Y mírame y veras, que mis ojos te aman más.
Y mírame y veras, que te digo la verdad.
Yo soy para ti y tú eres para mí. (Juanes)
Capitulo 7 Obertura al dolor
Esa noche le costó mucho trabajo conciliar el sueño. En silencio en la habitación rememoró lo que había pasado ese día. En Tamaran muchas veces escuchó que un beso podía aclarar los sentimientos. Y recordó. El beso con Robin.
Con Robin.
El hombre que ella, ahora podía decirlo con seguridad, amaba. Nunca había besado a alguien de esa forma. Jamás nadie la había hecho sentir, con tan sólo una mirada, lo que Robin le provocaba. Y ahora sabía que nunca más quería ser besada por otros labios que no fueran los de su príncipe terrícola.
Sonrió al escuchar la acompasada respiración de Robin mientras este dormía. Sólo había sido un beso, quizá nada extraordinario. Robin y ella no se habían jurado amor eterno después del beso, él no sentía eso por ella, pero… pero aún así había sido especial, doloroso y especial, al menos para Starfire.
Sus labios parecían conocerse mejor que ellos mismos, seguían un ritmo lento y acompasado. Starfire no había apartado sus brazos del cuello de Robin y él le acariciaba lentamente el cabello con una mano, mientras la otra descansaba en su cintura.
Cuando se separaron Star aún tenía los ojos cerrados y las mejillas ligeramente rosadas. Aún sentía el sabor de los labios de Robin sobre los suyos y se negaba, al menos por un instante, a despertar de su ensueño. Pero la realidad es inevitable y finalmente tuvo que abrir los ojos.
Robin sonrió y le pasó el brazo por los hombros. Juntos se encaminaron al castillo sintiendo en sus labios la calidez de los labios del otro.
Robin aún sentía ese extraño cosquilleo en su estomago. Cada vez que su pelirroja lo miraba sentía como si una descarga eléctrica lo recorriera. Y cuando sus labios se habían unido, por fin, fue mejor de lo que esperaba. Starfire supo transmitirle, con sólo un beso, dulzura, cariño, calidez y una pasión que no había experimentado con nadie, ni siquiera con Bárbara. Bárbara Gordon.
-Starfire yo… -murmuró Robin.
-No digas nada –lo interrumpió Star con voz tranquila- lo sé.
Claro que lo sabía. Esa información estaba irrevocablemente unida a su alma y a su corazón. Robin estaba enamorado de otra mujer, lo había leído en su diario y él se lo había dicho en su viaje de bodas. El mensaje le había quedado claro. No quería volver a escucharlo, al menos no de los labios de Robin.
Robin se quedó callado. Starfire caminaba a su lado y no podía percatarse de la expresión del chico, que definitivamente mostraba confusión. Ella sabía lo que él iba a decirle antes de que él siquiera lo mencionara. Y ella no parecía molesta, ni siquiera mostraba turbación. Siempre le había intrigado la serenidad con la que Starfire reaccionaba, sin dramas, sin escándalos. No encontraba más de dos explicaciones para este comportamiento. O bien la joven era muy madura o… sintió que una ligera explosión de ira lo recorría… ella también estaba enamorada de otro. Del tal Speedy.
Pero sus pensamientos se esfumaron al ver a su esposa sonreírle con naturalidad.
-Y… -susurró Starfire, tratando de que su voz no reflejara su dolor- ¿Qué había en tu mano derecha?
Robin le regresó la sonrisa y le mostró otro anillo, este era de brillantes.
-Me gusta más el que escogiste. Combina con tus ojos –comentó Robin apretando ligeramente el hombro de Star.
Starfire miró la sortija de oro blanco y esmeraldas que relucía en su dedo. A ella también le gustaba, porque era importante para Robin.
Ingresaron al castillo y nuevamente se unieron a la fiesta. Y el rey Bruno pudo percatarse de que a ambos los acompaño una ligera sonrisa el resto de la noche.
Robin despertó con la sensación de que había dormido perfectamente. Jamás se había sentido tan bien, tan satisfecho, con tanta energía… ¿tan feliz?
Se levantó tratando de no hacer demasiado alboroto para que Starfire continuara durmiendo. La cena había sido un éxito y eso se debía a la paciencia de Starfire y Raven. Sin duda su esposa estaría cansada, por lo que prefirió dejarla dormir un poco más. Se incorporó con cuidado en el momento en que Starfire soltaba un gemido entrecortado, ella se movió un poco y volvió a dormir apaciblemente.
Robin la observó, Starfire dormía con una expresión serena, parecía una niña, una niña sumamente bella. Antes de abandonar el dormitorio Robin le coloco bien la frazada y le dio un suave beso en la frente.
-Robin –suspiró Star entre sueños en el momento en el que el joven de ojos azules comenzaba a recorrer el pasillo que lo conducía al despacho de su padre.
La flecha recorrió velozmente el camino hasta el blanco y la joven tamaraniana no pudo evitar sonreír. El campo de tiro de arco estaba a unos 800 metros del castillo. Rodeado de frondosos árboles que cada día perdían más hojas, el final del otoño estaba muy cerca. Cuando era más joven era usual encontrar ahí a Robin, pero ahora lo habitual era ver a Starfire perfeccionar su puntería.
-¡Lo has hecho muy bien! –la alabo Bee-. Nunca había visto que una mujer logrará tal dominio en la arquería. ¿No es cierto Raven?
La chica de cabello oscuro levantó la mirada del libro que sostenía en sus manos. Estaba sentada en el césped, junto a Bee, tenía la espalda apoyada en el tronco de un árbol y estaba a punto de terminar Leyendas acuáticas del Reino de la Tierra.
-Es cierto, normalmente los hombres son los que practican esto –murmuro con voz monótona.
-Tienes razón –acepto Starfire al tiempo que deslizaba otra flecha en su arco-, después de todo un hombre me enseñó. Pero pienso que nosotras también deberíamos saber cosas de este tipo. Uno nunca sabe cuándo resultarán útiles –terminó y disparo la flecha, ésta se incrustó en el blanco con precisión.
-Insinúas que te preparas para la guerra –comentó Bee en broma.
-No se registra una guerra en la historia del Reino de la Tierra desde hace 97 años –declaró Starfire sonriendo a su amiga.
Apoyo el arco en el tronco de un árbol y se dejo caer en la hierba cerca de donde Raven leía.
-¡Vaya que sabes nuestra historia! –exclamo Bee, sorprendida de que una extranjera conociera mejor las raíces de su Reino que ella- yo habría jurado que era desde hace 87.
-La historia de su Reino es extraordinaria, tanto como la de mi reino natal –explicó Star en tono entusiasta- la verdad es que me ha entusiasmado mucho.
-No crees que ya deberías decir nuestro Reino –pregunto Raven amablemente antes de cerrar el libro, por fin había terminado-. Después de todo serás nuestra soberana algún día y estás casada con Robin.
-Quizá tienes razón.
-¿Aún no te sientes en casa? –cuestionó nuevamente Raven observando con afecto a Starfire, para ella la pelirroja era una persona a la que podía llamar amiga con las 5 letras.
Starfire sonrió con melancolía antes de contestar, en la Tierra se sentía muy cómoda, casi como en casa. Sin embargo, aún no podía sentir que perteneciera por completo a ese Reino.
-Para serles franca no lo sé –confesó Star observando las nubes-. Aquí viven muchas personas que quiero, pero… yo no soy una terrícola, soy tamaraniana y viví ahí 17 años. Llevó menos de uno en la Tierra, aunque puedo decir aquí me siento feliz –sonrió sinceramente.
Raven la miró y también esbozo una pequeña sonrisa satisfecha. Cuando escuchó que una extranjera sería la futura soberana de la Tierra desconfió por completo de la tamaraniana. Sabía que así se manejaban las cosas según la política exterior, pero dudaba que una tamaraniana demostrara el mismo amor por el Reino que una terrícola. Y en la historia de la Tierra, había quedado patente que cuando un Rey amaba su Reino, éste gozaba de prosperidad. A Raven no le cabía duda que Starfire apreciaba el Reino y eso sin duda era benéfico para la Tierra, el lugar que también había sido el hogar de su madre.
El joven de ojos verdes miró a su amigo con dureza.
-¿Me lo estás diciendo en serio? –pregunto con frialdad, como si insinuara que le estaban jugando una broma, una broma de muy mal gusto.
-Sabes que nunca jugaría con algo así –contesto Mento sin demostrar turbación por el tono de su amigo.
Y sin duda, cualquier hombre con una jerarquía más baja o igual a la de ellos, se habría puesto a temblar al ver la furia en los ojos de Garfield.
-No estoy en condiciones de regresar, sabes que ellos…
-Rita y yo nos ocuparemos de ellos en tu ausencia, no tienes por qué preocuparte.
-¿Tienes idea de por qué me están ordenando esto? –cuestiono Garfield molesto.
-Necesitamos más información, la suficiente para tener éxito.
-Claro, cómo es que no lo vi antes –mascullo Garfield irónicamente.
-Ordenes son ordenes –murmuro Mento.
A veces Garfield le parecía sólo un chiquillo, hacía berrinches como un niño. Sin embargo, sabía de sobra que Garfield Logan podía ser un hombre amenazador e incluso cruel, cosa que era justificable dado el Reino en el que vivían.
-Está bien. Te prometo que ésta vez no me faltará ni un solo detalle.
-Eso espero. De lo contrario podrían sancionarte y sabes lo que pasaría si eso llega a ocurrir –advirtió Mento, comenzaba a sentirse viejo para esas cosas, pero tampoco le agradaba que los jóvenes como Garfield tuvieran que inmiscuirse en esos asuntos.
-Lo sé, la furia del rey no tendría límite. Sé muy bien que nos da una segunda oportunidad porque tiene especial interés en la información.
-No entiendo por qué fallaste la primera vez. ¿Acaso algo o alguien te distrajo? –pregunto el mayor con perspicacia.
Conocía a Garfield desde que este era un niño y sabía que el muchacho jamás se había enamorado. Una que otra vez coqueteaba con las chicas de la aldea, pero nunca nada serio. Desde la muerte de su madre 2 años atrás, Garfield vivía sólo para ellos.
El fugaz recuerdo de unos ojos lavanda cruzó por la cabeza de Garfield.
-Quizá –contesto enigmático-, pero te aseguro que ésta vez no pasará lo mismo.
Minutos después ultimaron los detalles y Mento se despidió de Garfield. Este se encamino hacia su casa, molesto por su debilidad. La mirada de Raven, su rostro, su expresión melancólica, sencillamente no lo abandonaban. Furioso golpeó un árbol con toda su fuerza.
-No volverá a pasar –farfulló en voz alta, al tiempo que observaba como su puño comenzaba a sangrar ligeramente.
Ignorando su herida continuó su camino, pensando que muy pronto volvería a pisar el Reino de la Tierra. Y en ésta ocasión tenía prohibido fallar y, sobretodo, estaba prohibido reencontrarse con la dueña de los ojos lavanda.
-¿Y cómo es la vida de casado? –pregunto Cyborg sonriendo, al tiempo que atestaba un golpe a Robin con su espada.
-Pues… buena –Robin detuvo el golpe con su arma y se preparo para lanzar una estocada contra Cyborg.
Para él la vida de casado no diferiría mucho de su vida de soltero. Entrenaba con Cyborg, se ocupaba de algunos asuntos de su padre, a veces iba a tomar al bar del pueblo con su amigo y los chicos. Lo único que hacía la diferencia era que la tenía a ella. Platicaban acerca de muchos temas que ambos habían preferido callar antes, almorzaban juntos, paseaban y por las noches a veces jugaban ajedrez frente a la chimenea, juego terrestre que Starfire había aprendido con rapidez.
-Lo supongo, el matrimonio tiene sus compensaciones –comento el moreno agachándose justo a tiempo para evitar ser golpeado por la espada de Robin.
¿Compensaciones? La sonrisa de su amigo le indicaba claramente a qué se refería. Aunque él aún no había tenido ese tipo de compensaciones. De hecho Starfire y él sólo se habían besado como se debe una vez. Pero Robin no deseaba obligarla a nada, aunque teóricamente era lo que se hacía en los matrimonios de ese tipo.
-¿Qué te pasa? –pregunto Cyborg, al observar el silencio de su amigo detuvo el entrenamiento -¿Dije algo malo? –el moreno se rascó la cabeza.
-¿Has… –Robin no sabía cómo preguntarlo sin parecer patético- has visto a Bárbara por el pueblo?
-¿Bárbara Gordon? –pregunto Cyborg, pues el moreno sólo la había visto un par de veces, aunque recordaba su rostro. Era una chica hermosa de mirada algo calculadora.
-Sí, la que te presente un día en el torneo de espadas –aclaró Robin impaciente-. Y bien… ¿la has visto?
-No, al menos no desde la última vez que los vi juntos. ¿Por qué te interesa?
-Sabes muy bien por qué –comento Robin con brusquedad, al tiempo que comenzaba a quitarse la ligera armadura que utilizaba para entrenar.
-No me digas que… -pregunto Cyborg sorprendido y, por qué no, escandalizado. Robin estaba casado con una joven muy hermosa y no comprendía por qué se interesaba en el paradero de Bárbara-. Pensé que lo suyo era un idilio pasajero.
-Sí, tan pasajero que constantemente pienso en ella –mascullo Robin con tono sarcástico.
-Creí que estabas enamorado de Starfire –comentó Cyborg estudiando a Robin con la mirada.
Robin, que había estado bebiendo un poco de agua, se atraganto.
-Yo… Starfire… -balbuceó torpemente- Estamos casados pero… bueno eso… eso no quiere decir que… -se interrumpió y trato de olvidar la calidez de los labios de la pelirroja y las nuevas sensaciones que había experimentado- bueno… lo nuestro es…
-Un acuerdo político –termino Cyborg elocuentemente.
-Bueno no exactamente –se apresuro a contestar Robin, se acomodo el cuello de la camisa negra que usaba bajo la armadura, se sentía incómodo.
La definición de su amigo sonaba un poco… bueno… la verdad es que no encajaba con lo que pensaba de Star. Ella no era un acuerdo político para él, más bien era su amiga. La amiga que siempre había deseado y la mujer con la que estaba casado. No un vulgar acuerdo político.
-¡Vamos! –reclamo Cyborg-. No me mientas. Dudo que una chica como ella no te provoque nada.
-Yo no dije eso –negó Robin algo molesto.- Por supuesto que la quiero, pero…
-¿No como a Bárbara?
-Bueno, no exactamente –murmuro mas incómodo que antes-. Además…
-¿Además? –cuestiono Cyborg observando que Robin cerraba los puños enfadado.
-Sospecho que Starfire está enamorada de otro –farfulló, diciendo por fin en voz alta lo que tanto le molestaba y… temía, aunque esto jamás lo admitiría.
-¿Y eso te molesta, viejo? –cuestiono su amigo.
-¡Por supuesto! –contesto Robin tan rápido que a penas dio tiempo a Cyborg para terminar de hablar-. Quiero decir… -agrego velozmente- a ti también te molestaría que tu esposa este enamorada de otra persona…
-Y no de ti –concluyó Cyborg sonriendo, para él estaba más que claro. Robin estaba celoso.
-No me mires así –ordenó Robin. No soportaba que Cyborg lo mirara como si él supiera todo y Robin fuera sólo un pobre ingenuo.
-Poniéndolo en términos equitativos, si tú estás enamorado de Bárbara pienso que Starfire también tiene todo el derecho de amar a quién ella quiera.
¿¡Amar?! Robin no estaba dispuesto a aceptar semejante cosa. Iba a protestar, pero Cyborg lo interrumpió.
-De otro modo, pienso que eres muy egoísta. Deseas que ella te quiera a ti, admítelo, –murmuro en tono retador- pero tú no estás dispuesto a corresponder de la misma forma. Me parece injusto.
Robin se quedó callado. Muy a su pesar Cyborg tenía razón, aunque no pensaba aceptarlo frente a su amigo. Starfire era una persona muy importante para él y siendo sincero se sentía molesto al imaginarla con el tal Speedy. Quizá era egoísta, pero ella era su esposa y su amiga. Lo de Bárbara, bueno eso era un asunto que no venía al caso.
-Vamos a almorzar –propuso Cyborg, lamentando que Robin fuera tan testarudo, incluso con sus propios sentimientos.
-¿En dos meses? –pregunto Starfire emocionada.
-Sí, en dos meses Chispita ya no podrá escapar –sentencio Bee felizmente al tiempo que observaban los bonitos adornos para el cabello que se exhibían en una tienda.
-¿Chispita? –inquirió Starfire.
-Así le dice desde que los conocí. Es algo así como una expresión de cariño –murmuro Raven con su tono de siempre al tiempo que estudiaba un prendedor azul.
Bee sonrió al pensar en su prometido y acarició con cariño su anillo de compromiso. Starfire que la observaba se alegraba de que su amiga fuera tan feliz. Por fin sus sueños de casarse con Cyborg se harían realidad. Siempre que los veía juntos se daba cuenta de que ambos se amaban sinceramente, era algo que se notaba a simple vista. Sonrió con nostalgia y los envidió un poco.
El que Robin y ella se amaran de la misma forma era sólo un dulce sueño. Una ilusión y una esperanza, que sólo existían en su corazón.
-¿Y dime amiga, por qué le dices Chispita? –pregunto Starfire al tiempo que pagaba una delicada peineta de jade.
-Bueno aunque no lo parezca –contesto Bee después de reír un poco y guiar a sus amigas fuera de la tienda- Cyborg es un inventor. Le encanta hacer experimentos y crear cosas. Cuando lo conocí trataba de inventar sus propios fuegos artificiales, por eso lo apode Chispita.
Raven y Starfire rieron quedamente, ciertamente Cyborg tenía más aspecto de guerrero que de inventor. Aunque indudablemente Bee era quién lo conocía mejor que nadie.
-Oigan que dicen si entramos –propuso Bee señalando una de las tiendas del pueblo.
En realidad, parecía más una carpa rosada que una tienda, señal de que era un negocio temporal. El letrero anunciaba Madame Jinx, adivina. Las campañillas de viento, en la entrada de la carpa, resonaron con un suave tintineo, lo que acrecentó la atmósfera misteriosa que reinaba entre las tres amigas.
-Sólo son mentiras –murmuro Raven.
-Eso no podemos saberlo si no entramos –las animo Bee- quizá nos de una buena noticia.
-O una mala que nos preocupara en exceso –sentencio Raven.
-El optimismo en persona –bromeo Bee- ¿qué dices Starfire? Subimos al trenecito feliz.
-No lo sé –titubeó la tamaraniana- a decir verdad no creo mucho en, eso.
-Pero tienes curiosidad ¿no? –la alentó Bee- Entremos ¿qué podemos perder?
-El letrero indica que debemos entrar una por una. El misterio se acrecienta –señaló Raven con sarcasmo.
-Esta bien, entrare yo primero –se ofreció Bee, tratando al tiempo de animar a sus amigas con su decisión.
La resuelta morena entro con paso firme y salió unos 8 minutos después con el rostro algo tenso.
-¡Vaya! Me ha dicho algo muy extraño –se quejo acercándose hasta donde estaban sus amigas hablando con unos pequeños, que poco antes se habían caído al jugar.
-¿Qué te dijo? –cuestiono Raven, al tiempo que le acariciaba la cabeza a uno de los niños a modo de consuelo.
-Que Chispita y yo nos casaremos en medio de un mar de confusión y despedidas –rezó, repitiendo con exactitud las palabras de la vidente.- ¿Confusión? Estoy segura de que lo amo y sé que él no ama a nadie más –terminó en voz baja, azorada y algo ruborizada.
-Te lo dije –aludió Raven al tiempo que observaba a los chiquillos correr nuevamente.
-Bien, es su turno para saber qué les depara el futuro –resoplo Bee con voz mística.
Starfire y Raven se miraron, ambas chicas rieron y Raven entró a la carpa. Salió en menos de 5 minutos, con la misma expresión de siempre y convencida de que había malgastado su dinero.
-¿Y bien? –pregunto Starfire observando a su amiga.
-Nada extraordinario. Te enfrentaras a problemas con personas a las que jamás imaginaste conocer. Tonterías –sentenció.
-Quizá deberíamos irnos –sugirió Star al observar con desconfianza, más no temor, la carpa de Madame Jinx
-Ni hablar. Tengo curiosidad de saber cuál es su último mensaje críptico –expreso Bee en tono bromista y etéreo.
Starfire suspiro y entró con decisión a la carpa.
Dentro había una atmósfera algo sofocante, dado el calor que se sentía. Una varita de incienso perfumaba el lugar con un dulce olor a canela. Miles de collares de cuentas adornaban las paredes de la carpa. En el centro había una mesa cubierta con un mantel negro y un par de sillas, una de ella ocupada por la adivina. Era una hermosa mujer de cabello rosado, tez pálida y mirada perspicaz. Madame Jinx la miró y sonrió al tiempo que le indicaba que tomara asiento en la silla frente a ella. Starfire se sentó y la observo barajar las cartas del tarot con gran destreza.
-¿Qué te dijo? –cuestiono Bee al ver que Starfire salía de la carpa exactamente 10 minutos más tarde.
-¿Estás bien? –pregunto Raven al observar la expresión de Starfire.
-Sí –la voz de Starfire parecía normal y su rostro había recuperado la expresión de siempre, aunque no podía evitar pensar en lo dicho por la adivina. No se atrevía a repetirlo en voz alta, por temor a que pudiera convertirse en realidad.
Sus amigas la observaban cuidadosamente. Por lo que tuvo que hablar.
-Te reencontraras con tu familia en un lugar conocido –mintió, esperando que sus amigas no se percataran de su engaño.
Raven y Bee le creyeron y decidieron que lo mejor era regresar al castillo. Regresaron discutiendo sobre Madame Jinx y sus grandes predicciones. Despedidas, problemas en la vida y reencuentros. Eran cosas inevitables para un ser humano y cualquiera podría haber deducido esas predicaciones por sentido común. Era obvio que al casarse Bee se despediría de sus padres, en la vida Raven tendría problemas y Starfire podría ir a Tamaran cualquier día a visitar a su familia. Ninguna de las 2 reparó en el silencio de la tamaraniana, que estaba sumida en sus meditaciones sobre el significado de la temible predicción de Madame Jinx.
El viento cada día se hacía más y más frío. Una mañana todas las ventanas del castillo amanecieron escarchadas y el paisaje se tiño de blanco. El invierno había llegado. Y el frío aire obligaba a los habitantes del Reino de la Tierra a utilizar abrigos y bufandas.
-¿Estás bien? –pregunto Robin preocupado al observar a su esposa. Starfire tenía varios días de estar extraña. Parecía sumida en sus pensamientos.
-Sí –mintió observando como Robin se inclinaba para añadir más leños a la chimenea de su habitación.
-No eres buena mintiendo ¿sabes? –comentó Robin incorporándose.
Starfire suspiro y fue al ventanal que los separaba de la terraza, los árboles del bosque se apreciaban húmedos y estaban cubiertos por una crujiente y delgada capa de nieve. El cercano lago estaba congelado.
Por la cabeza de Robin pasaron mil ideas. Starfire llevaba más de una semana actuando de una forma antinatural en ella. No sonreía con frecuencia y cuando le hablaba se sobresaltaba. A veces se quedaba mirando el atardecer desde su terraza con una expresión indescifrable. Quizá estaba enferma y no quería decírselo. Quizá no se sentía a gusto en el palacio. O no se sentía feliz en su compañía después de ese beso. O quizá simplemente estaba pensando en el tal Speedy. La conocida oleada de furia lo hizo apretar los labios. Lo único que era seguro es que ella estaba preocupada.
-Robin… -murmuro la pelirroja observándolo seriamente-. ¿Tú crees en adivinas?
-Por supuesto que no –contesto Robin flanqueando una butaca que lo separaba de Starfire, finalmente se coloco frente a ella- ¿Por qué la pregunta?
Starfire bajo la mirada. No le había contado a nadie lo que le había dicho Madame Jinx. Aún podía recordar sus palabras, el tono de su voz y sobre todo, el contenido de sus palabras. Aunque no le gustaba admitirlo sentía miedo, miedo de que la adivina tuviera razón. Sin poderlo evitar su mirada comenzó a empañarse, trato de separarse de Robin, pero él la detuvo.
-Starfire –susurró Robin inquieto al observar el comportamiento de su esposa.- Starfire, ¿qué tienes? –cuestiono él rodeándola con sus brazos.
Y por algún extraño motivo Starfire se tranquilizo. Estar así con él, era reconfortante. Se sentía protegida y segura, sabía que podía confiar en Robin. Ella también lo abrazo y cerró los ojos. Quería estar con él. El calor de la chimenea los iluminaba y ella se sintió tranquila y algo tonta por sus temores. Lentamente se separó de él, se sentó en una butaca y le contó todo.
Al terminar Robin le sonrió, se acerco hasta donde ella estaba y la incorporo de la butaca. Un instante después Starfire quedó aprisionada nuevamente en los brazos de Robin.
-No te preocupes –susurró tranquilamente al percatarse de que su pelirroja ya estaba más relajada- No va pasar nada. Seguramente es una estafadora. Todo está bien –prometió, lamentándose de que las palabras de aquella charlatana hubieran preocupado de ese modo a su Star.
El fuego crujía alegremente en la chimenea y consumía lentamente los leños. Y bajo esa anaranjada luz Robin se inclinó y unió sus labios con los de la joven. Un mar de sensaciones lo invadió. Su intención inicial había sido tratar de que Starfire se sintiera protegida, pero el beso lo había desarmado por completo y no podía controlarse.
Starfire tenía algo que lo embriagaba. Algo que lo dejaba sin respiración y que le cortaba todas las ideas. Se separaron y Robin comprobó con disgusto que no era lo que él deseaba.
-Será mejor que vayamos a la cama –sugirió Starfire volteándose hasta quedar de espaldas a él. No quería que Robin se percatara de su emoción. Sentía sus mejillas arder y estaba segura de que él se daría cuenta de su nerviosismo.
Transcurrieron tan sólo un par de segundos hasta que se dio cuenta del disparate que había dicho.
-Quiero decir –habló entrecortadamente y sumamente apenada- a dormir no a… a…
-Tranquila, te entiendo –murmuro Robin sonriendo y luego en tono natural agregó-. No te vayas a quedar dormida mañana, te tengo una sorpresa.
Y ante este enigmático comentario se dirigió a su vestidor para cambiarse, dejando a Starfire ligeramente sonrojada en medio de la habitación. Ella palpó sus labios como si no creyera en lo que había pasado. Pero era real. Robin y ella se habían besado nuevamente, quizá él…
Sonrió y también se dirigió a su vestidor.
El lago estaba completamente congelado. Perfecto. Pensó Robin al tiempo que montaba un caballo y comenzaba a galopar con dirección al pueblo. Tenía que comprar algo.
Cuando Starfire despertó encontró un paquete a los pies de su cama y una nota sobre él.
Te veré en el lago a mediodía, no olvides el regalo. Robin.
Sus dedos temblaban al tratar de desenvolver el paquete, los leños de la chimenea se habían consumido durante la noche y fuera de las tibias mantas el frío era evidente. Finalmente consiguió rasgar el papel en el que estaba envuelto el paquete y descubrió su contenido. Sonrió ante las ocurrencias de Robin.
Al mediodía Robin distinguió la delicada figura de Starfire aproximarse al lago. Él había pasado la mañana comprobando, con ayuda de Cyborg, que el hielo estaba firme. Numerosas parejas y algunos niños, vigilados por sus padres, ya patinaban alegremente sobre la helada superficie del lago.
Starfire se coloco los patines blancos que él le había regalado y Robin la ayudo a levantarse de la roca en la que se había sentado. Pasaron el resto de la tarde patinando hasta la hora de cenar.
Cyborg, Robin y algunos chicos del pueblo jugaron un rudo partido de jockey. Cuando comenzaba a atardecer Cyborg, Bee, Starfire y Robin protagonizaron una batalla campal de bolas de nieve. Raven se unió más tarde cuando una bola, lanzada por Cyborg, aterrizó en su libro. Lo que no le hizo mucha gracia.
Fue un día divertido, que borró de plumazo las preocupaciones de Star. Robin se sentía satisfecho, ya que había logrado animar a su esposa y ella sonreía como siempre. Al anochecer pasearon por el enorme jardín trasero del palacio y observaron apaciblemente las formas que describían los copos de nieve al caer a merced del viento.
-Será mejor que entremos –propuso Robin y agregó con tono protector- no quiero que te enfermes.
Starfire río alegremente y se colgó del brazo de su esposo.
-Gracias –susurró en el momento en el que se aproximaban al comedor, para cenar y beber algo caliente.
Las precauciones de Robin fueron inútiles, en cierta forma.
A la mañana siguiente el joven de ojos turquesa estornudaba sin parar y por la noche tenía fiebre. El rey Bruno había llamado al doctor y Robin se sintió como un niño en el momento en el que lo examinaba. Afortunadamente sólo tenía un ligero resfriado. Después de prescribirle algunos médicamente y recomendarle descanso, el doctor se marchó y lo dejo a solas con Starfire.
-No te preocupes, estoy bien –murmuro Robin al terminar de escribir en su diario.
-¿Lo dices en serio? –Starfire lo conocía lo suficiente para darse cuenta de que era muy orgulloso y no admitiría sus dolencias.
-No me mires así –pidió Robin- En serio estoy bien. Esto no es nada para mi –estornudo sonoramente. La verdad es que se sentía algo mareado y le dolía el cuerpo, pero no quería preocuparla.
Desgraciadamente a la mañana siguiente la fiebre le había aumentado. Nuevamente llamaron al médico, quién se extraño de que Robin no hubiera mejorado y le receto un nuevo medicamento. El príncipe no tenía neumonía, pulmonía o meningitis. Simplemente era un resfriado duro de combatir.
Starfire pasó todo el día a su lado. Robin dormía y ella le cambiaba continuamente un pañuelo mojado que le había colocado en la frente. No pudo evitar pensar que si ella y Robin no hubieran ido a patinar él estaría bien.
El Rey Bruno acudió preocupado por ambos, la fiebre le había aumentado un poco a Robin, Starfire se negaba a abandonarlo y no había comido en todo el día. Así pasaron un par de días, cuando Robin despertaba encontraba a Starfire a su lado, ella le ofrecía comida y lo obligaba a tomar las medicinas y mucha agua.
Raven también se mostraba preocupada, era muy raro que Robin se enfermara y era imposible apartar a Starfire de su lado. Algunas veces ella misma le llevaba comida a la tamaraniana. Pero se llevaba un chasco, cuando al regresar por la bandeja, se daba cuenta de que Starfire apenas había comido. La riño un par de veces e incluso se lo comentó a su tío, pero ninguno de los dos logró persuadirla de abandonar a Robin un momento y mucho menos de descansar.
En la tercera madrugada Robin despertó sintiéndose mejor, Starfire estaba sentada al lado de la cama y se había quedado dormida con la cabeza apoyada al lado del brazo derecho de Robin, al parecer lo había velado toda la noche. Se levantó y el movimiento despertó a Star.
-Lo lamento –susurró él- no quería despertarte.
-¿Estás bien? –pregunto adormilada.
-Sí ya me siento mejor. Creo que la fiebre ya pasó –murmuro palpándose la frente.
-Menos mal –suspiró la chica.
Había estado muy preocupada al ver que la fiebre no cedía. Pero al parecer Robin se había recuperado con el descanso. Cuatro horas más tarde le llevó el desayuno y se alegró al ver que Robin comía con entusiasmo, señal de que inequívocamente se estaba recuperando. Starfire tenía los ojos brillantes y las mejillas algo rojas, pero Robin lo atribuyo al frío clima.
-Debes abrigarte más –le aconsejó Star.
-Claro, mamá –contesto él en tono de chanza.
Starfire iba a replicar, pero unos fuertes golpes en la puerta los interrumpieron.
-Pase –respondió Star y la figura de Raven apareció por la puerta.
-Starfire –murmuró Raven, no sabía cómo decirle lo que pasaba, pero tenía que hacerlo cuanto antes.
-¿Qué pasa? –pregunto la pelirroja al tiempo que sentía un ligero mareo.
-Ha llegado un mensajero de Tamaran –anunció Raven y Robin se dio cuenta de que su prima hablaba con el mayor tacto posible- parece ser… bueno él dice que… -titubeó.
Star dejó caer el pañuelo que tenía en sus manos. Su padre nunca enviaba mensajeros, generalmente le escribía largas cartas. Quizá no era motivo de alarma, pero… pero tenía un mal presentimiento.
-Raven, habla por favor –exigió Robin al observar que Starfire comenzaba a ponerse nerviosa.
-Tu padre está muy enfermo y quiere verte –soltó Raven, detestando tener que decírselo.
Starfire abrió los ojos asustada, la vista se le nubló y la oscuridad se adueño de ella. El sonido de la bandeja de plata, en la que Starfire había llevado el desayuno, al estrellarse contra el suelo de mármol, repiqueteo por la habitación. La porcelana rota tintineó ruidosamente. Pero ni Robin ni Raven le prestaron atención.
-¡Starfire! –la llamó Robin desesperado tratando de hacerla reaccionar.
Pero nada más tocarla se percato de algo. La joven tamaraniana ardía en fiebre.
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¡Hola! n.n Tiempo sin verlos u.u
Espero que se la hayan pasado súper bien en Navidad y Año Nuevo!! Yo fui muy feliz, porque en esta época siempre hay buena comida jajaja
Pero bueno, basta de rollos y pasemos al fic.
Las cosas poco a poco se van ubicando. Estos tórtolos ya van avanzando en su relación n//n, lo malo que es que aún les faltan muchas cosas por enfrentar, lo bueno es que se tienen el uno al otro n.n
Esta vez quise que Bee y Cyborg participaran un poco más, ya que tmb tienen su importancia en el fic. Chico Bestia volvió a aparecer y su regreso a la tierra está cerca, lastima que para él lo que tiene prohibido sucederá. Y por fin Robin visitará Tamaran y créanme que hay más de una sorpresa ahí u.u
En fin, ojala haya sido de su agrado. Cuando terminé de escribir me sorprendí, es el capi más largo que he hecho. Les aseguro que hay más drama, dolor y amor para rato n.n Por cierto quiero aclarar que el nombre del capi pasado lo tome de un episodio de DNAngel, una excelente historia .
Quiero agradecer a todos los que leen y como siempre a los que dejan comentarios. Leer sus reviews, críticas, amenazas y caras Hellman´s me hace sentir muy contenta n.n, sin mencionar las pláticas en el msn XD
Chris Mc.Raven, Chica 93, Ángel de la noche, Nathalie, Kathie-Kate, Li-Chan, Ligthfire, Rys.Zya, Kerosen, Andrea, Sligerer, Cherry Blossom, Gilraen Tinúviel, El pájaro de fuego, Morgana, Shi no hime, Dark Jasmy, Maresk321, KoryYumi, NigthStar.007 y Marisol Morales.
Se los agradezco, me animan a seguirle n//n
Por último, quiero aprovechar para desearles un año nuevo genial!! Espero que se llenen de sonrisas, que alcancen sus sueños y sobre todo que reciban y entreguen mucho amor este 2007 n.n
Como dicen en mi país les deseo Salud, Dinero y Amor. Pero no olviden que depende de nosotros que nos vaya bien, así que échenle los kilos y que tengan un 2007 de película!! o
Un abrazo de oso
Matta ne
Prox capi: El soneto del adiós
Hagan cara Hellman´s n.n
