Hola!! Aquí estoy de nuevo (antes de lo que esperaba xD)

No pensé que me daría tiempo a terminar hoy el capítulo, la verdad es que pensaba terminarlo la semana que viene, pero me puse hoy y lo acabé jajaja.

Bueno, os puedo decir que me ha salido un poquito más largo que los anteriores y que, la última parte, no tenía pensada agregarla a este fic, ya que se desvía un poco del tema "robo", pero espero que igualmente os guste. n.n

En el capítulo anterior fijé la fecha del robo a las 22h, he decidido cambiarla por las 24h, me parecía más apropiado algo mas tarde xD

Agradezco los reviews de: Mystery-thief, arual17, Debi-chan, Mardanis y karimariesk, así como los que me dejaron comentarios anteriormente y todos los que me leen. Sois muchos los que me seguís y me apoyáis con cada review. Muchísimas gracias, de verdad!!! ^^

No me enrollo más, os presento el capítulo 7!!! (me hacía ilusión decirlo... )

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A la mañana siguiente despertó con dolor de cabeza. Sólo cuando sus pies rozaron la alfombra que cubría parcialmente su cuarto sintió un dolor más agudo al recordar todo lo del día anterior y le hizo saber que realmente había ocurrido. Tuvo que ordenar a sus pies la acción de caminar, la cual parecían haber olvidado, se vistió y bajó las escaleras.

Al ver que la taza donde todas las mañanas tomaba el café su padre se hallaba vacía, en la mesa de la cocina, junto a un periódico abierto que parecía haber sido maltratado, intuyó que ya se habría marchado con sus habituales prisas. Abrió el grifo y tomó la taza, colocándola bajo el chorro de agua, y observó como comenzaba a llenarse.

Esta mañana se encontraba mejor, sin tener en cuenta el dolor de cabeza, realmente, tras analizar la situación, se dio cuenta que su enfado no se debía a que su mejor amigo fuera el mayor ladrón de guante blanco: Kaito Kid. Más bien estaba frustrada con la situación, estaba dividida; una parte de sí misma quería apoyar a su padre y que triunfara como un gran inspector, mientras que la otra quería defender incondicionalmente al ladrón. Ella se hallaba entre los dos, un paso hacía uno de ellos la alejaría del otro. Sólo tenía una cosa clara; no quería perder a ninguno. Cuando escapó de sus pensamientos se dio cuenta que la taza se había desbordado. Cerró el grifo y se sentó junto a la mesa, sus ojos se dirigieron al periódico que había sobre ésta.

Cuando Kaito llegó a casa de su amiga no la encontró en la puerta, lo que le hizo saber que se habría marchado ya.

Durante toda la mañana la chica ignoró al joven ladrón y él tuvo que aguantar los celos al ver a Hakuba acercarse a ella. En el camino a sus casas tras despedirse de Saguru, Kaito decidió hablar.

-¿Me odias? -le preguntó sin mirarla, ésa pregunta le había rondado en la cabeza toda la noche, impidiéndole dormir.

-La verdad es que ya no se que pensar -empezó la oji-azul- Esta mañana creí haber asimilado las cosas aunque no encontrara un mínimo de lógica, pero -empezó a buscar en su mochila- cuando leí esto -dijo con esfuerzo mientras sacaba un periódico- me volví a preguntar por qué insistes tanto en que a mi padre le dé un ataque de nervios -en la primera página del maltratado periódico se daba el titular con el robo que Kaito realizaría esa misma noche, él abrió los ojos como platos y no supo que contestar.- ¿Se puede saber por qué realizas estos robos, Kaito? -su pregunta reflejaba súplica, realmente ella lo quería comprender.

-No puedo decírtelo -dijo con un suspiro y apartando la mirada de aquellos ojos azules, no podía explicarle nada más, el día anterior, al revelarle su identidad, había puesto en peligro a ambos, pero si le contaba que iba tras "Pandora" y le explicaba todo cuanto sabía sobre la organización que asesinó a su padre, ellos no dudarían en acabar con cualquiera que supiera de su existencia, incluida ella, no dudarían en matarla. Ésto produjo un escalofrío en el chico. No la involucraría más en este asunto.

-¿Por qué? -dijo más para sí- ¿no confías lo suficiente en mí?

-No es eso, Aoko... -no podía decirle nada. No podía ponerla en aquel peligro- No puedo... tal vez, cuando todo acabe...

-¡No! -gritó interrumpiendo y sobresaltando al chico- ¡Quiero saber en qué te has metido! Quiero ayudarte, es que no te das cuenta... -suspiró, nuevamente sus ojos se volvían cristalinos. Su amigo dirigió su mirada al suelo.

-Lo siento Aoko. -comenzó a caminar más rápido, dejando a una triste y confundida Aoko atrás. Le dolía tanto que ella estuviera pasando por eso así... Pero no podía contarle toda la historia, no hasta que tuviera la certeza de que estaría a salvo.

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Una gran cantidad de gente se hallaba en la puerta del Museo Nacional de Tokio, donde hacía unos días se había trasladado el "Anillo de Jade"; el objetivo de Kaito Kid esa noche.

Eran las 23h y Kaito observaba impasible con sus anteojos a los numerosos policías que rodeaban el famoso museo. Desde la azotea del alto edificio en el que se encontraba podía contemplar cada movimiento de los agentes, centró su atención en el inspector Nakamori, no se sorprendió al verle moviéndose rápidamente de un lugar a otro gritando las órdenes que los demás agentes debían seguir. Normalmente hubiera causado en él una carcajada, pero hoy su semblante expresaba seriedad. Ji-i lo notó.

-¿Le ocurre algo señorito? -preguntó unos pasos tras de él.

-No, nada -su respuesta fue cortante y no apartó la vista de los anteojos.

En la casa de los Nakamori, Aoko, llevaba con aquella idea toda la tarde, no sabía porqué, pero necesitaba estar en el lugar donde su mejor amigo y su padre se encontraban ahora mismo, ahora que sabía quién era Kid no se encontraba tranquila. Definitivamente lo haría, se presentaría allí. El reloj acababa de marcar las 23:30h así que tomó su chaqueta, subiendo la cremallera hasta arriba, y se puso una gorra que tapaba parcialmente su rostro. Si su padre la descubría allí, la mataría. Era tarde, tenía que darse prisa. Cerró la puerta de la entrada y se dirigió corriendo hacia aquel museo.

Faltaban diez minutos para la media noche. Kaito había decidido entrar por los conductos de ventilación hasta llegar a la sala donde se encontraba la joya. Era fácil, lo había hecho otras veces y no había tenido enormes dificultades.

Transcurridos los minutos, las campanadas provenientes de una plaza cercana hicieron saber que había llegado el momento del robo; en menos de un segundo, que es lo que tardaron en apagarse todas las luces, los agentes se pusieron en tensión y miraron en todas direcciones, Geizo contuvo la respiración y no apartó la vista del "Anillo de Jade", mientras que, el famoso ladrón, pasaba por los conductos de ventilación, ya cerca de su objetivo.

Las mismas campanadas pusieron nerviosa a Aoko, que se encontraba a unos diez minutos del museo. Cuando consiguiera llegar habría acabado todo, entonces, recordó que podía conseguir tiempo atajando por unas calles poco transitadas, no se lo pensó dos veces y eligió aquel camino.

Cuando Kid llegó a la rejilla desde la que podía ver su objetivo, la retiró cuidadosamente y lanzó una bomba de humo, la cual dificultó la visión e hizo toser a los agentes allí presentes, incluido el padre de su amiga.

Con un elegante salto que nadie pudo ver aterrizó en el suelo, se acercó silencioso al anillo y lo tomó mientras que un enfadado Geizo le maldecía.

-Maldita sea, ¡¿dónde estás estúpido ladrón?! -gritaba furioso el padre de Aoko.

-No se preocupe inspector, nos veremos en otra ocasión. -dijo con tono burlón mientras dibujaba una sonrisa en su cara.

Antes de que el humo desapareciera por completo volvió al conducto de ventilación, salió a otra habitación que no estaba vigilada y subió hasta la azotea, allí cogió el ala delta que previamente había preparado y voló por el cielo de Tokio.

Aoko tuvo que parar unos segundos para recuperar la respiración, se dobló por la cintura apoyando las manos en sus rodillas. Llevaba más de media hora corriendo y no había conseguido llegar hasta el museo. Kid siempre actuaba con puntualidad y rapidez, "es curioso" -pensó la chica- "siendo la misma persona sólo es puntual cuando se trata de Kid, cuando quedemos le pediré que actúe como Kid" -una pequeña sonrisa se apoderó de su boca, sólo hacía un día que sabía la doble identidad de su amigo y había pensado tanto en aquello que ahora tratar ese tema le parecía totalmente natural. Pero paralelamente pensaba en su padre y todo el sufrimiento que Kid causaba en su vida, no podía evitar volver a sentirse dividida, su padre arrastraba todo ese sufrimiento desde años, demasiados años... "¿cuántos?" -susurró- algo no encajaba bien, recordaba a su padre persiguiendo al ladrón desde siempre, era imposible que Kaito con cinco años se disfrazara y robara, una imagen de su amigo con esas características le volvió a robar una sonrisa. Kaito no iba decirle nada, así que ella lo averiguaría como fuera.

Su pensamiento había ocupado unos valiosos minutos y aunque había recuperado totalmente la respiración, ya le era imposible llegar y encontrar todavía allí a su amigo. Se incorporó y pensó en lo que debería hacer, su padre aún tardaría en volver a casa, así que tenía tiempo de acercarse al museo e informarse sobre lo que había pasado, después volvería y su padre no sabría nada. Aunque sabía que era improbable, sentía la necesidad de saber si su amigo había sido capturado.

Volvió a caminar por aquellas estrechas y oscuras calles las cuales cada segundo le parecían más tenebrosas. Tras de ella oyó un ruido y se giró, sorprendiendo a un gato que se encontraba sobre unas cajas de cartón. Aceleró el paso y su corazón empezó a latir rápidamente cuando comprendió que se había perdido, no sabía por donde ir y empezaba a oír pasos por todas las direcciones, los cuales no sabía si eran consecuencia de su miedo o realidad. Corriendo giró hacia la derecha, sorprendiéndose al ver la silueta de un hombre, que la hizo detenerse, al darse la vuelta para escapar, contempló a dos hombres más que la miraban con deseo. Aoko estaba asustada, su respiración era entrecortada, su corazón estaba desbocado y sus ojos se empezaban a nublar por las lágrimas.

-¿Qué tal preciosa? -preguntó el que estaba detrás de ella mientras se acercaba.

-No acostumbramos a tener visitas -comentó simulando sorpresa el que parecía más fuerte.

Los ojos de la chica se agrandaron y expresaron aún más temor cuando vio el cuchillo que portaba el tercer hombre.

-Oh, no te preocupes, si te portas bien tal vez no lo utilice -la voz ronca de este último hizo temblar a la joven.

Era fácil adivinar que estaban borrachos. Intentó empujar a los dos hombres que tenía delante y salir corriendo, pero el que estaba detrás tomó los brazos de la chica y los apresó fuertemente en la espalda de ésta. El más fuerte le desabrochó la chaqueta y de un tirón rompió varios botones de su camisa, dejando al descubierto parte de su cuerpo. La chica empezó a gritar mientras aquellos hombres la intentaban desnudar.

Mientras sobrevolaba el cielo buscó un lugar oscuro donde poder dejar su disfraz de ladrón para tomar su verdadera identidad. Pasó por unas calles estrechas en las cuales no parecía haber nadie, sería un poco complicado con el ala delta aterrizar allí, pero era el lugar idóneo, buscó algún espacio cercano para aterrizar.

De repente un grito rasgó el silencio de aquellas calles, sin dudar se dirigió hacía aquella dirección. El forcejeo era cada vez más fuerte y las palabras de súplica de la chica se le hicieron dolorosamente conocidas. Al comprender lo que ocurría bajó empicado con el ala delta, golpeando al borracho que sujetaba a su amiga y dejándolo inconsciente.

Definitivamente fue el aterrizaje más penoso de su vida; el ala delta quedó destrozado y Kaito perdió el sombrero y su monóculo. No le importó, corrió para defender a la chica la cual había caído al suelo tras ser soltada, estaba semidesnuda y llorando.

-¡Kaito! -consiguió pronunciar entre llanto.

-¡¿Estás bien?! ¡¿Te han hecho daño?! - estaba furioso y preocupado, la negación de la chica no consiguió calmarle. Se volteó para enfrentarse con aquellos tipos, el más fuerte se abalanzó sobre él pero el chico lo esquivó y le rompió un brazo con una llave, le empujó y cayó golpeándose la cabeza y quedando inconsciente también. Nuevamente un grito de Aoko rasgó aquella noche.

-¡Nooo! -se giró rápidamente pero sólo pudo ver como su amiga se desplomaba sobre él, con una herida en el costado izquierdo que pronto tiñó de rojo el implacable traje del ladrón.

-¿Aoko?, ¡¿Aoko?! - la chica se hallaba en sus brazos, como un peso muerto, Kaito se dejó caer cuidadosamente de rodillas. No podía creer lo que había pasado. Dirigió su mirada a aquel tipo y empezó a temblar debido al odio que sentía por él. El hombre dejó caer de sus manos el cuchillo manchado de sangre y salió corriendo, las ganas de perseguirle fueron apagadas al ver el rostro de su amiga, la cual intentaba abrir los ojos y mirarle.- Lo siento, Aoko -dijo con voz temblorosa- Te pondrás bien, vamos a ir a un hospital -una tímida lágrima asomó por los cristalinos ojos del ladrón, pronto fue seguida por otras más.

Aoko se encontraba muy débil, notaba las punzadas de dolor que le causaban la herida, pero le dolía más ver a su amigo disculparse y llorar por ella, nunca le había visto llorar, siempre se mostraba con cara de póquer y ocultaba cualquier sentimiento, sobretodo de pena o dolor. La chica levantó su mano y acarició la cara de Kaito en un intento de borrar las lágrimas.

-Dis...culpa...me -intentó dedicarle una sonrisa, pero ésta tomó forma de mueca, su brazo se desplomó y el chico lo tomó antes de que golpeara con el suelo, cerró los ojos y murmuró algo que Kaito no entendió.

La cogió en brazos y llamó a Ji-i.

-Ji-i, Aoko está herida -hizo una pausa- ¡luego te lo explico! -gritó enfadado- la voy a llevar al hospital, ¿puedes llamar a su padre y recoger el ala delta?

-Por supuesto, señorito, dígame dónde está -Kaito le dijo la dirección- Por favor no se arriesgue... -la única respuesta fue el pitido del teléfono al colgar.

Aoko perdía y recuperaba la consciencia constantemente.

-Tonto, quí...tate el...traje o todos...sabrán qui...en eres -susurró.

-Ahora mismo deberías preocuparte sólo por ti -le contestó mirándola con semblante serio.

-Tú lo haces por los dos -dijo en un suspiro a la vez que sonreía y volvía a cerrar los ojos. La abrazó más fuerte y aceleró un poco el paso.

-Aoko, aguanta, eres demasiado importante para mí, no me dejarás tan fácilmente -nuevamente unas lágrimas asomaron y recorrieron su rostro.

Por fin salían de aquel laberinto de callejuelas. Kaito llamó al primer taxi que vio y se dirigieron al hospital.

Mientras la atendían, el joven mago se cambió de ropa para no ser reconocido por Geizo, él cual le había llamado mientras estaban en el taxi para saber a qué hospital iban. Pronto la cara de preocupación de Geizo hizo acto de presencia en aquel lugar y ambos se dirigieron a la sala de espera.

Media hora después un viejo médico pronunció el nombre de Aoko, haciendo que Kaito y Geizo se levantaran con brusquedad.

-Aoko se encuentra fuera de peligro -ambos suspiraron dando a conocer su alivio- Se a actuado con gran rapidez por lo que la herida no se ha infectado, le hemos dado puntos. Lo único que necesita es reposo, si pasa bien la noche mañana le podremos dar el alta.

-¿Podemos entrar a verla? -la cara de Nakamori se había relajado, aunque aún expresaba miedo, angustia y preocupación, al igual que la de Kaito.

-Sí, está dormida, no la despierte, mejor que descanse -ahora miró a Kaito- usted tiene que hablar con la policía -un escalofrío le recorrió el cuerpo, ¿es que le habían descubierto?, al ver la cara de asombro del chico añadió- Estaba con Aoko, ¿no? -no pudo evitar soltar un suspiro de alivio, el médico le miró extrañado y continuó- Quieren información de los tipos que os atacaron para atraparlos.

-Vale, ¿pero puedo ver primero a mi amiga? -el médico asintió no muy convencido y se fue.

Las paredes eran blancas y todo estaba muy limpio, había dos camas: una vacía y en la otra se hallaba el cuerpo de Aoko, con una continua y leve respiración que movía débilmente su pecho. Geizo se sentó junto a ella, le tomó la mano y no se apartó. El rostro de éste sólo había cambiado a furia cuando minutos antes le había preguntado a Kaito que qué hacían tan tarde fuera de casa. Él le había contestado que Aoko quería ver como su padre atrapaba al ladrón, Geizo no se había sentido del todo satisfecho con aquella respuesta y le echaba la culpa al chico por no haber impedido lo sucedido.

-Deberías hablar con la policía para que atrapen lo antes posible a esos tipos. Después será mejor que vayas a tu casa, tu madre estará preocupada -Geizo no apartaba la mirada de su hija. El joven mago comprendió que querría estar a solas con ella.

-Está bien, si despierta dile que mañana vendré a visitarla -recibió como respuesta un silencio y se marchó en busca del médico.

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