Gretel y Dana miraban las noticias, petrificadas.
—¿Última cena?— gimió Dana, frotándose los brazos y mirando por las ventanas—. ¿Acaso sabe que está aquí?
—Han puesto seguridad en los edificios de al lado. Están vestidos de civiles—dijo Micaela, entrando a la cocina—. Ya saben, esas amenazas son puro humo. Perro que ladra no muerde.
—Ojalá—dijo Gretel—. Son tan lindos...quién querría hacerles daño.
—¡Lucy!— gritó Micaela—. El empresario del 1202 se está quejando. ¿Qué le pusiste a su soupe à l'oignon?
—¿Qué? Seguí la receta tal cual. ¡Si quiere comida francesa pues que vaya a Francia y no se queje!
Fred y las camareras se rieron de mi audacia.
—Anda sube y discúlpate—dijo Micaela, por poco y dándome un jalón de oreja—. Esta vez yo no te salvo..
—¡Pero...!
—¡Que subas!
Bufé derrotada, y arrastré mis pies al ascensor. Apreté el botón, y se abrió la puerta. Estaba tan contrariada que no me di cuenta de quien estaba allí...
—¡Oh!— ahogué un grito.
Jin me miraba, pero sus ojos estaban sombríos. Trató de ocultarlo.
—¡Hola otra vez!
—¿E-estás bien?
Se encogió de hombros.
—No es nada. A todos nos han amenazado alguna vez...but we keep rollin rollin', still Bangtan!
Sacó su teléfono y me empezó a mostrar sus fotos.
—Eomukie y Odengi, mis petauros de azúcar. Míralos ¿Existe algo más tierno?
"Tú", pensé automáticamente. Brenda me había contado de su forma de ser: empático, generoso y desinteresado. Protector por naturaleza. Al ver sus ojos, veía una mirada inocente y amorosa ...una gran belleza interior. Me empezó a conmover.
—Y, ¿a dónde vas? —me preguntó.
—A disculparme con un cliente. Creo que hice mal su sopa.
—¡Debe estar loco! Cocinas muy bien.
—Gracias...algún día quiero tener mi propio restaurante— confesé de pronto.
Sus ojos se abrieron aún más.
—¡Ah, qué bien! Yo tengo uno en Corea. Lo abrimos con mi hermano. Algún día te invito.
Reí apenada. Era imposible.
—¿Qué pasa? —dijo, notando mi expresión.
—Nada, nada...es que, es un sueño loco abrir un restaurante.
—Vamos, sí puedes hacerlo! Imagina...clientes viniendo y diciendo ¡YAAHH! QUÉ RICO! YUM. Yo mismo te hago publicidad. Pongo un anuncio en el fan café, que todos vengan a Perú!
Me reí con él.
—Gracias—murmuré—. Algún día te invito.
Sentí que le estaba robando un momento. El ascensor se había detenido en el piso. La puerta no se abría...oh no...
Jin empezó a reír.
—Ironía total. Atrapado en un ascensor, antes del concierto.
—Qué vergüenza—mascullé, presionando el botón de emergencia. ¡Menudo hotel de cinco estrellas!
—Igual daré un concierto, así sea para 1 persona— me sonrió, levemente azorado—. Maybe I, I can never fly...
Lo escuché varios segundos. Al terminar su coro, le aplaudí. Me hizo una reverencia. Parecía un príncipe. Al levantarse, sus ojos brillaban.
—Por una parte, me alegro que no seas ARMY.
—¿Por qué?
Entonces se sonrojó, y movió su cabeza rítmicamente. Jin se sacudió el cabello, apoyó el peso en una pierna y luego la otra. Apretó la baranda del ascensor, tomó aire y estuvo a punto de decirme algo cuando... la puerta se abrió. Su mánager, los chicos, estilistas, todo su séquito se llevó a Jin y solo pudimos intercambiar una última mirada. Micaela me agarró del brazo y me hizo bajar las escaleras...
Sentí mi corazón latiendo rápidamente. Oh no...¿es esa emoción a la que llaman amor?
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Gracias por leer! Y recuerden: you nice, keep going!
-Ro
