Capítulo 6

Mientras esto ocurría en la mansión del Conde, en el castillo Grandchester la situación era caótica. Terry había tenido que ausentarse de Londres demasiado tiempo, para arreglar algunos asuntos de la manada que dirigía.

Eso lo tenía muy molesto, sobre todo porque su informante le había dicho que Candy estaba viviendo en la mansión de Andrew. Si su padre no hubiese sido tan necio, él podría haber regresado antes para reclamar a su mujer, pero las cosas se habían puesto feas y no tuvo más remedio que solucionarlas.

Esa tarde planeaba "encontrar" casualmente a Candy, en su habitual recorrido por Hide Park. Sabía que ella iba a pintar cerca de los jardines y habitualmente estaba sola. Demasiado impaciente para esperar, caminó por el sendero de grava tratando de verla, hasta que al final distinguió su rubio cabello.

Con los nervios alterados por tanto tiempo sin verla, se dirigió decididamente a su encuentro.

-Hola Candy… te acuerdas de mi?

Ella un poco asombrada lo miró y sonrió- claro mi Lord, como está?

-Por qué volvemos al trato de mi Lord, si te había pedido que me llamaras Terry, lo recuerdas?

-Por supuesto que si, pero no creo que sea correcto, ahora soy una mujer comprometida y debo mantener las distancias

-Comprometida?, con quien?

-Por lo visto usted no ha estado en Londres la última semana, ya que fue anunciado mi compromiso con el Conde de Lakewood.

Terry casi deja salir a su lobo de tanta rabia que tenía, pero se contuvo de hacer un escándalo solo porque no quería involucrarla a ella.

Ahora que se trataba de tranquilizar, pudo notar el cambio de aroma de Candy. Ella había sido convertida, en la despreciable criatura que la había tomado, que le había arrebatado a "su" mujer.

Ciego de ira, la sujetó por el brazo y la arrastró con él. Ella luchaba por soltar su amarre, pero las manos de Terry parecían garras de acero y por más que lo intentaba no la soltaba.

Cada vez más nerviosa, ella usó el contacto mental con Albert para que la ayudara; él le había enseñado casi todas las ventajas de haberse convertido y ésta era de gran ayuda.

Sorpresivamente, Albert apareció ante Terry, y ambos se mostraban francamente hostiles.

-Suelta a mi mujer, "lobo"

-Lobo?- preguntó Candy sorprendida, que más debía enterarse en estos días; ella estaría en problemas si tuviera que reportar al consejo que sus dos objetivos, definitivamente entraban en la categoría "extrañas", incluso ella misma ahora estaba en esa categoría.

-Jamás la soltaré, chupa sangre. No debiste tocarla, era "MIA"- rugió Terry

-Ella no era tuya; tenía libertad de elección y me eligió a mí. Ahora es "MI MUJER": suéltala o no respondo de mí

-No lo haré, voy a reclamarla; debí hacerlo hace tiempo, pero me entretuvieron…ahora ya nada puede interponerse.

-Te olvidas un detalle "lobo": ella me pertenece en cuerpo y alma… por qué no le das oportunidad de elección, o eres un cobarde?

-No soy cobarde, pero cuando un lobo elige y encuentra a su compañera no le pregunta nada, solo la toma. Y ella es mía, borraré tu reclamo y será como yo.

-Antes muerto que dejarte mancillar a Candy; ella no es un animal como tú, "lobo". Ahora es exactamente como yo, un "vampiro".

-Suéltame Terry, me estás haciendo daño; yo soy la mujer de Albert y nada puede cambiar eso, quiero irme con él.

Enfurecido por la derrota, Terry tomó a Candy contra su cuerpo y la presionó de manera que estaba acabando con su vida.

-Si no eres mía Candy, no serás de nadie- le decía, mientras la presionaba

Albert se tiró encima de él y comenzaron a luchar; Candy había quedado inconciente por el momento de asfixia experimentado.

Cuando reaccionó, vio como Albert luchaba contra un enorme lobo, que intentaba llegar a desgarrarle el cuello.

Albert estaba perdiendo mucha sangre y ella se debilitaba con él; si no lograba ayudarlo ambos morirían.

Por más que intentó separarlos, Terry era superior en fuerza al estar convertido, y ella no podía hacer que soltara a Albert.

La lucha terminó de repente: el lobo aullaba descontrolado y la gente se había arremolinado para ver la increíble matanza que había hecho un lobo salvaje suelto en Hide Park.

Cuando la policía llegó, el cuerpo de Albert yacía sin vida en un charco de sangre y junto a él, el cuerpo sin vida de Candy, que sujetaba su mano fuertemente.

El lobo miró con horror lo que había causado y antes de que pudieran darle caza, huyó hacia los bosques.

Cuando Terry recuperó la calma y puedo volver a ser humano, tomó verdadera cuenta de lo que había hecho; en su afán por reclamar a Candy, no quiso entender que ella era parte de Albert y al haberlo matado, la mató a ella también.

Demasiado abrumado por el dolor y el arrepentimiento, desapareció en la noche y jamás se volvió a saber de él.

Solo en algunas ocasiones, alguien se atreve a asegurar que en las noches de luna y llegando a la víspera de aquel sangriento episodio, puede oír el aullido lastimero de un lobo en Hide Park.

FIN