Hola! Pues con un poco de retraso, ya estoy por aqui, la semana ha sido terrible, así que vamos a lo que interesa, espero que os guste y como siempre; comentar es amar! Nos vemos el lunes o el marte, espero! En estas fechas se me complica todo bastante así que si no actualizo en esos días lo haré a la mayor brevedad que pueda.


VII

—De modo que yo tenía razón —exclamó Ginny con una carcajada. Sacó una nueva caja de adornos y la puso en el centro del salón—. Harry explícame de nuevo por qué no aprovechamos a Kreacher y nos tomamos un chupito juntos, quiero saberlo todo.

—¡Shhhh! —chistó nervioso, mientras miraba hacia el umbral—. Ron y Hermione están al caer y ellos no tienen ni idea de nada y no quiero que lo sepan, no aún por lo menos. Además ya sabes como es Herm con el tema de los elfos.

—¡Pero aún no han llegado! —Se cruzó de brazos haciendo un puchero—. Anda no seas tonto... cuéntame.

Harry bufó y derrotado, se mesó el cabello erizándolo mucho más de lo que ya estaba. A su lado, la pelirroja arqueó una ceja sabiendo que le había convencido.

—Vale —bufó—. ¡Kreacher!

El pop de la aparición del elfo resonó en el cuarto lleno de cachivaches. Con una ojeada hacia la jugadora de quidditch que se podía considerar despectiva, quien a su vez le ignoró por completo, esperó las órdenes de su Amo:

—¿Qué desea el señor Potter? —La criatura fijó los ojillos en un punto intermedio entre Harry y la pared a su espalda, como acostumbraba a hacer.

—Quiero que te lleves esto al sótano y que después decores la habitación —enumeró—. Pero antes deja en la biblioteca una jarra de hidromiel y de... ¿Gin? —preguntó, girándose para mirar a la pelirroja, que casi saltaba de expectación ante la idea de que Harry le contase con pelos y señales lo que pasaba entre Draco y él. Llevaba semanas haciendo apuestas con Theo sobre quien de los conseguiría sonsacar cualquier dato a los implicados, para mortificación de ambos, ninguno soltaba prenda acerca del tema—. Gin... ¿qué bebes?

—Una copa de Firewhiskey —decidió con una sonrisa.

—Vale Kreacher, que sean dos entonces, en lugar del hidromiel —pidió en cambio, iba a necesitar un poco de valor líquido para explicar en voz alta lo que sentía por el medimago.

Acomodada junto a Harry en el sofá frente a la chimenea, Ginny no pudo dejar de admirar la evidente mejoría que éste había experimentado en las últimas semanas. El auror había ganado peso, su piel lucía fresca y lustrosa, sin rastros de ojeras o evidencias de excesos y sus ojos, aunque sintiese una vergonzosa punzada de celos al comprenderlo, sus ojos marcaban la diferencia. Nunca antes había visto semejante expresión de esperanza en la mirada de su amigo. En otra época hubiese dado lo que fuese por provocar algo así en Harry, no podía dejar de maravillarse de que la vida les hubiese llevado por rumbos tan diferentes al que de niños soñaron. La propia Ginny ilusionada con nada más y nada menos que Theodore Nott y Harry... bien, Harry parecía profundamente enamorado por primera vez en su vida. Además, ver que volvía a recuperar el control de su cuerpo, su vigor y vitalidad, ya sólo por eso todos los que querían al Gryffindor debían mucho a Draco Malfoy.

—¿Y bien...? —instó—. Venga, desembucha.

—¿Qué quieres saber...? —Fue la tímida respuesta. Con las mejillas ruborizadas, sorbió con una mueca el pequeño vaso de whiskey.

—Todo... —aclaró con alegría—. ¿Te lo has tirado ya...?

Escupió el ardiente líquido y la observó con los ojos abiertos como platos.

—¡Ginevra! ¿Qué coño...?

—¡Oh, vamos, Harry, sois tíos! ¿Esperas que me crea que os habéis limitado a tomaros de las manos? —increpó tan tranquila, procediendo a rellenarse la copa y tomar uno de los bocaditos con los que Kreacher había acompañado las bebidas—. ¡Por los calzones de Merlín, Harry, esto es orgásmico! ¿Me daría ese elfo de pacotilla la receta? ¡Theo haría lo que fuese por algo tan rico como esto!

—Está bien, está bien, ¿Eres Ron con multijugos? ¿Fred o George? —preguntó suspicaz. En su época de novios Ginny jamás fue así de abierta con el tema del sexo, aunque claro, dado la ínfima calidad de los polvos que pegaban, lo normal era no hacer más sangre de la necesaria, recordó con cierta vergüenza, vaya idiotas que habían sido, era tan obvio que lo de ellos era más fraternal que otra cosa que lo raro había sido que llegasen a meterse en la cama y consiguiesen hacerlo. Se estremeció con un poco de espanto al comparar aquellos incómodos momentos con la maravilla que había sido tocar a Draco... casi babeaba recordando lo mucho que le había gustado tenerle dentro de su boca...

—¡En serio, regresa a la tierra Harry! —La pelirroja cruzó las piernas sobre el asiento y se zampó dos sándwiches más en rápida sucesión. El moreno frunció las cejas, ella nunca tenía aquel apetito cuando era él quien cocinaba—. ¿No estarás guardando tu virginidad o algo así de tonto no? ¡Espera, NO eres virgen! —Se rió de su propio chiste y le miró de reojo una vez más, propinándole un codazo nada femenino en las costillas—. ¡Venga, canta no me obligues a hacer algo más drástico!

—¡Está bien, pero sólo si tú me dices qué tal te va con Nott! —contraatacó, esperando callarla.

La expresión de la jugadora de quidditch se tornó pícara al enfrentarle.

—¿De veras quieres saber... el qué, como lo hicimos anoche en los servicios del Ye Olde Cheshire Cheese, fue tan divertido! ¿por qué nosotros nunca hicimos algo así? ¡Qué sosos éramos en serio! ¡Con razón rompimos, no teníamos nada de química! —se quejó, en apariencia indiferente a la cara de estupefacción de su ex novio.

—¡Oye, no éramos tan malos... espera! ¿Follaste en los servicios de un pub muggle con Nott? —bebió de golpe, algunas verdades necesitaban ser escuchadas con alcohol en las manos.

—¿Dejaste que Dean te chupase la polla delante de su novio... es el cielo azul, vuelan los pájaros? —Un nuevo trago y más carcajadas y bufidos histéricos y avergonzados por parte de Harry.

—¡Ginny Weasley! —chilló con un gallito nada varonil, notando como las orejas le ardían—. ¿Qué mierdas... qué te ha enseñado ese... Nott?

—Shh, Harry... —chistó—. No debes odiarle ni sentirte amenazado, Theo es hetero... muy hetero —aclaró sin necesidad, pero con evidente regocijo, ante las caras de asco del moreno—. Te lo aseguro, el culito de Malfoy no corre peligro, así que venga... ¿Habéis salido alguna vez...?

Bebió otro sorbo y lo dejó sobre la mesa, después de escuchar la divertida vida que su amiga llevaba se sintió un poco desalentado. Desde aquel último beso, su relación con Draco se había limitado a un plano estrictamente profesional. Como si aquellos tórridos encuentros no hubiesen sucedido jamás. Sin embargo, se había prometido que cuando el tratamiento acabase, no le iba a dejar escapar con facilidad, entre él y Malfoy habían un sin fin de cosas pendientes.

—No ha pasado nada... —mintió.

—Falso y no me digas que no, que nos conocemos —atajó Ginny, pasándole el brazo por los hombros—. Anda, cuenta, igual podemos pensar en algo que te ayude.

—¿No te parece mal? —indagó, aún sin mirarla.

—Claro que no, mal me parecería si decidieses volver a lo de antes, idiota, ahora cuenta: ¿está tan bueno en pelotas como vestido? —bromeó, rellenando los recipientes de ambos—. Para mi gusto es un poco estirado, pero es innegable que está bastante follable, y si repites esto delante de Theo... te cruciaré, Harry.

—Ginny... —empezó, abrió la boca y la cerró, notó cómo el calor subía a sus mejillas de nuevo y decidió lanzarse, qué cojones, llevaba semanas muriéndose de ganas de contarle a alguien lo mucho que le gustaba Draco—. Te juro que nunca he visto... oh, Merlín, no es posible que esté a punto de decir esto en voz alta —se lamentó, tapándose la cara con las manos—. ¡Joder, nunca había visto una polla más... preciosa, me encanta, en serio!

—¡Lo sabía! —Los gritos de la menor de los Weasley podrían haberse escuchado dos calles más abajo y por una vez Harry se alegró de haber conservado alguno de los hechizos de privacidad activos desde la época de la guerra.

Cuando un par de horas después Ron y Hermione llegaron, dispuestos a ayudar con los preparativos de la fiesta de Halloween que ese año ofrecía su mejor amigo, se encontraron con que Ginny y el dueño de Grimmauld Place cuchicheaban obscenidades sin sentido acerca de sexo y Slytherins. La botella a medias consumida de Old Ogden's dejaba bien en claro el motivo de sus balbuceos y risotadas. Hermione encontró aquello totalmente inapropiado, pero Ron, con un encogimiento de hombros, la instó a acompañarles, ya que se había reconciliado con la idea de que su hermanita estaba acostándose con aquel fideo llamado Nott y que Harry escondía —o eso creía él, JA— algo con respecto al hurón, su máxima había pasado a ser el socorrido "si no puedes contra el enemigo, únete a él". Además, pensó el pelirrojo, aquellos bocaditos estaban cojonudos, puto Kreacher, era un elfo muy desagradable pero cocinaba como los jodidos ángeles.

—Oye, Harry... ¿me daría Kreacher la receta de estos...?

Nunca supo por qué su amigo y su hermana empezaron a revolcarse de la risa, pero verles tan contentos bien merecía la pena. Esa noche ninguno de los cuatro durmió demasiado.


—De verdad que no me apetece ir y menos con tu novia —masculló arqueando las cejas y arrastrando ese "novia" como si de verdad le produjese urticaria. En el fondo la chica no le caía mal, no del todo y menos si ahora, emparejada con Theo, había desaparecido del horizonte sentimental del Héroe—. Odio ser la tercera rueda.

—¿La qué? —Theo tecleaba con lentitud el pequeño móvil con el que iba a todas partes desde que lo suyo con Ginny había pasado de una tórrida aventura de cama, a salidas, cafés a media tarde, trasladores a cualquier parte donde las Harpies jugasen o visitas intempestivas de la chica a la Clínica que nada tenían que ver con Potter.

—Es un dicho, una frase hecha... —Draco le observó, entre divertido y fastidiado por la evidente falta de atención del abogado—. Por todos los cielos, suelta eso.

—Un minuto, Ginny dice que ha enviado una lechuza con la dirección —replicó Theo con su flema habitual.

—Ginny dice —remedó desabrido mientras se paraba a arreglarse la ropa. Theo le había insistido tanto para que saliesen a tomar algo que al final se había quedado sin negativas, pero maldita fuese las ganas que tenía de aventurarse en algún pub perdido vete a saber donde, junto a la parejita de moda. Afuera la ventosa noche del treinta y uno de octubre sólo invitaba a relajarse junto a la chimenea y... relajó los hombros, intentando ocultar la ligera inquietud. Semanas... semanas de la más exquisita de las cortesías, sonrisas, charlas a veces, pero nada más.

Se dedicó a arreglar el ya perfecto cuello de cisne de su caro jersey de lana color azul medianoche, sus mejores vaqueros de firma, que le ajustaban como una segunda piel, suaves y gastados, y una americana completaban el atuendo. Comprobó de nuevo que llevaba su varita de repuesto y por vigésima vez en lo que iba de tarde se negó a reconocer que estaba un poco decepcionado. Tras el arranque de Harry, todo entre ellos parecía haberse quedado en un curioso olvido. Conforme pasaban los días y el auror mejoraba, aquellos tórridos instantes compartidos le parecían cada vez más lejanos, como si formasen parte de algún extraño y lúbrico sueño. ¿De verdad había tenido a Potter entre sus piernas, de verdad había pasado algo de aquello?

—No te mires más, hombre, ¡te pareces a aquel de los trajes color violeta, el que nos dio clase en segundo! —se burló Theo, que con una chaqueta de cuero y unos pantalones a medida no parecía el mismo tipo famélico que de costumbre, tener novia le había sentado bastante bien—. ¿Recuerdas el duelo con Potter... cuando empezó a hablar parsel? ¡Nunca me había sentido tan acojonado! Y el profesor Snape con toda la cara de desear arrancarle el hígado a aquel idiota, pero allí estabais vosotros, pendientes el uno del otro, como si lo demás no existiese.

—Claro que lo recuerdo —masculló—. Pero encuentro que tus cambios de tema son exasperantes y desafortunados, acaba con las bromas, Nott, es muy molesto.

—No sé de qué diablos me hablas, Malfoy. —Se encogió de hombros con una expresión de tan franca inocencia que le hizo bufar aún más fuerte. Que en todas las conversaciones que tenía con su amigo —como siguiese en aquel plan, pronto ex amigo—, acabase saliendo a relucir el nombre de Potter le tenía de un humor parecido al de un Colacuerno húngaro y eso era quedarse corto—. Sólo señalaba que...

—Déjalo, anda —acotó, miró el reloj y se acercó hasta el estilizado mueble donde guardaba las bebidas—. ¿Quieres algo?

—¿Vas a beber? ¿Tú? —Se sorprendió Theo—. Creo que no te veo hacerlo desde aquella fiesta en Hogwarts, te pusiste tan mal que ni la mejor poción del profesor Snape te ayudó a dejar de vomitar.

—Por eso no suelo hacerlo, gracias —afirmó ufano, escanciando un par de dedos de licor en dos vasos anchos—. Es un poco de escocés muggle, me gusta más que el nuestro.

—Venga, vale —aceptó Theo, ojeando la apariencia calmada de su amigo. Según Ginny, para esas horas ya todos los invitados deberían estar allí, momento adecuado para aparecerse, cuando Draco no pudiese largarse de la casa de Potter sin montar una escena.

—Vaya mierda de lechuza, déjame que te lo diga —se quejó de nuevo, sentándose mientras cruzaba una pierna, el zapato de fina piel reluciente brillando mientras lo sacudía con un ademán impaciente. Pese al rostro inerte, Draco no estaba tan tranquilo como quería aparentar—. Igual es la misma que tenía en Weasley en el colegio —rió—. Aquella que siempre caía sobre la comida de la mesa en el Gran Comedor... ¡Qué gente, por Salazar!

—Ahí está —señaló con agrado, su chica era un reloj cuando quería—. ¿Vamos?

—Venga, espero que no te dejes atrás ningún trozo, Nott —amenazó, dejando el vaso vacío sobre el aparador.

Aparecerse en el vestíbulo del número doce de Grimmauld Place diez años después, no fue la mejor forma de empezar la noche. Una música suave se filtraba por el pasillo y un par de grupos de brujas pasaron por su lado, saludándoles entre risitas, como si estar en la casa que una vez fue la más buscada y la más protegida del mundo mágico fuese el pan de cada día. Increíble lo que cambia todo en tan poco tiempo, fue cuanto acertó a pensar Draco, observando a su alrededor no sin curiosidad. No tenía idea sobre qué esperar, de hecho había desterrado de su mente cualquier pensamiento sobre el caserón y el dueño, pero desde luego no imaginaba que aquella elección, tonos tierras y cálidos, le resultase tan acogedora. El lugar no tenía nada que ver con la sombría mansión donde había habitado, conviviendo con extraños hostiles en el mejor de los casos. Se sonrojó al comprobar que se había dejado conducir a una encerrona, que de hecho, lo sospechaba y no había evitado la jugarreta de Nott. ¿Tan desesperado estaba que tenía que colarse en una mierda de celebración donde nadie había tenido la cortesía de invitarle?

Se giró, dispuesto a increpar a Theo, cuando se encontró con que éste estaba inmerso en un beso húmedo lleno de lengua, pecas y manos andariegas. Torció el gesto sin saber si seguir o apartar a aquellos dos y largarse. ¿Podía desaparecerse desde allí? Era claro que lo que el abogado esperaba antes no era la dirección, sino algún indicativo de que las protecciones de la casa de Potter le permitirían usar el conjuro.

—Lo sé —exclamó una voz a su derecha—. Es sencillamente horripilante verles lamerse las amígdalas, ¿una cerveza. Malfoy?

Observó a uno de los gemelos Weasley, debía ser Fred, si su memoria no le fallaba; era el que peor parado había salido aquel dos de mayo. Ahora, con una sonrisa de oreja a oreja, el joven y exitoso empresario le tendía sin sombra de dudas una botella que se obligó a aceptar. Con una última y venenosa mirada a Theo, se alejó por aquel pasillo que tan bien conocía. De modo que Potter había empleado el dinero de su herencia y adecentado el lugar, la sala de música, un andrajoso cuarto otrora lleno de trastos, estaba ahora despejado, el suelo de parquet relucía y grupos animados entrechocaban copas y comían de las bandejas. Para su asombro, descubrió que varios miembros de su equipo se hallaban presentes, así como un buen número de compañeros de su generación, en su mayoría de la casa de los leones, pero también distinguió a varios Hufflepuff y Ravenclaw y hasta algún que otro Slytherin. Era obvio que el único que no pintaba nada allí era él mismo, pero claro, Theo no había tenido nada mejor que hacer que divertirse a su costa. Deambulando acá y allá, procurando mantener una expresión lo más relajada que supo, se dedicó a enumerar y clasificar los maleficios que le iba a aplicar a su ex mejor amigo y ex abogado en cuanto le pillase a solas, la comadrejilla se iba a quedar viuda antes de la boda, decidió, abandonando la cerveza para alcanzar un trago largo de un extraño cóctel que Lovegood iba ofreciendo como si convertirse en lo más parecido a un elfo doméstico fuese divertido. En fin, mejor ella que aquella panda de sabelotodos Ravenclaw que le miraban de arriba abajo como si en lugar de rondar los treinta tuviesen de nuevo quince y estuviesen decidiendo si les iba a hechizar.

—Draco Malfoy, ¡cómo me alegro de verte! —Le saludó con sendos besos como si fuesen amigos de toda la vida, pero, ¿qué más daba? pensó, ¿Acaso se podía caer más bajo que colarse en la fiesta de un... qué, un paciente, un amante? No, decidió para sí mismo, el adjetivo que mejor le iba a Potter, era el de idiota.

—Luna Lovegood —replicó con un asentimiento. Aquello no estaba mal del todo, y le calentaba de forma muy agradable por dentro. Sonrió como si de verdad le interesara la charla extraña de aquella chica tan rara. Salazar bendito, deseaba que la tierra se lo tragase, pero como no parecía que fuese a ocurrir, se dedicó a sorber el agradable mejunje.

—Estás tan cansado, Draco —murmuró con un último abrazo aquella loca—. ¿Por qué no le dejas ayudarte, no ves que tú también le necesitas para ser feliz de verdad?

—¿Qué...? —Abrió la boca y la cerró, los Malfoy no boquean, casi pareció escuchar a su madre, compostura, Draco, recuerda que eres un Malfoy.

—¿Malfoy...? —Se giró para encontrarse con el atractivo Cormac McLaggen, que le sonreía de oreja a oreja, todo hoyuelos, rizos dorados, ojos azules y dientes blanquísimos, si no recordaba mal, había sido uno de los primeros aurores que se habían aventurado por la Clínica, así que sin dejar de observar de reojo a Lovegood, que se había marchado con rumbo desconocido, se dedicó a darle charla a aquel personaje que si no se equivocaba le hacía ojitos. Con una segunda copa en la mano, Draco se convenció que igual no había sido tan mala idea colarse en la fiesta de Harry Potter. A lo mejor ligarse delante de sus narices a un compañero de trabajo le enseñaba a no ignorarle, porque ver aparecer incluso a Creevey con una pareja ya era demasiado. Tenía unos deseos insanos de empezar a cruciarles, a todos.


Mama Shmi: Hola, bueno reprimidos que leen sin leer fics slash o eroticos que luego afirman a voz en cuello que no leen lemons siempre los habrá, me afecta poco este tipo de "opinion" por ser generoso y no decir lo que de verdad pienso de la homofobia, no creo que este sea el foro adecuado. Gracias sin embargo por tu comentario, es un placer! Sips, la cromoterapia es bastante efectiva, un saludo!

kawaiigirl: Pues no sé si demasiado rápido, avisé las fechas previsibles de actus, (como ves hoy voy con unas horas de restraso) Yo creo que Draco es muy capaz de lidiar con Harry, y si, Harry tenía dentro no sólo una maldición, sino mucho dolor reprimido. Sobre Draco...bien, digamos que hemos llegado a un nudo de la historia, ahora toca ver qué sanará Harry en él...Me alegra hacer mejores tu tardes! besos

kotte: Espero que el cap te haya gustado! y me alegra que la discusión fuese de tu agrado, siempre le doy mil vueltas a los diálogos y ver que he conseguido que queden bien es un placer. Nos leemos!

fanfiker-fanfinal: Hola! Pues mi nick no tiene un significado especial, fue una cosa que escogí hace muchos años cuando empecé a navegar por la red, cuando aún habia modems y todo eso, DECADAS atras, asi que ya me he hecho a él, tienen los nicks significados? pensaba que la mayoria hacia como yo, escogia algo y ya. Lo de la cromoterapia me pareció muy en la onda con las terapias que ofrecen en la Clinica de Draco y sobre la pared de tu cuarto, pues..no sé! jajajajajajaja a ti que te apetece? yo es que hace tanto que no vivo con mis padres que no recuerdo haber tenido ya ni discusiones con ellos XD.
Sobre Ginny y los Weasley, pues nada, a mi ni fu ni fa, te digo con ellos como con el tema Slytherin, hay cosas de la saga canon que no me cuadran por mucho que admire el trabajo de JK que eso queda fuera de discusión, pero hay cosas, que simplemente, no.
Aww vale, ahora comprendo lo de Draco, pero el tema es que él no se está protegiendo, el simplemente tiene un conflicto porque Harry es su paciente y no considera que acostarse con él sea ético y además hacerlo con Harry no es con un cualquiera, es algo de primera plana y no olvidemos que Draco está luchando porque le reconozcan lo que en su día les negaron a todos los que trabajan alli por el mero hecho de ser "malos" Slytherin y ser de las familias que eran.
Oye y si te gusta tanto McLaggen porque no haces un fic con él?
De nada por lo de las actus, besos!

Dany de Criss: Hola! Pues me alegro mucho que te gustase! Sip, Harry está un poco colado por Draco y no hace nada por ocultarlo, pero al menos ya están claros en ese aspecto^^. Espero que el resto te guste, nos leemos!

AnnaS: Hola! Bueno pues gracias, cuando pensé en el Draco de este fic, me apetecía que fuese un tío muy centrado en su trabajo, quizás a causa de lo que pasó en la guerra y después por lo de sus padres, pero bueno no es perfecto, ya vereis, no sé si has leido algún fic mio o solo estos ultimos, pero los chicos super perfectos no son lo mio para nada. Y Harry, es que es lo que comentas, ¿qué persona que vive lo que él es tannnn San Potter? No tiene pies ni cabeza, ese chico pasó una infancia de malos tratos y una adolescencia terrible, eso por lógica debe marcar y sip, Draco está ahi para darle ese punto de sobriedad que necesita, veremos qué le aporta Harry al medimago. Besos y gracias!

JenRmzA: Hola! Pues me alegro que veas bien cómo avanzan, y si, bueno, las cosas van a un ritmo más o menos pausado, he intentado que sea lo más normal posible contando con sus edades y formas de ser. Te deseo que la musa llegue prontito, a mi por desgracia lo que me falta es tiempo para poder ponerme a escribir lo que desearía. Gracias a ti por tu coment, siempre es agradable saber que ademas de leer, la gente le regala a los autores un poco de su tiempo. Nos leemos!

Bea1617: Hola querida! jajajajaaj pues si que se quedó, creo que el anónimo justo antes del tuyo es de tu autoría verdad? fanfiction a veces es un coñazo absoluto! LOL sips, bueno, Harry es MUY poderoso, la verdad es que hay cosas que me cuesta escribir o describir pero me alegra ver que esa escena no quedó del todo mal. La verdad es que de los dos, el más elocuente siempre fue Draco, así que eso no lo quise cambiar, sin embargo Harry tampoco se cortará a la hora de dejar clara su opinión cuando le llegue la hora. Opino lo mismo acerca de Harry y Draco, eran enemigos naturales en los libros, imagino que JK les ideó de esa forma, quizás para enfatizar la "bondad" de Harry a costa del personaje de Draco, lo que pasa es que a mi lo que "le hizo" a Draco me pareció muy cruel la verdad, al menos Snape tomó sus decisiones como adulto. Me alegra que te guste la relación Theo/Ginny! la verdad es que me apetecía mucho hacer una pareja secundaria que no fuesen Ron/Hermione. Y no, no creo que a Ginny le moleste que sea lento en algunos aspectos! Gracias y nos leemos!

xonyaa11: Hola! Hombre Harry más que un complejo de no ser amado es que lo que tiene directamente es una infancia en el que le llamaban desde raro o fenómeno hasta desperdicio de espacio o alguna lindeza semejante, ¿a quien no le dolería esto? Sip, creo que Draco le va a aportar muchas de las cosas que necesita. Sobre Navidad te refieres a si actualizaré o si haré algo como en Halloween? pues creo que no, depende de si tendré wifi y creo que no, así que esas dos semanas serán vacaciones porque sin wifi no hay actus!. Gracias por todo, nos leemos!


Y en el próximo...

—Eso es muy bueno, te dije que te recuperarías —afirmó. La alcoba estaba cálida y la agradable modorra del fuego y el exceso de alcohol le estaban haciendo sentirse desinhibido; trazó con los dedos la sombra púrpura que se marcaba en la clavícula descubierta, una delicada estructura, vigorosa y frágil. Como aquella última vez desde que se tocaron, en la que de verdad se tocaron, Harry sostuvo la palma y besó despacio cada yema, el eco húmedo y sensual de la lengua, caliente, decidida, provocándole una miríada incontrolable de estremecimientos.

—Gracias a ti —ronroneó, un paso y sus caderas se rozaron.


Feliz Fin de Semana!