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El Samezuka, Tú, y Yo

Disclaimer: personajes no son míos
Advertencia: intento de Rintori


Capítulo 7
El Samezuka

Momotarou se comía los dedos. Los chicos de primero, congregados tras los poyetes, parecían arder de la emoción contenida. Y los de segundo y tercero no daban crédito a sus ojos.

—Es imposible. —Uozumi no podía quitar los ojos de la piscina. Minami , con la boca ligeramente abierta, comprobaba el tiempo en su cronómetro cada cinco segundos.

Nitori sobrepasaba a Iwashimizu en los últimos 25 metros con una facilidad que hace un mes no poseía, decidiéndose así una victoria que se creía imposible. Los kohai estallaron en alabanzas. Con sus sesenta y poco metros, su asma, y la torpeza, Nitori-senpai se convirtió por un momento, en el héroe de una película épica. Así es la mentalidad de los novatos de provincia, claro.

—Maldito, lo has logrado —Iwashimizu, con el poco aire que le quedaba en los pulmones, le dio un golpe a Nitori en la espalda, asomó medio cuerpo fuera de la piscina, y le arrebató el cronómetro a Minami. Sus cejas se alzaron del asombro—. ¡Y has marcado un record! Nitori-kun, ha sido genial. Mis respetos.

Y le propinó otro manotazo en la espalda.

Momotarou giró su cabeza y, al igual que yo, fue testigo de cómo Rin cerraba los ojos y una sonrisa asomaba por sus labios. Momo intercambió una mirada de complicidad conmigo, y luego, posiblemente alentado por el triunfo de su senpai, apuntó a Uozumi con el índice y dijo con voz socarrona:

—¡Y ahora es mi turno de hacerte morder el polvo! ¡Uocchi-senpai!

—¡Uocchi—senpai será quien te deje atrás! ¡Miko-chan! —saltó Minami antes de darle a Uozumi tiempo de responder.

Uozumi rodó los ojos y se colocó la goma en la cabeza. Él y Momo se sumergieron en el agua al mismo tiempo, y esperaron la señal de salida.

Un silbato.

Tal vez fue una de las carreras más emocionantes y peleadas del Samezuka. Después de enfrentarme por el tema de Gou, Momotarou parecía que se había quitado un peso de encima, y Uozumi también estaba al cien, porque dio una buena pelea. Era imposible saber quién ganaría antes de los últimos cinco metros, y se tuvieron que hacer tres repeticiones porque los dedos sudorosos de Minami no apretaban bien los botones del cronómetro.

—No sirves para nada —espetó Rin a Minami mostrando todos sus dientes. Le arrebató el cronómetro y me lo arrojó—. Intégrate un poco al equipo y encárgate de tomar los tiempos.

Dicen que la carrera de mariposa también fue emocionante, porque competimos Rin y yo. Y gané, también por muy poco, pero en la noche, con el hombro palpitando y un dolor que comenzaba a expandirse, dejó de sentirse como una victoria.

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Las indicaciones de Rin fueron claras y precisas:

Uno: «no quiero que trasnochen porque mañana el bus que nos llevará a la capital de la prefectura saldrá temprano». Como era de esperarse, los de segundo y tercero organizaron una fiesta en el pasillo. El propio Rin volvió a la habitación a las tres de la mañana, repasando el contorno de sus labios con sus dedos largos. Era mejor no preguntarle qué había hecho.

Dos: «el bus se irá directo a la capital, y no pararemos en ninguna gasolinera, así que vayan al baño antes de partir». Nos detuvimos en tres estaciones de servicio. La vejiga de algunos (Momo) es ínfima.

Tres: «la cena corre por cuenta de la academia. Pero eso no implica que pueden llenarse el estómago hasta reventar. Sean moderados y cuiden el presupuesto de la escuela». Y por ello, todos comimos lo que quisimos.

—Mis padres desembolsan un kilo en matrícula. Mínimo que nos cubran una cena decente, si estamos representando los colores de la escuela —dijo Minami llenando su plato de frutas de todo tipo.

—Me confiscaron la DS y no me la piensan devolver porque «debería poner atención en clases», patrañas —alegó Nakagawa picando de todo un poco.

—Esto es por el pésimo wifi. —Momo se zampó una docena de camarones— Y esto otro por no contratar a ninguna profesora bonita —y casi se atraganta con el calamar, pero logró hacerlo pasar por el esófago.

Pero la última indicación de Rin, de reunirnos todos en la recepción del hotel en que nos alojábamos luego de la cena, fue obedecida a cabalidad, y a las nueve en punto, estaban todos dispuestos en fila para escuchar al capitán. Rin se paró al frente, sacó un papel doblado de su bolsillo, y leyó el orden de las competencias, los carriles que se les asignó a cada uno, y por último, quienes conformarían los equipos en los relevos de libre y estilos.

—Brazada de pecho, Nitori Aiichirou —dijo Rin.

Un murmullo recorrió toda la recepción.

También me enorgullecía por Nitori. Pero…

—Estilo mariposa, Yamazaki Sousuke.

¿Y qué pasaba si mi rendimiento era un fiasco tal que por mi culpa el equipo perdía? Mi hombro no había dejado de doler. Si no lograba aguantar hasta el medley, entonces esta sería la última vez que Rin y Ai nadarían juntos.

¿Qué cosas? Que llamara «Ai» a Nitori era una mala señal. Las lesiones me deprimen, esa es la verdad. Y por ello salí en la noche a dar una vuelta por la ciudad. A desconectar y olvidar que en unas cuantas horas, varias cosas cambiarían. También fue mala suerte encontrarme con Nanase en el ascensor. Y él lo sabía. Kisumi no conoce el filtro.

Si el parco de Nanase parecía preocupado, no quería imaginar el rostro de Rin cuando se enterase de todo. Últimamente se le veía tan feliz.

Cuando volví al hotel y escuché una carcajada proveniente de la habitación que compartía con Rin, me sentí todavía peor. Abrí la puerta con cuidado y asomé la cabeza. Rin y Aiichirou estaban tumbados en cama de Rin, mientras miraban una película que pasaban por el cable. La risa entrecortada de Aiichirou era tan contagiosa que no pude evitar esbozar una sonrisa.

—¡Eh! ¡Sousuke! —saludó Rin retirando el brazo con el que rodeaba a Nitori—. ¿Dónde has estado?

Mientras me quitaba la ropa y revolvía en la maleta buscando la polera que usaba por pijamas, le respondí un escueto «afuera». Y cuando Rin me preguntó si es que había visto a Nanase, omití la parte del ascensor porque no era necesario hablar de ello.

Nitori observó a Rin.

—Fui a verlo a su habitación pero Makoto dijo que salió a dar una vuelta. Solo quería saber si estaba en condiciones para mañana —explicó Rin a la pregunta que Nitori no había formulado—. Mañana habrán muchos reclutadores, pero Haru no parece que se esté tomando las cosas en serio. Huye. Debería dedicarse a la natación, pero… ¿Te molesta?

—No —dijo Nitori. Me pareció una respuesta sincera—. Me gusta cuando tratas de ayudar a otros.

Rin se incorporó y observó a Nitori fijamente.

—¿Y tú qué? ¿Has pensado qué harás cuando te gradúes?

—De hecho sí. —Los dedos de Nitori caminaron por su vientre. Pero pese a su actitud desganada, sus ojos se mostraban seguros— Usted cree que soy un desordenado y que tengo un problema solo porque soy incapaz de deshacerme de las cosas.

—Es un problema.

—Pero ya se lo dije —continuó Nitori haciendo caso omiso—, no es que sea una persona que acumule porque sí, es solo que sé reconocer y apreciar el valor incalculable que reside en los objetos.

—Excusas.

—Y gracias a esa habilidad, he encontrado la profesión perfecta para mí.

—¿Recolector de basura?

—¡Arqueología! —corrigió Aiichirou.

—¿Arqueo…? —después de un momento de duda, Rin cerró los ojos y pareció sereno—. Me alegro por ti.

—Tú seguirás nadando ¿cierto?

Rin solo le observó.

Se sostuvieron la mirada por largo rato.

La piel de Nitori es blanca y su cabello no se alborota ni aunque quisiera. La piel de Rin es áspera y bronceada, y su cabello mal atado es el más desordenado. A Nitori le encantan los dulces, a Rin la carne roja y los mariscos. Nitori se sienta al lado de desconocidos y les conversa mientras sus pies se balancean sin tocar el suelo. Rin se sube los audífonos y finge que no hay nadie a su lado.

Rin y Nitori parecían ser contraste en muchos sentidos.

Y sin embargo, se observaron por más de diez minutos.

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Luego de ver cómo Rin y Nitori se escabullían al baño, Momo y yo nos miramos por tres segundos para luego huir hacia nuestros respectivos dormitorios. Las imágenes mentales eran algo difícil de ignorar, y mil preguntas estallaron en mi mente en ese momento.

Pero cuando volvió Rin, fui incapaz de sacar el tema. Yo que no tengo pelos en la lengua, no sabía cómo abordarlo. Si se hubiese tratado de una chica, le habría dicho algo sin respeto y maleducado, algo cómo «¿y qué tal el carburador de esa zorra pervertida?», y después le habría exigido que no se cortara y contase los detalles. Así nos comportábamos todos en Tokio.

Pero no quería saber qué es lo que pueden llegar a hacer dos hombres en un cubículo de baño. No, gracias.

Por eso agradecí que Rin no me hablase de su relación con Nitori. Y no me sentí un mal amigo por tratar de mantener la distancia de esa pareja. Pero una parte dentro de mí, esa que es la más egoísta y retorcida, se sentía desplazado por ese chico Aiichirou y no entendía por qué Rin no confiaba en mí y me mantenía al margen de sus problemas.

Porque había algo extraño en su relación con Aiichirou. Lo notaba. Lo sentía. Y sin embargo, no lo entendía.

Una vez que la película la película que Rin y Nitori veían empezó a pasar los créditos, Rin acompañó a Nitori hasta la puerta, y cuando se inclinaba sobre él, Nitori daba un paso hacia atrás y se despedía con una reverencia. Rin cerró la puerta con cuidado, observó el pomo de la puerta, y suspiró.

—Eh —le llamé con aspereza—. Mañana tienes que estar al cien.

Y bastó esa simple frase para encender a Rin. Eso porque Rin estaba seguro, que él y yo nadaríamos siempre uno al lado del otro.

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La luz de la habitación del hotel se había apagado hace una media hora. Lo último que le dije a Rin fue un «buenas noches», y Rin en respuesta se cubrió con el edredón hasta la cabeza. Una costumbre que dijo adquirió en Australia por la amenaza de los bichos nocturnos chupadores de sangre, sanguijuelas, serpientes, y cosas raras de esas.

Cuando me ponía a pensar, me daba cuenta que cada vez sabía menos de mi viejo amigo. Y que en parte, se debía a mí, quien prefería no saber. Y también, porque yo no hablaba con Rin de mis cosas. Ni del hombro, ni de Gou, o de mis años en Tokio. Me gustaría recuperar la confianza con Rin, pero no podía. Tendría que ocurrir algo catastrófico para hacerme abrir la boca.

Y ocurrió. Mi hombro se hizo añicos. Eso pasó.


Notas

Holas! Primero, gracias por todos los reviews, favs, follows, y esas cosas. Segundo, ojalá les guste este capítulo. Tercero, me compré dos libros y me siento de lo más contenta. Lo cuento para sacar pica jeje ¿o no se puede? y cuarto, haciendo cuentas, puede que vayamos por la mitad del fic ya. En una nota adicional, este fic va dedicado a todos aquellos que no saben de qué manera definir sus relaciones. Porque no todo obedece al estandar novia-novio (o novio-novio), y eso, no tiene por qué ser malo. Aunque complejo tal vez un poco.

Adieu !

Japiera Clarividencia