Perdonen la demora :c perdí la onda de esta historia… Pero ya la recuperé muajajá
DISCLAIMER: Gravity Falls es propiedad completade Alex Hirsch.
ADVERTENCIA: Incesto tío-sobrina, próximamente lemon y lenguaje vulgar. Si no te gusta, NO LO LEAS.
Come Little Children.
~7~
Ford y Pacífica pegaron un salto de la sorpresa cuando Mabel se había echado a llorar escandalosamente. La rubia se pegó más a la pared, tratando de no ser descubierta.
Stanford no sabía qué hacer. La última vez que la había visto llorar así, fue cuando Stanley había perdido sus recuerdos. Avanzó torpemente hacia su sobrina y posó sus manos en sus temblorosos hombros. Mabel cubría su rostro con sus manos, no queriendo mostrar su cara al autor. Él solo tendió a suspirar y la abrazó, recargando su mentón en su cabeza. La estrella fugaz escondió su cara en el rostro de su tío y siguió sollozando, pero de una forma más calmada.
—Mabel…—La llamó nuevamente.
—¡No! —Le cortó rápidamente ella—… Por favor, no me odies…
Él alzó una ceja, sorprendido por sus palabras. Pero comprendió enseguida a qué se refería. No tenía pruebas concretas, debía oírlo de su propia boca.
—… Mabel… Nunca te odiaría. Eres mi sobrina —se separó un poco para mirarla y sonreírle, pero Mabel solo cerró los ojos y agachó la cabeza—. Eres mi familia, sería incapaz de odiarte…
—Pero lo harás cuando te diga…
Sabía a qué se refería.
Tenía que preguntarle por qué. Tal vez… Era solo su imaginación. Estaba exagerando.
—¿Por qué lo dices, Mabel?
Tal vez…
—Porque…
Tal vez…
—Si lo digo me odiarás… Y… Eres todo un cerebrito… Tú sabes de qué hablo…
Pacífica respiraba tan lento que sus pulmones le exigían un poco más de aire o más ánimo al trabajo, pero no podía hacerlo. Todo encajaba: Mabel no tenía una relación con nadie, le interesaban las historias de los amores imposibles, y siempre notó que su comportamiento variaba mucho cuando el autor estaba cerca.
Sin embargo, entendió muy bien las razones de la castaña para ocultarlo. Era algo moralmente horrible. Es decir, Stanford podía perfectamente triplicar su edad si se comparaba con Mabel. ¡Y eran parientes! No había forma en que estuvieran juntos.
El corazón de Ford palpitaba fuertemente contra su pecho y sus manos sudaban. La pizca de esperanza se había desvanecido cuando su sobrina había pronunciado esas atroces palabras. Era cierto: sabía a qué se refería. No quiso aceptarlo hasta ahora.
—… Mabel…—Susurró casi sin aire—… Esto puede ser pasajero, no…-
—Ya casi son tres años —su voz le cortó con exasperación.
—Mabel…
Se sentía realmente preocupado por el hecho de que su sobrina tuviese esos sentimientos por él, pero, por otro lado, se sentía grandemente alagado. Muchas preguntas se formaron en su mente y solo Mabel podía contestarlas. Algunas eran muy vergonzosas, así que prefirió callar y apartarse de ella.
—Mabel —comenzó, con la voz agitada—, hablaremos de esto después —ella alzó la mirada—. Una vez que Stan y Dipper vuelvan…
—¡No! —La castaña se escandalizó y negó frenéticamente la cabeza—. Tío Ford… No le digas a Stan… Ni… Ni a Dipper. Te lo suplico —Sollozó, desesperada—. Entiendo que me odies por lo que hice, fue sin querer… Pero no quiero que mi hermano me odie. No lo soportaría.
—No tengo planeado decirles —la calmó, acariciando sus sienes. Esto era demasiado para él—. Me refiero a que, primero, debemos rescatarlos. Es nuestra prioridad.
—Oh… Claro —se sonrojó, apenada. Secó las lágrimas que habían escapado de su rostro y retrocedió—… Entonces, ¿qué hago? No creo que sea de mucha ayuda para ti —sonó más amargada de lo que pensó.
Stanford suspiró.
—Necesito estar solo —declaró—. Tengo muchas cosas en la cabeza. Mientras, tú estarás con tus amigas —ordenó. Mabel asintió sin más.
Pacífica negó con la cabeza y se fue lo más silenciosa posible de allí. Subió las escaleras y entró a la habitación de los gemelos.
—¿Por qué tardaste tanto? ¿Y Mabel?
—La vi conversando con su tío, así que preferí darles privacidad —mintió—. De seguro están hablando de lo que pasó en la tarde —tal vez no era del todo una mentira.
—¿Crees que el señor Pines perdone a Mabel?
Si la rubia era honesta, no tenía idea.
—… Quizá —murmuró.
—¿Y tú por qué tardaste tanto?
—Fui al baño.
—¿Y tanto te demoraste? —se rio.
—¿Tienes idea de cuantas capas de papel tuve que utilizar para tapizar ese horrible retrete? —recuperó un poco de su humor y se burló.
Cinco minutos después, Mabel volvió con una enorme sonrisa y siguieron charlando de cosas femeninas. Pacífica la regañó porque había olvidado su vaso con agua y se rieron de otras tonterías. A la hora de dormir, Mabel estaba hecha un ovillo durmiendo en el suelo al lado de Grenda. Waddles dormía cómodamente en la cama de su dueña, y Pacífica se encontraba acostada en la cama de Dipper.
La joven Northwest no podía cerrar los ojos. La noticia le había llegado como un balde de agua fría. Un dicho muy usado, pero cierto. Se imaginaba miles de escenarios y ninguno daba sentido. Sus ojos miraron el rostro dormido de Mabel y recordó sus palabras.
Temía que Dipper la odiara por… sentirse de esa forma.
—Pero tú no lo harías… Verdad, ¿Mason? —murmuró a la nada.
Ellos eran Pines. Eran… raros por naturaleza. Estaba segurísima que todos tenían algunos fetiches extraños. ¿Por qué Mabel sería la única?
Esa conclusión la confortó un poco, así que decidió irse a dormir.
Ford apartó los papeles y ocultó su rostro en sus manos. No podía concentrarse con la cabeza en otro lado. La conversación con Mabel no dejaba de volver a su mente y se estaba hartando. Había muchas cosas que quería saber, pero a la vez no quería. Ya tenía suficiente con lo que vivía actualmente… ¡para que se sumara esto!
Mabel era la primera chica que se le declaraba. ¡No sabía qué hacer en este tipo de cosas!
Alzó la cabeza al oír el teléfono sonar desde el piso de arriba. Soltó un gruñido y subió rápidamente. No quería despertar a las adolescentes que descansaban.
—¿Hola?
—¡Stanford! ¡Ve-ven aquí, favor! —la voz chillona y temblorosa de Fiddleford logró asustarlo un poco.
—¡¿Fidds?! ¿Qué ocurre?
—¡DAME A MI BEBÉ, NORTHWEST!
—¡No soy un Northwest! —gritó el anciano—. ¡Ese fantasma está aquí! ¡Y necesito ayuda!
—Bien. ¡Iré enseguida!
El castaño soltó el teléfono, cogió el radar y un espejo de plata. Salió corriendo de la cabaña, olvidando dejar la puerta cerrada.
Qué pasará ahora? Fidds está en problemas u,u
Espero que les haya gustado
Bye!
