Había perdido la cuenta del rato que llevaba ahí de pie, apoyado en la puerta del cuarto. Cada vez que estaba en al TARDIS se sorprendía de ver habitaciones que no conocía, como si la nave del Doctor se hiciera cada vez mayor.

Hacía dos horas que Jack se había despertado, aunque en realidad apenas había podido dormir. No había sido un tiempo muy placentero, pues si cabeza había estado llena de imágenes, voces, emociones y sensaciones que tampoco le habían dejado descansar demasiado.

Se preguntó si aquellas serían las emociones del Doctor, si aquellas imágenes eran los recuerdos de toda la vida del su amigo y por mucho que lo intentó, no pudo comprender como era posible que después de todo el sufrimiento que había habido en su vida, el Doctor siguiera adelante, con ese sentido del humor que tanto le caracterizaba.

Jack también había pasado por mucho, había perdido a demasiada gente y se arrepentía de más de una cosa de las que había hecho en su vida, pero si algo tenía claro mientras permanecía allí, en la puerta del dormitorio en el que descansaba Ianto. Quería a ese muchacho, estaba enamorado de él y daría cualquier cosa por mantenerlo a salvo.

Después de tanto tiempo juntos ya no se podía imaginar la vida lejos de su compañero, dejándole por algún viaje trepidante con el Doctor, por salvar al mundo de un terrible amenaza alienígena o simplemente salir de un busca de nuevo romance.

Sonrió en silencio, parecía tan lejana esa vida en la que le gustaba pasar cada noche con una, dos o las personas distintas que fueran, tener todos los amantes posibles, sin importar de que planeta fueran procedentes y nunca preguntarles al día siguiente si se volverían a ver.

Definitivamente, Ianto le había cambiado, de una manera que pocos años antes al capitán, le hubiera parecido completamente imposible. Estaba enamorado y ahora no le importaba decirlo en alto, no le importaba que todos los que le conocían y los extraños también, supiera que estaba con un hombre al que quería por encima de todas las cosas.

Ianto era así, le hacía ver el mundo de otra manera, no como un sitio en el que buscar nuevas aventuras, en el encontrar las emociones que la rutina del día a día no le dejaba ver; para Ianto, tan sólo hacía falta tener a Jack cerca, poder mirarle a los ojos y perderse en aquello océanos azules, que se iluminaban cada vez que el capitán sonreír, que siempre se iluminaban.

Ahora Jack era igual, no hacía más que pensar en Ianto, siempre y cuando el mundo no estuviera a punto de acabar y trataba de hacer todo lo posible para que fuera feliz y sobretodo, para protegerlo.

Pero en esta ocasión había fallado estrepitosamente. Le había prometido un viaje apasionante en la TARDIS y en lugar de ello, casi había conseguido que lo mataran las mismas criaturas que habían destrozado su vida y que se habían llevado a su hermano cuando tan sólo era un niño. Nunca se lo diría a Ianto, pero ahora mismo se odiaba por lo que había ocurrido.

De repente, Ianto abrió los ojos y estuvo a punto de levantarse de un salto de la cama, pero su cuerpo se lo impidió y cayó de nuevo con un fuerte quejido. Jack fue hasta la cama y le impidió volver a moverse.

"Shhhh, tranquilo, ya está, tienes que tomártelo con calma, la primera vez es la peor." Ianto lo miró sin saber de lo que estaba hablando, como si en realidad le estuviera hablando en un idioma extraño.

Jack le acarició la mejilla para intentar calmarle, veía en sus ojos el miedo por lo que había ocurrido antes de perder el conocimiento. Ianto estaba seguro que iba a morir y en realidad había estado muy cerca, aquella herida en la espalda y el terrible veneno que estaba repartiendo por su cuerpo hubieran acabado con él en pocos minutos. Ianto lo sabía y de alguna forma se había hecho a la idea. No esperaba encontrarse en aquella cama, con Jack a su lado, como si nada.

"¿Qué…" Carraspeó con fuerza, ni siquiera sentía como suya su propia voz. "¿Qué ha pasado? ¿Por qué no estoy muerto?"

La sonrisa de Jack siempre le hacía sentirse mejor y conseguía que los peores pensamientos desapareciera de su mente como si nunca hubieran existido. Sin contestar todavía a sus preguntas, pues no era fácil para Jack y no asustar a Ianto al mismo tiempo; el capitán se sentó en la cama y le hizo un gesto a su compañero para que se acercara.

Ianto no lo pensó dos veces y se acurrucó entre los brazos de Jack, notando como este lo abrazaba con fuerza y decisión. Definitivamente tenía que decirle algo importante y Jack dudaba sobre como hacerlo, sólo podía significar que aquello era realmente grave.

Al fin y al cabo, Ianto conocía a Jack como nadie, por mucho que el capitán estuviera constantemente ocultando sus sentimientos, por mucho que siempre tratara de ser el líder perfecto que nunca tenía dudas que siempre sabía como actuar ante cualquier problema, ya fuera personal o algo que tuviera que ver con salvar a la humanidad; Ianto había aprendido a leer más allá.

Cuando miraba a Jack a los ojos, veía continuamente lo atormentando que vivía por sus errores del pasado o por todos los que él creía que había cometido; veía el miedo que tenía al futuro, a quedarse otra vez sólo, a perder a todos sus seres queridos, como ya le había pasado una y otra vez; aunque pareciera pretencioso por su parte, también veía como se le iluminaba la mirada cuando él aparecía, cuando le daba una taza de café o cuando se despertaba en mitad de la noche y Jack lo estaba mirando.

Sabía todo lo que había en los ojos de Jack, pero nunca se atrevía a hablar de ellos, por miedo a espantarlo. Le había costado demasiado tiempo conseguir tenerle cerca, como para perderlo ahora, no estaba seguro de poder seguir viviendo con eso.

Jack le dio un beso en los labios sin dejar de sonreírle con el mayor cariño que Ianto hubiera visto en la mirada azul del capitán.

"¿Jack que es lo que pasa? ¿Por qué has dicho que la primera vez es la más dura?"

"Ianto, se que no debí hacerlo y es posible que jamás me perdones por lo que he hecho, pero no podía perderte, no a manos de las mismas criaturas que destruyeron mi vida, antes preferiría morir yo."

"Jack vamos, dime lo que pasa, habla conmigo." Ianto se incorporó, aunque todavía notaba pesado su cuerpo. No estaba seguro, en realidad no tenía ni la menor idea de lo que le estaba ocurriendo, pero si algo tenía claro, era que su cuerpo había cambiado de alguna forma.

Le rozó la cara a Jack y se dio cuenta que estaba frío, igual que las veces en las que había estado esperando que resucitara. Se acercó a él, con movimientos mucho más lentos de lo que le hubiera gustado y le besó lentamente en los labios, pues sabía que decirle que todo estaba bien, no era suficiente para alguien como Jack.

"¿Me perdonarías por haberte condenado eternamente?"

"Jack." Dijo Ianto riéndose, pues jamás había visto a Jack en ese estado tan nervioso. "Por favor, no es lo que me pasa, que estoy distinto, algo me ha ocurrido y tan sólo puedo recordarte a ti justo antes de perder el conocimiento o de…"

De repente el color desapareció de las mejillas de Ianto y Jack que había cogido las manos de su compañero entre las suyas, notó que había comenzado a temblar, pues al finalmente estaba empezando a comprenderlo todo.

"Ianto, comprende que…"

"¿Soy como tu? ¿El vortex me ha dado la inmortalidad como a ti?"

Jack dudó un momento antes de contestar. Se preguntó que estaba pasando tras esa mirada perdida en la pared, tras esos labio entre abiertos que no sabían que decir y esas manos que todavía no habían dejado de temblar.

"¿Eso quiere decir que no puedo morir nunca? ¿Qué por mucho que me maten, de la manera que sea, no puedo morir? Oh dios mío."

Jack estaba a punto decir algo cuando Ianto se lanzó a sus brazos, rodeó su cuerpo con fuerza, al menos para intentar dejar de temblar no parecer demasiado débil frente al capitán al haber recibido aquella noticia. Jack lo recogió con cariño, pues sabía perfectamente lo que sentía al descubrir que el tiempo había dejado de tener sentido, que las vidas de los demás serían momentos en la vida de uno mismo y que los acontecimientos que pasaran, sería olvidados por muy importantes que fueran.

"Lo siento, lo siento tanto." Le susurró Jack al oído.

"No debes hacerlo, me salvaste la vida, lo hiciste porque me querías y eso me basta para hacer esto." Ianto respiró con fuerza, tratando de que Jack no se diera cuenta de que le faltaba casi todas las fuerzas para moverse.

Se apoyó sobre el pecho del capitán y le besó de nuevo.

"No se si esto significa algo bueno o malo, pero espero que puedas guiarme gracias a tu experiencia." Ianto todavía estaba temblando entre los brazos de Jack mientras decía eso, no podía dejar de pensar en que su vida había terminado tal y como la conocía él y que al menos durante un tiempo, necesitaba un buen guía en su nueva existencia. "Si estás a mi lado… creo que podré soportarlo."

Ninguno de los se preguntó si el tiempo que les deparaba el futuro juntos era para siempre o sus caminos se separarían en algún momento. ¿Era posible que el amor durara eternamente? ¿Qué los siglos, los milenios, el tiempo que no se podía contar, mantuvieran vivo lo que sentían el uno por el otro?

En ese momento poco importaba todo aquello. "Puedo contarte todo lo que se, pero aún así, no tengo ni la más remota idea de que soy. Ya te dije que el Doctor está convencido de que soy un punto fijo en el espacio-tiempo, aunque hasta hace poco era único en mi especie." Ianto se ruborizó al escuchar aquello, mientras Jack lo contemplaba y recorría su espalda con los dedos. "Sabes, puede que suene bastante egoísta por mi parte, pero me alegro de no estar solo."

Ianto le dio un pequeño golpe en el pecho. "¿Desde cuando has estado solo desde que conoces? Parece mentira que digas eso, voy a empezar a pensar que soy invisible para ti fuera de la cama." La mirada de Ianto era demasiado dolida para lo que su expresión demostraba.

El joven agente se echó a reír cuando Jack comenzó a hacerle cosquillas. Poco a poco podía moverse mejor con su nuevo cuerpo y se tiró a la cama llevando a Jack detrás, que se colocó encima, atrapando su cuerpo, impidiéndole moverse por más que lo intentaba.

"¿Quieres que te demuestre lo poco invisible que eres fuera de la cama o descubrimos lo que tu recién estrenado cuerpo resucitado puede hacer?"

"¿He cambiado?"

"¿Por qué no lo comprobamos?" la sonrisa más picara posible, apareció en el rostro de Jack, que sin esperar respuesta de Ianto se aventuró a besarle el cuello.

todo aquello era nuevo para los dos, Ianto era un hombre nuevo, el mismo chico tímido y perdidamente enamorado de Jack, pero mucho más cercano ahora al capitán. Tal vez demasiado pensó Jack, pues se preguntó si su compañero estaba preparado para pasar por todo lo que había tenido que pasar él; las pérdidas, los sacrificios, incluso cuando estos significaban sacrificarse uno mismo muriendo una y otra vez por los demás.

Entonces Jack se lo pensó mejor. Tal vez Ianto no estaba preparado, tal vez nunca lo estuviera, pero al menos, él no estaba solo en esto, Ianto no tenía que descubrir al resucitar las tres primeras veces que no podía morir. Ahora le tenía a él, más nunca a su lado y mientras pudiera evitarlo, no le dejaría.