Sólo la trama es mía.

Gracias a la super beta-bitch Diana Mendez (TheDC1809) de Betas FFAD (www . facebook groups / betasffaddiction /)


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7. Un paso más cerca.

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Cuando abrió los ojos se dio cuenta que estaba en un lugar muy distinto al que amanecía todas las mañanas. Las paredes ennegrecidas de humedad habían cambiado por unas blancas y limpias, se veía todo espacioso y se respiraba tranquilidad, pero a pesar de todo eso, no podía estar bien consigo misma. Algo faltaba y ella sabía qué.

Los sollozos comenzaron a brotar de manera involuntaria de su boca. ¿Qué mierda había sucedido? Lo último que recordaba eran las sucias manos de Aretha tapándole la boca… Sí, ahora entendía todo… Aretha era la culpable de todo esto. Lloró aún más con frustración al comprender que algo le estaba impidiendo ser feliz en la vida.

Corrió como posesa hacia la puerta blanca y trató de abrirla sin ningún buen resultado, lo único que lograba era lastimarse las muñecas golpeándola y presionando fuertemente la manilla. Dió un largo gemido de frustración y se tendió en el piso a pensar en qué debía hacer. Necesitaba estar con Kevin y con Edward, debía volver, pero las soluciones y posibles escapatorias quedaban reducidas al ver como en toda la habitación, había sólo una pequeña ventana demasiado alta y estrecha como para ser una vía de escape. Los fuertes rayos de sol colándose por la ventana la distrajeron unos momentos, esos rayos cálidos significaban sólo una cosa… ya no estaba en Seattle, y mucho menos en algún lugar de Washington.

Sintió unos pasos acercarse por el lado contrario de la puerta, y en un acto casi frenético, se puso atenta y en guardia para prepararse ante cualquier cosa que viniera del otro lado. Se escuchó el ruido de unas llaves y posteriormente la puerta abriéndose. Su asombro fue gigante al ver a una monja anciana entrar por ella seguida de una joven mujer rubia quien la miraba con curiosidad.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó la monja. Bella buscó las palabras correctas en su mente, de ninguna manera se sentiría bien, incluso, la palabra "mal" no alcanzaba a llenar todos los agujeros de lo que sentía en ese momento.

— Eso no importa —su voz ronca la sorprendió— ¡Por favor!, tengo que irme de aquí, mi hijo me espera… ¡ayúdeme! —suplicó cogiendo el borde de la túnica de la anciana. Ella la miró con una expresión pensativa y a la vez confundida.

— La señora Aretha nos dijo que tenías problemas mentales —le sorprendió lo fría que se escuchó la voz de la monja y en un instante alternó la mirada desde ella hasta la muchacha rubia quien miraba de manera confusa a la anciana—. Tienes que meterte en la cabeza que tú no tienes ningún hijo… Las drogas te han hecho muy mal —. ¿Drogas?

— Usted está equivocada —silenciosas lágrimas brotaban de sus ojos—. Mi hijo se llama Kevin y tiene siete meses… déjeme ir con él —recordó que tenía una foto de él en su billetera y comenzó a buscarla en los bolsillos de sus pantalones, pero se encontró con que estaba con una túnica blanca parecida a la que usaban los enfermos en los hospitales—. ¿Y mis cosas? ¡¿Dónde están mis cosas?!

— Las botamos, aquí no necesitarás nada de eso —respondió con voz solemne. Bella gruñó no por el hecho de que le hayan botado sus pertenencias, sino porque en ellas tenía una foto de Kevin y otra de Edward… ahora eran muy importantes para ella. Tomó un impulso y dirigió su mano hacia la mejilla de la monja arañándole el rostro en un intento de darle una bofetada—. Eres una… —la anciana cerró fuertemente los ojos con impotencia mientras se tocaba su mejilla adolorida. Esa muchacha de cabello castaño era tal cual como la había descrito la señora Aretha: desquiciada, drogadicta y casi endemoniada— Rosalie cierra la puerta —le ordenó a la joven rubia quien acató de inmediato.

Lo siguiente pasó en menos de un segundo. La anciana golpeó fuertemente en el rostro a Bella, haciendo que tanto como Rosalie y como ella soltaran un jadeo, luego en un movimiento rápido, sacó una jeringa y la clavó directamente en el delicado brazo de Bella quien aún no se recuperaba del golpe en su rostro.

Rosalie durante los casi cuatro años que estaba en ese convento, nunca había visto a la hermana Katherine Müller tratar de esa manera a una muchacha y mucho menos había visto que ella utilizara las jeringas que sólo estaban predestinadas para las residentes que poseían esquizofrenia.

Bella pudo sentir como algo la golpeaba fuertemente desde que la aguja de la jeringa pinchó su brazo, luego no supo cómo, pero se encontraba con la vista nublada, llena de nauseas y cada vez mas agotada. Finalmente, aunque intentó con todas sus fuerzas, terminó por desmayarse en el frío piso de la habitación.

Rosalie esperó pacientemente a que la hermana Müller se marchara de la habitación, y cuando lo hizo, rápidamente tomó a Bella de los brazos y la recostó en la cama. Algo le decía a ella que no debía creer en lo que la señora Aretha había dicho, esa chica no podía ser una drogadicta y mucho menos una demente, por el simple hecho de que no se parecía a ninguna de las muchachas que llegaban al convento a pedir ayuda.

Entonces Rosalie, que no recordaba nada de su vida y que misteriosamente había llegado a ese convento hace casi cuatro años, tomó la decisión de ayudar a esa chica fuera como fuera. Había algo en ella que le decía que merecía tener la libertad que ella misma no tenía por estar encerrada en ese convento. Quizás existían muchas más oportunidades en la vida para Bella, que para ella. Tapó a Bella suavemente con la colcha y salió rápidamente de la habitación para dejar un momento a solas a la extraña chica, pero en su caminar por el pasillo unos bultos en un cuarto le llamaron la atención. Con sutileza para no despertar dudas en nadie, los recogió y hurgó dentro de ellos, encontrando los vaqueros y la camiseta de alguna chica con una billetera, en la cual se encontraba una fotografía de un bebé recién nacido y otra de un chico de no más de diecisiete años. Dejó de lado los billetes que había ahí, las tarjetas de diferentes lugares y encontró lo que más le interesaba, la identificación que rezaba el nombre de "Isabella Marie Swan" y en cuya foto aparecía la chica que estaba encerrada en la habitación… después de todo no habían botado sus cosas y Rosalie había encontrado otra forma de ayudarle.

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Edward se encontraba en su departamento sacando fotocopias de los afiches para buscar a Bella con desesperación. Había imprimido más de cien afiches, pero aún así le seguía pareciendo poco. Miró su reloj y se dió cuenta de que ya eran las tres de la tarde, debía ir por Kevin a la casa de sus padres, no estaba bien que su hijo estuviera solo tanto tiempo. El timbre sonó y se apresuró a abrir, Emmett le había dicho que debía estar atento a cualquier cosa.

— Hola… ¿Eres Edward? — una chica rubia lo miraba con atención bajo el umbral de su puerta.

— Sí, soy yo —miró su reloj distraídamente—, la verdad es que iba saliendo, ¿necesitas algo? —Jane se sintió rechazada un momento, pero luego comprendió que quizás el tenía que buscar a su hermanita… que egoísta eres, Jane, pensó.

— Si, se trata sobre tu búsqueda… —no alcanzó a decir más y sintió como Edward la jalaba hacía el interior de su departamento.

— ¡¿Tienes alguna noticia? ¡¿La encontraron? —dijo tomándola por los hombros y sacudiéndola. Jane emitió unos pequeños quejidos y eso bastó para que Edward la soltara— Perdón… debes entenderme, es la desesperación por encontrarla.

— No te preocupes —dijo llevando su mano a la mejilla de Edward quien frunció el ceño y apartó rápidamente el rostro—. Debe ser difícil perder así a un familiar —a Edward tampoco le gustó eso, ella hablaba casi suponiendo que Bella era su prima y que definitivamente ya no la encontraría.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó agrandando aun más la distancia entre ellos.

— Lo siento, mi nombre es Jane Hoffman y soy agente del FBI —dijo tendiéndole la mano—. También colaboro en algunos casos con Emmett McCarthy, como en el caso de tu hermana —Edward frunció aun más el ceño y habló aun sin estrechar su mano junto a la de Jane.

— ¿Mi hermana…? —dijo sentándose en un sillón. Jane rápidamente lo siguió y se sentó junto a él— ¿Sucede algo con Alice?

— No sabía que tenías dos hermanas —dijo la rubia con aire distraído—, pero yo hablo de Isabella Swan, tu otra hermana —Edward iba a hablar, pero Jane le puso un dedo en sus labios y le cogió la mano suavemente—. Quiero que sepas, que aunque me conozcas desde ahora cuentas con todo mi apoyo, encontraremos a Isabella y volverás a ser feliz —susurró—. Permíteme ayudarte y ser por ahora tu amiga —Edward se soltó rápidamente y caminó rápido hacia la fotocopiadora tomando los afiches para buscar a Bella junto con las llaves de su Volvo— ¿Pasa algo? ¿Dije algo malo? —preguntó Jane. Edward tomó unas cuantas respiraciones que no le sirvieron de nada para calmarse, ya que gritó de todas formas.

— ¡Esta mujer no es mi hermana! —gritó con aire contenido y con los ojos brillantes— ¡Ella…! —acercó un afiche al rostro de Jane y apuntó furiosamente el rostro de Bella— ¡Ella es la mujer que amo! —Jane comenzó a negar fervientemente con su cabeza, no podía creer que aquella chica escuálida podría ser digna del amor de Edward— Disculpa si te asuste nuevamente, pero me molestó un poco que creyeras eso —dijo Edward quien había malinterpretado la incredulidad del rostro de la chica, creyendo que era temor lo que sentía.

— Tú… no… ¿Cómo puede ella ser tu novia? Disculpa mi sinceridad, pero es algo difícil de creer —eso terminó por colmar la paciencia de Edward quien tomó a Jane de un brazo y la arrastró hacia fuera de su departamento.

— Escucha, te acabo de conocer y no me importa lo que digas ni tus opiniones, tengo cosas más importantes que hacer que estar escuchando tus idioteces —salió de su departamento cerrándolo con llave y corrió por las escaleras dejando a Jane sola y confundida parada frente a la puerta.

En ese momento se dio cuenta de dos cosas. Primero, Edward podía estar prometido, pero quizás no muerto, y segundo, ella aún tenía que seguir con la búsqueda de Isabella Swan, quizás eso le ayudaba aún más en sus futuros propósitos.

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Edward llegó rápidamente a Forks y no se detuvo ningún minuto hasta tener a su hijo en sus brazos. Kevin aun conservaba en sus ropas el aroma de Bella y eso sin duda le ayudaba a calmarse.

— ¿Alguna noticia? —preguntó Esme con esperanza. Edward despegó su nariz del cuerpo de su hijo y negó suavemente en dirección a su madre.

— Estaré un rato con Kevin y luego iré a pegar más afiches por el otro lado de Seattle, ¿dónde está papá? — dijo mirando a su alrededor.

— Está en la empresa, quiso ausentarse unos días pero ya sabes, el trabajo lo llama —se encogió de hombros— Tu hermana está en su habitación, quería hablar contigo de algo.

Esme se acercó a Edward tranquilamente y dejó un beso en su frente y luego en la de su nieto. ¿Cuántos errores había cometido ella como madre? Quizás demasiados. Siempre les enseñó a sus hijos que no debían creer en todo lo que se les decía, pero nunca pensó que tendría que enseñarles lo contrario, a confiar. Si no fuera por eso, Edward quizás se habría detenido a escuchar a Bella hace meses y todo por lo que estaban pasando ahora no sería nada más que algo inexistente, pero como la vida no estaba hecha del pasado, Esme suspiró pensadamente y se dirigió a la sala a su tarea de tejer un pequeño abrigo para su nieto.

— ¿Necesitabas algo, Alice? —preguntó Edward asomándose a la puerta de su hermana con Kevin en sus brazos. Alice quien estaba sobre su cama le indicó con un gesto a que pasara.

— ¿Cómo estás? —dijo cuando su hermano se sentó frente a ella en su cama. Edward dejó a Kevin jugando con unos cojines y se acercó a besar la frente de su hermana.

— No podría decirte como… —musitó con voz ahogada— Es como si por segunda vez se llevaran parte de mi vida.

— ¿Y dónde está la otra parte de tu vida? —dijo tomando a su sobrino y arrullándolo en sus brazos.

— En tus brazos, gracias a él no me he vuelto loco —dijo dando una ligera sonrisa—. Es igual a su madre, puede calmarme y me acepta aunque cometa errores —pasaron unos minutos en silencio hasta que Alice habló.

— Bella podría haberlo dado en adopción, pero no lo hizo… para mí esa es una razón aún más poderosa que me hace amarla y añorarla más, creo que nunca tendré una amiga como ella otra vez —dijo pasando tranquilamente la mano por la cabeza de Kevin—. Cuando ella desapareció de Forks, me sentí muy sola… Ella era mi mejor amiga y Jacob se estaba convirtiendo en uno —susurró—. En fin, ella se fue y tú entraste en un tipo de depresión, pero ¿en qué lugar quedaba yo? Quizás es un pensamiento egoísta, pero mi hermano ya no estaba y mis amigos tampoco —suspiró pesadamente y luego dejó un beso en la mejilla de Kevin—. Pero creo que ya no es tiempo de lamentarse esas cosas, ahora tenemos un regalo más grande —señaló al bebé que descansaba en sus brazos—, y sólo tenemos que preocuparnos por encontrar a Bella.

Edward miró unos segundos a su hermana y comprendió el porqué de su amor más grande hacia Bella. Alice Cullen no era la hija biológica ni de Esme ni de Carlisle, por el contrario era una niña a la que habían abandonado a las afueras de las empresas Cullen, y Carlisle al verla no pudo resistirse al llevarla a su casa y aceptarla como a una hija más. Por ese entonces Edward sólo tenía seis años, y encontrarse de la noche a la mañana con una niña de cinco años no fue para nada un desafío, sino que fue una alegría por tener una hermanita con quien jugar. Según él, la cigüeña había actuado y Santa le había traído adelantado el regalo que había pedido en Navidad desde hace ya mucho tiempo.

— ¿Alguna vez te has sentido fuera de lugar en la familia? —dijo con indecisión Edward.

— No, pero en momentos como este quisiera ser hija de Esme y Carlisle, quisiera decir que Kevin sacó un rasgo de mí, pero es obvio que eso no sucederá —se encogió los hombros con tristeza—. Creo que mis hijos podrán sacar algo de mí, pero tampoco tendrán ese cabello despeinado —dijo pasando la mano por la cabeza de Edward con una sonrisa triste— Tampoco la sonrisa ladeada… —Edward tomó la mano de su hermana y la besó suavemente.

— Quizás Kevin no sacará rasgos tuyos, pero puede tener un corazón parecido al tuyo y al de Bella —susurró—, puede aprender a hacer pucheros o a ganarse a alguien con una mirada… —Alice asintió con emoción y dejó que su hermano envolviera con sus brazos a ella y a Kevin.

El celular de Edward sonando los sacó de su abrazo. Edward le hizo gestos a Alice y se separó de ella para hablar mejor.

— ¿Edward? —dijo Emmett al otro lado de la línea— ¡Tengo noticias! —Edward sintió como lo envolvía un aura de tranquilidad, por fin habían encontrado unas pistas para llegar hasta donde estaba su Bella.

— ¿Cuáles son, Emmett? —trató de que su voz no sonara débil.

— Ayer en la madrugada, Aretha viajó hacia San Francisco con una muchacha, la cual estaba dormida y ella decía que era su hija —dijo—. He enviado a recoger testimonios a California y mucha gente dice haber visto a Aretha y a alguien quien coincide con las características de Bella.

— ¡¿Y qué están esperando? ¡¿Por qué no la han atrapado?! —gritó.

— ¡Cálmate! —le ordenó Emmett—. ¿Sabes lo grande que es California? La vieja un día podría estar en San Francisco un día y al otro cruzando la frontera de México. Necesitamos ir lento pero seguro… Escucha Edward, un paso en falso y estamos acabados.

— ¿Puedo ir a California hoy mismo? —preguntó con voz temblorosa— Quiero pegar más afiches por las calles y alertar a la policía.

— Aún no, yo te mandaré un mensaje luego y te diré que hacer —Emmett suspiró a través de la línea, por fin algo le estaba resultando bien, quizás no había encontrado a Rosalie, pero si estaba encontrando a Bella.

Pasaron tres horas en que Edward junto a su hermana y a su hijo se quedaron dormidos, pero luego de unos minutos más, a Edward lo despertó el sonido de su celular vibrando, era un mensaje de Emmett.

Puedes viajar a San Francisco hoy mismo y tapizar las calles con la foto de Bella. La vieja volvió a Seattle sola para despistarnos.

Terminó de leer el mensaje y corrió en busca de mudas de ropa para Kevin, no se iría a otro estado sin su hijo. El revuelo despertó a Alice quien al enterarse de los planes de Edward se ofreció a acompañarlo.

— Puede ser peligroso —dijo su hermano.

— Me importa una mierda, no dejaré que vayas solo, además no podrás cuidar de Kevin y a la vez buscar a Bella —Edward la miró unos segundos y Alice pegó un brinquito y aplaudió al saber que su hermano había aceptado.

San Francisco los esperaba... y Bella también.


¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo estoy aquí con el nuevo capi.

Espero que les haya gustado... ¡Bella está en un lugar soleado! ¡Y Edward va a San Francisco, California que es un lugar soleado! ¿Se encontrarán? Sinceramente, quiero que tengan en cuenta de que de alguna forma el drama tiene que comenzar a acabar, ellos no pueden pasar la vida sufriendo y después de eso entraríamos mas o menos a hacerle honor al nombre del fic, Edward o quien sea, tiene comenzar a hacerlo, alguien tiene que comenzar a reparar a Bella.

El próximo capitulo está listo y beteado gracias a Diana, puedo subirlo cuando quiera, pero creo que lo haré la próxima semana como corresponde :)

Espero que estén muy bien, gracias por todo el cariño que me dan a mi y a este fic.

Isa.