Pacto de sangre

Capítulo 7

Juntando las cicatrices

-No podemos quedarnos mucho tiempo.

La voz de K' se había quedado flotando en el aire, rebotó un par de veces en las paredes de la cueva y se fue disminuyendo poco a poco, hasta que no quedó ningún rastro de ella.

Kula se abrazó a él con fuerza.

-Trata de dormir.

Kula describiría el lugar en el que estaban como una especie de hueco. Muy cómodo como para ser de piedra. K' la tenía abrazada también y a su alrededor todo era confortable y perfecto. No había mucha luz. Un par de velas iluminaban toda la estancia.

De no ser por las circunstancias, hubiera sido aún más hermoso de lo que ya era para Kula. Cerraría los ojos y dormiría. No era algo imposible. Había mucha paz como para no poder hacerlo. La realidad de afuera no parecía ser una realidad sino un mito, un cuento, algo inexistente.

-No quiero hacerlo- dijo ella al cabo de unos minutos- si me duermo lo olvidaré todo. Perderé la conciencia, lo sé. Y tu aprovecharás para salir de aquí sin mí. Sé que no quieres que esté en peligro, pero yo no tengo problemas con pelear.

-Has aprendido a conocerme muy bien- la estrechó más contra su cuerpo- Todo lo que quiero es protegerte.

-Lo sé. Gracias.

Kula sabía que necesitaba seguir hablando para no quedarse dormida.

-¿Qué te hacía odiar este lugar?

K' respiró profundamente. Kula tenía una curiosidad muy grande y no encontró otro momento mejor para aclarar esta duda.

Él supo que no tenía alternativa más que contestar. No supo cómo explicarlo, así que se tomó su tiempo para pensar cuidadosamente las palabras que iba a usar. Kula lo observó fijamente sin interrumpirlo. Por su expresión ella sabía que él estaba pensando en lo que ella había preguntado.

-¿Qué sentirías si estuvieras obligada a permanecer en una cueva…oscura, fría… que de alguna forma se apodera de tu conciencia, por un lapso indefinido de tiempo…completamente sola?

Kula no contestó, se limitó a esperar.

-Estaba completamente solo.

-Pero ahora no lo estás- Kula se apresuró a hacerse notar- estamos juntos y mientras esté contigo todo estará…

De pronto guardó silencio. A K' esto le pareció muy extraño, había dejado de hablar sin previo aviso. Sin embargo ella se sepró de él y lo miró a los ojos fijamente.

-Quedémonos aquí- dijo, como si hubiera hecho un gran descubrimiento en ese preciso momento- no hay que salir nunca más. No necesitamos nada, más que estar juntos, ¿Qué es lo peor que puede pasar? De todas formas, si el mundo es destruido, tu y yo…

-Creo que no estás teniendo las ideas muy claras, Kula. Eso no es algo que podamos hacer.

Kula suspiró, desalentada por completo. K' tenía razón, no estaba pensando con claridad. Se había dejado llevar por sus sentimientos en ese momento.

Igniz había avanzado poco a poco. En su interior lamentaba no haber logrado que K' se uniera a él, pero considerando otras cosas, no lo necesitaba. Los clanes se habían dispersado y nadie se atrevería a enfrentarse a él. Los humanos no serían capaces de hacerle frente, y seguro se descontrolarían y sufrirían por la noche eterna. Eso los haría más débiles. Les servirían de alimento por mucho tiempo.

Daba por sentada su victoria y su posición de poder por sobre los otros vampiros. En poco tiempo se apoderó de una guarida, un lugar oscuro de acuerdo a sus gustos en el cual se instaló cómodamente mientras decidía qué hacer para divertirse. Llegó a creer que K' y Kula estaban muertos, pero no tardó en sentir que seguían en alguna parte, reponiendo sus fuerzas, aguardando para enfrentarse de nuevo a él.

No dudaba de su futura victoria sobre ellos, que después de todo no eran más que un simple estorbo, una basurita que quitar de en medio con facilidad.

….

Kula no contó el tiempo que llevaba dentro de ese lugar. Se limitó a quedarse en silencio mientras veía a su alrededor con indiferencia, sumida en una profunda ensoñación en la que sin embargo no quería caer por completo. No quería quedar inconsciente, no quería darle la oportunidad a K' de dejarla ahí de nuevo. Llegó a pensar que se quedarían así por el resto de la eternidad, que K' escucharía la súplica que ella hacía en silencio, pero no tardó en darse cuenta de que su determinación era clara. Pero ella no iba a desistir, no se iba a dejar vencer, así que decidió buscar otra forma de permanecer despierta.

-K', ¿Cómo llegamos a esto?- preguntó casi sin pensar. Había dejado divagar a su mente y la pregunta salió por sí sola.

-¿De qué hablas?

-Me pregunto… ¿Qué nos marcó para que termináramos siendo esto?

-El destino- contestó él sin especial énfasis pero con convicción- Yo era muy joven, pero era solitario y triste. Y estaba enfermo. Iba a morir de todas formas. Mi vida no fue algo bueno.

-¿Deseabas morir?

-Tal vez… no lo sé. Algunos recuerdos son muy confusos. Llegó un momento en que no sabía qué pasaría conmigo. Traté de suicidarme. No sabía hacerlo. Tomé, mucho. Luego busqué un cuchillo. Quise cortarme el cuello, no me importaba que fuera doloroso. Casi lo logré. Máxima me encontró y me convirtió. Luego me explicó toda esa basura de que era especial y que me necesitaban. Y luego de un tiempo llegaste tú.

Kula se quedó en silencio y trató de recordar.

-Yo tampoco recuerdo mucho- susurró tratando de esforzar su mente- me iba a casar….con alguien a quien no quería, ni iba a querer nunca. Jamás conocí a alguien por quien sintiera amor y esa persona me había comprado. Luego huí. Por el bosque. Me persiguieron, y luego hubo una tormenta de nieve. Casi me congelo. Busqué calor, pero en poco tiempo ni siquiera podía moverme. Luego apareció Diana y...

Todo lo demás quedó claro. No eran diferentes en el sentido de que ambos habían terminado metidos en todo ese lío por haber huído.

Quizás si era el destino. Quizás cada uno huyó a su manera porque ellos no estaban destinados a ser humanos, sino algo más. Algo diferente, algo que en sus vidas normales nunca hubieran imaginado.

Kula no se dio cuenta en qué momento comenzó a besarlo. Mientras él respondía a sus caricias no dejaba de parecer ausente, imposible de acercar a ella por más que lo intentara. Sin embargo a ella no le importó. Así lo había amado siempre y no era quien para cambiarlo ahora.

-Duerme- sugirió el en susurros- estarás bien si lo haces.

-No quiero. No puedo permitírmelo. No dormiré.

Sus palabras fueron claras y K' no insistió más.

Él estaba más consciente del tiempo. Sabía que no podía esperar por mucho tiempo más. Sabía perfectamente bien que cuanto más se tardaban, más oportunidad le daba a él de avanzar.

Igniz tenía razón, comprobó teniéndola cerca, que Kula consistía en una tentación demasiado grande para él. No podía evitar percibir el dulce aroma de su pelo, ni el suave roce de su blanca piel.

Más de una vez se sintió atormentado por la idea de que en cualquier momento perdería el control y terminaría haciendo con ella justamente lo que Igniz había dicho.

Se miraron a los ojos y de un momento a otro comenzaron a besarse con ardor, con ansias, por que esa era, quizás, la única oportunidad que tendrían de estar juntos. K' tomó todo el control y utilizó sus labios para apoderarse de los de ella. Hizo lo que se le dio la gana, la besó con fuerza, dejó que su lengua vagara por los rincones de su boca, y mordió ligeramente sus labios, mientras se hacía cada vez más evidente para él que no podría contenerse por mucho tiempo más. Kula lo abrazaba y se dejaba llevar, correspondiéndole con casi igual pasión. Él la besó en el cuello y en los hombros, mientras sus manos se colaban por debajo del vestido y acariciaban sus piernas, las cuales se le enredaban en la cintura con fuerza.

Se detuvieron bruscamente. Él, tendido sobre ella, con un brazo la sujetaba por la cintura, y con la otra sostenía su cabeza. Ella tenía los brazos enredados alrededor de su cuello. Se miraron largamente.

-¿De verdad no podemos quedarnos, K'?

La pregunta lo desarmó. Necesitaba quedarse. Necesitaba contar con esa posibilidad.

-K'…-el silencio se había apoderado de la estancia- K'…K', bésame.

Él no escuchó nada más. Su vista se nubló. Su mente perdió toda consciencia, y se abalanzó de nuevo sobre ella, besándola y acariciándola, llenándose del aroma de su piel, de sus suspiros suaves, y de su nombre que se repetía una y otra vez en su voz ahogada de deseo.

Kula sintió un dolor fuerte en su mano. En la palma, la cicatriz que tenía se abrió. En el pecho de K', su cicatriz también se abrió. Movida por el desenfreno del momento, Kula se agachó y tomo algunas gotas de la sangre de K', pero otro instinto, mucho más fuerte, la obligó a llevar su mano, con la herida, sobre la herida de K'. Se besaron de nuevo profundamente, mientras sus heridas ardían. Al juntarse quemaban como el fuego, pero al mismo tiempo, sus pieles se erizaban como si hiciera mucho frio.

K' recordó las palabras de Igniz una vez más; "Dejaré que la tengas entre tus brazos por última vez, que la beses y la ames, y finalmente, que consumas su sangre hasta que te des cuenta de que forma parte de ti por completo…"

-Kula- dijo de repente mientras detenía de nuevo sus besos.

El contacto de las cicatrices lo había hecho recordar.

La promesa, K', la promesa.

Parecía que algo lo repetía insistentemente dentro de su cabeza.

-Kula. Tenemos que salir de aquí. Debemos enfrentar a Igniz.

K' tenía miedo. Tenía miedo de que se cumpliera lo que Igniz decía. Temía amarla y poseerla y luego consumir por completo su vida. Tenía miedo de ser tan imbécil como para perder la conciencia y alimentarse de ella, pues era lo que el sabor de su sangre podía lograr.

Se pusieron de pie y antes de salir de allí se abrazaron con fuerza una última vez. Sus labios se rozaron con suavidad contrastante con la pasión de momentos antes.

-¿Cuánto tiempo estuvimos aquí?

-Yo diría que una semana, más o menos- contestó él. Kula se sorprendió.

Respiró profundamente. Una vez que salieran de ahí, todo iba a depender de que lograran acabar con igniz.

-K'- Kula lo sujetó del brazo antes de que pudiera buscar la salida- Yo te amo.

K' no contestó, o al menos, no de la forma en que ella esperaba que lo hiciera.

-Cumpliré mi promesa a toda costa, Kula.

-Igniz- Diana se acercó a él con determinación- no han podido encontrar a Máxima. Temo que está planeando algo.

Igniz sonrió con altanería.

-No lo creo. Y aun si estuviera haciéndolo, no hay nada que pueda hacer. Todo está decidido.

-¿Qué me dices de K' y Kula?

-Estarán aquí muy pronto, lo presiento- Igniz tenía en sus manos una copa con sangre. Las masacres sobre los seres humanos habían comenzado y él de vez en cuando se daba el gusto de cazar su propio alimento- Y ya tengo un plan para ellos, probablemente necesitaré tu ayuda.

Diana sonrió.

-¿Y de qué se trata?

Igniz se puso de pie con la amplia sonrisa aún sobre su rostro. En aquel lúgubre salón sólo estaban é y Diana. Se acercó hacia donde pudiera ver hacia afuera y siguió hablando.

-No quiero arruinar la sorpresa- dijo sin voltear, pero evidentemente se estaba divirtiendo con solo pensarlo- pero te garantizo que esos dos terminarán matándose el uno al otro.

Diana sintió una sacudida por la emoción. Eso era algo que muchos ansiaban ver. La destrucción final de ellos dos. Y si se mataban mutuamente, mayor espectáculo sería, digno de mirarse.

-Será algo verdaderamente delicioso, ¿No crees? Dos amantes destruyéndose en una pelea dolorosa, sangrienta y pasional. Al final ambos morirán. Y si no sucede así, yo los mataré y asunto arreglado

K' y Kula salieron de la cueva. El oscuro bosque estaba cubierto de neblina. Se tomaron de la mano y avanzaron, caminando, al principio.

-¿Sabes dónde está?

K' señaló hacia el oeste, hacia donde se ubicaban varias aldeas.

-Puedo sentirlo, allí está. Seguro sabe que iremos para allá.

No se soltaron de las manos, hasta que llegaron al lugar. No sabían determinar a primera vista si el lugar era una montaña o una mansión. Parecía que la montaña se había tragado la construcción, o viceversa.

Entraron a paso lento, desconfiados. Llegaron a un pasillo, donde de pronto fueron atacados.

Muchos vampiros se fueron sobre ellos, gritando y tratando de golpearlos. Kula iba a atacar.

-¡No, Kula, guarda tus fuerzas!- advirtió K'- es mejor que huyamos.

Corrieron hasta que los dejaron atrás, en aquel pasillo húmedo y oscuro.

Pero K' miró hacia todas partes, y no encontró a Kula.

Kula también se halló sola de repente. Estaban en pasillos diferentes, habían sido separados. K' comprendió que ese era el fin de aquel ataque. Sin duda, Igniz los estaba esperando.

Continuará…