¡Hola a todos! He regresado, espero no haberme tardado tanto, si es así, ¡Perdónenme! Pues verán, este será un capítulo con mucho SasuSaku pero será uno muy dramático y no tan sensual al que estamos acostumbrados. Vamos a intentar explorar más en los sentimientos de los personajes y ver si la situación resulta plausible, me encantaría ver qué opinan del resultado final :D Con ustedes:


-7-

Un trago de realidad.


Sakura despertó más temprano de lo que le hubiese gustado y no fue precisamente porque el día hubiese amanecido hermoso o que el descanso había sido reparador, no, todo lo contrario, fue una fuerte sensación que le retorcía el estómago. Se alzó presurosa y vomitó en el retrete aferrándose fuertemente de las orillas.

¿Por qué de pronto se estaba olvidando de su embarazo? Oh, sí, era obvio. Estaba embarazada, no podía descuidarse y al parecer su nuevo bebé le pedía mucha atención por el momento. Cuando se levantó y tomó unos minutos sentada en la cama para recuperarse del repentino mareo que acababa de tener, su cuerpo le exigió por medio de un gruñido que tenía que comer.

Era también predecible que estuviese hambrienta, después de todo no había cenado mucho. Ni siquiera recordaba si la sopa estaba buena. Ojalá Sasuke sí haya podido comer más, pues según lo que recordaba, había regresado de una misión. Sakura parpadeó al caer en cuenta de ello. Miró a su lado en la cama y no lo encontró ahí. Tragó saliva y se apresuró a caminar a la cocina.

Sasuke no estaba ahí, el dolor en su estómago se intensificó pero no por el apetito, sino por el temor.

—¿Sasuke-kun? – lo llamó con temblor en la voz. Fue a la sala de estar y tampoco lo encontró ahí. Empezaba a desesperarse. No le quedó más remedio que salir a la calle. Sakura se sorprendió de ver que seguía siendo muy temprano, el sol aún no salía y las nubes, aunque sin lluvia, rodeaban el cielo de la aldea.

No lo pensó mucho, una corazonada le dijo que quizá él podría estar en cierto lugar.

¿Sabes por qué el símbolo de los Uchiha es un abanico?

Mamá me dijo que los Uchiha eran muy habilidosos para controlar el fuego y el abanico representaba la capacidad de avivar las llamas con maestría.

Umm, sí, es cierto. Los Uchiha somos expertos en el control elemental del Katon, ¿Lo recuerdas?

Yo no sé usarlo.

Bien, pues es la oportunidad perfecta para mostrártelo…

—¡Katon: Goukakyu no Jutsu!- de la boca de Sasuke emergió una potente llamarada, no obstante, era pequeña a comparación de otras que había hecho en el pasado. El hombre exclamó agotado y su cuerpo se dobló por completo. Había pasado toda la noche ejecutando una y otra vez el jutsu que su padre le había enseñado.

No sabía por qué había hecho aquello. Cuando en la noche, después de que Boruto se alejara y fuera rodeado por el silencio, sus memorias le guiaron en su propia soledad. Lo único que su mente rememoraba una y otra vez era el día en el cual decidió invitar a su hija en un viaje al pasado. La conversación de ese día no podía quitársele de la mente y era frustrante hasta el punto en el que se veía en la necesidad de hacer la técnica para sacar el ardor que se agolpaba en su pecho.

Tras la lluvia, no se permitió llorar más. Tampoco entrar a su hogar. Por alguna razón no quería toparse con su esposa, asumía que era porque estaba mojado hasta los huesos, pero la verdad era otra. Desde el funeral de Sarada no tenía el valor de verla a la cara. Cuando llegaron a casa pensó en consolarla, pero no pudo. Él también se sentía devastado, era incapaz de tocarla sin que su piel ardiera al tacto. Sakura no le había dicho mucho después de la ceremonia, incluso estaba tan abatida que decidió irse a la cama sin comer.

Iba a respetar sus deseos, pero recordó que ella no podía darse el lujo de dormir sin cenar. Inconscientemente sus recuerdos le llevaron al pasado, aquellos días de antaño en donde su recién esposa iba con él de la mano con insistencia, cargando en su vientre hinchado a su primogénita… ¡Y ahí va de nuevo! Otra vez pensaba en Sarada, pero claro, ¿Cómo podría olvidarla? Sarada había sido su primera hija, su bien más preciado… y también, el recuerdo más doloroso, aún más que el día de la muerte de su clan.

Sasuke comparó constantemente los sucesos en su cabeza. El día en el que Itachi decidió asesinar a todos, éste le perdonó la vida y lo traumatizó para justificar sus actos, Sasuke no fue capaz de defenderse entonces, sólo de odiar enormemente. Pero ahora, por más que quisiera guardar rencor no podía. Tampoco encontraba una justificación. Ahora él era poderoso, un adulto, tenía capacidades que nadie más poseía… ¿Entonces si era tan perfecto… cómo fue que falló? Ese era el dolor que le atormentaba. No sólo había dejado que Sarada sufriera el mismo destino que su familia, no pudo hacer nada para evitar su muerte.

Bajó la guardia y cuando la tuvo con él, pensó que todo había concluido al fin, pero se equivocó. Eso no sólo lo trastornaba en su orgullo de ninja, también lo hacía en su integridad como hombre y padre, ¡Como Uchiha! Sarada murió por su incompetencia, por su falta de precaución, ¡¿Cómo iba a saber que ese loco invocaría una lombriz desde el interior de su hija?! ¡Debió matarlo cuando tuvo la oportunidad! ¡Debió haber muchas cosas que sólo observar como Sarada se convertía en pedazos entre sus dedos!

—¡Katon: Goukakyu no jutsu! – exclamó, la bola de fuego emergió otra vez, pero mucho más pequeña. Ya no tenía más energía para desperdiciar al parecer.

—¡Sasuke-kun! –su cuerpo se tensó al escuchar la voz de Sakura. Se dio media vuelta, la vio al momento que los primeros rayos del sol nacían en el cielo.

—Sakura. – esquivó su mirada rápidamente.

—Sasuke-kun… - ella se le acercó. Estaba fatigada, prácticamente había corrido de aquí para allá buscándole. Al principio fue a la estatua de los caídos, después a los campos de entrenamiento, a la salida de la aldea… Por último y un tanto resignada, decidió buscar en el barrio Uchiha. Cuando escuchó la voz de él invocando uno de sus jutsus principales se apresuró.

—¿Qué haces levantada tan temprano? – su voz sonó a un reproche, aunque fuera sin querer.

—Te estaba buscando… - sus ojos se cristalizaron, Sasuke se sintió mal por hablarle de esa forma. —¿Qué hacías fuera de la casa? – cuando lo tuvo a un palmo, no temió más y recargó su frente en su pecho, sintió la humedad de sus ropas. —Estás empapado. –reiteró su mirada, inevitablemente lloraba.

—Lo siento… - suspiró y retrocedió. —Sólo vine a despejarme un poco.

—¿Estuviste afuera toda la noche?

—Sólo un rato. – Sasuke secó las lágrimas de su mujer. —Lamento los problemas. – ella negó en silencio con la cabeza. Después volvió a recargarse en su pecho.

—Por un momento creí… - suspiró, ya se sentía más tranquila, el susto inicial no logró consumarse y eso era maravilloso. —Que te habías marchado. – Sasuke frunció el ceño, lo cierto es… que lo había pensado. Pero no tuvo el valor de hacerlo de buenas a primeras, su corazón lo anclaba a permanecer junto a su mujer de alguna manera u otra, además de qué, no tenía a donde ir en realidad.

—Lo siento. – pasó su mano sobre su espalda, ella estaba tibia, él a diferencia helado.

—Vas a resfriarte, Sasuke-kun.- Sakura alzó la mirada. —Vamos a casa. – se apresuró a tomarle de la mano. Sasuke dejó que ella lo guiara fuera de aquel lugar que hace muchos años fue su hogar.

Cuando llegaron lo hicieron en silencio. Sakura fue directo a la cocina y comenzó a sacar algunos trastos para preparar el desayuno, lo hacía todo en automático y Sasuke lo notó. Dio unos pasos, cuando su ropa se talló con los muebles, comprobó que sí, estaba muy mojado.

—¿Desde qué horas has estado buscándome? – preguntó con ligereza, algo en él le decía que Sakura había salido corriendo desde hacía un buen rato, pues la casa lucía tal y como él la había dejado.

—No lo sé, temprano creo. – no le miró, le dio la espalda mientras se agachaba en el refrigerador para tomar los ingredientes. —Oh. –exclamó de pronto. Sasuke la vio tambalearse y reposar contra la encimera.

—Sakura. – en menos de un segundo ya estaba a su lado. —¿Estás bien?

—Sí, yo he… estado mareada desde la mañana. – con la ayuda de su esposo logró sentarse en la mesa. La vio sostenerse la cabeza con ambas manos y fruncir el ceño.

—Tal vez deberías ir a descansar. – sugirió, para ser sinceros él también quería dormir. Sakura se levantó de golpe. Sasuke se sorprendió al verla hacer esto. Corrió tan rápido como el rayo y de la nada, la escuchó exclamando en una arcada probablemente dolorosa. Él se apresuró a ir donde ella. La vio recargada contra el inodoro mientras aguantaba la respiración y se limpiaba el sudor.

La culpa volvió a apoderarse de Sasuke. Se posó a su lado y se inclinó, su mano descansó en su espalda. Ya había olvidado todo lo implicado en un embarazo. Cuando Sakura estaba esperando a Sarada, durante el primer trimestre, las molestias matutinas eran muy frecuentes. La veía retorcerse con frecuencia contra los árboles, mientras vaciaba el estómago, o en algún hostal. Cuando la encontraba en esa condición, hacían un descanso obligatorio, a veces incluso Sasuke se preocupaba en buscar un sitio en donde acampar u hospedarse. No deseaba esforzar a Sakura y provocarle algún daño a su bebé.

La sensación de ese entonces resurgió en Sasuke. Su culpa se triplicó, había hecho a Sakura correr por toda la aldea debido a que ella le tenía poca confianza… Después de todo, si no fuera por eso, ¿Por qué habría creído que no estaba en Konoha? Pasó su mano sobre su espalda, acariciándola. Ella se enderezó despacio y le miró sobre su hombro.

—¿Ya te sientes mejor? – ella asintió. Tenía la mirada acuosa, seguramente estaba recordando, lo mismo que él.

—A veces… olvido que estoy esperando a nuestro hijo. – lo dijo en tono penoso, Sasuke asintió. —Lo lamento. – se puso de pie, Sasuke lo hizo al igual que ella. —Estoy un poco mareada, quiero recostarme unos minutos, entonces prepararé el desayuno.

—No te molestes. – Sasuke la tomó del dorso del brazo y la sostuvo hasta dejarla en la cama. —Duerme un poco más, tomaré una ducha y yo prepararé de comer.

—Estás desvelado. – dijo ella, ya tenía la cabeza en la almohada. —Eres tú quien necesita dormir.

—Ambos lo necesitamos. – admitió. —No te preocupes, duerme un poco. – dio media vuelta y fue por algo de ropa en el armario. Sakura lo vio caminar de un lado a otro y meterse al cuarto de baño. No dijo nada más, cerró los ojos mientras suspiraba. Checó su pulso, lo tenía algo lento, quizá los cambios en la presión arterial estaban ocasionando todo este embrollo.

Sasuke no tardó mucho en el baño, pero cuando salió se encontró a Sakura profundamente dormida. Se le acercó, con una toalla en la cabeza y suspiró con fuerza. Sus ojos fueron directamente a su vientre. Este no sería un embarazo sencillo en lo absoluto, no con cada cosa que le estuviera recordando a su hija. Tras esto, Sasuke arrojó la toalla lo más lejos que pudo, miró nuevamente el lado vacío en la cama junto a su mujer.

No lo meditó demasiado, reposó al lado de Sakura y en menos de un minuto él también estaba dormido.

—¡Oh, cielos, pero si es la cosita más hermosa que he visto en mi vida! – gritó su madre mientras prácticamente le arrebataba a Sarada de los brazos.

Cuando llegaron a la aldea, casados y con una hija de por medio, los jóvenes afrontaron la realidad tan grande que todo ello conllevaba. Obviamente la sorpresa fue demasiado para sus compañeros de equipo, quienes por cierto, parecían que habían decidido embarazarse casi al mismo tiempo, sospechoso si se llegaba a analizar. Pero la cuestión más importante no era que Sakura se había marchado a "ayudar" a Sasuke a su misión, sino que simplemente pareció darle rienda suelta a su pasión y consiguió lo imposible.

Había domado a Sasuke y por si fuera poco, ahora tenían una hija en común. Era muy fácil adivinar que todos rondarían alrededor de la pareja como moscas a la miel, desesperados por conocer a la pequeña y ver si era verdad que los jóvenes habían unido sus vidas definitivamente.

Los padres de Sakura no tardaron en hacerlo también, sobre todo porque Sakura y Sasuke habían decidido ir directo con ellos y discutir lo ocurrido. Sakura estaba muy nerviosa, Uchiha también, pero no iba a expresarlo a los cuatro vientos. La llegada a la casa de los abuelos tomó su tiempo, pues constantemente Sakura se distraía a propósito para no llegar. Ella, inconscientemente, consideraba que había hecho la mayor locura de su vida, que había salido bien, pero no dejaba de ser una locura. Su madre podría infartarse y su padre llorar desconsolado en el peor de los casos; incluso podrían repudiarla y exiliarla de su hogar, algo que la entristecía.

Cuando Sasuke la miró tan desesperada, decidió acercársele y acariciarle la espalda, le invitó a ser valiente (a pesar que él también estaba asustado) y le ayudó a llegar a la casa de sus padres. Ellos parecían estarlos esperando porque ni bien se aproximaron a tocar la puerta ésta se abrió intempestivamente.

—¡Sakura Haruno!- gritó su madre, ella retrocedió un paso y abrazó con fuerza a Sarada. Sintió también que Sasuke se tensaba. Pero en lugar de una golpiza o algo por el estilo, Mebuki le arrebató a Sarada de los brazos y comenzó a besarla. Los padres primerizos se miraron de reojo y sonrieron un poco, eso estaba bien al parecer, sus padres no estaban enojados.

—¡Oh, hijo mío! – Kizashi se apresuró a abrazar a Sasuke. —¡Qué alegría que hayan venido! Querida, trae acá, también quiero abrazar a la pequeña princesa. – sus abuelos habían reaccionado de la mejor manera posible, Sakura se quedó de piedra en la entrada de la casa.

Ya dentro los suegros corrieron a ofrecerles un poco de té y les invitaron a que contaran sobre sus viajes. Se veían más entusiasmados que Naruto, cosa que aunque inesperada, era por demás agradable. Sakura fue quien habló más tiempo y Sasuke, simplemente asentía o decía palabras básicas de vez en cuando.

Al paso del tiempo la charla se hizo cada vez más amena y al final del día, Sarada era tan amada como lo fue por el resto de sus amigos.

Mebuki se acercó a su hija, quien mecía a Sarada después de haberle dado de comer. La mujer mayor colocó una mano en el hombro y se acercó para mirar a la criatura.

—A todo esto, Sakura. – ella le miró de soslayo. —¿Cuál es su nombre? – era cierto, habían tenido tantas emociones que no les dijo el nombre de la pequeña.

—Sarada. – contestó tímida.

—Sarada… - masculló Mebuki. —Es un nombre adorable, como ella. – reiteró y le acarició una sonrojada mejilla. —Los hijos son el mejor regalo que existe, Sakura. – la pelirrosa miró seria a su madre. —Cuídala mucho.

—Sí. – le sonrió a su hija. —Mientras yo esté con ella, nada le pasará… - le dio un beso en la frente. —Mi pequeña Sarada. – y le abrazó con todo el amor que sólo una madre podía dar.

—Ah… - Sakura abrió los ojos de forma abrupta, se sorprendió aún más cuando confirmó que su almohada estaba húmeda y que ella lloraba. Parpadeó un poco y respiró hondo para darse ánimos. Se giró en la cama y su cuerpo se topó con el de Sasuke. Estaba sólidamente dormido.

Sakura se giró hasta quedar cara a cara. Apreció con parsimonia la forma de su rostro, la prominencia de sus pómulos, la curvatura de su nariz y el grosor de sus labios. Conforme lo hacía, los pensamientos de Sakura bailoteaban de un punto a otro, hasta que cayó en cuenta que estaba llorando otra vez. Se limpió las lágrimas y sonó su nariz. ¿Por qué demonios Sasuke tenía que parecerse tanto a Sarada? Fue la primera pregunta que se formuló tras apreciarlo. Se giró para darle la espalda.

¿Sería sano lo que sentía? Desde esa mañana una serie de emociones se rebatían en el cuerpo de Sakura. Iban desde tristeza, ira, rencor, miedo… Todo dirigido a una sola persona, por lo cual temía admitir el cómo se sentía. Miró sobre su hombro a su marido y se mordió el labio inferior con desesperación.

Ella amaba a Sasuke, en verdad lo hacía, ¿Pero por qué ahora lo sentía ajeno a su vida? ¿Por qué de pronto todo lo maravilloso que Sasuke representaba para ella dejaba de cobrar sentido? Cuando no lo encontró en la mañana tuvo mucho miedo, un temor comparable a aquella ocasión, cuando de niña, él intentaba escapar al exterior para cumplir una venganza sanguinaria. No obstante, ahora que volvía a verlo, de nuevo se sentía angustiada.

Era como si tuviera miedo a quedarse sola, pero al mismo tiempo rechazara la compañía. Sakura respiró sonoramente, intentando calmar sus pensamientos.

—¿Sigues mareada? –la voz de Sasuke la distrajo de pronto. Ella miró nuevamente sobre su hombro y negó con la cabeza para después volver a reposar.

—Creo que ya es algo tarde. –no encontró que otra cosa decir. Pero era cierto, corría más del mediodía.

—Hmp. – Sasuke no dijo nada al respecto, en cambio se percató que su esposa sollozaba. No supo qué decirle, estaba experimentando un duelo, ¿Qué rayos debería decir? Además, no sólo era su duelo, también era de él.

—Iré a preparar de comer.

—No. –Sasuke se levantó antes que ella, la cabeza le dolió a horrores con hacerlo. —No te molestes, yo haré algo. – se sostuvo la cabeza e hizo una mueca de dolor. Le dolían los ojos también.

—Te noto cansado, Sasuke-kun. – limpió su rostro y se sentó en la cama. —No hagas nada más, está bien. – se levantó cuidadosamente y se dirigió a la cocina, sin mirarle.

Él sintió el rechazo, por más leve que fuese y lo asumió con naturalidad. ¿Sería que Sakura lo culpaba realmente por la muerte de su hija? ¿Por qué no hacerlo? Él mismo lo hacía.

Sasuke se recostó otra vez y apretó la mandíbula. Tenía sentimientos encontrados. Por un lado quería huir, fugarse lo más lejos posible y no regresar, pero también, otra parte de él le dictaba que tenía que plantarse ante su esposa y quedarse a su lado. Después de todo ella estaba esperando otro bebé, sería cruel abandonarla cuando estaba tan frágil, ¿Verdad?

Escuchó que algo caía en la cocina y se apresuró a levantarse. Cuando llegó ahí la notó arrodillada en el suelo de la habitación.

—¡Sakura! – se apresuró a ir donde ella. Estaba sudando y su tez realmente lucía pálida. —Sakura. – le tocó la espalda y la vio apretarse contra la pata de una silla. Lentamente perdió presión y ella se desvaneció. —¡Sakura! – la tomó antes de que su cuerpo se golpeara al suelo. Preocupado la tomó contra él y la aferró.

Tuvo mucho miedo y pensó, que si no hacía algo pronto ella también se desvanecería como lo había hecho Sarada.

—Ella estará bien, Sasuke. – dijo Tsunade, quien revisaba detenidamente algunos documentos en su escritorio. Tras haber corrido con ella al hospital, fue la mismísima sanin quien insistió en tratarla.

Sasuke había estado de pie junto a la puerta de urgencias, unos minutos más tarde todo estaba resuelto. Sakura descansaba en una cama alejada del bullicio, le habían dado de comer y puesto a dormir, tenía conectado un monitor cardiológico, según Tsunade había tenido un cambio en la tensión arterial, generando un efecto hipotensor y golpeando su cerebro debido al abrupto cambio.

Dada la depresión, el estrés psicológico, su embarazo y a que prácticamente no había comido nada desde que se enteró de la muerte de su hija, la mujer terminó cediendo en un desmayo ya de por sí esperado.

Cuando Tsunade vio a Sasuke de pie en una esquina de la sala de espera, le llamó para tener una charla más personal. Él accedió dócilmente.

—Eso es bueno. – dijo de forma monótona.

—El desmayo fue provocado por cansancio, estrés emocional y falta de alimento. Todo se combinó para hacerle caer. – suspiró. —El bebé está bien, su latido cardiaco raya en la normalidad. Según las mediciones por medio del ultrasonido el embrión tiene aproximadamente 7 semanas. – ella le miró, Sasuke lucía cabizbajo. —Tú también te ves cansado. – señaló la ex Hokage. Sasuke elevó la cara lentamente. —¿Sucede algo, Sasuke?

—No, todo está bien.

—No creo que sea así. – él le riñó con la mirada, pero no dijo nada. —Entiendo por lo que estás pasando, a los dos, es decir. Perder un ser querido es sumamente difícil… Un duelo siempre puede complicar las cosas, por eso, mi recomendación es que superen esto entre los dos. No sólo por ti o por ella, sino por el hijo que viene en camino. – las palabras de Tsunade sonaban maternal, a pesar de su estricto tono, pero para Sasuke no eran más que ecos en su mente.

—¿Ella duerme ahora? – parecía que nada de lo que la mujer había dicho le había importado, no obstante, Tsunade no se molestó, asintió en silencio. —¿Puedo verla?

—Me gustaría que también te hicieran una revisión.

—Estoy bien.

—No, no lo estás. Supe por Naruto que tuviste una batalla intensa contra el ninja renegado de la Roca. No tengo registros que hayas venido al hospital después de regresar.

—Tenía mejores cosas que atender. – Sasuke se levantó.

—Insisto, Sasuke.

—Iré donde Sakura. – le dio la espalda sin responder a su petición.

—Sasuke. – Tsunade se irguió también, haciendo sonar la silla. —Castigarte de esta forma es cruel. Sabes que no tienes la culpa de esto. ¿Lo sabes no? – el Uchiha se quedó de pie unos segundos en el umbral de la puerta, tras esto, abrió el picaporte y se marchó en afonía.

Sasuke permaneció sentado al lado de Sakura mientras guardaba silencio. Las enfermeras iban y venían, pero ninguna decía nada. Prontamente, unos pasos más fuertes y dirigidos llegaron donde ellos, Sasuke reaccionó con lentitud, se sentía cansado y hambriento, pero había preferido no abandonar a Sakura hasta que ella se despertara.

—Sasuke-kun. – una voz le llamó desde arriba, él elevó sus ojos hasta toparse con los de su suegra. —¡Lo siento tanto, Sasuke-kun! – ella descendió hasta abrazarlo, Sasuke no respondió el gesto de inmediato, asintió la cabeza y agradeció con educación. —¿Cómo está ella? Vinimos tan rápido como pudimos.

—¿Su esposo? – Mebuki estaba sola.

—Está afuera, no le permitieron entrar hasta que alguno de los dos saliera.

—Ya veo. – Sasuke se puso de pie. —Sakura está bien, se encuentra descansando. – miro su vientre de soslayo. —Está embarazada. – informó con serenidad, la mujer sollozó inevitablemente y se llevó una mano a la boca para acallar su llanto.

—Oh, oh, cielos… - toda su cara se congestionó. —Muchas felicidades…- esta vez emitió un gemido más agudo. —Pero… hubiera preferido que esta noticia no estuviera tan próxima a… la muerte de mi nieta. – sin poder contenerse más emitió un llanto más agudo.

Sakura se despertó por el ruido, su rostro reflejó tensión y miedo.

—¿Mamá?

—¡Sakura, querida! – la mujer se desplomó sobre el cuerpo de su hija, Sasuke hizo un ademán con la mano de detenerla pero el rostro de Sakura lo dejó inmóvil. Ella también estaba llorando. Se sintió enfermo al verlas. Dio media vuelta y comenzó a avanzar.

—¿Sasuke-kun? – Sakura lo llamó, estaba desorientada.

—Iré por Tsunade. – dijo con simpleza. —Me dijo que la llamara cuando despertaras. – era mentira, pero no era una mala idea. —¿Te sientes mejor? – continuaba dándola la espalda. La miró de soslayo, ella asintió tímidamente mientras sus manos paseaban por la cabeza de su madre, quien seguía clavada a su pecho. Sasuke se fue de ahí con parsimonia.

Caminó hasta la oficina de Tsunade. Antes de tocar ésta ya había abierto la puerta. Su mirada a diferencia de hacía unos minutos era diferente.

—¿Qué se te ofrece ahora, muchacho?

—Sakura acaba de despertar.

—¿En serio? – la expresión de la ninja cambió. —¿Cómo está?

—Conmocionada. Su madre está con ella.

—Ya veo. – suspiró. Tsunade le tomó del brazo. —Acompáñame.

—¿A dónde?

—Al departamento de rayos x, decidí que yo misma te revisaré.

—No es necesario…

—Lo es, Uchiha. – había chispas en los ojos de la sanin. —Y si te atreves a decir lo contrario, te romperé más huesos. – tocó sus costillas, Sasuke reaccionó, se encorvó ligeramente. —¿Ves?

—Está bien. – suspiró. —Pero no le diga nada a Sakura. No quiero preocuparla más.

—¿Desde cuándo te volviste tan noble? – masculló la mujer. —Andando. Antes de que me arrepienta.

Su madre le acarició nuevamente la melena mientras alisaba sus rebeldes cabellos. Suspiró otra vez y miró a su esposo, quien guardaba silencio a su lado. Sakura había estado más tranquila después de llorar en el regazo de su madre. Se preguntaba internamente en donde podría estar su marido y si es que en realidad había ido por Tsunade para que le viese.

De nuevo tenía esa extraña punzada en su pecho. Cuando veía a Sasuke sentía un ardor preveniente de su estómago, algo que se acallaba, pero que poco a poco renacía ahí, picándole en su interior, deseando no verlo, para no sentir esa aversión. No obstante, cuando Sasuke desaparecía entraba en pánico. Se sentía abrumada al pensar que él podría desaparecer de su vida y no regresar jamás. ¿Por qué tenía esa rara mezcla de emociones? Podría culpar al embarazo y a su pérdida, pero creía que sería injusto.

¿Acaso esto sería por Sarada…?

La sola idea le cayó de lleno y sintió pesadez en su pecho. ¿Qué tal que en realidad ella estuviera sintiendo… resentimiento? ¿Qué quería decir eso? ¿Qué en realidad estaba molesta con Sasuke por no haber podido salvar a su hija? ¿Qué justo en el momento en donde más necesitaba de su paternidad él la defraudó? Con sólo pensarlo un escalofrió recorría su espalda. Sakura enfrascó esas sensaciones y decidió que lo mejor sería sepultarlas en lo más profundo de su interior. Lo cierto es que lo que menos quería ahora era estar sola.

—Todo estará bien, cariño. – su madre le acarició la cabeza y ella salió de su ensoñación. Se sintió desconcertada al ver que en realidad se había sumergido demasiado en sus pensamientos.

—¿Sasuke-kun? ¿En dónde está?

—Dijo que iría por Tsunade-sama. – Mebuki se cruzó de brazos. —Pero lo cierto es que ya se tardó demasiado.

—Disculpen la tardanza. – Tsunade entró por la puerta, se le veía algo exhausta, quien sabe desde hace cuando estaba en el hospital. —Había ido a recoger tus estudios en el laboratorio. Me alegra decirte que todo parece estar dentro de lo normal. Bueno, a excepción de tu hemoglobina, está en el límite inferior permitido en una embarazada, pero nada que una buena alimentación no solucione.

—¿Cómo está el bebé?

—Perfectamente, descuida. – Tsunade se le acercó un poco más. —¿Ya te sientes mejor?

—Sí, gracias, shishou. – ella asintió. —Por cierto, ¿No ha visto a Sasuke?

—Oh, sí. Está en la sala de espera, me dijo que quería darles un poco de privacidad a ti y a tus padres.

—Qué considerado de Sasuke. – elogió Kizashi, sonriendo a medias. Sakura sonrió sólo un poco para acompañar a su padre. ¿Sería buena idea dejar demasiado tiempo solo a su esposo? Después de todo Sasuke era una persona cuya personalidad le hacía llegar a ser extremista en ocasiones.

—¿Él está bien? – preguntó Sakura ligeramente apenada. Últimamente la atención estaba sobre ella y Sasuke había pasado a segundo plano.

—Sí, no te preocupes. –Tsunade se le acercó para iniciar la revisión. —Por favor, ya no hables, voy a auscultar tu corazón. – se colocó el estetoscopio y a los Haruno no les quedó otra opción que obedecer.

Sasuke leyó por enésima vez la nota que Tsunade le había dado. Era una serie de recomendaciones para rehabilitarse. Tal y como ella lo sospechaba, Sasuke tenía un esguince de tobillo de segundo grado y tres fracturas costales. Le elogio por su resistencia, pero también le riñó por no haberse atendido como era debido.

Sasuke le ignoró. Había soportado heridas peores estando en soledad. Obviamente su modus operandi le contradecía quejarse de heridas que no fuesen de gravedad para su consideración. Estos daños eran pocos a comparación de otros que había tenido la pena de sufrir. Tsunade le vendó y dio medicamentos para el dolor. Cuando terminaron entregó una hoja de papel con varias indicaciones, así pues, le dijo que si gustaba podía ir con ella a la habitación de Sakura, pero él se negó, argumentando que su mujer debería pasar más tiempo con sus padres que con él.

—Este es un duelo compartido, Sasuke, no lo olvides. – le dijo antes de marcharse, él no entendió mucho sus palabras, dado que no tenía interés, pero no rebatió más, dejó que se marchara.

Miró la hoja de papel un poco más y sin emoción alguna, la arrugó hasta hacerla una bola maltrecha. Después de eso, aplicando un poco de chakra en sus dedos, la hizo arder.

—No puede fumar aquí, señor. – le dijo una enfermera. Sasuke no respondió, se puso de pie y salió por la puerta. Necesitaba aire fresco.

Una vez fuera del tumulto del hospital, se permitió estar a solas con él mismo. Suspiró mientras se dejaba caer lentamente en las faldas de un frondoso árbol, propiedad del hospital. Había mucha luz, después de todo era un poco más de mediodía. Sasuke recargó la cabeza en la corteza.

¿Por qué el día estaba precioso si hacía 24 hrs había visto morir a su hija? El pensamiento le causó malestar. Arrugó el entrecejo. Pensar en aquel instante en el que la vida de Sarada se había apagado era sumamente doloroso. Cerró los ojos y apretó su puño. Se preguntó internamente en cómo habrían resultado las cosas si nada de aquello hubiese pasado.

Quizá ahora mismo los tres estarían en su hogar, Sakura estaría sumamente feliz que lloraría pero de alegría. Les prepararía un festín, típico de su entusiasmo y tras esto le dispondría, seguramente, de un baño para agradecerle por su esfuerzo. Sarada descansaría como era lo usual y él se acurrucaría en compañía de su esposa en su cama nupcial.

Sí, era un lindo pensamiento, si no fuese porque era imposible que sucediera. Sakura estaba ahora terriblemente dolida. No era necesario entrar en su mente usando sus poderosos ojos, lo notaba con facilidad. Después de todo era su esposa. Sabía cuándo fingía, era algo que se le daba ya casi con naturalidad, pero la verdad era que tras pasar tiempo con ella había aprendido a diferenciar sus estados de ánimo. Eran pareja después de todo, no sería algo del otro mundo, pero había momentos, en las que a Sasuke le gustaría ignorar por completo los sentimientos de Sakura de vez en cuando, como de jóvenes.

No se lo había dicho a nadie, era un pensamiento que se guardaba siempre para él mismo, pero la verdad era que Sakura le afectaba más de lo que esperaba. Esto fue a partir de su viaje juntos y a través de la distancia. Sus pensamientos estaban conectados, eso era verdad y en esta ocasión no era la excepción.

Podía sentir un terrible resentimiento en ella, así como dolor, mucho dolor. Era el duelo, se dijo, pero no toleraba que parte de esa tristeza y sufrimiento fuese por su culpa. Sakura era muy complaciente con él, incluso cuando estaba enojada, pero en esta ocasión la sentía diferente. ¿Sería que lo odiaba? Lo cierto es que ese pensamiento le asustaba. Sakura era su familia, sí ella le repudiaba sería demasiado para él.

Sería buena idea que hablasen de ello pero, ¿Cómo? Desde que se habían formalizado como pareja y después esposos nunca habían profundizado tanto en sus emociones, al menos no abiertamente. Las demostraciones de afecto entre ellos eran escasas y cuando las había nunca se decían nada. Dejaban que sus cuerpos tomasen el control y se dedicaban incansablemente al otro, mientras eran devorados por la pasión. Algo convincente para él, dentro de su punto de vista. No obstante, después de regresar de aquella misión Sasuke sintió un tremendo espacio entre ambos.

¿Sería por qué… Sarada había muerto? Sarada siempre había representado un vínculo entre ellos. Cuando se marchó en busca del plan de Kaguya, Sakura le dijo que no importara cuando se fuera, ella siempre estaría conectada a él por medio de un sentimiento mutuo, que se había materializado en una hija. Sasuke lo creyó completamente y motivado por esto fue en busca de la última pieza del rompecabezas que eran los Otsutsukis.

Pero Sarada ya no estaba. Ahora el puente que los conectaba se había desmoronado. ¿Cómo afrontar eso?

—Aquí estás, hijo. – Sasuke parpadeó para después encontrarse con su suegro.

—¿Sucedió algo? – preguntó impaciente, el hombre mayor le sonrió con calidez.

—No, no. Venía a buscarte. Sakura ha estado preguntando por ti.

—Hmp. –se levantó con cuidado.

—Tsunade-sama dice que dentro de poco le dará de alta. – lo observó hasta que estuvieron a la misma altura. —Nosotros vamos a ir a casa por ahora, tenemos que dejar el equipaje. Acabamos de llegar.- cierto, ellos estaban de viaje. —Imagino que te quedarás con ella el resto de la tarde, hasta que la den de alta.

—Lo haré. – ¿Pero por qué repentinamente sentía pánico de enfrentar a Sakura? ¿Qué era esa sensación amarga que embotaba sus sentidos? Cuando se acercó a la habitación de su esposa y abrió la puerta, ella se encontraba sentada viendo por la ventana desde su cama. Se quedó de pie en la entrada, como si aquel cuarto blanco fuese la peor pesadilla de su vida.

La mujer le miró de soslayo y sonrió un poco, pero al ver el rostro de Sasuke su mueca desapareció y se remplazó por una llena de temor.

—¿Qué sucede?

—Nada. – Sasuke se le acercó, Sakura suspiró y apartó su vista de él. Cuando Sasuke se posicionó a su lado, sintió tanto alivio como ansiedad. Ninguno de los dos dijo nada por un buen rato.

—Tsunade-shishou dijo que el bebé está bien. – comentó.

—Sí, lo dijo. – suspiró sonoramente.

—¿Estás bien? – volvió a preguntar Sakura al verle afligido.

—¿Tú estás bien?

—Sí, ya estoy mejor...

—No me refería… - Sasuke ladeó el rostro, esquivando a Sakura. —Sakura. – entonó con mesura, ella le encaró. —¿Me odias? – la pregunta salió tan repentinamente de su boca que Sakura creyó por un instante no haberla escuchado y que se había originado en su imaginación. Pero el rostro de Sasuke reflejaba incertidumbre y eso la perturbó.

—¿Qué?

—No quiero repetirlo. – dijo calmado.

—Sasuke-kun, yo no… - las manos comenzaron a sudarle. Su vista se fijó en estas, las cuales jugaban con las sábanas. —Yo te amo. – dijo en un hilo.

—Has dudado. – argumentó, dolido.

—N-No, yo no… - Sakura cerró los ojos. Ahí estaba otra vez aquel ardor, esa ira que nacía poco a poco en su pecho. —Lo siento, yo no… es que… - suspiró frustrada. —Creo que aún estoy en shock.- dijo por último. Sasuke frunció el ceño. Sakura había balbuceado, no fue directa, no le convencía, ¿Por qué estaba tan desesperado? —Estoy destrozada. – de nuevo estaba llorando. —No imagino… mi vida sin Sarada, la extraño demasiado. – se limpió los parpados varias veces, las lágrimas no se detenían. —Tenía tanto por delante, toda una vida… Ella no merecía morir. – Sasuke no hablaba. —¿Y si lo mismo le pasa a nuestro hijo? ¿Qué haré si él también resulta herido o… o muerto? – rezongó mientras suspiraba en un sollozo. —Es muy difícil para una madre el que… el que tu hija… -su cuerpo se dobló nuevamente y cubrió su rostro con sus manos. —Todo pasó tan rápido… De haber sabido… De haber sabio jamás hubiera dejado que se fuera a esa maldita misión. – una chispa emergió de ella, sus emociones se dispararon. —¡Odio esta realidad! ¡Odio a la vida por hacerme sufrir de esta manera! – su frecuencia cardiaca aumentó rápidamente, el sonido del monitor que Tsunade había olvidado quitarle confirmó este hecho. —¡Yo amaba a mi hija! ¡¿Por qué, Sasuke?! ¿Por qué? – repitió en un grito, él se arrepintió de haberle preguntado si lo odiaba, pues aquello había desencadenado esa reacción.

—Guarda la calma, Sakura. – tocó su hombro, pero ella quitó su mano de abrupto con un solo movimiento.

—¡¿Por qué?! – preguntó otra vez, fue ahí cuando Sasuke vio el dolor tan grande que Sakura tenía dentro. —¡¿Por qué rompiste tu promesa?! – los episodios del día anterior regresaron, Sakura guardaba resentimiento, ya era más que evidente.

Gracias a ese grito Tsunade entró corriendo a la habitación, pero nadie prestó atención a la rubia. Más bien todo ocurrió entre la pareja. Sasuke se levantó de repente y con una mirada absuelta en coraje fue capaz de intimidar a su mujer.

—¡También era mi hija!- gruñó Sasuke, perdiendo el control. —¡No eres la única afectada por esto, Sakura! – de un empujó tiró la silla en donde estaba sentado. —Nada hará que Sarada regrese, mientras más rápido lo asimiles mejor. Es la realidad, nuestra hija murió. – retrocedió, Sakura tenía los ojos bien abiertos. Se dio media vuelta, Tsunade estaba ahí, pero no lo detuvo, cuando tomó el picaporte le miró por última vez, el Sharingan estaba activado y Sakura se sintió aún más atemorizada que al principio. —Y adivina qué… Eso no cambiará nunca. – se fue de ahí dando un horrido portazo.

Continuará…

A mi gusto, manejar las emociones tan intensas de ambos personajes fue un poco difícil, por que como son características que casi no se exploran en el material canon se corre mucho el riesgo de hacerlos muy Ooc, espero que no resultara así y fuera un comportamiento posible dada la situación expresada.

Nos veremos en el próximo capítulo.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.