¡Hola! Las formas del amor no se dejan, pero seguimos en la marcha. ¿Alguien quiere un poco de ternura RusMex? Por cierto, el extra que viene al final de este capítulo está dedicado a todos aquellos que aún alimentan a su niño interior.

Les recuerdo que Hetalia, marcas, etc., NO me pertenecen, no gano dinero escribiendo esto, no apoyo los complots del gobierno para obligarlos a tomar leche, no escribo a favor del grupo conformado por dos alegres personas que desean conquistar al mundo con sonrisas, pastelillos, yaoi y un pollo de hule. Se le pide una disculpa a las personas que resulten ofendidas por el contenido aquí expuesto.


Juanito y yo.

¡Oh, la imaginación!

-Hasta la próxima reunión, Juanito.

-Da, nos vemos, México...

A unos días de que una nueva cumbre se llevara a cabo, cosas sencillas como pasear sin la presión del trabajo, o la indeseable presencia de otras naciones, se tornaban un verdadero placer, en especial, cuando se pensaba en aquella persona que ocupaba sus mentes y corazones.

Sin saberlo, los protagonistas de nuestra historia encontraron un tiempo libre que no dudaron en aprovechar, y paseaban por las zonas centro de sus más bulliciosas localidades, contemplando las fugaces vidas de las personas que los conformaban, mismas que ignoraban la presencia de éstos, limitándose a extenderles invitaciones, ofertas o, entre otros casos, preguntar una dirección o la hora.

-¡Cómo no! Veamos... -José María revisó su reloj de pulsera.- ¡Ah, caray! Ya son las 10 y media de la mañana. Ya no volví al trabajo...

-...Cuando vea la Universidad, avance por la derecha y encontrará un servicio de transporte público que le llevará a esa dirección, ¿si? -Iván se despidió con una sonrisa antes de seguir su camino.

Por supuesto, nunca falta aquel escaparate o negocio que logra captar la atención de quien pase cerca de él, y el caso de Rusia y México, no se dio la excepción.

-Eso se le vería muy bien a México, si. -El rubio de ojos violetas contempló un abrigo café de piel sintética de un negocio cercano, y casi podía visualizar al moreno usándolo.

Imaginación.

-¡Vaya! ¡Está muy calientito, incluso cubre mi cabeza! -A pesar de que el abrigo no era muy grande, no significaba que le quedaba justo a la medida al mexicano, ya que su cara sobresalía de entre los huecos que había entre botones.- No te hubieras molestado, Juanito.

-Niet, no es molestia...

Y en ese momento, un rubio de lentes se coló a la conversación.

-Hey, communist! Has visto a Joseph? -Y Alfred se percató del abrigo.- Oh my God! Una especia rara de animal, lo atraparé para estudiarlo.

Y cuando sacó una escopeta de alto calibre, Chema trató de quitarse el abrigo, pero su lucha fue en vano, por lo que empezó a saltar, ya que no podía correr.

-¡Espérate, Gringo Loco! ¡Soy yo!

-AH, HA, HA, HA, HA, HA!

Fin de la imaginación -con un balazo-.

-¿Por qué...? -Se preguntó realmente frustrado el ruso.- ¿Por qué el capitalista interviene incluso en mi mente? Kolkolkolkolkolkolkol...

Y del otro lado del mundo, un escenario similar tenía lugar, sólo que éste se daba en el escaparate de una farmacia.

-Esos chocolates son muy ricos. -José María tenía sus manos y rostro pegados a la ventana.- Ojalá Juanito pudiera probarlos.

Imaginación.

-¿Para mí? -El ruso tomó los chocolates y un intenso sonrojo se apoderó de sus mejillas.- No te hubieras molestado, da.

-¿Cómo crees que fue molestia, Juanito? -Chema le dio un par de palmadas al brazo del rubio, y éste dejó los chocolates sobre una mesita.- Los traje para que los pruebes, por que están para chuparse los dedos.

-Bien, los comeremos, da.

Pero en el momento que se disponían a disfrutar de los chocolates, descubrieron a los bálticos devorando sin piedad el regalo.

-¡Torito, Pompón y Ravioli! -Los mencionados se escamaron ante el grito del moreno.- ¿¡Por qué se comieron todos los chocolates que le traje a Juanito!?

-¿Eran de él? Es que como no tenían notas y el señor Rusia casi nunca come nada de lo que le regalan, pensamos que no iba a importarle.

-¡Letonia!

Chema notó que Iván se hallaba rodeado por su aura oscura y lúgubre, y antes de que pudiera hacer cualquier cosa, el ex-soviético le dio un par de palmaditas en la cabeza.

-Será mejor que no veas ésto, ¿da? -Y en el momento, Rusia evitó que Lituania escapara de la imaginación, antes de destrozar la burbuja imaginaria con un alfiler.

Fin de la imaginación -como se describió arriba-.

-¡No Juanito, eso duele mucho! -Exclamó José María presa de sus pensamientos, mientras la gente le sacaba la vuelta.

Al volver a ponerse en marcha, nuevas cosas llamaron la atención de los países, como un par de joyas de un escaparate...

-México... -Dijo el ruso observando un par de anillos con grabados de águilas reales.

Imaginación.

-¿Casarme contigo? Juanito, esto es tan súbito. -El moreno se hallaba sonrojado, tenía sus manos pegadas a las mejillas y volteaba con ansiedad a todas partes.- ¡Y todo lo que hay que preparar! Como la banda, el mariachi, el pastel, el mole, las florecitas, las mesas, las bolsitas con dulces (?), la piñata (?), los invitados...

El ruso estaba por ponerle el anillo a Chema, cuando un jeep se abrió paso a toda velocidad, separándolos, y del cual bajaron Estados Unidos y Bielorrusia.

-See? The Hero was right! -Gritaba frenéticamente el rubio americano.- ¡Aquí están los dos!

La hermana menor del ruso se acercó a él, con su clásica expresión siniestra.

-Hermano... Tú sólo debes casarte conmigo.

-¡Pero, pero, no quiero!

-Cálmate, Tachita, no es para tanto. -Y al ver que Natasha se volteaba hacia él con cuchillo en mano, el moreno puso los pies en polvorosa.- ¡No! ¡Espérate! ¡Piensa en Juanito!

El ruso iba en auxilio de José María, más Alfred lo aplastó.

-Don't worry, Joseph! The Hero is coming to the rescue! AH, HA, HA, HA, HA, HA!

Fin de la imaginación.

Lentamente, Iván se alejó de la ventana, y siguió deambulando con una triste expresión en el rostro.

En México, y con México, un producto recién expuesto tenía toda la atención del moreno.

-Je, je, je, je, ¡qué pastel tan bonito! -Dijo admirando un pastel con cobertura de fondant en forma de girasol.- Sé que a Juanito le gustaría uno así.

Imaginación.

-¿Para mi? -Preguntó con una gran sonrisa que expresaba su sorpresa el ruso, y abrazó con fuerza a Chema tan pronto éste asintió.- Es un lindo detalle, da. Gracias.

-Juanito... -Exclamó sofocado el moreno.- Costillas... Aire...

Sin embargo, el sonido de cubiertos siendo usados llamó la atención de ambos.

-Este pastel carece de una buena estructura, su diseño es pueril y, lo peor de todo, no nos ofreciste ni una taza de té para degustarlo apropiadamente.

-Don Rigo, ¿qué hace usted aquí? -Le preguntó José María al austriaco, quien se terminara la rebanada y limpiara sus manos con un pañuelo para volver a tocar el piano.- ¿Y cómo se trajo hasta acá su piano?

-Bloody Hell! -Se escuchó tras ellos, y volteándose, descubrieron al inglés, que se terminaba el pastel a puños.- ¿Acaso estoy pintado en la pared?

-¿Qué haces aquí, Tejón Amarillo? ¿Y por qué te estás comiendo el pastel de Juanito?

-PFFFF! ¿Lo hizo ese monstruo? -Gritó el inglés de nueva cuenta, mientras señalaba a Rusia.

Fin de la imaginación -gracias a un tenedor que lanzó el ruso-.

-Lo siento, Juanito... -¿Con quién se disculpa Chema?

Unos días después...

-Y con esto, damos por terminada la última sesión. No olviden entregar a sus jefes los reportes de...

Mientras Alemania hacía lo suyo, imponiendo el orden al tiempo que vigilaba a Italia Veneciano y esquivaba los golpes de Italia Romano, dos de las naciones salieron sigilosamente de la sala, específicamente, nuestros protagonistas.

-Por fin podemos hablar con calma, da. -El Braginsky atoró una mesa en la puerta para que no los interrumpieran.- Te extrañé mucho.

-Lo sé, yo también. -México dibujó una gran sonrisa en el rostro, y empezó a revisar su inseparable petaca.- ¡Ah! Es cierto, te traje un regalito.

El ruso recibió de manos de Chema una cajita de madera, tallada a mano a juzgar por los elaborados detalles y la sencillez del diseño, y al abrirla, se encontró con una botellita de rompope.

-Yo también te traje un regalo, sé que te gustará, da. -Dicho eso, el rubio sacó de su abrigó una pequeña matrioska, depositándola en las manos de José María.

-¡Qué bonita! ¡Y tienen tantas florecitas! -Dijo mientras revisaba las muñequitas, y tras guardarlas, se subió a una silla para darle un besito en la frente al ruso.- Muchas gracias Juanito, ojalá te hubiera traido algo mejor.

-Niet, no es necesario. Pero podríamos ir a comer fuera.

Y esas palabras liberaron un escalofrío en la espalda del moreno, quien se derrumbó en la silla.

-Je, je, je... -Rió con nerviosismo el mexicano mientras se aflojaba la corbata.

FlashBack

Cuidando de no romper la botella que acabara de comprar, José María se detuvo en un bazar, y mientras pagaba, notó un anuncio de un hotel.

-"...aparta una mesa para dos, y ten una inolvidable cena romántica." ¡Je, je, je, je, je!

Imaginación.

-¿A donde vamos? -Preguntó el ruso quien, al igual que el mexicano, iban vestidos de etiqueta, y se detuvieron ante el jefe de meseros.- ¿Celebramos algo, da?

-Algo así, Juanito.

-Buenas noches, señor Infante García, su compañero lo espera en la mesa. -Dijo así el hombre, y los dos países abrieron grandes los ojos y la boca.

-No... Espere, debe haber un error...

-No hay ningún error, monsieur. -El sujeto abrió levemente la puerta, y Chema notó que había demasiadas caras conocidas, como la del Gringo Loco, el Tejón Amarillo, Pancho, Matatías, los Hermanos Rezongones -osease, Lucrecio y el Chato, cada uno en su respectiva mesa-, Yayo, Don Rigo, Güicho...

-¡Qué no me digan así! -Exigió el alemán golpeando la mesa.

...perdón Luis, ¿donde estaba Chema? ¡Ah, si! Luis, Gil, Toño, Pericles, Johnson..., cada una ocupando una mesa y discutiendo con los demás.- ¿Me podría decir quién es el que cuenta con el placer de su compañía, para echar a los demás?

-No... Yo no reservé nada aquí, es más, ni deberíamos estar en este país. Vámonos a tu casa, Juanito.

Fin de la imaginación.

-¿Por qué no me dejan en paz? -Preguntó Chema mientras sacudía a la pobre persona del bazar.

-¡Pero sólo le estoy dando su cambio, señor!

Fin del FlashBack

-¿Sucede algo, da?

-¡No! Nada malo, Juanito, vamos a comer algo. -Y al no poder abrir la puerta, se salieron por la ventana... O cayeron, mejor dicho.- ¡ECHEN PAJAAAAAAAAAAAA!

-VOOOOOOOOOODKAAAAAAAAAAAAAA! -Se lanzó el de ojos violetas con una gran sonrisa.

FIN


Y he aquí el extra, ¡disfrútenlo!

Las Chibi Aventuras: Pesadilla, pesadilla, pesadilla...

Era una hermosa mañana en la casa de Arthur Kirkland, el rubio inglés de mal genio quien, por alguna extraña razón, se hallaba de buenas, y preparaba algunos snacks ya que los pequeños protegidos de Francis y Antonio se quedarían esa tarde -y noche- con el pequeño Alfred, y ni siquiera el amoroso acoso del francés logró arruinar su buen humor.

-¡Pero mon chére! -Francis revisaba las bolsas de galletas y frituras que conformaban la improvisada botana, ya que los bocadillos horneados de Arthur se redujeron a cenizas muchos minutos atrás.- ¿Sabes cuanto daño le hará esto a los pequeños?

-Alfred come esto todo el tiempo y está bastante saludable, ¡no molestes y lárgate de mi cocina! -Bueno, ni el Kirkland aguanta todo, así como nada es eterno.

En la sala, los pequeños observaban al español roncando a pierna suelta, mientras abrazaba uno de los cojines y entre sueños llamaba a uno de sus conocidos.

-No corras, Lovi...

-Joseph, creo que tu hermano mayor se volvió loco de nuevo. -Dijo el pequeño de ojos azules tras analizar un rato al ibérico.- Otra vez se le olvió que no te llamas Love.

-En realidad está soñando con otra persona. -Dijo incómodo Chema, y dio un largo bostezo.- Tengo sueño...

-I'm sleepy too. -Matthew se frotó un poco los ojos.

Volteando a ver al mayor y a sus dos amigos, el rubio hiperactivo se sentó con las piernas cruzadas y empezó a meditar con fuerza.

-Yo tampoco pude dormir bien, last night le dije a Iggy que había un ladrón asesino secuestrador en casa, y en lugar de hacer algo al respecto, se puso a contarme sobre sus amigos imaginarios, y se quedó dormido. Y luego me aplastó toda la noche.

Los dos niños dedujeron al instante que el pequeño Jones tuvo una pesadilla.

-Yo tuve un mal sueño, y le dije a mi hermano mayor Francis, pero él me dijo que no me tenía que preocupar, y me dio un poco de leche con miel.

Y en ese momento, los dos pequeños de ojos de color voltearon a ver a Chema, como si esperaran que este confesara y/o admitiera que tuvo una pesadilla también.

-Pos anoche a Toño se le fueron las cabras al monte y estaba soñando con Lobito, y luego llamó a la pizzería. Como el repartidor ya lo conoce, estuvo lanzando piedras a la ventana hasta que lo despertó, y desayunamos pizza en la mañana.

-¿¡Y por qué no me trajiste!? -Alfred sacudió con fuerza a Chema.- I want pizza!

-Ya voy, Lovi... -Y el español, aún dormido, tomó el teléfono de Arthur y llamó a la pizzería.- Tráigame una pizza a mi casa...

Fin de las Chib Aventuras.


No tengo excusa alguna por tardarme tanto, así que, si quedaron dudas sobre los capítulos anteriores, Chema y Juanito las van a responder con gusto en la próxima entrega de Juanito y yo, ¡gracias por todo, y tengan un gran mes!