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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

VERDADES OCULTAS


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Verde


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Nuestras experiencias en la vida consiguen que aprendamos de ellas y era por eso precisamente que había decidido irme de aquella fiesta junto con Anthony. Era extraño, sobretodo por el poco tiempo que hacía que lo conocía, pero sentía que en él sí podía confiar.

Hacía dos años había aprendido que una cara bonita solo era eso, bonita, pues detrás de la misma se escondía siempre lo contrario a esa belleza, pero él parecía diferente y cada día me intrigaba más. Detrás de aquel rostro hermoso parecido al de un ángel caído del cielo expresamente para mi, podía ver un alma impecable…

-Así que aquí vives. - Dijo, cuando buscaba las llaves de mi habitación en mi bolso.

-Sí, en teoría vivo con Rose, pero desde que hemos llegado suele estar más noches fuera que conmigo, aunque la comprendo…. Tiene a su novio y es normal… - Asintió con la cabeza mientras yo me dedicaba a abrir la puerta.

-Te comprendo… Al menos estoy seguro o casi seguro de que no traía a su novio hasta aquí… Eso solía pasarme con Jake y…

-Es incómodo. - Reí. - Para mi también lo sería. - Nos quedamos en silencio. Quería invitarlo a pasar, hablar un poco más, me sentía demasiado a gusto con él, pero no quería que se hiciera una idea equivocada de mi. Entonces lo escuché aclarar la garganta y me di cuenta que había estado con la cabeza gacha.

-Debería irme, te debe doler muchísimo la cabeza, perdona.

-El aire y la buena compañía me han sentado bien, no me importa. - Dije mordiéndome el labio, nerviosa por lo que acababa de decirle.

-De todas… formas debería irme. - Asentí y me acerqué a él para depositar un beso en su mejilla, disfrutando del olor que desprendía. Noté como se tensó ante mi cercanía pero no hizo nada, ni para rechazar mi beso ni para responderlo. - B-buenas noches. - Su breve tartamudeo seguido por su inesperada huída me hizo sonreír antes de cerrar al puerta.

El chico tímido de la Facultad se acababa de ir de mi cuarto y había conseguido entablar con él más de dos frases seguidas. Con una sonrisa victoriosa y llena de júbilo por mi triunfo me encaminé hacia mi habitación para comenzar a desvestirme.

Sus ojos verdes habían conseguido hipnotizarme sin proponérselo o a lo mejor sí se lo había propuesto, pero no me importaba. Había algo en ellos que me obligaba a pensar que yo ya lo había visto anteriormente, incluso antes de que nos presentaran por primera vez, pero simplemente me alejaba siempre de aquellas ideas. Seguramente lo había visto algún otro día, pero ya tenía que ir despistada para no acordarme de aquellos ojos, que a la vez, conseguían tranquilizarme y ponerme nerviosa.

Había aprendido a desconfiar de todos los hombres guapos que se me acercaban e inclusive había decidido no tener contacto más allá de lo amistoso con ninguno de ellos. Pero Anthony… él parecía tan diferente… Su mirada simplemente hablaba por ella misma y demostraba de un solo golpe la honestidad y la integridad de su persona.

Siempre había pensado que los ojos son el espejo del alma, hasta que descubrí que mi ex me puso los cuernos con la que consideraba mi mejor amiga en aquel entonces. Nunca había dudado de sus palabras, tampoco de su forma de decírmelas, siempre tan convincente, siempre tan sincero… En sus ojos podía leer que todo era cierto, pero había estado tan equivocada.

La mirada de Benjamin no tenía nada que ver con la de Anthony, ni siquiera se le acercaba. Era difícil de explicar pero fácil de entender cuando, por lo menos yo, había pasado por las dos situaciones. Me había dado cuenta que Benjamin forzaba su sinceridad, inclinándose a parecer sincero o es que yo simplemente estaba ciega, pero Anthony no denotaba en su mirada y en su comportamiento ningún tipo de esfuerzo.

Claro, que yo había llegado a esa conclusión cuando ya todo había pasado porque como siempre me había dicho mi buena amiga Rose había estado ciega en todo mi noviazgo. Desde que empecé en el instituto de Forks y comencé a fijarme en cómo eran los chicos, me di cuenta de que tenía que ir por la vida con pies de plomo si no quería caerme, pero todo fue inútil, aun así me preguntaba si con Zac, aquel chico de ojos azules que ahora recordaba con añoranza, hubiese ido bien.

Ni siquiera se le había acercado a lo que llegué a sentir por Benjamin mi primer y único novio. Había sido mucho más intenso y no exageraba si me atrevía a confirmar que había pasado por mi cabeza la eternidad junto a él. Era rubio, de ojos claros, alto y con un porte envidiable. Era educado y atento y tenía aquel punto de rebeldía que tanto me excitaba, pero detrás de todo eso…

Me tumbé de lado con el pijama puesto, flexionando mis rodillas y llené mis pulmones de aire para dejarlo salir lentamente. No había dolor, solo humillación. Rose siempre me había dicho que el humillado debía ser él por jugar con una chica como yo que siempre lo había dado todo por nuestra relación, pero era así como me había sentido después de descubrirlo todo.

Subí las escaleras junto con Rose y Aro para encontrarnos con Mel, quien se suponía que nos estaba esperando junto con Jane a la salida para ir a hacer un trabajo a casa de Aro. Había amanecido un día verdaderamente nublado y podía sentir las pequeñas gotas de lluvia caer sobre mi rostro. Giré mi cuello hacia la cancha, donde estaba entrenando el equipo de Baloncesto y en el que debería estar Benjamin también, pero por más que miraba a sus compañeros y amigos no lo encontraba.

-Puede venir en cualquier momento. - Escuché un murmullo seguido de unas risas antes de girar la esquina y me frené en seco mirando a Rose, pensando que los ojos se iban a salir de mis cuencas a causa de lo abiertos que los mantenía.

Ella había fruncido el ceño. Era Mel y no parecía estar sola. Nos sonreímos cómplicemente y extendí mi brazo deteniendo a Aro cuando noté como quería curiosear más, pero no lo iba a permitir. Mel me las iba a pagar, por no contarle a su mejor amiga nada de esto. Las risas de ella siguieron y me estaba muriendo por las ganas de saber de quién se trataba el chico.

-P-por favor, n-no hagas esto. Bella puede venir y ¿s-sabes qué pasaría…? - Su tono de voz distorsionado por los jadeos que continuamente dejaban escapar sus labios me hizo preguntarme a qué se estaba refiriendo.

-Nada. - Escuché la voz firme del chico, sabiendo perfectamente quien era.

-Pero ¿Qué…? - Susurró Rose.

Decidida, avancé los dos pasos que me alejaban de aquella visión y quise morirme en aquel mismo instante.

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-¿Entonces no intentó sobrepasarse contigo? - Preguntó mi rubia amiga.

-¿Es que no le has visto la cara? - Ella se encogió de hombros ante mi pregunta.

-Todos parecen corderitos degollados, pero después…

-Él es diferente. No sé, sus ojos… Es como si lo conociera desde antes. Me da la impresión que…

-¿No me irás a saltar con lo de "te amo antes de conocerte" ?- Suspiré.

-¿Y quién te ha dicho que esté enamorada? Solo he dicho que al mirarle… no sé, siento que lo conozco desde antes. - Ella negó con la cabeza.

-Estás loca. Tanto libro te está afectando.

-No sé por qué lo dices. Tú lees igual que yo. - Rebatí.

-No tanto, querida. - Y luego soltó unas risitas. - Ahí tienes a tu príncipe azul.

Suspiré y miré en la dirección que Rosalie lo hacía. Nunca me había caracterizado por fijarme en el físico de las personas, pero lo cierto era que los chicos que más se me acercaban en el instituto, cuando aún era una ingenua en el aspecto amoroso, eran bastante guapos, y bueno, una no es tonta, o bueno en mi caso sí lo fui. Mi madre siempre me había enseñado que la belleza se encuentra en el interior, pero supongo que cuando Benjamin apareció en mi vida y comenzó a enamorarme con sus palabras bonitas, olvidé todo lo que mi propia madre me dijo.

Y ahí estaba él. Tan natural y apetecible al mismo tiempo. Estaba de perfil, hablando con cara de muy pocos amigos con su amigo Jake. Desvié mi mirada hacia su pelo, el cual a causa de que una ventana estaba abierta se movía al compás del aire que entraba. Podría afirmar que en su vida había visto un peine, pero lejos de parecer un loco, le quedaba tremendamente bien.

-Ni lo pienses. - Dijo él cuando Rose y yo estábamos llegando. Nos daba la espalda.

-Yo creo que a Bella le encantaría. - Escuché la voz de su amigo, pero no vi su rostro ya que Anthony era un poco más alto que él y lo tapaba.

-¿Qué es lo que me encantaría? - Pregunté curiosa por aquella frase en donde había escuchado claramente mi nombre. Anthony dio un respingo, supuse que por la sorpresa y se giró sorprendido.

-H-hola.- Sonreí. Era tremendamente dulce escucharle trabarse.

-Hola. - Fruncí el ceño y volví a sonreír cuando los dos se quedaron en silencio. Jake miraba hacia todas partes, mientras Anthony lo miraba a él como fulminándolo con la mirada. Quizá debía haberme estado calladita.

-Estábamos hablando de tomar algún día de estos algo fuera de la Facultad, en otro lugar que no nos recuerde a cada minuto que tenemos que estudiar. - Habló Jacob. Sonreí ante la idea.

-A mi me parece una idea estupenda, ¿no crees Rose? - Después miré a Anthony, quien denotaba estar molesto. Su ceño fruncido y su mandíbula tensa me lo demostraban. - Parece que a Anthony no le apetece. - Él en seguida me miró eliminando su mirada furiosa, convirtiéndola en una mucho más agradable y entreabriendo los labios. Sus ojos como cada vez que se posaban sobre los míos tenían esa fuerza de gravedad sobre los míos que era imposible ignorar.

-Oh, no, no. Claro que sí. - Dijo retirando la mirada de nuevo. Me mordí el labio.

-Ha tenido un mal día. - Dijo Jake, intentando excusarle. Negué con la cabeza. - Pero claro que estaría encantado. - Volví a morderme el labio y lo miré de reojo, notando como volvía a estar tenso.

-Bueno, pues ¿ponemos día y hora? - Preguntó Rose.

-Pensadlo vosotras y nos informáis más tarde. - Le dijo Jake a Rose, dándole una enorme sonrisa seductora. Reí sin poder evitarlo y agradecía que Emmett no estuviese en ese momento aquí.

-¿Y cómo?

-¿Tienes aquí el móvil? - Escuché que Jake le preguntó a mi amiga.

Yo, mientras Rose y Jacob seguían con sus planes, me había quedado mirando a Anthony. Estaba mirando al suelo, claramente incómodo, aunque no entendía muy bien el por qué si la otra noche estuvimos tan a gusto. ¿Se habría dado cuenta de que él me gustaba? Sentí en ese mismo instante mis mejillas arder.

No iba a negar que ya me había hecho ilusiones con él, porque yo sentí la noche en la que me dejó en casa, que yo no le era indiferente. ¿O es que simplemente le caía bien? ¿Se molestó en acompañarme a casa simplemente por ser un buen caballero? De lejos podía darme cuenta de que Anthony no era igual que los chicos con los que acostumbraba a tratar, pero también aquella noche había visto algo especial en su mirada cuando le había confirmado que no tenía novio. A lo mejor estaba loca, y ya estaba imaginándome cosas sin sentido…

Noté como guardó sus manos en los bolsillos y elevó la cabeza encontrándose con mis ojos. El corazón comenzó a latirme desenfrenadamente y sentí un calor insoportable. Sabía perfectamente que me había puesto roja como un tomate por el hecho de que él me hubiese descubierto mirándole fijamente. Así que no hice otra cosa más que retirar la mirada, volviendo a enfocar mi atención a Rose y Jake.

-Dinos cosas entonces, preciosa. - Alcancé a ver como Rose sonreía de manera burlona y yo apreté más la carpeta que tenía entre mis brazos, sintiendo la penetrante mirada de Anthony sobre mi.

-Claro, Bella y yo lo sabremos al acabar las clases. - Dijo mirándome, a lo que asentí.

No dije nada más. Ni un simple adiós ensimismada en todo lo que había pasado.

-Así que ya tienes tu primera cita. - Elevé una ceja.

-¿De qué hablas?

-Vamos, no pensarás que yo iré a aguantar a ese pesado de Jake… - La miré intentando leer lo que pasaba por su mente. Mi amiga soltó una carcajada. - Bella, no te preocupes, me las arreglaré para que solo estéis él y tú.

-No, no, no, Rose. - Dije deteniéndome al mismo tiempo que hablaba.

-¿Y ahora qué pasa? Pensaba que te gustaba.

-Creo que no soy de su agrado. - Ella volvió a reír y a caminar y tuve que aligerar mis pasos para alcanzarle. - Lo digo en serio.

-Claro que lo eres, Bella.

-Yo no estoy tan segura… No quería venir, supongo que de eso sí te has dado cuenta.

-Debe ser tímido. - Dijo alzando las cejas y luego aguantándose una sonrisa se acercó a mi. - Esos son los mejores. - Susurró volviendo a reír.

-No estoy para juegos Rose. - Dijo seria.

-Y estoy segura de que él tampoco. - Dijo por primera vez hablando en serio. - Tienes razón, Bella. No es como los demás.

Y esa última frase de Rose hizo que las ganas de conocerlo se incrementasen de golpe. No iba a perder nada por conocerlo un poco más. Además estando solos de nuevo, podría darme cuenta en realidad y podría confirmar si en realidad yo no era de su agrado o si realmente tenía un mal día como había dicho Jake.

Así que accedí al plan de Rose, no muy segura, pues estaba la posibilidad de que Jake lo echara todo a perder. Lo único que necesitábamos era que él quisiera ayudar a su amigo también y que estuviese a favor de esto. Por lo que al salir de clase, mientras nos dirigíamos a nuestra habitación Rose llamó a Jake y estuvieron hablando durante un buen rato.

No sabía por qué estaba haciendo aquella locura, pero quería hacerla. Había una fuerza inexplicable en mi interior que me alentaba a cometerla, aunque hubiese la posibilidad de que no todo saliera como yo esperaba. Ansiosa por saber qué le estaba diciendo Jake a mi amiga gesticulé un par de veces frente a ella para que me dijera algo, pero no había manera. También observaba como Rose ponía los ojos en blanco de vez en cuando y dejaba salir pequeños bufidos de fastidio y estaba segura de que se debía a algo que le habría dicho Jake.

Si al final todo salía como esperábamos, tendría que decirle a Anthony que advirtiera a su amigo de que Rose ya tenía novio y que estaba también casi casada. Sabía perfectamente que Rose jamás dejaría a Emmett. Y Dios mío, la conversación estaba durando una eternidad y yo ya necesitaba saber qué pasaba.

-¿Y?- Pregunté ansiosa cuando colgó. Me miró seria por un segundo, pero después no pudo evitar sonreír.

-Habéis quedado mañana a las 7 en el café bar que se encuentra a dos calles de la ciudad Universitaria.

-¿Así de fácil? - Rose entornó los ojos.

-Intenté hacerlo bien. Primero le propuse que le dijera a su amigo que fuerais los dos solos…

-Ya, ya, ya. He escuchado todo lo que le has dicho, quiero saber qué te ha dicho él. - Rose suspiró abriendo la puerta de la habitación.

-¿A parte de sus constantes frases insinuantes?

-Sí. - Dije dejando mi carpeta sobre la mesa y sentándome sobre una silla.

-Dice que Anthony es muy tímido y que le cuesta abrirse con las chicas. - Fruncí el ceño. Eso no era precisamente lo que me había parecido la noche que me dejó en casa. - Tuvo una mala experiencia hace poco y ahora le cuesta confiar en nosotras.

-Oh, vaya…

-También me ha dicho que él necesita su tiempo y supongo que ahí si tiene razón.

-Sí, claro. - Dije compadeciéndolo, agachando la cabeza.

-Pero para eso vas a estar tú, mi querida amiga. - Me mordí el labio y la miré. - Cielo Santo. - Dijo abriendo más sus ojos azules.

-¿Qué sucede?

-Te gusta demasiado. - Suspiré.

Y no pude negárselo, Anthony de verdad era de mi agrado y hacía tiempo que alguien no ejercía ese tipo de poder sobre mi, aunque también tenía que decir que aquel poder era diferente. Era adictivo e imposible de ignorar.

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Respiré hondo y alisé mi falda antes de entrar en el lugar, esperaba no verme muy nerviosa. Miré desde la entrada el interior, buscando alguna característica propia de él, como lo era su desaliñado pelo color bronce o sus ojos color esmeralda. El corazón quiso torturarme cuando por fin lo localicé con la mirada. Se sentaba de espaldas, jugueteando con una servilleta de papel entre sus manos. Su chaqueta gris acentuaba los músculos de sus brazos y no pude evitar estremecerme. Volví a respirar y me acerqué.

-Hola. - Saludé con mi mejor sonrisa. Se giró de repente mirándome, haciéndome sentir como si en realidad solo estuviésemos los dos en aquel lugar atestado de gente, y después desvió su vista, como buscando algo.

-Hola. - Dijo simplemente.

-¿Llevas esperando mucho rato? - Abrió su boca sin dejar salir ningún sonido y después escuché su móvil, el cual cogió casi al instante de sonar del bolsillo de su vaquero azul oscuro. Me arrepentí de todo cuando vi como su ceño se fruncía y como sus labios se apretaban.

-No, la verdad es que no. - Dijo algo serio.

Bien, Bella, todo va estupendo. ¿Era esto lo que deseabas? Pues perfecto, aquí lo tienes, me recriminaba. Lo peor de todo era darme cuenta de lo que en realidad me había estado dando tanto miedo. No tenía que haber caído en una idea tan infantil como dejar esto en manos de terceras personas, si quería quedar a solas con él tenía que haber sido yo la que se lo hubiese pedido directamente... pero yo no le interesaba en absoluto y por lo que podía ver en su semblante, más bien le molestaba mi presencia. ¡Esto había sido un fracaso! No me di cuenta que había estado cabizbaja hasta que escuché como se aclaraba la garganta.

-¿Cómo estás? - Preguntó aparentemente sereno y provocando que mi sonrisa volviera a nacer tras ver la suya sincera. ¿Por qué era tan extraño?

-Bien. - Dije incapaz de decir algo más. Mi chico negó con la cabeza aun sonriendo y alzó una de sus manos para frotar su rostro. El camarero llegó.

-¿Qué quieren para tomar?

-Un zumo de piña. - Contesté. Anthony se mojó los labios antes de hablar.

-Un cortado. - Le dijo al camarero, quien en seguida se fue. -Lo siento, he sido grosero contigo, ¿verdad? - Negué con la cabeza mordiendo mi labio inferior.

-No te preocupes. - Dije encogiéndome de hombros. Él suspiró.

-Sí, ha estado mal. Lo siento, Bella. - Agaché la mirada.

-Supongo que no tenía que haber accedido a esta estupidez. - Murmuré sintiendo como mi rostro quemaba. Su silencio hizo que elevara de nuevo mi mirada. Tenía el ceño fruncido y me miraba claramente interrogante. ¿Cómo iba a salir de esta ahora? Hacía tiempo que no me sentía tan nerviosa.

-¿A qué te refieres? - Su tono de voz precavido provocó que el calor en mis mejillas aumentase más, por pensar que él podía haber adivinado que me gustaba. Negué con la cabeza agachándola de nuevo, incapaz de confesarle la verdad. - Vamos, dímelo. ¿Ha sido, Jake?

El camarero llegó poniendo nuestros cafés en la mesa en el mismo momento en el que sentí un calor abrasante y una corriente eléctrica cuando la piel de la palma de su mano rozó la del dorso de la mía, que reposaba sobre la mesa, recorriendo todas las fibras de mi brazo hasta alojarse en mi estómago, y ahí se quedó.

Elevé de nuevo la mirada incapaz de retirar la mano de aquel lugar, pues sentía que pertenecía a aquel mismo. Pero poco duró, ya que su mano se fue resbalando mientras nuestros ojos se miraban mutuamente sin pestañear. Fue cuando dejé de sentir su roce cuando el ruido del café bar volvió a aparecer.

-¿Ha sido él? - Volvió a preguntar, ahora algo molesto. Negué. - No intentes disculparle, sé lo que ha hecho y estoy muy disgustado. No te preocupes, hablaré con él y…

-Espera.- Dije reuniendo todo el valor que podía. Su ceño se frunció de nuevo y dejó de hablar. Respiré hondo, intentando decirle de una sola vez todo lo que quería y dejando a otros libres de culpa, pues yo había estado de acuerdo más que ninguno de mis otros dos cómplices. - Sé que te va a sonar estúpido y que probablemente vas a pensar que es un disparate. - Acentuó más las arrugas de su entrecejo. Me rasqué la sien nerviosa, mientras él seguía observándome.

-Tranquila. - Me dijo con una tierna sonrisa. - Puedes decirme lo que quieras, pero voy a machacar a Jake cuando…

-No, no, no. - Él suspiró y desvié mi mirada de la suya depositándola en mis manos, las cuales jugueteaban nerviosamente mientras volvía a notar el calor en mis mejillas. - A ver, no estaba en mis planes hablarte de esto hoy, pero tengo que hacerlo. - Suspiré, intentando retrasar el momento mientras sentía que el calor abrasante que acariciaba mi rostro era cada vez más insoportable. Fue entonces cuando decidí que tenía que hablar, no tenía sentido que siguiera callada, cuando en realidad mi color de cara hablaba por sí mismo.

-Yo… yo debo decirte algo. - Pronunció lentamente, con tal tono de miedo que me hizo fruncir el entrecejo y olvidarme completamente de lo que estaba intentando explicarle hasta en ese momento. - No tenía que haberlo hecho, pero… - Dejó de hablar en cuanto mi teléfono móvil comenzó a sonar.

-Lo siento.- Me disculpé.

Cogí el aparato y vi reflejado en nombre de Kate. Suspiré fastidiada porque me hubiese interrumpido en aquel momento, pero lo cogí.

-¿Kate?

-¡Bella! - Me llamó con voz ahogada, dejando escapar un sollozo. Me alarmé en seguida.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

-Por favor, tienes que venir. Dios mío… Tanya… ella… Aaron- Estaba tan nerviosa que no podía hablar.

-Tranquila, tranquila, por favor. ¿Dónde estás?

-En… m… habitación. - Dijo dificultosamente. - ¡Ven!

-No te preocupes, voy en seguida. - Y colgué sin perder más tiempo, suspirando y mirando al chico que tenía enfrente, quien me miraba con aquella mirada llena de ansiedad.

-¿Ha pasado algo? - Negué con la cabeza.

-Lo siento, pero voy a tener que irme, parece ser que una amiga me necesita, y creo que soy el mejor apoyo en estos momentos… - Él asintió, pero podía leer claramente en su rostro los signos de confusión. Suspiré levantándome y cogiendo mi bolso. - Te lo contaré otro día… ¿verdad? - Vi la duda en su mirada, pero luego asintió serio. - Sé que prácticamente acabo de llegar… pero te lo recompensaré, de verdad tengo que irme. - Dije sosteniendo su intensa mirada, sin saber cómo podía efectuar una frase completa sintiendo el efecto que tenía en mi.

-No te preocupes, lo entiendo. - Articuló despacio.

Suspiré y me acerqué a él para besar su mejilla, dejando mis labios presionados en la misma más de lo necesario sin esperar respuesta. El cosquilleo en mis labios después de alejarme de su rostro no se hizo esperar. Y salí casi corriendo del lugar, sabía que Kate debía estar destrozada.


¡Qué inoportuna Kate! jajaja Estoy deseando subir el próximo capítulo... por ahora es de mis favoritos... así que espero tener tiempo el jueves o el viernes!

Noe, Jos WeasleyC, Impossible Love, Cullen Vigo, joli cullen, Ally Masen, SunMile, Milhoja, BABYBOO27, Isabela91, Antuus, Lynn, claudi17, Tutzy Cullen, lexa0619, GRACIAS! :)

Isabela91, jajaja sí es algo cabezota, pero quizá pronto quiera corregirla... :P

Antuus, ya veremos! aun le queda mucho a la historia...

Lynn, ya hacía falta una Bella así! jajaja rodillazo en su querido amigo... seguro que la próxima vez James se lo piensa.

Noe, te lo vuelvo a repetir, amo a tu Edward! más que en el anterior capítulo y seguramente menos que en el siguiente :P Que bien me ha quedado eso... Muuá!

Una vez más gracias a todaas! un besito enorme! :)