Respuestas a reviews:

Bakaa-chan: Me alegro mucho que te haya gustado y bueno, finalmente parecen aceptar sus sentimientos el uno por el otro.. :DD gracias por el review!

Maka-Chan Evans: *se apresura con la historia* jajajaja no te preocupes, te dejo entrar en mi casa cuando quieras.. XDD y me alegro que te esté gustando este fic, es de capítulos cortos solo para hacerte esperar jajajaja mentiras. Gracias por el review y por leer esta chingona historia.. XDD

nEpEtA-lOvE: Sí, un Ciel algo experimentado "mentalmente" supongo, pues, seguramente en su imaginación ese encuentro con Sebastián se había dado ya varias veces jajajaja.. y lo tenía todo ya calculado.. XDD Gracias por el review! :DD

mina-sama12: Desde donde se mire tiene cara de planeado, ¿verdad? Pareciera que Sebastián quería "relajar" al pequeño Ciel. jajaja.. Y, bueno fue así porque aún es muy poco tiempo el que llevan juntos y, si ves, son personajes un tanto cuadrados al estilo de la sociedad de antes.. XDD Gracias por el review! :DD

plop: Has dicho bien, jajaja se armó la gorda. Y es que si parece planeado por Sebastián, pero, quizás sí se le salió de las manos lo que pasó al final de cuentas. jajaja hay que tener cuidado cuando se bebe.. XDD Gracias por el review! :DD


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Ciel se detuvo frente al espejo por segunda vez. Quería causar una buena impresión en Sebastián. "¡Ah!", una punzada en la parte baja de la espalda le recordó que anoche las cosas no había transcurrido bajo la misma rutina de siempre.

Sin embargo, le había extrañado la ausencia del mayor cuando despertó. Además, ¿cómo había llegado a la cama? Hasta donde recordaba, ambos estaban en el suelo. Una idea iluminó su mente entonces, Sebastián le había levantado y colocado en la cama. Sebastián le amaba y, él... ¿también le amaba?

Se había arreglado dándole vueltas a la pregunta. Cuestiónandose así mismo sobre situaciones que él creía podían sobreponerse solo cuando se está enamorado.

"¿Besaría a Sebastián si no fuera apuesto?", fue una de ellas; seguido por "¿me gustaría hacerle el amor estando sobrio?". Y la más importante, "¿le querría conmigo aunque fuera pobre o viejo?". Mas no importó lo que se preguntara, siempre respondió que sí. El pelinegro no era solo un capricho pasajero para él, a pesar de todo lo que le había echo pasar antes. "Te amo Sebastián", musitó.

-Joven Phantomhive, - El sonido de la voz de James atravesó la puerta. - el desayuno esta servido.

Ciel sujetó su cabeza con ambas manos. Aún podía sentir los efectos de la resaca que le había provocado el whiskey. No tenía hambre tampoco, pero debía ir y ver a Sebastián de frente. Otrora, se habría quedado en la cama, abrazado a su pecho, respirando el suave aroma maderoso de su colonia. - Enseguida bajo, James.

Descendió las escaleras con rapidez y llegó al comedor. Sintió un dolor en el estómago cuando estuvo frente a Sebastián; aún cuando éste no le estuviera prestando ni la más mínima atención pues, su mirada estaba clavada en una hoja que parecía ser una carta.

-Buenos días, Seb...

-Buenos días, joven Phantomhive. - Le interrumpió el mayor con voz recia, azotando la carta contra la mesa de cedro. El menor se quedó perplejo. La mirada que le lanzó Sebastián le dejó saber que lo de la otra noche no había sido nada más que un desahogo para él.

-Buenos días, señor Michaelis. - Respondió Ciel, devolviendo la vista al plato. Y ninguno de los dos pronunció palabra durante la comida. Al final, Ciel se había levantado de la mesa. - Con su permiso. - Articuló con dificultad, intentando controlar la ira que lo embargaba.

-No se aleje demasiado, joven Phantomhive. - Musitó Sebastián fingiendo disfrutar de su plato de fruta y, no del dolor que sabía, estaba provocando a Ciel. - Quiero verle en mi despacho después.

-Seguro, señor Michaelis. - En su interior deseaba gritarle que era un estúpido por hacerle esto pero, eso desepcionaría a su padre; sobre todo si llegaba a preguntarle el porqué de su violenta reacción hacia aquel "bondadoso ser". "Estoy enamorado de él, padre", no, definitivamente no era una respuesta aceptable.

Fue a la biblioteca y tomó un libro cualquiera. No pensaba leerlo, tan solo quería hojear algo mientras tenía que encontrarse con él otra vez. Bajó la vista hacia el objeto, debía ser un libro acerca de Yorkshire pues, podía reconocer en él algunos lugares por los que había pasado durante el trayecto en carruaje a su llegada.

-Joven Ciel, - Marie le despertó de su verde ensoñación. Él le respondió con una mirada. - el señor Michaelis le espera en su despacho. - El muchacho asintió y se encaminó al lugar indicado.

Sebastián estaba sentado detrás de su escritorio como siempre. - ¿Me ha llamado? - Preguntó desde la puerta.

-Sí, me gustaría que continuara hablándome sobre la idea de la charcutería. Me ha interesado mucho. - En otra situación Ciel le habría sonreído. Después de todo, su "modelo a seguir" deseaba llevar a cabo una de sus ideas. Pero ahora no. -Sí, la charcutería.

El pelinegro le indicó con un movimiento que tomara asiento. Ciel lo observó por un momento, ¿cómo podía alguien tan despreciable lucir tan perfecto? Ironías de la vida.

-Puedes retirarte, James. - Indicó Sebastián al mayordomo, quien terminó de servir el té deprisa y salió, cerrando la puerta tras de sí. Observó al muchacho de reojo y le pareció graciosa su expresión decaída. - Le mostraré algo, joven. - Se levantó de la silla y caminó hacia una cómoda que se encontraba detrás de Ciel.

Fingió abrirla y volvió la cabeza para dar un vistazo al ojiazul. Ni siquiera se había inmutado. - Ciel... - Susurró al oído de éste y pudo sentir como el calor se apoderó del cuerpo del menor. - ¿no quieres darte la vuelta y ayudarme a buscar lo que quiero mostrarte?

Ciel se quedó impávido. "¡No!", se dijo "otra vez está jugando conmigo, aún está vengándose de lo que Adela le..." Su reflexión fue interrumpida por los labios de Sebastián besando su cuello suavemente. - No creas que he olvidado lo que sucedió. - Los brazos del pelinegro le rodearon y sintió como si su cuerpo estuviera a punto de derretirse.

-Sebastián... - Musitó Ciel, embelesado hasta que la cordura le dio una bofetada y lo volvió a la realidad. - ¡Basta! - Se liberó de los brazos del pelinegro y se puso de pie, girándose para verle de frente. - ¿Por qué me has ignorado frente a todos los sirvientes?

-Ciel, te lo ruego, trata de comprenderme... - Los pasos del mayor se aproximaron al muchacho, quien no pudo retroceder más y acabó por apoyar las manos en la orilla del escritorio. - Ellos no entenderían jamás lo que sucede entre nosotros.

El joven cerró los ojos, volteando el rostro hacia un lado. Quería creerle, con todo su corazón deseaba darle la razón. - Sí, ellos no deben saberlo. - Respondió finalmente, volviendo el rostro y mordiéndo sus labios al sentir el calor del cuerpo de Sebastián cerca del suyo.

-Entonces, ¿me perdonarás? - Preguntó el pelinegro, rodeando a Ciel por la cintura con ambos brazos. El joven asintió mas no consiguió resistirse más y, tomando el rostro de Sebastián en sus manos, lo besó apasionadamente.

El pelinegro le obligó a recargarse contra el escritorio mientras le besaba con fiereza y, el ojiazul le dejó hacer su voluntad, dedicado solamente a devolver el cálido beso a esos labios que lo hipnotizaban.

La mano de Ciel recorrió el escritorio buscando algo a qué aferrarse y chocó con la carta. - ¿Qué es esto? - Preguntó sin querer.

-No... no es nada. - Dijo nervioso, arrancando la carta de la manos del ojiazul y arrugándola antes de lanzarla al piso. - Nada importante. - Recalcó, volviendo a lo suyo.

"Vanessa Farrington", repitió Ciel mentalmente, recordando el nombre que había visto en el sobre.

-¿Quieres una bebida? - La voz aterciopelada de Sebastián lo devolvió a su ensoñación. Pasó saliva, recorriendo el cuerpo del mayor con una mano hasta topar con su entrepierna. - Lo siento, no he podido evitarlo. - Añadió el pelinegro.

-No lo evites. - Los ojos de Ciel se tornaron entonces más adultos, lujuriosos y, deseosos de experimentar. A Sebastián lo estremeció aquella mirada. No creía que un joven que no alcanzaba siquiera los dieciséis años pudiera provocarle aquello.

El joven le empujó, obligándole a caer en la silla mientras el se arrodillaba quedando en medio de sus piernas. - Sí, después de todo hay una bebida que quiero probar.