Capítulo VI
Helga al inicio no sabía que estaba ocurriendo. Ni siquiera en qué momento se había quedado dormida. En su vida se había imaginado que pudiese preocuparse tanto por problemas de otras personas ¿Acaso Arnold la estaba influenciando de alguna manera? Lo que estaba segura, por la manera en que el sol estaba colándose por entre las cortinas, es que apenas había dormido unas pocas horas, pero el sonido de la casa, ya extremadamente activa, no le permitía volver con el tan seductor y acaparador Morfeo. Era casi instintivo, como un pulso que la jalaba a levantarse de golpe y mirar hacia el armario para cambiarse.
Porque estaba en la casa del Almirante. Ella necesitaba prepararse.
- ¿Buenos días…? –murmuró Arnold, rascándose la cabeza, aunque la chica pudo jurar que las ojeras que él tenía no deberían ser tan obvias.
- Necesito… -Helga apoyó su pie sobre la cama y se impulsó hacia afuera, intentando saltar sobre Arnold.
Y lográndolo a medias. Porque, si, logró saltar encima de él, pero su pie se apoyó en el borde de la cama, sobre las sábanas, haciéndola deslizarse y salir impulsada hacia adelante. Mientras Helga se golpeaba la mandíbula en el suelo y se mordía la lengua en el acto, pudo jurar que… Así debía saludar Supergirl a la mañana.
¡Y a quién le dijera lo contrario lo mataría!
- ¿Estás bien? –preguntó el chico, lanzándose de la cama e increíblemente lográndolo con mejor estilo, cayendo junto a ella, arrodillándose a su altura y ayudándola a incorporarse ¿Desde cuándo la grácil criatura era él y no ella? Maldita sea…
- Egto… -la chica se detuvo y frunció el ceño mientras abría y cerraba la boca, chasqueando la lengua.
…y una gota de sangre cayó en la mejilla de Arnold.
- Megda… -masculló, frunciendo el ceño.
- Te mordiste la lengua. –comentó él, sabiendo que ni un "disculpa" saldría de esa boca carmesí pintada de sangre.
- Nogh…. –dijo ella sarcástica, tocándose la lengua con los dedos de la manera menos femenina posible y confirmando que si… eso era sangre- Tego quegh vegtidme –lo empujó a un lado y se incorporó.
- ¿Tienes que vestirte? –preguntó él, esperando haber adivinado bien, Helga asintió- ¿Para qué?
- Egtrenamiegto. –fue todo lo que dijo ella, mientras se metía en unos pantalones deportivos rosa y un top blanco, recogiéndose el cabello a la maldita sea.
- Pero tu lengua…
- Agh dabo cogh mi legua. –mascullo ella, sin sonar tan amenazante como hubiese deseado. Porque eso estaba muy lejos de ser "Al diablo con mi lengua".
Helga tragó, sintiendo el sabor a metal oxidado. Aunque también pensó que ella no era el tipo de persona que se la pasaba dándole lamidas a los metales, así que ¿Cómo iba a saber que la sangre sabía a eso? En realidad era casi irónica esa referencia viniendo de ella. Pero eso no importaba porque ya eran las siete de la mañana, sus divagaciones penas le daban tiempo.
Así que salió de la habitación, sintiendo a sus espaldas a Arnold vistiéndose apresuradamente. Por supuesto, él no quería ir en bóxer por casa ajena. Aunque sería extremadamente gracioso ver la cara del Almirante si lo veía así. Lamentablemente la decencia pudo más que la curiosidad de Helga y caminó hacia la puerta del frente, abriéndola repentinamente.
El cuarto de Gretel tenía paredes color carmesí y blanco, su cama era principesca, con sus propias cortinas que cerraba a la hora de dormir y estaba llena de libreros con películas, videojuegos, historietas y libros, centrados todos en el tema de horror.
Porque cuando pensaba en casaba, pensaba en gritar. Por supuesto…
Pero eso no era lo destacable en la habitación. No, había un durmiente Will a los pies de la cama, en un colchón inflable y a una Gretel sentada en el borde de la cama, con un camisón negro de tirantes, mirando al pelirrojo fijamente, en silencio, mientras Lila aun dormía. La alemana observó a su prima y fue obvio que tampoco ella había dormido. Y Helga solo esperaba que no hubiese estado en vela mirando a Will, porque si no eso volvería a la locura algo de familia y no un caso aislado.
- ¿Egtregnar? –preguntó Helga en un sonido áspero que logró arrancarle una sonrisa a su prima.
- Me alegra tanto ver que Supergirl nos sigue visitando. –comentó Gretel y captó la mirada de Arnold, curioso y extrañado, atrás de Helga- No es la primera vez que sale volando y golpea con su cara el suelo, dando por resultado que se muerda la lengua. Tiene unos excelentes reflejos excepto para cubrirse la cara. Tú creerías que después de tantas veces ya aprendería su lección la pobre desgarbada.
- The ogdioh –masculló Helga, regresando a ver al rubio - Tugh pogligas igh a dogmigh augh. –le dijo a su novio quien ni menos notó que Gretel se subía el camisón por sus piernas, se tapó los ojos y giró, dado la espalda.
- No tengo sueño. Me sorprende que estés tan tranquila. Hoy es tu gran entrevista con la editorial. –le recordó Arnold, bajando las manos al sentir la voz de Helga en frente de él, notando la gran sorpresa en el rostro de la chica y como se ponía pálida- Oh… ¿No lo recordabas? –ella asintió- ¿Y ahora vas a entrar en pánico…? –la chica volvió a asentir y algo en Arnold, algo oscuro, cruel y malvado hizo que sonriera- ¿Es un mal momento para decirte que mi madre piensa ponerle Geraldine a la bebe si es que es niña?
El grito que dio la chica fácilmente fue escuchado en toda la capital. La sorpresa que hubo en ese "¿Qué?" había sido tan fuerte que el mundo, por un momento pareció detenerse. Lamentablemente también hizo que el chico se manchara de pequeñas gotitas de sangre provenientes de la boca femenina, mientras él se reía con fuerza.
Lo que hizo que Helga se detuviese, mientras se agarraba el pecho y le observaba con extrañeza.
Luego vino el reconocimiento. Una broma… Y una voz le dijo que ella hacía bromas así al chico, todo el tiempo.
Pero eso no calmó la ira de la chica. Por supuesto que no. Porque a Helga G. Pataki nadie le hacía ese tipo de bromas. Ni su novio ¡Ni nadie!
…Media hora después Gretel y Helga habían terminado de correr alrededor de la casa, cada una un número diferente, como cúmulo de castigos que Klaus le daba a las chicas para que aprendieran la lección. Lo cual era sorprendente, hasta donde se pudo contar, habían hecho más de treinta vueltas cada una.
Lila, Will y Arnold estaban sentados en la entrada de la casa, mirándolas ejercitar mientras el Almirante hacía sonar su silbato y las presionaba a continuar un par de vueltas más ¿Por qué? Como estiramiento. Porque lo anterior había sido castigo, lo que iban a comenzar a hacer era recién parte del entrenamiento.
- ¿Cómo vas con eso? –preguntó la pelirroja, observando a Arnold.
- Mejor. –el chico despegó la bolsa de hielo de su labio inferior, el cual se veía menos hinchado que hace unos minutos.
- Helga tiene un brazo fuerte, por suerte no te rompió un diente con ese puño. –intentó animar Will, seriamente divertido por la manera en que se había despertado entre un abrupto grito y un puñetazo hacia el rubio que había terminado trastabillando hasta caer en su cama inflable- En verdad que nunca esperé que lo primero que viera en la mañana fuera tu rostro tan cerca del mío, novato. Me sorprende tu osadía.
- Oh… por favor… -Arnold gruñó porque era la quinta vez que Will bromeaba sobre el asunto- Dame un respiro.
Lila soltó una pequeña risa y apartó el rostro, con un visible sonrojo en sus mejillas, pero parecía que no le molestaba imaginar las bromas que el pelirrojo hacía.
- Lo que impresiona es que nada de eso despertó a Gerald y Phoebe. –susurró Will.
- No hemos dormido mucho, deben estar exhaustos. –completó Lila- Phoebe pasó varios días en vela por nuestro proyecto. –era difícil recordar que la casa abierta de la academia había sido apenas el día anterior.
- Y Gerald duerme como un tronco desde los trece años. –completo Arnold pero repentinamente lució serio- ¿Te puedo hacer una pregunta, Will?
- Si es sobre Gretel, no. –respondió este, con seriedad, pero sin sonar enojado.
- No, más bien… -Arnold cruzó una mirada con Lila y luego retomó su atención al chico- ¿Qué pasó entre Nadine y tú? –preguntó, sin poder contener más la curiosidad y sentía que ya había pasado el tiempo suficiente para que no sonara atrevido de su parte el indagar.
Will por un momento pareció simplemente no escuchar. Solo miró como ambas rubias se lanzaban al suelo, sosteniéndose de manos y pies, con sus cuerpos a lo largo, a centímetros del barro, otro silbatazo y se levantaban de un salto para correr sobre su lugar.
Otro minuto pasó hasta que el rubio se encogió de hombros y estuvo a punto de retractarse.
- Lo mismo que Maria. –concluyó el pelirrojo, regresándolos a ver por fin, notando que Lila también tenía curiosidad- Todo iba con tranquilidad, nos divertíamos y un día, de la nada, apareció Nadine, completamente triste y me dijo que debíamos terminar aunque ella no lo deseaba. Le pregunté si yo había hecho algo mal. Ustedes saben… -se encogió de hombros- tal vez hice algo sin darme cuenta. Pero ella negó con fuerza y dijo exactamente lo que dijo Maria cuando terminó conmigo: "Todo lo contrario". No quiso decir más. –el pelirrojo observó sus manos por un momento, abriéndolas y cerrándolas, seguramente preguntándose cómo podía interpretar eso- Aunque la veo bien. Más que bien. –admitió, retomando su sonrisa tranquila- Brilla y es maravilloso verla brillar. Aunque no estemos juntos, me gusta notar cómo ha cambiado para bien.
- Te ves confundido. –susurró Arnold, entendiéndolo, pues si se ponía en la posición del chico, él estaría igual de extrañado y sin respuestas ¿Cómo podía haber hecho todo bien y aun así que le terminara? ¿Existía esa posibilidad?
- ¿Y cómo no estarlo, novato? –Will rodeó con su brazo los hombros de Arnold y le desordenó el cabello mientras se reía- Las mujeres fascinantes son así. Absolutamente incomprensibles. Te desorientan y te lleva años comprenderlas. –señaló con la mirada a Helga- A veces necesitas más distancia para comprenderlas mejor. Pero esa es mi condena, solo me gustan de ese tipo, tan complejas que me dejan aturdido por semanas. Mira a Helga, a Gretel y a Lila, fascinantes, cada una en su única y particular forma. –la pelirroja dio un respingón y se señaló directamente, completamente sorprendida- ¿Acaso hay otra Lila? –preguntó, divertido.
- En verdad ella no se da por enterada de estas cosas, te lo digo por años de experiencia. –comentó Arnold, medio en susurro, medio en voz alta para ser escuchado, sonriendo con el ánimo de alguien que ya no sentía algo por un amor de la infancia.
- ¡Arnold! –acusó la pelirroja, logrando que ambos chicos se rieran a su costa- Ustedes son malos ¡Muy malos!
- Uno pensaría que sería la más enterada. –comentó Will y apoyó sus manos sobre las rodillas femeninas, como si fuese a explicarle a un niño de dónde venía la lluvia, le pareció divertido que con Helga había sido exactamente igual, luchando por explicarle lo obvio sobre su persona- Lila… eres fascinante, en cada una de tus facetas. Eres una chica dulce, amable, considerada, dedicada, desprendida de lo material. También eres laboriosa, creativa, muy inteligente, artística, leal, educada, apasionada. Todas esas características por si solas pueden ser aburridas o tediosas, pero ¿Juntas? Son increíbles, en especial porque agregas una sed incalculable de aprendizaje en esa personalidad tuya. Me encanta explicarte cosas, porque tu mirada brilla de emoción. No eres altanera ni prepotente, no intentas demostrarme que eres mejor o que sabes más. Solo escuchas y bebes el conocimiento, brillas con la inocencia de la infancia ante las maravillas que te rodean. Te sorprendes como una niña que está conociendo el mundo, te deslumbras y emocionas como ya pocos lo hacen y como casi ningún adulto lo comprendería. –extendió su mano a la de ella y se inclinó hasta besársela, con un acto galante, levantó la mirada y sonrió contra los nudillos de porcelana- Todo el mundo desea proteger a alguien que no necesita ser protegido. Y así eres tú, no necesitas ser fuerte, tu inteligencia te ha hecho sobrevivir a todo. Además, eres muy atractiva. –la soltó, notando como la pelirroja se sonrojaba al extremo y contraía sus manos, escondiéndolas atrás de su espalda, por pura impresión, como si le quemaran.
- Si Gretel te escuchara… -bromeó Arnold, ciertamente divertido.
Pero por algo que había notado, Helga tenía un exterior duro y difícil de sobrepasar pero cuando se vencía ese obstáculo se podía encontrar una dulce joven que reaccionaba con tal nerviosismo y tanta dulzura como lo hacía Lila. Ahí donde las chicas parecían no tener nada en común, había algo que las unía en un lazo muy fuerte, una faceta que despertaba el galanteo y caballerosidad de un hombre. En realidad, el tener que pasar obstáculos y necesitar más ingenio del usual para sonrojar a Helga, hacía que el premio valiese más la pena. Así que entendía perfectamente lo que hacía que Will se inclinara tanto a favor de Lila, a él le pasaba lo mismo con Helga.
- Ella sabe que me gusta rodearme de mujeres hermosas. –y a pesar de que la frase sonaba prepotente, no dio ese sentido, Will lo había dicho con pasión, como si hablara de arte viviente- Gretel es mi vida. –habló con naturalidad, característica que tenía en común con la alemana cuando se trataba de ser sinceros sobre sus emociones- No veo mi vida seguir sin su cercanía, Helga… en verdad que se ha vuelto mi mejor amiga, es como una hermana a la que puedo molestar, batallar, proteger y aliarme todo lo que desee, siempre quise tener una hermana menor. En mi vida he tardado mucho en hacer amistades, la primera fue Gretel y un año después fue Helga, me sorprendió cuando Lila entró en mi vida y fue tan sutil que antes de darme cuenta ya formaba parte de mi día a día. –le lanzó una larga mirada a la pelirroja- Nos unimos por una meta en común, por un afecto en común hacia nuestra persona especial y nos hemos vinculado intelectualmente de forma sorprendente gracias a que Gretel me encargó que cuidara de ella, pero también disfruto su presencia, me contento con poder cuidarla y tratarla de formas que ni Gretel ni Helga me permiten dado que son guerreras pero que mi educación sureña me ha inculcado a tratar a las mujeres. –parecía hablar más consigo mismo, como si olvidara donde estaba o que tenía audiencia junto a él- Creo que es por eso que no puedo enamorarme, porque la indicada debería sobrepasar en belleza, cultura, inteligencia, habilidad y misterio que las tres mujeres con las que paso mis días. Lila, Helga y Gretel son hermosas y fascinantes, a veces deseas…
- ¿…quedarte en silencio y solo mirarlas? –aventuró Arnold, empatizando desde el inicio con los pensamientos del pelirrojo pues él también había dedicado muchas horas a analizar su relación con las mujeres en su vida.
Claro que sus vínculos con las tres chicas que Will mencionaba eran totalmente diferentes a los de él.
- Exactamente. –concordó el pelirrojo, animado al notar que alguien lo entendía, que comprendía el regocijo que se podía sentir con solo tenerlas cercas- Pero Helga y Gretel son salvajes y libres. Son algo que solo puedes observar a la distancia hasta que te aceptan cerca y solo cuando lo desean. Y eso me daba un vacío, pues soy un hombre de detalles y de contacto, fui educado para ser un hombre del sur. –explicó, ligeramente divertido- Gretel me dijo que Lila era toda una dama y que me iba a divertir atendiéndola y podría descargar con ella… -miró a la chica, quien escuchaba con fascinación la curiosa forma de actuar de su novia- toda esa necesidad de abrirle la puerta a una chica, extender mi mano para ayudarla a bajarse de un auto. Cosas que ellas dos no me dejan hacer y me siento mal al no hacerlo. Tú sabes, el cargar algo pesado por ellas o caminar junto a la autopista cuando vamos por la vereda…
- ¿Abrirle la botella de agua que acabas de comprarle? ¿Sostener su brazo al bajar escalones? ¿Cargar sus libros? –consultó Arnold, recostándose ligeramente en los escalones, mirando las nubes de Washington- Si, eso es difícil con Helga, debo luchar por esas recompensas diariamente. Ella no lo entiende, son recompensas saber que puedo hacer esos pequeños detalles aunque ella no lo necesita.
- Pues lamento decirte que no te presto a Lila. –bromeó el chico y rápidamente Arnold se unió a su risa a costa de la pelirroja que no sabía si sentirse halagada por tanta atención o simplemente un instrumento de desahogo.
- ¿Estas molesto con Gretel? –consultó en cambio Lila, cambiando de tema repentinamente.
- Descuida… -Will extendió su mano y acarició el rostro de la chica para infundirle calma, desde el día de ayer él se había propuesto acercarse más a la pelirroja y era grato ver que ella también ponía de su parte- No pasa nada de lo que debas preocuparte. Oficialmente me considero un incompetente en la vida si no la tengo cerca. La necesito diariamente y creo que entiendes esa sensación. Ella es una droga en la vida. Sin darte cuenta te vuelves adicto a ella. –Lila asintió- Pero simplemente no puede ser… tan… egoísta, debe considerar mi opinión de vez en cuando. La última vez que revise, tú eras su pareja, no yo. Así que no puede decidir sobre mi vida en cuestión de citas y eso.
- Gretel te necesita… -murmuró la pelirroja y lo dijo con tal seguridad que no ocultaba que también ella lo comenzaba a necesitar, que ella también se había sentido incómoda con Charity y solo su calma personalidad había evitado que explotara.
- Ellas… -corrigió Arnold, porque había notado la manera en que se había molestado Helga el día anterior, la forma en que había permitido que todo ocurriese a pesar de que era la única que había notado desde el inicio lo que pasaba y no había hecho nada para detener a su prima.
- Lamentablemente eso no las vuelve mis dueñas. No recuerdo haber jurado mi vida a ninguna. –aunque Will hablaba con cierta sorpresa, pues le costaba imaginar a Helga tan celosa y egoísta como era Gretel referente a él, pero en el fondo, le conmovía los sentimientos de la menor de la Pataki, significaba que también lo veía como un amigo cercano- Hay ciertas necesidades que las bellas mujeres con las que me rodeo no pueden satisfacer y de vez en cuando necesito a alguien como Charity… muy dispuesta a divertirse solo por un rato, porque para eso no necesito alguien fascinante. Solo alguien que me atraiga.
Will cerró los ojos y se echó hacia atrás, completamente agotado ¿En qué momento el comportarse como un adolescente normal parecía ser la razón de dolor y frustración para la persona que más le importaba en el mundo? Él nunca había detenido a Gretel de tener parejas ni amantes.
- Si, sé que eso no es romántico, pero es real. No soy una persona enamoradiza, prefiero vivir mi juventud teniendo a mis personas importantes aseguradas y a quienes me pueden divertir de otra manera como algo pasajero –susurró, ese detalle, ese puro y carnal deseo palpitante se había estado desatando últimamente dentro de él. Tal vez porque a pesar de todo estaba rodeado de puras parejas y él comenzaba a sentir un vacío. Pero lamentablemente no era uno romántico, no era el corazón lo que le rogaba compañía, sino la piel. Tal vez porque esa parte no podía ser satisfecha con sus bellas mujeres en juegos y placebos sociales que si funcionaban para complacer esa necesidad de no estar solo. No quería una novia, no la necesitaba… pero era consciente que a su edad era inevitable desear una compañera carnal.
- ¿Will…? –el chico abrió los ojos y observó un par de esmeradas brillantes sobre su rostro, el cabello escarlata de Lila cayó cerca de su rostro tocándole la nariz en un cosquilleo. Los placebos eran esos, extender su mano y tomar el mechón de cabello y con total naturalidad meterlo atrás de la pequeña oreja pecosa, robándole una sonrisa a la dulce joven.
Sin compromisos, sin miedos.
Las maravillas de acercarse tanto a bellas mujeres como Lila, como Gretel y como Helga, que por fuera y en especial por dentro le fascinaban eran esos privilegios inofensivos y tan ¿Románticos? ¿Íntimos? Pero seguros y reconfortantes. No tenía que preocuparse, todo pasaba sin miedo a perderlas. Placebos tan perfectos para no lanzarse en aburridas relaciones solo por necesidad de afecto. Él odiaba las cosas aburridas.
Will se sentía amado y consentido. Él era muy consciente que eso era mucho más de lo que podrían decir muchos jóvenes de su edad. Además, al descubrir que Helga y Lila habían estado preocupadas por él había sido enternecedor de diferentes maneras. En especial, tenía en claro que la actitud de Helga le había recordado mucho a una pequeña hermana que disfrutaba con los problemas que ocurrían a su alrededor.
Además, el amor era peligroso, era como si dos personas jalaran con sus dientes una goma elástica. Siempre uno terminaba cansándose y soltando la goma, impactando al otro en la cara con la misma. El amor romántico era doloroso e improbable. El hecho de que sus padres tuvieran ese primer y único gran amor era tan improbable que lo llegaba a asustar. Porque estar en una relación, enamorarse y luego ser abandonado era peor que la muerte.
Tal vez si fuese un romántico…
Uno trágico…
Por eso no buscaba amor en sus relaciones sentimentales y ponía todos sus sentimientos sobre sus divinales compañeras.
Will casi sonrió al notar que literalmente eso eran, divinas compañeras, unas Diosas. El recuerdo de meses atrás, con Helga robándole el anillo de su "admiradora secreta" y diciéndole que toda mujer debía pedirle permiso a ellas antes de estar con él… y Nadine lo había hecho, había pedido permiso a Gretel. Pero lo gracioso es como, ese día, las había llamado.
- Guerra, Muerte… -susurró, pensando en Helga que siempre le daba pelea y en la alemana que muchas veces la había encontrado como su perdición, el fin mismo de su vida. El chico estiró su mano y la apoyó sobre la cabeza de Lila, como si fuese una niña y desordenó su cabello- Victoria. –recordó el nombre del primer jinete del Apocalipsis. La inocente y dulce joven que se había ganado la amistad y el amor de dos titanes tan peligrosas, definitivamente era la Victoria Imposible encarnada. Entonces ¿Solo faltaba Hambruna?
¿Quién lo dejaría añorándola desesperadamente, sintiendo que lo abandonaba en pensamientos de exprimirle al Tiempo cada valioso segundo a su lado?
Realmente esperaba nunca encontrar a esa mujer, porque sería su condena.
- ¿Disculpa…? –la pelirroja le observó extrañada y Will sonrió, negando.
- Nada ¿Qué ocurre…?
- ¿Y si en lugar de Charity buscas…? –pero un par de manos rodearon la cintura de Lila, cortándola en el acto, para ser jalada hacia atrás en un sorpresivo movimiento.
Will se sentó de golpe, solo para encontrar a Helga abrazando por atrás a la pelirroja. Pero antes de parpadear extrañado, notó como la rubia simplemente estaba usando esa táctica sorpresiva para intentar ensuciar a Lila con el lodo y sudor que tenía, mientras la pelirroja gritaba desesperada y Arnold corría a su auxilio.
…dejándolo solo con Gretel, en su cabello corto, natural y el cintillo grueso negro que dejaba libre su frente.
- Odio que te pongas eso. –comentó, siendo lo primero que le decía desde el día de ayer.
La alemana abrió los ojos con sorpresa y luego sonrió, relajándose en el acto. Una sonrisa amplia y agradecida, en una mirada aguamarina llena de culpa. Y lo siguiente le sorprende al chico, pues Gretel, llena de sudor, sonrojada por el entrenamiento y temblando por el dolor muscular, simplemente se lanzó sobre él, abrazándolo por el cuello y apretándose contra su cuerpo con fuerza. Porque tal vez cualquiera encontraría normal eso. Una reconciliación común.
Pero mientras Will, en su abrumado estado notaba que Klaus los estaba observando con igual impresión, sabía que no estaba equivocado al sorprenderse. Porque Gretel no era de muestras de afecto así. Ella no abraza con tal desesperación, no parecía llorar contra el hombro de alguien mientras se reía avergonzada sin mostrar el rostro.
Porque si bien ella siempre era sincera sobre lo bueno y malo dentro de ella, físicamente solo expresaba sus emociones, de la manera más explícita posible, desnuda por completo y mientras se dedica a su amante. Esa era la única forma en que ella trasmitiera con su cuerpo lo que sentía en lugar de usar las palabras. Y en ese momento estaba vestida y sin susurrarle ahogadamente cosas al oído. Lo cual era completamente nuevo para él, por muy bizarro que fuese. Una Gretel desnuda y apremiante era algo que Will podía manejar pero ¿Una Gretel temblorosa, riendo con nervios y llorando al mismo tiempo…? ¿Qué debía hacer con una Gretel así?
Y Will simplemente la abrazó y asintió a sus disculpas, le acarició la espalda, pero sin despegar la mirada del padre de la chica, pues este observaba la escena en silencio.
- ¿Él está mirando? –susurró la alemana, sin apartarse del cuello del chico, logrando calmar un poco su voz.
- Si… y creo que está sorprendido. –admitió.
- No me extraña, la última vez que me vio mal, yo tenía cuatro años. –ella no se separó, simplemente se aferró más al cuello masculino, enterrando su rostro ahí- Unos niños me habían dicho que mi madre no iba a visitarme a casa porque odiaba a los von Bismarck debido a que éramos unos asesinos y por eso ella me repudiaba. –rio dolorosamente- Repudiar… hasta en alemán es una palabra muy complicada para que la diga un niño... Cuando le pregunté a mi padre sobre ella, me confesó que mi madre había muerto cuando nací y yo me sentí tan feliz que lloré en su regazo. –hubo una pausa y Will la abrazó con más fuerza, pues era la primera vez que Gretel le hablaba de su madre con alguna emoción de añoranza, la acunó sobre su regazo y cubrió su fino cuerpo con sus brazos- Me sentía feliz porque entonces ella no se había ido odiándome, porque mi padre me dijo que ella me amaba. Él debe estar recordando ese día y debe notar… que su hija le llora a otro hombre. –admitió, riendo bajito, aunque con la voz cargada aun del dolor.
- ¿Lloras por mí? –preguntó el pelirrojo, deslizando sus dedos entre los cabellos de ella, hasta acariciar su nuca. Pero Gretel solo asintió- Nunca me iré de tu lado. No llores por mí.
- Eso no lo puedes jurar… -masculló ella.
- Creo que a los pocos meses de conocerte te dije algo similar… -acusó el chico.
- Si, ya… también me lo dijiste la primera vez que nos acostamos. –ella enmarcó una ceja- Pero no son promesas para siempre. En el fondo sé que un día te irás y es lo correcto. Tus promesas no son para siempre, no puedes evitarlo.
- Claro que puedo. Si te vuelvo a causar algún dolor, yo mismo me declararé tu propiedad. No solo tu compañero, tu propiedad por completo. Y nunca te abandonaré, a pesar que me liberes. –concluyó, solemnemente.
Gretel soltó una carcajada, algo cruel, ligeramente soberbia, pero sin soltarlo, ni negarle tal propuesta. Simplemente se sentía otra vez ella misma y eso le sorprendía. La última vez que se había roto por un hombre, le había hecho el amor a Will para sanarse. Ahora se rompía por él y volvía a sanarle… y sin tener que quitarse una prenda de su cuerpo.
…eso era nuevo. Curioso. Tal vez igual de efectivo. Y bueno.
- En una hora salimos. –informó Klaus, con una voz fuerte, antes de pasar junto a ellos y meterse en la casa. Y a pesar de su estoica personalidad, se le notaba afectado.
Gretel se separó en el acto, como si recién notara lo que ocurría y tan rápido que hizo dudar a Will de que realmente hubiese pasado todo eso, pero ella se secó las lágrimas y sonrió de lado.
- Ven desgarbada, a bañarnos. –anunció, levantándose- ¡En el nombre de la humanidad, deja a mi novia en paz!
Helga detuvo su amenaza en el acto, tenía una media en la mano mientras su pie descalzo se apoyaba sobre el suelo y amenaza con lanzársela a Lila, quien estaba atrás de Arnold, protegiéndose. Lamentablemente eso no implicaba nada, pues Helga tenía una increíble puntería, que fácilmente podía saltar el obstáculo y llegar al objetivo.
Lila abrió los ojos para ver a su novia, suplicando por alguna idea que fuese buena, pero la alemana calculaba la posibilidad de actuar antes de que el proyectil llegara a su punto.
Pero para sorpresa de todos, Will se movió de su lugar, tomó de la muñeca a Helga y desde ese agarre la levantó unos centímetros en el aire. La chica intentó soltarse, luchando por morder la mano de su captor, pero solo logrando que se cayera su proyectil al suelo. Lila corrió hacia Gretel, sintiéndose salvada, mientras Helga se balanceaba como un pez capturado.
- Toma, novato, tu novia necesita un baño y una buena lección. –y en un movimiento que pareció fácil, colgó a Helga en el hombro de Arnold, como si fuese un costal y le puso sobre la espalda de la misma su media y el zapato que se había sacado. El rubio trastabilló hasta equilibrar bien el peso y se sorprendió de la fuerza de Will para hacer lucir ese acto tan fácil.
- ¡Eres de lo peor! –gruñó la chica, luchando por sostenerse de la camiseta de su novio y al mismo tiempo alcanzar la cara del pelirrojo a manotazos.
- Así me quieres, Pataki. Así me quieres. –bromeó el chico- Voy a despertar a la pareja ¿O acaso no creen que me di cuenta que nadie lo hace por temor a verlos en mala posición? Por suerte… -comentó Will, sonriendo, mientras se acercaba a la casa- eso no me afecta en lo más mínimo.
Horas después, tres autos salían de la casa rumbo a Hillwood en completo silencio, porque repentinamente la presión de a qué iba Helga, parecía afectar a cada uno. La oportunidad de la chica era única y sorpresiva, pero increíblemente importante. Hasta Gerald lucía nervioso, como si fuese a dar un examen de matemáticas. La tensión se podía cortar en el aire y ni el agotamiento o el deseo de dormir podían afectar tan importante día.
Helga solo se relajó un segundo exacto cuando entraron a Hillwood, la sensación de reconocimiento duró poco porque recordó la razón por la que estaban ahí y se volvió a tensar. Arnold apoyó su mano sobre la rodilla de esta y ella cerró los ojos, apoyándose contra el hombro de él.
- ¿Estás bien? –preguntó el chico en un susurro.
Todos habían supuesto que Helga sabía sobre su importante cita y había querido divertirse el día anterior para distraerse. Ni por asomo hubiesen sospechado que ella había olvidado por completo su reunión.
- ¿Y si lo arruino? ¿Y si llego tarde? ¿Y si mi personalidad los hace odiarme? No sería la primera vez. –se apresuró a decir, notando el gesto contrariado en el rostro de Arnold.
- Te van a amar. –le prometió el chico- Y espero que sean mujeres y con amor de madre. –completó, logrando que ella sonriera y golpeara su puño suavemente contra el hombro de él.
- Estamos llegando con tiempo. –se calmó ella misma, pues no quería atrasarse a su primera cita con la primera editorial que publicaría un libro suyo.
Pero como muchas cosas en su infancia donde la suerte siempre caía en momentos así, el auto se detuvo y el chofer maldijo en voz baja.
En esta ocasión había caído la mala suerte…
- ¿Qué ocurre? –preguntó Helga, enderezándose defensivamente.
- Yo… no lo sé, señorita Pataki. –murmuró el hombre, intentando arrancar pero el auto no se encendió y los carros atrás de ellos comenzaron a pitar dado que estaban en frente de un semáforo y ya era hora de avanzar- Yo…
- ¿No sabes de autos? –preguntó irritada- ¡Pon las luces de parqueo! –ordenó la chica, mientras se bajaba, seguida de Arnold.
- Este día tenemos mala suerte con los autos. –susurró el chico.
Gerald y Phoebe acompañaban a Will, que iba en el packard para dejarlo en la casa de huéspedes y luego encontrarse con ellos. En el segundo auto iba el Almirante, Elizabeth, Gretel y Lila, dado que las chicas tenían trabajo de voluntariado en el orfanato. Lo que los dejaba extremadamente lejos a todos de donde ellos estaban.
Helga maldijo en voz baja, sabiendo que había sido un mal día para ponerse unos jeans oscuros y una blusa blanca, pues obviamente el chofer no tenía idea de autos y Arnold solo sabía sobre el packard. La chica suspiró sonoramente y se inclinó sobre el motor, sorprendiéndose que horas y horas de ver a Big Bob pelear con su auto y algunos camiones de la compañía sirviesen para algo. Helga se inclinó un poco más, sintiendo casi la respiración de Arnold en su espalda.
- Apártate. –gruñó la chica, apretando sus manos- Me pone nerviosa que la gente respire en mi espalda. –juró, fulminándole con la mirada.
No importaba que el aliento de su novio le pusiera la piel de gallina…
…igual recordaba a Brainy y sus puños se tensaban por las viejas costumbres violentas.
- Helga, déjame ayudarte, te vas a ensucia… -el chico se cortó cuando la rubia se enderezó y manchas de aceite estaban sobre su fina blusa blanca- ¡Helga!
- ¿Qué…? Oh… No importa. –se defendió ella, sin querer admitir que el ser cuidadosa era una cualidad de la cual carecía.
- Pero tu entrevista es en veinte minutos. –le recordó el chico, completamente frustrado.
- Tú quédate limpio atrás mío y todo saldrá bien. –juró ella, inclinándose otra vez en el motor, metió las manos para revisar el medidor de aceite y el agua, sintiendo la superficie grasosa- Parece que algo le ocurre al depósito de aceite, esta todo regado… y la batería está muerta. –se fastidió.
- ¿Y ahora qué hacemos, señorita Pataki? –rogó el chofer, que tenía un increíble parecido con…
- ¿Eres familiar del chef? –preguntó Arnold, notando que era bajito y con los mismos rasgos que el asustadizo hombre de ayer.
- Es mi hermano. –admitió el hombre, nervioso.
- Bueno, hermano… -comenzó Helga, cruzándose de brazos, sin darse cuenta que eso empeoraba las manchas que tenía- Tú llama a un mecánico, porque esto no tiene arreglo. Sin aceite puede que muchas partes estén dañadas por tu culpa. –le regañó- ¿Nosotros? Nos vamos a pie, tengo algo importante que hacer.
- ¡Pero…! –el hombre parecía estar a punto de pedir que no lo dejaran solo, pero la mirada zafiro de la chica pudo más y se quedó callado- Si, señorita Pataki.
- Buen chico… -murmuró la rubia, pasando su mano sobre su frente para quitarse el sudor.
…y ahora tenía aceite en la cara también.
- Necesitas pasar por un baño antes de llegar a la editorial. –murmuró Arnold, resignado.
- Si, si, cómo sea. –se defendió Helga, comenzando a caminar- Por suerte estamos cerca.
- ¿Y cuál es tu plan? –preguntó Arnold, notando como la pulcra apariencia de la rubia, ahora lucía más como la imagen de la hija de un mecánico. Aunque en realidad se veía atractiva con la blusa pegada a su figura, el cabello revuelto cayéndole cerca de la cara y la cara de fastidio que llevaba… Arnold supo que esa no era la imagen que debía tener una escritora. Tal vez si la chica que invadiría sus sueños esa noche… pero no una escritora.
- ¡Hey! –gritó Helga, dando un par de aplausos cerca del rostro de su novio y logrando que este despertara de su ensimismamiento.
- ¿Qué? –preguntó alarmado, mirando a un lado y a otro.
- Te decía que nos íbamos a detener en la cafetería que está a lado de la editorial y ahí me cambiaría de ropa. –Helga frunció el ceño, desconfiada- ¿Qué rayos estabas pensando?
- ¡Nada! –casi hipó Arnold- Nada… -aclaró, sonriendo inocentemente- Lo juro, nada.
- Ya… -susurró Helga, sin creerle.
Pero antes de que pudiesen decir algo más un agudo grito llegó a sus oídos. Ambos chicos se detuvieron de golpe, buscando la fuente de ese sonido. Una vez más el grito desgarrador sonó y notaron como una pequeña niña, de unos tres o cuatro años, corría en su dirección, evitando el contacto de la gente, apartándose de cualquiera que pudiese acercarse a ella.
La niña corría en camisón de dormir, uno amarillento y curtido, su cabello negro le ocultaba todo el rostro, estaba descalza, soltándose del agarre de cualquiera que buscara detenerla. Repentinamente se metió en un callejón y el sonido de unos botes de basura cayendo fue lo último que llegó antes del completo silencio. Arnold y Helga intercambiaron miradas entre sí, extrañados. Sin poder evitarlo, ambos se abrieron paso entre las personas que después de mirar el callejón, se alejaban rápidamente, incómodos y murmurando entre sí.
Y no era para menos, cuando ambos chicos llegaron al callejón, frenando casi a raya, encontrando una niña escondida atrás de los botes de basura volcados, asomando su sucio rostro y clavando una feroz mirada negra a la gente que pasaba. Ella lucía como un perro rabioso, temblando de ira, clavando sus pequeñas manos ennegrecidas por la suciedad sobre el metal pegajoso de los basureros.
Arnold dio paso más y la niña soltó un grito, uno de advertencia, feroz, nulo de palabra alguna, antes de retraerse atrás de los botes.
- ¿Estás bien? –preguntó el chico, avanzando otro paso, muy despacio- No te haremos daño.
Pero la niña abrió su boca y en lugar de gritar comenzó a maldecirlo. Una palabras tras otra, demasiado rápido para entenderla, pero todas dedicadas a insultos que no se esperaría en el vocabulario de una niña, tan peligrosos, detallados y viles que simplemente era imposible que ella supiera el significado de todo eso ¿No? Helga frunció el ceño y dio dos fuertes aplausos.
- ¡Basta! –regañó, como si tratara con un perro y la niña se detuvo- ¡Compórtate! –ordenó.
La pequeña niña gimoteó ligeramente pero se quedó quieta. Helga dio un paso más, seguida de Arnold, pero esta vez la niña no se movió, solo los observó fijamente, con su mirada salvaje clavada en ellos.
- ¿Tienes nombre? –preguntó, pero la niña pareció gruñir, por lo que Helga levantó la voz- ¡Tu nombre!
- Aura. –respondió, con su mirada clavada en los suaves gestos de Arnold y volvió a gruñir.
- ¡Basta! –ordenó Helga, apoyando sus manos sobre sus caderas- ¡No-más-gruñidos! –su voz era fuerte, pero pausada.
La niña simplemente asintió, bajando la mirada solo un segundo.
- Soy Arnold y ella es Helga. –se presentó el chico, cuando estuvieron frente a los botes de basura- ¿Dónde están tus padres?
Y la niña no se contuvo, volvió a abrir la boca y comenzó a maldecir. Pero esta vez no era a ninguno de ellos, eran insultos al aire, palabras malditas en un acento extraño pero notoriamente estadounidense, cada palabra era peor a la anterior y algunos insultos eran una serie de frases letalmente peligrosas y humillantemente pecaminosas.
¿Cómo podía conocer todas esas palabras?
- ¡Basta! –volvió a decir Helga y la niña se calló- Llama al Almirante, dile lo que encontramos. –dijo con voz neutral, sin apartar la mirada de la niña pero dirigiéndose a su novio.
Arnold asintió y se alejó del callejón para llamar por celular a Gretel, pues no tenía el número del hombre. Aun así, no quería desconcentrar a Helga, quien parecía haber creado un curioso tipo de vínculo con la niña.
- No vamos a hacerte daño. –le explicó Helga y Aura asintió.
- Lo sé. No tengo miedo. –explicó la niña.
- Parecías muy asustada antes. –comentó la rubia, agachándose para tener la mirada de la niña a la altura de la suya y ahí notó que en verdad sus ojos eran de un intenso negro que costaba diferenciar la pupila del iris y resaltaba con fuerza en un fulgor agresivo que Helga reconocía de su infancia.
- Antes. –recalcó Aura, con voz segura, una muy madura, de alguien acostumbrado a tratar con adultos.
Nada parecido a lo que había ocurrido minutos antes.
- ¿Dos extraños se te acercan y no te dan miedo? ¿Ni siquiera cuando uno de ellos luce así? –Helga se señaló a sí misma, sabiendo que lucía como un desastre total.
La niña solo negó, con seriedad, pero se puso tensa al notar que Arnold se acercaba otra vez y le gruñó.
- No les tengo miedo. –recalcó Aura, cerrando sus manos en el bote de basura, sin importarle que el aroma le diese nauseas.
- Entonces, sea lo que sea de lo que estés huyendo debe ser algo realmente terrorífico si a nosotros no nos temes. –concluyó Helga, sorprendiendo a la niña.
Aura solo abrió los ojos un segundo y luego se tocó la cabeza con fuerza, negando rápidamente, mientras apretaba los dientes.
- Ya viene tu tío, estará aquí en unos minutos. –susurró Arnold, logrando que la niña levantara el rostro rápidamente y soltara un gruñido de advertencia- ¿Estás…?
- No seas dócil con ella. –ordenó Helga, mirando fijamente a la niña, notando como esta se calmaba otra vez ante su actitud- No le gusta.
- Pero… -susurró Arnold, extrañado.
- No le gusta. –apuntó una vez más la rubia- Solo… no te muevas. –ordenó- ¿De dónde vienes, Aura?
- No lo sé… -murmuró la niña, mirando a Helga fijamente- No… recuerdo. –susurró, apoyando su frente contra el bote de basura- Me duele la cabeza… -se quejó.
- Pero no tienes miedo ¿Verdad? –esta vez fue Arnold y la niña solo asintió, su cuerpo poco a poco comenzó a temblar.
- Me duele la cabeza… -la niña apoyó sus manos sobre su rostro, sonaba muy madura para tener tres años, aunque físicamente lucía como tal- Alguien dijo algo malo y yo corrí… Yo… -Aura soltó un grito extremadamente agudo, congelando en el acto a Arnold y Helga.
En su grito, nulo de palabras en un inicio, pareció hacer vibrar toda la realidad. Nadie debería escuchar un grito tan desgarrador, el grito de una infante que el miedo la consume. Y de sus labios se fueron formando insultos. Uno a uno, mientras miraba al cielo, su rostro se desencajó de ira y las maldiciones comenzaron a salir de su boca como si convocara algo poderoso. No podía ser posible que ella hubiese aprendido esos insultos, no tenía sentido que supiera el significado de esas palabras porque… ella era muy pequeña para saber sobre eso.
Arnold no pudo resistirlo y se impulsó hacia la niña, queriendo ayudarla, sintiendo su corazón golpeándose con algo doloroso. Algo diferente al miedo, algo similar a la crueldad misma de la realidad. Porque esa niña era como una alienígena para él o más bien, le hacía percatarse que era él y solamente él, el alienígena que vivía a la izquierda de la realidad. Porque si la realidad existía, tenía sentido que hubiese algo a un lado y al otro ¿Verdad? Y él había estado negando demasiado tiempo la realidad. Porque Aura no debía ser la primera niña que prefería un callejón sucio a volver a donde sea que perteneciera.
- ¡Alto! –Arnold se congeló en el acto al reconocer la voz del tío de Helga.
El chico lentamente giró el rostro, reconociendo al alto hombre que hasta hace poco había servido a las fuerzas militares. Klaus se acercó al callejón con una mano levantada y con la otra haciéndoles gestos a los chicos de que salieran de ahí.
- Aléjense de ella.
- Pero es una niña. –se apresuró a decir Arnold, aunque por el gesto salvaje en Aura, le costaba decir donde comenzaba la persona y donde terminaba el instinto.
- No, ya no lo es, muchacho. Y está a punto de explotar. –dijo seriamente el hombre, recibiendo un grito poderoso de la niña que ahora canalizaba su ira contra él.
Una pequeña banshee dispuesta a destruir todo y a todos.
- Tío… -Helga susurró, retrocediendo un paso, notando como Aura subía sobre el bote de basura, agazapada sobre el mismo.
- ¿Confían en mí? –preguntó de vuelta Klaus, mirando a Arnold- ¿Confías en mí?
- …sí, señor.
- ¿Y tú, Helga?
- Siempre. –aseguró la rubia, dando otro paso hacia él, sin apartar la mirada de la niña.
- Entonces me van a dejar lidiar con ella. Está a punto de romperse… hace un momento debió hablar con mucha madurez ¿Verdad? –los chicos asintieron- El último recurso de un alma atormentada: La racionalización. Lo que sea que le haya ocurrido… está sobrepasando su razón, su lógica y su cordura. –la mirada fantasmal del hombre se dirigió hacia Helga- ¿No tenías una entrevista importante?
- ¿Bromeas? –preguntó la chica, en un hilo de voz- Creo que eso no importa ahora.
- Creo que eso importa más que nada. Justo ahora. –explicó el hombre y Helga le observó extrañada- Justo ahora… debes irte a tu destino. Y dejarme esto a mí. –repitió lentamente.
- ¿Vas a estar bien? –preguntó Helga, llegando cerca del hombre, mientras la voz de la niña se volvía más grave y otro grito sin palabras escapaba de su voz, el sonido de los botes de basura casi la ensordeció por un momento.
- ¿Va a estar ella bien? –corrigió Arnold, dudando de si debía apartarse de la pequeña niña. Por alguna razón Aura tenía su oscura mirada clavada en él.
- Si y si. Mucho mejor si no están ustedes aquí. –Klaus observó al chico- Llévala y has que llegue a esa entrevista. Cuando salgan solo llámenme. Todo estará bien para entonces.
- Yo… -Helga se removió inquieta en su lugar, rascándose el brazo con nerviosismo, pero Arnold tomó su mano y comenzó a correr fuera del callejón. Y en ese momento otro desgarrador grito escapó de los labios de Aura, como si estuviese a punto de quemar el mundo con su último aliento- ¡Suéltame!
- Tengo órdenes. –le recordó el chico, comenzando a correr en dirección de la editorial- Falta tan poco…
- No vamos a lograrlo. –se quejó la chica, frustrada pero sorprendida del fuerte agarre de Arnold ¿Desde cuándo era tan seguro de sus acciones? ¿Desde cuándo tenía esa fuerza? ¿Y esa convicción de dónde había salido? No podía recordar alguna vez que en serio él demostrara ser mucho más fuerte físicamente que ella.
- Confía en mí.
- No recalcaré que eso ya me lo han dicho… -masculló ella- Esa niña…
- La volveremos a ver. –prometió Arnold- Y será más espectacular cuando le cuentes que conseguiste publicar tu primer libro.
Helga frenó ligeramente la marcha al notar que llegaban a la calle donde estaba el antiguo edificio que contenía la editorial. Arnold le regresó a ver, con curiosidad.
- Aura… -murmuró ella, frunciendo el ceño- Es el nombre de un cuento… la protagonista se llama Aura y ella… Es la extensión joven y hermosa de una anciana, esta se proyecta en Aura, manipulándola. La joven tiene decisiones propias y pensamientos propios pero esta atada a los deseos de la anciana que poco a poco va controlando su cuerpo… Aura esta esclavizada.
- No me digas que crees que esa pequeña niña… -murmuró alarmado el chico.
- No, porque entonces sería un pequeño conejo cuando el poder se agote… y parecía muy agotada. –comentó, con ligero tono de burla que no llegó a sus ojos.
- ¿Aura se vuelve un conejo…?
Helga asintió en silencio, logrando que Arnold simplemente negara…
Negándose a tal sentido de la vida misma.
- Es solo un cuento, cabeza de balón. –le recordó la chica, tomándolo de la muñeca para meterse dentro de la cafetería junto al edificio.
- ¿Cómo la novia fantasma? Que era una leyenda y luego la vimos ¿Recuerdas? O el tren fantasma… ese fue un mal día. No es que exactamente los cuentos y leyendas… no se hagan realidad. –su voz sonaba ligeramente temblorosa, Arnold parecía luchar entre la lógica común y su propio aprendizaje empírico- Y la Gente de los Ojos Verdes…
- No es hora para hablar de eso, Arnoldo…
- Pero Helga, tú… -ella le lanzó una mirada de advertencia y el rubio se calló.
No era momento para hablar de San Lorenzo.
Sin decir palabra, Helga lo guio hasta el baño de chicas y revisando que no había nadie metió al chico y luego entró ella, cerrando la puerta a sus espaldas.
- Hay algo que el universo me quiere decir e involucra a un miembro de tu familia o tú, en un baño. –concluyó Arnold, cambiando de tema para aligerar las cosas, notando como su novia se quitaba la blusa manchada y la mojaba para limpiarse la cara.
- ¿En serio? –Helga le observó por el espejo, con seriedad, sin importarle su piel desnuda- Entiendo con Gretel pero ¿Ya te has encerrado en un baño con Big Bob? ¿O con el Almirante?
- ¡No! –respondió alarmado, apoyándose contra la puerta del baño y aferrándose a la manija como si así evitara que alguno de los dos hombres apareciera.
- Entonces tal vez es eso lo que te quiere decir el universo. –bromeó Helga, girándose para enfrentarlo, sonriendo divertida por la reacción del chico- Tu camisa, dámela.
Arnold se la quitó, agradeciendo que siempre la usara como chaqueta sobre alguna playera o camiseta. Pero no dijo nada, porque prefería regodearse con la idea que con el tiempo, Helga había creado una mayor seguridad de su cuerpo.
Antes de comenzar toda esa cacería mutua, ella se sentía avergonzada de enseñar hasta su vientre, pero poco a poco fue mostrando más piel. Hasta llegar a un momento en donde se sentía con la suficiente confianza para estar con el torso casi al desnudo, poniéndose tranquilamente su camisa, abotonándosela sin apuro hasta que llegó a cubrirle el torso y el resto lo enrolló, amarrándoselo a la cadera.
- ¿Harías esto con otra persona? –preguntó sorpresivamente Arnold, mirándola fijamente.
- ¿Qué cosa?
- Esto… -la señaló y luego levantó la blusa húmeda.
- Oh… -Helga negó con seguridad- No lo haría… Oh, espera, sí. –Arnold abrió los ojos con sorpresa, logrando que ella riera a su costa- Con Will, tal vez. Ese chico se mete en la piel de las personas. A veces olvidas ciertas cosas, como que es un chico heterosexual que disfruta ver mujeres desnudarse... Más te vale no aprender eso de él. No me gustaría saber que te encuentras cómodo… -lo tomó de la camiseta, acercándolo a su rostro de manera amenazante- con chicas desnudándose en frente de ti.
- Solo con una. –le juró, antes de besarla lentamente- Y tengo la misión de escoltarla a su entrevista.
- Nunca te vi como un chico de misiones, Arnoldo. –advirtió Helga, empujándolo a un lado para salir del baño, sin importarle la mirada de sorpresa de algunos comensales y dejándole al chico la total vergüenza y el sonrojo total. Por supuesto, ya era hora de que él sufriera las humillaciones.
- ¿No? Yo siempre me he visto muy apto para seguir órdenes. Soy una persona muy competente en ese sentido. Si me lo propusiera, podría ser el mejor soldado del mundo. –bromeó él- Si le retiras la parte de matar… usar armas… -enumeró- dañar otras personas… humillar a otras personas…
- Tal vez serías un buen mayordomo. –bromeó la chica, pero antes de entrar a la editorial se detuvo y lo regresó a ver- No hemos olvidado a Aura ¿Verdad? –preguntó con sequedad, borrando la falsa sonrisa de sus labios y dejando ver el temor en su mirada azulada, el que había ocultado los últimos minutos.
- No, no lo hemos hecho. –admitió Arnold, borrando la sonrisa de sus labios, dejando ver su preocupación.
- Solo fingimos estar bien para que esto termine pronto e irla a ver ¿Verdad?
- Exactamente.
- Entonces… -Helga se relajó ligeramente y volvió a sonreír, mientras abría la puerta- Mayordomo –continuó- Que tal ¿Mi mayordomo? –y antes de que el chico pudiese decir algo, Helga se apoyó contra el mostrador de la secretaria- Helga Pataki, tengo una cita a esta hora.
- Señorita Pataki… -la mujer buscó en su computadora y asintió, ampliando su sonrisa- Nos alegra tenerla a bordo en la Editorial NAL. –eficientemente le extendió una tarjeta de visitante- Solo pase esta tarjeta por el sensor que está dentro del ascensor y así se dirigirá directamente al piso que le corresponde. Ahí le esperará una asistente de publicidad que la llevará a la sala de reunión. –la mujer inclinó ligeramente el rostro, observando atrás de Helga- ¿No viene su familia con usted?
- Ellos están ocupados. Asumo que eso no es un problema. –Helga guardó la tarjeta, se dirigió hacia el ascensor y jaló dentro a Arnold antes de que la puerta se cerrara- ¿Qué te pasa, cabeza de balón? No puedes quedarte soñando así.
- Solo pensaba lo raro que suena "censor que está dentro del ascensor". –admitió, sonriendo de lado.
- …a veces eres un sujeto muy simple. –la chica se apoyó contra la pared paralela a las puertas y entrecerró los ojos- Mi tío me iba a acompañar.
- No le avisaste a tus padres. –más que una pregunta, eso era una aseguración.
- ¿Para qué? Si esto sale mal sería vergonzoso que Big Bob lo supiese. –explicó, cruzándose de brazos- Además ¿Qué ganaría? Si los trajera, hablarían de la perfecta Olga y al final del día ella tendría la oportunidad de publicar algo en lugar de mí. Porque seguramente ella aprenderá a escribir literatura… -respondió defensiva.
- No compartes con tu familia este lado artístico de ti ¿Verdad? –Helga apartó la mirada y Arnold tomó su mentón para que le observara, la miró suavemente, notando aun en esa ruda chica a la pequeña niña bajo la lluvia que una vez conoció- ¿Por qué?
- Porque Olga siempre lo hace mejor. Pero escribir es algo que solo yo he hecho. No quiero que me lo arrebate también… Esto es lo único que no comparto con ella. El resto de cosas, como pintar, dibujar, esculpir, bailar, actuar, todo lo hace ella también. –frunció el ceño y su mirada añil resplandeció como llamaradas infernales- Pero escribir ¡Eso! ¡Eso es mío! –juró- Y llegaré lejos antes de que siquiera pueda alcanzarme.
- Helga…
- No intentes detener esto, Arnoldo, porque este es mi momento. No me importa si es egoísta. Pero mi familia sabrá de mis logros cuando esté muy, muy alto. –juró.
- Helga…
- ¡He dicho! ¿Entendiste? Ninguna basura samaritana me convencerá de esto.
- ¡Helga! –la chica reaccionó- No has puesto la tarjeta en el censor… No nos estamos moviendo.
La rubia sintió sus mejillas encenderse mientras apretaba los labios. Simplemente pasó la tarjeta y sintió como comenzaban a moverse.
- Estúpido censor del ascensor. –masculló.
Y Arnold tuvo que contener las ganas de reír, pues no quería llegar a la siguiente parada castrado.
¡Saludos Manada! Aura… Aura… Mi peque y dulce Aura por fin ha llegado.
Y bueno ¿Qué les pareció? Me insistieron desde antes, durante y después de los extras el saber más de Will. Bueno, aquí tienen ¿Qué opinan ahora del chico?
Reglas de la Manada: Nunca des la espalda a un miembro de la manada. Solo recuerda ¿Quisieras que te den la espalda a ti las personas que aprecias? No importa cuántas veces te hayan dejado atrás, tú se mejor. Tú se leal.
¡Nos leemos!
Nocturna4
