Narra Edward

Abrí mis ojos y mientras trataba de acostumbrarme al brillo de la luz del sol me topé con la mirada mas dulce que había visto, su tonalidad chocolate me envolvía con delicadeza, me perdía en ellos. Parecía un océano del cual no quisiera salir nunca. Yo estaba acostado sobre el césped, por tanto ella se acuclillo a mi lado y me besó en la frente. Fue un leve rose pero basto para que me dejara sin habla. Me quede maravillado por lo que habia hecho. Estaba muerto, eso era seguro, era la única explicación que tenia sentido para mí. La otra seria que me estuviera volviendo loco. Los Vulturis deben de haberlo hecho, después de todo si que son rápidos; la pregunta que aun no puedo responder es el por que lo hicieron. La verdad, no me importa, este final no me lo hubiese imaginado nunca, terminar a su lado, conocerla en la muerte como no lo pude hacer en vida. Mi propio cielo, mi paraíso jamás imaginado.

Ella sonreía, mas bien dicho me sonreía. A mi, al ser que le habia quitado la vida. El monstruo que le quito su corta existencia. ¿Como un ser como yo tiene este tipo de suerte? Al parecer después de todo Carlisle tenia razón, si tenemos alma, algo que no quise creer por bastante tiempo.

Perdóname, te lo suplico. – me sentía horrible por haber provocado su muerte, su abrupto final. Por haberla alejado de mí. Me levante de donde estaba acostado y me arrodille ante ella.

Si te refieres a mi muerte, no debía suceder pero no estoy enojada por eso, sin embargo la idea del suicidio me tiene muy alterada, no creo que pueda perdonarte… seguía mirándome y yo no me movía, sus pies estaban muy cerca de mi cuerpo. Luego se sentó, al parecer le habia cansado estar en esa posición, luego retomo la palabra y con una sonrisa en el rostro que iluminaba sus hermosos ojos me pregunto - ¿Que te parece el lugar? - con un leve rastro de precaución en su tono de voz. Quede estático, como me decía todas esas cosas de una sola vez y me preguntaba algo a lo que le encontraba poco sentido. Me volví a recostar encima del césped.

Muy lindo, aunque sin duda, tú lo haces resplandecer – con ella era algo inexplicable lo que me sucedía, mi lado mas galán salía a la luz. - pero volviendo al tema ¿Cómo te puedes tomar todo tan calmadamente? - le conteste, podía sentir su aroma a pocos centímetros de mi, aun así mi ponzoña no actuó, no se acumulo en mi boca. Era grato no desear matarla. Aunque estaba claro que después de todos esos días en que pensé que la había matado, en que sentía que algo de mi faltaba, la pieza vital, ya no sentía lo mismo, o eso pensé yo. En un primer momento creía que solo me atraía su sangre pero ahora ella estaba muy cerca de mi, no tenia sed, y aun así anhelaba tenerla en mis brazos; solo que ahora tenía la opción de hablar con ella sin peligros. Puesto que la maldita ponzoña ya no me dominaba, pero debo admitir que olía exquisitamente bien. - ¿Cómo encontraste este lugar? – debía preguntarlo, no todas las veces encontrabas algo así.

Mmm…no lo encontré, la realidad es que alguien lo hizo por mi, alguien que me quiere mucho, que me fascina.- se quedo mirándome con sus ojos penetrantes.- ah, por cierto, espero no haberte asustado el otro día en el cementerio… - ¿alguien que la quiere? Eso era como obvio que habría alguien de por medio, ¿quien no podría querer a semejante doncella? La única parte que no me gusto pero ni una pizca era sobre que a ella le fascinaba. Mi ira comenzó a hacer estragos en mi cabeza, ¿que era este sentimiento que se apoderaba de mi mente?, ¿Qué era lo que sentía?

¿Ah si? – dije lo mas fríamente que pude - ¿y se podría saber el nombre del que encontró este lugar? ¿O será muy inoportuno? – pregunte con un deje de ¿celos?... no… eso…era… imposible. habia leído sobre ellos, visto como lo representaban en infinidad de obras de teatro y todo; pero sentirlo era harina de otro costal, algo muy diferente, no podía controlarlos.

No y no, él aún no sabe que estamos aquí.

Ah – debía cambiar el tema pronto, para ver si así me calmaba, mejor le preguntaba por lo que habia sucedió en su… funeral - en el cementerio… sabía que eras tú, sólo que… bueno... tengo unas cuantas dudas. – esperaba que me las pudiera responder, dejaría pasar eso de ese alguien. Si no terminaríamos discutiendo.

Dímelas y veré si es que las puedo responder. – seguía viéndome con una mirada tierna.

¿Cómo es que sabias mi nombre? – esa era la pregunta mas fácil que podía hacerle

No puedo responder esa pregunta… aún, alguna otra. - ¿Cómo que no podía responderme?

¿Cómo fue que me hablaste a través de la pequeña Marie?

Eso es fácil, ella tiene un don, el cual la hace estar conectada a mí. Por esa razón ella me "presto" su cuerpo – recalco la palabra presto, no entendía nada.

¿Cómo que te presto su cuerpo? Es una niña, no sabe que ocurre – su risa cambio, ya no llegaba a sus ojos.

Eso es lo que tú piensas… – iba a decir algo más, sin embargo se quedo callada, seguía sentada muy cerca de mí.

No me gustaba como hablaba, la verdad estaba un poco asustado por lo que pasaba. Pensé que ella era la chica dulce de mis sueños, no entendía lo que ocurría. Contra todo pronóstico parecía que ella podía leer mis pensamientos, me sentía indefenso.

no te preocupes, no lo entenderás aún. – recalco esa última palabra - Te queda mucho por recorrer. Se que no soy lo que imaginaste. Sólo te puedo decir que no debes suicidarte, no por la culpa.- parece que me equivoque en lo de que ella podía leer mis pensamientos, ¿Cómo podía decir que me suicidaría por culpa? Yo… no podía vivir en un lugar donde ella no estuviera, si bien no a mi lado, pero que estuviera viva.

No es por culpa… - iba a decirle que no me gustaba estar en un lugar donde no estuviera ella, habia cambiado, desde el primer momento que la vi las fibras de mi ser se modificaron sin remedio y por completo. El olvidar y hacer como si nada hubiese pasado no era una opción. - Bueno, eso ya no importa porque ya estoy muerto. – me miro con incredulidad y en sus ojos habia tristeza, el porque, ni idea.

Tu no estas muertos, solo sueñas, aunque mejor dicho es algo parecido.- fruncí el ceño, eso era imposible. Una de las cosas que menos me gustaba de ser vampiro era que no podías soñar, lo intenté muchas veces pero nunca lo logre.

¡Estas mintiendo! ¡estoy muerto! – debo estarlo sino como se explicaba que estuviera con ella. Sus ojos empezaron a humedecerse, me sentí mal por gritarle de esa manera.

De veras que Alice tenía razón, la idiotez me salía en los momentos menos oportunos. Me levante muy despacio y comencé a acercarme a ella. Ella también se habia puesto de pie y me miraba con nostalgia. El no poder escuchar sus pensamientos me comenzaba a molestar demasiado hasta el punto de ponerme irritante.

Cuando estuve a solo unos centímetros de ella la rodee con mis brazos, ella se apretó contra mi, esto se sentía genial. Abrazarla, sentir su aroma, era algo indescriptible. Pose mis labios sobre sus cabellos, le di un pequeño beso. Ella levanto la cabeza que reposaba sobre mi pecho y me miro fijamente. Sus labios se me hacían agua a la boca, sentido figurado, puesto que no tenía sed. Deseaba rozar mis labios sobre los suyos. Esto era algo realmente nuevo para mí. Sus brazos se aferraron a mi cintura y entrelazo sus dedos por detrás de mi espalda. Nos miramos fijamente por largo rato.