Leer con responsabilidad, sólo como recordatorio... clasificación M.
Había pasado toda la semana tratando de encontrar algo en los restos de la nave que Raditz había recogido, pero casi todo era chatarra inservible, ya no sabía por qué seguía insistiendo en analizar una y otra vez cada parte, quizás manteniendo la esperanza de encontrar alguna huella dejada por aquel individuo que alteró el sistema, lo único interesante en la nave era el escondite de Bra en el cual encontró un scouter intacto, distinto al que usaba normalmente en las misiones, presa de la curiosidad pasó horas escuchando todas y cada una de las conversaciones almacenadas en la memoria, al principio no le dio mayor importancia a la existencia de ese aparato extra, pero a medida que las conversaciones pasaban pudo notar que siempre conversaba con la misma persona… Son Goten… ¿por qué necesitaba tener una frecuencia exclusiva para hablar con él? ¿Por qué era una frecuencia privada? Eso llamó su atención, ella no era ignorante de los rumores que corrían entre los soldados, también sabía que la relación que esos dos tenían era un poco más cercana de lo que trataban de aparentar frente a todos y sobre todo frente a Vegeta, esos detalles no se le escapaban, pero la tenían sin cuidado, sabía que aunque Bra le coqueteara, Goten era muy serio y apegado a las normas, y por lo que pudo escuchar era él quien solía frenar los avances de su hija recordándole que su relación no era más que de servicio, pero en el fondo presentía que ninguno de los dos la sentía así, realmente eran amigos y quizás algo más. Su hija recurría al joven guerrero con frecuencia, pudo notar que solía sentirse sola y era él quien la sacaba de esos malos momentos.
Gracias a esas conversaciones descubrió que se veían a escondidas fuera del palacio, esas escapadas sólo podían ser planeadas por su hija, la dinámica solía ser siempre la misma, ella lo proponía y él se negaba, pero luego de un par de insistencias acababa cediendo, siempre era igual. Bra había dejado de ser una niña hacía mucho tiempo, le parecía normal que comenzara a sentirse atraída por el sexo opuesto, sin embargo, a los ojos de Vegeta lo sería por siempre, y sabía que, de enterarse, haría mucho más que degradar a Goten, especialmente ahora que los había enviado solos a la Tierra, donde su relación, de haberla, no haría más que prosperar.
No sabía bien cómo tomar ese nuevo conocimiento, por un lado, se sentía emocionada por lo que suponía era el nacimiento de un nuevo joven amor, especialmente en un planeta tan frío y carente de emociones nobles como era Vegetasei, por el otro lado, no podía dejar de pensar en lo que pasaría si algo de eso llegara a oídos de alguien más o incluso Vegeta.
Nunca se había tomado el tiempo para pensar en qué pasaría con sus hijos una vez que crecieran y dieran señales de querer empezar a tomar decisiones importantes para su vida, ambos ya eran lo suficientemente mayores para hacerlo, Trunks parecía tener tiempo y energías sólo para entrenar y encargarse de algunos asuntos del imperio, no lo veía interesado en encontrar a alguien y formar una familia, al menos de no forma seria, en más de una ocasión lo había visto en los jardines del palacio con alguna muchacha, claro que nunca lo había visto dos veces con la misma chica, lo que la hacía asumir que sólo estaba interesado en pasar un buen rato.
Suspiró pensando en su hijo y en la vida tan solitaria que llevaba, a veces se angustiaba pensando si había tomado la decisión correcta al irse de la Tierra y continuar con su vida en un planeta tan especial como era Vegetasei, sabía que había sido una decisión egoísta de su parte, simplemente no quería volver a separarse de Vegeta y completamente cegada por el amor que sentía por él decidió seguirlo. Cuando Vegeta le comunicó que se iría, ésta vez para siempre, no dudó ni un segundo en decirle que ella también iría, pero ¿Cuáles eran sus opciones en ese momento? Dejarlo ir solo sería el fin de su relación y ella no deseaba eso, no sólo sería ella la que perdería al amor de su vida, Trunks perdería a su padre. Las dudas vinieron después, cuando se encontró en un planeta desconocido rodeada de salvajes que poco la respetaban por ser una simple humana, poco les importaba que fuera un genio de la tecnología, pero con el tiempo, y gracias a su privilegiado intelecto, se ganó el respeto de sus detractores.
Cuando llevaba unas semanas en su nuevo hogar descubrió que estaba embarazada nuevamente, entonces confirmó que su decisión había sido la correcta, su familia debía permanecer unida. La llegada de Bra había hecho que todas sus dudas se disiparan, estaba tan concentrada en cuidar de sus hijos que pronto olvidó todo lo que había dejado, además Vegeta la complacía en todo, como si esa fuera su manera de agradecerle el haberlo elegido. No podía decir que su vida en ese planeta era mala, aunque extrañaba a sus padres, era feliz, pero ¿lo eran realmente sus hijos o sólo se habían adaptado a esa vida? Ambos parecían conformes con ese estilo de vida, disfrutaban de su posición y de las comodidades que venían con eso, tenía la certeza de que Trunks sería un excelente sucesor de su padre, desde que se había hecho cargo del manejo de algunas colonias estas habían prosperado enormemente, eso la llenaba de orgullo, el chico había heredado lo mejor de ellos.
Trunks… ¿por qué estaría tardando tanto en regresar? Desde que su pequeña se había marchado a la Tierra se había vuelto más aprehensiva con él, cada día que pasaba lejos de ella se preocupaba más por su seguridad, no estaba dispuesta a que el imperio le quitara a sus dos hijos. Vegeta solía decirle que se preocupaba demasiado por tonterías, que Trunks era más que capaz de cumplir con todas las misiones que se le encomendaban de manera exitosa. No era necesario que lo dijera, ella sabía que estaba orgulloso del buen guerrero que era su hijo, aunque no lo verbalizara, aun así no podía evitar sentirse ansiosa cada vez que lo veía partir junto a su escuadrón, sabía que la muerte era algo que siempre acecharía a su familia, por el simple hecho de ser quienes eran en la galaxia, así como tenían muchos aliados, tenían igual número de detractores. Desde la derrota de Freezer la galaxia se encontraba dividida entre los simpatizantes del antiguo orden, quienes detestaban a los saiyajins, y aquellos que por convicción o incluso miedo se habían unido a la causa y siguieron a Vegeta al ver su poder. Durante los primeros años, todo fue un caos y el derramamiento de sangre continuó, muchas de las civilizaciones que se opusieron al nuevo orden fueron aniquiladas sin piedad para ser entregadas a los nuevos aliados.
Otra de las bajas importantes de ese periodo fue la disolución del concejo de Vegetasei, se habían opuesto férreamente a todos los cambios impuestos por Vegeta, aunque respetaban su derecho a ocupar el trono, rechazaban su forma de hacer las cosas, especialmente cuando dejó de escucharlos y los culpó de permitir que la grandiosa raza saiyajin fuera degradada a ser sirvientes obedientes cuando debían ser ellos quienes dominaran la Galaxia, pero el conflicto que hizo que Vegeta decidiera quitarles todo su poder fue más personal… al ser puristas se negaron a aceptar a sus hijos como herederos del trono y a ella como reina, por ser humana y nada digna en su opinión, lo peor vino cuando intentaron matarla, habían aprovechado que Vegeta estaba fuera del planeta para apresarla junto a sus hijos, no era tonta, sabía cuales eran sus intenciones con ella, de no ser por la rápida acción de Bardock ella y sus hijos habrían muerto, le debía su vida y estaba profundamente agradecida con él. Al regreso de Vegeta los traidores fueron eliminados y el concejo disuelto, quedando sólo tres de ellos, los tres que se no se habían involucrado en el golpe por estar fuera del planeta en ese momento, pero no le cabía duda de que también eran partidarios de la idea de eliminarla. Afortunadamente, para ella, nadie volvió a cuestionar su unión con el rey y sus hijos habían logrado ser aceptados por el pueblo saiyajin por sus propios méritos.
- Reina… - dio un salto en su asiento al ser sorprendida por la voz profunda de Kiel, el muchacho estaba todo el día pendiente de ella, ya no le causaba molestia, se había acostumbrado a que fuera su sombra e incluso le había tomado algo de simpatía. Sabía que era uno de los mejores soldados del escuadrón de su hijo, aun no entendía por qué era necesario que un soldado tan bien preparado fuese asignado a una labor tan innecesaria como protegerla a ella.
- Me asustaste, Kiel. ¿Qué sucede? – preguntó mientras se paraba y acomodaba las cosas en su escritorio.
- Nada, sólo entré para ver qué hacía, lleva muchas horas encerrada en el laboratorio, ni siquiera ha comido – miró su cara, la mujer se veía realmente agotada y podía notar un dejo de preocupación en sus ojos - ¿está todo bien?
- Sí, sólo estaba recordando algunas cosas no muy gratas – soltó con algo de pena.
- Si eso le causa malestar quizás no debería hacerlo ¿no cree?
- Tienes razón, pero a veces los pensamientos simplemente llegan a nuestra mente y no hay mucho que podamos hacer para evitarlo - un suspiro escapó de sus labios - ¿Hay alguna noticia de mi hijo?
- No, reina – notó como su respuesta sólo logró oscurecer más su semblante, era claro que estaba preocupada por el príncipe, nunca comprendería del todo la naturaleza sensible de su reina, la mayoría de las veces se mostraba como una mujer fuerte y de gran carácter, pero había ocasiones en que la veía frágil y emocional, como en ese momento. Sintió la necesidad de decir algo que la calmara, pero no encontraba las palabras, no sabía nada sobre entregar consuelo, así que decidió callar antes de decir una idiotez que la pudiera alterar más.
Se sacó la bata de laboratorio y la colgó en una percha, sin voltear a verlo comenzó a hablar nuevamente - Kiel… ¿puedo hacerte una pregunta? Pero necesito que seas totalmente honesto conmigo.
- Mi reina, estoy a su disposición, pregunte lo que desee saber.
Esta vez volteó a mirarlo, era un joven alto, de tez blanca y expresión dura, llevaba el cabello corto, negro como todos los de su raza, su aspecto intimidante contrastaba con su actitud amable y servicial, sabía que probablemente se comportara así sólo con ella, si se mostrara de esa manera entre sus compañeros sería blanco seguro de sus burlas y se lo comerían vivo, la falta de carácter no era bien vista entre los soldados. Evaluó su edad, ese chico no lucía mayor que Trunks, aunque era difícil saber su edad con solo mirarlo, los saiyajins solían lucir más jóvenes de lo que realmente eran, aun así, estimaba que debería tener una edad cercana a la de Bra, era sólo un chiquillo.
- Necesito saber por qué me vigilas todo el día.
- Son órdenes del príncipe – dijo secamente.
- Eso ya lo sé, quiero saber por qué te lo ordenaron.
Su rostro completo se tensó, el príncipe le había advertido que su madre preguntaría en algún momento, y su orden había sido clara, por ningún motivo debía decirle la verdad – Eso es algo que no puedo decirle, reina. Lo siento.
Frunció el ceño y apretó los labios, estaba molesta, detestaba cuando le ocultaban las cosas, era obvio que tendría órdenes de no revelar el propósito de su resguardo, pensó en presionarlo un poco, después de todo ella era la reina y tenía todo el derecho a saber lo que ocurría en el palacio, especialmente si se trataba de ella.
- Soldado, te recuerdo que soy tu reina y no debes desobedecer mis órdenes, me dirás en este momento de qué me están protegiendo – sonó dura, quería hacerlo, era la única forma en que entendería que no podía eludir su pregunta, sabía que el sentido de lealtad de ese soldado era fuerte y que jamás traicionaría a su hijo, pero ella necesitaba saber, ya luego intercedería por él evitándole el regaño.
Antes de que le pudiera responder a la reina otro soldado ingresó al laboratorio.
- Reina, traigo noticias - dijo mientras hacía una leve reverencia - La nave del Príncipe y su escuadrón está próxima a aterrizar. Vine en cuanto lo supe, tal como lo ordenó.
- Muchas gracias Neggi – apenas terminó de hablar el soldado abandonó la estancia, entonces se dirigió a Kiel nuevamente – Dejaremos nuestra conversación hasta acá, por esta vez te has salvado, pero la retomaremos luego y no quiero negativas, me dirás todo.
El joven soldado asintió, sintiéndose aliviado al haber sido salvado, sin querer, por su compañero.
- Vamos, ya que debes ser mi sombra por órdenes de mi hijo, me acompañarás a la bahía de aterrizaje, muero de ganas por ver a mi hijo.
Una semana había pasado desde que regresaron de su visita al Monte Paoz, alentada por la conversación con Chichi, Bra había comenzado a acercarse a su abuelo para aprender un poco del próspero negocio familiar. Tal como le dijo, su abuelo estaba feliz de poder compartir todo su conocimiento con ella. Sus conocimientos tecnológicos eran algo limitados, lo que sabía era gracias al tiempo que solía pasar ayudando a Bulma en los laboratorios de Vegetasei cuando se encontraba aburrida y su padre no le permitía salir en misiones. En verdad la Corporación Cápsula era grandiosa, dominaban el mercado tecnológico terrestre, no había otra compañía en la Tierra que pudiera competir contra el gran gigante que era.
Después de pasar algunos días completos con su abuelo recorriendo las instalaciones, conociendo al equipo más cercano de colaboradores y asombrándose con los innovadores nuevos proyectos, llegó a la conclusión de que no era tan mala idea estar a cargo de todo eso, después de todo, Trunks tendría el imperio de su padre, ella podría tener la Corporación Cápsula, sabía que a él no le importaría.
No estaba del todo decidida, sólo coqueteaba con la idea de tener un futuro en ese planeta, como un plan B, en caso de que su plan original en Vegetasei fallara, era lo que menos quería que pasara, pero tenía que ser realista, era una posibilidad, la más probable. Aún debía tener esa conversación con Goten, saber qué pensaba él con respecto a la idea de quedarse en la Tierra. ¿La seguiría o simplemente regresaría a Vegetasei a perseguir su sueño? Había estado tan ocupada con su abuelo que lo había dejado un poco olvidado, no habían vuelto a compartir la cama desde que regresaron del Monte Paoz, así como tampoco habían tenido oportunidad de verse mucho y conversar durante el día, ya que al pasar tanto tiempo con el científico Goten había aprovechado de visitar más seguido a su familia para entrenar con su padre, llegaba tarde por la noche y a veces ni siquiera llegaba, por un lado estaba contenta de que estuviera mejorando sus lazos familiares, pero una parte de ella lo extrañaba y anhelaba su compañía.
Podía sentir su ki cerca, al parecer ese día había decidido quedarse en la Corporación, esa era su oportunidad para acercarse a él y conversar sobre las posibilidades que tenían para su futuro juntos. Salió de la casa guiándose por su ki y lo encontró recostado en una de las reposeras al borde de la piscina, pudo notar que había estado nadando ya que su cabello estaba mojado, se acercó a él y se recostó en la reposera que estaba a su lado.
- Creí que pasarías el día con tu abuelo – no fue necesario abrir los ojos para saber que la peliazul había llegado a acompañarlo.
- Creí que pasarías el día con tu familia.
- No, decidí que por hoy me quedaría acá, además mi madre comenzaba a sentirse molesta porque mi padre estaba descuidando el campo por entrenar todo el día conmigo. Prefiero evitar ser un motivo de conflicto para ellos.
- Tu relación con ellos ha mejorado bastante ¿no?
- Depende de a qué le llames mejora. Mi madre no deja de insistir en que visite a Gohan y en lo maravilloso que es él y su familia.
- Ella parece ser un poco intensa ¿no crees?
- Demasiado para mi gusto, pero es mi madre, supongo que debo aceptarla tal como es. Además, sólo será por un tiempo, creo que puedo con eso.
- Sobre eso… he estado pensando y… - se detuvo unos segundos y mordió su labio inferior algo nerviosa, no estaba segura de que se fuera a tomar bien lo que iba a decir, pero debía decirlo en algún momento y ese parecía ser el adecuado.
- Siempre he pensado que es un total peligro que uses tu cerebro… nada muy bueno suele salir de eso – dijo con una divertida sonrisa.
- Escucha lo que diré y ya luego me das tu opinión ¿está bien? – no pudo evitar fruncir el ceño y desear regañarlo, inhaló y exhaló suavemente y trató de relajarse un poco para continuar con su idea anterior - ¿Has pensado en la posibilidad de quedarte en la Tierra?
Su pregunta lo descolocó un poco, la verdadera razón para no querer pasar el día en el Monte Paoz era que su madre había comenzado a abrumarlo con sus extensas charlas sobre cómo sería su vida en la Tierra si decidiera quedarse - ¿En serio? ¿Tú también? – bufó molesto, era lo que le faltaba, que Bra se uniera a los desvaríos de su madre - ¿Es por eso que de pronto te has interesado en el negocio de tu familia? – se reincorporó en la reposera y apoyó sus manos en sus rodillas mientras movía de un lado a otro su cabeza en negativa.
- ¿Por qué te lo tomas así? Es sólo una pregunta.
- ¿Es que estás pensando en quedarte? – preguntó secamente - ¿Cuándo pensabas decírmelo?
- No es una decisión tomada, Goten. Sólo estoy evaluando mis opciones.
- ¿Para qué? Dijiste que querías volver, en Vegetasei está tu vida… y la mía.
- Sabes que será difícil que estemos juntos allá…
- ¿Por eso lo haces entonces? Eso es algo que solucionaremos una vez que estemos allá.
- ¿Y si no podemos?
- Si no, pues entonces lo olvidamos – dijo con total serenidad.
Su boca se abrió de par en par ¿cómo podía decirle algo así? ¡Y tan tranquilo! - ¿Olvidarlo? ¿Qué te sucede? Has estado muy distante y frío conmigo desde que regresamos del Monte Paoz, ni siquiera te he visto estos días y ahora me dices esto… - calló un momento y las ideas comenzaron a agolparse en su mente ¿estaría arrepentido? No podía ser eso, tenía que estar equivocada.
- Tú eres la que ha estado descubriendo cómo sería su vida en la Tierra, yo sólo busqué algo que hacer mientras jugabas a ser una terrícola. No entiendo cómo puedes pensar siquiera en renunciar a la vida que tenemos.
- No estoy renunciando ¿qué no lo entiendes? Esta también podría ser mi vida, también soy una humana, al igual que tú, sólo que tú lo niegas.
- No – dijo fuertemente – yo soy un saiyajin, me crié como tal, independiente de cuál sea mi origen, es la sangre de los gloriosos guerreros saiyajins la que corre por mis venas.
- Está bien, sé que lo eres, pero… sólo piénsalo… ¡Qué desagradable estás hoy! – Se levantó con la intención de marcharse, pero paró un momento para voltear a verlo, se había recostado nuevamente en la reposera, brazos cruzados contra su pecho y la mirada perdida en el cielo, qué demonios pasaba por su mente… no tenía idea, pero sí que estaba de mal humor como pocas veces lo había visto – Iré a entrenar en la cámara un rato ¿te unes? – preguntó alegremente, quizás una buena sesión de entrenamiento junto a ella le mejorara el ánimo. Esperó unos segundos su respuesta, pero nada parecía estar por salir de su boca, se estaba comportando de una manera inusualmente grosera con ella – ¡Cómo quieras! – era suficiente, si quería ser un idiota, que lo fuera, que no le respondiera la molestó de sobremanera, no lograba entender ese cambio de actitud que estaba teniendo, sólo le había hecho una inocente pregunta. Caminó alejándose hasta llegar a la cámara de gravedad y una vez allí ingresó y cerró la puerta.
¿Qué le pasaba a su madre y a Bra? Era como si de pronto las dos se hubieran puesto de acuerdo para abrumarlo con tonterías sobre vivir en la Tierra, era cierto que había imaginado cómo sería su vida en ese planeta si decidía quedarse, pero lo que pudo visualizar no le agradó ¿Qué haría? ¿Vivir con sus padres el resto de su vida? En la Tierra no tenía nada más que vínculos familiares que aún le parecían extraños y lo único que sabía hacer bien era luchar, era un soldado y así se ganaba la vida, jamás se le pasaría por la cabeza cambiar su estilo de vida y convertirse en un granjero, como le había sugerido su madre ¿qué tipo de vida sin emociones era ese? Prefería regresar a Vegetasei y ser degradado, al menos así seguiría siendo un soldado o en el peor de los casos, si corría con peor suerte y era totalmente desvinculado del ejército saiyajin, podría dedicar su vida a ser un mercenario, no era la opción más honorable, pero se le hacía mejor que cultivar papas. Ya había tomado una decisión importante para su vida, había decidido que Bra sería la mujer a la que se uniría, por puro instinto, podía renunciar a sus planes de convertirse en general, pero no a su vida en Vegetasei, eso era algo que no quería tranzar. No le gustaba hacia donde estaba yendo ese nuevo interés de Bra.
Desde la conversación que tuvieron en la ladera del río durante su estancia en el Monte Paoz no habían vuelto a tocar el tema de su relación, así como tampoco habían vuelto a tener otro acercamiento, la chica parecía demasiado concentrada en pasar tiempo con el viejo Brief, se había hecho la idea de que era sólo porque deseaba conocerlo más, pero ahora que sabía que sus intenciones eran otras se sentía molesto, como si lo estuviera traicionando al pensar en la posibilidad de no regresar a su planeta. Necesitaba tiempo para ordenar sus ideas y encontrar la forma de decirle lo que él pensaba al respecto de una manera más calmada que no terminara en una incómoda discusión, por el momento la dejaría tranquila, sabía que se había marchado molesta porque no le respondió, pero de haberlo hecho las cosas habrían terminado peor. Cerró sus ojos y se acomodó en la reposera, lo mejor sería dormir una siesta, ese día estaba decidido a hacer nada.
En el preciso momento en que la puerta se cerró tras su espalda dejó salir el grito de frustración que tenía atrapado en la garganta. Estaba verdaderamente enfadada con Goten, detestaba cuando simplemente la ignoraba o le llevaba la contra, ni siquiera la dejó explicarle su plan, el cual era excelente, por supuesto que lo era si había salido de su privilegiado cerebro. Pero no sólo eso la tenía molesta, también estaba el hecho de que no la buscara, en toda una semana no había sido capaz de acercarse a ella y no entendía por qué eso estaba pasando ¿dónde se había ido todo ese deseo? Creyó que luego de esa sincera conversación las cosas serían distintas, pero nada fue como ella esperaba, el último día en el Monte Paoz se lo pasó entrenando con su padre mientras ella acompañaba a Chichi. Al llegar a la Corporación Cápsula simplemente se despidió y se fue directamente a dormir a su habitación y los días siguientes debía considerarse afortunada si lograba verlo un par de segundos antes de que se fuera nuevamente al Monte Paoz por el día. ¿Qué le pasaba?
Aumentó la gravedad al máximo permitido por el sistema, aún no dominaba a la perfección sus movimientos a 300G, pero sabía que podría soportarlo, en ese momento sólo quería dejar salir toda la frustración que pesaba sobre su alma, entrenaría hasta quedar exhausta. Dejó fluir toda su energía a través de su cuerpo y alcanzó prontamente y sin esfuerzo la dorada transformación, luchó contra su enemigo imaginario con puños y patadas, sin la supervisión de Goten se sentía más confiada para utilizar pequeñas bolas de energía que rebotaban en las paredes de la cámara causando pequeñas explosiones controladas cuando se encontraban entre si en el centro de la sala. Se le estaba haciendo divertido esquivar las que no encontraban a su par y se dirigían hacia su cuerpo, pensó que no estaría mal infundirles un poco más de poder para que fueran realmente un reto. Al poco rato se encontraba esquivando múltiples concentraciones de ki, algunas las extinguía para crear una nueva que fuera más poderosa que la anterior, estaba tan absorta en su nuevo juego que no advirtió que el panel de control de la cámara alertaba del sobrecalentamiento del sistema. Presa de la emoción decidió seguir aumentando el poder de sus descargas, llevando sus manos a un costado de su cuerpo concentró gran parte de su energía en una descarga púrpura destinada a acabar con todas las otras pequeñas, el plan luego sería recibirla de regreso y contenerla hasta hacerla desaparecer entre sus dedos. Sería un Galick Ho perfecto, sonrió imaginando la escena. En el momento en que abandonó sus manos e impactó las otras esferas un gran destello, que no previó, la cegó completamente haciéndola perder la estabilidad y caer al piso sin remedio, lo siguiente fue ver como su potente descarga impactaba directamente en el panel de control de la cámara de gravedad.
Un fuerte estruendo lo hizo despertar de la siesta que tomaba cerca de la piscina, miró a su alrededor buscando a Bra y al no verla recordó que le había mencionado que quería entrenar, pensó inmediatamente que ella podía ser la responsable de ese fuerte ruido, se paró rápidamente y trató de sentir su ki, alterándose cuando no logró dar con él. Corrió hacia el lugar donde se encontraba la cámara de gravedad y al ver lo que quedaba de ella sintió un nudo en la garganta, al menos la mitad de la nave había sido reducida a humeantes escombros, a simple vista no había señales de la princesa – ¡Bra! – gritó desesperado, se acercó a los escombros y comenzó a removerlos con poco cuidado, sin importante que sus manos comenzaran a dañarse y sangrar, su único interés era encontrarla, cada trozo de chatarra que tiraba al costado hacía crecer su angustia, cambió varias veces de lugar, en ninguna parte parecía estar ella, empezaba a perder totalmente la razón cuando logró ver un destello azul cerca del destrozado panel de control, se apresuró en levantar el pilar dejando por fin al descubierto parte de su magullado cuerpo.
- Vamos princesa, vamos – decía mientras iba retirando los escombros que cubrían sus piernas. Cuando logró tenerla totalmente libre de chatarra pudo ver el escenario completo, estaba muy malherida, sangre brotaba de los diversos cortes que tenía su cuerpo, su antes blanca e impoluta piel estaba completamente marcada por los senderos que trazaba su sangre al salir de sus heridas, y donde no había cortes había feos hematomas que le daban un aspecto fatal. Su respiración se hizo entrecortada producto de lo nervioso y angustiado que estaba en ese momento. Su ki era demasiado débil, así como su pulso.
Apretó los ojos y meneó la cabeza en negación, no podía creer lo que había pasado, se sintió descuidado, un total fracaso para su único objetivo, mantenerla a salvo, la tomó cuidadosamente abrazándola con fuerza contra su cuerpo, como si no quisiera que se le escapara, besó una y otra vez su frente, mientras limpiaba su cara, se sintió aliviado de verla aún con vida, pero sabía que si no actuaba rápido esa sensación podría ser fugaz. Se paró alzándola en sus brazos y se hizo camino entre los escombros para sacarla de ahí – eres una tonta, princesa – dijo deseando que las palabras llegaran a ella y la hicieran abrir los ojos.
No tuvo tiempo de reaccionar, la explosión la sorprendió totalmente, sabía que estaba mal herida pues podía sentir cada centímetro de su cuerpo arder y le costaba moverse, tanto que prefirió desistir en sus intentos por ponerse de pie, los que sospechaba eran inútiles, no sentía más sonidos que el de su respiración y el de su débil corazón que se hacía cada vez más lento ¿Así se sentía morir? De pronto sintió que el terror la dominaba, no quería morir, no así, de manera tan poco honorable, lejos de su hogar, de su familia, sin haber conocido el calor de un lecho compartido, sabía que tenía que luchar por su vida, pero estaba tan cansada y en una agonía tan desesperante, le costaba seguir pensando con claridad, hasta que sintió que alguien la tomaba y escuchó su voz… "eres tan tonta, princesa"… abrió lentamente los ojos y le dio una débil sonrisa – Idiota, siempre estás salvándome, yo puedo cuidarme sola.
Se alegró por la inesperada respuesta, al menos, aun en el peor momento, seguía conservando su mala actitud.
- Sh, sh, no te esfuerces, princesa. Hablaremos de esto después. Ahora concéntrate en no morir ¿bien?
Fue lo último que escuchó antes de caer inconsciente en los brazos de Goten.
Cuando se acercó a la casa vio a los viejos Brief que acababan de llegar y miraban con espanto el desastre.
- Llamaré a un médico – dijo la Sra. Brief mientras torturaba su delantal entre las manos.
- Sí querida, será lo mejor. Veo que la manzana no cae muy lejos del árbol – dijo el Dr. Brief.
Su esposa lo miró y asintió – lo dices por el joven Vegeta ¿cierto? - la escena no era nueva para ellos, su antiguo huésped les había hecho pasar por lo mismo antes.
Goten se detuvo un momento frente a ellos – Ese médico del que hablan ¿tardará mucho en llegar? – dijo con preocupación en su voz. De estar en su planeta simplemente la llevaría a un tanque de recuperación, pero dudaba de que en ese planeta tuvieran algo así, eso hubiera simplificado enormemente las cosas.
- Un par de minutos, llévala a un cuarto de abajo, es más cerca.
- Iré a buscar algo para limpiarla – la Sra. Brief desapareció del lugar.
- Vamos, te guiaré – dijo el Dr. Brief y comenzó a caminar hacia el interior de la casa.
Lo siguió a través de la casa, cuando llegaron a la habitación la dejó cuidadosamente en la cama y se sentó a su lado sin dejar de mirarla. Se veía más pálida de lo que era realmente, lo atribuyó a la pérdida de sangre que estaba sufriendo. Cuando la Sra. Brief entró a la habitación cargando un pocillo con agua, compresas y vendas las tomó y comenzó a limpiar sus heridas como tantas veces había hecho con las propias mientras se encontraba en misión. El agua rápidamente se tiñó de rojo.
Tal como había dicho la mujer, en pocos minutos el médico llegó y comenzó a atender sus heridas de manera profesional, salió un momento de la habitación para dejar al hombre hacer su trabajo. Aún estaba tenso por la situación, pensaba que si no la hubiera dejado sola eso no habría pasado, que él debió estar ahí con ella, se preguntaba qué podía haber pasado dentro de la cámara para que estallara de esa manera, seguía haciéndose preguntas sin respuesta cuando a su mente llegó el recuerdo fugaz de su padre y esas peculiares semillas que habían ido a recoger unos días atrás, aquellas que podían restituir la fuerza y curar las heridas. Sin perder más tiempo se dirigió al patio y emprendió el vuelo hacia el Monte Paoz, en la Tierra no había tanques de recuperación, pero sí existían esas maravillosas semillas, él traería una para curar a su princesa.
Abrió los ojos pesadamente y lo primero que vio fue a Goten mirándola con una expresión seria en la cara. De pronto los recuerdos llegaron a su mente, había estado entrenando en la cámara y por un descuido una de sus descargas de energía dio de lleno en el panel de control de la nave haciéndola estallar, se sintió torpe, fue un error de cálculo que le podría haber costado la vida, trató de sentarse, pero un fuerte dolor en sus costillas se lo impidió. Goten ni siquiera se movió. Sólo la miraba sin decir nada. Cerró los ojos nuevamente y escuchó su voz hablarle.
- ¿Qué hiciste? – dijo severo.
- Lo siento
- ¿Es todo lo que tienes que decir? Casi te matas, me has dado el susto de mi vida. No puedes ser tan desmedida - su tono era severo.
- Ya dije que lo siento ¿qué más quieres?
- No vuelvas a asustarme así – exhaló mientras acercaba una mano a su cara y le acariciaba la mejilla cambiando completamente su actitud – por un momento creí que habías muerto, que había fallado mi misión y…
Lo interrumpió inmediatamente - ¿Sólo eso te importó? – dijo algo apenada, se sintió un poco desilusionada por sus palabras, por un momento pensó que su preocupación se debía a otra cosa, a lo mismo que ella sentía.
- Eres una tonta, Bra – tomó sus manos entre las suyas y acercando una a su boca la besó - ¿Qué habría hecho yo si tú morías? Me habrías condenado a una muerte en vida. Fallar una misión, ser degradado por incompetente, es nada, absolutamente nada comparado con lo terrible que hubiera sido seguir vivo en un mundo sin tu risa, tus ocurrencias, tus enojos y regaños, sin tus atenciones… sin ti en ella… eres un verdadero dolor de cabeza a veces, pero en serio no sé qué haría sin ti, princesa… - de pronto se dio cuenta de lo que estaba diciendo y paró - ¿qué demonios me has hecho, Bra? – lo último lo dijo sintiendo el peso de la verdad sobre sus hombros, eso que sentía por ella ya no se lo podía negar, pero sabía que estaba más allá de su control, estaba loco por ella.
Sintió como si su corazón se hubiese detenido en el preciso momento en que Goten comenzó a hablar, era lo más dulce que le había escuchado decir, y todo iba dirigido a ella, eso no era sólo deseo, había algo más. Estuvo a punto de responderle algo, pero fue interrumpida por la persona que ingresó en ese instante a la habitación. Sintió como Goten dejaba sus manos y se paraba al lado de la cama mirando hacia la puerta, disimulando totalmente la emoción del momento.
- Veo que has despertado, cariño – dijo dulcemente dirigiéndose a la chica.
- Madre – dijo seriamente Goten.
- Sra. Chichi ¿qué hace acá? – dijo sorprendida por la visita y algo decepcionada por la interrupción.
- Creo que yo puedo explicar eso, en cuanto llegó el médico a tratarte recordé aquellas semillas que fuimos a buscar con mi padre a la torre del gato parlante, así que fui a buscar una para dártela – le mostró la pequeña semilla que tenía en la mano – tuve que decirles para qué la necesitaba y mis padres insistieron en acompañarme para ver cómo estabas.
- ¿El Sr. Goku también está acá?
- Sí, está en la cocina comiendo, ya sabes cómo es, pero eso no es lo importante – miró a su hijo - ¿por qué aun no le has dado la semilla?
- Iba a hacerlo en el momento en que entraste a la habitación – esa era una pequeña mentira, en verdad se debatía entre dejar que se curara sola para castigarla por su imprudencia y darle el remedio que calmaría sus dolencias, pero finalmente se decidió por lo último, prefería verla siendo la chiquilla odiosa y obstinada que era siempre antes que esa sombra de su persona que ocupaba la cama – toma – extendió la mano hasta su boca y la dejó caer para que la pudiera masticar.
A los pocos segundos sintió como un ligero calor invadía su cuerpo y sus heridas iban sanando, así como su fuerza se restablecía, se sentó en la cama y comenzó a remover sus vendajes ante la mirada atenta de Goten que no le quitaba la vista. Quería volver al tema pendiente que tenía con Goten, pero con Chichi ahí presente sería imposible sacarle algo. De pronto sintió los brazos de Chichi rodeándola, la mujer se le había pegado y le besaba la frente cariñosamente mientras peinaba su cabello con los dedos.
- Pequeña niña, me preocupaste mucho, ustedes los saiyajins son seres realmente asombrosos, pero principalmente por su estupidez. ¿Qué pensabas llevándote a esos extremos?
Eso no se lo esperaba, la mujer estaba ahí regañándola como si fuera su madre – lo siento Sra. Chichi, me extralimité, pero no volverá a pasar.
- Claro que no jovencita, espero que hayas aprendido la lección y tú Goten, debes estar más pendiente de ella, se supone que estás acá para protegerla y evitar que pasen estas cosas.
Le dio una sonrisa a su madre y volvió a mirar a la princesa – No volveré a quitarle los ojos de encima, madre.
- Bien, ahora que todo está mejor me quedo tranquila, iré a buscar a tu padre para regresar a casa.
- ¿Por qué no se queda? Podrían cenar con nosotros.
- Estupenda idea, iré a ver en qué puedo ayudar a Bunny – dicho eso, salió dejándolos nuevamente solos.
El silencio inundó la habitación, pero no necesitaban palabras en ese momento, con la mirada se podían decir todo. Chichi los había interrumpido en el peor momento, sabía que lo que dijera después de esa escurridiza confesión de Goten cambiaría todo para ellos. Todo lo que se dijeron en el Monte Paoz le dejaba claro que había un fuerte deseo fluyendo entre los dos y que por seguirlo mandarían todo lo que conocían a la mierda, pero no era tonta, sabía que hablar de sentimientos era un tema completamente distinto, ellos no estaban en ese punto aún, lo de ellos era una peligrosa atracción.
Goten dio el primer paso rompiendo el intenso contacto visual que tenían en ese momento al acercarse a ella y rodearla con sus brazos levantándola de la cama donde minutos antes yacía mal herida. Con sumo cuidado, como si temiera que la fuera a dañar, pasó su mano por su frente bajando por su mejilla para terminar corriendo un escurridizo mechón de cabello que cubría parcialmente su rostro – En adelante sólo podrás entrenar cuando yo esté presente ¿está bien? – le dio un tierno beso en la mejilla y continuó hablando - No quiero que vuelvas a exponerte a una situación así – otro beso llegó a su frente.
- Estás loco si piensas que me quedaré de brazos cruzados cuando no tengas deseos de acompañarme - Apoyó su cabeza en su pecho y se dejó abrazar como una niña, estar entre sus brazos era demasiado agradable, allí se sentía segura, de verdad él llevaba a otro nivel el concepto de protección, podía decir con total seguridad que ese era su nuevo lugar favorito. Él era por mucho más alto que ella y más corpulento, junto a él se veía aún más pequeña de lo que era, pero eso le gustaba, en él podía perderse, era la medida perfecta para su cuerpo, como si hubieran sido hechos el uno para el otro.
- Eres tan obstinada, por ahora no seguiré discutiendo este tema contigo, pero no te salvarás de esta conversación cuando llegue el momento – ella sólo asintió para dejarlo tranquilo.
Estuvieron unos minutos disfrutando el calor de ese abrazo, hasta que Goten tomó algo de distancia para besarla cortamente – Sería bueno que te cambiaras de ropa antes de ir a cenar ¿no crees? – dijo señalando la maltratada ropa que aún llevaba puesta.
- Ve a compartir con tus padres, yo iré en un rato, me pondré algo lindo sólo para ver tu cara – dijo guiñándole un ojo para luego salir juntos de la habitación.
Después de la cena con los viejos Brief y los padres de Goten, ambos subieron a sus respectivas habitaciones. Se sentía un poco alegre por el extraño brebaje que la Sra. Brief había insistido que tomaran, había bebido alcohol antes en su planeta, especialmente luego de las misiones, cuando todo el escuadrón se reunía en la taberna para celebrar la victoria, pero este tipo de alcohol era distinto, era dulce y lo invitaba a beber más. Entre él y Bra habían acabado tres botellas, y los efectos se hicieron notar rápidamente en la chica, por lo que él le había sugerido ir a dormir, a lo que ella asintió y se retiraron, no sin antes despedirse de todos.
Estaba en su habitación dispuesto a dormir cuando escuchó que alguien llamaba a su puerta.
- ¿Goten?
Escuchó su voz detrás de la puerta - ¿Qué sucede? – respondió desde el interior elevando un poco su voz, sin moverse de la cama.
- ¿Me acompañarías un momento? Me siento un poco sola.
Dudó un instante, pero luego se decidió a ceder a su petición, aunque no estuvieran en su planeta, seguía siendo su princesa y no podía negarse a sus requerimientos – Claro, dame un momento – escuchó la puerta cerrarse a la distancia, debía haber regresado a su habitación. Se paró y salió de la propia rumbo a la de la chica. Golpeó la puerta y la abrió cuando escuchó que lo invitaba a pasar.
La encontró parada junto a la ventana mirando las estrellas.
- Cierra, ¿crees que nuestro planeta se pueda ver desde acá?
- Lo dudo, está bastante lejos.
- Tienes razón, ha sido una pregunta bastante tonta – Se volteó hacia él y le sonrió.
- ¿Estás bien? No me digas que eso que bebiste te pegó.
- No, estoy bien, sólo me ha puesto algo melancólica… extraño estar allá – caminó hacia la cama y se sentó en el borde invitándolo a sentarse junto a ella – No pienses que porque me intereso un poco en lo que podría hacer acá he desechado la idea de volver o que he dejado de pensar en mi familia.
Descuida - le hizo caso y se sentó a su lado – Esto no será para siempre, lo sabes ¿cierto?
- Pero me parece eterno. Si tan sólo hubiera una forma de convencer a mi padre de que me permita regresar... Tú puedes hacerlo, si así lo deseas, puedo hablar con mi padre para que te lo permita, sé que no deseas vivir en la Tierra.
- Ten paciencia, princesa – tomó su mano en un fuerte agarre tratando de darle algo de calma – No deseo irme sin ti, este lugar no es tan malo después de todo, especialmente si tú estás en él.
Apoyó su cabeza en su hombro y por la cercanía pudo sentir su embriagador aroma. Eso le causó una extraña sensación, era una esencia muy agradable. Se separó de él y evitó volver a mirarlo.
Notándolo, la tomó de la barbilla y la obligó a verlo – Esto terminará pronto – sintió que le mentía, pero era lo mejor para tranquilizarla un poco.
Le causó gracia notar que siempre parecía encontrar la manera de hacer que su mirada se cruzara con la suya. En un acto impulsivo tomó su cabeza y acercándolo le dio un nervioso beso.
Cuando el sorpresivo beso acabó bajó por su cuello, pero se detuvo al llegar cerca de su pecho y volvió a subir por su cuello haciendo una pausa en su oído – eres tan perfecta - No se sentía con deseos de parar, era la misma sensación que lo invadió en la casa de sus padres, necesitaba tomarla, hacerla suya. El recorrido de sus labios continuó para detenerse frente a su boca. Sin dejar de mirarla, rozó sus labios, tímidamente y le dio un ligero mordisco en el labio inferior y la excitación tomó posesión de su cuerpo, pero se alejó un poco de ella para decirle algo.
- Eres la mujer más hermosa que he visto en la galaxia – la miró con deseo y las palabras salieron solas - ¿Quieres seguir? – estaba siendo atrevido, impulsado por una fuerza desconocida.
Sus palabras parecieron gustarle, sus labios le lanzaron una sonrisa y su cara se acercó peligrosamente.
- Sí – cuando sintió su mano sobre su rodilla, su respiración se aceleró, pero se quedó quieta. Cerró los ojos y supo que esta vez llegarían hasta el final, estaba dispuesta a todo. Deseaba más de él.
Una tensión endemoniada se sentía entre los dos, ninguno parecía querer acabar con el momento, pero tampoco sabían muy bien qué hacer con esas ganas que sentían y cuando su mano libre buscó la de ella, lo sorprendió y la agarró fuertemente para colocarla en su cintura. En un rápido y torpe movimiento se acercó y pegando sus labios a los de él y lo volvió a besar.
Lentamente subió la mano que tenía en su rodilla hasta llegar a la cara interna de sus muslos y los masajeó, con extremo cuidado, pero cuando un suave gemido salió de su boca abruptamente se detuvo y se separó de ella, parándose de la cama.
- Goten… - se paró rápidamente y se acercó a él para tocar suavemente su rostro, lo besó efusivamente siendo correspondida en el acto, poco a poco y entre necesitadas caricias se fueron desprendiendo de la ropa, lentamente, como si el tiempo no existiera, quedando sólo con su ropa interior.
Lo tomó de la mano y lo sentó en la cama, se puso de rodillas frente a él y cogió el borde del short de spandex retirándolo para dejar libre su muy llamativa erección, la miró y le sonrió coquetamente mientras con su mano se apoderaba de él, muy despacio comenzó a acariciarlo sin apartar la mirada de sus ojos ónix. Él sólo la miraba fijamente, disfrutando el momento. El toque de sus manos era como el de un suave masaje y lo estaba poniendo a mil. La vio dirigir su mirada hacia su miembro y acercar su boca y besarlo, en ese momento pensó que lo metería en su boca y se tensó, ansioso, pero no lo hizo, volvió a clavar sus ojos azules en los suyos y continuó con sus caricias, comenzaba a debatirse entre tomarla de los brazos y tumbarla en la cama para hacerla suya o dejar que siguiera con su labor.
La inocencia de su mirada contrastaba con la picardía de sus acciones ¡Diablos! Qué perdido se sentía en esa mirada, qué tentado. La tomó de los brazos e hizo que se parara, posó ambas manos en su cintura y subió lentamente por su espalda hasta alcanzar su sostén y soltarlo, mientras besaba su plano vientre, dando pequeños mordiscos cada tanto. Una vez liberados sus pechos se deshizo de la molesta prenda, lanzándola lejos. Tomó un pecho en cada mano y acercando su boca a uno de ellos pasó juguetonamente la lengua trazando un círculo alrededor de su pezón, mientras atrapaba entre sus dedos el del otro pecho. Mordió su pezón izquierdo, primero con suavidad y luego fuertemente mientras succionaba, logrando sacarle un gemido que fue un deleite sensorial para su agudo oído.
Tomó su mano derecha y la llevó hacia su sexo deseosa de hacer más íntimas las caricias que estaba recibiendo.
Entendiendo su demanda tocó la pequeña prenda que aún la cubría y sonrió al notar su humedad, siguió disfrutando de sus pechos, mientras con su mano recorría atrevidamente su entrepierna, corrió un poco la fina tela y rozó sus virginales labios causando un casi imperceptible temblor en su cuerpo.
Se separó levemente de él y lo tumbó contra la cama para luego tomar con ambas manos el borde su braga y bajarla hasta sus pies quedando completamente desnuda ante la atenta vista de Goten. Le parecía soñada, su larga cabellera de exótico color caía libre por sus hombros sobrepasando sus firmes pechos, haciendo un hermoso contraste con su nívea piel, si había una diosa, estaba seguro de que lucía como ella. Liberó una pierna y después la otra, para luego sentarse a horcajadas sobre él.
Notó en plenitud la cálida humedad de su entrepierna sobre su centro. Con unos suaves movimientos de cadera empezó a frotarse sobre él, empapándolo de sus fluidos endureciendo aún más su erección. Se agarró fuertemente de su trasero para potenciar sus movimientos, ni siquiera pensó en contener su fuerza, estaba más allá de todo control. Ella cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás haciendo que sus pechos sobresalieran mientras se movían al compás de su erótico baile, otorgándole una vista privilegiada.
Los movimientos de su cadera se hacían cada vez más amplios e intensos, el vaivén de sus pechos era hipnótico y casi podía sentir como su miembro pulsaba ansioso por invadir su intimidad, tenía que echar mano a todo su autocontrol para no sucumbir.
Agarró sus caderas y la giró contra la cama, quedando encima de su menudo cuerpo. Ella soltó un sonoro gemido al sentirse completamente dominada – me harás terminar sin siquiera disfrutarlo como se debe – soltó en un murmullo directo a su oído.
Una coqueta risa salió de sus labios – Entonces, hazlo ya – ordenó entre dientes, apoyando sus manos en la cama para levantarse y sacarlo de encima suyo. Volteó y se dejó caer en la cama nuevamente, agarrándose de sus hombros mientras abría coquetamente las piernas y las colocaba una a cada lado de sus caderas, acariciándolo. Se miraron, apenas unos segundos, mientras rozaba sus labios contra los suyos – sorpréndeme, soldado.
Sus últimas palabras, lejos de molestarlo, lo alentaron a demostrarle de qué era capaz con ella. Sin perder más tiempo tomó su miembro y lo posicionó entre sus húmedos labios, frotándolo contra toda su extensión – hazlo – la escuchó demandar ansiosa. Empujó despacio hacia dentro de una sola vez hasta que no pudo entrar más. Sintió sus uñas clavarse en lo alto de su espalda y un ahogado gruñido salir de su boca. Se quedaron inmovilizados unos segundos, unidos, el silencio era absoluto. Entonces se miraron, la calma de su rostro la hizo sonreír y relajarse.
Comenzó a moverse lentamente, dando pequeñas y controladas embestidas, sospechaba que ese primer encuentro no iba a ser del todo placentero en ese momento, podía ver como fruncía su ceño con cada embate. Buscó su boca y la besó mientras aceleraba un poco el ritmo.
Poco a poco fue olvidando el dolor para darle paso al total placer de sentirlo moviéndose en su interior, su cuerpo sobre el suyo, una mano en su espalda y la otra apoyada en la cama, se sentía en las nubes, siendo dominada por el hombre de sus más secretas fantasías.
Volvió a empujar, esta vez con dureza, provocando un espasmo en ella y un gemido de placer. Se retiró lentamente de su interior y rozó sus labios para luego volver a embestirla de golpe, excitándose más al escuchar el sonido de sus cuerpos haciendo contacto y sus gemidos. Siguió con esa dinámica por unas cuantas embestidas más, consiguiendo con cada carga venía un gemido cada vez más largo, audible y emocionado. Pensó que ya había pasado la parte incómoda, pues la notaba gozar con cada movimiento, en ese momento la tenía aferrada a su espalda con las manos y a su cadera con las piernas. Podía sentir hasta la más mínima vibración de su cuerpo, a medida que aumentaba la velocidad de las embestidas sus gemidos se iban convirtiendo en pequeños gritos. Bajó la intensidad y colocando un dedo sobre sus labios la invitó a calmarse un poco, temiendo que alguien en la casa pudiera escucharlos, pues por nada del mundo quería ser interrumpido y tener que parar lo que estaban haciendo.
Soltó sus piernas del firme agarre que mantenía en sus caderas y las levantó para obtener un mejor acceso, sus senos no paraban de subir y bajar con cada carga. Mantenía sus ojos cerrados mientras apretaba las sábanas con las manos. Nuevamente los gemidos comenzaron a hacerse más fuertes, de nada había servido su anterior advertencia, la princesa parecía totalmente fuera de sí.
Como si hubiera caído en cuenta de que comenzaba a gritar, intentó ahogar sin mucho éxito sus gemidos, estos eran cada vez más cortos e intensos.
La cama temblaba con sus movimientos, la sábana se enrollaba en sus manos por su fuerte agarre, a los gemidos de ella se unieron los de él, ya le daba lo mismo si alguien los escuchaba, lo único que importaba era el placer que estaban sintiendo en ese momento. La espalda de Bra se arqueó y soltó un fuerte y sentido gemido que retumbó en sus oídos, lo que sólo consiguió excitarlo de sobremanera, sabía que eso había sido un orgasmo, su primer orgasmo y todo a causa de él, sentía todo su cuerpo tensarse y como sus paredes se contraían contra su erección. Ver todo ese placer reflejado en su cara le entregó una sensación de satisfacción única. Sintiendo que había logrado su objetivo se dispuso a conseguir su propia liberación, cambió la estrategia y acelerando el ritmo comenzó a embestirla con un poco más de fuerza… una… dos… tres… cuatro… y una última con la que alcanzó el punto máximo del placer. Sintiendo su anhelada liberación llegar, se dejó caer a su lado, boca arriba, inhaló profundamente y exhaló tratando de regular su respiración.
Giró y se apoyó de costado sobre un brazo para mirar el desnudo cuerpo de la hermosa mujer con la que acaba de compartir el lecho, tenía los ojos cerrados, su respiración aún era irregular, la vio llevar sus manos a su cara y frotar sus ojos suavemente para luego abrirlos. Algo en su mirada había cambiado, había en sus ojos un brillo distinto, lo que no hacía más que hacerla lucir más perfecta si es que era posible. Había estado con muchas mujeres en su vida, pero con ninguna se había sentido tan bien como hasta ahora con ella, normalmente una vez que acababa se levantaba y se iba sin siquiera despedirse, pero esta vez sentía la necesidad de quedarse a su lado, de abrazarla y mimarla. Tocó su barbilla y pasó el pulgar por sus labios suavemente, sin anunciarlo le dio un casto beso para luego hundirse en su cuello inhalando su dulce y embriagador aroma, el cual ahora se confundía con el suyo y un ligero olor a sangre que no pasaba desapercibido para su sensible olfato. La envolvió en un cálido abrazo atrayéndola hacia su cuerpo – No hay vuelta atrás… te quiero solo para mí.
Esbozó una sonrisa y le devolvió el abrazo – Lo soy. ¿Lo has pasado bien?
- ¿Tienes que preguntar? – se separó de ella y se acomodó en la cama, con una mano palmeó el espacio a su lado, invitándola a recostarse allí.
Gateó por la cama y llegó a su lado, volvieron a besarse, esta vez con calma, como si no existiera nada más en el mundo que ellos dos, acarició su cabello tiernamente y la abrazó.
Apoyó su cabeza en su pecho y comenzó a trazar un camino imaginario por su abdomen con sus dedos – Ha sido fantástico… gracias – Lo que habían hecho estaba mal de muchas formas, pero se sentía tan bien. En sus brazos se sentía como una mujer completa. ¿Por qué algo tan maravilloso y único podía estar mal?
- Podemos repetirlo cuando quieras – dijo en un tono condenadamente seductor regalándole una media sonrisa que no pudo ver - ¿Qué tal ahora mismo?
- Me gusta la idea – dijo coquetamente.
- Hay mucho que puedo mostrarte, princesa.
N.A: ¡Hola, hola! Espero que esta entrega haya sido de su agrado, como siempre les agradezco el tiempo y las buenas vibras de sus comentarios, los follows nuevos y todo. Son una gran motivación para continuar escribiendo. Espero de corazón poder tener prontamente otro capítulo listo, me entusiasma esta historia.
Ahora sí me tomaré el tiempo de responder a sus comentarios, en el cap. pasado no tuve el tiempo suficiente y para hacerlo a la ligera, pues, ¡para qué! Ustedes se merecen lo mejor :)
AnneBrief7: Debo confesar que siento una debilidad por el Gohan que es buen guerrero, hijo, marido y padre a la vez (mira tú que hombre más luchón xD) No sé qué decir sobre Trunks, yo también espero, desde lo más profundo de mi corazón, que esté bien – una lágrima cae – pero pase lo que pase con él, el que lo hayan atacado desatará la furia de Vegeta, ¡Pues que nadie se mete con su familia y la cuenta! Por ahí, no diré específicamente dónde, dejé un pequeño spoiler…
Este Goten es un enigma (Incluso para mí, ajajaja) demasiado conflicto interno, pero poco a poco se irá convenciendo de que merece más de lo que la vida en Vegetasei le ha dado. Ya ha dado un importantísimo paso ;)
En esta historia me he pintado a una Chichi distinta, manipuladora como ella sola, pero quise explotar más el aspecto maternal de su personalidad, quizás se vea un poco ooc, pero es lo que necesito para complementar la trama.
ChiChi-San34: ¡Hola! Gracias por pasarte por acá, de que seguiré, pues claro, hay tanto por contar aún. Espero que siga siendo de tu agrado. ¡Un abrazo!
Miki: Te tengo en vela, lo siiiiieeento. Me he estado tomando más tiempo del habitual para actualizar, pero prometo que intentaré hacer que la espera valga la pena. Ajaja, claro, lo que faltaría sería que Trunks termine siendo enviado a la Tierra a ver como Goten "se aprovecha" de su hermanita (¿o es Bra la que se aprovecha de la nobleza de nuestro Goten?), me imagino que pondría el grito en el cielo al encontrarse con tal sorpresa. Las infinitas gracias son para ti, eres la mejor motivadora de la vida.
Caro: ¡Gracias! Me alegro de que te haya interesado, siempre es grato leer que alguien aprecia lo que haces con tanto cariño. Opinando externamente, ¡Sí! ¡Quédense en la Tierra!
Diyelg: ¡Ni te imaginas como extrañaba escribir! La perseverancia de Bra merece un premio, y vaya que lo tuvo - wink wink – La idea de un futuro en la Tierra me parece tan interesante, no estoy diciendo que sí o sí se vayan a quedar, pero sí me parece interesante que coqueteen con esa idea… como un "what if" Se les ha abierto una puerta a un mundo de posibilidades que jamás imaginaron, al menos para Bra, pero ¡bah! No sé de qué tanto se preocupa Goten, a Vegeta le fue super bien en la vida simplemente viviendo para entrenar, nos queda claro que jamás le trabajó un día a nadie y nunca nadie se quejó – que sepamos - xD (Sólo recordemos DBZ y DBS)
Un abrazo enorme a todos y todas. Nos leemos pronto.
Adalgar
