Primavera en París.
Capítulo 7.
Summary: Xanxus, un príncipe mafioso adolescente. Squalo, una mercancía de elevado precio en un burdel parisino que Xanxus pisa por casualidad. XS, ligero AU.
Disclaimer:Katekyo Hitman Reborn! pertenece a sus respectivos autores y propietarios de derechos: Akira Amano, Shonen Jump, Artland, TV Tokyo. Solamente lo utilizo con fines de entretenimiento, sin lucro alguno
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¡Mis sinceros agradecimientos a Misao Kurosaki, xs, Usagi Chan, Sam-Auditore, isadi 22 y Marisol !El apoyo que recibo en sus reviews me es realmente significativo! Gracias por darse un momento para escribirme! =D
Como siempre, no está de más mencionar a mi beta-reader Darka, quien es una maravilla, ¡gracias, querida!, sabes perfectamente lo histérica que soy con cada capítulo y, además, de hacer muy puntuales correcciones, sabes tranquilizarme respecto a mis temores de cada nuevo capítulo. Gracias por tu tiempo.
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Pasaba del mediodía cuando un hermoso y flamante Ferrari F430 rojo se estacionó con elegancia frente a la magnífica entrada de la residencia Cavallone, rodeada de primorosos y espaciosos jardines espectacularmente cuidados.
Enseguida, un hombre de edad madura, quien vestía un traje negro y llevaba un bigote bien arreglado, abrió la puerta del copiloto y bajó enseguida del automóvil para abrir la puerta al conductor, nada menos que el actual jefe de los Cavallone: el Potro Salvaje.
Dino vestía pulcramente, llevaba puesto un traje blanco con refinadas líneas verticales de color azul marino, igual que la camisa, y la corbata impoluta del mismo tono inmaculado que el singular atavío que remarcaba la atlética silueta del rubio con sensualidad.
- ¡Jefe! – uno de los hombres más cercanos al Potro Salvaje salió de la mansión.
- ¡Oh! Francesco – sonrió radiante el joven líder.
- ¿Qué tal fueron las negociaciones con el gobierno?, ¡Cuidaste bien de él, verdad, Romario! – el subordinado estaba angustiado por la precaria situación que su jefe se había ido a resolver muy temprano en la mañana.
Dino soltó una risa bonachona y, sonriendo radiantemente, respondió a Francesco.
- ¡Todo ha salido de maravilla! Ahora quiero quitarme esta ropa, nunca me he sentido cómodo con esta clase de cosas –
Los otros dos fueron contagiados por la actitud ligera del joven Cavallone y, mucho más relajados, acompañaron a su jefe dentro de la casa.
- Jefe – un mayordomo pidió la atención de Dino justo cuando el rubio terminaba de atarse la agujeta de su tenis derecho.
- ¿Si, Marcelo? –
- Tiene una llamada de parte del Noveno Jefe Vongola –
El Potro Salvaje frunció el ceño, bastante sorprendido. El empleado llevaba el teléfono inalámbrico en una charola de plata, entonces Dino tomó la llamada.
- Pronto –
- ¡Noveno, es un honor recibir una llamada tan inesperada de parte de usted! –
La llamada no duró demasiado, unos tres minutos durante los cuales la expresión de Dino cambió por completo de la calma al asombro y, enseguida, esto se convirtió en intriga y al final el rubio terminó totalmente conmocionado.
- Muchas gracias, Noveno, sinceramente, se lo agradezco infinitamente. Sí, me ocuparé de eso. Sí, tendré cuidado. Sí, lo mantendré informado. Pase buen día –
En cuestión de segundos el Potro Salvaje salió de la habitación corriendo y, dado que no había ningún subordinado a la vista, al llegar a las escaleras principales, cayó de bruces debido a que no ató su agujeta izquierda, y rodó dolorosamente hasta llegar a la estancia principal.
- ¡Jefe! – Romario llegó a auxiliar a su superior enseguida. – ¿Cuándo dejará de ser tan descuidado? –
- Romario, no hay tiempo – los ojos color chocolate del italiano miraron a su subordinado con una determinación única de mafioso – ¿El jet privado está disponible para viajar hoy? –
- No señor, el piloto está de vacaciones –
- Entonces tenemos que encontrar la forma de llegar a París hoy mismo –
"Romario conducía un clásico Cadillac El Dorado de sobrio color negro. En el asiento del copiloto estaba sentado un joven adolescente rubio que recién había superado la niñez. Dino vestía el uniforme de la prestigiosa academia para futuros mafioso. El lozano muchacho sonreía emocionado y es que había conseguido boletos para el festival de fuegos artificiales que se iba a llevar a cabo dentro de unos días en la histórica y hermosa ciudad de Bérgamo, relativamente cercana a Milán. Naturalmente, el joven Cavallone luchó incansablemente por conseguir lugares privilegiados para este espectacular evento con el objetivo de invitar a su entrañable amigo Squalo, del cual estaba secretamente enamorado.
Arribaron muy pronto a la residencia Superbi, enseguida se dieron cuenta de que los Gambino también visitaban a la famila, pues uno de sus característicos automóviles, casi funestos, ocupaba un lugar en el amplísimo garage de la mansión.
Dino y Romario subieron las majestuosas escaleras que los llevaban a la magnífica entrada a la casa, una gigantesca obra de arte de cedro tallado y vitrales que retrataban primorosamente a muchos dioses de la época clásica griega. Justo en ese momento, un mayordomo los esperaba servicialmente y los saludó con respeto.
- El joven amo se encuentra ocupado ahora mismo, ¿Desean esperarlo en la estancia? –
- ¡No es necesario Dominique! – vociferó Nicolo Gambino bajando las escaleras principales de caracol a prisa.
El jefe mafioso llegó en un segundo a un lado de ambos recién llegados. El hombre de cabellera castaña se estaba terminando de anudar la corbata del traje, Dino notó esto y le pareció un acto demasiado ilógico para alguien que salía de visita.
- Buona Sera, niño Cavallone – se limitó a gruñir el apático hombre antes de salir, pasando a un lado del rubio y Romario.
Dominique, el mayordomo, invitó entonces a pasar a las nuevas visitas y permitió que Dino subiera con toda libertad a los aposentos de Squalo, pues el rubio era una visita recurrente y familiar en la mansión Superbi.
El rubio incluso abrió la puerta de las habitaciones del peliplateado sin la preocupación de tocar antes de entrar.
- ¡Squalo! –
El muchacho Superbi estaba terminando de abrocharse la camisa blanca del uniforme sentado sobre la cama y cuando su mirada, totalmente escandalizada al haber escuchado que el intruso era nada menos que Dino, pasó del odio a la angustia.
- ¡Voooooooi! ¡¿Qué mierda haces aquí?!, ¡LARGO! – al principio la voz de Squalo era un chillido desesperado que al final apenas alcanzó su autoridad natural.
- ¿Qué pasa?, ¿E-eso, eso es sangre? , ¡Squalo, tu rostro!, ¿Qué te pasó? –
El rubio siguió caminando hacia el lecho de su amigo, cuyas sabanas de color blanco inmaculado estaban desechas y regadas por doquier. Lo más impactante era que el cubre-colchón estaba manchado de sangre. Squalo, por su parte, tenía el rostro golpeado; el labio y la ceja derecha los tenía partidos, sus mejillas estaban severamente enrojecidas a causa de tremendas bofetadas recientes, por no mencionar el preocupante color escarlata que tenía toda la zona alrededor de su ojo izquierdo. Sin duda un cardenal gigantesco brotaría en ese mismo lugar dentro de un par de horas.
- ¡VOOOOOOOI! –
Sin permitir que Dino avanzara ni un paso más, el peliplateado se abalanzó contra él, haciéndolo retroceder y estampándolo bestialmente contra la puerta.
- Te dije que te largaras, gusano, ¡DESAPARECE DE MI VISTA!, ¡Y no se te ocurra decir ni una palabra de lo que acabas de ver! –
El joven Cavallone se intimidó monstruosamente, jamás había percibido un aura tan asesina de parte de su amigo más querido, y Dino comenzó a temblar patéticamente, pero enseguida notó que Squalo también temblaba, pero solamente del pelvis hacia abajo, incluso sus espasmos eran más violentos que los del rubio y, definitivamente, Superbi temblaba de dolor físico.
- Squalo… –
En un segundo, el rubio fue expulsado de la habitación y durante esta pequeña e instantánea lucha, Dino pudo percibir brevemente que el peliplateado tenía una manchita de sangre en la parte trasera del pantalón a cuadros azules de la academia."
El actual jefe Cavallone despertó en pleno vuelo comercial. Estaba rodeado de subordinados, quienes lo cuidaban con recelo del resto de los comunes pasajeros. Lamentablemente el único vuelo inmediato que fueron capaces de conseguir era de línea económica y el rubio no dudó ni un segundo en tomarlo.
- Jefe, ¿Qué soñaba? –
Dino sintió su mandíbula tensa y, al abrir los ojos, un golpe de impotencia se deslizó desde su pecho hasta su estómago a causa del tormentoso recuerdo que acababa de visualizar en sueños.
- ¿Te preocupé, Vittorio? –
El subordinado asintió y no perdió de vista la manera atroz en que su líder enterró sus uñas sobre la manga de su característica chamarra verde.
- No lo puedo recordar – sonrió bonachonamente Cavallone.
Y su subordinado le perdonó la mentira sólo porque desde hacía mucho tiempo no miraba a su jefe tan trastornado.
El Noveno Jefe Vongola decidió tomar el almuerzo en compañía de su hijo Xanxus en un encantador restaurante a orillas del deslumbrante mar mediterráneo en Palermo.
Se encontraban en una terraza privada con vista al mar. Para sorpresa del padre, el moreno no quiso ordenar absolutamente nada, pues su único objetivo era la información que el Noveno estaba a punto de brindarle, quien sí pidió una sencilla sopa de tomate y delicioso pulpo a la bancarella recién pescado. Timoteo nunca era demasiado exigente a la hora de comer.
Mientras esperaba a que los alimentos fueran preparados, el jefe Vongola bebió vino de la casa, mismo que invitó a su hijo quien apenas y dio un sorbo hosco durante toda la conversación.
- ¿Por qué te interesan los Superbi si ya están extintos? –
- No del todo, viejo, sabes perfectamente quién de ellos sigue vivo –
- ¿Cuál es el objetivo de torturar a Squalo?, a mi parecer él no tiene ninguna cuenta más que rendir a la mafia –
- Explícate –
Timoteo suspiró con infinita paciencia y miró a su hijo con paternalismo exacerbado.
- Nunca te ha interesado nadie con esta intensidad, Xanxus, temo decir que me encuentro muy sorprendido por todo esto –
El dueño de la flama de la ira frunció el ceño sin ninguna intención de contestar algo ante aquella sugerencia proveniente de su padre. El líder Vongola soltó una afectuosa risa, encantado de que por primera vez en todos los años de haber convivido con su hijo, el pelinegro prestara atención a alguien a parte de sí mismo.
- Para hablarte de la decadencia de los Superbi, tengo que hablar de Nicolo Gambino, el aprendiz más apreciado de Tyr, el actual jefe del escuadrón Varia. Nicolo era un huérfano que vivió en las calles más violentas de Roma hasta la adolescencia tardía; durante una misión Tyr se cruzó en su camino por mera coincidencia y se mostró profundamente interesado en su naturaleza animal en general, así que lo acogió y lo entrenó durante cinco años, pero Nicolo nunca aceptó unirse a los Varia. El aprendiz de Tyr poseía una muy poderosa afinidad por la flama de la niebla, aunado a su envidiable técnica de espadachín; sólo era superado en el mundo por su maestro y por un genio guerrero de los Gilgio Nero. Como bien sabes, Nicolo optó por desertar de la familia Vongola y asesinó a todos sus compañeros cuando se fugó, después fue acogido en la familia Gambino, quienes estaban sedientos de poder a causa de su irremediable decadencia –
Justo en ese momento, la deliciosa sopa de tomate fue servida a Timoteo. Era fresca y muy aromática, ideal para el clima veraniego de Sicilia. El Noveno hizo una larga pausa mientras la comía con gusto, Xanxus se desesperó en cuestión de segundos y se dedicó a tamborilear los dedos sobre la mesa mientras que con la otra mano desmigajaba uno de los típicos panes focaccia (1) que habían servido a un lado. El jefe Vongola estaba hambriento, así que terminó su plato en cuestión de unos minutos.
- Los Superbi no fueron siempre una asociación mafiosa, sus raíces son tan viejas como los siglos, siempre se caracterizaron por ser un linaje de formidables guerreros de importancia histórica y de orgullo implacable. Al igual que los Vongola, la situación los llevo a unir su camino con la mafia, hasta que tres generaciones atrás hubo una administración desastrosa dentro de la familia y el resultado fue la pérdida de la mayoría de sus innumerables y ostentosos bienes materiales, la casi extinción de sus miembros de linaje puro y, lo más importante en este relato, la obtención de una deuda económica gigantesca con los Gambino, quienes los salvaron de la completa exterminación. Como era de esperarse, los Superbi nunca perdieron el elegante honor que los caracterizó siempre, ni mucho menos, esto mermó la calidad de sus brillantes guerreros –
El mesero arribó a la mesa con el pulpo listo para su deguste, pero Xanxus golpeó la mesa con el puño y bramó con ferocidad.
- ¡Ni se te ocurra servirle eso al viejo, escoria! No hasta que termine con él –
Timoteo calmó al empleado con la mirada quien se había encogido de terror ante la ferocidad del moreno.
- Ahora no, ¿Podría esperar unos minutos a qué termine de hablar con mi hijo? – pidió amablemente el Noveno, a lo que el mesero obedeció sin pensarlo dos veces.
- Bien – Timoteo carraspeó, refrescó su garganta con el vino rojo siciliano de especial sabor dulzón y continuó. – Fue cuestión de pocos años para que el cabo Nicolo alcanzara el liderazgo de la familia Gambino y, naturalmente ambicioso, buscó ubicarla como una cabeza de la mafia italiana y en su incansable avidez encontró la casi olvidada deuda de los Superbi, misma que con el paso de las generaciones y debido a los intereses alcanzó dimensiones estrafalarias. Como es obvio, el nuevo jefe buscó que fuera pagado hasta el último centavo, entonces comenzó un largo proceso de negociaciones; la desgracia comienza cuando, en una visita a sus deudores, Nicolo se topó con Leonora Superbi, una jovencita de impresionante belleza heredera del linaje milenario de la familia, y cayó enamorado de ella; en ese momento comenzó una enferma obsesión que tuvo que pagar el pobre de Squalo, hijo de Leonora –
El Noveno se dio un respiro y continuó.
- Fue tal el grado de enamoramiento que Nicolo tuvo por la joven Superbi, que juró perdonar la deuda si le entregaban a la muchacha en matrimonio. Ella aceptó sacrificarse por el honor de la familia y, unas semanas antes de la boda, ella conoció a Lucio, el próximo jefe de los Superbi; los dos se amaron a primera vista, se fugaron y se casaron. Unos años más tarde, la feliz pareja trajo al mundo a Squalo, pero Leonora murió muy pronto a causa de un cáncer terminal. Según mis fuentes de confianza, Nicolo aprovechó el doloroso duelo de Lucio, hombre al que odiaba profundamente, e hizo uso de todo el potencial de su dominio de la flama de niebla y hundió al hombre en una ilusión eterna, controlando y torturando su mente por completo y con ello, manipuló el fatal destino de la familia. Entonces, saqueó el poco tesoro familiar que quedaba y abusó sexualmente de Squalo en secreto por años. Al final, sus hombres aniquilaron a traición a toda la familia durante la víspera de Año Nuevo. Únicamente sobrevivieron parientes muy lejanos y, esencialmente, el hijo de Lucio y Leonora. Un año más tarde, Squalo se encargó de vengar a toda su familia y a él mismo, exterminando con sus propias manos a todos los Gambino; Nicolo, por supuesto, tuvo una muerte especialmente sangrienta –
Timoteo sintió un pesar muy grande dentro de él. A pesar de ser el líder de la mafia más poderosa del mundo, nunca le habían gustado esa clase de disputas que traían desgracias y sufrimientos sin sentido e innecesario derramamiento de sangre a tropel.
- ¿Y Cavallone Dino qué tiene que ver en todo esto? –
Impresionante, pensó el hombre mayor. Xanxus no había reflejado ninguna expresión especial durante el transcurso de todo el relato. Siempre temía por su hijo, quien era absolutamente inconmovible.
- Los Cavallone fueron los aliados de los Superbi por siglos y, como consecuencia, Dino fue el amigo de la infancia de Squalo. Durante el desenlace de esta desgracia, Dino se encargó de cuidarlo y protegerlo. Al final, el joven futuro jefe de los Cavallone, vino a contarme todos los detalles y a solicitarme, en nombre de la sólida alianza existente entre nuestras familias, desaparecer la identidad de su querido amigo y permitirle vivir una vida tranquila, lejos de la mafia. Yo me sorprendí de los impresionantes resultados que estaban dando los severos entrenamientos de Reborn –
- ¿Sabes que Cavallone hizo de Squalo una puta? –
El padre estaba bebiendo de su vino con calma, pero en cuánto escuchó aquel inesperado cuestionamiento, se pasó mal la bebida y le dio un ataque de tos, casi asfixia.
- No estoy enterado de los detalles posteriores a mi consentimiento a la petición de los Cavallone, Xanxus, pero dime, ¿Fue así como conociste a Squalo? – La Híper Intuición Vongola no era útil no solamente durante las batallas a muerte o en los entrenamientos.
- ¡Oye, tú, escoria! – rugió el moreno quien se puso de pie e ignoró por completo la última pregunta de su padre. – Ya puedes servirle al viejo –
- ¡Xanxus!, ¿Qué vas a hacer? –
- Voy a traer de vuelta a Italia el trasero del Guardián de la Lluvia de la Décima Generación, anciano –
Squalo acabó de comer, lavó sus platos y fue a cepillarse los dientes. Unos minutos más tarde comenzó a preparar su maleta de todos los días para ir a entrenar y, posteriormente, dirigirse a su monótono trabajo.
Pasaban ya de las cuatro, era ligeramente tarde y, a decir verdad, no había podido dormir nada bien a causa de los últimos acontecimientos en su vida que habían movido un montón de fibras sensibles dentro de su mente.
Mientras acomodaba su ropa, encontró una camisa blanca que, definitivamente, no era suya. Seguramente pertenecía a Xanxus. Inconscientemente estrujó la prenda entre sus manos y se la llevó a la nariz, aspirando con deleite el inconfundible aroma varonil y delicioso del moreno, enseguida cayó en cuenta de lo ridículo que se veía, desgarró la camisa entre sus manos y la lanzó furioso al bote de basura detrás de él.
Al acercarse las cinco de la tarde en París, el pelilargo estaba listo para salir de su departamento; se dirigió hacia la entrada y preparó sus llaves para partir. Justo cuando abrió la puerta, se topó con la última visión que imaginaría encontrar.
Dino estaba acompañado de cuatro de sus subordinados, quienes inspeccionaban el pasillo intrigados y ligeramente confundidos. Lo que vino después fue instantáneo, los ojos color chocolate del rubio se encontraron con la mirada acero del tiburón y un segundo después, el Potro Salvaje corrió hacia su entrañable amigo y lo cubrió con un afectuoso abrazo muy, muy íntimo.
A Superbi se le cayó la maleta del hombro a causa de la impresión y se dejó hacer dócilmente; sin embargo, no devolvió el abrazo al rubio.
- Voi, ¿Qué diablos estás haciendo aquí, Potro? –
- Me alegro tanto de que estés bien, Squalo, no tienes idea – Dino estaba conmocionado, no quería alejarse del pelilargo. Es más, incluso enterró sus dedos en la suave melena que cubría la nuca de su amigo y luego colocó su rostro a un costado del exquisito cuello del tiburón, inhalado la familiar y seductora esencia que tanto lo había enamorado de niño.
Inoportunamente, Xanxus apareció. Definitivamente aquella visión fue impactante para él, daba la impresión de que Cavallone estaba besando el cuello de Squalo.
Los hombres de Dino se percataron de la llegada del príncipe mafioso y, por supuesto, percibieron la atemorizante aura de asesino que desprendió el moreno al instante.
- Jefe –
Vociferaron al unísono los cuatro, llamando la atención de su joven líder. El Potro Salvaje levantó su rostro de aquella placentera calidez y sus ojos se encontraron con la figura con la que temía encontrarse tarde o temprano en el transcurso de ese lío: Xanxus. Desafiante, el rubio no se separó ni un poco del tiburón y se limitó a mirar retadoramente el rojo infierno que reflejaban aquellos ojos.
- Voi, ¿Qué pasa? –
Squalo giró su rostro y se encontró con el hombre en cuestión. Sus instintos de alarmaron y quiso apartarse con vehemencia del rubio, quien no lo permitió para nada haciendo uso de toda su fuerza física.
Xanxus comenzó a caminar hacia los íntimos italianos mientras tenía un fuero interno por no levantar las pistolas que cargaba pulcramente en sus fundas en la parte posterior de sus caderas y fulminar al perdedor Cavallone de un golpe, a decir verdad, no quería parecer una quinceañera muerta de celos.
- Potro, suéltame, por favor –
Sin poder hacer mucho por desobedecer la petición del tiburón, el rubio finalmente deshizo el contacto. La mirada dura de Superbi enfrentó al moreno con decisión.
- Creí haberte dicho que no quería volver a verte en toda mi vida, bastardo – habló Squalo desafiante.
Xanxus soltó un bufido déspota.
- Las pertenencias no le dan órdenes a sus dueños, basura, te dije que volvería cuando me viniera en gana. Voy a llevarte de regreso a Italia conmigo aunque sea a la fuerza, tiburón de mierda –
(1) focaccia: Pan italiano hecho con una masa similar a la que se utiliza para cocinar pizza; normalmente se condimenta con aceite de oliva, hierbas aromáticas y especias.
Siempre estoy abierta a cualquier clase de comentario de cualquier índole relacionado con este relato, no duden en enviarme sus dudas, críticas o sugerencias.
Continuará
