Edward POV
Era ella.
No cabía duda. Esa mujer horripilante era mi perfecta desconocida. Y me había conducido como un imbécil, un verdader cerdo, con lo que había dicho. Era conciente de que la había tratado injustamente. ¿Qué podía añadir más? Ahora sabia que ella era mi desconocida, pero no podía decírselo, era capaz ponerme estéril, se pondría furiosa. Lo que era comprensible, visto la forma con la cual la había tratado. Tenia que esperar que se calmase antes de decirle la verdad.
Seguía en shock. La había encontrado. Desde el principio, mi tesoro vivía a unos pasos de mí. Tan cera, pero tan alejada. Además era tan hermosa! Aunque sólo la había visto enojada, sin tomar en cuanto el muy corto momento en el cual me sonrió. Esa sonrisa me derritió el corazón. Y envuelta en esta toalla…era…tan sexy…Me moría por tocar una vez mas su suave piel, saborear sus dulces labios…
Finalmente necesitaba una ducha fría.
Lunes
No dormí. Pero vaya sí reflexioné. Y decidí hacer todo lo posible para conquistarla.
Al principio, debía mostrarme discreto antes de ir al grano. Hoy me acontentaré con enviarle un ramo de rosas. Con la esperanza de que le gustase. Este día pasó muy muy lentamente. No podía escribir, recomiéndame de preocupación.
Y por fin volvió! Me lancé como un loco para espiarla a través de la mirilla. Lo peor fue cuando rodeó majestuosamente el ramo sin tomar siquiera girarse un poco hacia mí. ¡¡Y pensar que esperaba este momento con impaciencia para eso!!
Bueno, había perdido una batalla, pero no la guerra!
Martes.
Me desperté temprano para poder seguirla hasta su trabajo. Bueno, sabía que parecía a un acosador, pero no sabía nada de su vida y necesitaba conocerla más. Aunque era muy arriesgado, valía la pena.
La vi aparcar delante de una repostería, debía tomar su desayuno. Quise seguirla hasta su trabajo, pero la perdí lamentablemente de vista a causa del semáforo. Antes de volver a casa, decepcionado, me fui a la repostería para informarme sobre lo que había tomado. Después, fui al florista a encargar diversos ramos de flores. Sin embargo, prefería el enorme ramo de freesias. Estas flores parecían ser hechas para ella. Simples y embriagadoras.
Y fui feliz notar que no me había equivocado cuando la vi parase justo a su altura e inhalar su aroma, cerrando los ojos. Y a pesar de que después se giro para entrar, me sentía satisfecho por haber podido adivinar algo sobre ella.
Miércoles.
Por lo visto, Swan decidió irse menos temprano que el día anterior. Y ahora, esperaba impaciente a que abriera su puerta, mientras que el café se enfriaba peligrosamente.
"-¡Swan! ¡Estas radiante!"
A decir verdad, lucia muy cansada, pero no podía decir eso! Me miró de arriba abajo sin decir nada.
"-Oye, lamento mi actitud para contigo…Traje esto para ti…"
Tendí el pastel y el café que había comprado, pero ni siquiera les echó una mirada. Cuando pasó a mi lado, pude oler su perfume de fresas. Suspiraba. Su silencio me enloquecía. No podía desistir.
"-Por favor, dime lo que piensas, sé que fuí malo, pero por lo menos, dame una oportunidad para que me perdones…"
Supliqué en vano. Impotente, vi las puertas cerrarse sin que me contestase.
Todo el día pensé en lo que debía decirle para que me perdonara. Compré un ramo de freesias. Si seguía así el florista iba a volverse mas rico que yo, y le pedi a Laurent advertirme cuando llegara. Sabia de memoria lo que iba a decirle, pero estaba muy tenso... Debía calmarme. Esperé delante de las puertas del elevador que se detenia en cada piso. Pero cuando llego al cuarto, empezó a bajar. En este momento, mi móvil sonó.
"-Edward, es Laurent, acaba de irse corriendo, ¿Qué le has hecho?
-Pues…Nada. Ni siquiera la vi."
¡Qué mala suerte! Debió tomar las escaleras! Pero ahora, ¿A donde se fue?
Totalmente frustrado volví a casa, pensando en lo peor, quizás tenia novio!
Pasé la noche en vela, acechando al menor ruido. Pero nada. Desesperado me senté a mi piano para tocar, pero el sonido no se sentía al igual al que estaba en casa de mis padres. En casa de Carlisle.
Hacia mucho que no hablaba con él. Lo que destrozó el corazón de mi querida madre. Pero mi padre no había aceptado que no realizara los estudios de medicina para consagrarme a la escritura. Y fui una gran decepción para él. No podía enfrentarme a su mirada llena de reproches…
Jueves.
Daba vueltas en mi departamento. Tomé la iniciativa de bajar a correr para refrescar las ideas. Decidí atacar una vez por todas. Hasta ahora, lo había merecido, no era santo a su devoción y debía ganarme su estima, cueste lo que cueste.
Esta noche, la esperaba a pie firme, había previsto impresionarla, necesitaba probar que no era el imbécil que ella pensaba.
Una vez más, esperaba en el pasillo. Esta vez, miraba tanto la puerta de las escaleras, como las del elevador. No caeré dos veces en la misma trampa.
Y fueron las del elevador que se abrieron.
Era encantadora en un vestido azul, oficialmente, este color era hecho para ella. La miraba embobado. Todo lo que había preparado, lo había olvidado… Después de unos minutos, surgí de mi estupor.
"-Sé que no comenzamos con buen pie, así que deberíamos empezar de nuevo…Hola, me llamo Edward y soy tu vecino.
-Hola, me llamo Isabella pero prefiero Bella.
Por primera vez oí su voz sin ira ni pánico. Era suave, dulce, posada, melódica…
Y su nombre le sentaba como anillo al dedo.
-Bueno, estoy de acuerdo con tomar un nuevo comienzo…Añadió, acechando la mano que le tendía, mientras que le sonreía, feliz. Acabábamos dar el primer paso para empezar nuestra relación.
Hubo un momento de vacilación antes de que hablara:
-Esto…No debiste preparar tantas cosas. Dijo indicándome las flores y la mesa en el pasillo.
-Bella, hago todo lo posible para lograr borrar la imagen negativa que te deje. Quiero enseñarte que soy un buen chico.
La guié hasta la mesa y la ayudé instalarse, lucia contrariada, deduci que no solía ser tratada así.
-No sabía lo que te gustaba, y Laurent me dijo que habías pedido comida a la "Bella Italia", así como me informaron que te gustaba las pizzas con mucho queso, como yo.
Ella me miraba sorprendida cuando puse la pizza en la mesa.
-Wow! No vaciló en morder un trozo con un placer no disimulado.
-Muchas gracias, Edward, fue una buena elección. Exclamó después de haber devorado la mitad de la pizza bajo mi mirada asombrada. Cometió el error de chuparse los dedos delante de mi…Esta mujer era diabólica. ¿No se daba cuenta del efecto que su gesto podía tener sobre mí? Me moví, indispuesto sobre mi silla.
-…¡Pienso que puedo perdonarte ahora que me alimentaste!
Nos sonreímos mirándonos de hito en hito, hasta que bajo la cabeza, molesta.
-Edward, como sabias que me encantan las freesias?
-Te espié. Cuando me percaté de que te pararas a la altura de un ramo de freesias, deduci que te gustaban. Aunque ya lo había adivinado.
-¿Cómo?
-Pues, son sencillas, dulces, tenaces y embriagadoras, como tu.
Se enrojeció violentamente.
-Edward, no sabes nada de mí, acabamos conocernos…
-Estoy convencido de que eres así.
-Hum, te equivocas.
-No te creo.
-Y si te digo que soy mala…
Estallé de risa delante de su insensatez.
-No bromeo! Mira, ayer vine aquí, pero cuando te vi parado delante del elevador, me fui…Quería hacerte esperar un poco mas.
-Ya lo sabía.
-¿Y no estas enfadado?
-No, sólo me gustaría saber a donde te fuiste.
-A casa de unas amigas.
¡Qué alivio!
-Bella, debo decirte algo…
-Si es a propósito de la otra noche, te aseguro que ya todo esta olvidado.
Me petrifique… ¿Lo sabia?
-¿A qué te refieres?
-Del hecho de que malgastaste toda el agua caliente.
-Ah! …
No pude seguir hablando cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos acercado inconcientemente y sus ojos me raptaron, impidiéndome pensar hasta que de nuevo, rompió la conexión.
-Pues…Fue una falla.
-¿Qué?
-La calefacción...Hubo una falla general en el edificio.
-Oh! Entonces, soy yo quien tiene toda la culpa!
-No digas estupideces.
-Bueno…No quiero que discutimos, pienso que tengo que irme. ¿Quieres que te ayude con los platos?
-No, me encargo yo. Déjame acompañarte. Dije levantándome. Bella rió, este sonido lleno el pasillo y mi corazón.
-Edward, sólo tengo que incorporarme y girar para llegar en casa!
-Te equivocas, tienes por lo menos tres pasos que hacer, y quiero que llegas a salvo.
Seguía riendo mientras la ayudaba en atravesar el umbral. El ambiente se tenso, se cargo de electricidad cuando quedamos frente en frente.
Debía decírselo.
-Bella….
Era tan hermosa, sus carnosos labios eran tan atractivos…
-¿Puedo besarte?
Fui sorprendido por mi propia pregunta, y aun más cuando me contestó en un susurro:
-Si…
Me incliné lentamente hacia ella, pero antes debía asegurarme de que…
-¿No vas a gritar?
-No…
Nuestras caras se rozaban…
-¿Y no vas a golpearme?
Meneo la cabeza…
Sólo milímetros nos separaban, su olor inundaba mis narices. La vi humedecer sus labios sensualmente…
-¿Ni darme una patada?
-¡Por favor Edward!
Fue ella quien inició el beso. Sonreía como un tonto contra su boca mientras disfrutaba las maravillosas sensaciones que provocaba en mí. Su cuerpo voluptuoso de mujer colgado al mió, acaricié su piel sedosa, mis dedos jugaban con su pelo, y suspiró de placer. Se apretó más a mí, y bajo una impulsión, la pegué contra su puerta para profundizar el beso.
Y súbitamente, se apartó y mirándome con sus ojos chocolates, me preguntó con una voz temblorosa:
-Edward, ¿Eras tu?"
COUCOU!
Estoy muy contenta de que mi historia os gusta. Muchas gracias a todas por leerme y dejar REVIEWS. ¡Que siguen por favor! Me animan a traducir. Es un poco difícil para mí, pero espero que llegue a hacerlo lo suficiente bien, aunque debo confesar que no soy totalmente fiel al texto de origen…
Ahora, Bella sabe que Edward es su desconocido, según vosotras, ¿Cómo va a reaccionar?
Hasta el próximo capi, intentaré traducirlo rápidamente si me dejan muchos reviews….
BISOUX!
