Me convierto en señor supremo del lavabo-Empezo Ares.
En cuanto me repuse del hecho de que mi profesor de latín era una especie de caballo,
-Algo completamente normal- concordaron los Stoll
Dimos un bonito paseo, aunque puse mucho cuidado en no caminar detrás de él. Varias veces me había tocado formar parte de la patrulla boñiga en el desfile que los almacenes Macys organizaban el día de Acción de Gracias y, sintiéndolo mucho, no confiaba en la parte trasera de Quirón ni de ningún equino.
Sin poder evitarlo todos los semidioses comenzaron a reír escandalosamente. Quirón y Percy se sonrojaron.
Pasamos junto al campo de voleibol y algunos chicos se dieron codazos. Uno señaló el cuerno de minotauro que yo llevaba. Otro dijo: «Es él.»
Los semidioses que estuvieron en esa época se sonrojaron. No es que hubiesen sido muy disimulados…
La mayoría de los campistas eran mayores que yo. Sus amigos sátiros eran más grandes que Grover, todos trotando por allí con camisetas naranjas del campamento mestizo, sin nada que cubriera sus peludos cuartos traseros.
Todos miraron a Grover, que en ese momento tampoco llevaba pantalones. El sátiro, dándose cuenta de las miradas se ruborizo notablemente.
No soy tímido, pero me incomodaba la manera en que me miraban, como si esperaran que me pusiera a hacer piruetas o algo así.
-¿Puedes?- pregunto Leo. Percy lo miro sin entender- Hacer piruetas ¿Puedes?
-Ah- se encogió de hombros- Nunca lo he intentado.
Me volví para mirar la casa. Era mucho más grande de lo que me había parecido: cuatro plantas, color azul cielo con madera blanca, como un balneario a gran escala. Estaba examinando la veleta con forma de águila que había en el tejado cuando algo captó mi atención, una sombra en la ventana más alta del desván a dos aguas. Algo había movido la cortina, sólo por un instante, y tuve la certeza de que me estaban observando.
—¿Qué hay ahí arriba? —le pregunté a Quirón. Miró hacia donde yo señalaba y la sonrisa se le borró del rostro.
—Sólo un desván.
—¿Vive alguien ahí?
—No —respondió tajante—. Nadie.
-Vaya, gracias Quirón.- dijo Rachel- Resulta que ahora soy nadie.
-No, Annabeth y yo somos Nadie- la corrigió Percy antes de empezar a reír, seguido por Annabeth, Grover y, para sorpresa de algunos, Clarisse. La sala del trono los miro confundidos. - Segundo libro-explico la hija de Atenea cuando se calmó.
Tuve la impresión de que decía la verdad. No obstante, algo había movido la cortina.
-Es Quirón- dijo Thalia, encogiéndose de hombros-. Nunca te va a mentir, pero tampoco es que te vaya a contar toda la verdad.
—Vamos, Percy —me urgió Quirón con demasiada premura—. Hay mucho que ver.
Paseamos por campos donde los campistas recogían fresas mientras un sátiro tocaba una melodía en una flauta de junco. Quirón me contó que el campamento producía una buena cosecha que exportaba a los restaurantes neoyorquinos y al monte Olimpo.
-¿Os… os dedicáis a vender fresas?- preguntó incrédulo Dakota. Los griegos asintieron, un poco confusos por las miradas que estaban recibiendo de los romanos.
Octavio se rió entre dientes. ¿Y se supone que son una amenaza?
—Cubre nuestros gastos —aclaró—. Y las fresas casi no dan trabajo.
También me dijo que el señor D producía ese efecto en las plantas frutícolas: se volvían locas cuando estaba cerca. Funcionaba mejor con los viñedos, pero le habían prohibido cultivarlos,
Dioniso soltó un suspiro lastimero. Sus preciados viñedos…
así que plantaba fresas. Observé al sátiro tocar la flauta. La música provocaba que los animalillos bichos abandonaran el campo de fresas en todas direcciones, como refugiados huyendo de un terremoto. Me pregunté si Grover podría hacer esa clase de magia con la música,
-En ese momento no era muy bueno-admitió.
Mientras los romanos miraron impresionados, viendo cada vez más claras las diferencias entre sátiros y faunos.
y si seguiría en la casa, aguantando la bronca del señor D.
—Grover no tendrá problemas, ¿verdad? —le pregunté a Quirón—. Quiero decir… ha sido un buen protector. De verdad.
Hestia y Deméter sonrieron al mestizo.
-Gracias, Percy- sonrió Grover.
Quirón suspiró. Dobló su chaqueta de tweed y la apoyó sobre su lomo, como si fuera una pequeña silla de montar.
—Grover tiene grandes sueños, Percy. Quizá incluso más grandes de los que sería razonable. Pero, para alcanzar su objetivo, antes tiene quede mostrar un gran valor y no fracasar como guardián, encontrar un nuevo campista y traerlo sano y salvo a la colina Mestiza.
-¡Lo ha hecho!- protestaron los semidioses a los que les caía bien el sátiro
—¡Pero si eso ya lo ha hecho!
-¡Exacto!
—Estoy de acuerdo contigo —convino Quirón—, mas no me corresponde a mí tomar la decisión. Dioniso y el Consejo de los Sabios Ungulados deben juzgarlo. Me temo que podrían no ver este encargo como un logro. Después de todo, Grover te perdió en Nueva York.
-¡No fue culpa de Grover que este idiota se escapara!- dijo Thalia, señalando a Percy.
-Por una vez estoy de acuerdo contigo. No fue su culpa- respondió Percy-. Aunque lo de idiota sobraba.
-No, no lo hacía.
Y está también el desafortunado…destino de tu madre. Por no mencionar que Grover estaba inconsciente cuando lo arrastraste al interior de nuestra propiedad.
El consejo podría poner en duda que eso demostrara valor por parte de Grover.
-¡No es justo! ¿Qué culpa tiene él de que les haya caído un rayo?- dijo Frank.
Quería protestar. Nada de lo que había ocurrido era culpa de Grover. Y también me sentía súper, súper culpable. Si no le hubiera dado esquinazo a Grover en la terminal de autobús, no se habría metido en problemas.
-En parte también fue culpa mía- razono Grover-. Tenía que haber mantenido más la calma y no asustarte.
—Le darán una segunda oportunidad, ¿no?
Quirón, Percy, Grover, Annabeth y Thalia hicieron una mueca.
Quirón se estremeció.—Me temo que ésta era su segunda oportunidad, Percy. El consejo tampoco es que se muriera de ganas de dársela, después de lo que pasó la primera vez, hace cinco años.
-¿Qué fue lo que paso?- pregunto Atenea.
-Es una larga historia- respondió vagamente el centauro mientras hacia un gesto a Ares para que continuara leyendo.
El Olimpo lo sabe, le aconsejé que esperara antes de volver a intentarlo. Aún es pequeño…
—¿Cuántos años tiene?
—Bueno, veintiocho.
—¿Qué? ¿Y está en sexto?
—Los sátiros tardan el doble de tiempo en madurar que los humanos. Grover ha sido el equivalente a un estudiante de secundaria durante los últimos seis años.
Leo se estremeció:
-Eso es horrible.
—Eso es horrible.
—Pues sí —convino Quirón—. En cualquier caso, Grover es torpe, incluso para la media de sátiros, y aún no está muy ducho en magia del bosque. Además, se le ve demasiado ansioso por perseguir su sueño. A lo mejor ahora encuentra otra ocupación…
-Lo siento mucho, Grover- se disculpó Quirón, sinceramente.
-Es normal que pensaras eso- lo intentó tranquilizar el sátiro.
—Eso no es justo —dije—. ¿Qué pasó la primera vez? ¿De verdad fue tan malo?
El centauro fingió no ver las miradas interrogantes de los dioses.
Quirón apartó la mirada con rapidez.—Mejor seguimos, ¿no?
Pero yo no estaba dispuesto a cambiar de tema tan fácilmente.
-Por supuesto que no- Annabeth suspiró, aunque sonreía. Había echado de menos su terquedad.
Se me había ocurrido algo cuando Quirón habló del destino de mi madre, como si evitara a propósito la palabra muerte. Una idea empezó a chisporrotear en mi mente.
-No- Hades inmediatamente entendió a qué idea se refería-. Ni siquiera lo pienses, mestizo.
—Quirón, si los dioses y el Olimpo y todo eso es real…
—¿Sí?
—¿Significa que también es real el inframundo?
A esta altura los demás también entendieron que idea se le había ocurrido.
-De eso nada. Te lo prohíbo- Poseidón ordenó.
-A lo mejor no ha quedado claro las primeras diez veces, pero… ¡Esto ya ha pasado!- dijo Percy, exasperado.
La expresión de Quirón se ensombreció.
—Así es. —Se interrumpió, como para escoger sus palabras con cuidado—.Hay un lugar al que los espíritus van tras la muerte. Pero por ahora… hasta que sepamos más, te recomendaría que te olvidaras de ello.
¿Hasta que sepamos más? Pensaron todos.
—¿A qué te refieres con «hasta que sepamos más»?
—Vamos, Percy. Visitaremos el bosque.
Hermes suspiró, derrotado:
-Tenia esperanza de que tus cambios de tema fueran igual de buenos que tus mentiras. Me has decepcionado, Quirón.
A medida que nos acercamos, reparé en la enorme vastedad del bosque. Ocupaba por lo menos una cuarta parte del valle, con árboles tan altos y gruesos que parecía posible que nadie lo hubiera pisado desde los nativos americanos.
—Los bosques están bien surtidos, por si quieres probar, pero ve armado—me dijo Quirón.
-¿Qué quiere decir con…?- empezó a decir Hazel
-Ahora lo explica, creo.
—¿Bien surtidos de qué? ¿Armado con qué?
—Ya lo verás. El viernes por la noche hay una partida de «capturar la bandera». ¿Tienes espada y escudo?
—¿Yo, espada y…?
—Vale, no creo que los tengas. Supongo que una cinco te irá bien. Luego pasaré por la armería.
-Lo estas confundiendo- lo reprendió Afrodita.
-No se preocupe, Percy esta confuso siempre. No es que cambiara mucho la situación.- se burló Nico.
Quería preguntar qué clase de campamento de verano tenía armería, pero había mucho más en lo que pensar, así que seguimos con la visita. Vimos el campo de tiro con arco, el lago de las canoas, los establos (que a Quirón no parecían gustarle demasiado),
Risitas disimuladas se escucharon por la sala.
el campo de lanzamiento de jabalina,
Los hijos de Marte y Ares sonrieron.
el anfiteatro del coro
Ahora fue el turno de los hijos de Apolo.
y el estadio donde Quirón dijo que se celebraban lides con espadas y lanzas.
Y, después de esta frase, la mayoría de los luchadores del campamento se unieron a las sonrisas.
—¿Lides con espadas y lanzas? —pregunté.
—Competiciones entre cabañas y todo eso. No suele haber víctimas mortales. Ah, sí, y ahí está el comedor.
-¡¿Victimas mortales?!- exclamaron lo dioses.
-Hace años que no hay ninguna- los tranquilizo (casi) Quirón.
Quirón señaló un pabellón exterior rodeado de blancas columnas griegas sobre una colina que miraba al mar. Había una docena de mesas de piedra de picnic. No tenía techo ni paredes.
—¿Qué hacéis cuando llueve? —pregunté. Quirón me miró como si me hubiera vuelto tonto.—Tenemos que comer igualmente, ¿no?
-Tenemos un campo de fuerza que evita que llueva o que entren monstruos y cosas por el estilo- explicó Malcolm a los romanos, los cuales se veían muy perdidos.
Al final me enseñó las «cabañas», que en realidad eran una especie de bungalows. Había doce, junto al lago y dispuestas en forma de U, dos al fondo y cinco a cada lado.
-¿Doce?- preguntó Jason-Pero si…
Thalia le tapó la boca antes de que pudiese decir nada más.
-No al Spoiler, hermanito.
Sin duda eran las construcciones más estrambóticas que había visto nunca.
Ahora todos prestaron interés para ver como describían sus cabañas.
Salvo porque todas tenían un número de metal encima de la puerta (impares a la izquierda, pares a la derecha), no se parecían en nada. La número 9 tenía chimeneas, como una pequeña fábrica;
-¡Nuestra!- gritó Leo- ¡La mejor cabaña de todas!
-Más quisieras- se burlaron los Stoll
Leo sonrió misteriosamente: -Oh si tan solo supierais…
la 4, tomateras pintadas en las paredes y el techo de hierba auténtica;
-Nosotros- dijeron los hijos de Demeter
la 7 parecía hecha de oro puro, brillaba tanto a la luz del sol que era casi imposible mirarla.
-La nuestra- dijeron los hijos de Apolo con arrogancia.
-¿Es oro de verdad?- preguntó Gwen, con la boca abierta
-Sip. Toda
Todas daban a una zona comunitaria del tamaño aproximado de un campo de fútbol, moteada de estatuas griegas, fuentes, arriates de flores y un par de canastas de básquet (más de mi estilo).
-¿Juegas?- preguntó Jason, sorprendido al ver que tenían intereses parecidos.
-Si ¿Tu?
-También
-Guay
-Tendríamos que hacer un partido o algo.
-Si, seria…
-Chicos- interrumpió Annabeth- ¿podéis planear vuestra cita luego? Los demás queremos acabar el capítulo hoy, si no os importa. (N/A: No he podido resistirme. Adore el bromance de Jercy xD)
En el centro de la zona comunitaria había una gran hoguera rodeada de piedras. Aunque la tarde era cálida, el fuego ardía con fuerza. Una chica de unos nueve años cuidaba las llamas, atizando los carbones con una vara.
-Tenía que haberle hablado, señorita Hestia
-Me viste- dijo Hestia-. Muy poca gente lo hace. Es más que suficiente.
Las dos enormes construcciones del final, las números 1 y 2,
Zeus y Hera prestaron más atención.
parecían un mausoleo para una pareja real, de mármol y con columnas delante. La número1 era la más grande y voluminosa de las doce.
-Por supuesto que si- mascullaron Poseidón y Hades.
Las puertas de bronce pulidas relucían como un holograma, de modo que desde distintos ángulos parecían recorridas por rayos. La 2 tenía más gracia, con columnas más delgadas y rodeadas de guirnaldas de flores. Las paredes estaban grabadas con figuras de pavos reales.
—¿Zeus y Hera? —aventuré.
Annabeth hizo una mueca de asco ante el nombre de la diosa.
—Correcto.
—Parecen vacías.
-Es como se supone que deberían estar- gruñó Hera mientras que Zeus se esforzaba por no mirarla.
—Algunas lo están. Nadie se queda para siempre en la uno o la dos.
Vale. Así que cada construcción tenía un dios distinto, como una mascota.
-Nunca lo había pensado de ese modo- dijeron algunos semidioses.
-Así que vosotros os dividís según vuestro progenitor divino- dijo Reyna.
-Aja, y, si seguís la cultura romana, vosotros lo hacéis por cohortes ¿Cierto?- dijo Annabeth.
-Exacto
Doce casas para doce Olímpicos. Pero ¿por qué algunas estaban vacías?
-Porque así es como deberían estar todas- dijo Hera lo bastante alto para que la oyesen. Los dioses, acostumbrados a la misma discusión por siglos, decidieron ignorarla.
Me detuve en la primera de la izquierda, la 3.
Poseidón sonrió.
No era alta y fabulosa como la 1
Zeus miró burlonamente a su hermano:
- Mi cabaña es más alta y fabulosa- le susurró. Poseidón resoplo molesto.
, sino alargada, baja y sólida. Las paredes eran de tosca piedra gris tachonada con pechinas y coral, como si los bloques de piedra hubieran sido extraídos directamente del fondo del océano.
-Lo están-informó a Percy su padre.
Eché un vistazo por la puerta abierta y Quirón comentó:
—¡Uy, yo no lo haría!
-¡Quiron, jo!
Antes de que pudiera apartarme, percibí la salobre esencia del interior, como el viento a orillas del mar. Las paredes brillaban como abulón. Había seis literas vacías con sábanas de seda, pero ninguna señal de que alguien hubiera dormido allí. El lugar parecía tan triste y solitario, que me alegré cuando Quirón me puso una mano en el hombro y dijo:
-Era muy deprimente por ese entonces- dijo Percy-. Ahora mola más.
-Sí, cuando no tienes todo tirado por el suelo esta genial-le dijo Grover con un poco de burla.
—Vamos, Percy. La mayoría de las demás casas estaban llenas de campistas.
La número 5 era rojo brillante: pintada fatal, como si le hubieran cambiado el color arrojándole cubos encima. El techo estaba rodeado de alambre de espinos. Una cabeza disecada de jabalí colgaba encima de la puerta, y sus ojos parecían seguirme.
La cabaña de Ares vitoreo y los de Marte miraban impresionados y un poco celosos. Bueno, todos menos Frank, que cada vez estaba más seguro de que se habían equivocado al reconocerlo.
Dentro vi un montón de chicos y chicas con cara de malos, echándose pulsos y peleándose mientras sonaba música rock a todo trapo. Quien más ruido hacía era una chica de unos catorce años. Llevaba una camiseta talla XXL del Campamento Mestizo bajo una chaqueta de camuflaje.
¡Clarisse!¡Eres tú! –dijo Travis.
-No me digas
Me miró fijamente y lanzó una carcajada malévola. Me recordó a Nancy Bobofit,
Clarisse se indignó:
-¡No soy como esa Bobofit!
- Bueno, en aquel entonces…- dijo Percy inocentemente.
Clarisse gruñó.
-No le hagas caso. No eres para nada como Bobofit.- le dijo Chris, tranquilizándola- Además tu eres mucho más guapa.
Y, con eso, consiguió un sonrojo por parte de la hija de Ares. (No es que ella fuera a admitirlo, claro)
aunque esta chica era más grande, tenía un aspecto más feroz, y el pelo largo y greñudo, y castaño en lugar de rojizo. Seguí andando, intentando mantenerme alejado de los cascos de Quirón.
—No hemos visto más centauros —comenté.
-LOS PONIS JUERGUISTAS- gritaron varias cabañas al mismo tiempo, junto con Apolo, Hermes y Ares.
El resto suspiro. O, en caso de los romanos, miraron confundidos.
—No —repuso con tristeza—. Los de mi raza son gentes salvajes y bárbaras, me temo. Puedes encontrarlos en la naturaleza o en grandes eventos deportivos, pero no verás ninguno aquí.
-Una pena- suspiró Leo-. He oído que son la bomba.
-Lo son- confirmó Connor.
—Dice que se llama Quirón. ¿Es realmente…?
Me sonrió desde arriba
—¿El Quirón de las historias? ¿El maestro de Hércules y todo aquello? Sí, Percy, ése soy yo.
—Pero ¿no tendría que estar muerto?
-¡Percy!-le regañaron sus amigos.
-¡Lo sé! ¡Lo siento!
-Tienes el tacto de una piedra-suspiró Annabeth, resignada.
Quirón se detuvo.—¿Sabes?, no podría estar muerto. No depende mí. Eones atrás los dioses me concedieron mi deseo de seguir trabajando en lo que amaba. Podría ser maestro de héroes tanto tiempo como se me necesitara. He obtenido mucho de ese deseo… y también he renunciado a mucho. Pero sigo aquí, así que sólo se me ocurre que aún se me necesita.
-Siempre te vamos a necesitar, Quirón - corearon los griegos al unísono.
El centauro no pudo evitar sonreír a sus alumnos.
Pensé en ser maestro durante tres mil años. Desde luego, no habría estado en la lista de mis diez deseos más ansiados.
—¿No se aburre?
—No, no. A veces me deprimo horriblemente, pero nunca me aburro.
—¿Por qué se deprime?
-¿En serio, Cabeza de Algas? ¿De verdad tenías que preguntar el por qué?- dijo Nico
Quirón pareció volverse de nuevo duro de oído.
—Ah, mira —dijo—. Annabeth nos espera.
Los Stoll abrieron la boca para burlarse, pero la cerraron al ver la mirada amenazante que les estaba dando Annabeth.
La chica rubia que había conocido en la Casa Grande estaba leyendo un libro
-Dime algo nuevo- dijeron los que conocían a la chica. Esta se ganó una sonrisa de su madre.
delante de la última cabaña de la izquierda, la 11. Cuando llegamos junto ella, me repasó con mirada crítica, como si siguiera pensando en que babeaba cuando dormía.
La sala se empezó a reír.
-Lo peor es que sí que estaba pensado algo parecido.- dijo la rubia, ganándose más risas y una mirad "ofendida" de su novio.
Intenté ver qué estaba leyendo, pero no pude descifrar el título. Pensé que mí dislexia atacaba de nuevo. Entonces reparé en que el libro ni siquiera estaba en inglés. Las letras parecían griego, literalmente griego. Contenía ilustraciones de templos, estatuas y diferentes clases de columnas, como las que hay en los libros de arquitectura.
-Puede que sea porque es un libro de arquitectura- dijo Thalia
—Annabeth —dijo Quirón—, tengo clase de arco para profesores a mediodía. ¿Te encargas tú de Percy?
-¿Encargarte de Percy?-pregunto Piper
-Básicamente, lo que llevo haciendo los últimos 5 años de mi vida- dijo Annabeth con una sonrisa. Percy le dio un ligero beso, antes de decir:
-Gracias a los dioses por eso.
Poseidón y Atenea no se perdieron esta acción.
—Sí, señor.
—Cabaña once —me dijo Quirón e indicó la puerta—. Estás en tu casa.
La 11 era la que más se parecía a la vieja y típica cabaña de campamento, con especial hincapié en lo de vieja.
Hermes hizo una mueca.
El umbral estaba muy gastado; la pintura marrón, desconchada. Encima de la puerta había uno de esos símbolos de la medicina, el comercio y otras cosas, una vara con dos culebras enroscadas. ¿Cómo se llama? Un caduceo.
-Lo sabias- exclamaron algunos.
-Ja, ja. Muy graciosos todos- dijo sarcásticamente el hijo de Poseidon.
Estaba llena de chicos y chicas, muchos más que el número de literas.
Había sacos de dormir por todo el suelo. Parecía más un gimnasio donde la Cruz Roja hubiera montado un centro de evacuación.
Hermes lanzó una mirada de reproche a el resto de los dioses. Estos tuvieron la decencia de parecer avergonzados.
Quirón no entró. La puerta era demasiado baja para él. Pero cuando los campistas lo vieron, todos se pusieron en pie y saludaron respetuosamente con una reverencia.
Los dioses y los romanos levantaron una ceja, un poco perplejos. Los griegos no parecían ser demasiado respetuosos.
-Es Quirón- aclaró Percy mientras el resto del campamento le daba la razón con un asentimiento. Su maestro se veía muy conmovido.
—Bueno, así pues… —dijo Quirón—. Buena suerte, Percy. Te veo a la horade la cena.
Y se marchó al galope hacia el campo de tiro. Me quedé en el umbral, mirando a los chicos. Ya no inclinaban la cabeza. Ahora estaban pendientes de mí, calibrándome. Conocía esa parte. Había pasado por ella en bastantes colegios.
-Es lo peor- dijo Piper, que también había pasado por eso varias veces.
—¿Y bien? —me urgió Annabeth—. Vamos.
-Mandona- dijo Leo. Annabeth rodó lo ojos.
Así que, naturalmente, tropecé al entrar por la puerta y quedé como un completo idiota.
-Naturalmente- se rieron sus primos.
Hubo algunas risitas, pero nadie dijo nada. Annabeth anunció:
—Percy Jackson, te presento a la cabaña once.
—¿Normal o por determinar? —preguntó alguien. Yo no supe qué responder, pero Annabeth anunció:
—Por determinar.
Todo el mundo se quejó.
La cabaña 11 se disculpó bajo la mirada de Quirón. Los dioses empezaron a sentir culpables.
Un chico algo mayor que los demás se acercó.
—Bueno, campistas. Para eso estamos aquí. Bienvenido, Percy, puedes quedarte con ese hueco en el suelo, a ese lado.
-Hueco en el… ¿Esta de broma?- dijo Hestia
-Desgraciadamente, no
El chico tendría unos diecinueve años, y vaya si molaba. Era alto y musculoso, de pelo color arena muy corto y sonrisa amable. Vestía una camiseta sin mangas naranja, pantalones cortados, sandalias y un collar de cuero con cinco cuentas de arcilla de distintos colores. Lo único que alteraban poco su apariencia era una enorme cicatriz blanca que le recorría medicara desde el ojo derecho a la mandíbula, una vieja herida de cuchillo.
El estado de ánimo del campamento Mestizo se ensombreció rápidamente al reconocer la descripción.
—Éste es Luke —lo presentó Annabeth, y su voz sonó algo distinta. La miré y habría jurado que estaba levemente ruborizada.
-¡No lo estaba!- protestó la rubia
-Lo que tu digas, Listilla.
Al ver que la miraba su expresión volvió a endurecerse—. Es tu consejero por el momento.
—¿Por el momento? —pregunté.
—Eres un por determinar —me aclaró Luke—. Aún no saben en qué cabaña ponerte, así que de momento estás aquí. La cabaña once acoge a los recién llegados, todos visitantes, evidentemente. Hermes, nuestro patrón, es el dios de los viajeros.
Los romanos absorbieron la información.
Observé la pequeña sección de suelo que me habían otorgado. No tenía nada para señalarla como propia, ni equipaje, ni ropa ni saco de dormir. Sólo el cuerno del Minotauro. Pensé en dejarlo allí,
-Yo que tu no- dijo Jason
-Yo que tu si- lo contradijo la cabaña 11
pero luego recordé que Hermes también era el dios de los ladrones.
-Mierda- mascullaron los antes nombrados más su padre.
Miré alrededor. Algunos me observaban con recelo, otros sonreían estúpidamente, y otros me miraban como si esperaran la oportunidad de echar mano a mis bolsillos.
—¿Cuánto tiempo voy a estar aquí? —pregunté.
—Buena pregunta —respondió Luke—. Hasta que te determinen.
—¿Cuánto tardará?
Todos rieron.
-¿Es tan malo?- Afrodita preguntó un poco insegura.
-Peor- dijo Chris, que fue uno de los que más tiempo estuvo sin reclamar-. Es como una señal de que ni siquiera tu padre te quiere.
El resto de los mestizos le dio la razón. La culpabilidad de los dioses se hizo mas obvia.
—Vamos —me dijo Annabeth—. Te enseñaré la cancha de voleibol.
—Ya la he visto.
-No pillas las indirectas ¿eh?- dijo Leo
-No hace falta que lo jures- dijo Annabeth. El campamento Mestizo se rió al recordar todas las indirectas que había necesitado Percy para darse cuenta de lo que Annabeth sentía por él.
—Vamos. —Me agarró de la muñeca y me arrastró fuera, mientras lo chicos reían a mis espaldas.
—Jackson,
-Uuh, te llama por el apellido- dijeron los Stoll
-Estas en problemas- finalizó Will.
tienes que esforzarte más —dijo Annabeth cuando nos separamos unos metros.—¿Qué?
Puso los ojos en blanco y murmuró entre dientes:—¿Cómo pude creer que eras el elegido?—
Los hijos de Afrodita/Venus sonrieron.
Pero ¿qué te pasa? —Empezaba a enfadarme—. Lo único que sé es que he matado a un tío toro…
—¡No hables así! —Me increpó Annabeth—. ¿Sabes cuántos chicos en este campamento desearían haber gozado de la oportunidad que tú tuviste?
Ares y sus hijos asintieron con apreciación
-Annabeth- la regañó su madre..
-¡Tenia 12 años!-se defendió esta.
-No te va a funcionar- la informó Percy-. Yo llevo diciendo lo mismo desde que empezamos el libro y siguen regañándome.
—¿De que me mataran?—
¡De luchar contra el Minotauro! ¿Para qué crees que entrenamos?
-Para sobrevivir. Lo se.- dijo Annabeth al ver que la gente abría la boca para responder a su yo pasado.
Meneé la cabeza.—Mira, si la cosa con que me enfrenté era realmente el Minotauro, el mismo del mito…
—Pues claro que lo era.
—Pero sólo ha habido uno, ¿verdad?
—Sí.
—Y murió hace un montón de años, ¿no? Se lo cargó Teseo en el laberinto. Así que…
—Los monstruos no mueren, Percy. Pueden matarse, pero no mueren.
-Eso lo aclara todo- dijo Leo rodando los ojos.
—Hombre, gracias. Eso lo aclara todo.
-¡Mira! Percy está de acuerdo conmigo.
—No tienen alma, como tú o como yo. Puedes deshacerte de ellos durante un tiempo, tal vez durante toda una vida, si tienes suerte. Pero son fuerzas primarias. Quirón los llama «arquetipos». Al final siempre vuelven a reconstruirse.
Pensé en la señora Dodds.—¿Quieres decir que si matase a uno, accidentalmente, con una espada…?
—Esa Fur… quiero decir, tu profesora de matemáticas. Bien, pues ella sigue ahí fuera. Lo único que has hecho es cabrearla muchísimo.
-Pero mucho- asintió Nico.
-¿Como sabias lo de la Furia?- preguntó Hazel. Como respuesta Annabeth le hizo un gesto al libro.
—¿Cómo sabes de la señora Dodds?
—Hablas en sueños.
-Asi que me mirabas mientras dormía ¿eh?- dijo Percy divertido.
-Cierra el pico- respondió la hija de Atenea mientras le empujaba juguetonamente.
—Casi la llamas algo. ¿Una Furia? Son las torturadoras de Hades, ¿no?
Annabeth miró nerviosa al suelo, como si temiese que se abriera y la tragara.
-Oh por los dioses- se quejó Hades-, estáis exagerando. No creo que nunca se haya abierto la tierra así.
Nico se sonrojó.
—No deberías llamarlas por su nombre, ni siquiera aquí. Cuando tenemosque mencionarlas las llamamos «las Benévolas».
-Oye, ¿hay algo que podamos decir sin que se ponga a tronar? —Sonaba llorica, incluso a mis oídos, pero en aquel momento ya no me importaba—. ¿Y por qué tengo que meterme en la cabaña once? ¿Por qué están todos tan apiñados? Está lleno de literas vacías en los otros sitios. —Señalé las primeras cabañas, y Annabeth palideció.
—No se elige la cabaña, Percy. Depende de quiénes son tus padres. O… tú progenitor. —Se me quedó mirando, esperando que lo pillara.
-Entonces tenemos para rato- se burló Clarisse.
—Mi madre es Sally Jackson —respondí—. Trabaja en la tienda de caramelos de la estación Grand Central. Bueno, trabajaba.
Todos bajaron la mirada al pensar en Sally.
—Siento lo de tu madre, Percy, pero no me refería a eso. Estoy hablando de tu otro progenitor. Tu padre.
—Está muerto. No lo conocí.
-Yo lo veo bastante vivo- comentó Hermes
Annabeth suspiró. Sin duda ya había tenido antes esta conversación con otros chicos.—Tu padre no está muerto, Percy.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Lo conoces?
—No, claro que no.
En ese momento Poseidón se bajó de su trono y se acercó a Annabeth.
-Poseidón. Dios de los mares, los terremotos y los caballos. También soy el padre de Percy- dijo.
Annabeth contuvo una risa y le estrecho la mano.
-Annabeth Chase. Hija de Atenea. Novia de su hijo
-Un placer.
-Igualmente.
Acto seguido regreso a su trono y se sentó como si no hubiera pasado nada. Los mestizos se rieron ligeramente. Percy negó con la cabeza, divertido y le dio un beso en la mejilla a su novia.
—¿Entonces cómo puedes decir…?
—Porque te conozco a ti. Y no estarías aquí si no fueras uno de los nuestros.
—No conoces nada de mí.
—¿No? —Levantó una ceja—
-Error- dijo Thalia- Annabeth lo sabe todo.
-Y ahora te lo va a restregar por la cara- estuvo de acuerdo Nico.
-Además, si hay algo que Annabeth conoce mejor que nada, es a ti- añadió Grover
. Seguro que no has parado de ir de escuela en escuela. Seguro que te echaron de la mayoría.
—¿Cómo…?
—Te diagnosticaron dislexia, quizá también THDA.
Intenté tragarme la vergüenza.—¿Y eso qué importa ahora?
—Todo junto es casi una señal clara. Las letras flotan en la página cuando las lees, ¿verdad? Eso es porque tu mente está preparada para el griego antiguo. Y el THDA (eres impulsivo, no puedes estarte quieto en clase), eso son tus reflejos para la batalla. En una lucha real te mantendrían vivo. Y en cuanto a los problemas de atención, se debe a que ves demasiado, Percy, no demasiado poco. Tus sentidos son más agudos que los de un mortal corriente. Por supuesto, los médicos quieren medicarte. La mayoría son monstruos. No quieren que los veas por lo que son.
-¿Ves? Lo sabe todo.
-Me he dado cuenta. No te preocupes.
—Hablas como… como si hubieras pasado por la misma experiencia.
—La mayoría de los chicos que están aquí lo han hecho. Si no fueras como nosotros no habrías sobrevivido al Minotauro, mucho menos a la ambrosía y el néctar.
—¿Ambrosía y néctar?
—La comida y la bebida que te dimos para que te recuperaras. Eso habría matado a un chico normal. Le habría convertido la sangre en fuego y los huesos en arena, y ahora estarías muerto. Asúmelo. Eres un mestizo. Un mestizo. Tenía tantas preguntas en la cabeza que no sabía por dónde empezar. Entonces una voz hosca exclamó:
—¡Pero bueno! ¡Un novato!
Inmediatamente todos miraron a la cabaña 5. Siempre eran los que hacían el "rito de iniciación".
Me volví. La chica corpulenta de la cabaña 5 avanzaba hacia nosotros con paso lento y decidido. Tres chicas la seguían, grandes, feas y con aspecto de malas como ella, todas vestidas con chaquetas de camuflaje.
—Clarisse —suspiró Annabeth—. ¿Por qué no te largas a pulir la lanza o algo así?
-¡Uuh!- dijeron los mestizos
—Fijo, señorita Princesa —repuso la chicarrona—. Para atravesarte con ella el viernes por la noche.
-Uuuuhhhh- repitieron más fuerte.
—Erre es korakas!
-UUUUHHH, lo que ha dicho
—replicó Annabeth, y de algún modo entendí que en griego significaba «¡Anda a dar de comer a los cuervos!», aunque me dio la impresión de que era una maldición peor de lo que parecía.
-Lo es- confirmaron muchos
—Os vamos a pulverizar —respondió Clarisse, pero le tembló un párpado. Quizá no estaba segura de poder cumplir su amenaza.
Clarisse les lanzo una mirada venenosa a los dos. Estos sonrieron con suficiencia.
Se volvió hacia mí—.¿Quién es este alfeñique?
—Percy Jackson —dijo Annabeth—. Ésta es Clarisse, hija de Ares.
Parpadeé.—¿El dios de la guerra?
Clarisse replicó con desdén:—¿Algún problema?
—No —contesté—. Eso explica el mal olor.
-Auch. Creo que necesita hielo para esa quemadura, Clarisse.- se rió Travis
Clarisse gruñó.—Tenemos una ceremonia de iniciación para los novatos, Prissy.
—Percy.
—Lo que sea. Ven, que te la enseño.
—Clarisse… —la advirtió Annabeth.
—Quítate de en medio, listilla.
El campamento Mestizo se quedo sin aliento.
-No puede ser. Fue Clarisse la que le puso el nombre- exclamo Lacy.
-¡Hemos estado viviendo en una mentira!- gritaron los Stoll, dramáticamente.
Annabeth parecía muy firme, pero vaya si se quitó de en medio, y yo tampoco quería su ayuda. Era el chico nuevo. Tenía que ganarme una reputación.
Artemisa y las cazadoras pusieron los ojos en blanco. Hombre tenía que ser.
Le entregué a Annabeth mi cuerno de minotauro y me preparé para pelear, pero antes de darme cuenta Clarisse me había agarrado por el cuello y me arrastraba hacia el edificio color ceniza que supe de inmediato que era el lavabo. Yo lanzaba puñetazos y patadas. Me había peleado muchas veces antes, pero aquella Clarisse tenía manos de hierro. Me arrastró hasta el baño de las chicas. Había una fila de váteres a un lado y otra de duchas al otro. Olía como cualquier lavabo público, y yo pensé —todo lo que podía pensar mientras Clarisse me tiraba del pelo— que si aquel sitio era de los dioses, ya podrían procurarse unos servicios con más clase.
A pesar de la situación la sala no pudo evitar reírse.
Las amigas de Clarisse reían a todo pulmón, mientras yo intentaba encontrar la fuerza con que había derrotado al Minotauro, pero no estaba por ninguna parte.
—Sí, hombre, seguro que es material de los Tres Grandes
-Cuidado, Rachel, Clarisse te va a quitar el puesto de oráculo.- dijo Will sonriendo.
—dijo, empujándome hacia un váter—. Seguro que el Minotauro se murió de la risa al ver la pinta de este bobo.
Sus amigas no paraban de reír. Annabeth estaba en una esquina, tapándose la cara pero mirando entre los dedos.
La rubia se sonrojo.
-Fuiste tú el que no quería mi ayuda.
Clarisse me puso de rodillas y empezó a empujarme la cabeza hacia la taza. Apestaba a tuberías oxidadas y a… bueno, a lo que se echa en los váteres. Luché por mantener la cabeza erguida. Viendo aquella agua asquerosa pensé: "No meteré la cabeza ahí ni de broma. "Y entonces ocurrió algo.
Poseidón sonrió, anticipándose a lo que iba a ocurrir.
Sentí un tirón en la boca del estómago. Oí las tuberías rugir y estremecerse. Clarisse me soltó el pelo. Un chorro de agua salió disparado del váter y describió un arco perfecto por encima de mi cabeza. Yo caí de espaldas al suelo sin dejar de oír los chillidos de Clarisse. Me volví justo cuando el agua salió de nuevo de la taza, le dio a Clarisse directo en la cara y con tanta fuerza que la tumbó de culo. El chorro de agua la acosaba como si fuera una manguera antiincendios, empujándola hacia una cabina de ducha. Ella se resistía dando manotazos y chillando, y sus amigas empezaron acercarse. Pero entonces los otros váteres explotaron también y seis chorros más de agua las hicieron retroceder de golpe. Las duchas también entraron en funcionamiento, y juntas, todas las salidas de agua arrinconaron a las chicas hasta sacarlas del baño, arrastrándolas como desperdicios que se retiran con una manguera.
Los semidioses se reían histéricamente junto con Apolo, Hermes y Poseidon. Clarisse, en cambio deseaba morirse en aquel momento. Oculto la cabeza en el pecho de su novio, el cual estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no .reírse, e intento desaparecer.
En cuanto salieron por la puerta, sentí aflojar el tirón del estómago y el agua terminó tan pronto como había empezado. El lavabo entero estaba inundado. Annabeth tampoco se había librado.
Annabeth le dio un golpe a su novio.
-¡Oye! Que al menos solo fue el agua de las duchas.
Estaba empapada de pies a cabeza, pero no había sido expulsada por la puerta. Se encontraba exactamente en el mismo lugar, mirándome conmocionada.
-No todos los días pasaba algo como eso- dijo encogiéndose de hombros.
Miré alrededor y reparé en que estaba sentado en el único sitio seco de la estancia. Había un círculo de suelo seco en torno a mí, y no tenía ni una gota de agua sobre la ropa. Nada. Me puse en pie, con las piernas temblando.
—¿Cómo has…?—preguntó Annabeth.
—No lo sé.
-Qué raro- murmuró Nico. Will, que fue el único que lo escucho, se rio.
Salimos fuera. Clarisse y sus amigas estaban tendidas en el barro, y un puñado de campistas se había reunido alrededor para mirarlas estupefactos. Clarisse tenía el pelo aplastado en la cara. Su chaqueta de camuflaje estaba empapada y ella olía a alcantarilla. Me dedicó una mirada de odio absoluto.
—Estás muerto, chico nuevo. Totalmente muerto.
Debería haberlo dejado estar, pero repliqué:—¿Tienes ganas de volver a hacer gárgaras con agua del váter, Clarisse? Cierra el pico.
Los mestizos volvieron a reírse.
-No fue tu día Clarisse.
Sus amigas tuvieron que contenerla. Luego la arrastraron hacia la cabaña 5, mientras los otros campistas se apartaban para no recibir una patada de sus pies voladores. Annabeth me miraba fijamente.
—¿Qué? —le pregunté—. ¿Qué estás pensando?
—Estoy pensando que te quiero en mi equipo para capturar la bandera.
-Y aquí termina el capítulo ¿Quién lee ahora?
-Yo…
¡He vuelto! ¿Me echabais de menos?
Para empezar quiero pedir disculpas por no actualizar desde hace meses. Tenía un bloque de escritor enorme, la verdad, aparte de un montón de otras cosas. Pero bueno, eso me lleva al segundo punto. No voy a abandonar la historia ( o por lo menos no todavía), pero NO voy a actualizar regularmente. Puede que actualice en una semana tres veces, como puede que no suba nada en dos meses. Pero repito, no voy a dejar la historia.
Y ,por último, quería preguntar un par de cosas. Tengo una lista de personajes que me gustaría traer pero no estoy segura de cuáles. Así que decidme quien preferís entre estos:
Sally y Paul y la familia de Annabeth (su padre, su madrastra y sus hermanastros) del tiempo presente.
Sally y el Percy de 7 años y Thalia, Luke y Annabeth cuando eran fugitivos
A los siete del futuro ( como 3 meses después de la Sangre del Olimpo)
En fin, decidme a quien preferís o si queréis que traiga a otra persona.
