donde su compañero de equipo que recién salía del ascensor.

Empezaron a llegar todos para la cena, los meseros distribuyeron la carta dando rienda suelta a lo que quisieran comer. Los de Seirin por pura curiosidad pidieron un plato diferente cada uno para probar de todo, Kise dijo que estaba a dieta y que ya había comido galletas, Kasamatsu pidió lo más económico. Takao miraba las hojas sin decidirse por nada, si la comida era como las dimensiones de su pieza, no se esperaba nada bueno y es que esa habitación parecía un cuchitril, más pequeña que el cuarto de su casa.

—Los hoteles cinco estrellas no son la gran cosa —susurró para él mismo.

Yukio que lo había escuchado dejó la carta y lo miró con curiosidad. A él le parecía que su habitación era realmente amplia, bonita, con una buena vista al mar y el jacuzzi del baño era la mejor parte.

—¿No te gusta? —le preguntó en voz baja.

—No es eso, sino que cobran mucho por un par de metros cuadrados. —Se quejó cerciorándose que Akashi no estuviera por ahí cerca—. Las habitaciones son muy chiquitas.

—¿Chiquitas? Si son inmensas.

Takao pensó que le estaría tomando el pelo. Ya que tenían tiempo, Kazunari le pidió que lo acompañase, quería comprobar algo, ahora que se acordaba él era al único que le había tocado en el primer piso y lo más importante era que el loco sádico era quien le había dado la tarjeta.

Después de varios minutos, llegaron Aomine y Kagami recontra sudados, con los polos húmedos y con caras de haber jugado lo suficiente como para dormir plácidamente. Taiga había sido destrozado en el uno-a-uno, habían quedado 18 a 12. Ahora sí podían cenar en paz, todas sus incomodidades se habían ido por un tubo, incluso Aomine se sentó entre Kise y Kasamatsu sin ninguna mínima gana de pelear, incluso le sonrió al rubio que se volteó porque seguía un poco sentido. El moreno alzó los hombros sin restarle mucha importancia y siguió comiendo. Mientras que Kagami tenía que esperar su plato, ya que él no tenía la costumbre de ir quitando la comida.

Eran las once de la noche, la mayoría de los de Seirin ya habían subido al igual que Kasamatsu y Kise que se fueron corriendo después de la cena, ni siquiera se quedaron a conversar. Atsushi y Tatsuya hace media hora estaban pidiendo dulces y dulces probando cada tipo, haciendo a Akashi mirarlos de reojo, le fastidiaba la cercanía de esos dos.

Por otro lado, estaban luz y sombra conversando con Aomine, planeando qué podrían hacer mañana. Mientras que, Takao se estaba empujando el cuarto plato, por tarado y por cortesía tenía que terminar todo lo que había pedido, sentía que iba a vomitar en cualquier momento. Midorima cogió un tenedor y acercó uno de los tantos platos que estaban ahí. Iba a dar un bocado, pero Seijūrō le cogió el brazo no dejándolo comer.

—Él debe hacerlo —le dijo mirándolo fijamente—. Él lo pidió, él se lo come.

—No lo va a terminar, Akashi —dijo acomodándose los lentes—. Es un idiota, seguro nunca había probado nada bueno y por eso pidió tanto.

—No soy tan lamentable. —Se fastidió el pelinegro—. Pero… ayúdame, Shin-chan.

Shintarō quitó la mano del pelirrojo y empezó a comer el Okinawa soba. Sabía que Seijūrō se molestaría, pero no era nada grave, ya se le pasaría en un par de minutos o quizás antes.

Kagami, al ver que el peliverde estaba comiendo uno de esos platos, se paró de inmediato y se sentó en frente de Takao; él pensaba que no podría coger ninguno, desde hace rato les había echado el ojo.

—Oi, ¿puedo ayudarte? —preguntó —Hace rato que quiero comérmelos.

A Kazunari se le iluminaron los ojos de una. Cogió un tenedor y se lo puso en la mano indicándole que no tenía ningún inconveniente, así que gracias a Taiga él pudo acabar con los 18 platos que se había pedido.

Al finalizar por fin con todo, se empezaron a ir de una buena vez a su cuarto. Los únicos que quedaron fueron Midorima, Takao y Akashi que parecían como si estuvieran hablándose con la mirada.

—Gracias por la comida —decía Shintarō listo para irse—. Nos ve-…

—Shin-chan, ¿puedo quedarme en tu habitación? —le preguntó—. La mía es muy chiquita y no cabe nada.

El de lentes lo miró de reojo y negó con la cabeza.

—Las habitaciones son lo suficientemente grandes, Takao.

—La mía no, parece que han cometido un error —dijo mirando a Seijūrō—; ¿Quieres verla? Incluso hay algo puesto en francés, pero no-…

—Estás en el cuarto de servicio —se rio Midorima—. Debes haberte equivocado de piso, idiota. Pide en recepción que te guíen. Recuerdo haberle dado la 502 a Akashi nanodayo

Kazunari al ver que Shintarō no tenía la intención de desacreditar a su amado amigo pelirrojo desistió. Cogió la tarjeta que había dejado en la mesa y se fue algo molesto hacia recepción, yéndose con esa imagen de la risa socarrona del desquiciado. En esa oportunidad, había perdido.

-o-

El pelirrojo se la pasó apagando las velitas de nuevo, no sabía por qué diantres las habían vuelto a prender, mientras que Kuroko recogía los pétalos de rosa del suelo y los ponía en una bolsa. No le gustaba la idea de quitar esas cosas tan románticas, pero no quería molestar a su luz, así que se limitaba a obedecer.

Sacaron sus cosas de la maleta y empezaron a ordenar el cuarto a su gusto, ambos habían traído su balón de básquet que los tiraron al balcón, mientras seguían viendo cómo compartir el closet.

—Tú los cajones y yo los ganchos — le dijo Taiga—. Con eso te basta.

—¿Qué haremos mañana? —le preguntó—. Hoy ya jugaste básquet con Aomine-kun, no creo que mañana hagan lo mismo.

—Quizás... no lo sé —decía mientras colgaba su ropa—. Si quieres… bueno… podríamos ir a ese parque de atracciones… si quieres…

Era la primera vez que Kagami le salía una invitación decente. Se sentía avergonzado, tenía las mejillas de color rojo vivo y le temblaban las manos, nunca se había sentido tan nervioso y eso que ya eran novios.

—Está bien —dijo aún sorprendido—. Tendremos una cita, Kagami-kun.

Taiga tragó saliva y prefirió no mirar a los ojos a su sombra. Volteó el rostro un poco y siguió ordenando su maleta sin volver a hablarle, sentía que no le saldría la voz así quisiera.

Después de ordenar todo en su lugar, el primero en darse una ducha fue Kagami, la cual la hizo en menos de 10 minutos, salió solo en short y le pasó la voz a Kuroko para que entre de una buena vez. El chico sombra cogió una toalla y cerró la puerta del baño no sin antes haber echado un ojo bravo a todo el cuerpo de Taiga sin que él se diera cuenta.

Salió a la media hora con una idea para poder abusar de su novio, pero al salir encontró a su luz durmiendo plácidamente en la cama con los brazos y piernas estiradas. Suspiró y como había predicho: Ese noche no podría ser. Lo arrimó con todas sus fuerzas, apagó la luz y a las justas pudo echarse en un rinconcito, felizmente que ya sabía qué era dormir con Kagami.