Holis, la sorprecita... un cap. extra jejej.. espero les guste.. ya comienzan a suceder cosas más concretas... no podía ser tan facil cierto?, si no cuando sucedan no se disfrutarían tanto jajaja...
CAPÍTULO VII
Estaba secándose el cabello cuando escuchó el sonido del timbre, vestía un sencillo pantalón de tela negro y un sweater de hilo color crema, colgó la toalla húmeda en su cuello y abrió la puerta, sabiendo perfectamente de quien se trataba.
- ¿Preparado para embriagarte conmigo? – preguntó Miroku agitando una botella de licor frente a su nariz
- Veo que no bromeabas – comentó sonriendo peinando su desordenado cabello con los dedos.
- Por supuesto que no, ya me conoces – afirmó alegre – Y me he asegurado trayendo otra botella.
- Voy por el hielo, las copas están sobre la mesa del living – indicó tirando la toalla en la cesta de ropa en el cuarto de baño. Se unió a su amigo relajándose en el sillón mientras recibía una copa del licor dorado con hielo, tomando un sorbo – Gracias, lo necesitaba – comentó soltando un largo suspiro mientras sostenía el vaso haciendo girar el líquido pensativo. Miroku lo miraba en silencio
- ¿Y bien?. ¿Qué es lo que te tiene así? – indagó
- Ya te dije que no estoy seguro – murmuró sin despegar la vista del vaso en su mano.
- Inuyasha… ¿aún la amas? – preguntó con sutileza, el chico lo miró con sorpresa.
- ¿Por qué aún debería amar a esa mujer? – inquirió evadiendo la respuesta, desviando los ojos para ocultar su expresión ensombrecida. Su amigo sólo lo observó en silencio. Inuyasha exhaló profundamente irguiéndose, dejó los codos sobre sus rodillas desanimado.
- Sólo admítelo – urgió con suavidad.
- Admitirlo… – murmuró quedamente – Ella me dejó Miroku, porque no me amaba. ¿Qué demonios sacaría yo con admitir un sentimiento de amor por ella?
- Entonces pregúntale – sugirió, su amigo lo miró con extrañeza – Pregúntale cara a cara porqué te dejó.
- ¿Esperas que me siente con ella, a escuchar tranquilamente la historia de cómo me dejó para largarse con su amante? – bramó rabioso levantándose de golpe.
- Inuyasha, mientras no encares el pasado, no saldrás de ese estancamiento emocional – aseguró tranquilamente – ¿Crees que no me doy cuenta?. Somos amigos desde niños, y he visto como te ha cambiado lo sucedido, esa creciente amargura no es normal, ni siquiera has hecho el intento de volver a enamorarte, una amante ocasional no llenará el vacío que sientes – aseveró con pesar – Estoy seguro que por tres años te has preguntado una y otra vez: ¿Por qué?, ¿Por qué me dejo?, ¿Qué hice para que me abandonara y se fuera con otro?, ¿Qué falló entre nosotros? – continuó implacable – Amigo, si no sacas esas dudas de tu interior nunca lo superarás.
- ¡NO! – exclamó furioso – ¡Jamás!. Me niego a escuchar motivos ridículos para lo que me hizo. No hay justificación para su engaño. Si se había enamorado de otro. ¡¡¿porqué demonios no me lo dijo en mi maldita cara?!!
- Puede que temiera por tu reacción – señaló
- ¡Ja!, no me hagas reír – se burló despectivo – Ese sería un motivo estúpido.
- Estúpido es que me lo preguntes a mí – refutó sin inmutarse ante la mirada rabiosa que le dirigió su amigo, acostumbrado a su malhumor – Estás lleno de interrogantes, sólo tienes que preguntar a la persona correcta para conocer las respuestas, y ese alguien únicamente puede ser Kagome.
- Maldito seas Miroku – gruño, dejándose caer derrotado en el sillón, bebiendo el segundo vaso de licor que le sirvió su amigo – Sé que tienes razón, conocer la verdad de su boca puede ser lo único que me deje vivir tranquilo, sin tener que cuestionarme día con día, qué hice mal para que me engañara como lo hizo – murmuró amargamente casi para si mismo – Pero aún si le exigiera la verdad, no estoy seguro que me la diga, ni siquiera puedo predecir sus reacciones, nunca se de qué modo actuará.
- ¿A que te refieres?
- Kagome ha cambiado mucho, su actitud es tan irracional, desde su regreso pasa de la frialdad a la agresividad, como si en el fondo sintiera rencor hacia mi, ELLA, ¡puedes entender lo absurdo! – rió amargamente frente a la ironía – Si se supone que yo debería ser el que reclame, el que pida una explicación, y sin embargo no se que me ha detenido a hacerlo… – murmuró abatido – ¿Crees que no quisiera obligar a esa hipócrita a decirme en mi cara la verdad?.
- Es comprensible que temas enfrentarte a algo que te causó daño – dijo Miroku – Sobre todo si piensas que esa verdad puede lastimarte aún más – Inuyasha sólo se limitó a observarlo en silencio, dándole a entender que sus palabras eran acertadas, pero sin querer expresarlas él mismo. Su amigo suspiró, retomando el tema que le había llamado la atención – ¿Y por qué piensas que pueda sentir rencor hacia ti? – inquirió meditabundo
- Y yo que se – gruño – También es estúpido que me lo preguntes a mi ¿no crees? – criticó con un leve tono bromista, Miroku lanzó una carcajada.
- Salud hermano… ¡Por el gran misterio que son las mujeres, sobre todo aquellas que nos rompen el corazón! – proclamó
- Salud – dijo chocando su copa con la de su amigo, bebiendo el contenido de un sorbo – ¿Y a ti quien diablos te ha roto el corazón?. Eres tú el maldito que se los rompe a ellas – increpó
- Jajaja… Puede ser porque aún no encuentro a la mujer que ponga en mi sitio y me castigue con el látigo de su indiferencia – bromeó
- Sinceramente espero que la encuentres y que haga todo lo que dices – dijo en tono de amenaza, riendo juntos volvieron a hacer un brindis.
- ¿Y que papel juega Kikyo en todo esto? – preguntó, mientras servia otra copa.
- ¿Kikyo?, ninguno en especial, simplemente ha sido una herramienta. Ella y Kagome lo único que buscan es demostrarse mutuamente quien es mejor, y lógicamente quien obtenga el premio será coronada. Irónicamente el premio soy yo – informó con amargura.
- ¿Tú eres el premio? – preguntó sorprendido soltando una carcajada divertida.
- Kikyo está encaprichada en atarme a su lado, y Kagome en demostrarle que no es inferior a ella y que tiene el encanto suficiente para hacerme caer nuevamente en sus brazos – explicó
- ¿Y tú como lo sabes?
- Las escuché discutir hace unos días.
- Pero si dices que Kagome es agresiva y fría, ¿cómo es que pretende opacar el empalagoso encanto de su hermana? – preguntó extrañado dándole un toque irónico.
- No lo sé, quizás esa es su estrategia.
- ¿Y funciona? – indagó pícaramente.
- ¡Cierra la boca! – amonestó – El que funcione o no, es lo que menos interesa. Lo importante es que Kagome no se imagina que estoy al tanto de sus planes. Vamos a ver quien juega con quien y cual de los dos cae primero – murmuró con un brillo en los ojos, ante la divertida mirada de su amigo.
- Pues si me lo preguntas a mi… – guardó silencio ante la mirada amenazante de Inuyasha – En todo caso no despegues la vista de Kikyo, Inuyasha, tengo la sensación que es mucho más peligrosa que la pequeña Kagome – advirtió con seriedad, ante la extrañeza del otro.
- Si. También tengo esa impresión – admitió con preocupación – Y además de Kikyo, también está el maldito de Naraku, ese sujeto se trae algo entre manos. Hoy estuvo en la oficina de Kagome.
- ¿Y qué quería? – preguntó
- No lo sé. Kagome ha estado averiguando cosas, estoy seguro – informó ante la sorpresa de su amigo – Tenías razón, resultó ser más astuta de lo que imaginé – comentó con una leve sonrisa, y un fugaz brillo en sus ambarinos ojos.
- ¡Diablos!, entonces ahora ese sujeto seguramente esta en sobre aviso – se lamentó molesto.
- Sí, eso temo – concordó
- Entonces no te queda otro remedio más que hacer algo con ella – recomendó gravemente – Debes dejar de lado sus problemas sentimentales por un momento Inuyasha, esto es muy serio y lo sabes.
- Lo sé Miroku, descuida, mañana haré algo al respecto – acordó
El día era realmente hermoso, soleado y con una temperatura agradable, por lo que Kagome decidió relajarse un poco tendiéndose en una silla del jardín a orillas de la piscina. Llevaba puesta una falda de seda larga color blanco con flores lilas, una polera con tirantes y unas delicadas sandalias blancas, tenía puestas unas gafas oscuras, para amortiguar los intensos rayos de sol y para ocultar sus ojeras, producto de haber pasado una noche inquieta, entre la pesadilla que era convivir con su hermana, y los dolores que había sentido, por fortuna las pastillas que había tomado hace un rato estaban comenzando a surtir efecto, y descansar un par de horas en el jardín también la estaban ayudando. Dormitaba pacíficamente, cuando la presencia de alguien llamó su atención.
- Niña Kagome – la llamó Myoga cariñosamente – Tienes un llamado telefónico – informó cediéndole el aparato inalámbrico.
- Muchas gracias Myoga – contestó con una cálida sonrisa – ¿Diga?... Inuyasha… ¿qué ocurre? – inquirió con nerviosismo, su corazón latió desbocadamente y sus mejillas adquirieron un tenue color rosado al escuchar la profunda voz varonil. El anciano se alejó discretamente, no sin antes dedicarle una mirada inquisidora, esbozando una leve sonrisa.
- Necesito hablar de un asunto muy importante contigo – contestó el hombre, parado en la ventana de su departamento, arrugaba el ceño austeramente sosteniendo con innecesaria fuerza el auricular.
- ¿De qué se trata? – inquirió extrañada
- No es algo que quiera tratar por teléfono – señaló con rigidez
- Muy bien, estoy en casa, si quieres…
- No – negó bruscamente – Es mejor que hablemos en otro lugar. ¿Te parece que nos reunamos en el almuerzo?
- No lo se… es que – por alguna razón intentaba crear una excusa.
- Es importante – interrumpió con seriedad
- Esta bien – accedió intentando controlar el temblor de su voz – ¿En donde?... Sí, sé donde queda… Ok, ahí estaré – cortó el teléfono y lo apretó contra su pecho, se sentía confundida y nerviosa por la llamada de Inuyasha, atribuyéndolo al tema que él trataría en la comida, negando absolutamente a sí misma que fuera por el hecho de verlo a él.
A pesar de todo se apresuró en ir a su habitación, se cambió la polera por una blusa color perla que se ajustaba a su delgada cintura y con un escote ligeramente pronunciado que no insinuaba más que lo necesario y delineaba elegantemente la delicada curva de sus senos, retocó su maquillaje, el cual era muy suave, pasó un cepillo por su cabellera azabache dejándola suelta, tomó su cartera y salió rumbo al restaurante que le indicara Inuyasha.
- ¿No te quedas a la comida niña Kagome? – preguntó Myoga
- No, gracias, pero tengo… un compromiso – contestó con nerviosismo
- Me alegro mucho – exclamó con una sonrisa – Espero que todo resulte bien – añadió con acento enigmático, la chica lo miró con extrañeza.
- Gracias, nos vemos Myoga.
Bajó del taxi que la dejó en las puertas de gigantesco rascacielos, se apresuró al ingresar en el elevador de cristal, presionando el botón que la llevaría al piso 46, donde se encontraba el restaurante. Al llegar un garzón la escoltó a la mesa donde seguramente ya la espera Inuyasha.
El joven se encontraba sentado en una mesa con una increíble vista a la bahía de Tokio, era uno de los rascacielos más altos por lo que era visible una extensa parte de la ciudad. Bebía tranquilamente un agua tónica con limón, dado que el dolor de cabeza con el que había amanecido, gracias a la botella y media que bebió la noche pasada en compañía de Miroku, le había hecho jurar que no probaría otro licor en mucho tiempo. Un presentimiento lo hizo girar la cabeza hacia la entrada, viendo al garzón caminar hacia él, escoltando a una bella mujer. Como en cámara lenta, llevó el vaso a la mesa, mirando embobado la esbelta figura de la chica. "¿Porqué diablos tiene que ser tan hermosa?", se preguntó por milésima vez, sus ojos dorados la recorrían de pies a cabeza, deteniéndose en todos aquellos lugares que siempre le habían quitado el aliento, sus largas y torneadas piernas ocultas tras una femenina falda, el suave contorno de sus caderas, la estrecha cintura, sus voluptuosos pechos, se detuvo más de lo necesario en aquel lugar, mientras tragaba con dificultad, siguió subiendo por su largo cuello hasta su hermoso rostro, mojó inconscientemente sus labios con su lengua al observar los carnosos labios femeninos, y su corazón dio un brinco de gozo al notar que su cabello estaba libre de aquellos horribles peinados que había usado desde que llegó, estaba un poco más largo de lo que recordaba, sus dedos hormiguearon con los deseos que le provocaba enredarlos entre la sedosidad de esos rulos azabache que tanto había adorado. Finalmente se perdió en su mirada chocolate, enmarcada en sus largas y espesas pestañas negras.
Tardó en reaccionar intentando concentrarse en las palabras del garzón, quien anunciaba la llegada de la joven, cosa que le pareció ridícula, luego de dedicarse todo ese rato a contemplar sin ninguna vergüenza a esa formidable mujer.
- Hola… Kagome – saludó con voz grave. Se puso de pie educadamente esperando a que la joven tomara asiento para luego hacerlo él.
- Ho…hola – contestó con sorprendente timidez. Se sentía estúpidamente avergonzada y como consecuencia de eso sus mejillas le ardían espantosamente. Parecía una quinceañera en su primera cita, y todo era culpa del perverso hombre sentado frente a ella. No imaginó que ese sujeto tendría el descaro de mirarla en la forma que lo hizo, ¿acaso intentaba burlarse de ella?, el deseo que vio brillar en sus pupilas doradas la perturbó por unos segundos. Dejó que él escogiera la comida, no se sentía capaz de pronunciar una oración completa, sin que su voz temblara bochornosamente, y terminara por desintegrar su cuarteada dignidad.
- Tu cabello – murmuró roncamente,
- ¿Eh? – exclamó levantando la vista sorprendida, él la miraba intensamente haciendo retornar el rubor de sus mejillas – D..de.. que ha..ha blas – tartamudeó nerviosa
- Hoy te soltaste el cabello – señalo con suavidad – Me gusta así…
- Lo se – respondió enrojeciendo aún más al darse cuenta de lo que había dicho "¡Que tonta! Ahora pensará que lo hice por él" se reprendió.
"¿Y acaso no es la verdad?" retumbo una voz en su cabeza. Agachó la vista fingiendo leer la carta de bebidas. El silencio era desesperante, entonces decidió que lo mejor era entablar una conversación lo más trivial posible, levantó la cabeza dispuesta a formular cualquier pregunta, pero enmudeció al encontrarse con sus ojos dorados clavados en ella, su mirada era tan penetrante que dejó su mente en blanco, su cuerpo se derretía ante esa intensidad – Yo… yo – balbuceó tontamente haciendo un esfuerzo porque algo se le viniera a su mente. El garzón llegó en ese momento, para llevarles los aperitivos, felizmente lo hubiera besado en agradecimiento por su oportuna irrupción. Bebió un sorbo del suave licor dulce orando porque ayudara a calmar sus nervios. Maldiciendo que él no necesitara alcohol, la irritaba su impasible expresión mientras bebía relajadamente su agua tónica. Aclaró su garganta llamando la atención del hombre – ¿Qué era eso tan importante que querías hablar conmigo? – inquirió tranquilamente, al menos el licor había logrado su objetivo. El ambarino soltó un largo suspiro.
- De la empresa – contestó
- Aja – murmuró ocultando un absurdo sentimiento de decepción que la invadió – Te escucho.
- Después… primero quiero almorzar – sugirió con una media sonrisa.
- Como prefieras – accedió indiferente mirando por la ventana, se negaba a mirar por mucho tiempo ese apuesto rostro, ya que comenzaba a afectarle más de la cuenta.
El almuerzo, aunque tranquilo, transcurrió en una tensa atmósfera, no se comparó a su anterior reunión, al menos en ese momento el tema de la empresa fue determinante para diluir la hostilidad entre ellos, ahora en cambio, ese tema era precisamente el que se intentaba evitar. No lograba deducir lo que pasaría por la cabeza de ese hombre, estaba sentado en silencio bebiendo una taza de café y observándola atentamente mientras ella saboreaba su delicioso postre, claro que intentando disimular al máximo posible su éxtasis, seguramente ese sujeto lo había hecho a propósito, ya que había ordenado su postre favorito, un mouse de frutas. Pero no se pudo negar a sí misma el leve gozo que le provocó que Inuyasha recordara ese tipo de detalles.
Ocultó una sonrisa tras la taza de café que llevaba a sus labios, Kagome se veía endemoniadamente adorable degustando ese postre, sus mejillas mantenían un delicado color rosa y sus ojos chocolate brillaban de alegría, parecía una niña. Era la misma actitud que adoptaba cada vez que comía un dulce que le agradara, ese postre en especial. Admitía que lo había pedido con ese propósito, tan sólo para comprobar si ella aún conservaba ese lado que tanto lo había cautivado, y que verdaderamente extrañó durante todos estos años, apenas tres, pero que le pesaban como si fueran treinta.
Todo era tan contradictorio, la mujer que se encontraba sentada frente suyo en ese instante, ¿acaso no parecía la misma que tanto amó?, tan dulce y transparente, tan hermosa y deseable, que no cabía la posibilidad, de ni siquiera imaginar, que tras esa apariencia estaba aquella mujer que fue capaz de fingir amor hasta el último instante, para luego dejarlo e irse con un sujeto que ni sabía quien demonios era, pero que de saberlo seguramente lo habría matado con sus propias manos. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la suave voz de la joven.
- Creo que es momento que hablemos del motivo que nos trajo aquí – requirió, él dejó la taza vacía en el platillo adoptando una actitud de seriedad – Necesitamos hablar de lo que has descubierto tras leer los informes de la empresa, cuando aún era Higurashi Corp – anunció con extrema gravedad, ante la expresión estupefacta de la chica, quien tragó en seco denotando su nerviosismo – Supongo que era de esperar que tarde o temprano te dieras cuenta, aunque admito que nunca confié en que fueras una mujer tan perspicaz Kagome, a pesar de que Miroku me advirtió sobre esa posibilidad – murmuró apoyando los codos en la mesa cruzando los dedos mirándola con agudeza.
- Eso es bastante ofensivo de tu parte Inuyasha – expresó molesta – Recuerdo haberte dicho que aunque estés acostumbrado al lado frívolo de mi familia, yo te mostraría la parte inteligente.
- Es verdad, aunque frente a otro tipo de situación nunca dudé que no lo fueras, pero en lo que se refiere al mundo de los negocios lo estás demostrando admirablemente – aseveró sonriendo con ironía, para luego retornar a su expresión seria – Quiero que me expliques en detalle lo que has descubierto – demandó
- No saques conclusiones precipitadas – exigió enojada por el tono de mando utilizado por él – No he averiguado nada concreto, simplemente he estado comparando informes anuales, de hace algunos años a la fecha, y he notado que algunos ítems tienen pérdidas "poco usuales", y que si se analizaran con más profundidad, los porcentajes de producción versus pérdidas por los diversos motivos que se señalan, no son del todo congruentes. Además hay algunas transacciones que no tienen sentido, aunque aún no le logrado ahondar en esos informes.
- ¿Has logrado descifrar los porcentajes de errores específicos? – inquirió arrugando el ceño.
- No, por eso te digo que no he averiguado nada concreto, es sólo que en algún momento vi algo que no encajaba, eso llamó mi atención, por lo que intenté contrastar algunos informes para descubrir que era lo que exactamente despertaba mi inquietud – explicó.
- E imagino que SÍ tienes claro a quien apunta la responsabilidad de los posibles "errores" de esos informes – indagó agachando levemente la cabeza, entornando los ojos hoscamente, ella sostuvo la mirada desafiante.
- Por supuesto – afirmó
- Bien, entonces está demás "sugerirte" que dejes el asunto en paz… Kagome – advirtió con voz gutural. Ella lo miró francamente sorprendida y molesta.
- ¡Ni lo pienses! – refutó en el mismo tono utilizado por él – Pretendo llegar hasta las últimas consecuencias – añadió mirándolo con actitud desafiante.
- ¡Al diablo con tu obstinación, Kagome! – gruño comenzando a perder la paciencia – ¡No te metas en esto!
- ¡Me importa muy poco lo que digas! – replicó aumentando su furia – No podrás hacer nada al respecto, recuerda que gozo el mismo poder que tienes tú. Y si compruebo que se distorsionaron esos documentos, con la intensión de ocultar un desfalco, alguien lo pagará, ¡y muy caro! – agregó golpeando la mesa levantándose de golpe, tomó su bolso resuelta a marcharse.
- ¡Espera!. Esta conversación aún no termina – ordenó tomándola firmemente del brazo.
- ¡Suéltame! – exigió, liberándose del agarre de un tirón – No tengo nada más que hablar contigo – informó marchándose del restaurante.
Inuyasha llamó de inmediato al garzón pidiendo la cuenta, le entregó su tarjeta de crédito, mientras maldecía interiormente la terquedad de la chica. Casi corrió rumbo al elevador con el objetivo de alcanzar a la mujer, pareció demorar horas en bajar. Miró hacia todos lados en el lobby del edificio buscándola.
- Perdón señor, ¿le puedo ayudar en algo? – inquirió un recepcionista amablemente
- Eh, sí, ha visto pasar a una joven de cabello negro, vestía falda blanca con flores lilas y blusa blanca… – indicó
- Sí, de hecho llamé un taxi para ella y le ofrecí que esperara más cómodamente en la terraza – contestó indicándole la dirección
- Gracias – dijo corriendo hacia el lugar señalado
Estaba de pie junto a unos maceteros de flores, mirando a lo lejos, la sutil brisa agitaba suavemente su cabello negro. Su enfado se evaporó completamente, caminó con lentitud hacia ella, quería ceder al impulso de abrazar su estrecha cintura y apretarla contra su cuerpo, pero sacudió la cabeza descartando esos pensamientos de inmediato.
Ella de algún modo percibió su presencia, girándose para verlo de frente, sin embargo no dijo nada, ni él tampoco. Se miraron el uno al otro, mientras él se acercaba como si fuera instintivamente atraído por el imán que era ese cuerpo curvilíneo. Estaba tan cerca de ella que podía percibir claramente el dulce perfume de jazmín, le fue inevitable bajar la vista hasta sus tentadores labios, estaban tan cerca, tan cerca, los deseaba, los necesitaba, tanto que se volvería loco si no los tomaba…
"¿Qué sucede, por qué no puedo moverme?", pensaba la joven sin poder evitar ser hipnotizada por la calidez de la mirada ambarina, su pecho subía y bajaba agitado, la cercanía de ese seductor demonio de ojos dorados, era simplemente embriagante, no podía escapar… más bien no quería escapar…
Todo su cuerpo tembló anticipándose a esa sensación jamás olvidada, el aliento de Inuyasha acarició su mejilla, estaba tan cerca, pero no lo suficiente para ella, ladeó levemente su cabeza permitiendo el contacto de la boca masculina en su mejilla, que se presionó sutilmente en ella, para luego deslizarse con una lentitud enloquecedora hacia sus labios que permanecían entreabiertos, expectantes, deseosos… apenas y rozaban su mejilla pero eso era suficiente para que el estómago de Kagome se contrajera y la piel se le erizara ante el sutil contacto, él se detuvo en la comisura de su boca y luego de interminables segundos de excitante agonía se fundió en la suave humedad de la boca femenina.
La besó con tal lentitud que podría confundirse con la timidez del primer beso, intentaba mantener el control, pero éste se le escapaba de las manos. "Por Dios… es tan dulce" pensaba Inuyasha cediendo ante el deseo reprimido de enredar sus dedos entre el sedoso cabello azabache, esa sensación terminó por enloquecerlo, ahondando el beso con pasión. Una de sus manos fue deslizándose por el cuello y la espalda hasta llegar a la estrecha cintura de la joven ciñéndola con fuerza, deseaba sentirla completamente pegada a su cuerpo.
Kagome sentía que sus piernas cederían en cualquier momento, era una sensación tan intensa que su corazón latía desenfrenado, un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir los dedos de Inuyasha jugar con su cabello, para luego ser apretada contra su musculoso pecho, sus manos que habían permanecido inertes a sus costados, fueron tomando vida propia, escabulléndose por entre la chaqueta negra del joven hasta quedar sobre su abdomen para subir lentamente presionando la dureza de su musculatura, a través de la fina tela de su camisa, oprimió con los dedos su poderoso pecho y finalmente se abrazó a su cuello, atrayendo aún más cerca de ella.
Olvidaron completamente donde se encontraban, dejándose llevar por la pasión del reencuentro de sus bocas, la inquietud de sus cuerpos que comenzaban a desear más. Inuyasha se separó ligeramente para recuperar el aliento, dando pequeños besos en la mejilla de la joven hasta llegar a su oído lamiendo sensualmente el lóbulo de la oreja, haciéndola soltar un jadeo.
- Kagome… – gimió su nombre – Kagome… ¿por qué?, ¿por qué te fuiste? – preguntó con voz enronquecida y los ojos cerrados.
Eso la hizo reaccionar al instante, recordó el motivo que la llevó a sentir ese rencor por el hombre que tanto había amado, y la imagen de su hermana y él juntos, terminó por despertarla completamente de aquel exquisito ensueño, regresándola con brusquedad al mundo real, uno sumido en el vacío, el dolor y la tristeza, el que se había convertido en su nuevo mundo en esos tres años.
Se alejó resuelta, dando un paso hacia atrás, entrecerró los ojos con la mirada perdida como si viera a través de él, luego se concentró en sus orbes doradas.
- No vuelvas a hacerlo – musitó – Nunca vuelvas a tocarme – exigió en voz baja endureciendo la voz.
Antes de que él dijera una palabra, pasó a su lado caminando rápidamente para regresar al lobby, Inuyasha apretó la mandíbula con fuerza, pero permaneció inmóvil en su sitio y no hizo ningún intento por alcanzarla.
Continuará.............
