El viaje transcurrió de forma tranquila, todo lo tranquilo que podía ser un viaje con tan pintoresco grupo. De vez en cuando la rubia no podía evitar dirigir una mirada de reojo a Vanitas, apartado y solitario mirando por la ventana. Algo en su interior le impedía ignorar al muchacho aunque se había visto incapaz de identificar el porqué. Esas miraditas no pasaron desapercibidas para algunos integrantes del grupo, sin embargo, nadie dijo nada al respecto.
Cuando Sora acabó de narrarles la historia de cómo se habían teñido como si hubiesen matado a un dragón entre los cuatro y de su sangre hubiesen brotado hermosas rosas, decidieron jugar a las palabras encadenadas para sobrevivir a la espera. Lo sé, verdad o reto tenía más chicha, pero eso se estaba reservando para esa noche.
Así pasaron el viaje, al llegar Aqua les llamó al orden y presentó a Vanitas una vez estuvieron todos prestando atención, poniéndose ambos delante del tumulto de alumnos.
- Creo que ya lo conocéis todos, pero este es Vanitas. Lo han cambiado a nuestra clase para que ambas clases del curso tengan los mismos alumnos. Y bueno, como todos tenéis grupos de cuatro podéis acogerle sin problema. - Aqua estaba algo violentada tanto por la actitud del muchacho como de la clase.
Todos evitaban mirarle aunque el sentimiento colectivo era obvio, nadie quería tener nada que ver con él, sabían perfectamente como era y que si lo habían cambiado no era precisamente para "equilibrar el numero de alumnos". Naminé lo intuía y aunque estaba más que dispuesta a permitir a Vanitas quedarse con su grupo, no estaba en su mano decidirlo así que se quedó callada mirando con pena al chico, que intentaba mirar a nadie con las manos en el bolsillo de su sudadera, claramente molesto con todos.
- Parece que a todos ahora os da vergüenza después de no callar en todo el viaje. - comentó la peliazul intentando rebajar la tensión, inútilmente - ¿Y tú, Vanitas? ¿Tienes alguna preferencia?
Preguntó intentando que por lo menos alguien dijera algo. Su última opción era meterlo en el de los profesores, eso era castrar socialmente al chico. Por suerte para ella y su conciencia de profesora, Vanitas tenía algo en mente. Como siempre. Clavó sus ojos en la rubia y ésta tragó saliva, anticipándose a lo que se le venía encima, el moreno mostró su sonrisa más maquiavélica y su mirada más penetrante. Acto seguido, con la voz más inocente que podría tener un chico de su edad habló:
- Bueno, profesora Aqua, yo solo conozco a Naminé. - y la señaló con el indice. Todos supieron que eso era una mentira como una catedral, como una catedral de Italia con más años y pisos de los que podían contar. Pero poco le importó a la profesora novata, cuyos ojos brillaban con la alegría y la ilusión que solo los niños y los borrachos sentían, bueno, y ahora Aqua.
- ¿Y bien? - preguntó la adulta esperando una respuesta de la rubia que miraba a Vanitas con un sonrojo considerable y la boca medio abierta intentando recordar como se hacía eso de hablar.
- Claro, sin problemas. - una voz aceptó sin dudar mientras posaba su mano sobre el hombro, al girarse vería a la pelirroja con una sonrisa en los labios. Era una sonrisa de niña buena, una mueca ensayada de delegada para situaciones críticas como esa.
Aqua dio carpetazo al tema más rápido de lo que Terra lanzaba tizas, quien, por cierto, había ido a hablar con el gerente del lugar para que le diera las llaves de las cabañas. Mientras estaban en un parque, aunque llamarlo parque igual era exagerado, una zona con césped donde había un par de bancos y poco más. Los bungalows estaban a un lado y el edificio de recepción en el otro y el enorme jardín los separaba, extendiéndose unos metros, aunque el espacio que separaba las cabañas entre ellas era de piedra, sin ni un atisbo de verde. En sí eran bastante modestas, por lo menos vistas desde fuera, que cupieran cinco personas en una de esas era cuestionable. Pero volviendo al tema que nos ocupa, la peliazul empezó a explicar lo típico que explican todos los profesores sobre como debería ser una clase, hacer bullying estaba mal, tenían que ser una piña, confiar los unos en los otros... De mientras, Naminé le dedicó una mirada agradecida a Kairi, que asintió levemente.
El moreno se había acoplado a la muchedumbre de alumnos cuando empezó la explicación, obviamente, cerca de sus nuevos compañeros de casa, especialmente cerca de Naminé, que intentaba por todos los medios centrarse en la explicación intentando ignorar la tensión creciente a su alrededor, donde también estaban Ventus y Roxas. El discurso de su tutora acabó con un ejercicio para aumentar la confianza en sus compañeros, consistía en dejarse caer de espaldas y confiar en que tus compañeros, debidamente posicionados, te sujetaran antes de darte contra el suelo.
Se fueron turnando siendo cuatro siempre preparados para coger al que se dejaba caer y para confort de los alumnos, Aqua siempre formaba parte de los que sujetaban. Se fueron rotando y aunque todos dudaban al final cedían más por insistencia que por confianza. Hasta que le llegó el turno a Vanitas, que era el último debido a que su nombre aún no estaba correctamente puesto en la lista sino escrito debajo, cosas de las transferencias expres, en su turno de tirarse, los que debían protegerle de abrirse la cabeza o partirse la columna no eran otros que Ventus, Roxas y Naminé, que se sentía que estaba en todos los fregados. El aura malévola que envolvía a los chocobos verdes le provocó un escalofrío, no creía que fueran capaces de dejarle caer teniendo a Aqua justo al lado... ¿o sí?
Antes de poder convencerse, Vanitas se dejó caer, no sin antes dedicarle una de sus sonrisas diabólicas a ella. Para sorpresa de todos, aquel experimento social salió bien. Tal vez los gemelos lo soltaron demasiado pronto, pero el moreno recuperó el equilibrio sin problemas antes de que su culo tocase el suelo. Justo tras eso apareció Terra acabando de comerse un dónut de chocolate, tan campante, mientras todo lo que habían hecho era para esperar y poder dejar sus cosas en las casetas en vez de en un rincón del parque. Explicó que hacía rato que tenía las llaves pero que los vio tan felices con sus actividades para reforzar la confianza que prefirió pasarse por la cafetería y desayunar algo mientras acababan. Todos estuvieron de acuerdo en que podía haberse ahorrado eso y podrían haber pospuesto el ejercicio perfectamente ya que la curiosidad de ver sus habitáculos por dentro los corroía, pero todos callaron porque al fin y al cabo hablábamos de Terra, el jefe de estudios, el lanzador de tizas que rompen la barrera del sonido y demás títulos aún más amenazadores.
Sin embargo, Aqua avanzó hasta él, sin mediar palabra, le quitó las llaves y las repartió entre los jefes de cada grupo. Todos los alumnos menos dos se dispersaron rápidamente, cogiendo sus cosas y corriendo a coger la mejor cama disponible. Naminé también lo hizo pero más parsimoniosamente mientras miraba a los dos peliverdes seguir a su tutora que andaba dando enormes zancadas intentando alejarse de Terra tanto como pudiese, infantilmente dolida. Pensó que tal vez debería haber salido de ella el ofrecerse a ir con los profesores con tal de que el grupo estuviese junto, después Vanitas hubiera venido con ella y no hubiesen causado ningún problema a la pandilla. Sacudió la cabeza quitándose la idea de ir ella y Vanitas a ninguna parte, sabía que su fijación en ella era solo una treta, no sabía con que objetivo pero era una treta ¿o no? Se palmeo las mejillas volviendo a la realidad y viendo que la estaban dejando atrás apretó la marcha.
Llegó a la puerta justo después de que entrase el último peliverde y ya había fiesta, metafórica claro. Un golpe seco contra la madera le advirtió que algo no iba bien, solo entrar pudo ver a Roxas agarrando del cuello de la sudadera a Vanitas y sujetandolo contra la pared.
- ¡¿Se puede saber de qué coño vas?! - gritaba el peliverde con una rabia sobrecogedora.
- Vaya, no has tardado en sacar tus verdaderos colores. - se burló el zarandeado sin un ápice de nervios en su voz y con la misma sonrisa vacilona en la cara. Eso era lo que más sacaba de sus casillas al gemelo, que nunca perdiese los estribos, siempre tan burlón e inmutable.
- Roxas, por favor, déjalo. No vale la pena. - le intentaba convencer la pelirroja por detrás mientras apoyaba su mano en el hombro de Roxas.
Sora conocía a Roxas y sabía que si intentaba apartarlo por la fuerza acabaría golpeando a algo o a alguien y con Kairi y Naminé en los alrededores prefería esperar a ver si se calmaba antes de intervenir, aunque se mantenía alerta. La rubia por su parte se había helado en la puerta, incapaz de reaccionar. ¿Qué se suponía que debía hacer o decir? ¿Todo eso era culpa suya? Al fin y al cabo, Vanitas estaba aquí por ella, de una forma o de otra. Observó la escena con pesar, con una tristeza más allá de lo que podría haberse imaginado al cruzar ese umbral, ahora entendía porque le miraba de reojo y porque era incapaz de rechazarle. Estaba sólo, como lo había estado ella esos últimos años, no dejaba de mirarle porque en ese mismo asiento donde él miraba por la ventana escuchando música ajeno al mundo, tambien se había sentado ella.
El gemelo soltó a Vanitas y éste se colocó bien la sudadera con un gesto cuanto menos irrespetuoso antes de escupirle unas palabras a Roxas, provocandole.
- A la hora de la verdad, nunca das la talla. - cada una de esas palabras dejaba claro lo decepcionado que estaba el moreno y aunque todos sabían perfectamente que lo que estaba a punto de hacer era justo lo que el moreno quería, lo hizo igual.
El puño del peliverde encontró la boca de Vanitas, que cayó de rodillas al suelo tras el golpe, con el labio partido. Sora agarró de inmediato a su amigo apartándolo del herido y tirándolo sobre el sofá ya que estaban en el salón de la casa, Kairi soltó un gritito agudo tapándose la boca en el acto de la impresión y Naminé se puso de rodillas al lado del moreno para ver si estaba bien.
- ¡Agh! - se quejó el golpeado- Pues al final sí le has echado huevos y todo. ¿Quien lo diría?
- ¡¿No has tenido suficiente, mamón?! - gritó el exrubio mientras se intentaba levantar pero Sora lo placaba de nuevo al sofa.
- ¡Ya vale, Roxas! Le acabas de pegar al hijo del director, ¡podrían expulsarte! - le recordo Kairi.
- Vuelve en ti, tío. Tú no eres así. - le instó Sora, con una seriedad impropia de él.
- Vanitas, déjame verte la boca. - le ordenó Naminé intentando evaluar los daños, si se había partido un diente igual podía ir a peor.
Y él abrió la boca pero no para dejarse inspeccionar precisamente.
- Hasta a tus amigos les das pena, rubito. Yo de ti...
- ¡Vanitas! - le interrumpió la artista con los ojos vidriosos.
Esta vez sí abrió la boca para enseñársela a ella, no tardó en examinar los daños ni Roxas en volver a la carga.
- Y tú, ¿cómo puedes aliarte con él? ¿Es que no ves que te esta utilizando? ¿O ya estabais conchabados desde el principio? ¡Traidora!
- ¡Roxas! Haz el favor de escuchar lo que dices. - le suplicó Kairi al borde del llanto también.
- Estás bien, Vanitas, aparte del labio y que te sangren las encias, que debería pasarse en un rato. - se levantó en silencio, tapándose los ojos con un brazo para secar las lagrimas que empezaban a brotar.
Tenía un discurso en mente, eran un par de oraciones, tampoco podía pensar mucho más, diciéndole lo insensible que era y que acababa de partirle el labio a alguien que en ningún momento se había defendido y lo irresponsable que le parecía eso, que sabía que ella sobraba allí y que si en algún momento algo iba mal la primera sospechosa siempre sería ella. Que llevaba años sin tener una relación social sana y normal y que todo eso la sobrepasaba, no lo quería, no quería no poder dormir por las noches y no quería tener que verse envuelta en jaleos que no tenían nada que ver con ella. Estaba dispuesta a soltárselo todo, pero cuando se quitó el brazo y vio los ojos furiosos del peliverde la angustia pudo con ella. Se marchó a toda prisa de allí, en dirección opuesta a donde estaba la cabaña de los profesores, quería estar sola un rato, contra más largo fuera el rato mejor.
Corrió entre las casetas de madera hasta que no quedaron más y entonces paró, agotada y abatida se sentó apoyando la espalda contra la pared de la última cabaña. Sus sentimientos la desbordaban, se sentía patética y estúpida, estaba enfadada consigo misma y con todos ellos, no paraba de pensar que debería haberse apartado desde el principio, que sabía que lo mejor era estar sola y así se ahorraba esto, ahora aunque se fuera con los profesores, Ventus y Riku la mirarían mal y la tratarían peor aún. Y todo por preocuparse por una persona a la que acababan de partirle la boca. Nada de eso era remotamente justo, se secó los ojos de nuevo con la misma manga con la que lo había hecho antes y rebuscó en su mochila, ahora apoyada a su lado. No tardó en sacar su cuaderno y un lápiz, dispuesta a dibujar algo.
Primero pensó en dibujar el paisaje que veía, al alzar la mirada vio que desde donde estaba solo veía montañas, no había nada que la llamase del paisaje, ni un hermoso lago ni siquiera flores o algo así, todo lo que alcanzaba su vista eran piedras y malas hierbas que se alzaban justo delante de donde estaba, haciendo de pared natural para separar los bungalows del mundo. Cambio rápidamente de tema consigo misma para evitar recaer en la espiral depresiva que la envolvía. Desde aquella noche había querido probar algo y ahora parecía tan buen momento como cualquier otro. Intentó dibujar el rostro de su padre, alguien ajeno a todo ese follón a quien recordaba perfectamente y no necesitaba tenerlo delante para dibujarlo, pero sencillamente, no funcionó. Le pasaba como siempre, los ojos estaban bien hechos y delineados, la cabeza tenía la forma adecuada y el pelo era increíblemente realista, sin embargo, todo estaba mal, las proporciones no parecían cuadrar, la posición de todo dentro del rostro tampoco y ya ni hablemos de la nariz. Las narices siempre habían sido lo peor, era como si su mente se hubiera compinchado con sus ojos para que fuera incapaz de saber cómo era una nariz, no podía concebir tal idea.
La palabra compinchado la devolvió a la realidad, en la que estaba sola, escondida como una niña pequeña cuando debería estar dando la cara y decidiendo qué iba a hacer y cómo. Pero no, estaba ahí intentando dibujar caras, después de años sabiendo que las personas no eran lo suyo. Suspiró pesadamente, todo eso solo la desanimaba más. Ahora estaba sola y lejos de casa, con gente a la que había decepcionado por todas partes. Dejó el cuaderno a un lado y se encogió, abrazando sus piernas con los brazos y hundiendo su cabeza entre sus muslos. Se quitó la bufanda, que la molestaba notablemente para ponerse en esa posición, y se la puso sobre la cabeza, despeinándose aún más. Sus pelos iban por libre, con la única sujeción de las orejeras, que actuaban como diadema improvisada. En el pequeño hueco entre sus piernas y su pecho exhalaba e inhalaba calentándose el rostro, sobretodo, la nariz, que ya se le había quedado helada, además la bufanda caia por ambos lados impidiendo que el viento entrara impunemente en su diminuto refugio.
Así estuvo un rato, dejando de pensar en todo, básicamente, para concentrarse en la temperatura de su nariz e intentando dirigir su aliento hacia arriba y así calentarla. Justo cuando más tonta se sentía, su protección anti viento desapareció y se vio obligada a salir de su refugio dándose cuenta de que tenía las mejillas húmedas aún al notar como el viento frío le daba de lleno en el rostro. Levantó la mirada mientras se limpiaba con la misma manga que antes y se levantaba claramente molesta con su invasor, que era uno de los gemelos. El primer pensamiento de Naminé fue que era Roxas, que era el que estaba metido en el ajo. La miraba con media sonrisilla en el rostro, como si le pareciera enternecedor verla en ese estado, siendo él quien la había provocado con su insensibilidad y su... su...
- ¿Qué quieres ahora? ¿¡Ya te has cansado de apalizar a Vanitas y ahora vienes a por mi otra vez!? ¿Algo más que me quieras decir cuando apenas me conoces? ¡Desahógate, hombre! Solo soy la chica nueva, ¿no? Si ayudo a un chico al que acaban de golpear soy una traidora, pues prefiero ser una traidora a una insensible como tú. - se acercaba peligrosamente a él, golpeándole con el indice en el pecho repetidamente conforme despotricaba.
Se dio la vuelta exhasperada, cogiendo sus cosas para volver, ya le daba igual todo. Verle ahí sonriendole como si tal cosa la había enfadado, ya ni se acordaba de por qué estaba triste antes, debería estar enojada, tenía todo el derecho a estarlo, que se deprimiese él, que era el idiota aquí. Ella no se iba a esconder ni a reprimir. Agarró la mochila y antes de salir por patas recordó que el peliverde tenía su bufanda, volvió a girarse, airada, y la sonrisa del muchacho era aún más amplia, cuando le intentó quitar la prenda de sus manos éste no la soltó con la intención de abrir la boca para decirle algo sin dejar de sonreir.
- ¡No! - le interrumpió ella, cuyos ojos volvían a rebelarse contra ella, llenandose de lagrimas a pesar de que había decidido enfadarse - No quiero oirlo. Estoy cansada. Voy de aqui para allí, sin pasar dos años consecutivos en la misma ciudad y para una vez que no estaba sola, ya has venido tú a recordarme mi sitio. ¡Muchas gracias! Y ahora, si no te importa... - su voz estaba quebrada como si se le estuviese acabando. - dejame en paz... - soltó con un último hilillo de voz antes de que un ataque de hipo y sus lagrimas se liberasen al mismo tiempo.
Intentó dar un último tiron de su bufanda para liberarla del jugo opresor del antiguo rubio, esperando que éste la soltase, pero lejos de hacerlo tiró de ella haciendo que Naminé tropezase del impulso. Con el brazo libre apretó la cabeza de la rubia contra su pecho, quien intentaba liberarse poniendo sus manitas entre ambos llena de desdén.
- Soy Ventus. - dijo él con delicadeza, como si temiera que esa información la rompiese en cachitos extremadamente pequeños e imposibles de recomponer.
Esas dos palabras la dejaron congelada. Sabía que era una opción pero estaba tan enfadada que no lo pensó y ahora pagaba su ira con la persona equivocada, ¿qué pensaría de ella? Al final las cosas vergonzosas siempre le pasaban con él. Las manos que se colocaban en el abdomen del muchacho para intentar separarse ahora se aferraban con fuerza a su sudadera. Bajó la cabeza mirando al suelo entre gimoteos y ataques de hipo.
- Yo, yo... - intentó contenerse, al contrario que sus lágrimas que caian libres por sus mofletes para juntarse en su nariz y atravesarla entera para acabar acumulandose en la punta de la misma hasta que la gravedad las mandaba directas al suelo.
Ventus se mantuvo en silencio, pasandole la bufanda por encima del cuello y acariciando su melena con suavidad sin llegar a tocar las orejeras. No es que tuviese ni una remota idea de cómo consolar a una chica, sencillamente le fascinaba el pelo de Naminé. Al contrario que el suyo o el de su hermano, era de un color rubio mucho más claro, más puro, como si fuera a juego con la personalidad de la chica, además desprendía un olor bien diferente tambien. Olía a una mezcla entre el típico champú afrutado mezclado con su propio olor corporal suavizando notablemente el potente golpe de olor que suelen tener ese tipo de champús. Antes de pensarselo estaba hundiendo su nariz en el pelo de la joven y aspirando fuertemente, cuando volvió en sí levantó la cabeza y por lo que parecía, ella se había dado cuenta porque dejó de respirar unos segundos antes de sorber las mucosidades que se le escapaban por haber llorado.
Había conseguido mantener la calma cuando ella estaba histerica porque le hacía gracia que se pusiera a llamar de todo a su hermano gemelo, ni se inmutó cuando la agarró para consolarla, porque sencillamente hacía lo que pensaba que había que hacer sin pensar en que pudiese ser vergonzoso o no. De ahí a esnifarle el pelo a una chica, el trecho era gordo y él acababa de saltarlo como si tal cosa. Ahora ambos estaban sonrojados y ninguno se atrevía a hacer contacto visual. Naminé se limpió los ojos con la misma pobre manga en la que había ido acumulando a toda la sociedad de lágrimas a lo largo de la mañana. Sin embargo, ahora tenía otro problema.
- ¿Dienes un pañuelo? - preguntó la chica señalandose la nariz con una mano mientras se la tapaba con la otra para que no pudiese ver el reguero de mocos.
Ventus se autoaprobó por haber cogido el paquete de pañuelos desechables antes de salir en busca de la chica, se lo sacó del bolsillo y se lo cedió a ella sin mirarla a los ojos, algo avergonzado todavía. Aceptó la ofrenda al momento, sacando uno y expulsando toda la mucosidad que podía de espaldas al peliverde. Quedó tan moqueado que tuvo que usar otro pañuelo para envolver el primero y que no manchara todo lo que tocara, una vez sin peligro de manchar, lo guardó en un bolsillo de su abrigo para lanzarlo cuando viese una papelera y le devolvió el paquete al peliverde, lanzandoselo con una parabola perfecta.
- Esto no cambia nada, no quiero saber nada de nadie, me ire con los profesores y tú podrás quedarte con tus amigos, seguramente Vanitas se querrá cambiar tambien y así estareis todos juntos. - declaró ella, haciendo juez, jurado y verdugo de su sentencia.
"Y os pueden dar morcillas a todos" pensó mientras inflaba los mofletes y se volvía a sentar claramente molesta, sin mirar al chico en ningún momento. Estaba tan inmersa en mirada en la dirección contraria que no se dio cuenta que se acercaba hasta que se sentó a su lado, sin dejar casi espacio entre ellos.
- Pues eso no va a ser posible. - contestó él con voz calmada.
- ¿Y por qué no? - replicó ella, esta vez sí, mirandole a los ojos, roja de vergüenza e ira mientras apartaba su culo de él ligeramente para no estar pegados.
- Porque no quiero - y se acercó de nuevo a ella con una sonrisa que dejaba claro que se estaba divirtiendo.
- Pues yo no te he preguntado si quieres o no. - su tono se iba cargando de enojo conforme el exrubio le dedicaba negativas una tras otra, se alejó aún más del chico.
- Yo no he dicho que me lo hayas preguntado. - volvió a la carga él, acercandose de nuevo.
- Pues haré lo que yo quiera y tú y tu ... - no pudo seguir ya que se alejó más de la cuenta y cuando fue a apoyar su espalda contra la caseta de detrás, detrás no había más casa y cayó de espaldas contra el suelo. Antes de que pudiese incorporarse, Ventus, que había previsto esa situación, se abalanzó sobre ella, apoyando sus manos a cada lado de la cara de la rubia y acercandose lentamente. - ¿Qué... qué... - murmuró ella antes de que su boca dejase de ser capaz de seguir. Sus ojos, clavados en los del chico, se negaban a obedecerla tambien. Quería apartarlo a él, apartar su mirada y gritarle que qué hostias estaba haciendo violentamente y besarle.
Toda su sangre parecía acumularse en su rostro, especialmente en sus mofletes y orejas, sus brazos la obedecieron a medias, la parte racional y aún enfadada quería quitarselo de encima, empujandole con todas sus fuerzas, pero en vez de eso sus manos se apoyaron en el pecho de Ventus y ahí se quedaron, incapaces de seguir el resto de sus ordenes. El peliverde por su parte tampoco apartaba la mirada de sus ojos, aunque había dejado de acercarse cuando ella le paró con sus brazos, a apenas un palmo de distancia. Él la miraba y veia en aquellos orbes de un azul turquesa, increiblemente parecido al agua que golpeaba las costas de las islas los días más calurosos del verano, una inocencia y una bondad aparentemente infinitas. Ella en cambio, miraba el mar revuelto y tormentoso que parecía tener él por ojos y se notaba embriagada por ellos, su lado artistico, que era grande y poderoso, sentía la necesidad de memorizar cada uno de los detalles que acompañaban esos ojos al milimetro para reproducirlo a posteriori.
Se quedaron así un rato, él sabía que tenía algo pensado para cerrar la discusión que les había llevado a ese punto, pero no recordaba ni esa parte ni la discusión, ella movía su mirada a lo largo y ancho del rostro del peliverde siempre volviendo a sus ojos un segundo más tarde. Finalmente, la mano izquierda del rubio agarró uno de los brazos de la chica y con el otro se impulsó, levantandose de golpe y tirando de ella, que se levantó tambien. Naminé se tambaleó un poco, por el cambio de inclinación tan repentino, por suerte, Ventus la puso cada una de sus manos en cada uno de sus hombros, sujetandola con fuerza. Ella clavó su mirada en el suelo, tan avergonzada como segundos atrás, pues aún tenía el rostro memorizado a la perfección en la mente.
- ¿Estás bien? - fue lo único que dijo él.
- Sí. - respondió ella, sin tener ni un solo pensamiento en su mente.
- Pues... volvamos.
- Sí...
Se sacudió la tierra de la ropa, agarró su mochila y siguió al peliverde, mirandole los pies, pues era lo que estaba en contacto con su adorado suelo. Poco a poco, mientras su imagen de proyecto de dibujo de la cara de Ventus pasaba a un segundo plano, un montón de dudas llegaban a la superfície, tales como qué acababa de pasar, qué había significado todo eso y por último, y por ello, menos importante, qué hacía volviendo como si tal cosa.
Cuando los restos de su enfado empezaban a aflorar y ya pensaba como iba a contestar a Ventus para que la dejara llevar a cabo su maravilloso plan, éste se detuvo y ella logró detenerse a escasos milimetros de su espalda. Esa era su oportunidad, en cuanto se girara se iba a enterar, incluso frunció el ceño para ir calentando. Entonces, el peliverde dio un paso a un lado para esquivar el peligro y que fuera la rubia la que fuera casi placada por Kairi. Ésta hundió su rostro en el hombro de Naminé así que no estaba muy segura de si tenía que consolarla o no, sus dudas no duraron mucho porque un segundo despues la pelirroja se separó con una expresión de preocupación muy clara.
- ¿Estás bien? ¿Te ha tratado mal tambien, Ventus? Porque lo echamos tambien de aqui. - dijo sin pararse practicamente a tomar aire y mucho antes de que la rubia pudiese siquiera procesar la información volvió a hablar. - Mira como tienes el pelo, qué desastre. Vamos adentro antes de nada.
Sin saber ni cómo ni cuando había pasado, su mochila ahora estaba en manos de Kairi, que la empujaba por la espalda para obligarla a entrar en aquella casa de la que Naminé quería huir en primera instancia. Su confusión añadida a la preocupación de Kairi la tenían totalmente fuera de combate, de nuevo, no recordaba nada en absoluto de sus argumentos para defender su huida de aquel grupo. Se vio obligada a recurrir a la única persona en los alrededores, Ventus, a quien miro suplicando que intercediera por ella, a lo que él sonrió y le hizo un gesto de despedida, dejandole claro que estaba a su suerte.
La pelirroja le dijo a Ventus que se ocupase de su otro yo antes de presionar sutilmente a la rubia de que subiese las escaleras al segundo piso. Al acabar las escaleras, que estaban pegadas a la pared que quedaba a la izquierda al entrar por la puerta, a mano derecha había una puerta y ahí acababa el piso. Al abrir dicha puerta se entraba en una habitación que ocupaba casi toda la planta, claro que esa era la mitad que la de abajo. Aún así, la habitación era como el salón de grande, con dos camas en el centro, separadas por una mesita de noche, y dos armarios, uno en cada pared paralela a las camas. Kairi la sentó en una cama y dejó su mochila en frente del armario que había solo entrar para sentarse ella en la otra cama justo en frente de Naminé, que jugaba con unos mechones de su pelo incomoda por no saber qué decir o qué hacer, y Kairi estaba lejos de ir a ponerselo fácil.
- Así que tú y Ventus, eh, retozando... - soltó la pelirroja cruzandose de piernas, apoyando un codo en una de sus rodillas y apoyando el mentón en la palma abierta de su mano.
En su mente, había estado intentando reconstruir su discurso sobre el mal que ella hacía en esa casa y la necesidad imperiosa de marcharse aunque tampoco dejaba de darle vueltas al "Lo echamos tambien de aqui" que le acababa de soltar, sin embargo, de nuevo, todo eso se derrumbó ante ella. Levantó la mirada hacia Kairi, cuya mirada pícara no hizo más que agravar la vergüenza que ya sentía solo con sus palabras. Abrió la boca ligeramente para decir algo y ahí se quedó. El hueco entre sus labios se quedó pequeño para todo lo que quería salir por él. Esa mañana estaba siendo demasiado para ella.
- Pero ¿cómo...? - se llevó una mano a la boca al mismo tiempo que Kairi la señalaba sonriendo. Tendría que haberlo negado, tendría que haberlo negado. Bajó la cabeza tapandosela entera con la manos, intentando tragarse su vergüenza.
- ¡Osea que sí que habeis estado retozando!
- No, ¡no! ¡Me he caído y él me ha ayudado a levantarme y ya está, ce finni! - dijo mientras se quitaba de encima toda la ropa de abrigo que llevaba, violentamente. Se quitó la bufanda, las orejeras y el abrigo, y al quitarse el abrigo vio que realmente tenía la espalda llena de tierra, recordando el momento en que habían "retozado" - Y... nos quedamos un rato mirandonos... Dios, qué vergüenza. - se sentó de nuevo, llevandose ambas manos a la cara.
Kairi saltó a la cama de la rubia y le pasó el brazo por encima del hombro, abrazandola lateralmente sin dejar de sonreir. Algo dentro de Naminé saltó, como un recordatorio de todo lo que no sabía, ella saltó de la cama poniendose de pie y encarando a la pelirroja que dio un pequeño bote del susto que le había provocado su compañera con esa reacción de la nada.
- Pero no me cambies de tema. O mejor dicho, no me saques un tema embarazoso para ocultar el tema serio. ¿Qué ha pasado? - interrogó la rubia poniendo los brazos en jarra y mirando a Kairi con una intensidad que esperaba que dejase claro que no iba a caer dos veces en la misma trampa.
Viendo como estaba el panorama no tuvo más remedio que rendirse a sus deseos y volver a poner el tema serio encima de la mesa. Suspiró y bajó la mirada, toda la preocupación que había intentado ocultar afloraba ahora en su expresión. Viendo el cambio radical, Naminé se sentó en la cama donde anteriormente estaba Kairi y posó su mano sobre la rodilla de su amiga.
- Pero, ¿qué ha pasado? - esta vez en vez de exigirlo, su tono era de confusión, incapaz de comprender los extremos a los que iban a llegar por algo del pasado, igual debería haberle preguntado a Ventus.
La pelirroja tomó aire, dispuesta a coger fuerza para empezar a narrar, y empezó a contarselo todo a la rubia, esperando, en parte, que ella la ayudase a arreglar aquel entuerto. Le explicó que al irse ella, Vanitas había intentado seguirla pero Roxas, quien aprovechando que Sora tambien hizo ademán de detenerla, se lanzó sobre el moreno para impedirselo, agarrandole un brazo. El agarrado esta vez no dudo ni un segundo y le estampó el puño en el estomago, liberandose y asomandose por la puerta para ver que ella ya había desaparecido de su vista. Chascó la lengua y se giró para encerrarse en la habitación del piso de abajo. A estas alturas de la historia, Naminé se dio cuenta de que no tenía ni idea de como era la cabaña. Aunque era más culpa de que cada vez que había entrado por la puerta se había sentido atacada fisica o emocionalmente.
Sora y ella fueron a ver como estaba Roxas pero se revolvió violentamente y se marchó sin dirigirles ni media palabra. La pelirroja salió detrás suyo para ir a buscar ayuda mientras el castaño se sentó en el sofa mirando al suelo fijamente durante el tiempo que tardó ella en volver con Riku y Ventus. Les contaron lo ocurrido y hablaron de qué podían hacer, pero más que nada todos esperaban que Ventus saliese con algo, lo que fuera, ya que él era el que sabía de qué iba todo eso.
- Roxas es mejor darle un poco de espacio, volverá y se disculpará y ahí ya se verá. Vanitas está bien, solo espera que se relaje el ambiente para que no le mireis mal y saldrá de ahí. La verdadera victima en todo esto es Naminé, deberíamos ir a buscarla. - argumentó él, convencido de sus palabras.
- Pero no sabemos hacia donde ha ido, deberíamos avisar a Aqua y Terra. - sugirió Riku
- Si hacemos eso podrían meterse uno de ellos aquí o separar el grupo del todo o aislar a Vanitas y a Roxas, y todo eso no hara más que mermar aún más su relación. - añadió Kairi apenada
- Eso es algo que deberíamos comentar entre todos, sin la cooperación de Vanitas todo esto será inútil. - dijo Sora, increiblemente serio.
Todos estaban bastante alicaidos pero en Sora eso se notaba como cinco o seis veces más. Su actitud infantil y simplona daba paso a una seriedad triste que remarcaba mucho el ambiente general. Durante unos segundos todos se quedaron en silencio, tres de las cuatro personas reunidas iban mirando de reojo a la cuarta, la cual miraba únicamente al suelo. Sabía qué esperaban, pero seguramente pensaba que no era ni el momento ni el lugar para contarlo, ni les iba a ayudar en absolutamente nada, solo agrandaría el problema. Así que Ventus habló para dar carpetazo al asunto antes de que esas miradas se transformasen en insistencias.
- Yo iré a por Naminé, vosotros intentad que no sospechen los profesores y cuando vuelvan todos nos decidimos. - soltó el peliverde para salir por la puerta tan rápido como pudo.
Dentro se quedaron en la tensa situación que había visto la luz, Sora parecía absorto en sus pensamientos, que por la expresión que se veía en su rostro no podía ser nada bueno, y así se reflejó en sus palabras.
- Ha sido culpa mía, debería haberle detenido antes. - comentó mortificandose.
- Eso no es verdad, tú lo has intentado, si no fuera por ti se hubieran enzarzado a pegarse aquí mismo. Todo estaría hecho un desastre y se... - intentó arreglarlo Kairi acercandose al castaño y apoyando una mano en su hombro, indecisa sobre qué hacer.
- Necesito un poco de aire fresco. - dijo saltando del sofa basicamente y cortando a la joven para salir por la puerta.
Como si estuvieran sincronizados, Riku salió tras él.
- Ahora le convenzo de que vuelva, no te preocupes. - se despidió el peliplateado dejandola sola esperando.
Finalmente, la chica le explicó que se enfadó, recogió cientos de razones para mandarlos a todos a la mierda, todos se iban y ella tenía que quedarse ahí esperando como una tonta. Conforme pasaron los minutos el enfado se diluyó hasta que no paraba de preguntarse qué estaban haciendo y qué estaba pasando fuera, si estarían bien, ¿y si se habían despeñado por un acantilado? Estaban en medio de la montaña, era posible. Empezó a andar por el salón, quería golpear la puerta de Vanitas y echarla abajo y obligarle a confesar todos sus pecados, los nervios la estaban devorando y quería desahogarse con alguien. Justo cuando estaba a punto de desesperarse apareció Ventus y esa es la historia.
- Y ya está, y yo no sé qué hacer... yo... - la pelirroja jugaba con su pelo nerviosa perdida, con la cabeza hecha un lio.
Naminé se mordió el labio inferior, consciente ahora de las repercusiones de sus actos, ahí estaba Kairi, cargando con las paranoias de todos los no presentes. Tanto ella como Sora eran los más inocentes y eran los daños colaterales de todo eso. Se acercó cariñosamente para sentarse al lado de su compañera de penas y apoyó su cabeza en el hombro de ella.
- Pues a mi no me preguntes. - contestó la rubia con sinceridad, intentando aliviarle el peso que cargaba.
Una mano la estrechó de la cadera con fuerza apretandola más contra Kairi y ésta apoyó su mejilla sobre la cabeza de Naminé.
- Ventus... ¿no te ha dicho nada? - preguntó la pelirroja incapaz de mantener a raya su curiosidad durante más tiempo.
- Nada de nada. - respondió sabiendo a qué se refería.
- Vaya, bueno, al menos habeis retozado un poco. Algo es algo. - Naminé podía sentir como se formaba una sonrisa en su rostro porque tenía una mejilla suya pegada a la cabeza y se le contagió la sonrisa olvidandose de lo vergonzoso que era lo que le había dicho. Una idea afloró en su cabecita, sabía que tenía que hacer algo, y ahora tenía claro qué era ese algo.
- Creo que deberíamos ir abajo y arreglar esto.
Para sorpresa de ambas eso había salido de la boca de la rubia, Kairi fue la primera en reaccionar, levantando su cabeza para mirar la de Naminé confusa. Ésta se separó del hombro para mirar a los ojos de su amiga, quien pudo ver un brillo inusual en los de la artista. El mismo brillo que tenía cuando dibujaba algo inspirada, como si lo único que importaba fuese el siguiente trazo y solo estuviese rellenando la hoja con una imagen que veía con claridad en su mente. Todo eso era nuevo, hasta el momento Naminé se había dedicado a dejarse llevar y responder a las preguntas que le hacía ella, pero ahora parecía llevar la batuta por primera vez. Kairi alzó una ceja sin saber qué decirle.
Y antes de que pudiese preguntarle cómo demonios tenía pensado "arreglar esto" una carcajada atravesó el aire llegando hasta los timpanos de las chicas. Venía de abajo y era tremendamente familiar. Ambas se dirigieron a la puerta de la habitación, Naminé intentando detener a Kairi y la pelirroja con el ceño fruncido y recordando todo lo que había olvidado sobre cuanto odiaba a todo el mundo. Las escaleras eran demasiado estrechar para que la pudiese adelantar así que se resigno a no detenerla y aprovechar el alboroto para sus planes. No tardaron en llegar a la planta baja y Kairi se paró, dejandole un poco de ventaja a Sora para que se explicase antes de que ella empezase a gritarle. Por su parte, Naminé aprovechó para echar un vistazo a la estancia que había ignorado todas las veces que había pasado por ella.
El salon tenía un enorme sofa pensado para tres personas aunque cabían cuatro apretujados, una butaca individual, ambos del mismo marrón que la madera que formaba las paredes, y una mesa baja justo enfrente del sofa. Detrás de éste, separado por un muro de madera que llegaba a la altura del ombligo, se encontraba la cocina, que no era más que un pasillo con el medio muro a un lado y al otro, por orden en que te lo encuentras al entrar, un fregadero, unos fogones con un horno debajo y una nevera. Entre cada una de esas cosas había un trozo de marmol para poder manipular los ingredientes y encima había armarios de madera.
Despues a la derecha de la puerta principal seguía un pasillo que acababa en una puerta, con otra puerta en el lado izquierdo casi al final del recorrido. Una de esas dos puertas tenía que ser la habitación donde estaba encerrado el tonto de Vanitas.
Prestando atención a los chicos, que estaban jugando a las cartas en la mesa tan tranquilos, Sora estaba sentado en el sofa, que estaba encarado a las escaleras por donde acababan de bajar ellas, así que tenía una visión perfecta de la que se le venía encima. Ventus estaba en la butaca, situada ahora en perpendicular al sofa, y Riku en el otro extremo del sofa.
- ¿Dos cincos has dicho? Pues aquí van tres más, todo tuyo, peliverde. - les dijo Ventus echando dos cartas boca abajo encima de las que había puesto Sora, sin enterarse de que se había acabado la fiesta.
- Pues quince más por aquí. - sentenció Riku poniendo todas sus cartas en el montón y separandose aún más del excastaño, como si eso le fuera a librar de los gritos.
- Hey, Ka... - saludó sonriente
- ¡Qué poca vergüenza que tienes! ¡Y encima ahora os plantais aquí a jugar a las cartas sin avisar! ¡Es que os mato! - rugió ella.
Pasito a pasito, mientras Sora inventaba excusas y Kairi se las devolvía sin inmutarse una tras otra, Naminé se iba acercando hasta que desapareció por el pasillo desconocido para ella. Una de las puertas estaba entreabierta y la rubia empujó suavemente la puerta, viendo un lavabo pasó de largo a la puerta que cerraba el pasillo. Dio unos golpes suaves con el nudillo y unos segundos despues abrió la puerta encontrandose con una habitación mucho más pequeña que la de arriba, con una litera y un armario y nada más. Entre el mobiliario y la pared había una distancia de medio metro para poder moverse por la habitación, con una ventana a cada extremo, algo de luz se colaba por ellas pero la mayor parte no conseguía filtrarse por las cortinas beis que estaban corridas.
Aún con poca luz se podía distinguir una figura sobre el colchón inferior de la litera. No estaba segura de sí la había oído, pero se coló en la habitación y cerró la puerta sigilosamente, aunque el bullicio a su espalda le quitaba gran parte del sentido a ese sigilo. Una vez cerrada, apoyó su espalda contra la puerta, suspirando levemente. Vanitas tenía un brazo pasado por encima de sus ojos tapandoselos y el otro colgando por un lado de la cama. Parecía tener una expresión relajada a pesar de que su labio estaba algo hinchado y con un leve hilo de sangre seca recorriendolo, así que podía asumir que estaba dormido. Se quedó unos segundos pensando qué hacer, había pensado entrar ahí y hablar con él sobre lo ocurrido para convencerle de que saliese fuera y así llegar todos a un consenso con Roxas y Ventus. Ahora parecía una idea más bien infantil, no solo porque Vanitas no tenía por qué querer saber nada de ellos, que se habían quedado parados viendo como el peliverde le propinaba un golpe en pleno rostro, sino porque además Roxas ni siquiera había hecho acto de presencia.
Decidió acercarse aunque fuera para ver cómo estaba la herida antes de irse y así que ese no fuese un viaje en vano. De nuevo, pasito a pasito, hasta estar justo al lado, entonces se acuclilló con cuidado de no dar con sus piernas al brazo del muchacho, el cual cogió con cuidado y subió al colchon. Si se le quedaba así mucho rato se le dormiría, se justificó a sí misma. Se acercó un poco más, aprovechando que había apartado la molestia y levantó su mano, acercandola al labio del durmiente. Extendió su dedo indice y acarició suavemente la zona abultada, apreciando el contraste de temperaturas, pues su mano estaba helada y la herida ardía aún. Deshizo el contacto rápidamente, pero el chico ya reaccionaba aquella anomalia, quitandose el brazo de los ojos y girandose para quedar tumbado de lado, acomodandose de nuevo sin abrir los ojos.
Naminé juraría que se había saltado un par de latidos durante los segundos que el chico se removió, ella estaba con la espalda pegada en la pared, sintiendo el frio colarse por su ropa, pues no llevaba ni la chaqueta ni bufanda ni nada de nada. Esperó casi un minuto entero con la mirada clavada en la cara de Vanitas a ver si abría los ojos o no. Finalmente cuando pensó que ya llevaba suficiente tiempo sin moverse como para haberse dormido se volvió a poner en pie dispuesta a marcharse. No contó con que sus piernas heladas no se tomaran muy bien ese rato acuclillada y al intentar andar hacia la puerta demandaran algo de apoyo para reorientarse, en una habitación oscura no es fácil calcular donde están las cosas para apoyarse. Con estas condiciones presentes, la joven intentó apoyarse en uno de los hierros de la estructura que conformaba las literas, errando su agarre y cayendo de lado, intentó agarrarse a otra cosa antes de caer, nerviosa perdida, pero no agarró nada. Desesperada, apretó los puños y cerró los ojos, esperando el golpe, que no llegó.
- ¡Mierda! - escuchó quejarse entre dientes a la persona que iba pegada a los brazos que la sujetaban a dos palmos del suelo.
Abrió la boca para agradecerselo cuando cayó en la cuenta de que no estaba durmiendo, es decir, que la había ignorado desde el principio, el muy desagradecido.
- Pero ¿no estabas durmiendo? ¡Podrías haber dicho algo! - le contestó ella frunciendo el ceño claramente molesta.
La rubia cayó de culo al suelo, porque los brazos que la habían parado así lo dispusieron, y Vanitas se sentó en el borde de la cama limpiandose las legañas con las manos y estirandose.
- Deberías estar fuera disfrutando de tus amiguitos, seguro que si tardas más vendrán a asegurarse de que no te he comido. - protestó el condenadamente serio aunque no pudo evitar que un matiz de acidez se colase en su tono.
- No saben que estoy aquí. - repuso ella de inmediato girandose para encararle, fijandose en que el chico no llevaba camiseta por primera vez, apartó la mirada al suelo pero no dijo nada, aunque su sonrojo lo decía todo.
- No, tú crees que no saben que estas aquí. - le corrigió él acercandose a la ventana para correr la persiana, dejando entrar la luz libremente en la habitación. Naminé lo miró inconscientemente al verlo moverse, pudiendo apreciar por primera vez la musculada espalda del chico y volviendo a apartar la vista de inmediato.
- Pues no pienso salir hasta que no vengas conmigo.
- Pues suerte. - contestó él tras soltar una carcajada, sin dejar de sonreir divertido por las palabras de la rubia.
- ¿Piensas atrincherarte aquí hasta mañana?
- No, pero si salgo no será para sentarme con la chupipandi a reirnos como tontos.
- No te hablo de eso, te hablo de salir a hablar de lo que ha pasado.
- No ha pasado nada. - soltaría él tajante.
- Sí ha pasado algo.
- No, no ha pasado nada. No malgastes tu tiempo conmigo. - siguió Vanitas aún de cara a la ventana, Naminé se levantó indignada.
- Haré con mi tiempo lo que quiera y no puedes negar lo que ha ocurrido. Mirate el labio, ¿qué vas a hacer cuando Aqua te pregunte?
- Me he golpeado con una puerta. Qué torpe soy, eh. - todo matiz había desaparecido de su tono, ahora sonaba totalmente serio.
- ¿Por qué le defiendes? Se supone que le odias. - en el fondo ella ya sabía la respuesta, se sentía identificada con Vanitas. Toda esa negatividad, era la misma que ella había sentido momentos antes.
El querer apartarse y salir del tablero para saber que si ocurre algo malo no ha sido por ti, pensar que mientras tú estés en el terreno de juego todo saldrá mal y no saber qué hacer aparte de huir, porque una vez no recibes ni das nada, no interaccionas con nadie, entonces su tristeza no será culpa tuya. Naminé comprendió que eso no era más que egoismo, puro y duro. Quería irse con los profesores para sacarse de la ecuación, pero entonces ¿qué pasaba con los demás? Todos se sentirían mal por ella y ella lo ignoraría, al ver a Kairi lo había entendido. Para ella era infinitamente más fácil deshacerse de esas ideas negativas que para él, que tenía muchas más historias detrás con el grupo. Sin embargo, dejarle sólo no era una opción para ella, era lo que él quería y lo más cómodo para todos, pero no iba a permitirlo, sabía lo que se sentía a ese lado del pozo y pensaba sacarlo de allí aunque fuese a la fuerza.
- No le defiendo, es que no ha pasado nada.
- Muy bien, tú mismo con tu mecanismo. - contestó ella poniendose de pie airada.
Andó hasta la puerta, la abrió y salió dando un portazo. Vanitas, que no era tonto, no se relajó hasta que no oyó los pasos al otro lado de la puerta alejarse. Entonces se dio la vuelta, helado, dormir sin camiseta estaba bien, pero acercarse a la ventana a pecho desnudo no molaba tanto, pero girarse con los pezones para rallar diamante con Naminé por ahí danzando tampoco era un plan solido. Fue hasta la cama dispuesto a ponerse su camiseta y su sudadera que se había quitado juntas antes y no estaban encima de la litera, ni debajo, ni en el suelo ni en ninguna parte. Miró a la puerta casi echando fuego por la boca.
No es que fuera la única ropa que tenía, pero su mochila estaba en el salón tambien, porque ya sabía que uno de ellos iba a tener que dormir en el sofa-cama que había allí y él, mentalmente y sin consultarlo con nadie, se había autoproclamado rey del salón y cuando se encerró ahí lo último en lo que pensó era en que podría perder la ropa, literalmente. Esa chica no hacía otra cosa que no fuera salirse de sus calculos. Bueno, en el peor de los casos solo era salir y coger su mochila, no tendría que intercambiar palabras ni miradas con nadie. Con eso en mente giró el pomo de la puerta y la abrió, pasando el pasillo y saliendo al salón, buscó sus pertenencias justo donde las había dejado, sin encontrarlas, echó un vistazo a los alrededores y ni rastro. Ignoraba a los presentes con una facilidad impresionante, sin embargo, sentía una mirada especialmente molesta sobre él, la única que no expresaba sorpresa o incertidumbre, sino que se reía de él, sabiendo que había ganado. Unos ojos azules pegados a una cabeza de pelo rubio lo observaba con una diversión que no parecía conocer limites, con su sudadera y la capucha de la misma puestas.
Vanitas, vencido en su propio juego, estaba tan convencido de su victoria que no calculó los movimientos más desvergonzados de su contrincante. Sentada en el extremo más alejado del sofa, con Ventus sentado a un lado, en el sillón, y Sora al otro, que estaba junto a Kairi y Riku ahora se sentaba en una silla plegable que apenas podía soportar su peso. Clavó su mirada en Naminé, ¡es que encima se había puesto su ropa! Así que quitarsela en un descuido estaba más que fuera de su poder, y con sus pertenencias en paradero desconocido. Tendría que hablar.
- ¡PERO QUÉ COÑO! - fue lo primero que le salió, estampandose las manos contra la cara y arrastrandolas hacia abajo gritando guturalmente mientras lo hacía. Todos se sorprendieron de nuevo, nunca habían presenciado a Vanitas tan fuera de sí, excepto Naminé, no porque lo hubiese visto antes, sino porque su expresión era de satisfacción. Su plan malevolo ideado en una milesima de segundo al ver al chico de espaldas y la sudadera encima de la cama surgía efecto para su deleite, había tenido que darse prisa en esconder su mochila y convencer a todos de que cooperaran, pero, dios sabe que había valido la pena.
- Calmate y nadie saldrá herido, si me haces caso te ire devolviendo los rehenes. - le explicó ella soltando una breve risa al acabar.
- Pero ¿se puede saber qué quieres de mi? - dijo él desesperado.
- A ti. - se sonrojó fuertemente al ver que todos la miraban confusos, incapaces de reaccionar de todas las emociones que estaban viviendo en esos breves segundos. - A ti, aquí, con todos, hablando, no en...
- Ya, ya te he entendido. Y yo ya te he dicho que no quiero saber nada ni de ti ni de ellos. - contestó agresivamente el moreno
- Pues te sientas y hablas como una persona normal, si es lo que de verdad quieres no creo que ninguno tenga problema en ignorarte si se lo pides.
- ¿Por qué demonios iba a pedirselo?
- Porque sino ya puedes ir a decirle a los profesores que te he quitado la ropa con el pecho al aire, porque no te la pienso devolver.
Los presentes iban mirando a uno y a otro esperando la siguiente puya como si de un partido de tenis se tratase hasta que se quedaron todos esperando al reacción de Vanitas en lo que parecía un ultimatum por parte de Naminé en un silencio tenso, expectante. El moreno los miró uno a uno, sin saber muy bien por qué, para finalmente volver a la rubia, estaba con las manos escondidas en el único bolsillo que tenía su sudadera en el pecho, él la miró de arriba a abajo y la verdad es que no se sentía capaz de hacerle daño directa o indirectamente, e ir a los profesores a chivarse acabaría con represalias sobre ella. Se sentó en el suelo rechistando entre dientes sin dejar de mirarla a los ojos.
- ¿Qué quieres? - soltó él, rindiendose pero manteniendo el tono de enfado.
Todos miraron a Naminé con la boca abierta, pues acababa de apaciguar a la bestia, al contrario de lo que pensaban todos al verla salir del pasillo con esa sudadera y soltarles que quería robarle toda la ropa a Vanitas.
- Quiero que digas lo que quieres.
- ¿Mi ropa?
- De mi, no, de todos.
- ¿Mi ropa? - repitió él sin inmutarse.
- Te juro que le paso la sudadera por el pelo a Ventus y te la dejo de un verde moco que no se va.
- Con amenazas no se puede negociar.
- ¿Donde quieres dormir? - atajó ella, ignorandole.
- En el sofa-cama. - contestó él por inercia
- Ni de coña. - saltó Ventus empezando el debate tan esperado por la rubia.
- ¿Y eso por qué? - preguntó Vanitas indignado.
- Lo mínimo despues de lo que ha pasado es que duermas en una cama de verdad, yo dormiré en el sofa.
- ¿De qué hablas? Si tú no pintas nada en esta casa.
- Roxas y yo nos hemos cambiado, para evitar causar más problemas.
- Eso era obvio - añadió Kairi
La rubia aprovechó que la cosa ya había empezado a ir bien para recostar la espalda contra los cojines, relajandose y cerrando los ojos.
- No es tan obvio para mi, pelirroja.
- Bueno, no nos desviemos, ¿qué vas a decir sobre lo ocurrido, Vanitas? - esta vez era Riku el que hablaba
- Ya se lo he dicho a Naminé, me he dado un golpe con la puerta.
- Pero eso no es verdad. - dijo Sora instantaneamente
- ¿Y qué quereis que diga? ¿Que uno de los vuestros me ha pegado? Se la cargaría con todo el equipo.
- Quiero, queremos que nos digas lo que tú piensas. Está claro que no vamos a llegar a ninguna parte odiandonos entre nosotros.
Sonrió, no era de extrañar que Kairi estuviese enamorada hasta las trancas de él, era la voz de la concordia a todas horas, siempre buscando la felicidad de todo el mundo a pesar de que todos le iban a decir que eso no era posible, que siempre habría alguien que saldría escaldado. Se revolvió un poco en su recien adquirida sudadera, era demasiado comoda para su bien, si seguía así se iba a quedar frita.
- No os odio, sencillamente prefiero estar solo. La gente solo da problemas, además que cada segundo que paseis conmigo será un segundo más que os odiara el rubito. Perdón, el moquito. - corrigió Vanitas recordando el repentino cambio de look del aludido.
Naminé fue la primera en esbozar una sonrisa ante el comentario del moreno, seguida de Ventus, Kairi y Riku, Sora no lo había pillado y los miraba raro.
- Hay algo que no me encaja, podrías haberte ido con cualquier otro grupo que sí te habría ignorado, ¿por qué viniste con nosotros? - cuestionó Kairi intuyendo la respuesta.
La mirada del moreno osciló levemente hacia la rubia, pero contestó antes de que llegasen a una conclusión que pudiese implicar que era humano y no un demonio.
- Para hacerle la puñeta a Roxas, sencillamente no esperaba que tuviese tan poco autocontrol. - y que metiese a Naminé de por medio. Pensó apretando el puño, a medias por el enfado y a medias por el frio. - Bueno, si eso es todo, me vuelvo a mi no habitación mientras vosotros invadis mi verdadera habitación. - se levantó y extendió el brazo pidiendole la sudadera a la rubia.
- Ya te he dicho que esa es tuya y de Sora, ésta es mía. - soltó Ventus, poniendose de pie tambien, y en esa última oración, Vanitas tuvo la sensación que no hablaba de la habitación.
- Y yo te he ignorado.
- Siempre podeis dormir juntos. - saltó Naminé relajando el tono agresivo que estaban teniendo los muchachos que se miraron y la miraron a ella indignados por la sugerencia. - O jugaroslo a las cartas.
De nuevo, cruzaron miradas y ambos se sentaron.
- Va - se retaron entre ellos recogiendo el mazo de cartas de encima de la mesa.
- Bueeeeeeeeeeeeeeno, nosotros casi que nos vamos a buscar a Roxas... - comentó Kairi tirando de Sora de forma nada sútil para obligarlo a levantarse y arrastrando consigo tambien a Riku, ambos protestando, cada uno de un palo bien diferente.
- Pero yo quiero jugar... - balbuceaba Sora
- Pero quiero saber como acaba el culebrón... - demandaba Riku
La chica se despidió con la mano de Naminé, que era la única que no había ignorado totalmente a sus amigos, mientras que Ventus y Vanitas se retaban con la mirada y con las palabras.
- ¿A qué quieres jugartela? - retó el moreno usando el pronombre para dar a entender que había más en juego de lo que se hablaba, lo cual aumento la violencia en el ambiente.
- A lo que se te dé mejor, así será más humillante tu inevitable derrota. - contestó Ven, lleno de sí mismo como nunca lo había visto la rubia, quien ahora estaba sentada en medio del sofa, acurrucada, intentando no dormirse ante la demostración de testosterona que se llevaba a cabo ante ella.
- Pues al mentiroso - sentenció con media sonrisa, el moquito este no sabía con quien competía - Pero antes. - señaló a Naminé y le hizo una señal con la mano que ella entendió al instante.
Quiso negarse, pero eso sería admitir que quería quedarse con la ropa del muchacho puesta y eso sería admitir que le gustaba esa ropa, que era verdad, además de que al mirar al chico pudo notar que temblaba ligeramente, seguramente desde hacía rato se estaba helando mientras luchaba con su dignidad para no parecer desesperado y, por lo tanto, debil ante otro macho. La rubia frunció el ceño unos segundos y acabó por suspirar resignada. Con cuidado de que no se le levantasen todas las capas de ropa que llevaba encima se quitó la sudadera y se la tiró al moreno, con vergüenza al ver que tanto él como Ventus la miraban fijamente, esperando ver algo más de carne. Vanitas chasqueó la lengua volviendo a señalarla, la indicada se miró la ropa y aún llevaba una prenda del moreno, una camiseta de manga corta negra con miniaturas de perritos en gris cubriendo la mayor parte de la misma, encima de la suya propia, que era más gruesa, de manga larga y blanca.
Las reacciones que tuvieron lugar en la sala fueron diametralmente opuestas, mientras que Ventus intentó contener la risa, Naminé le dedicó una mirada que podría ir destinada a un cachorrito abandonado que golpea con sus patitas la puerta de casa para ver si alguien le da amor, es decir, llena de ternura y adorabilidad. Se la quitó lentamente, de nuevo intentando que no se le subiesen el resto de capas y se la pasó a Vanitas que se negaba a mirarla, sonrojado.
- Es que jugar dos al mentiroso no tiene chicha. - dijo Ventus con resignación.
- Pues que juegue Naminé.
Ambos se giraron para mirar a la chica que se encogió de hombros ante la propuesta. La verdad es que tampoco tenía nada mejor que hacer y ya que ellos eran los que lo habían sugerido no veía por qué decir que no. Allá ellos con su apuesta. El mentiroso es un juego donde se reparten todas las cartas de la baraja que sea y el que empieza tira unas cartas boca abajo afirmando que son de un numero que dice al echarlas sobre la mesa, el siguiente jugador decide si levanta para comprobar si es verdad o si tirar cartas encima del mismo numero, pasando así al siguiente hasta que alguien se queda sin cartas o alguien levanta las cartas echadas por otro. En caso de levantar y que fuera verdad, el que ha levantado se lleva todas las cartas de la mesa y se le pasa el turno, si era mentira, el mentiroso se lleva todas las cartas y empieza el levantador. Además, si tienes las cuatro cartas del mismo numero, te las puedes descartar. Normalmente el turno va en sentido horario, así que despues de Naminé, iba Vanitas y despues Ventus.
La primera partida ganó Naminé, y la segunda, y la tercera... Y no tenía nada que ver con el don de observación que tenía ella gracias a sus dotes de artista, sino más que nada a que Vanitas estaba más preocupado de engañar a Ventus que de fijarse en las mentiras de la chica, aunque eso era lo que ella pensaba. El acto principal del juego fue cuando Ventus tenía que decidir si levantar las cartas de Vanitas o no, y así durante más de cinco partidas. Al llegar ese momento, los tres se acercaban a la mesa y ella se encargaba de hacer el redoble de tambores, si se llevaba las cartas el mentiroso lo celebraban mientras éste miraba si podía descartarse y si se las llevaba el levantador, lo celebraban igual. He ahí la explicación de cómo había ganado todas las partidas la rubia.
En la enesima victoria de la campeona absoluta de esa farsa maquillada de apuesta de juego de cartas, mientras recogía para volver a repartir, el estomago de la joven rugió como si no hubiese comido nada en meses y ésta se hizo la loca, sin engañar a nadie. Ventus miró la hora en el telefono movil y, de paso, les puso al día.
- Son casi las dos ya, dice Kairi que vayamos comiendo que ellos están liados con Roxas... - se quedó pensativo unos segundos - No sé si me gusta como ha formulado esa oración.
La rubia ya estaba de pie en la cocina desembalando las bolsas que había bajado de su mochila. En su momento no les había prestado la atención que merecían, pero había tres fiambreras con un montón de comida y una nota que ponía lo que tenía que hacer con cada una de ellas. En la más grande se acumulaban un montón de patatas fritas con bacon y queso fundido por encima y la nota decía "Para calentar y compartir", en una más pequeña estaba su ensalada personal, consistente en atún, carne de cangrejo, tomate y mayonesa, simple y eficaz, y en la más pequeña de todas unas tostadas de pan para untar el mejunje, en la nota de la primera ponía.
- "Los amigos de bajo el mar para mi sirenita 3" - murmuró una voz a su espalda mientras desenganchaba el trozo de papel.
Dio un respingo para inmediatamente despues intentar recuperar el papel y su dignidad, pero la mano fue más rápida y escondió el tesoro tras el resto de su cuerpo.
- Devuelvemelo, Ventus. - exigió ella con voz autoritaria
- Ahg... - soltó él mientras se llevaba la mano inocente al pecho como si acabasen de clavarle un puñal. - Te dije que me llamases Ven, ¿por qué estoy condenado a vivir sufriendo tus abusos?
Su dramatismo solo era superado por el verde de su pelo. Finalmente, Naminé consiguió arrebatarle el papel aunque para hacerlo basicamente había tenido que echarse encima suyo, por lo que Ventus tuvo que recular un par de pasos debido al placaje de la chica, la cual al perder su apoyo tuvo que avanzar su pie izquierdo, colocandolo entre los del peliverde. Cuando éste intentaba reequilibrarse reculando y chocó con el pie de la joven se fue directo al suelo. Para evitarlo, la rubia le pasó un brazo por el cuello y con el otro se apoyó en la encimera, sujetandole tan fuerte como podía. Y así se quedaron, con los cuerpos todo lo pegados que podían tenerlo mientras las fuerzas de la rubia iban desapareciendo y Ventus en vez de hacer un esfuerzo por reincorporarse se quedó mirandola como si acabase de ver descender un angel.
Intentó con todas sus fuerzas aguantarle, pero entre la vergüenza que sentía por su mirada, el peso del joven y la escasa masa muscular de la artista, acabó por soltarle, justo cuando Vanitas se asomaba para ver qué pasaba. Para cuando el culo del exrubio tocó el suelo, Naminé se había girado y arrugado y tirado el papel a la papelera que había en la esquina de la cocina, sin mirarlos para no exhibir su sonrojo se puso con sus fiambreras. Aún sentía los ojos del azul intenso que da el mar profundo a plena luz del día mirandola como si los suyos fuesen de oro puro, cuando ella solo era una chica de montón con algo de destreza para el dibujo. Nadie nunca la había mirado así, de hecho, se atrevería a decir que nunca había presenciado una mirada así hasta que la vio en los ojos de cierta pelirroja cuando miraba con un cariño ilimitado a Sora durmiendo sobre su pupitre. Pero de ahí y vivirlo en sus propias carnes...
La cercania entre sus cuerpos le puso el corazón a un ritmo anormal y nada saludable, porque estaba a punto de abrirle un boquete en el pecho, y esa mirada le había robado la poca fuerza que no estaba concentrada en sujetarles a ambos. Ahora rememoraba la situación en vez de calentar las fiambreras, de hecho, las tenía entre sus manos como si ese contacto la hubiese helado en el sitio.
- Me despisto un momento y ya estais tirandoos por el suelo, sois como niños, de verdad. - despotricó Vanitas antes de volver a su busqueda de la mochila perdida. - ¿De verdad que no me vais a decir donde está?
Naminé volvió en si al oir la voz del chico, echando de su mente la mirada de Ventus, que no pudo evitar reirse ante la pregunta del moreno, era el truco del esconder algo a la vista. Cuando la rubia salió de la habitación aprisa no tuvo ni un segundo para pensar en buscar un escondite así que sencillamente echó la mochila en el pasillo al que llamaban cocina.
- Hombre, no tuvo mucho tiempo para pensar un escondite así que tuvo que improvisar - relató acertadamente el peliverde - así que la tiró por la ventana. - ahí ya estaba improvisando.
Vanitas fijó su mirada más fria en Ventus, dejandole claro que no le había hecho ninguna gracia esa broma y esperó que la rubia lo desmintiese, por desgracia, a Naminé ya se le estaba pasando el subidon que le había proporcionado tener que convencerlos a todos, pues con una simple mirada el otro chico la había desarmado, tenía la cabeza en las nubes y apenas oía las voces de su alrededor. Le quitó la tapa al recipiente que contenía las patatas y lo metió en el microondas, ni siquiera les preguntó si querían, igual eran alergicos al queso, pero ella miró la plataforma del electrodomestico dar vueltas sobre sí misma como si fuese lo más interesante del mundo.
Sin más referencias a las que acogerse, el moreno se acojonó, igual sí habían lanzado sus pertenencias por la ventana, pero Ventus le sacó de su error pasandole la mochila y ambos miraron a Naminé en silencio, sin saber qué le pasaba por la mente a la rubia. Lo que le pasaba era obvio e inevitable, había sufrido una especie de trance al ver a su amiga desesperada porque todo estuviese bien, un trance que se alimentó cuando la jugada contra Vanitas le salió bien y se mantuvo sin problemas durante las horas anteriores. Y no es que el trance hubiera estado mal, es que tocaba volver a ser ella, o por lo menos, la ella a la que ella misma estaba acostumbrada, con algo más de logica y menos emoción pura y dura, pensar en lo que había hecho y en lo que estaba haciendo.
Con cada vuelta que daban las patatas dentro de la maquina ella meditaba sobre los incidentes recientes. Todo había empezado bien, risas y charlas animadas en el autobus, despues Roxas había golpeado a Vanitas y la llamó traidora por simplemente mirar que no le hubiera hecho un daño grave. Tras lo cual, se fue corriendo, estuvo unos minutos perdida en sí misma, pensando, de forma catastrofista, que debía acabar con todo, apareció Ventus y todos sus planes se fueron al garete. Éste casi se tumbó encima de ella, mezclando sus alientos durante unos segundos que parecieron eternos, pero por desgracia, acabaron. Al volver, Kairi le contó lo ocurrido y la preocupación de la pelirroja se convirtió en su preocupación y se le ocurrió, aún no sabía bien bien de donde había surgido esa idea, que podría convencer a Vanitas y Roxas de soportarse como mínimo. Definitivamente, se había venido arriba.
Desde el preciso instante en que decidió eso, no había parado, se sentía confiada, de hecho, llena de confianza como cuando dibujaba algo con inspiración, sabiendo a la perfección donde iba cada trazo y cada color. Pero ese no es el tema, hizo salir a Vanitas a base de robarle su ropa y ponersela ella tras haberlo visto a pecho descubierto y su mente no podía olvidar los contornos de los músculos del moreno. Aún así, no flaqueó ni un instante y se encaró a él, delante de todos, estando él semidesnudo, con una determinación impropia de ella en temas sociales. Y siguió confiada como para negociar su rendición. Sin embargo, en una mirada, Ventus había barrido todo eso, toda la vergüenza que no notó en sus carnes la pudo sentir en ese agarre, en esa mirada y en la zona de contacto entre su cuerpo y el del peliverde. De repente, el hecho de que estuviese a solas con un muchacho al que había visto semidesnudo y otro que podía desnudarla a ella de su determinación con una mirada ya no le parecía tan normal como unos minutos antes.
Al ver el queso derretido sacó la comida y la llevó a la mesa tras buscar un par de tenedores. Vanitas estaba sentado en la silla plegable comiendose un bocadillo y Ventus en la butaca comía pasta de un termo. Dejó las patatas en el centro de la mesa y les ofreció un tenedor a cada uno.
- Son... para vosotros - se sonrojó a pesar de que ni siquiera las había hecho ella ni había tenido nada que ver con la idea.
Ambos la miraron y se miraron, tras lo cual sus ojos fueron a las patatas fritas, con trocitos de bacon por encima de un mar de queso que tenía el color y la textura de un buen queso. Para cuando Vanitas pensó la pregunta, el peliverde ya la había formulado:
- ¿Y tú? - preguntó claramente contrariado con que ella no tuviese siquiera un tenedor.
- No, yo... tengo mi ensalada y no creo que pueda con todo. - contestó ella señalando con la cabeza los otros dos recipientes que tenía en el regazo. - Pero si no las quereis no pasa nada, esperaré a que vengan los demás, seguro que a ellos no le importa.
A pesar de que pensaba que gran parte de las acciones que había llevado a cabo esa mañana eran producto de un acceso de ira y determinación, no negaba que igual le habían quedado secuelas, como esa ligera sensación de que podría llevarlos por donde quisiese si se lo montaba bien. Sin embargo, aún era incapaz de mirar a Ventus a la cara, porque si volvía a verle mirarla con esa intensidad se le cerraría el estomago del todo. El moreno no tardó en aceptar, agradeciendoselo a Naminé con la boca llena de queso, y en vista de que si dudaba más se iba a quedar sin probarlas, Ventus tambien se decidió. Mientras esos dos volvían a sus peleas de machos, esta vez en forma de ver quien comía más cantidad en menos tiempo, ella empezó a comerse sus tostaditas con su mejunje casero.
No paraba de darle vueltas a todo mirando su comida y sin decir nada, hasta que a mitad de la comida, cuando ya se estaban debatiendo las últimas patatas, soltó la bomba sin pensar:
- ¿Qué pasó entre vosotros? - no fue más que un murmullo, pero ambos lo oyeron perfectamente.
El ambiente se vino abajo de inmediato, incluso Ventus adquirio una expresión seria y sombria. No tuvo otra opción que alzar la mirada para observar, con horror, lo que acababa de provocar. Los chicos habían bajado la mirada, tanto, que no les veia los ojos a ninguno de los dos. Giró la cabeza de un lado a otro, pensando en qué decir o hacer y cuando fue a abrir la boca un sonido metalico la interrumpió. Vanitas había dejado bruscamente su tenedor encima de la mesa y se levantó, aunque antes de irse le dedicó unas palabras que, por algún motivo, hicieron bajar unos grados la temperatura del lugar con el tono tan frio que había usado.
- No tengo hambre.
Con esas tres palabras, consiguió impregnar el lugar con una frialdad equiparable a la de fuera. Naminé le miró preocupada, pero éste no le dedicó ni eso, pensó en levantarse para detenerlo, pero recordó que tenía su comida en el regazo así que estiró el brazo para agarrar el suyo. Vanitas apartó el brazo de inmediato mientras se marchaba a su habitación. Aunque no estaba muy claro de quien era esa habitación. Ventus ni siquiera levantó la cabeza, estaba echado para delante con los codos apoyados en las piernas abiertas. Sin embargo, el aura de negatividad que lo envolvía decía todo lo que su boca no iba a expresar. La había cagado, había metido la pata hasta el fondo y un poco más allá. Pensó desanimada mientras dejaba todo encima de la mesa, justo cuando empezaba a arreglarlo...
Hola, chicas. Este es EL capitulo, es igual de horrible que los demás pero el cuadruple de largo. ¿Que por qué os torturo así? Porque soy malvado, si has llegado hasta este comentario del autor de forma legal limpiate los ojos porque los tienes llenos de sangre de haberlos hecho sufrir durante tantas palabras.
Me cuesta ser serio, mucho, así que seré breve. Quería dividir el primer día en dos capitulos, éste el primero, y el siguiente para chaparlo. Así que hasta no han comido no lo he colgado y, mire usted por donde, se me ha ido la mano a las 12.500 palabras. Más que el resto del fic entero.
Como llevo repitiendo tanto tiempo, sé que escribo de pena, no me lo recordeis en un review, y repito que ahora mismo considero muy seriamente el amorcito con Vanitas, pobre, me da penita. No sé qué más poner aquí, feliz nabidad. :D
