¡Hey! :D Llegando con un nuevo Drabble. Gracias por duplicar los review. Todas las chicas y las moderadoras estamos muy, muy agradecidas por sus comentarios, nos alientan y hacen que las ganas de escribir lleguen con más ganas (?

Gracias (nuevamente) por sus comentarios, y por agregarnos a alertas y favoritos ;) si pudiéramos besarles, lo haríamos (?

Disclaimer:

1. Inuyasha y compañía no nos pertenecen, sino que son de Takahashi Rumiko.

2. Historia hecha sin fines de lucro.


Escritora: Calandry

Nota de la autora

Odio mi vida u.u siempre me pasa algo cuando tengo que presentar un reto o un drabble. Hace una hora no tenía nada escrito, mi cabeza estaba vacía y solo escuchaba los grillos del estanque (y no tengo estanque o.ó). Tomé esta idea que era principalmente de un One-shot que tenía pensado, pero la hice más pequeña y salió esto. No me odien si no les gustó T^T


Al destino le gusta imponer sus reglas y divertirse, pero él era Inuyasha y ella Kagome, no necesitaban más que eso para entrar en el juego.

You and I


Hombres

La situación tendría que ser molesta, pero no podía evitar sonreír y negar con la cabeza.

Los chicos eran chicos, sin importar la época en que vivieran.

—De verdad eres muy bonita —dijo uno de los adolescentes, con su tono bordeando la arrogancia.

Posiblemente eran de alguna aldea aledaña, y solo se habían alejado un poco para divertirse y buscar mujeres.

— ¿Cómo te llamas? —preguntó otro, el de más masa muscular que sus amigos.

—Kagome —ni siquiera se había girado a verlos. Estaba muy ocupada recogiendo las hierbas que la anciana Kaede necesitaba.

No era un nombre común, pero más reconocido no podía ser. Claro, solo en su aldea. El noventa y nueve por ciento de la población japonesa feudal no estaba enterada de que ella fue quien hizo desaparecer la perla, incluso dudaba que de supieran siquiera que la perla había desaparecido, o que en algún momento estuvieron a solo un segundo de sucumbir bajo la tiranía de Naraku.

Sin redes sociales o algún medio de comunicación, nadie nunca se enteraba de nada.

—Entonces, Kagome ¿Vamos a dar una vuelta? Te conseguiremos fruta.

—Gracias, pero no puedo.

— ¿Por qué no?

Suspiró sin borrar su divertida sonrisa y se puso de pie. Acomodó la cesta a su costado y sacudió un poco las manos en sus ropas de aldeana. Hacía mucho calor para usar el traje de sacerdotisa (aunque si lo llevara, muy probablemente esos chicos no intentarían coquetearle).

—Porque me preocupo por ustedes —no mentía, la verdad. Aunque eran algo molestos, no eran malos, y ella sinceramente no quería meterles en problemas.

Sin embargo, los niños no entendían de qué iba el asunto.

— ¿Eres peligrosa? —murmuró uno, no muy convencido, e hizo una rápida introspección de la chica, pero simplemente negó y volvió a sonreír como un bobo.

—Seguramente te pones agresiva ¿Verdad? —dijo otro—, pero solo vamos a dar una vuelta y a regalarte fruta —se veía sincero, y Kagome no lo dudaba ni por un segundo. Ninguno tenía un aura malvada, pero sí eran levemente parecidas a la que rodeaba a Miroku en sus tiempos jóvenes (y en algunos casos, también ahora).

Volvió a acomodar el cesta en su costado y los observó.

—Muchachos, no quiero meterlos en problemas —llevó una mano a su pecho y mostró mucha sinceridad (y algo de diversión) en su rostro—. Sean niños buenos, y vuelvan a sus aldeas. Coqueteen con niñas de su edad.

—No somos niños —espetó el tercero, ofendido.

Kagome sabía que su definición de 'niños' y la definición que tenían en esa época eran complementare diferentes. Pero para ella eran niños, por muy adultos que fueran en ese tiempo.

—Somos hombres, ¿Qué no nos ve? —y muy infantilmente, mostraron sus musculosos brazos, esculpidos a base de trabajo a temprana edad.

—Así qué hombres, ¿No? —una voz ajena al grupo hizo que todos quedaran mudos unos segundos— ¿Debería probar qué tan hombres son? —sonrió de lado, mostrando sus caninos.

Kagome se giró hacía él. Tenía su hombro apoyado despreocupadamente sobre un árbol, con los brazos cruzados y una divertida y sádica expresión en el rostro. Él se estaba divirtiendo tanto como ella.

Los tres chicos guardaron silencio de pronto. Incluso, por el rabillo del ojo, Kagome notó que las piernas del más musculoso comenzaban a flaquear. Sonrió, los niños siempre serían niños, fuese la época que fuese. Dejaría que InuYasha los asustara solo un poquito más.

Volvió a su tarea de recolectar las hierbas.

Entonces, aunque ligero, se escuchó un pequeño 'clup'. El gritó que dieron los tres jóvenes hizo que hasta ella saltara un poco. InuYasha comenzó a reír, llevando las manos a su espalda baja y empezando a moverse lenta pero graciosamente.

—Solo fue un pequeño eructo —dijo él, mirando con orgullo al bebé atado a su espalda— y los hiciste mojar sus pantalones.

—Ojalá tus eructos fuesen así de divertidos y no botaran tres árboles de paso —bromeó Kagome, poniéndose de pie y caminando hasta el hombre. Éste frunció el ceño, pero no dudó en envolver sus brazos alrededor de la cintura de su mujer cuando ella hizo lo mismo.

—Aún no lo entiendo —comenzó, mirando el camino por el cual los tres chicos corrieron—. Ellos siguen coqueteando contigo, no eres la mujer más bonita de por ¡Auch! ¿Qué te pasa?

—Deberías callarte la boca, idiota —gruñó, soltándole—. Eres como un niño muy molesto.

—Hey —frunció el ceño— deja de decirme niño, niña.

Una pequeña risita se escuchó desde la espalda de InuYasha, y ambos se acercaron para ver al bebé con los grandes ojos tostados observarles desde la inocencia.

Kagome sonrió al ver que InuYasha comenzaba a moverse bobamente para que la pequeña risita del bebé aumentara.

Jamás esperó que él fuese un padre muy cariñoso después de verle tratar con Shippô o las gemelas, pero se equivocó enormemente. Podría decirse que de entre los dos, InuYasha era quien más iba a mimar al bebé cuando creciera.

Además, tenía que admitirlo. Su imagen de padre era más atrayente que antes.

—Bien, volvamos a la aldea. Necesito alimentar a mis muchachos —bromeó, tomando las hiervas en una mano y sujetando la mano de InuYasha con la otra.

—Mírame, tengo un bebé atado a la espalda, y no he perdido mi masculinidad ni un poco. Ya quisieran Miroku ser tan hombre como yo.

—Yo que tú digas, InuYasha, lo que tú digas…


Nota autora: Solo quería poner lo que sería una típica situación con ellos, sin dramas, peleas u algo. Quizá no es emocionante, pero es como yo me imagino a esos dos. Sobretodo a InuYasha. ;)


Sí, sí, todas quieren un papi como InuYasha, lo sé (?

¡Se les agradece haber leído! No se olviden de comentar si les ha gustado ;)

Nos vemos en el siguiente Drabble. Bye~

Madame Morgan, Calandry & Franessa Black