CAPÍTULO 7: Entrenando y Enterando


— ¡Vaya! si aquí están mi par de famosos — Llega de improviso Joan, nos agarra de los hombros y nos lleva hasta un elevador.

En éste momento siento que le debo la vida a Joan Wolph, luego recuerdo que creo que acabo de ganarme a una enemiga, una poderosa enemiga llamada Gurges.

El elevador logra marearme por lo que me alegro cuando salimos.

—¡Sigo fascinado por lo que han logrado! Gordon le fascinó al público, por supuesto que sí, y tú, Aurora, también les gustaste algunos; ¡Por suerte pocos de esos algunos han sido hombres poderosos del Capitolio!— Dice Joan y aplaude de una manera rápida y casi tonta.

Creo que esa es buena señal… pero ¿Necesito desaparecer más?

—¡Es hora de la cena de Planeación! — Joan agita su mano como si espantara un insecto.

La cena pasa muy rápido. Regañan a Gordon por intentar coquetear con una Avox, aunque creo que a ella le gustó que alguien no sólo le hiciera caso, si no que incluso mostrara interés carnal por ella. Johanna entra de golpe después de no verla desde la llegada al Capitolio.

—¡Johannita! Por fin te vuelvo a ver— la saluda Gordon con comida en la boca.

—Cállate manteca inmunda y sigue tragando—

Al escuchar este comentario Joan se altera un poco, al igual que Bucco y Alculeo, después de todo, en el capitolio alguien con ese lenguaje es señalado de mala manera.

—¿Dónde estabas?— Le pregunta Joan a Johanna con tono imperioso.

—Hablando con patrocinadores, convenciéndolos de que Gordon será la estrella este año—.

Aunque me parece triste ese comentario, sé que es lo que yo quiero.

—Pero la pequeña Aurora tiene unos cuantos admiradores en las clases altas de la ciudad— le contesta Joan.

—Esos son los que quiero que apoyen a Gordon— Empiezo a deprimirme; Gordon tendrá mínimo un patrocinador y ahora… ¿También se llevará a cualquiera que me podría ayudar? Empiezo a creer que Johanna no quiere darme una sola oportunidad, después de todo, quería ser inadvertida hasta el momento en que los patrocinadores me vieran potencial… si llego a los últimos sobrevivientes claro…

La cena y la noche pasaron muy rápido. Dormí pensando en mi familia. Dormir nunca me ha fallado. Tuve sueños en los que jugaba con mis hermanos, donde comía un platillo especialmente para mí echo por Alerce, tenía todos los ingredientes que me gustan: salchichas, queso, aceitunas… Hasta que Oleander me agita diciendo Despierta…

—¡Despierta Aurora!— por desgracia quien me llama es Joan.

Sigo algo confundida pero finalmente logro ducharme y vestirme. Odio los baños del Capitolio.

Salgo de la habitación y veo a Gordon con un traje similar al mío, excepto por los colores; el de él es negro con rojo y el mío es únicamente negro.

—Que buen gusto tienes Au— dice Gordon algo exagerado volteando de él a mí rápidamente.

—Gordo, Aurora, es hora de poner las cosas claras— noto que Johanna me llama por mi nombre, aunque no hago ninguna señal de haberlo echo, tampoco Gordon —Ya hemos dejado Claro que el fuerte de cada uno es: Aurora – Esconderse y Gordo – Carisma—.

Cuando Johanna dice que el carisma de Gordon es su punto más fuerte empiezo a pensar que incluso yo podría vencerlo. No quisiera ser uno de esos tributos que dan su vida protegiendo a alguien que, sin saber, morirá momentos después…

—Ambos tienen algo que muchos considerarían algo trivial, de hecho, creo que ahora mismo están pensando en que el otro es casi inútil— Me sentí identificada totalmente con eso —Pero eso no importa, ustedes saben como usarlo y creo que deberían de ser aliados—.

Ser aliada de Gordon ya me lo había propuesto, incluso si no estaba implícito, pudo ser un error verdaderamente mortal.

—Son totalmente contrarios, y creo que eso ya hace un buen equipo; quiero que se protejan hasta el final—.

Gordon me voltea a ver con su típica sonrisa, yo sólo lo veo.

—Y cuando digo al final, digo que hasta que estén los dos en combate a muerte— continúa Johanna.

—Entonces quieres que yo pierda— digo secamente.

—No seas estúpida Aurora, sólo quiero que uno de ustedes gane—

—¡Gordon me podría ganar en un combate cuerpo a cuerpo! ¡Y no sé absolutamente nada de él! ¡Excepto que le agrada a todo el mundo!— Gritarle a Johanna me parece mala idea, pero ya no hay vuelta atrás.

—¡Escucha imbécil! Yo ya pasé por todo lo que ustedes van a pasar y… y créeme que lo que les digo es su mejor opción, no hay otra— acerca de una manera agresiva su cara a mi cara, casi tocando mi nariz con la suya. Desvió mi mirada y ella se aleja, continúa hablando —Ya saben que hacer en el entrenamiento, Gordo, tú habla lo más que puedas con todos y ya sabes a quién identificar. Aurora, tú debes relacionarte un poco con todos, si quieres pasar desapercibida no te pueden etiquetar de "la silenciosa o la que no habla"; Y no seas tonta, no te encariñes con nadie—.

Bajo mi cara y la miro con enfado, parece no importarle.

—En el entrenamiento aprovechen lo que no saben hacer; como identificación de plantas y atar nudos. Es todo lo que les puedo decir ¿Alguna Pregunta?—

—No— le respondo cortantemente

—Sí, yo tengo una Señora— Dice Gordon —¿Por qué no se casa con Joan? ¡Así serían Joan y Joahan-na!—.

Después de esto es seguro un regaño a Gordon por su atrevimiento, pero Johanna simplemente sale de la habitación murmurando, muy seria y enojada, algo del Presidente Snow.

Debajo del edificio se encuentran las salas de entrenamiento. Posiblemente es un momento crucial para saber quién asesinará a quién. Todos se encuentran en un círculo. Nadie habla con nadie, excepto El bruto del uno y el narcisista del tres. Hablan sobre sus músculos y sus logros en sus entrenamientos. Puedo ver que algunos son intimidados por eso, otros empiezan a repudiarlos.

Para mi sorpresa Gordon llega hablándole a todos como si fueran amigos de toda la vida. No sé como lo hace. Probablemente uno de ellos será su asesino. Faltan unos 15 minutos para la hora del inicio de los entrenamientos. El suficiente tiempo para hacer charlas triviales con unos.

—Hola…— saludo a la chica del once, Me recuerda de alguna forma a Onika, aunque no es tan fácil de hablarle como a ella—¿Qué te pareció el Desfile?— al parecer no tenemos nada más en común.

Me observa con sus ojos cansados pero pone una sonrisa. Me dice que le gustó mucho su vestido, que nunca había vestido o visto algo tan bonito. Se acerca uno de los hermanos, la chica del seis.

—El mío parecía una lata, pero me agradó mi peinado "electrizante"— Reímos un poco porque es verdad que le daba una apariencia de electrocutada.

—Creo que mi cabello no lucía para nada, me gustó más el de ustedes tres— se incluye en la plática la chica del tercer distrito.

—Soy Aurora del Distrito siete— digo tímidamente.

—Yo soy Peach del Distrito once— dice la chica de piel oscura.

—Mi nombre es Gis del distrito seis— menciona la hermana con gran énfasis en su nombre.

—Yo soy Marietta— hace una leve reverencia —del Distrito tres— al parecer es una profesional.

Seguimos hablando hasta que una mujer muy imponente llamada Atala nos explica las reglas y el mecanismo de la sala de entrenamiento. Cuando nos dan la oportunidad de elegir a donde ir me despego de Peach, Gis y Marietta; al parecer ellas siguieron juntas.

Llego con el chico del Nueve. Se llama Ross. Tiene unos problemas con los nudos más básicos. Después de escuchar que se dedicaba a cosechar los granos y descubrir que estornuda de una manera estruendosa me retiro a ver quién está en lucha de cuerpo a cuerpo.

Veo que, como era de suponerse, los Profesionales se encuentran peleando y presumiendo sus habilidades. Me acerco al chico rapado del 8, se encuentra de brazos cruzados.

—¿Qué te parecen los profesionales? — me pregunta apenas llego a su lado.

—Creo que los que más me preocupan son el del uno y el del tres— respondo sinceramente.

El chico me sonríe y me dice que se llama Tussah. Seguido de esto llega su compañera de distrito

—¿Cómo podremos deshacernos de ellos? Son tan fuertes…— dice desesperanzada.

—Siempre hay una forma Dril— le contesta Tussah.

—Esto Ya es una sentencia de Muerte— dice Dril mientras ve cómo el bruto del uno derriba con total facilidad al entrenador.

—¿Quién es él? — les pregunto.

—Él es Iulian— dice Tussah con algo de repulsión —Es el que dijo que nos podría asesinar a todos…— dice seriamente

—Y creo que, de hecho, puede— complementa Dril.

—¿Y Su amigo del Distrito 3? — pregunto.

—Rala— Responde Dril al instante —Creo que es el más psicótico de los profesionales, desde el desfile le ha metido ideas sobre asesinar mujeres a Iulian— dice preocupada.

—Lo he visto molestar a la niña del distrito doce— agrega Tussah.

Observo a la niña, muy inocente, tratando de utilizar camuflaje. Me pregunto si hablar con ella me limitaría el poder asesinarla. Le digo a Tussah y a Dril que los veré luego y me dirijo hacia la zona de camuflaje.

Al llegar la saludo con mi ya característico tímido hola.

—Hola— me responde con una sonrisa algo forzada, no confía para nada en mí.

—¿Aprendes a camuflarte? — aunque es obvio que nunca ha utilizado pintura decido iniciar conversación.

—Hago lo que puedo, si gano podré proporcionar a todo mi distrito alimentos, mucha gente muere de hambre en doce, ¿sabes?—

Comienzo a arrepentirme de haber venido con ella cuando llega el niño del distrito cinco.

—¡Hola Lily!— llega con una sonrisa de oreja a oreja, incluso sospecho que le atrae la pequeña niña.

—Hola Chip— Dulcemente le responde y ahora me siento terrible por ambos.

—Chip me ha enseñado a Dibujar lirios, ¿Quieres ver?— dibuja un Lirio muy sencillo en su brazo y ambos ríen; Lily y Chip juegan a dibujar flores mientras otros están entrenando para matar.

Aprovecho esa interacción entre ellos para huir de ahí. Me acerco a supervivencia. Y veo a la chica pecosa del distrito diez analizando imágenes de frutos y otras plantas. Repentinamente me voltea a ver y me dice —Es impresionante la cantidad de información que posee el Capitolio sobre las plantas; en el Distrito diez muchos animales mueren por ingerir raros frutos venenosos que pueden ser contrarrestados por otros muy comunes— Imagino al instante el empleo de la chica.

—Soy Celia— se presenta después de un pequeño momento de silencio y noto un acento muy singular del sur.

—Yo soy…—

Estoy a punto de responder cuando ella dice —Aurora, lo sé—

Me quedo perpleja por su conocimiento de mi nombre, al parecer lo he hecho todo mal.

—No lo tomes a mal— lo dice con una serenidad increíble —Deo dice que eres la única que parece verdaderamente confiable—

—¿Quién es Deo? — Le pregunto apresurada a Celia, cuando, de improviso, escucho a alguien decir

—Yo Soy Deo—-.

Una voz masculina, con un acento sureño más marcado que el de Celia, habla detrás de mí. Volteo y veo los ojos color aceituna que me distraen tanto, se encuentra recargado en la pared. De cerca, Deo, se ve más alto, y más ancho de los hombros. Aunque su posición está algo torcida, con la pelvis inclinada hacia adelante y la espalda relajada; parece tener cierta elegancia, informalizada por una pequeña varilla que lleva en la boca.

—Para servirte—.

No dejaré que me atraiga, seguramente es cono Úncan… aunque realmente me pone nerviosa hablarle.

—Saben, debo de ir a ver a Gordon… los veo luego— me voy a toda prisa y algo indignada por Deo. Nunca he sido buena hablando con la gente, menos con un chico que me atrae, aunque sea superficial.

Veo a un par de tributos masculinos con los que no he hablado. Son los chicos del distrito dos y del distrito cuatro. Están en combate con armas, parecen llevarse bien. Me acerco, pero parecen no hacerme caso. Escucho que hablan sobre ser los mejores con ciertas armas.

Al parecer el chico de nariz agachada del distrito cuatro, llamado Linebeck, es un maestro con lanzas y el del distrito dos de piel oscura, llamado Omario, sabe manejar bien casi todas las armas. Ambos son profesionales, y no puedo decir si se están aliando o están empezando a rivalizar. Ambos hacen bromas con un profundo insulto escondido. Mejor no acercarme. Continúo viendo a quiénes faltan por conocer. Después de todo este tiempo también comienzo a plantearme el entrenar en algo, pero pronto se me olvida al ver a la chica del distrito cuatro.

Al parecer no habla con Linebeck. Me acerco y la saludo pero ella sigue practicando pelea con espada y cuerpo a cuerpo con un maniquí.

—En verdad eres buena con la espada— no obtengo respuesta —Algunas veces pienso que…—

Se detiene súbitamente, voltea con sus ojos rasgados hacia mi dirección y me dice agresivamente —Apreciaría que me dejaras entrenar, gracias por comprender— y regresa a su entrenamiento.

—Déjala, no le habla a nadie. Es una Pretenciosa— Llega el hermano de Gis, la chica del distrito seis —Me llamo Sig y soy el hermano gemelo de Gis—

—Soy Aurora, y no creo que deberías hablar de esa forma a los otros tributos, y menos a los profesionales— Le digo sinceramente, sobretodo porque ya he hablado con su hermana.

—Esa profesional se llama Electra, sólo una matona más— cuando Sig dijo esto Electra decapitó al maniquí con el que estaba practicando, espero que haya sido coincidencia. Sig es muy bueno en orientación y al parecer en encontrar comida, tenía el trabajo de revisar cables por todo su distrito y se acostumbró a retomar el camino y a encontrar comida útil. Se hizo voluntario porque su hermana no es muy brillante en supervivencia, pero sabe ingeniárselas para matar alimañas de muchas formas, Gis se encargaba de las plagas.

Después de hablar con Sig procedo a camuflaje, en donde están el chico del once, la chica delgada del cinco y el chico del doce. Me junto con ellos y el chico del once llamado Cornelius, aunque le gusta más que le llamen "Corn", es muy amable y no se concentra en practicar el camuflaje. La chica del 5 se llama Giselle, al parecer ella era mensajera en su distrito y por su altura, algunas veces trabajaba en paquetería; esta característica la diferencia de los demás ya que es más alta incluso que el bruto de Iulian. Su mentor le asegura que tiene cientos de patrocinadores ricos, dispuestos a ayudarla en lo que necesite a lo largo del juego, le dicen que es una de las favoritas de todo el Capitolio, que podría se una modelo. El chico del doce no habla mucho, se llama Bren, apenas había comenzado a trabajar en las minas de su distrito; era su última cosecha.

Antes de irme llegó corriendo el tributo femenino del nueve. Se puso entre Corn y Bren y comenzó a alabar su camuflaje, les pidió concejos y en cada palabra se aseguraba de menear su voluptuoso cuerpo. Corn parece caer en sus encantos, mientras Bren, no tanto.

—Me llamo Paris— dice con una risita muy parecida a lo que se escucharía en el Capitolio.

Después de ver que Corn ha caído en su trampa nos voltea a ver a Giselle y a mí, de una manera discriminante, y procede a retirarse.

—¿Sabes que sólo te utilizaría verdad?— le digo discretamente a Corn, con un tono algo indiferente.

—La verdad no me importa, si tengo la oportunidad de estar con una mujer tan hermosa como Paris antes de morir, no me quejaría—

—Seguro será una, perdón por el vocabulario, perra en la arena— dice Giselle con odio.

Iba a empezar a practicar con un maniquí cuando llega una chica que se me había olvidado totalmente, algo imperdonable en éste juego.

—¿Qué tal niña? ¿Lista para practicar el asesinato?— lo dice con la sonrisa más demencial que haya visto.

—Practico, como todos— le respondo mientras veo como acicala su rubio cabello.

—Quiero ser tu aliada niña, ¿Qué dices?—.

Ella es una profesional, por eliminación sé que es del distrito uno, me podría dar una ventaja muy grande pero su sonrisa claramente dice que es alguien en quien no se puede confiar.

—Me encantaría, pero créeme, no te gustaría tenerme en tu equipo— le contesto de una forma educada.

—Algo me dice que tienes cierto potencial, y me agradaría tener de aliados personas con… cierto potencial—.

Esa última frase revela su plan; no busca a alguien fuerte, busca a alguien controlable.

—Vamos, alíate con la pobre Mily— dice en un último intento de aliarse conmigo.

—Lo siento, no puedo— al decir esto, Mily borra su sonrisa de su cara bruscamente y se va sin más.

Éste día me ha dado un vistazo de a quiénes me enfrento. De todas las personas que estamos en ésta sala de entrenamiento sólo uno saldrá vivo. Pienso en que en realidad ninguno merece la muerte, ni siquiera el bruto de Iulian o la Psicótica de Mily. Pienso en Deo, en los más pequeños, en Electra, en Giselle, en los gemelos, en Gordon. Sólo uno regresará a su distrito, y si quiero ser yo, tendré que matarlos.