Muy bien, me declaro culpable, y sé que lo soy. ¡Lo siento mucho! Se que tarde MUCHO! Y encima tengo que actualizar el Diario de Annie, pero prometo que lo haré!

Las quieroo!


Capitulo siete: Entrenamiento.

Finnick apretó los puños cuando vio la escena. Sabía que no lo hacía con intención, pero de igual manera no podía evitar sentirse mal cuando lo vio, ya había descubierto sus propios sentimientos hacia Annie, era obvio, hace ya mucho tiempo que tenía esos sentimientos hacia ella, pero no había querido reconocerlos.

Se levantó de allí y salió. No podía ver a todos regocijadote con un amor que no existía. Bueno… en realidad no sabía si no existía. Finnick tenía muy claro que Edwin amaba a Annie, pero no sabía si a ella le pasaba lo mismo. Solo sabía que si Annie estaba enamorada de otro, eso lo dejaría devastado. Finnick Odair tenía a todas las mujeres que quisiere… menos a quien amaba.

En una hora llegaron de nuevo a sus habitaciones. Annie lo vio sentado en el sofá frente al televisor. Se sentó ha su lado.

- ¿Te has ido Finn?

- Si lo siento, necesitaba un descanso.

- Esta bien, ni me había dado cuenta. – Oh eso le había dolido.

- Me imagino. – Gruñó. – Estabas muy ocupada besándolo. – Annie rió quitándole la importancia al ácido comentario.

- Hay Finn, si me gustara seguramente ni me habría enterado de que estabas, pero no fue por eso. Es que tenía tanto miedo que no pude pensar en otra cosa. – Finnick se sintió un poco culpable.

- Oye lo siento…

- No, está bien… no pasa nada.

- ¿No… te gusta Edwin? Pensé que si.

- ¿Por qué? Es solo uno de mis amigos. Sabes que tengo muchos amigos hombres. Si me gustara cada uno de ellos…

- Oh… - Dijo quedándose en silencio.

- ¿Ocurre algo Finnick?

- No me digas así, suena a que estas enojada.

- Lo siento. – Rió. - ¿Te ocurre algo Finn?

- No, solo estoy cansado. Pasaron muchas cosas últimamente. Y… no quiero perderte. No quiero que mueras. Te juro que si mueres… yo…

- No digas tonterías Finnick. No me rendiré te juro que haré todo lo que pueda, pero no hay muchas probabilidades de que muera y lo sabes.

- Annie… te prometo que haré todo, todo, para que…

- Shhh… - Le dijo ella poniendo dos dedos en su boca. – No hace falta decir nada. – Finnick tuvo que contener el deseo de besarla y estrecharla entre sus brazos.

- Lo siento.

- Yo también. – Murmuró Annie. – Hubiera querido que las cosas fuera diferentes para todos nosotros. – Ambos se quedaron en silencio. - ¿Qué haremos ahora Finn?

- Entrenar. Tiene que ir abajo, al Centro de Entrenamiento. Allí les enseñaran como desenvolverte en los Juegos. Un consejo de mentor. Préstale atención al puesto de planas. Ese te indicará algo de cómo será la arena este año.

- Vamos, ¿Quieres?

- Vamos. – Dijo tomándola de la mano. Annie miró el gesto con ternura

Caminaron hasta el elevador que los llevó hacia la parte inferior donde les iban a dar el entrenamiento.

- Te dejo aquí. – Susurró Finnick.

- De acuerdo. – Contestó ella. – Te veo a la noche.

- Te quiero Annie.

- Yo también. – Sonrió. Se acercó a darle un beso en la mejilla, y Finnick la esquivo, tomándole la muñeca que levantó sin querer y besándola en los labios. Annie abrió los ojos grandes, pero solo entreabrió los labios para recibir lo de él, sin contestarle. Finnick se sintió un poco rechazado, por lo que retiró el rostro y le huyó la mirada.

- Eh… lo siento. – Balbuceó.

- Finn…

- No, no digas nada. – La calló. – Es… mi culpa, lo siento de verdad lo siento.

- No Finnick, no lo sientas.

- Annie no digas nada. Que calles es menos doloroso.

- Pero…

- ¡Basta!

- ¡Pero no me das ni la posibilidad de hablar!

- ¡Es que no quiero decepcionarme! ¡Ni incomodarte¡ - Annie lo besó, esta vez correspondiendo con un poco de furia pero también algo más. Será tal vez… ¿Enojo? ¿Ira? No, no era algo malo. ¿Cariño? ¿Lástima?... Ah no, lástima no. Eso era lo peor. Se soltó bruscamente de ella.

- No quiero que juegues conmigo.

- ¿Me crees capaz de eso Finn? – Los ojos vidriosos le daban pena. Quería decirle que ella también lo quería.

- Me voy Annie, nos vemos. – Contestó caminando por el pasillo hasta el elevador.

- ¡Espera! – Gritó tendiéndole una mano. – Espera por favor. – Susurró. Finnick entró al elevador de acrílico transparente y leyó en los labios lo que Annie tenía para decirle.

- Te amo. – Se agachó para verla antes de desaparecer hacia el piso de arriba. Annie se volteó y caminó hacia el sector de entrenamiento. En él estaba Edwin.

- Ed, ¿Llegaste con Blue?

- Si. – Contestó.

- ¿Te sucede algo?

- Eh… no.

- ¿Ed? – Annie divisó sus ojos llenos de lágrimas. – Okay, te pasa algo. ¿Qué te pasa? Estamos juntos en esto, dime.

- Annie. Yo… Déjalo no importa.

- Dime

- Después. – Concluyó al ver entrar a la entrenadora

- Buen día. Este es el entrenamiento oficial. Aquí tienen los puestos de caza, de lucha, el puesto de plantas, el de camuflaje, ¡y los puestos que faltan! Hay mucho para revisar, Allí están los Vigilantes. Hagan lo que quieran. – Esta entrenadora era bastante vaga. Bien, eso le gustaba. No necesitaba que nadie le diga que hacer cuando eran sus últimos días de vida. Fue directo al puesto de plantas.

- Ed, ven por favor.

- ¿Qué… ocurre?

- ¿Qué te ocurre a vos?

- Nada.

- Edwin…

- Lo hablamos después ¿Si?

- Esta bien. – Se dedicó a estar en el puesto de plantas, el de nudos, alimentos, camuflaje y estuvo todo el resto de la tarde en el puntería. Algo tenía que aprender.

Al final del día llegó exhausta. Y lo único que quería era dormir. Pero cuando entró a su habitación se encontró con Edwin.

- ¿Quieres hablar?

- De acuerdo. – Contestó cerrando la puerta.