Ahora sí había rebasado la línea, sabía desde el principio de toda esa mierda que estaba mal, que era una pésima idea, estúpida. El mayor de los pecados era cometido bajo ese techo, solo los muebles eran testigos de aquello.
Siempre fue precavido, de los ascos hasta el haberse acostumbrado; todo podría decirse que iba bien, nadie lo sabía. Pero esta vez, esta vez fue demasiado lejos.
Ahora sí había cruzado esa delgada línea de la cual nunca quiso formar.
Esta vez no podía culpar al alcohol aunque si estuviera algo bebido, no estaba tan borracho en ese momento, pero los celos y el dolor en su pecho fueron su impulso a cometer tal acto.
Manchó lo más sagrado para él en ambas formas, y sí, esta vez no había manera de zafarse de esta.
-Soy un asco... ¿Qué fue lo que hice? ¡MALDITA SEA!
Esa mañana parecía ir todo como de costumbre para Karamatsu, ignorado por sus hermanos y su aura de depresión como única compañera. Esta vez decidió salir de casa para ir al parque o algún lugar a despejarse, vaya que servía.
Tantas felices parejas por doquier tomadas de la mano, no importa a dónde volteara, era lo mismo. Se hartó y decidió ir a un lugar más apartado, se vio envuelto en una pelea. El ganó.
Descargó todo aquello que llevaba guardando hace meses, pero sin embargo, faltaba más. Aquello que apretujaba su corazón con tanta fuerza que parecía lo mataría en cualquier momento; un sentimiento que a querido alejar pero a la vez le gustaba sentir.
Terminó en aquel bar de mala muerte, en barrios peligrosos que nadie quiere estar a tal hora. Solo estaba algo mareado y confundido, prefirió no emborracharse para prevenir una estupidez.
Eran casi las nueve, paró en un parque a fumar su último cigarrillo; su cabeza era un lío. No podía dejar de pensar en alguien, ese alguien culpable de sus desvelos y migrañas, el dueño de su corazón.
De repente pensó en aquel color, lo que lo diferenciaba del resto, eso que lo hacía especial y de un momento a otro el color cambió. Un rojo vivo, el color de sus pesadillas y principal causante de sus ataques.
Ardía en celos y se notaba en su manera de apretar sus dientes y puños. Inmediatamente comenzó a rascar su brazo izquierdo y conforme más pensaba en ese hermano cuyo nombre comenzaba con O, la fuerza con la que rascaba aumentaba, terminando por auto-dañarse, haciendo sangrar su propio brazo por culpa de tal acción, dolía, sí; pero descargaba un poco ese rencor.
No quería odiarlo, era su hermano mayor después de todo. Él mismo se metió en eso, no puede buscar culpables.
Volvió a casa cansado, solo quería dormir y no ver la cara a nadie. Sobre el sillón se topó con el causante de su situación. La sudadera de Osomatsu sobre este, se le ocurrió la brillante idea de ponérsela una vez más, fingir ser él, sentir ser la persona que Ichimatsu amaba.
-O-Osomatsu-niisan, ¿Estás aquí? -Le escuchó, no había tiempo de cambiar. No había nada malo con sentir su calor una vez más ¿verdad?.
-¿Eh? Sí... Estoy aquí.
-No hay... nadie en casa... -Decía nervioso, su cara sonrojada era lo único que necesitaba para soportar la mierda de vida que tenía.
-Ah... ¿enserio?
-La última vez, Jyushimatsu nos interrumpió. -Se acercaba peligrosamente, ocultando su entrepierna con la sudadera- Q-quiero hacerlo Niisan.
Quedó de piedra. ¿Tanto se ha perdido en esos meses? Desde ese tiempo no habla con su hermano, no estaba enterado de esas situaciones. ¿Qué debería hacer?
-B-bueno, no creo que sea un buen momento para eso... Ichi... matsu. -Mentiría si dijera que no extrañaba aquellos labios carnosos que tanto encendían su ser, aquel contacto tibio y la cercanía entre ambos.
-T-te amo Osomatsu-niisan.
-...Sí y yo a ti, mi preciado Ichimatsu.
-Hagámoslo ahora niisan.
-¿Acaso estás borracho? -Odiaba admitirlo, pero era verdad. Ichimatsu estaba bastante borracho, será mejor dejar aquella farsa. Pero...
-Niisan, duele allá abajo.
-Ichi, no puedo hacer esto.
-Sólo tócame y ya.
Con bastante esfuerzo lograba alejar a su hermano, de pronto algo no cuadró al querer recostarlo sobre el sofá.
Estaba sobre este, cerca de sus labios. Ambos alientos contenían el olor a alcohol, unos más que otros pero igual les gustaba. La calentura le estaba ganando a Karamatsu, el poco alcohol que había consumido le hacía dar vueltas, quería tocar cada centímetro del cuerpo de su hermano, y así lo hizo.
Comenzó con besos suaves, repartiendolos por el rostro del menor y pasando a su cuello, lo acomodó entre sus piernas y comenzó a acariciar su pecho por debajo de sus ropas. De repente notó algo que le hizo arder en celos, una marca del Osomatsu original adornaba el pecho de su Ichimatsu.
Su cara cambió a una de celos y odio.
-Una marca de Osomatsu-niisan... -Dijo de manera suave, inmediatamente su sangre hirvió y comenzó a apoderarse de aquel que una vez fue su cuerpo.
-S-se siente bien~
Karamatsu en un abrir y cerrar de ojos, ya había desnudado completamente al menor. Su corazón, su piel, lo quería todo. Ignoró las señales de alerta de su subconsciente, olvidándose de todos por ese mísero momento. Las marcas de aquel innombrable él se encargaba de hacerlas más grandes, sentía placentero saber que fue él quien pasó primero por esos lugares, él quien conoce cada sonido saliente de Ichimatsu.
El nombrado estaba perdiendo la conciencia poco a poco, y Karamatsu lo sabía. Sin pensarlo más, lo hizo.
Lo hizo suyo en todas las posiciones que recordaba de aquellos vídeos pornográficos de su primer hermano menor. Cada jadeo, gemido y suspiro que Ichimatsu dejaba salir lo extasiaba de sobremanera. Estaba cegado por el placer, sabía que era la primera vez de su preciado hermano, apretaba lo suficiente para saberlo.
Finalmente se vino dentro llenándolo por completo, descargando todo ese amor que sentía por él desde hace tanto tiempo. Pero sin embargo; esos placenteros gemidos no contenían su nombre, todo lo que escuchaba era "Osomatsu-niisan".
Su pecho dolía, dejando salir lágrima tras lágrima. Dolía tanto que moriría allí mismo, colocó sus manos en su cara y se golpeó varias veces mientras se repetía lo estúpido que era. Se tocó el pecho esperando en vano calmar aquel dolor tan conocido. De reojo pudo ver el horror, lo que había hecho no tenía perdón.
Tantas marcas en su blanca y perfecta piel, esa agitada respiración y aquel líquido pegajoso en su vientre y entre pierna era el peor de los errores que ha cometido. Sólo podía verlo dormir mientras lloraba sin hacer ruido alguno. Se levantó y acomodó sus prendas para después llevar a su hermano a la ducha, lavó cada centímetro asegurándose de no dejar rastro de su asquerosa existencia en él.
Lo dejó sobre el sofá, le puso su pijama y le preparó el futón para después recostarlo e ir a lavar aquella ropa sucia.
-Soy un maldito animal, soy una escoria... Soy... -Vio su reflejo en un viejo espejo que estaba sobre la lavadora- Soy un maldito desastre...
Y así fue como terminó durmiendo bajo aquel puente donde Iyami solía vivir. Ese era su castigo, no podría volver a ver a ninguno de sus hermanos a la cara, en especial a Ichimatsu.
¿Tanto lo amaba? Le hizo daño, violó no solo al amor de su vida, ¡a su hermano! Su sangre.
-No volveré a poner un pie en esa casa, ya hice suficiente.
¿Debería acabar con su vida? ¿Justo ahí? ¿Solo y sin compañía alguna? No. Claro que no, se irá lejos y vivirá con el dolor y la culpa el resto de sus días, es lo más justo.
Ahora era él solo contra el mundo, al final aquellos ahorros sí servirían de algo.
-Me largo de aquí.
¡HOLA! OK, lo sé. Ya sé que tardé demasiado para actualizar, pero en mi defensa fue porque no quería actualizar por "obligación" si no, el cap habría sido hecho a la fuerza y sin sentido. Recién me inspiré para poder escribir esto y la verdad me gustó como ha quedado. Ojalá les guste igual que a mi.
-Lamento faltas ortográficas.
-Lamento mucho la tardanza.
-Gracias por leer y dejar sus reviews.
