Nota de autora: Holaaa, bueno, me demoro un poco en actualizar esta historia porque mi prioridad es I'll stick around, pero aquí va una actualización larguísima, de hecho el capitulo más largo de la historia de este fic y de los otros que escribo.
RECORDATORIO: este fic es rated M, tiene contenido para gente madura, contiene algunas groserías y escenas sexuales, así es que por favor, de ser sensible ante estos temas, preferiblemente abstenerse de leer.
Por otro lado, reitero que las escenas sexuales no son lo mío, pero hago el intento jaja.
Bueno, eso es todo. ¡Gracias por los mensajes! ah, última cosa, creo que hay varios lectores porque las estadisticas me lo dicen, por fis les pido que dejen reviews, para ver qué les parece. ¡GRACIAS!
Chapter 7: Confesiones y sensaciones
Al día siguiente la doctora Prentiss comenzó su día temprano en la madrugada, como siempre. Sirvió el desayuno para ella y para Declan, pues Ian no había llegado a dormir, cosa que la tenía sin cuidado realmente, no era primera vez que pasaba, seguramente cuando llegara le daría alguna de sus típicas excusas, que se había ido a jugar póker con Josh y se le había hecho muy tarde, o que había tenido una emergencia en la oficina y había tenido que ir de inmediato- cosa que obviamente ella no creería, ¿Qué emergencia podía tener un abogado en medio de la noche?-
Llevó a Declan al colegio y ella partió rumbo a la clínica. Su turno aquél día no comenzaba hasta las 10, pero prefirió irse de inmediato allí, no quería volver a casa y probablemente encontrarse con Ian, no. Hoy día quería tener un día tranquilo, sin discusiones, sin Ian de ser posible.
Al llegar a su lugar de trabajo, cerró la puerta, se puso su delantal blanco con ositos y se sentó en su escritorio a ver las fichas de los pacientes que tendría ese día, mientras disfrutaba de un café.
Stuart Connor, Katherine Waters, Suzanne Lincoln, Jack…
-Jack Hotchner- susurró este último nombre. ¿Por qué tenía a Jack en la lista del día de hoy? Él niño no debía tener su revisión hasta dentro de unos meses, y según ella sabía no estaba enfermo, Aarón no le había dicho nada el día anterior. Se preocupó un poco, quizá había enfermado repentinamente…
Tomó el teléfono de su escritorio y digitó el número de la asistente de pediatría, aquella que se encargaba de reservar las horas de los pacientes.
-Doctora Prentiss- contestó la mujer.
-Hey Liz- saludó ella- mmm quería preguntarte, ¿sabes por qué tengo una hora tomada para las 12, a nombre de Jack Hotchner?
-Jack Hotchner…- susurró la asistente, mientras Emily podía escuchar el sonido de las teclas de su computador desde el otro lado.- La madre pidió una hora porque el niño se encuentra con congestión- informó.
-Oh, Ya veo.- respondió Emily.
-¿Por qué preguntabas?- preguntó con curiosidad.
-No, me pareció extraño pues vino hace poco y estaba bien- dijo sin mucha convicción.
-Ah-
-Gracias Liz-
-No hay de qué- dijo antes de colgar.
Emily suspiró cuando colgó el teléfono. Dio un sorbo a su café y pidió a dios que por favor Jack no fuera con su madre, ¡por favor!
En todos los controles que había ido Jack, el niño iba con su padre, ella no conocía a su mamá y tampoco era que justo ahora deseara hacerlo. Después de todo, ella, la señora Hotchner, era la mujer de su amante. Emily era solamente algo así como la otra, una sucia y sinvergüenza que se metía con un hombre casado. Pensar así de ella misma no le agradó mucho, pero en palabras simples eso era lo que era…
Salió de sus pensamientos, cuando sin siquiera golpear, Penélope, su mejor amiga entró por la puerta.
-¿Cómo supiste que ya había llegado?- cuestionó la pediatra con una ceja enarcada.
-Hola, buenos días- dijo con Sarcasmo Penélope- vi tu auto en el parking, nada muy rebuscado- respondió- Pero bien, quiero mis explicaciones y las quiero ahora. ¿En qué diablos andas metida, Emily Prentiss? ¿Por qué se supone que almorzaste conmigo ayer? ¿Por qué me llamó Ian haciéndome un interrogatorio?
Emily abrió la boca sorpresivamente, de todas las cosas que su amiga había dicho, solo una de las preguntas había quedado en su cabeza. ¿Ian la había llamado?
-¿Qué le dijiste a Ian?- preguntó sobándose el cuello, esperando que su amiga no haya metido la pata.
-Lo que me dijiste- dijo con naturalidad mientras se sentaba en la silla de pacientes, en frente del escritorio.
-Te debo una- dijo con alivio Emily-
-Si, me debes una, y también unas cuantas explicaciones, y ahora- volvió a exigir.
Emily suspiró exageradamente, y luego apoyó su cabeza en el respaldo de la silla, mirando hacia el techo. Ya no podía escaparse de aquello. Tenía que confesarle a su amiga acerca de los sucios pasos en los que andaba.
-¿Tienes tiempo?- preguntó bajando la cabeza en dirección a la dentista.
La historia que iba a relatarle dudaría algo más de lo que dura un simple café caliente en una taza.
-Mi primer paciente es en una hora y… quince minutos- dijo mirando su reloj.
-Bien.- comenzó- Pero por favor no me juzgues- pidió.
-¿Cuándo lo he hecho? Lo único que te he juzgado es que sigas con el idiota de tu marido-escupió la rubia.
Emily torció el gesto, tenía razón.
-Ahora habla- dijo Penélope con el gesto serio e impaciente.
-Llevo aproximadamente cinco meses viéndome con… alguien- admitió, agachando su cabeza, escondiéndola entre sus manos.
Penélope abrió los ojos ampliamente, aunque su amiga no podía verla claramente. Se llevó las manos a la boca, tapándosela para reprimir el grito que casi se le escapa.
-Cuéntame todo, ahora. Quiero saber quién es, qué hace, de dónde lo conociste, ¡TODO!- exigió cuando por fin se sintió capaz de hablar.
Emily levantó la cabeza y volvió a mirarla, tomó el último sorbo de café que le quedaba y se dispuso a hablar.
-Bueno, es… el tipo es el papá de un paciente- admitió, esa parte era la que menos le gustaba, era muy poco profesional y se sentía peor diciéndolo en voz alta- Se llama Aarón, trabaja para el FBI, llevamos aproximadamente cinco meses o quizá un poco más viéndonos, pero… es… no es nada serio, a decir verdad solo nos juntamos de vez en cuando y pasan… cosas- admitió desviando la mirada- pero en verdad es solo eso, solo unos encuentros, no nos conocemos mucho más allá de eso, de lo físico, él también está casado aunque tiene ciertos problemas y va a divorciarse.- habló sin parar, su amiga estaba realmente anonadada.
-OH-DIOS-MIO- articuló- ¡mi amiga es una zorra que se mete con hombres casados!- chilló.
-Si lo dices así me haces sentir fatal- dijo lamentándose-
-¿Es atractivo?- demandó saber.
Emily se quedó en silencio unos segundos, claro que Aarón era atractivo, y lo mejor de todo es que tenía aquella mirada tan seductora, y aquella voz que… y esos brazos… ¡Uf! Ya le había empezado a dar calor. Sonrió un poco y miró a su amiga.
-Es muy guapo y masculino- admitió.
-¡Oh dios mío, Emily!- volvió a chillar- ¿Y en serio trabaja para la FBI? ¡Qué sexy!
Emily rió ante aquél comentario, aunque si lo pensaba bien, tenía razón. Era como que el hecho de trabajar en el FBI, con pistolas y esas cosas, inmediatamente hiciera a Aarón o a cualquier hombre más atractivo. Fantasía de toda mujer, sentirse protegida, verlos enfrentándose a chicos malos, ser autoritarios… y así.
-Si, es el jefe de la unidad de análisis de la conducta.
-No tengo idea que es eso, pero suena interesantemente sensual- volvió a decir, volviendo a hacer reír a la morena.
-Buscan a asesinos en serie, pero más allá de la evidencia física que deja el asesino, se fijan en lo que hace y cómo lo hace, es algo así como que se ponen en sus zapatos y piensan como él, en el por qué de sus acciones, que los mueve…- explicó con experticia.
-Guau, pensé que no lo conocías mucho y me describes su trabajo como si lo hicieras tú misma.- dijo Penélope enarcando una ceja.
-Bien, aquí es dónde entras tú… ayer por primera vez nos juntamos para hacer algo distinto, me invitó a almorzar y bueno, fue una instancia para conocernos mejor y hablar de otras cosas, o como las otras veces que solo ha sido…
-Sexo- sentenció ella, ganándose una mirada de reproche de parte de Emily.
-Si- admitió.
-Cada vez siento que te conozco menos, ¡sucia!- bromeó la dentista otra vez.- ¿Y de qué hablaron?
-De trabajo… de la vida, no sé, de tonterías… y bueno, le dije que no nos veríamos más.- confesó frunciendo los labios.
-¡¿Qué?! ¿Por qué?-
-Porque el destino nos jugó demasiado sucio- dijo en un suspiro.
-Y bueno, no es como que tú estuvieras jugando muy limpio, sucia princesa- dijo con una mirada astuta.
Emily rodó los ojos.
-Ya lo sé… pero es que él otro día, con Ian llevamos a Declan a sus clases de fútbol y se hizo un nuevo amigo, y aquél amigo no era nada más ni nada menos que Jack, mi paciente. El hijo de Aarón-contó mientras gesticulaba demasiado con las manos.
-Jodida tu suerte, amiga mía.
-Ni que lo digas, además fue una presentación con todo, incluso Ian conoció a Aarón, y para peor, Jack, invitó a Declan a su fiesta de cumpleaños que es la otra semana.
-Espera, ¿se te juntaron los dos hombres y los dos niños?- dijo cada vez más sorprendida.
-Fue horrible. ¡Hasta se dieron la mano!- chilló Emily golpeándose la frente con su mano.
-Santa mierda- susurró Penélope.
-En conclusión, es por eso que le dije que debíamos parar esto. Los niños se hicieron muy amigos, y es todo muy arriesgado, con la suerte que tengo algo podría llegar a oídos de Ian y eso significaría mi fin. Tú sabes cuán importante es Declan para mí…
-Ya, si lo sé… pero espera. ¿Por qué Ian me preguntó que habías hecho a la hora de almuerzo ayer?
-Oh, eso, de veras… lo que pasa es que cuando almorcé con Aarón, Josh, el amigo de Ian nos vio en el restaurante… yo no me di cuenta pero Ian me lo dijo, y le aseguré que no podía ser cierto porque yo había almorzado contigo en la clínica.
-Ya veo, bueno, definitivamente la suerte no está de tu lado, Em- dijo frunciendo el ceño.
-Gracias por recordármelo- dijo con sarcasmo.
-Oye Em… pero ¿puedo decirte algo?
-Si, puedes decirme algo.- accedió no muy segura.
-Yo no sabía nada de esto… pero estás distinta. No sé hace cuanto exactamente, pero ahora que me dices todo esto, creo que este hombre, Aarón… te ha regresado algo de la felicidad que se llevó Ian cuando descubriste que te engañaba.
-Ah… no te entiendo- admitió una desentendida Emily.
-Eso, pues pareces más feliz, más radiante desde un tiempo hasta ahora, sin ir más lejos, ayer no dejabas de sonreír- sentenció.
-Oh, no, no. No Pen, estás mal interpretando las cosas. Con Aarón solo hemos mantenido una relación física. Nada más, nada de sentimientos, nada…- se defendió.
Pero no estaba muy segura.
-Oye, no nos engañemos. Ambas sabemos que el sexo, tarde o temprano implica sentimientos. Sobre todo si ocurre con frecuencia, Em. No te niegues a ver algo que está pasando.-aconsejó.- porque yo me doy cuenta, tus ojos están volviendo a brillar.- dijo con dulzura.
-Pen, sabes que eso no puede pasar. Supongamos por un momento que sí, que me enamoro de Aarón. Pero… ¿y qué? ¡No podría hacer nada! No puedo dejar a Ian porque no puedo perder a Declan, yo moriría sin él.
-Cielo, odio decirte esto pero no puedes seguir toda la vida así. No puedes seguir con un hombre que te engaña, que no te respeta.- dijo con mucha rabia Penélope.
-No empecemos otra vez con eso- pidió Emily, irritada.
-Tarde o temprano debes darte cuenta, Emily. ¿Te digo algo?- dijo sin esperar respuesta- yo entiendo que quieras mucho, demasiado a Declan, porque tú lo has criado y lo sientes como si fuera tuyo, pero a fin de cuentas no lo es.- dijo en tono severo.
-No hay necesidad de que seas cruel conmigo- pidió al borde de las lágrimas.
-Escucha, hermosa- dijo en tono más suave- lo que menos quiero es hacerte llorar o hacerte sentir mal, pero cariño ¿no te gustaría tener tu propio hijo algún día? Sangre de tu sangre, con alguien a quien realmente ames… ¿no te gustaría?
Emily ya no pudo contener las lágrimas, la idea de su día tranquilo se había ido por la borda, estaba fastidiada, triste y confundida.
-Esa era mi idea, Pen, eso era lo que buscaba con Ian, mi familia feliz. Ya no lo puedo conseguir, estoy estancada en ese matrimonio fallido, podrido. Pero sinceramente, tú sabes que muero por ser madre, los niños son mi vida y es lo que más anhelo en el mundo… pero-
-Pero jamás lo harías con Ian- completó la oración la rubia- y es totalmente comprensible.
-Siento que mi vida está tan vacía, siento que mi trabajo y Declan son todo lo que me da fuerzas para seguir día a día con todo esto, no tengo más razones, simplemente no las hay.
-¿y Aarón? ¿No podría llegar a ser él una más de esas razones?- preguntó Penélope.
Emily se limpió las lágrimas con sus manos, miró a su amiga y casi sonrió.
-No.- respondió secamente.
-Em…- insistió su amiga- ¿De veras no sientes nada por él?
-Siendo sincera, si siento cierta atracción hacia él, digo ¿quién no lo haría? Es un gran hombre, pero de veras que sería Imposible que haya algo más que sexo entre nosotros. Es… complicado, ya te dije, por lo de los niños y eso.
-¿Sabes cuál es el problema contigo?- Emily negó- que eres demasiado buena, ¡demasiado! Siempre te preocupas por los demás, pero no te detienes a pensar ni un poquito en ti. Debes cambiar eso, Emily, en serio te lo digo.
-No puedo ser tan inconsciente Penélope- susurró.
-Eres tan, pero tan terca que haces que me duelan las muelas- bufó la dentista, haciendo sonreír un poco a Emily.- y entonces… ¿ya no lo verás más?- preguntó refiriéndose a Aarón.
-Solo una vez más. Esta noche, será algo así como una despedida- admitió con un poco de vergüenza.
-¡Por favor! ¿Una despedida? ¡Dios mío!- chilló eufórica- Emily Prentiss, por favor, por favor te lo pido… ¡no dejes de ver a ese hombre!
-¿Por qué?
-Porque… ¡porque no! Créeme cuando te digo que te hace bien, piénsalo pequeña, piénsalo de verdad- dijo poniéndose de pie.- Emily, ese brillo en tus ojos cuando me hablas de él, me reafirma que no es solo atracción física lo que sientes, te lo juro, soy tu mejor amiga y te conozco, no dejes que se te pase esta oportunidad.- dijo mientras caminaba hasta la puerta.
-¿Qué oportunidad?- se limitó a preguntar.
-La de ser feliz- dijo antes de marcharse y cerrar la puerta.
Emily quedó confundida en la soledad de su sala, sentada en su escritorio. ¿De veras Aarón le hacía bien? ¿En serio le brillaban los ojos? Ella no lo sabía, no se sentía enamorada, para nada, pero si sentía algo muy agradable cuando estaba cerca de él, o cuando sabía que lo vería… y sonreía mucho.
…
Llegaron las 12 del día, y Emily finalmente, con una sensación muy indescriptible en su estomago, llamó al paciente que tocaba atender.
Jack entró en la consulta de la mano de su madre, quien resultó ser una mujer bastante guapa y elegante. Haley era un poco más alta que ella, usaba el pelo rubio corto, haciendo que su cara se viera más estilizada y dándole un aspecto imponente de mujer segura. Era delgada, un poco más que ella, pero con sus curvas bastante pronunciadas. Realmente tenía un físico envidiable. Emily se sintió un poco intimidada ante la presencia de aquella mujer, pero aún así, juntó todo el profesionalismo que había en ella, y dejó todo lo que pasaba por su cabeza a un lado, concentrándose en su paciente.
-Bien, Jack ¿Cómo te ha has sentido- le preguntó con su mejor sonrisa mientras el niño se subía en la camilla para ser examinado.
-Bien- dijo el niño con una voz bastante gangosa.
-Di la verdad, pequeño mentiroso- lo regañó su madre con voz suave.
-No quiero- susurró el niño- si digo que estoy enfermo, no me dejaras ir a jugar futbol mañana.
-Bien, doctora- dijo Haley mirando a Emily- ha tenido esa voz desde ayer por la mañana, tiene la nariz bastante congestionada y de vez en cuando se queja que tiene un mal sabor y que le duele la nariz- informó.
-Vaya- comentó Emily- a ver, amiguito- dijo mirando a Jack- ¿cómo es ese sabor que sientes?
-Malo- admitió- es como un sabor a… mocos- dijo la última palabra despacito.
-Ya veo- asintió Emily- a ver, de todas formas, tengo que revisarte, abre la boca-
El niño abrió la boca y ella le revisó la garganta, luego chequeó sus oídos, la respiración… y todo parecía bien.
-¿Ha tenido fiebre?- preguntó mientras lo examinaba.
-Ayer tenía, pero solo un poco, un grado más de lo normal.
-¿Y tos?
-Solo un poco.
-Ok, los pulmones se oyen bien, no presenta irritación en la garganta ni se ven inflamados los oidos. -Le informó a la señora Hotchner- ¿Te duele la nariz o la cabeza cuando te agachas o te mueves mucho?- le preguntó a Jack.
-Si, a veces- admitió el niño.
-¿Qué es lo que tiene, doctora?- pidió saber su madre.
-Nada grave si se cuida, tiene sinusitis. Con unos antiinflamatorios y los debidos cuidados, no debería pasar a mayores, y en unas cuantas semanas todas las molestias se habrán ido.- dijo optimista.
Luego de recetarle la medicación, dar las indicaciones correspondientes, aconsejarle que no hiciera deporte pesado por unos días y aclarar todas las dudas acerca de lo que conllevaba una sinusitis, Haley decidió cambiar el tema.
-Doctora Prentiss- le habló a la morena, haciendo que ella desviara su mirada del papel que estaba firmando.
-Dígame, señora Hotchner, ¿alguna duda?
-Oh, no. No. Lo que pasa es que Jack me comentó que se había hecho amigo de su hijo en el entrenamiento de futbol.- dijo con una sonrisa algo encantadora.
Emily quiso desaparecer por un momento de su silla, de su consulta, de la clínica, y de ser posible de la ciudad. Con su cara más amistosa que pudo ofrecer, aquella cara que no demostraría siu angustia, le asintió a la rubia que la miraba a los ojos.
-Sí, así es. Ha sido una muy agradable casualidad. ¿Verdad amigo?- le preguntó a Jack.
-¡Si doctora!
-Me parece excelente, a Jack le encanta hacer nuevos amigos- comentó sonriéndole a su hijo.- ah, y bueno a todo esto, como supuse que mañana Jack no podría ir al entrenamiento, le dije que trajera ahora lo que le iba a entregar a su hijo mañana.
-¿Qué es?- preguntó con curiosidad.
-¡la invitación para mi cumpleaños!- chilló el niño- mami, ¡pásasela!- dijo con euforia.
Haley rebuscó en su cartera hasta que encontró el sobre que buscaba.
-¿Declan, verdad?- le preguntó a Jack, el niño asintió sonriente, marcando sus margaritas, las mismas que se le marcaban a Aarón cuando sonreía…
La madre de Jack le tendió la tarjeta a Emily, quien la recibió con una sonrisa, ocultando su incomodidad.
-Se la daré en tu nombre, Jack. Muchas gracias-
-Usted también puede ir, doctora, además puede llevar al papá de Declan, ¿verdad mami?
-Oh por supuesto- accedió Haley.
-Ahí estaremos- accedió Emily con una sonrisa superficial, porque por dentro estaba a punto de llorar de lo nerviosa que estaba.
…
Para Aarón el día se estaba haciendo eterno, pero al menos positivamente, no habían tenido que viajar a ningún lado, solo permanecían en la oficina con un pilar gigante de documentos de casos que habían visto durante la semana. De haber tenido que viajar, habría tenido que suspender su encuentro con Emily aquella noche y aquello realmente lo habría hecho sentir de todo menos felicidad.
Estaba sentado en su oficina, solo, pues los demás estaban cada uno en su escritorio revisando los papeles que se le habían encargado, cuando de repente el sonido del celular hizo que levantara la vista de la hoja.
Se sorprendió agradablemente cuando vio quien era, y una sonrisa gigante ocupó gran parte de su rostro inevitablemente.
-Hola- respondió- no esperaba una llamada tuya. ¿A qué se debe el placer?
-Hola, señor Hotchner- dijo ella en tono profesional- solo quería decirle que la próxima vez, podría tener la amabilidad de avisarme que su esposa me haría una visita.
-¿Qué Haley qué?-preguntó muy sorprendido.
-Eso, bueno, vino con Jack, obviamente, pero sinceramente no me lo esperaba- confesó.
-¿Jack está enfermo?- preguntó con preocupación.
-Nada grave, Aarón- tranquilizó ella.- solo una leve sinusitis, estará en perfecto estado pronto, siempre y cuando tenga el cuidado correspondiente.
-No tenía idea que estaba enfermo- dijo con un poco de culpabilidad- anoche estuve con él y no le noté nada extraño.
-Está bien, la sinusitis a veces es engañosa, la señora Hotchner me informó que estaba congestionado y si, efectivamente su voz era muy nasal, pero a ratos se va, quizá por eso no lo notaste- informó muy profesionalmente.
Aarón sonrió desde el otro lado del teléfono.
-Gracias por avisarme-
-Oye, tú esposa es muy guapa- comentó cambiando de tema, después de todo no había llamado para hablar de Jack, ni de la sinusitis, ni específicamente de Haley… solo quería escucharlo, aunque se negaba aceptar que esa era la verdadera razón.
-Si, Haley es bastante atractiva- estuvo de acuerdo- pero no sirve de mucho aquello cuando un matrimonio está totalmente acabado. La próxima semana comenzamos los papeles del divorcio.
-Oh- se limitó a decir Emily… -¿Lo siento? – su disculpa sonó más como una pregunta, lo que la hizo sentir un poco tonta, pero a decir verdad no sabía que se le decía a un amante cuando este le contaba que se estaba separando.
-No hay nada que sentir, es lo mejor- dijo él, con sinceridad en el tono de su voz.
-Si es lo que crees, pues entonces, te felicito.- bromeó ella riendo, y logrando que Aarón también riera.
-Me gusta tu risa- comentó de pronto él. Haciendo que Emily dejara de reír, eso la había tomado por sorpresa.
-Aarón…- dijo con algo de vergüenza.
-Es verdad- dijo en tono seductor- y… ¿puedo decirte dos cosas más?
-te escucho, pero no me alagues tanto, no me gusta que me lancen muchas flores- pidió.
-Bien, lo siento pero debo decirlo. Primero, si, tienes razón, Haley es muy guapa. Pero no más que tú. Y Segundo… muero porque llegue la noche y poder verte, tocarte y bueno, ya sabes el resto- dijo en tono astuto.
Emily se quedó sin palabras. Escuchar eso era lo que menos esperaba cuando había decidido hacer aquella llamada.
-¿Sigues ahí?- preguntó Aarón luego de unos segundos.
-Si- susurró ella.- Yo… también estoy ansiosa por verte- admitió.
-Bien, me da gusto oírte decir eso- dijo sonriendo.
-Tengo que colgar, Aarón, nos vemos a las nueve-
-Te estaré esperando, Emily.
Cuando colgó el teléfono, Emily tuvo la necesidad de sentarse de inmediato. Sintió que sus piernas flaqueaban. No había que tener una inteligencia súper natural para darse cuenta que Aarón le había coqueteado, y obviamente para ella no pasaba inadvertido, sintió una agradable sensación en su estomago, y también en su pecho. Y todo se vio reflejado en la sonrisa que no tardó en aparecer, una sonrisa que no solo dejaba al descubierto sus perfectos y blancos dientes, sino que también un poco de aquél nuevo sentimiento que estaba despertando Aarón Hotchner en ella.
…
Luego de un día de bastante trabajo y montones de pacientes, Emily finalmente llegó a casa. Se sorprendió cuando abrió la puerta y vio a Declan y a Ian jugando en el living, como solían hacerlo antes.
Se embriagó con la risa de Declan, quien estaba en brazos de su padre, haciéndolo girar por el aire.
-¡mira mami, soy un avión!- gritó el niño entre risas en cuanto la vio aparecer.
Emily con una sonrisa se acercó a ellos, sentándose en el sofá.
Ian dejó a Declan en el suelo y el niño corrió a los brazos de su madre.
-Eres mi avión favorito, cariño- le dijo con dulzura.
Ian se acercó a ellos, se sentó junto a Emily y le dio un beso en la cabeza. Al parecer ya no estaba molesto y eso la alivió un poco.
-¿Qué tal el trabajo?- preguntó.
-arduo, pero… bien- contestó ella- ¿tú no fuiste a trabajar hoy?
-No, me tomé él día libre.- admitió.
Y eso para Emily era un poco obvio, seguramente la noche anterior no había dormido mucho estando con sus amiguitas, naturalmente no se levantaría para ir a trabajar.
-Ya veo, eso es genial- dijo sin mucha vitalidad en su comentario.
-mami, papá me va a llevar al cine esta noche. ¡Pasarán las tres películas de Toy Story juntas!- chilló.
-¿Ah sí? Eso suena como un excelente panorama.- respondió ella con el mismo entusiasmo de su hijo.
-¡sí! Mi papi es el mejor, ¿cierto mamá?- preguntó el niño con ojos grandes.
Emily claro que no pensaba lo mismo, pero no podía decírselo a su hijo, claro que no, así es que con la mejor sonrisa que tenía, asintió.
-Tu papi es el mejor. Y te ama mucho.
-Los amo a los dos- dijo Ian, sonriéndole a Emily. Ella le devolvió la sonrisa.
-¿Puedo ir a dibujar a mi cuarto? ¡Quiero hacer un Buzz light year!
-Claro amor, ve.- lo animó ella.
Declan no desperdició ni un segundo y partió corriendo a su cuarto. Al quedar solos, Ian envolvió a Emily en sus brazos, atrayéndola hacia él. Emily se dejó hacer, apoyando su cabeza en su pecho, recibiendo el abrazo, sin moverse.
-Cuando digo que te amo, lo digo en serio Em- dijo él, acariciándole el cabello.
-Lo sé- respondió ella automáticamente.
-¿Y tú, me amas? – preguntó luego de unos segundos en silencio.
-Por supuesto que sí- dijo aún con la cara en su pecho, él no podía verla, pero estaba cerrando los ojos.
Ian con sus manos movió la cabeza de Emily, con la intención de que lo mirara.
-Dímelo- le pidió- dímelo con tus palabras y mirándome a los ojos.
Emily tenía tres opciones en mente: Salir corriendo, gritarle en la cara que ya no lo amaba, o mentir… como lo había hecho todo este tiempo, igual que él. Definitivamente las dos primeras no las llevaría a cabo, no tenía el valor.
Suspiró, se dibujó una sonrisa y mirándole a los ojos finalmente habló.
-Te amo, Ian- susurró.
El cortó la distancia que había entre sus caras y la besó con ternura, sujetándole la cabeza con ambas manos, demostrándole posesión.
-Gracias por decírmelo- dijo contra sus labios, rompiendo el beso por un segundo. El hombre no tardó en comenzar a recostar a Emily sobre el sofá y situarse encima de ella.
Recorrió con su mano la piel de su esposa por debajo de la delgada polera que estaba usando aquél día, Emily buscó su mano y entrelazó sus dedos, no porque quería tomarla en realidad, sino mas bien porque no quería que él la tocara, suficiente era con que tuviera que aguantar su beso.
-Oye, con calma- dijo cuando Ian descendió sus besos hasta su busto, besando lo que el escote de su polera le permitía.
-No me gusta tomarme las cosas con calma, lo sabes- dijo divertido-
-Cariño, Declan puede bajar-insistió con voz dulce, evitando discutir.
-¿Vamos al cuarto?- insinuó.
Emily definitivamente no quería tener contacto íntimo con él, ella no quería que la tocara, que la hiciera suya, menos cuando en unas horas más estaría entre los brazos de Aarón. Pero anoche se había negado y había terminado en discusión.
Suspiró pesadamente. Aquél suspiro Ian lo relacionó con placer que ella podría estar sintiendo, aunque muy lejos de la realidad, ella había suspirado lastimosamente, con resignación.
-Vamos- accedió- pero solo un momento-
Ian sonrió.
En cuanto cerraron la puerta de la habitación, Ian la empujó sobre la cama y se deshizo de su propio cinturón, para luego situarse sobre ella y volverla a besar con pasión.
Emily se mostraba receptiva y aquello le gustaba mucho a él.
La morena buscó con sus manos el borde del pantalón de Ian con el fin de desabrochar el botón, algo que Ian tomó como ansiedad.
Pero lo que Emily realmente quería era terminar con eso lo antes posible, tomar una ducha y dejar la casa.
Ian se deshizo del pantalón de Emily, lanzándolo por ahí quién sabe dónde, y dejando sus piernas desnudas frente a él. Acarició sus muslos con sus manos ansiosas, dirigiéndose hasta su centro. Emily sabía lo que venía ahora. Pero ella no quería preámbulos, no quería alargar esto, quería que él tuviera su jodido clímax y la dejara en paz.
Una vez que él le quitó sus pantaletas y planeaba acercar su boca hacia su centro más intimo, ella lo detuvo, sentándose en la cama.
-No esta vez- sentenció, confundiendo a Ian.
-¿Qué pasa?-
Emily se puso de pie, e Ian la imitó, sin entender nada. Ella se acercó a él y con la voz más sensual que pudo dedicarle, le susurró al oído.
-Quiero que sea rápido, y duro, sin preámbulos-
Eso tomó a Ian por sorpresa, demasiado, hace mucho tiempo que ella no le exigía algo en la intimidad, y eso lo había encendido endemoniadamente.
Sin pensar más, Ian se deshizo de su ropa y se sentó en el borde de la cama, ordenándole a ella que se sentara a horcajadas sobre él. Emily lo hizo y una vez que estuvo sobre él, Ian le quitó la polera y el sostén, dejándola completamente desnuda.
Ian hizo ademán de bajar una de sus manos hasta el centro de Emily, pero ella nuevamente lo detuvo.
-Duro- le repitió. Definitivamente no quería que la tocara.
El hombre, con sus ojos azules llenos de placer, asintió. Emily se levantó un poco e Ian dirigió su erección hasta la entrada de Emily. Entró en ella de un sopetón, haciéndola gemir. Le había dolido un poco, pues no estaba para nada excitada, en lo absoluto…
Ian comenzó a embestir dentro de ella con frenesí, sin siquiera esperar a que sus paredes se ajustaran a su tamaño, pero Emily no dijo nada, ella misma le había ordenado que lo hiciera rápido.
-Estás tan apretada- dijo él, mientras cambiada de posición, sin salirse de su interior, quedando acostado sobre Emily, entre sus piernas.- se siente… jodidamente bien.
-No hables- pidió ella cerrando los ojos- solo ¡ah! No pares- exigió.
Nuevamente buscó con su boca los pechos de Emily, devorándolos con pasión… él podía estar con muchas mujeres, demasiadas, pero el sexo con Emily siempre sería su preferido, sus pechos, sus gemidos, todo de ella le encantaba.
-Más rápido- exigió ella, aún con los ojos cerrados-
Ian aceleró sus embestidas, fuerte, sin piedad, como ella se lo estaba pidiendo, mientras la besaba ahora en la boca, con posesión, con deseo.
-¿Mami, papi?- luego de unos minutos, sintieron de la voz de Declan del otro lado de la puerta-
Emily con una mirada le ordenó que parara, él no hizo caso.
-Vamos, cariño estoy tan cerca- dijo sin dejar de moverse sobre ella.
-Solo un segundo- ordenó nuevamente.
Calmó su respiración y finalmente, con Ian aún dentro de ella, gritó.
-¿Qué sucede cariño?
-Terminé mi dibujo y quiero mostrárselo a ustedes. ¿Puedo pasar?
Ian enterró su cabeza en el cuello de Emily.
-¿Ya lo pintaste, corazón?- preguntó ella.
Declan, desde el otro lado de la puerta miró su dibujo.
-No, mami, ¿quieres que lo pinte para ustedes?
-Eso sería genial, amigo- habló esta vez Ian.- en cuanto termines nos lo muestras ¿De acuerdo?
-¡si papi!
En cuanto sintieron los pasos de Declan alejarse, Ian sonrió.
-Bien, en dónde estábamos…- dijo antes de volverse a mover, esta vez más lento.
-Solo date prisa, volverá en cualquier momento- habló en tono serio mientras envolvía la cintura de Ian con sus piernas.
Su tono de voz, tan autoritario, volvía loco a su marido, quien ignoraba totalmente que no era para seducirlo, sino porque de veras quería que se apurara, ¡que sacara sus manos de encima de ella y la dejara tranquila!
Él con una sonrisa, obedeció, embistiendo una y otra vez en su interior. Ya estaba cerca, podía sentirlo cada vez más duro dentro de ella. Pero ella no, por su lado estaba lejos de terminar.
-¡Oh mierda!- chilló Ian a punto de estallar.- Por favor Em, vamos, estoy a punto de acabar, déjate llevar.
Emily cerró los ojos otra vez, y nuevamente, al igual que hace unos días atrás, buscó en su memoria las caricias del hombre que si la hacía ver las estrellas. Se imaginó que quien arremetía dentro de ella con brutalidad era Aarón.
Buscó con sus labios la boca de Ian, para evitar que hablara, no quería escucharlo, quería imaginar que realmente quien la estaba tocando no era él, así es que lo besó con autentica pasión.
Unas cuantas embestidas más y ella lo logró, Ian finalmente sintió sus paredes contraerse alrededor de su miembro y finalmente se permitió acabar dentro de ella.
Se dejó caer sobre el pecho de su esposa, mojándola un poco con su sudor. Inconscientemente Emily, quien seguí con los ojos cerrados, llevó una de sus manos hasta su cabeza y le acarició el cabello, como en los viejos tiempos.
-Me has vuelto loco- comentó él.
Al oírlo hablar, inmediatamente quitó la mano de su cabeza. Su voz la trajo a la realidad, a quien acariciaba no era Aarón, era Ian.
Hizo ademán de quitarlo de encima para poder levantarse, pero Ian se opuso, abrazándola con más fuerza.
-Quedémonos así un ratito más, me gusta que estemos juntos.- dijo con voz melosa.
-Vamos Ian, levántate, Declan vendrá en cualquier momento- le recordó.
Sin muchas ganas, le hizo caso y se puso de pie.
-¿Desde cuándo eres tan mandona? – preguntó divertido, mientras se encaminaba a la cajonera del dormitorio en búsqueda de ropa interior limpia.
-No es por ser mandona- se defendió Emily, quien se dirigía al baño- solo que no quiero que Declan nos pille en esto- dijo con algo similar a una sonrisa antes de cerrar la puerta del baño.
Cerró la puerta detrás de ella inmediatamente, poniéndole el seguro. Quería, necesitaba un momento de privacidad. Se metió en la ducha y de inmediato dio el agua al máximo. Necesitaba limpiarse, quería borrar el rastro de Ian de su cuerpo.
Bastaron unos segundos debajo del agua para que sus ojos se llenaran de lágrimas. Odiaba esta situación, no quería aguantar más, no quería que él tuviera el derecho de tocarla más. Lo quería lejos, quería que se fuera y le dejara a Declan. Además estaba cansada, exhausta de tener que fingir sonrisas, de dedicarle palabras de amor que ya no sentía, quería gritarle sus verdades en la cara, que ella no era tonta y que sabía todo lo que hacía.
¿Por qué no podía simplemente irse con una de sus tantas mujerzuelas y dejarla ser feliz con su hijo?
…
