Naruto no me pertenece, es propiedad de Kishimoto, solo he tomado sus personajes para hacerlos protagonistas de la siguiente historia, la cual es de mi autoría en su totalidad.
Esta historia es una adaptación de mi primera publicación en Wattpad (por lo que contendrá OoC), si quieren pasarse y leerla en su versión original, son bienvenidos.
Pueden conseguirme en dicha plataforma bajo el mismo seudónimo.
Sin más que decir, ¡feliz lectura!
—Hola, Sakura.
—¿Qué haces aquí?
Él se levanta del asiento y con movimientos fluidos se alisa la chaqueta de su traje, hasta terminar es que se decide a mirarme.
—Gracias por tal recibimiento.
Con pasos dubitativos, me acerco a mi asiento y dejo mi bolso sobre el escritorio.
—Ya, lo lamento. ¡Qué alegría verte en mi oficina!
—Tampoco me recibas así, se escucha muy falso.
—Es porque es falso. ¿Qué quieres? ¿Cómo es qué te han dejado entrar a mi oficina?
—Dije que soy un cliente.
—Y mentiste. —Aseguro, de mala gana, así sea un cliente no lo atenderé.
—Lo admito, mentí, pero sólo en parte. Tenía que verte. —Frunzo mis labios ante esto.
Idiota.
—Yo no quiero verte, así que por favor, dime el motivo que te trajo hasta aquí para que te puedas retirar.
Él toma asiento frente a mí y adopta una pose de galán, ridículo...
—Necesito que me defiendas.
—¿Qué?
—Me han demandado.
—Un momento, Kiba, ¿por qué has venido hasta mí? ¿Recuerdas los términos en que quedamos al romper, no?
Mi ex novio, el infiel con quien termine hace casi un año, me busca en mi lugar de trabajo para que lo ayude con un problema.
No, no quiero, debo admitir que aún me duele el engaño del que fui víctima y no me apetece ayudarlo en nada.
—Lo sé, me comporte como un canalla, linda, pero he cambiado y aunque lo que pasó entre nosotros ya no tiene vuelta atrás, debes saber que ya he madurado.
Esbozo una mueca de desagrado cuando me llama "linda" como solía hacerlo cuando éramos novios, según él porque sonaba mucho mejor como apodo que "Saku".
—Primero que nada, no me vuelvas a llamar así, para ti soy Sakura Haruno, ¿entendido? —De mala gana, accede a mi exigencia—. Y segundo, no me apetece prestarte mis servicios, de verdad, mejor búscate a otro abogado de la firma, son muy buenos.
—No, no, no, Sakura. Sé que tú serás la indicada para llevar mi caso.
—¿Por qué yo?
—Porque eres la mejor en lo que haces. —Esa respuesta, viniendo de otra persona me habría hecho sentir orgullosa, pero no de él.
—No me ablandaras con frases. —Suspiro desganada y me acomodo en mi silla—. ¿Qué ocurrió?
Kiba me cuenta toda la historia de su frustración, de como la mujer con la que se casó y tuvo un hijo, lo demanda por los negocios en común, alegando malversación de bienes.
El muy descarado me engañó desde el primer mes de relación, y eso que duramos once meses. Cuándo me enteré, lo enfrenté y fue cuando se disculpó por todo y me contó que la otra persona con la que estaba, contaba con 5 meses de embarazo, por lo cual él ya había analizado terminar conmigo para hacerse responsable. Por lo menos se hizo a cargo de la pequeña criatura, aún así el muy canalla hizo todo eso, ¿y ahora quiere que lo ayude?
Después de escuchar cada detalle de su parte, e intentado ser lo más cordial posible, le recomiendo a un colega.
—Pero yo quiero que tú lleves este caso. —Se opone, enfatizando en mi dirección.
—Sabes que no soy la persona más indicada para ello, además, quien te he recomendado tiene mucha experiencia en este tipo de conflicto.
—Pero Sakura...
—Es todo lo que haré por ti, tómalo o déjalo. —Lo corto, mirándolo fijamente.
Tiene la dignidad de por lo menos respetar mi opinión cuando sabe que no daré marcha atrás. Puedo aconsejarlo e indicarle al colega más apto para este tipo de casos, pero no más.
Mi bondad tiene un límite, sí es que se le puede llamar así.
Un par de minutos después Kiba se levanta y me extiende una mano.
Arqueo una ceja mientras miro su extremidad extendida.
—Por favor, hagámoslo bien. —Dice, con un tono tranquilo.
Levanto la mía y las estrechamos. Todo con tal de que abandone mi oficina.
—Adiós.
—Es hasta luego, Sakura. —Se da media vuelta y me mira cuando abre la puerta de mi oficina.
Sí cree que volveremos a vernos o a conversar como hoy, está muy equivocado.
No tengo ganas de perder mi tiempo, bastante me dediqué a eso en los once meses de relación que compartimos. En parte, que me engañara de tal forma me ayudo a abrir los ojos y a darme cuenta, de la más dolorosa manera, que no todo es perfecto, que las personas no son totalmente sinceras y que, el amor es una pérdida de tiempo.
Viéndolo así y con los conocimientos con los que ahora cuento, creo que hasta se lo agradezco. No obstante, lo sigo detestando.
Bufando sonoramente me pongo a hacer el café que le prometí a Tenten y uno para mí.
—Uh —La secretaria me observa con intriga y toma su bebida de entre mis manos—, ¿Cliente pesado?
Rio levemente, sin la más mínima gracia.
—Ex-novio pesado.
Ella deja de beber un instante y me lanza una mirada de comprensión que me hace sentir incómoda.
—¿Quiere volver?
—No, quiere que lo defienda de una demanda que impuso su esposa, quien por cierto fue con quien me engañó.
Ella abre sus labios con sorpresa ante mi resumida historia y golpea su mesón con uno de sus dedos.
—Tendrá descaro.
Afirmo fervientemente ante esto, yo pensé lo mismo.
—Sí, bueno, tengo que volver al trabajo. Nos vemos luego. —Me despido y camino de regreso a mi oficina.
Me llevo otra sorpresa al entrar en ella.
¿Qué le ocurre a las personas con mi puesto de trabajo hoy?
Aunque bueno, ésta visita es mucho más agradable que la anterior, sin duda. Aún así no deja de ser extraña.
—¿Sr. Hatake?
Mi jefe gira hasta encararme y me da una breve inclinación de cabeza a modo de saludo.
—Hola, Sakura. —Camina hasta mí y es cuando noto que tiene sus manos ocupadas—. He venido por estos papeles. Espero no te moleste.
—Claro que no, señor. —Por favor, sí es el socio mayoritario y líder de este bufete.
—Bueno, te dejaré trabajar con calma entonces. —Pasa por mi lado sosteniendo las carpetas y antes de que deje de mirar su partida, se regresa un poco. Sí, sigue igual de guapo, debo confirmárselo a mi hermana. No es que no lo haya notado antes, pero sólo hasta hoy soy consciente de cuanto lo es—. Haruno, ¿qué ha ocurrido con el caso de negligencia laboral en la empresa Uchiha?
Sasuke, al instante viene a mi mente una imagen de él, de su personalidad y nuestros últimos extraños encuentros.
—Tengo cita con los implicados la próxima semana. —Desecho mis pensamientos, estoy en mi trabajo.
—¿Todo bien? —Inquiere, extrañado.
—Sí, todo bien.
Me regala una mirada evaluativa que me da a entender que no es nada fácil engañarlo, pero pronto la suplanta por su característica expresión, sonriendo levemente.
—Sigue en lo tuyo. —Cierra la puerta al salir y yo me lanzo en mi silla. ¿Cómo hacerlo cuando mi mejor amigo ocupa mi mente?
Llevo una mano a mis ojos y los restriego lentamente, con cuidado de no regarme el maquillaje.
Mi teléfono personal suena y lo busco, dispuesta a dejarlo en silencio después de contestarle a quienquiera que llame.
Es Ino.
—Hola. —Exhalo, estirándome en mi silla.
—Hola, Saku. —Saluda, sin gritar, extrañamente—. ¿Sucede algo?
—De todo un poco —Admito—, pero no tiene tanta importancia. ¿Cómo has estado?
Ino me cuenta sobre sus últimos días, como ha estado de ocupada y estresada en sus trabajos de arquitectura y otras cosas más. No obstante, sé que me oculta algo, está más tranquila de lo normal. Ella siempre es alocada.
—Y ese es mi resumen... —Culmina.
—¿Nada más que contar? —Intento sonar casual.
El silencio se instala por unos segundos, aunque sigo escuchando su respiración.
—Bueno, no, o sí —Titubea, acto realmente extraño. Comienzo a preocuparme—. Pero lo mejor será contarte en el bar de siempre, mientras tomamos unos Martini's. ¿Te parece?
—Claro, yo también los necesito. ¿Cuándo?
—Esta misma noche.
—¿Nos vemos a las 10:00 p.m?
—Por supuesto, ahí estaré. Ya tengo que dejarte, me necesitan. —Se despide, con un tono un poco más alegre—. Hasta la noche.
—Hasta la noche.
La llamada termina y miro la pantalla. Como imagen de contacto tengo una foto de nosotras, solo enfocándonos el rostro en un día de piscina al que asistimos... En la casa de Sasuke.
No he tenido noticias suyas desde que nos encontramos en su empresa, por lo que no estoy al tanto siquiera de sí está en la ciudad o no, ya que siempre le surgen viajes por cuestiones de negocios.
Entiendo que esté ocupado con su trabajo, después de todo manejar un potencial imperio no debe ser fácil, pero una llamada o un mensaje no habría estado fuera de lugar.
Siempre intentábamos mantenernos en contacto, al menos unas tres veces por semana. Aunque claro, eso fue antes de que todo ocurriese.
—Ya está bien. No volvamos a lo mismo. —Me reprendo, cansada de darle tantas vueltas a lo acontecido y terminar en el mismo punto, el de inicio.
Enloqueceré si sigo así.
Me distraigo dándole un vistazo a unos documentos nuevos y así transcurre el resto de mi horario laboral.
Al levantar mi vista y ver la hora en mi teléfono decido que ya es todo por hoy. Recojo mis cosas y guardo otras, camino a la puerta de mi oficina y voy hasta la recepción.
Tenten también está tomando su bolso y teléfono, al verme me hace una seña para que la espere. Eso hago, aguardo de pie frente a su escritorio.
Sale de la parte trasera de éste y me lanza una sonrisa mona.
—¿Buenas noticias? —Indago mientras caminamos a la salida.
—Depende del ángulo que se mire. —Dice, riéndose.
Arqueo una ceja ante esto. Actúa extraño.
—Pues supongo que desde el tuyo son muy buenas. Esa sonrisa no es por nada. —Me despido del portero con un movimiento de mano y una sonrisa. Pronto estamos en el estacionamiento.
—Oye, Sakura. —Me llama, cuando estoy por despedirme—. ¿Y tu auto?
Todos tienen que preguntar lo mismo. ¿Tan extraño les resulta que ande a pie o en taxi?
—Larga historia. —Meneo mi mano para que no le dé importancia y me giro—. Nos vemos mañana, Tenten.
—Puedo darte un aventón si lo deseas. —Grita a mi espalda.
—No es necesario, de verdad.
—¿Segura?
—Sí. —Le muestro una sonrisa antes de salir del aparcamiento al que sólo he venido para acompañarla.
No es por nada en particular, pero no me gusta molestar a los demás. Prefiero arreglármelas con un taxi.
Camino por las calles en busca de un auto amarillo disponible, no encuentro ninguno.
¿Por qué tuvo que ser hora pico?
Deambulo un rato más hasta que estoy en el centro de la ciudad, todo está muy concurrido.
Algo típico un viernes por la noche.
Una hora después llego a casa, ya ha anochecido y me alegra poder lanzarme a mi cama sin ningún punto de delicadeza. Pero antes de hacerlo, me desvisto y decido que lo mejor será tomar una ducha.
Me paseo completamente desnuda por mi habitación hasta llegar al cuarto de baño, ya allí me miro en el espejo.
Llevo dos semanas en Los Ángeles y creo que ya estoy perdiendo mis recién adquiridas curvas. Hago un puchero ante esto y me giro para contemplar mi trasero, por lo menos eso no ha perdido lo redondeado.
Me rio por mi propia tontería.
Abro la puerta de cristal que rodea la ducha y después voy por el grifo. Coloco una mano bajo el agua y espero hasta que esté lo suficientemente caliente para colarme debajo.
Suspiro agradecida cuando la lluvia improvisada me recorre.
Lavo mi cabello y mi rostro, necesito quitarme del todo el maquillaje. Después sigue mi cuerpo, con el cual tardo un poco más. Depilo mis piernas y salgo del baño.
Me secó con una toalla y me siento en el borde de mi cama.
Ya casi se harán las 8:00 p.m. Cuento con tiempo suficiente como para comer algo y arreglarme sin apuros.
Me colocó una camisa holgada y unas bragas para ir a la cocina.
Reviso mi refrigerador y me decanto por un poco de pan y mermelada. No es lo más sano, pero es lo que me apetece en este momento.
Subo de vuelta a mi habitación y me recuesto en la cama, con mi celular en mano.
Reviso mis contactos e inconscientemente deparo en el de mi mejor amigo.
Muerdo mi labio inferior cuando por mi mente pasa la idea de llamarlo.
Quizá esté ocupado, o quizá no.
Me decido por intentarlo una sola vez, si no contesta no insistiré.
Al cuarto tono de espera, escucho su voz, tan áspera y fuerte como siempre.
—Sakura, hola. —Saluda.
—Hola, Sasuke.
Después del saludo no escucho nada más, esto es incómodo.
Creo que llamar no fue una buena idea.
—¿Sucedió algo? —Dice, rompiendo el silencio en el que nos hemos sumido.
—No nada, sólo quería saber cómo estabas. —Mi voz se escucha un poco temblorosa, ¿por qué siento qué estoy haciendo algo malo?—. Ya que no llamaste, como siempre.
Una puerta se cierra y después él responde.
—He estado ocupado.
—Con el trabajo, lo entiendo.
—Sí, el trabajo... —El tono que ha empleado me ha puesto en alerta.
—¿Estás bien? Te escuchas agitado.
—Venía de correr cuando has llamado.
Entonces si lo interrumpí. Pero, ¿desde cuándo corre de noche?
No es lo usual.
—Ya, está bien. Entonces, mejor hablamos luego. —Musito.
—Sí, claro.
Hay un detalle que sigue sin encajarme.
—Cariño, ¿podrías pasarme una toalla? La he dejado sobre la cama.
La voz femenina se escucha lejana, sin embargo, sé a quién pertenece.
De pronto me siento ridícula, Sasuke no está agitado por ir a correr, me ha mentido, aunque bueno, tampoco es que necesite saber cuándo va a acostarse con alguna mujer. O con Karin, su ex.
Sin agregar nada, culmino la llamada. Nunca debí marcarle, para empezar.
De pronto quiero tomar vino, así que voy por él. Me siento en el sofá principal mientras lo descorcho y al terminar, lo vierto en una copa que he traído. La lleno por la mitad.
Cuando el líquido pasa por mi garganta, cierro mis ojos.
Sé que no puedo exagerar y emborracharme, sólo beberé un poco antes de encontrarme con Ino.
Reunirme con mi mejor amiga de pronto suena como la mejor idea del día. Sí, la mejor.
Cuando ya he ingerido tres copas, hago un alto y guardo todo.
Ya es hora de que me arregle.
Por el calor que me ha invadido, decido tomar otra ducha y después voy al armario.
Sin ánimo para pensarlo demasiado, tomo un vestido corto y negro con unas pequeñas perlas que unen un escaso escote en la parte baja del cuello y las costillas.
Servirá para ir al bar.
Consigo unas sandalias de tiras delgadas y tacón moderado, también serán de utilidad esta noche.
Rizo mi cabello y me maquillo sutilmente, busco algo de abrigo y doy con una chaqueta de cuero negra, me la pongo sobre mis hombros y ya totalmente arreglada, salgo con un destino fijo.
Me bajo después de pagarle al conductor y arreglo mi vestido, me consigo con Ino en la entrada, esperándome. Me saluda cuando camino hacia ella y al estar frente a frente nos damos un beso en la mejilla.
—Vamos. —Dice, tomando mi muñeca y tirando de ella. Miro al guardia de seguridad de la entrada, cruzado de brazos y con una expresión intimidante—. Nos vemos, bombón. —Mi amiga dice coquetamente y el robusto hombre le sonríe en respuesta y asiente.
No cambiara nunca, pienso divertida.
Entramos al lugar y rápidamente nos aventuramos a la barra, dispuestas a tomar los Martini's prometidos en la tarde.
Cuando el bar tender nos los entrega, le sonreímos y él, ni corto ni perezoso, nos devuelve el gesto, alegando que van por cuenta de la casa.
—Delicioso. —Murmura mi mejor amiga bebiendo de su copa—. Ya casi olvidaba su sabor. ¡Qué pecado!
Rio por el comentario de su trago y bebo del mío.
La música de este ambiente es muy animada, además de agradable. Es uno de mis lugares favoritos porque tiene clase, cuenta con una excelente atención y sinceramente me distrae. Es concurrido, pero no tanto como un club, y eso me agrada.
Miro a Ino y la encuentro barriendo la estancia con su mirada. Lleva un vestido azul, casual y bonito. Siempre ha contado con un excelente gusto a la hora de vestir. De hecho en la universidad, cuando comenzamos a salir con chicos ella era quien me asesoraba y le daba el visto bueno a mi vestimenta, ya que era un verdadero fiasco en eso, según sus palabras, de haber sido por mí me iba con tenis y jean holgados a restaurantes elegantes.
Mirando al pasado, lo admito, en ese aspecto he mejorado.
—¿Y qué tal todo? —Inquiero, en su dirección. Sé que tenía que contarme algo, pero ahora, viéndola tan relajada me pregunto si de verdad era tan importante como me imaginaba.
—Bien, dentro de lo que se puede pensar...
Arqueo una ceja ante su declaración.
—A ver, cuéntame. —El bar tender hace acto de presencia para rellenar nuestras copas y cuando se va, le lanzo una mirada a mi amiga—. Suéltalo todo, ¿qué pasó?
Comienza a mover los dedos sobre el cristal de su copa y evita mirarme.
—Me acosté con su primo.
Quedo fría, perdida y confundida.
—Explícate mejor.
—¿Recuerdas el chico con el que dormí el día de la fiesta de Naruto? —Asiento, recordando que no fue la única en tener un poco de acción aquella vez. Frunzo mis labios por recordarlo. La miro, invitándola en silencio a que continúe, por el movimiento de sus manos y el traqueteo de su zapato intuyo que el asunto la pone nerviosa—. Bueno, pues el hombre con quien dormí, resultó ser el primo de mi ex. —Casi me atraganto al escucharla, menuda suerte la suya—. ¿Entiendes por qué me siento así?
Su expresión lo dice todo, no puede ocultarme el hecho de que sigue profesando sentimientos hacia su ex, aún lo quiere.
Le doy un apretón a su mano sobre la barra. No tiene porque torturarse de esa forma.
—No fue intencional, no hiciste nada malo. —Apoyo, porque así es—. Además, eres una joven mujer soltera, no tienes que lamentarlo.
Sonríe levemente.
—Lo sé, pero no puedo evitarlo. —Lleva las manos a su rostro y se lo palmea con suavidad—. Muy bien sabes que aún quiero a Neji. Y aunque Sai es un buen chico, no es lo mismo.
—Pero Neji es parte del pasado, Ino. Las cosas entre ustedes ya no funcionaban. —No me gusta tener que decirle estas cosas, pero debe entenderlo. Asimilarlo y olvidarlo, es lo mejor.
—Lo sé, pero lo hubieses visto ese día —Su expresión corporal revela lo tensa que se siente ante la situación—, Podrá sonar estúpido, pero algo me dice que aún me quiere.
—Ino... —Creo que debo ser más dura con ella para que deje de pensar cosas que no sucederán.
Ella alza su palma extendida y me corta lo que iba a decir.
—No lo entiendes, Sakura. Deja que te explique. —Se toma todo su trago y después se pone recta en su asiento—. Sai me llevó a comer, en el restaurante nos topamos con Neji. Todo fue muy incómodo. Sin embargo, la forma en la que actuó me da a entender que todavía siente algo por mí. Debiste verlo Sakura, Neji estaba que echaba humo por sus orejas al vernos ahí, justo cuando su primo tomaba mi mano.
Le hago un gesto para que detenga su explicación y la observo con detenimiento, tiene un brillo en sus ojos, el de una mujer enamorada.
—¿Qué hizo Neji al encontrarlos? —Indago, esperanzada de estar equivocada en lo que ha venido a mi mente justo ahora.
—Pues, primero se acercó, luego me saludó, muy serio, después a Sai y le pregunto por qué estaba conmigo, y de donde nos conocíamos.
—Aguarda un momento, que necesito saber cierto detalle, ¿Neji estaba solo en aquel restaurante?
—No, andaba con algunos hombres de negocios.
—¿Los viste?
—Sí, Saku. ¿A qué viene eso?
—A nada. Continúa.
Mirándome con extrañeza, retoma su explicación.
—Sai le contestó que estábamos en una cita y eso lo enfureció, su rictus y puños apretados me lo confirmaron. Sakura, estaba celoso.
—¿Qué hizo Sai? —Ignoro lo último que ha dicho.
—Se disculpó conmigo y ambos fueron a hablar un poco apartados. No escuché nada, pero sé que discutieron.
—¿Y cuando regresó? ¿Qué sucedió?
—Sai me explico la relación entre ellos, que eran primos lejanos que casi no se veían. También que Neji le había contado sobre los años en los que fuimos pareja y le había pedido que se alejara de mí.
Sí, efectivamente sonaba como la típica escena del ex celoso, aunque intuyo que por motivos diferentes a los que ella imagina.
—¿Y le hizo caso?
—¿Sai? —Asiento, curiosa por lo que responderá—. ¡No! Aunque fue incómodo, terminamos de comer y luego me llevo a su oficina un rato para que lo acompañara a recoger unos documentos.
—¿Y luego? —Me escucho como toda una chismosa, y poco me importa.
—Fuimos a su casa...
—¿Se acostaron?
—No, digo, él quería, pero lo rechacé. —Su incomodidad vuelve a ser notoria.
—Por Neji.
—Sí.
—¿Y luego? —Cualquiera en mi lugar estaría comiendo palomitas en este instante.
—Se disgustó, y después todo fue raro. Salí de su casa, sin ánimos de regresar.
—¿Cuando sucedió todo? ¿Te ha llamado?
—Sai no...
—No me jodas con que Neji sí. —Bufo. Ino me regala una mala mirada, herida por la manera en la que me he expresado.
—Pues sí, me dijo que quería verme.
—Qué casualidad. —Ruedo mis ojos.
—¿A qué te refieres?
Siguiendo su ejemplo de minutos anteriores, tomo todo el contenido de mi copa y me enderezo.
—Puede que para ti no lo sea, todavía, pero para mí sí es obvio lo que sucede.
—¿Y qué sucede?
—Neji está celoso.
—¡Lo sabía! —Exclama, convencida y fascinada por ello.
—Espera un momento, déjame terminar. —Aplaco—. Sí, está celoso, pero no por el motivo adecuado. —Intento buscar las palabras más suaves para lo que estoy a punto de decir—. No es porque te quiera todavía, es porque es hombre y como cualquier otro, es territorial. Verte con su primo no le gustó. Pero no porque siga enamorado de ti, sino porque al encontrarte con otro hombre, supo o por lo menos creyó —Hago comillas con mis manos por la última palabra—, que lo habías superado. Intentar reclamarte nuevamente es su forma de volver a ejercer su dominación sobre ti, para tenerte de nuevo como su enamorada fija. ¿Me estás entendiendo?
Por largos segundos que no me apetecen, Ino se queda en completo silencio, no dice nada ni cuando el bar tender hace otra de sus apariciones.
Ya preocupada, le toco un hombro.
—¿Por qué hablas de los hombres como si fuesen... Gorilas?
—Porque prácticamente, eso es lo que son. —Expreso.
Pasa otro tramo carente de palabras, solo rellenado por la música del bar.
—Creo —Titubea un poco, y no me gusta—, que tienes razón. Tu teoría es un poco dura, pero muy posible.
—Lo lamento...
—No te disculpes, no tienes culpa alguna. —Me mira y sonríe, no me ayuda en lo más mínimo. Sé que ha de sentirse mal ahora, pero quiere disimularlo—. Ya basta de hablar de mí, ¿qué hay de ti?
—Nada nuevo que contar. —Me encojo de hombros.
—No te creo.
—Bien, lo único extraño que me ha pasado es recibir la visita de Kiba hoy, en mi oficina y...
—¡¿Qué?! ¿Para qué te buscó? —Ah, claro. Ino lo odia por lo sucedido, casi lo olvidaba.
—Para pedirme ser su abogada, ¿recuerdas a la mujer que embarazó cuando éramos novios? —Mi acompañante asiente—. Pues ahora es su esposa, y lo está demandando. —Bebo de mi nueva bebida y trago lentamente—. Quiere que lo ayude en eso.
—¿Lo rechazaste, cierto?
—Sí, le recomendé a un colega y le dije que no me molestara más, que a parte de eso, nada podía hacer.
—¡Esa es mi chica! —Aplaude y ambas comenzamos a reír. Ya más calmadas, habla de repente—. ¿Y qué era lo otro?
—¿Lo otro de qué?
—Lo que ibas a agregar, si no me equivoco.
—Oh. —Puede ser un efecto secundario de mi cuarto Martini, o quizás no, pero escupo todo sin pensar en las consecuencias—. Me acosté con Sasuke y ahora él está haciendo lo mismo con su ex, creo que volvieron...
—¿Estás jodiéndome, verdad? —Le digo que no y ella me mira, como si me hubiese salido una segunda cabeza y ni me terminara de enterar—. ¿Cuándo sucedió? ¿Por qué no me lo contaste?
Y tan rápido como expulsa esas preguntas, me bombardea con muchas más.
No me reprimo y le cuento todo, menos la forma en la que llevamos a cabo nuestros encuentros sexuales, eso sí que lo guardo para mí. Es muy personal.
Casi a las 2:00 a.m estoy de regreso a mi casa, después de que Ino me trajera y entre risas comentáramos lo caóticas que habían sido nuestras vidas personales estos últimos días, alegando que se trataba de una epidemia.
Abro la puerta de mi habitación y me desnudo para lanzarme a la cama, dispuesta a dormir hasta tarde, ya que mañana no debo trabajar. Es fin de semana. Pero entonces recuerdo que no me he quitado el maquillaje y lo dañino que resulta no hacerlo. A regañadientes me levanto y lavo mi rostro.
Sin una gota de maquillaje, vuelvo a mi cama y me siento en el colchón. Veo mi teléfono sobre mi mesa de noche y lo tomo al detallar que la luz de notificación parpadea.
Cuatro llamadas pérdidas de Sasuke.
La última fue hecha hace media hora. Dejo el teléfono de nuevo sobre la mesa y me recuesto, abrazando con deleite mi almohada.
Escucho un zumbido lejano que me invita a abrir los ojos. Alzo el rostro y pronto noto que es mi teléfono. Lo acerco hasta ver la pantalla y dudo si contestar o no.
¿Por qué me llama a mitad de la madrugada?
Solo espero que no se trate de nada malo.
—Sakura, al fin contestas. —Suena alterado, cosa que me preocupa.
—¿Por qué? ¿Te sucedió algo? ¿Estás bien?
—Sí, no te preocupes.
—Entonces, ¿para qué me llamas a esta hora?
—No lo sé. —Me lanzo en mi cama y sin querer, golpeo mi pie con la madera de la plataforma. Una risita se me escapa pasado el dolor inicial—. ¿Qué te causa gracia?
—Nada. —Exhalo, cansada.
—Sakura, ¿estás... Acompañada?
—¿A qué viene esa pregunta?
—No la has respondido. —Me ignora, tajante.
—Ni tengo que hacerlo. —Refunfuño—. Pero si te hace feliz saberlo, sí.
¿Por qué le he mentido?
—¿Con quién estás? —Su tono resulta ser irritante y muy, muy mordaz.
—No es de tu incumbencia. —Suelto—. Ahora, si no te molesta, colgaré para seguir en lo que estaba.
Sin esperar respuesta por su parte, termino la llamada. Si está molesto, que se desquite con otra, no conmigo.
Con su ex, por ejemplo.
Gracias a todas las personas que siguen mi historia y la apoyan;)
En esta oportunidad no pude responderles a todos, pero sepan que lei cada uno de sus comentarios.
Por cierto, debo anticiparles que el siguiente cap lo narrara Sasuke, para que sepan como se siente y esas cosas:3
Besos.
