Capítulo 7.

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Más cerca.

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La mayoría de veces, cuando hacemos lo que deseamos, dejamos de hacer lo que debemos hacer.

El deseo puede convertirnos en los seres más egoístas y autocomplacientes. Se desea lo que se quiere, pero cuando ese querer se vuelve mayor al deseo, puede dar lugar al sentimiento más puro: el amor.

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La sensación de caminar sobre hielo quebradizo lo hacía actuar con cautela.

Morinaga no recordaba haberse calentado tanto por solo tocar a alguien, pero claro, no estaba tocando a otro más. A quien tenía delante de él constituía un gran reto, un enorme desafío. Consiente era de que deseaba poseerlo como deducía nadie antes lo tomo, probar esa pálida piel y labios virginales ante otro varón.

Estaba completamente convencido que al menos Souichi no había probado el placer que únicamente un hombre podía darle a otro hombre y él estaba determinado a ser ese único hombre que lo satisficiera en todos los sentidos, estaba muy seguro de sí mismo deseando envolverlo entre sus fuertes brazos, se volvió a posicionar detrás de él, y con su rodilla golpeo suavemente la rodilla derecha de Souichi desde atrás y esto ocasiono que se flexionara. El rubio al sentir demasiada cercanía del otro, algo alterado dijo:

- ¿Que está haciendo? ¡Solo dígame lo que tengo que hacer, no es haga cosas tan innecesarias! -

- Ya te lo explique y hasta te lo mostré, pero parece que si no te lo enseño con tu propio cuerpo; lo harás mal desde el principio, por lo que no es innecesario -

Ya no parecía que lo estuviera acomodando para manejar el sable correctamente, ahora lucia como un toqueteo voluntarioso a los ojos de Souichi, Tetsuhiro explicándole la forma correcta de pararse, tomaba sus piernas de manera muy confiada y al mismo tiempo de supuestamente acomodarlas, las apretaba. Eso puso en alerta al rubio, que ya reaccionaba alterado.

- ¡Ya! ¡Ya entendí! ¿Podemos empezar con la práctica? -

El entrenamiento era elegante, pero bastante arduo. El brazo de Morinaga era muy fuerte y la mayor parte del tiempo dominaba el combate.

Tetsuhiro lo hizo retroceder varias veces ante sus ataques, pues no se contuvo de mover con fuerzas el sable y mostrar su poder. Souichi terco y orgulloso como era, trataba de avanzar y por lo menos desestabilizarlo.

Al ver que Souichi comenzaba a enfadarse ante su fiereza y poca conciencia de que era un principiante, decidió que era momento de avanzar. El rubio obstinado no parecía alguien a quien le agradara perder y eso lo animaba más. El príncipe a pesar de sentir aquella mirada casi asesina sobre de él, no dejaba de hacerlo rabiar más, no ocultaba la risa burlona y de nada servía su falsa modestia al hablar, pues su contrincante fácilmente deducía lo sarcástico del monarca.

Morinaga con toda la mala intención en mente no disimulo ni con su mirada y su pícara sonrisa, lo hizo caer cuando avanzo atacándolo sin darle oportunidad de un contra ataque, sino de solo protegerse y logro hacer que Souichi callera al piso de espaldas. El príncipe para demostrar su dominio y fortaleza superior, puso la punta del sable de entrenamiento sobre el cuello del rubio quien molesto lo miraba tirado desde el piso, respiraba agitado y su frente estaba sudando, los ojos encendidos de rabia y las cejas fruncidas. -Tchh-

Cuando Souichi pensó que ya era suficiente de toda esa altanería y humillación, intento levantarse, el príncipe no se movió; continuaba mirándolo de una manera que el rubio no podía descifrar ¿Con arrogancia? ¿Con deseo? No sabía con certeza la respuesta. El príncipe seguía sosteniendo y presionando el sable sobre aquel apetitoso cuello blanco y sudoroso que desde su posición parecía nacarado, brillante y por lo tanto demasiado sensual.

En un movimiento hábil con el shinai, el príncipe logro desabotonar el primer botón de la camisa de Souichi. El rubio muy enojado veía que Tetsuhiro lo miraba directo a los ojos, para después descender la vista por todo lo largo de su cuerpo. Entonces, obtuvo la respuesta; ¡El príncipe lo miraba con deseo! Y no quería continuar en esa incomoda y peligrosa situación, se sentía como una presa capturada y a merced de su cazador.

- ¡Ya entendí!... ¡Perdí! ¡Déjeme levantar ya! ¡Basta de todo esto! -

El príncipe había cambiado los rasgos de su rostro, sus ojos ya no parecían los mismos, además de deseo y lujuria; su mirada reflejaba decisión y su voz mando.

- No, no te levantes; creo que al ganarte merezco cobrarme con algo. Hmmmm... Reglas del juego -

- ¿Reglas del juego? ¡Lo acaba de inventar! Además, no apostamos nada ¡Ya déjese de juegos!...Usted dijo que a su padre no le gusta que lo hagan esperar en el comedor y ya estamos atrasados -

- ¡No! Todavía no, todavía tenemos tiempo. Además a mí no me dirá nada y a ti tampoco si entras junto a mí... Y como parece que te gusta la competencia y no perder. Lo haremos mucho más interesante. Si te esfuerzas y me ganas algún día con el sable, yo te pagare con lo que pidas, como vez, puedes sacarle provecho al juego -

- ¡Esta loco! Usted ya debe llevar años entrenando, no es un trato justo. Tardare meses en estar a la par y lograr siquiera tumbarlo -

Tetsuhiro hábil pensó que podía convencerlo apelando al orgullo que Souichi demostraba.

- ¿No te sientes capaz? ¿Acaso no te gustaría obligarme a hacer algo que yo no quiera? Te acabo de ofrecer algo que a nadie más le he ofrecido, que te pagaría con lo que quisieras, ¿No es tentadora la oferta? Desde que llegaste, no veo otra cosa en tus ojos que el deseo de destrozarme de una u otra forma-

Claro que deseaba molerlo a golpes ¿Que esperaba si sabía cuáles eran sus intenciones con él? Pero escuchar que podía obtener una oportunidad que el príncipe le proponía ¿Pagarle con lo que quisiera? Eso le resulto muy conveniente, sería que ¿Podía pedirle libertad de aquel absurdo compromiso?

- No sé qué planee... Pero ¡No abuse! ¡Ah! Y no olvide lo que acaba de decir, si yo le gano un día, me concederá lo que yo desee. Solo por eso acepto, que quede claro -

Muy seguro de que eso jamás pasaría, ya que era el mejor en el castillo con esa arma; el príncipe contesto:

- Así se hará, pero no vas a echarte para atrás ahora; no me pasare como pides. Pero necesito que te relajes bastante -

El príncipe ya de antemano excitado al verlo recostado en el piso y demasiado hermoso con sus cabellos sueltos que se habían soltado ante los bruscos movimientos al entrenar, además de que esos hilos dorados hacían contraste con el piso negro. No pudo evitar comenzar a sentirse muy, pero muy acalorado al dibujar tantos escenarios lujuriosos que se venían a su mente para realizar con esa persona, ahora tendida debajo de él. El mismo estaba sorprendido de todo lo que había logrado contenerse hasta ahora ¡Claro, era el príncipe! Pudo haberlo obligado desde el primer día y ya estaba muy deseoso de poseerlo, tomarlo y de ser posible devorarlo.

Tetsuhiro quien no tomaba la iniciativa en sus encuentros sexuales con otros y acostumbrado ha ser seducido y complacido, no sabía de donde servirse ante ese manjar, su mano sana temblaba al no saber ¿Por dónde comenzar cuando todo se te apetece de ese ser?

Extrañamente quería complacerlo mientras el mismo se satisfacía. Hubiera deseado con todo su ser probar esa jugosa boca. Verla y no poder saborearla cuando lo tenía recostado ahí, era un martirio. Pero consiente de lo que Souichi pensaba de la relación entre hombres. Pensó que todavía no estaba listo para eso. Un beso es algo aún más íntimo que otras muestras sexuales y Tetsuhiro sabia eso.

No, no quería asustarlo y que se volviera más huraño con él; más bien deseaba que de apoco Souichi se acostumbrara a su cercanía y toques. Por lo que decidió dirigirse a lo que a todo hombre le encantaba y prefería, aun a los más mojigatos. Satisfacerlo engullendo su pene, si ¡hacerle sexo oral!

Tentado a tocar sus pectorales, solo disimulo sostenerse un momento sobre uno ante la falta de su brazo que conservaba el cabestrillo, pues necesitaba ponerse de rodillas. Al abrirse un poco más la camisa de Souichi que había sido desabotonada de los primeros ojales, pudo ver asomarse medio pezón: ¡Rosa! Pensó imaginando pescarlo con su boca, pero solo era un sueño en esos momentos. Desabotono con mucha torpeza el botón del pantalón de Souichi y bajo su cremallera.

Souichi alarmado ante el sonido de su ciper y lo que podría significar aquello pretendió levantarse, pero esa mano suelta lo empujo del pecho nuevamente al piso y al mismo tiempo el príncipe dijo:

- No, no te alarmes; solo será un poco y prometo que te gustara. Creeme, cierra los ojos y siente -

Con desconfianza Souichi pensaba:

● ¡Esta loco! ¿Cómo mierdas se imagina que cerrare los ojos? ●, pero de trancazo salió de su juicio ante el movimiento súbito que sintió y algo cálido que se volvía fresco sobre la piel de su miembro, la jugosa saliva del príncipe cubría aquel sitio tan sensible.

Alzo un poco la cabeza y ahí estaba, se topó con esos grandes ojos oscuros mirándolo con la frente marcada por la posición de ver sus reacciones, si, el mismísimo príncipe tomando su pene con la boca. Sacando la lengua y rozándola en su glande, si, tratando de evitarlo y que su durmiente miembro aumentara de tamaño. Algo que no tardo en suceder. El rubio no quería pensar ante sus reacciones y sensaciones, con una mano trataba de apartarlo, pero la mente nublada por el placer lo detuvo:

● ¿Un hombre puede lograr levantárselo a otro hombre? ¿Por qué se siente tan bien? ¿Porque su boca se mueve así? ¡Maldición! ●

El príncipe se estaba torturando solo, ahora pensaba que no debió comenzar con algo que le costaría tanto detener. Ver como se movía Souichi y que apretaba su camisa con un puño, mientras se cubría el rostro con su antebrazo; lo empujaba a desear más y más.

Morinaga no contemplo que su mayor problema a penas comenzaría, la erección que sentía y molestaba lo quería controlar, el miembro real parecía una roca dura lista para tirar, a punto estuvo de buscar con un dedo la entrada de Souichi, para comenzar a preparalo aprovechando la evidente distracción de su presa ante las fuertes sensaciones de sus succiones.

Después de tantos chupeteos y caricias lascivas con su lengua, la salida impetuosa de aquel liquido semi espeso, por fin llego. El príncipe sentía hirviendo su rostro, si, estaba excitado muy, muy excitado y más porque había visto los gestos de Souichi y sintió que este le apretó el cabello con fuerzas cuando llego al éxtasis, además de haber escuchado atento los ruidosos gemidos del rubio quien resulto ser bastante escandaloso.

- ¡Ahhha! Haaaaa! -

Aturdido y agitado, Souichi no podía pensar con claridad.

● ¿Qué demonios fue esto? Esa mamada...●

Lástima, Tetsuhiro deseaba continuar y pasar a segunda base. Pero, con esto por el momento se sentía complacido, frustrado, pero complacido. Tal vez más que cuando distintos desconocidos trataban de satisfacerlo de esta forma y de muchas otras maneras más.

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Souichi no podía creer lo que acababa de pasar en ese lugar. El mismo príncipe, quien podía tener a quien deseara, el segundo hombre más poderoso de Tokio. Minutos atrás estaba de rodillas ante el brindándole un placer que desconocía, un placer de hombre.

El rubio en sus tiempos de preparatoria antes de la guerra, había tenido alguna que otra noviecita por ahí, y por supuesto que se inclinaron en el ofreciendo su boca y cabeza, pero no podía comparar las mamadas de una chica con la que Tetsuhiro acababa de brindarle, este lujurioso hombre había logrado meter todo su pene en la boca hasta casi llegar a su garganta; algo que dedujo Souichi, ninguna mujer lograría teniendo semejante paquete. Y cuando él se masturbaba, no recordaba que disfrutara así. ¡Había sido la mejor mamada que había sentido hasta el momento! Y eso lo asusto bastante, pues provenía de otro hombre.

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Antes de dirigirse al comedor real, Souichi apenas recuperado y totalmente en silencio ante sus confusos pensamientos, acomodaba sus ropas y amarraba su cabello. Se sentía tan abochornado y al mismo tiempo molesto pues sentía la penetrante y ahora cómplice mirada del príncipe sobre él.

Tetsuhiro sonreía discretamente al pensar que era capaz de seducir a ese bello rubio, y ¿Cómo no sentirse animado? Si acababa de hacerlo gemir de placer, estaba seguro que si tomaba completa posesión de él; conseguiría que el rubio gritara y ahora podía imaginar el cuadro completo, pues esta vez consiguió un acercamiento bastante más íntimo. Con tranquilidad acomodo sus cabellos y sacudió un poco su ropa muy satisfecho de su hazaña.

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Hiroto se dio una pequeña idea de lo que acababa de suceder, pues al ir a buscarlos para hacerles saber que contaban solo con quince minutos más para presentarse en el comedor antes de que el rey llegara, alcanzo a escuchar detrás de la puerta; tanto los chupeteos húmedos, como los continuos y ruidosos gemidos de Souichi.

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El rey se extrañó de ver a Tetsuhiro con esas ropas presentarse al comedor, regularmente después de entrenar se bañaba y cambiaba antes de ir a desayunar.

- Y ¿Por qué no te cambiaste? Es más, creo que tampoco te duchaste -

- Con el brazo así me toma más tiempo hacer cualquier cosa y ya estoy hambriento -

- Souichi debió ayudarte, ahora que esta aquí no creo que sea necesario que otros te miren o ayuden a cambiar -

- Si, lo ha hecho; Sin embargo le falta práctica. Como debes entender, él no está acostumbrado a nada de esto -

- Bueno, si así es... Me supongo que hay que tener paciencia con tu prometido -

Souichi, se sentía tan, pero tan fuera de sitio. Parecía que no estaba ahí, que Tetsuhiro era quien debía hablar por él; pero así estaba establecido. Hiroto ya antes le informo que no debía hablar a menos que el rey se dirigiera a él directamente o le preguntara algo, cosa que le pareció tan retrograda.

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Mientras que Souichi nuevamente preparaba lo necesario para el baño del príncipe, Hiroto con insistencia interrogaba a Tetsuhiro en su estudio.

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- ¡No mientas! Algo hicieron y no exactamente practicar con los sables, yo más bien creo que ensayaron otras cosas ¿Algo para la luna de miel, plata kun? -

- ¡Que insistencia la tuya! De todos modos, aunque así hubiera sido ¡No tengo por qué contarte! y menos detalladamente como siempre quieres. Ahora hablamos de mi futuro esposo, no de simples encuentros casuales ¡Tonto! -

Hiroto desilusionado lo miro y vio la firmeza de Tetsuhiro, que no le diría nada más.

El príncipe durante el desayuno recibió la encomienda de su padre de revisar unos papeles lo antes posible y lo haría en ese mismo momento por lo que dijo a Hiroto:

- Dile a Souichi que en unos minutos estoy ahí, que ponga el agua más caliente para que no esté tibia cuando me bañe, ¡Ah! Y no se te ocurra tratar de indagar nada con el ¿Entiendes? Me costó mucho lograr que...

Antes de meter la pata por una indiscreción se detuvo y solo agrego:

- Nada, solo has lo que digo -

Con cara de niño regañado Hiroto fue hacia la habitación del príncipe pensando:

● ¿Que quería decir que le costó mucho ?●

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Hiroto vio que Souichi aún estaba ocupado sacando ropa para ayudarle a vestirse al hijo del monarca. Víctima de su enorme curiosidad, ignorando la advertencia de Tetsuhiro trato de averiguar qué es lo que hicieron en el domo además de entrenar.

Pero Hiroto de naturaleza era curioso y los gestos que hacía para hablar, dejaban ver que su mente ya había imaginado las cosas a su modo y tal vez hasta las había recreado.

- Souichi sama ¿Le fue bien durante el entrenamiento? ¿No fue muy bruto el príncipe? -

Esas dos preguntas inquietaron un poco al rubio, que de por si le estaba costando mucho trabajo quitarse de la cabeza la imagen del príncipe haciéndole todo lo que le hizo. Ahora esto provoco que se enrojeciera, pues los cuestionamientos parecían llevar una doble intención; ¿Que si le fue bien en el entrenamiento? Y el flash en su mente al sentir todas aquellas maravillosas sensaciones ante el contacto de los labios y lengua de Tetsuhiro devorando su pene.

¿Que si no fue muy bruto el príncipe? ¡Claro que lo había sido! ¿Cómo hacerle aquello cuando se supone que son dos hombres? Y peor que no le dio la mínima oportunidad de escapar, los latigazos de descargas eléctricas que sentía ante cada chupeteo, ante cada jugueteo en su glande y el masaje que recibía en los testículos ¡Le parecieron más que brutales!

Los segundos de silencio en los que recordaba todo eso, más el sonrojo en el rostro de Souichi; provocaron un sonrisilla maliciosa en el rostro de Hiroto, el rubio ingenuamente le había respondido las preguntas sin la necesidad de contestar una sola palabra.

Souichi quien lo miro comprendiendo que el solo se estaba poniendo en evidencia, cuestiono:

- ¿Que con esa sonrisa? ¿Que se supone que esta pensan...

- No, no es nada. Pero, entonces... El príncipe debe ser maravilloso entrenando ¿No? -

¡Otra vez la insinuación!

- Bueno, sí. Es bastante hábil -

Al ver el rostro de Hiroto y como levantaba la ceja izquierda y a la vez rosaba su barbilla con sus dedos. Souichi finalmente entendió que aquel joven estaba fabricando su propio teatro.

- ¿Eh? ¿Qué es lo que esta imaginando? ¡Yo hablaba del entrenamiento!-

Hiroto retomando su rostro cotidiano, pero conservando una sonrisa, contesto:

- Yo también..., también hablaba del entrenamiento. Si no ¿De qué más? -

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Tetsuhiro entro a su habitación y los miro a ambos, el silencio incómodo y el rostro sonrojado de Souichi y el hecho de que evitaba mirarlo a la cara, lo altero un poco. Volteo en dirección de su amigo y regreso una mirada molesta a Hiroto, este de inmediato comprendió que había sido descubierto. Antes de que el príncipe estallara en cólera, el siervo fiel de este huyo contoneando coqueto las caderas y satisfecho de su trabajo.

- Si no se le ofrece nada más su majestad, iré a preparar el baño de Tatsumi sama -

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Los días se iban tan rápido para el príncipe, faltaban dos días para la boda de su hermano y Masaky.

Los intentos de acercamiento con Souichi, le estaban costando a su parecer mucho. Como príncipe lo más viable era que la gente deseara estar cerca de él y complacerlo, pero su apuesto prometido hacia todo lo posible por esquivarlo.

Dos días después de entrenar, Morinaga le pidió a Souichi que fueran a practicar con el sable nuevamente y el rubio cuestiono muy a la defensiva:

- Pero, solo entrenaremos ¿Verdad?... Porque si está planeando otra cosa...

El príncipe ante aquella desconfianza, tuvo que prometerle que así seria y que no se cobraría nada esta vez si Souichi nuevamente perdía. Porque, por supuesto que perdería una vez más.

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Mansión Tatsumi.

Desde la llegada de Hanna san a su amado hogar, todo parecía al principio alegría. Las muestras de afecto, el hablar largas horas de lo que habían hecho durante aquellos años sin verse; era como volver a conocerse. La mujer claramente notaba la diferencia que ahora implicaba hablar con hijos adolescentes, que cuando eran niños, eso era muy fácil.

Y ahora cuando su madre trataba de hablar más, saber de sus emociones y deseos a futuro. Hanna comenzó a darse cuenta que el ánimo de su hija adolescente variaba constantemente, podía estar feliz en un momento y contestarle tranquilamente y de pronto reaccionar mal por cualquier cosa pequeña. Sin duda sus emociones eran tan inciertas como cuando subes a una montaña rusa y de repente estas arriba, descendiendo drásticamente en cualquier segundo.

Intento charlar con Kanako y saber que era lo que le preocupaba y la mantenía tan aprensiva. La jovencita a pesar de estar contenta con el regreso de su madre, aun le costaba trabajo acostumbrarse a ella; para la chica era Souichi a quien podía recurrir en cualquier situación. Conocía a su hermano y sabía que en un principio reaccionaba molesto e iracundo cuando algo malo pasaba, pero después de tranquilizarse siempre trataba de consolarla y buscar alguna solución juntos a sus inquietudes o problemas.

Hanna san no desistió de saber que sucedía, intento que Reiko san le contara algo, pero también desviaba el tema cuando esta preguntaba. Y Tomoe solo le comento que tal vez estaba aún asustada por que una noche unos ladrones entraron asustándolos mucho, pero el joven dijo a su madre que solo a él es a quien habían dañado golpeándolo severamente. Fue entonces que se enteró que aquello sucedió la noche en que Souichi y ella se encontraron con la ayuda de Tetsuhiro.

Reiko san no quería decir nada si la adolecente no lo deseaba y por eso dijo a Hanna san:

- Tal vez si la lleva al palacio a ver a Soukun o el viene, ella se anime a hablar con él; pues desde que usted fue llevada al castillo ella a quien le tiene mucho respeto y confianza es a él. Pero no se sienta mal, con el tiempo todo volverá a ser como antes entre usted y sus hijos -

Eso es lo que Hanna san deseaba más que nada en el mundo, no solo tener la misma relación con sus hijos; si no que su esposo también estuviera de vuelta en casa. Ella no era una mujer débil y se esforzaría para que su hogar volviera a ser eso, un hogar.

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Castillo de plata.

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El mensaje de su madre tomo por sorpresa a Souichi, la única forma de comunicación aún era el que mensajeros llevaran cartas a sus destinatarios; las redes de los satélites todavía no estaban al alcance de la mayoría. La familia real con trabajos podía tener acceso a este tipo de comunicación y no todo el tiempo, Japón todavía necesitaba tiempo para recuperarse de esa enorme catástrofe.

El mensaje que leía Souichi en una carta procedente de su madre, decía:

● Pídele al príncipe Tetsuhiro que te permita venir a casa, necesito hablar un poco contigo, son asuntos muy delicados que tienen que ver con tus hermanos. Y ellos también quieren verte, yo misma quiero verte. Si, ya sé que la boda es pasando mañana, pero me gustaría verte hoy mismo. Con amor tu madre, Hanna. ●

Souichi reacio de solicitar algo al príncipe y más porque la noche anterior casi lo golpea ante el atrevimiento de Tetsuhiro al tratar de atraerlo hacia el mientras le ayudaba a ponerse el pijama. Fue a buscarlo para hablar con él, pero no sabía cómo pedirle algo. Estaba bastante acostumbrado a hacer lo que le viniera en gana.

No veía al joven monarca, parecía que no estaba por ningún lado y tampoco Hiroto. Un vigilante lo paso a la oficina donde el príncipe trabajaba, para que esperara a este. Tetsuhiro que había recibido asignaciones de mucho trabajo en la reunión con su padre, no estaba de ánimos para ver a nadie; o al menos a casi nadie. Sabía que estaría muy ocupado y sería casi imposible pasar tiempo con su prometido.

El guardia que fue a buscarlo le puso al tanto de que su prometido lo buscaba para hablar con él. Tetsuhiro se asombró, en los días que Souichi había estado ahi, nunca lo había ido a buscar o tratado de verlo en algún momento. A parte de las comidas, solo se veían cuando el príncipe lo llamaba o de antemano le avisaba que lo necesitaría para que le ayudara en cierta labor ante el supuesto brazo lastimado. Y no faltaban los momentos en los que desde su balcón, lo veía caminando al lado de los perros que ya se habían vuelto sus grandes mascotas o lo miraba leyendo en alguna de las bancas y a esos enormes animales recostados a su alrededor.

Esas escenas lo hacían sentir vivo en el corazón, esos perros eran difíciles de conquistar; de hecho hasta donde recordaba aun eran fieros con muchos de los servidores del castillo. Pero Souichi en pocos días ya los había domado. Una sonrisa se asomó de sus labios al pensar eso, el joven rubio y apuesto debía tener un buen corazón, algo que trasmitía a aquellos animales.

Cuando llego a su oficina y lo vio relajado sentado en un sillón, con los ojos cerrados, hizo un poco de ruido para no asustarlo y entonces hablo:

- Me dice el guardia que me buscabas para decirme algo importante, cosa rara ya que tú sueles huir de mí y la última vez...

- ¡Ni lo mencione! La última vez usted tuvo la culpa, yo, ¡Yo no soy gay! ¿Cómo espera que actuara como desea de la noche a la mañana? -

- No, yo no espero que así sea; entiendo que te tomara tiempo. Que tal vez te resulte hasta repulsivo, pero, también comprende que mi paciencia tiene un límite; que en poco más de una semana serás mi esposo y yo a diferencia de ti, si te deseo, te deseo demasiado y me gustas. No solo físicamente, también en todos los demás aspectos. Como hablas, como caminas, tu mirada, tus breves sonrisas y mentiría si digo que antes no vivía o que mi mundo era completamente gris, pero desde que tú estás aquí, todo está más lleno de colores.

Sé que parece que lo que te pido parece tan imposible para ti, como también parece imposible el mismo hecho de que desee que tú también lo quieras -

Souichi estaba sorprendido ante aquella franqueza de expresión en el príncipe, sus ojos miel se encontraban con aquellos ojos oscuros y profundos que lo miraban de una manera que reafirmaban lo dicho por aquellos carnosos y masculinos labios. ¿Qué contestar ante semejante declaración?

- Sé que mi padre acepto este pacto y alianza con el rey, pero usted también debe entender que de esto; no se me tomo en cuenta. Que estoy molesto, si, muy molesto; tanto con mi padre como conmigo mismo. Porque sé que usted en realidad es una persona que se preocupa por los demás, eso me lo ha dicho mi madre, y también me ha dicho que es diferente a los que viven aquí en el castillo y que usted ha ordenado que sigan cuidando de mi familia aun si yo no llegara a sentir algo para con su persona.

Y la molestia que siento conmigo, es porque no puedo contradecir nada de eso-

Tetsuhiro estaba muy complacido ante esa efusiva muestra de sinceridad, si, sinceridad que Soiuchi le mostraba y también notaba que le costaba un enorme esfuerzo abrirse así ante él.

- Te prometo que tendré la máxima paciencia posible, que me esforzare porque lo que se dé entre nosotros no sea como un sentido de obligación para ti, una obligación que impuso tu padre y mi padre. Que lo que lleguemos a hacer en la intimidad, hará que tu cuerpo se sienta bien; como esa ocasión en el domo ¿Lo recuerdas? -

Parecía que el príncipe se empeñaba en hacer que Souichi no se olvidara de aquel suceso y claro el mismo Tetsuhiro lo recordaba constantemente.

- ¡No necesita estármelo diciendo todo el tiempo! Aunque quisiera ¿Así como voy a olvidarlo? -

- Por eso mismo lo digo, porque no quiero que lo olvides y...Creo que he sido demasiado comprensivo porque tengo en cuenta que nunca has siquiera pensado en la posibilidad de tener por pareja a un hombre, pero si siempre me rechazas, si me detienes cuando yo quiero dar un paso adelante, si frutas todos mis intentos; terminare por perder la poca paciencia que aún me queda...

- ¡Ya está bien! De momento no deseo hablar más de eso. Regresemos a lo que quiero pedirle -

Tetsuhiro estuvo a punto de reprenderlo, pero sabía que tenía que ganarse su amor y no lo lograría si el mismo actuaba igual que Souichi.

- Te escucho -

- Necesito ir con mi familia, mi madre me pide hablar de algo que es importante y que no me aclaro de que se trata -

- Pero la boda de mi hermano es en unos días ¿Es tan urgente que no puede esperar a verte hasta ese día? -

- Lo es, de otra manera no insistiría y yo no estaría aquí pidiéndoselo -

No muy convencido y mucho menos contento, el príncipe concedió su petición, pero como siempre; no permitiría que fuese solo.

- Te acompañara Hiroto y dos guardias más, el camino sigue siendo peligroso a pesar de ya haber encerrado a varios malhechores y asesinos -

- ¡Eh! -

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Algo atrevido el príncipe en el domo ¿No creen? Pero creo que hasta ahora se ha portado bastante bien.

Pueden comentar lo que deseen. Saludos!

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