¡Buenas de nuevo!
Está a punto de terminar este fic. Cuando lo termine, será el último publicado aquí en Fanfiction. Las nuevas historias estarán en AO3, con el resto.
Aún así, cerraré el fic de "El intercambio", así que aún me queda un poquito por aquí. Pero ya no publicaré más historias nuevas en esta web.
FR: gracias por tu comentario, no puedo agradecértelo por MP, así que lo hago por aquí. Ren y Stimpy son los mejores dibujos animados que he visto nunca, de lo raros y repugnantes que son. Qué míticos eran esos dibujos tan detallistas sobre asquerosidades que hacían, añadiendo de fondo un grito de terror…a veces en Bob Esponja también los hacen, pero no con tanta asiduidad. Una lástima.
Musha: sí, las MarySues son muy indigestas, pero parece que aquí en FF es un recurso muy común, sobre todo porque es muy sencillo que las chicas se sientan identificadas con ella. Tal y como dices, no son más que una proyección perfecta de la escritora en cuestión; un álter-ego literario; una proyección de sus deseos internos. Y como tales, muy simples y fáciles de preveer. Con lo fácil que es integrar un OC en Saint Seiya sin tener que recurrir a ese tipo de relatos pastelosos…pero bueno, que cada uno haga y escriba lo que quiera. Al fin y al cabo, en FF la cantidad de comentarios nunca va de la mano con la calidad de la historia. Y después de haber leído varias historia, sin haber marysues de por medio, que tienen numerosos comentarios y favoritos sospechosos en historias que incurren descaradamente en el plagio de otros autores, me corrobora el nivel que hay por aquí. Allá cada cual con su conciencia.
Muchísimas gracias por tu comentario y por tomarte la molestia de leer esta historia, me alegro de que te esté gustando.
Igualmente, muchas gracias a Hokuto Sexy, Raixander,Victoria Nike, Sakuura13, Sashamp03, amazona de cáncer, Asalea19, Shaina de Aries, Monii Dael y kuro-na curi por mostrarme su apoyo mediante comentarios, marcar como favorita o seguir esta historia.
¡Os dejo con el nuevo capítulo!
7. Asamblea de madrugada
Milo guió a Proserpina hasta su habitación y la hizo pasar. La adolescente suspiró y se sentó en la cama, aún vestida con el albornoz que había cogido del cuarto de baño tras ducharse.
—Perdón, voy a coger el pijama y dejo que te cambies— se excusó el griego, recogiendo una camiseta negra y un pantalón cómodo azul del armario. Salió apresuradamente de allí y dejó a la niña su espacio para que se cambiara de ropa.
Tras acomodarse él mismo, tocó a la puerta de su habitación.
—¿Puedo pasar ya?— preguntó. Al escuchar la respuesta afirmativa, el caballero de Escorpio entró en su cuarto.
—¿Vas a dormir envuelta en mi albornoz?— preguntó de nuevo, al ver que la muchacha seguía en la misma posición en la que la dejó—. Me fui fuera a cambiarme para que pudieras hacerlo tú también, pero bueno, si necesitas más intimidad, me voy de nuevo…sin problemas…
—No te preocupes Milo, no necesito pijama— susurró la joven, incorporándose de la cama y desatando el cinturón del albornoz, dejándolo caer al suelo—. Vamos a dormir juntos…¿no?
El caballero de Escorpio empalideció súbitamente al verla completamente desnuda frente a él. Nervioso al ver que ella comenzaba a acercarse, se colocó junto a la puerta, agarrando el pomo con firmeza y retirando la llave que echaba el cerrojo.
—A ver…Proserpina…no sé qué es lo que entiendes tú por dormir, pero desde luego que cuando tengo una mujer desnuda en mi cama no es, precisamente, para pernoctar…
Una sonrisa pícara apareció en los labios de la muchacha.
—Pues por eso mismo, veo que tenemos los dos las mismas intenciones.
Con suavidad, tratando de no hacer ruido, Milo giró el pomo.
—Ya…pero eso sería si yo también estuviera desnudo…no sé si pillas lo que quiero decirte sin parecer grosero…— contestó el griego, sintiendo una gota de sudor recorrer su sien derecha.
Proserpina comenzó a reírse hasta colocarse justo delante del caballero de Escorpio, acorralándole.
—Bueno— dijo acariciando el torso del hombre—, si quieres yo te desnudo…
Ese momento fue el perfecto para Milo quien, sin pensarlo un segundo más, abrió la puerta rápidamente y salió de su cuarto, cerrando la puerta de un golpe para dejar encerrada a la joven dentro. Con los nervios, la llave que tenía en la otra mano cayó al suelo con un tintineo.
—¡Mierda!— masculló el caballero, al sentir que la joven trataba de abrir la puerta, por lo que Milo tuvo que retorcerse para sujetar el pomo para evitar que Proserpina escapara y buscar con la otra mano la llave perdida.
Al haber caído algo lejos, el griego tuvo que alargar su pierna y alcanzarla con el pie, arrastrando hacia su cuerpo la llave de marras.
Una vez conseguido su objetivo, la recogió y echó el cerrojo a la puerta, mientras la joven aporreaba la puerta con furia pidiendo a gritos que la sacara.
—¡Lo siento Proserpina, pero creo que lo mejor será que duermas en mi cuarto y ya si eso duermo yo en el sofá! Será lo más cómodo para ambos.
—¡Pero yo quiero dormir contigo! ¡Tengo frío y tú me das calor!— gimió la joven.
—Calor…claro…pues cómprate una estufa, jodía. No voy a follar contigo ni aunque me pagaran por ello— susurró Milo enfadado—. ¡Hasta mañana Proserpina, que descanses!
Y sin decir nada más, corrió hacia el salón, recogió una manta del sofá y salió de su templo a toda prisa, cerrando también con cerrojo la puerta principal.
Saltó de dos en dos los escalones en dirección al templo de Acuario. Al llegar al onceavo templo, llamó con insistencia a la puerta pero nadie le abrió.
—¡Camus, mamón, ábreme, no te hagas el dormido!— murmuró. Pero al ver que sus intentos eran en vano resopló hastiado y colocó sus brazos en jarras.
—Es inútil que lo llames— dijo una voz a sus espaldas—. No se encuentra dentro.
Jano, uno de los guardas del templo de Acuario, informó al griego de este hecho.
—¿Y dónde está?— preguntó el caballero de Escorpio.
El guardia señaló la salida del templo en dirección al siguiente.
—Creo que dijo que iba al templo del Patriarca. Iba acompañado de Saga y Kanon de Géminis, de Shura de Capricornio, Afrodita de Piscis, Aioros de Sagitario y Shaka de Virgo.
Milo bufó enfadado.
—¿Reunión nocturna y no me avisan? ¡Serán...!— y salió corriendo escaleras arriba.
Al llegar al templo Patriarcal, entró como un huracán, llamando a voces a sus compañeros.
Belial apareció rápidamente, reprochándole al caballero de Escorpio sus gritos.
—¿Qué ocurre, mi señor? Está alterando el descanso de los sirvientes— reprendió el joven.
—¿Dónde están mis compañeros? Tengo que hablar con ellos urgentemente— dijo Milo, nervioso.
—Sus camaradas se hallan reunidos en la biblioteca, pero cálmese primero. ¿Qué ha pasado?— preguntó Belial, al ver el estado alterado del caballero de Escorpio.
El griego se pasó la mano por la frente y exhaló. Mirando a todos lados cogió al sirviente y lo apartó hacia una zona más discreta, lejos de los oídos de los guardias.
—Esa niña— susurró Milo—, está loca. No sé si es un regalo de Hades o una putada enviada por la diosa Afrodita para fastidiarnos por negarnos a las Hieródulas, pero ese ser es una especie de demonio ávido por tener relaciones sexuales.
Belial alzó una ceja confuso.
—¿Te ha…?— dijo señalándose la entrepierna.
Milo sacudió la cabeza.
—No, si lo hubiera hecho Proserpina estaría más muerta que viva en estos momentos. Pero la niña quería acostarse conmigo. ¡Se desnudó delante de mi!— dijo estremeciéndose, al recordar la escena—. ¿Qué pasa a ti también te ha acosado?— preguntó al sirviente.
—Me acarició el torso en plan lascivo, aprovechando que no quería darse la vuelta para evitar que le viera el rostro— reveló Belial, también estremeciéndose al recordar el contacto.
—Conozco esa sensación, compañero— musitó Milo, estrechando entre sus brazos al sirviente—. Por eso debemos librarnos de ella cuanto antes. Además, que tengo mis serias dudas de que realmente quiera ser amazona. Se parece a esas niñas fanáticas que chillan y se desmayan cuando salimos fuera y gritan que quieren que las dejemos preñadas. Las crías de hoy día están mal de la cabeza, se creen que vamos a fijarnos en ellas…
El sirviente asintió y Milo le pidió que le acompañara a la reunión, en calidad de víctima.
Ambos jóvenes entraron en la biblioteca y sus compañeros giraron la cabeza al verse sorprendidos.
—Milo, ¿qué haces aquí?— preguntó Camus, extrañado.
—¿A ti que te parece? ¿Creías que iba a dormir con ese ser inmundo?— masculló el caballero de Escorpio—. Paso de quedarme en mi templo con ella, la tengo encerrada en mi cuarto— dijo tomando asiento en la pequeña asamblea.
—¿La has encerrado en tu cuarto? ¿Estás loco?— dijo Aioros asustado por tal información.
Milo observó a sus compañeros, quienes tenían caras descompuestas al saberlo.
—¿Qué pasa? ¿Por qué he hecho mal en encerrarla, si puede saberse?— preguntó el griego.
—No es que hayas hecho mal, es que a saber qué estará haciendo en tu cama— musitó Kanon, aún con secuelas de lo que sus ojos fueron testigos. Saga le acarició la cabeza y le dio un beso para confortarle, mientras lo estrechaba entre sus brazos y le consolaba con suaves palabras tranquilizadoras.
—Esa muchacha está aquí por un propósito no esclarecido del todo, aparte del de acosaros sexualmente— anunció Shaka—. Su cosmos no alcanza ni siquiera el primer nivel y miente más que habla. No me fío de nada de su historia.
—¡Como para fiarse! Si no hace más que contar mentiras sin parar— exclamó Saga irritado—. Me acosó sexualmente, puso su mano sobre mi entrepierna, finamente hablando. ¿Cómo no iba a golpearla? Todos lo hubiéramos hecho, acabó con mi paciencia. Por no hablar de ese cuaderno repleto de fotografías nuestras y de cómo me dejó el cuarto de baño. Y a mi hermano…
—¡No por favor, no lo cuentes!— suplicó Kanon con ojos llorosos.
Su hermano le palmeó la espalda suavemente.
—Es necesario para que entiendan nuestro sufrimiento, hermano— le contestó Saga—. ¡Mi hermano vio como Proserpina se masturbaba gritando su nombre!
Todos los allí presentes ahogaron un grito, mezcla de terror y repugnancia, mientras que el afectado rompía a llorar de nuevo.
—Pobre Kanon…—musitó Milo, compadeciéndose de su amigo—. Sin duda ser testigo de eso es como para querer arrancarse el cerebro…
Aioros golpeó la mesa con fuerza ante el poder destructor de aquella muchacha.
—Deberíamos hablar con Marin y preguntarla dónde la ha conocido como para que ella diera su beneplácito para que pudiera ingresar aquí.
—Si me permitís la intervención— carraspeó Belial—, y esto que voy a relatar son meras conjeturas mías, tengo la impresión de que eso es una excusa, puesto que mi superiora no mencionó en ningún momento haber conocido a nadie con ese nombre. Como sirviente personal del Patriarca y candidato a portar la armadura de Orión, estoy al corriente de prácticamente todos los sucesos diarios que acontecen en el Santuario. No me consta que Marin hablara con nuestro Sumo Sacerdote con ella, de eso estoy seguro. Lo que desconozco es si lo hizo con alguno de los otros caballeros de plata. En ese caso, me ofrezco voluntario para averiguarlo, llegando incluso a buscar información fuera de los límites del Santuario.
Los caballeros de oro se miraron entre ellos y asintieron a la propuesta del sirviente, agradeciéndole el gesto.
—De acuerdo Belial. Mañana te encargarás de ello, y deberás informar a cualquiera de los aquí reunidos sobre la información que recopiles. Sé discreto, ¿de acuerdo?— dijo Saga, acariciando a su hermano.
—¿Y quién se va a encargar de ella mañana?— preguntó Afrodita—. No sabemos cuándo regresará el Patriarca de Star Hill, pero no queda más remedio que alertarle si descubrimos nosotros qué hay detrás de este ser. Yo no quiero volver a olerla nunca más.
Los caballeros volvieron a mirarse con temor, sin saber muy bien a quién le encasquetarían el cuidado de esa pequeña mofeta acosadora.
—¿No puede encargarse Deathmask?— preguntó Shura al caballero de Piscis.
—Ni de broma— respondió rápidamente el sueco—. Lleva vomitando desde que la olió, así que imposible.
—¿Y vosotros dos? No la habéis tenido en vuestro templo— replicó Saga, dirigiéndose a Sagitario y Capricornio.
—¡No!— exclamaron los dos al unísono—. Tenemos que hacer otras cosas y no podemos encargarnos de ella.
—Como siempre poniendo excusas— gruñó el gemelo mayor.
El caballero de Escorpio sonreía de medio lado y se reclinó en la silla hacia atrás, columpiándose con una pierna.
Al percatarse de esto, Kanon le preguntó.
—¿Qué estás tramando Milo?
El caballero de Escorpio cerró los ojos y sonrió más abiertamente.
—Si hay alguien que mañana está desocupado y no tiene nada más que hacer porque así me lo confirmó, es Camus.
Todas las miradas se posaron en el caballero de Acuario, quien empalideció y sacudió la cabeza.
—¡Milo!— exclamó enfadado hacia su amigo, y se volvió a los demás—. No. Es que no. Me niego. ¿Acaso tengo cara de niñera?
El resto de compañeros sonrieron ante la obviedad de la respuesta.
—No es que tengas cara, es que tú has tenido dos alumnos, así que se te dan bien los críos— apuntilló Milo, echando más leña al fuego. Camus amenazó a su amigo con congelarlo de arriba abajo si no cerraba la boca de una vez.
—Sea pues, asunto arreglado— dijo Saga, satisfecho por el resultado—. Mañana te encargarás de cuidar de Proserpina.
El caballero de Acuario miró furioso a su amigo, quien seguía columpiándose alegremente.
—Eso por reírte de mí esta noche— musitó el griego en voz baja.
Todos los allí reunidos dieron por finalizada la asamblea y se incorporaron de sus asientos.
—En cuanto me digáis más información fiable, me comunicaré con el Patriarca para informarle debidamente— dijo el caballero de Virgo, antes de salir—, ya que soy el único que puede hacerlo en estos momentos.
De vuelta a sus respectivos templos, Shura se dirigió al caballero de Escorpio.
—¿Tú qué vas a hacer esta noche? ¿Vas a regresar a tu templo o qué?
—Ni de coña— respondió Milo—. Antes prefiero dormir a la intemperie que dormir siquiera en el sofá. No. Que esa es capaz de tirar la puerta abajo y violarme mientras duermo.
—Quien lo iba a decir— dijo Saga con sorna—, Milo rechazando los favores sexuales de una jovencita.
—Mira quién fue a hablar, que a ti también se te ha insinuado y la rechazaste— replicó su compatriota—. Y a mí no me gustan ni tan jóvenes, ni tan apestosas, ni tan…
—Feas— añadió Saga—. Dilo sin problemas. Es un cardo borriquero.
Camus gruñó ante la conversación que tenían los dos griegos, poniendo a parir a la muchacha.
—Vale, ya sabemos todos que es de…belleza distraída— dijo rompiendo una lanza a favor, quizás para no tener pesadillas con lo que que tocaría soportar al día siguiente—; pero puede que sea una chica inteligente y culta. Al fin y al cabo, por lo que hemos ido hablando, ha mostrado cierta inteligencia para rebatir a algunos de vosotros. Puede que su instinto primario ejerza una influencia muy fuerte en ella, pero también puede que saque a relucir, en un ambiente más sereno, otras cualidades no vistas hasta el momento.
—¿Tú crees Camus? ¿De verdad lo crees?— susurró Kanon—. Solamente te aconsejo que no tengas compasión con ella. Hay seres que utilizan las lágrimas en su propio beneficio.
El francés se estremeció ante tal declaración.
—Pienso que no tiene que ser todo malo en ella. Por fuerza tiene que haber algo bueno, aunque sea mínimo— prosiguió el caballero de Acuario.
—Convéncete Camus. No existe nada bueno en ello como cabría de esperar— añadió Saga—. Pero no lo sabrás hasta que te toque cuidar de ella…mañana ven a mi templo y me cuentas qué tal…
Y con una risa malévola, Saga y Kanon siguieron su camino hacia Géminis.
El caballero de Acuario sintió un escalofrío por todo su cuerpo.
—Es que tiene que haber algo. Sí. Y yo lo encontraré, me cueste lo que me cueste— musitó decidido.
—Vale, tu búscale ese lado si puedes, pero ahora haz el favor de centrarte en buscar la llave de tu templo y abrir, que tengo mucho sueño— exigió Milo, provocando un respingo en el francés.
—¿Qué? ¿Después de lo que me has hecho, pretendes que te acoja en mi templo?— replicó Camus, sacando la llave del bolsillo del pantalón y abriendo la puerta—.¡Ja!— y le cerró la puerta a Milo en la cara.
—¡Camus! ¡CAMUS! ¡Ábreme!— gritó aporrando la puerta—. Vale, vale…pues mañana irás tú solo a recogerla a mi templo. Ten— le dijo a Jano, quien observaba la escena con media sonrisa—, las llaves de mi templo y de mi habitación. Dáselas al francés cuando despierte y de mi parte le dices que se pudra.
—Así lo haré, no se preocupe— contestó Jano, recogiendo las dos llaves.
