Entró en el despacho de Dragon a toda prisa y sin siquiera llamar a la puerta. El susodicho alzó la vista de sus papeles y lo observó serio e impasible. Sabo intentaba calmar su agitada respiración por la carrera que había dado pasillos atrás.
-Tengo que ir tras ellos.-Afirmó acelerado sin siquiera cerrar la puerta. Dragon gruñó. Acababa de llegar a la base después del ataque y todo seguía siendo un desastre.
-Ni hablar.-Volvió a sus papeles.
-¡Pero estamos hablando de Nerumi!-Le respondió ofuscado.-No puede dejar las cosas así, es su sobrina.-Exigió acercándose a la mesa de su jefe y colocando las palmas de sus manos sobre ella.
-Tenemos la base envuelta en el caos.-Dragon no perdió los nervios en ningún momento. Sabía que su general podía ser muy temperamental cuando se lo proponía.-Necesitamos volver a la normalidad para establecer el plan a seguir.
-Me da igual el plan. Ha despertado sin recuerdos. Ha perdido la memoria. No pienso dejarla así bajo ningún concepto. Se trata de mi familia.-Sentenció recalcando la última palabra. Mantenía el ceño fruncido. Fue ese, el único instante en el que Dragon lo miró fijamente.
-Vas a sustituirme dentro de poco.-En cuanto le dio la noticia, el rubio abrió los ojos de par en par.-Necesitas aprender a priorizar las cosas. Sé que estás preocupado por ella pero tu deber es quedarte aquí y arreglar todo lo que tenga que ver con nosotros. No podemos meternos en una guerra con piratas cuando ese no es nuestro fin. Y lo sabes mejor que nadie.-El revolucionario chistó con la lengua sentándose en una de las sillas frente al escritorio y cruzándose de brazos.
-No quiero iniciar una guerra. Solo quiero acabar con el tipo que se ha adueñado de su memoria sin permiso.-Dragon suspiró. Sabía que no lo sacaría de su camino con facilidad.-Es una Akuma no mi. Si lo hago, volverá a ser la de siempre.
-No puedo dejar que lleves a mis hombres a una misión suicida por ella. Lo siento.-Volvió a sus papeles. Sabo suspiró mientras pensaba. Tenía que buscar algo con lo que dar en el clavo para obtener su permiso. Y por suerte, pareció encontrarlo.
-Nunca volverá a acordarse de su madre, Dragon-san.-Sabo lo miró desafiante. Esperando que con aquello, él reaccionara. Por un momento, el moreno dejó de escribir.
Sabía perfectamente que su hermana nunca se lo perdonaría allí donde estuviese…
"Flash Back"
Uno de los principales motivos, a parte de muchos otros, por el que se encontraba en la Gray Terminal, era ella. Hacía años que no veía a su hermana mayor, pero aquel instante era terriblemente crucial para ella. No podía faltar y mucho menos fallarle. Se sentó en la terraza de un café con la esperanza de no ser reconocido por nadie. Odiaba que no utilizara unos sistemas para verse mucho más discretos.
-Oi, Dragon.-Una joven de bonitos ojos verdes y pelo dorado, le sonrió sentándose justo en frente.-Ha pasado mucho tiempo.-Y él, por primera vez, no dudo en contagiarse de su sonrisa.
-¿Cuándo elegirás un lugar más apropiado para nuestras reuniones?-Bromeó.
-Es el único sitio en el que pensé que a nadie le importaría lo suficiente nuestra conversación.-Sonrió. A su lado paseaban todo tipo de personalidades ricas de la ciudad.-No quiero que los niños se enteren todavía.-La camarera les colocó una taza de té a cada uno y se fue de allí con tranquilidad. Dragon se llenó de seriedad.
-No sonrías así. Sabes a lo que te estas exponiendo.
-La vida de ellos es mucho más importante. Si me quedo y los descubren…Sobre todo a Ace. No me puedo permitir ese desliz. Es el hijo de Roger y sabes perfectamente lo que significaba para mi.-Removió su té con un pequeño tembleque en la voz.-Así que, dejemos los sentimentalismos a parte y vayamos al grano.
-Dios mío, has vuelto a ser tú, de repente.-Ella sonrió suficiente.
-Solo por diversión.-Su hermano sacó una carpeta con todo lo que ella necesitaba para esconderse lejos de allí. -Vaya, jamás pensé que llegases a trabajar tanto en esa base.-Bromeó mientras echaba un ojo a todos los papeles y documentos falsos.-Gracias.
-Recapacita tu decisión.-La observó preocupado. Ella negó.
-No es una decisión por la que pueda optar o no. Es algo que el destino me ha impuesto por ser quien soy.-Le agarró la mano con cariño.-Escucha, quizás no nos volvamos a ver en otra ocasión hasta dentro de mucho tiempo. Por eso quiero pedirte un favor, ¿lo harás?-La preocupación y desasosiego se adueñaron de sus ojos esmeraldas por primera vez en toda la conversación. Su hermano no pudo evitar asentir con convencimiento.-Cuida a mis hijas. Por encima de cualquier cosa. Y si me llegase a pasar algo…
-Eli…-La regañó.
-Si me llegase a pasar algo,-volvió a repetir,-prométeme que las cuidarás. Estén donde estén.
-No quiero pensar que algo puede ocurrirte.
-Prométemelo.-Insistió.
-De acuerdo.-Soltó a regañadientes.
-Y algo más…-Dragon arqueó las cejas interrogantes.-Intenta siempre, que no se olviden de mí, y mucho menos de que las amo con locura, ¿vale?-Por un momento, la voz de la joven había temblado.
-Nunca lo harán mientras yo esté con vida, te lo garantizo.-Ella sonrió por última vez con los ojos llorosos. Acabó su taza de té y se levantó.
-Volveremos a vernos, hermano.-Pero antes de irse, Dragon necesitaba resolver un punto realmente importante.
-Elizabeth,-ella se giró,-¿hablarás con Dadan sobre lo de Hanon antes de huir?
-No es necesario.
-Era su hija. Debe saberlo.-Unas finas lágrimas recorrieron de forma inconsciente el bonito rostro de la joven.
-No tengo valor.-Se mordió el labio.-Y si no…se lo dije a Roger en su momento ya…carece de sentido.-Dragon suspiró.
-Lo sabía.-Al oírlo, Elizabeth abrió los ojos de par en par. La noticia fue demasiado repentina.
Esa fue la última vez que Monkey D. Dragon, jefe de la armada revolucionaria, vería a su hermana con vida…
"Fin del Flash Back"
-De acuerdo.-Habló continuando con sus quehaceres. Sin dejar de pensar en aquello último. Aun había muchos secretos por desvelar. Pero no era, el momento adecuado para eso, se dijo.-Puedes investigar e ir. Pero antes de nada, recuerda que tu misión es dejar las cosas en orden.
Sabo sonrió de oreja a oreja. Lo había conseguido. Tenía vía libre para actuar.
….
Weeble permanecía sentado e inconsciente junto a su madre. Ambos estaban atados a uno de los grandes árboles de la ciudad con fuertes cadenas de Kariouseki, vigilados de cerca por dos comandantes. El fuego de la ciudad se había apagado y sus habitantes intentaban recomponerse de los ataques tras los vítores y cumplidos que les habían otorgado a la tripulación salvadora. Todo parecía volver a la normalidad.
-Oi, Ace.-El capitán del barco, entró en una de las tiendas de campaña improvisadas para tratar a los heridos. Al oír su nombre, el pecoso alzó la mirada.- ¿Podemos hablar?-Estaba serio y Ace supo que sabía a lo que venía.
-Claro.-Suspiró.
-¿Qué diantres te llevo a desobedecer mis órdenes?-Frunció el ceño. Sentándose en la camilla justo enfrente de él. Ace no se pronunció.-Es normal que estuvieses enfadado y que llevases todo tu odio hacía él, pero…no puedes actuar por tu cuenta sin más. Si yo no llego a interponerme entre esa lanza y tú, ¿qué habría pasado? Estás esperando un hijo. Recuérdalo.
-Ya lo sé. Me dejé llevar por mis impulsos.-Chistó con la lengua. No le gustaba para nada que alguien le regañase como si fuera un crío.
-Intenta no volver a hacerlo.-Suspiró.
-De acuerdo.
-Bien.-Marco alzó la vista hacia su alrededor.-Tenemos que ayudar a esta gente, y después avisar a la marina para que vengan a recoger su objeto perdido.-Le sonrió y el moreno empezó a relajarse.
-¿Qué será lo siguiente?
-Volver a las islas que arrasó y ver qué podemos hacer.-Suspiró.-Nos reuniremos mañana,-se incorporó,-¿estás bien?
-Sí.-Mintió. En realidad no estaba bien para nada. Algo en su interior le decía que Nerumi se encontraba en problemas, y lo peor de todo era que no podía contactar con ella de ninguna forma en aquel momento. Todo a su alrededor era un tremendo descontrol.
-Pues hasta mañana.-Marco se fue dejándolo solo. Él chistó con la lengua. Tenía que encontrar la forma de comunicarse con ella cuanto antes. Así que, salió en busca de un Den den Mushi que le fuera de utilidad.
….…
Finalmente habían acabado en último lugar que ella se imaginaba. ¿A quién se le ocurría dejarse las llaves atrás? Resopló enfadándose consigo misma. Todas aquellas situaciones tensas la ponían de los nervios. Fuera, la tormenta y el viento se habían intensificado tanto que estaba totalmente empapada.
Rin abrió la puerta de su apartamento e ingresó en él encendiendo las luces. Nada más entrar Rou apreció el impresionante aroma que desprendía aquella casa. Era bonita y acogedora. El moreno se quitó los zapatos. Su pelo mojado y su sonrisa la inquietaban de sobre manera contrastando a la perfección con la calidez que le trasmitía el lugar.
-Quítate el abrigo y los zapatos.-Empezó a subir las escaleras. Parecía que arriba tenía una especie de buhardilla.-Te traeré algo de ropa y una toalla. ¿Tienes hambre?-Rouge negó. Su semblante seguía siendo serio. En realidad, no debía estar allí. Sabía a qué se exponía, aun así...-Ponte cómoda.-Lo escuchó desde arriba y ella hizo caso, entrando al salón descalza y empapada.
Se quedó maravillada observando cada uno de los espacios de la casa de Rin. Allí estaban todas sus cosas personales. Todos sus secretos se guardaban en aquel lugar. Se acercó a la librería y sacó un manual de medicina antiguo. Lo abrió descubriendo millones de anotaciones. Sonrió.
-¿Te interesa algún libro?-De pronto, notó su aliento en su nuca. Casi se le sale el corazón del pecho del sobresalto. Con rapidez se giró quedándose prendada de sus enormes ojos azules. Sus mejillas empezaron a teñirse de rojo.
-No estoy segura.-Respondió rápido intentando calmar sus pulsaciones.-No me ha dado tiempo de fijarme.
-Pues cámbiate y elige el que quieras.
-¿Enserio?-Él asintió.
-Todos menos ese.-Le señaló el que tenía entre los dedos. Rou lo observó desconcertada. De todos era el libro más feo y viejo.
-¿Por qué? Es el que tienes más estropeado.
-Porque es de mi padre. Y lo guardo como oro en paño. Alzó un dedo didáctico. Volvía a su faceta de profesor-Además, te matará si le pasa algo.-Una sonrisa nerviosa se apoderó de su rostro.
Pero de repente, la joven de ojos verdes estornudó un par de veces sobre las páginas del libro que tenía abierto. Rin palideció y se lo arrebató con rapidez de las manos.
-¡Ve a cambiarte!-La regañó.-Al final te lo cargarás.
-No ha sido queriendo, ¿sabes?-Empezó a caminar por el salón llena de indignación, cogió la sudadera y el pantalón, siguiendo su camino hasta el baño. Nada más cerrar la puerta, Rin suspiró. Eran las dos de la mañana y todavía le quedaba una dura noche por delante.
…..….
Koala salió de la habitación de Nerumi después de una larga sesión informativa. Suspiró reventada. Tenía el cuello tenso y le dolía todo el cuerpo. Llevaba un día de locos.
-Oi, Koala.-La voz de su jefe llamó su atención. No dudó en dirigirle una sonrisa.
-Sabo-kun.-Él le agarró el rostro nada más tenerla cerca y le dio un suave y corto beso en los labios.- ¿Estás mejor?-Cuestionó tras la repentina muestra de cariño. El rubio asintió.-Genial, ¿dónde has estado?
-He hablado con Dragon-san. Me dejará ponerme en marcha después de que arregle unas cuantas cosas.-Chistó con la lengua. No estaba muy convencido de que sirviera hacer algo dejando pasar tantos días.
-Bueno, eso es positivo. Recuperará sus recuerdos.-Le sonrió tranquilizándolo un poco. Entrelazó los dedos de sus manos con los de él.-Deja de agobiarte. Saldrá bien, haremos lo que esté en nuestras manos. Llevamos sin fallar una misión años.-Clavó sus ojos en los de Sabo para transmitirle la tranquilidad que necesitaba. Y él pareció sentirse más aliviado.
-¿Cómo está?-Inclinó su rostro hacia la habitación.
-El médico la ha visto. El bebé sigue bien y a ella no le pasa nada salvo lo de la amnesia. Además, la herida de la pierna que va mejorando después de la operación. Así que estoy segura de que derrotando a ese tipo, volverá a la normalidad.-El revolucionario asintió serio.-Y bueno…le he contado por encima varias cosas sobre ella y vosotros.-Suspiró.-Hay un dato importante. No he querido decirle nada de Rouge y Gray. Sé que su reacción no será buena y es mejor no darle ese golpe si sabemos que podemos recuperar su memoria. No podemos ponernos muy drásticos.-Le aconsejó.
-De acuerdo.
-Y ahora creo, que deberías de entrar.-Esta vez apartó un instante la sonrisa de su rostro.-Te necesita.
-No estoy seguro…
-Sabo,-le interrumpió,-cuando perdiste la memoria, pudiste remontar gracias a nosotros. Tú eres su familia más cercana. Eres el que debe estar a su lado.-El rubio suspiró entristecido. Observaba la puerta con desasosiego. No había nada más duro que ser olvidado por alguien a quien quieres tanto.
-Muy bien. Estaré un rato, pero ¿puedes hacerme un favor?-Koala volvió a la sonrisa y asintió con la poca energía que le quedaba.-Quédate a dormir con ella lo que resta de noche. Creo que no le gustara quedarse sola sin conocer este sitio ni a los que estamos aquí.
-Eso está hecho.-Se alzó y le dio un beso en la mejilla.-Y ahora ve.-Le susurró con confianza.
Sabo se quedó un rato parado justo delante de la puerta. Volvió a suspirar. Una enorme punzada se había instalado en su pecho. No sabía si sería capaz de enfrentarse a ella y mucho menos si estaría preparado para contarle algunas cosas. Quería huir sin mirar atrás.
-Venga.-La voz de Koala lo sobresaltó un tanto. Aún seguía allí. Seguramente se aseguraba que no se fuera sin más.
-Ya voy…-Con poca decisión, el revolucionario agarró el picaporte, lo giró y entró en la habitación.
La luz de la lamparilla iluminaba tenuemente la habitación. Nerumi estaba tumbada de lado, posando su mirada sobre el sillón vacío. Sabo sintió como el corazón se le rompía en mil pedazos. Suspiró varias veces intentando no correr y, tomando el ínfimo valor que le quedaba, se acercó a la cama llegando hasta el asiento donde minutos antes se había quedado dormido. Volvió a sentarse sobre él. Y la observó silencio.
Ella lo miraba de una forma totalmente distinta a la de siempre. Incluso cuando habían estado enfadados, nunca apreció unos ojos tan vacíos, tristes y distantes. El revolucionario suspiró interiormente, tenía que aferrarse a su fortaleza mental.
-¿Cómo te encuentras?-Le susurró al fin, acercándose a ella para hacer más íntima la conversación. Su tono de voz había sido suave y aterciopelado. Una sonrisa se dibujaba en su rostro. Lo más importante de todo era que ella estuviese bien al fin y al cabo.
-No lo sé…-Contestó con la voz rota. Parecía que continuaba en un universo diferente a aquel. Y él no pudo luchar en contra de aquel dolor. Se atrevió a acercarse a ella y rozarle con suavidad la mejilla que no apoyaba sobre la almohada. Nerumi cerró los ojos sintiendo cada una de las emociones que aquel gesto podía desprender.
Él había estado en la misma situación que ella y sabía, que era realmente frustrante.
-Te prometo que recuperaré tus recuerdos.-Al oírlo, la joven abrió los ojos de golpe encontrándose con los grises del rubio. La miraba firmemente y con una confianza impropia en cualquier persona normal. Pero también percibía un brillo especial.
-Lo siento.-Sabo tragó saliva.-Siento haberme puesto así antes, al despertar, estaba…tan asustada…-El corazón del rubio empezaba de nuevo con sus carreras de fondo.
-No tengo nada que perdonarte Neru. Fui yo el que te descuidé. Lo siento muchísimo…-La angustia se apoderó de su semblante. Pero ella se mordió el labio inconscientemente, y Sabo no pudo evitar acordarse de aquel día en el que la tuvo entre sus brazos…
-No te preocupes.-Hubo dos minutos de silencio en los que ninguno de los dos dejó de mirarse. Hasta que ella volvió a hablar.- Eras…eras muy especial para mí, ¿verdad?-Aquella pregunta descolocó por completo al revolucionario que apartó la mano de su rostro.
-Se puede decir que sí. Koala te habrá dicho que somos familia.-Ella asintió.
-Sí.-La de ojos verdes sonrió levemente.-Pero tu terrible expresión de dolor cuando desperté le grita a mi instinto que eras tremendamente especial.-El rubio sonrió nostálgico y entrelazó sus dedos con los de ella sin siquiera darse cuenta.
-Lo era.-Confesó.-Aunque ahora solo soy el hermano de tu marido.
-Ace…-Pronunció su nombre ajena a todo lo que una vez ocurrió con ellos dos. Pero de nuevo, volvió a la tristeza.- ¿Puedo preguntarte algo?-Sabo asintió.-Eres uno de los que mejor le conocen, ¿cómo… cómo es?-Que Nerumi le cuestionará aquello después de estar veinte años con él, le sonaba rarísimo. No pudo evitar soltar una risita divertida.-Oh Dios, debo parecerte ridícula.-La joven le devolvió una bonita sonrisa.
-No, no es eso. Solo es un poco extraño.-Realmente, lo era.-Verás Ace es muy fácil de describir. Se ha pasado más de la mitad de su vida en el mar, es un gran pirata.-La peli castaña se incorporó un tanto sobre la cama. Le interesaba todo lo que estuviese relacionado con el que supuestamente era su marido.-Es egoísta, imprudente, cabezota, orgulloso y cascarrabias. Sufre de narcolepsia y es tremendamente despistado.-Neru puso los ojos en blanco al escuchar tantas cosas negativas. Sabo no pudo evitar reír.-Pero también es leal y sincero, amable y educado. Es capaz de dar la vida por las personas que más le importa y quiere. Está enamorado de ti con locura y daría cualquier cosa porque fueras feliz. Te protegería contra viento y marea y lucharía por tus sueños por encima de todo.
Nerumi suspiró con una media sonrisa en sus labios agachando el rostro. Parecía verdaderamente aliviada. Sin embargo, aún había muchas dudas en ella. Realmente en aquel momento, no conocía al pecoso de nada.
-Y si vuelvo a verlo y… ¿no siento nada…?-Clavó sus ojos en los del rubio con algo de agobio en ellos.
-Todo es cuestión de tiempo. Aun así, cuando eso pase, lo recordarás de nuevo, seguro.-Le dedicó una media sonrisa mientras clavaba ella sus esferas grises.
"Esa mirada"...
Un vuelco sobrecogió el corazón de Neru que en aquel preciso instante, tuvo un Flash Back del sueño que había acogido su subconsciente justo antes de despertar…"-Papá solo dice tonterías. No le hagas caso.-Nada más pronunciar aquellas palabras, se dio cuenta de que sus labios se habían movido prácticamente solos. Alzó la mirada hacia el rubio que había clavado sus ojos en ella con una media sonrisa, estaba demasiado cerca de su rostro. Sus mejillas se enrojecieron…."
Sentía como los colores se le subían a los pómulos. Y quiso cuestionarlo. Tenía que hacerlo por todo los medios.
-Oi, Sabo-kun…El bebé que estoy esperando,-cogió la mano del revolucionario que aún seguía entrelazada en la suya y la llevó hasta su vientre, -es de Ace ¿verdad?-La pregunta le pillo demasiado desprevenido. Aun así, la respuesta la tenía más que clara.
-Por supuesto que es de Ace.-Le sonrió con un pequeño temblor en la voz. Y entonces, ella comprendió que pasaba algo más entre ellos dos. Y que no era del todo cierta su afirmación.
-Claro…-Se hizo la despistada.-Qué tonta soy preguntando algo así.-Sonrió. No tenía duda. Aquel revolucionario de ojos grises había estado enamorado de ella, o de su anterior personalidad…
…
Acababan de llegar a la que fue una esplendorosa ciudad. Sin embargo, las ruinas estaban por todas partes. El fuego, el polvo, la sangre. El repiqueo de las cenizas se abría paso en el silencio de un lugar totalmente desierto.
Caminaban con lentitud en busca de alguien que pudiera darle algún tipo de información. Cuando de pronto, a lo lejos, cerca del enorme palacio ruinoso, vieron como había gente que parecía moverse.
-¿Qué diablos ha pasado aquí?-Elisabeth aún se sentía sobrecogida por el horrible panorama.
-Vayamos a averiguarlo.-Kyle avanzó en el grupo con la firme intención de llegar a las personas que permanecían en la distancia.
Todos le siguieron. Todos salvo el pirata pecoso que se había quedado totalmente paralizado. Un reflejo plateado le había robado la visión un solo segundo. Cosa que llamó su atención. Y allí estaba, quieto, observando un punto fijo en el suelo. Un extraño brillo sobresalía de entre las cenizas. Con tiento y sintiendo como su corazón latía desbocado, Gray se acercó al objeto. Se agachó y hundió su mano en la tierra caliente y humeante sacando un pequeño y bonito aro.
Nada más hacerlo, abrió los ojos de par en par. Un enorme vuelco se coló en su alma.
-Gray, ¿qué es eso?-Itsu, junto con Dai, los más rezagados, observaban la joya que el moreno tenía entre los dedos.
-Es el anillo de Rika…-Susurró.
-¿Qué? ¿Estás seguro?-El panda se había quedado perplejo.
-Estoy convencido. Yo se lo regalé…
-¡Eh tú!-La voz de un hombre los sobresaltó. Alzaron la vista y observaron cómo les apuntaba con un rifle.- ¡Suelta ese anillo!-El pecoso se puso poco a poco de pie mientras alzaba un tanto las manos sin quitarle la vista de encima a la persona que tenían justo delante. Itsu imitó a Roger pero con más rapidez dándose cuenta, de reojo, que Kyle y Eli se habían alejado.
-No es tuyo.-Sentencio el pecoso desafiante y con el ceño fruncido.
-Pero es de mi hermana.-Afirmó y Gray abrió los ojos de par en par.
-¡Tío Theru!-De pronto, Dai salió de su escondite detrás del oso en cuanto reconoció a la persona que los amenazaba. Enseguida, se lazó a él.
-¿Dai?-El muchacho, bajó el arma para acoger a su sobrino entre sus brazos.
Ambos piratas observaban la escena sin comprender absolutamente nada de lo que estaba pasando…
